Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

Capítulo 14

—Ay por Dios, este suflé es maravilloso. Es como el cielo en mi boca. Cielo, Neji, ¿me escuchas?

Lamí lo último del chocolate de mi cuchara y luego intenté encontrar más. Estúpida cuchara por estar vacía. Mejor revisar doble, por si acaso.

—Te escucho.

Su mirada siguió mi lengua hacia la longitud de la cuchara y tragó duro… ¿Eh?

La estrella de rock en cuestión se sentó en la mesa frente a mí, su propio desayuno de gran tamaño terminado. Probablemente estuvo despierto en la apertura del amanecer siendo todo sano y enérgico. En el gimnasio del sótano, ya que los paparazzi estuvieron asechando los alrededores dada la entrevista de su madre golpeando las ondas radiales anoche. Un par de chicos de seguridad se encontraban ahí afuera, manteniendo un ojo en las cosas. Así que definitivamente no trotar por varias razones, pero a cuenta de mi tobillo roto logré recostarme en la cama de todas formas. En mi propia pequeña cama tristemente.

Una vez que la bota llegó anoche, me corrió de su habitación. Bueno, me ayudó a cojear hasta la mía. A cualquier velocidad el resultado fue el mismo, dormí sola. Para la hora en que le envié un texto de que me viniera a ayudar a bajar, ya se había bañado y vestido con vaqueros y una camisa negra. Y ahora probaba las abundantes sobras de su gran cena la noche anterior. Que se joda el cereal para desayunar, el postre era definitivamente lo mejor. Estaríamos cenando sobras por días, pasta hecha en casa con setas silvestres, y el mejor maldito suflé de chocolate con el mejor coulis de bayas que he probado en toda mi vida.

El. Mejor. Desayuno. De. La. Vida.

—Quiero tener los bebés de este suflé.

—Genial —dijo, mirándome devorar el inocente postre con mucho entusiasmo.

La mirada en su rostro me preocupó tanto de poder leerla. Sus ojos eran cuidadosos pero también había algo más ahí, algo más. Una ansiedad que no me encontraba segura de que pudiera emparejar a esta hora de la mañana.

—Necesitamos hablar —dijo.

¿Había otras palabras tan pavorosas como esas en todo el leguaje humano? No creo haber hecho nada, pero aun así…

—¿Sobre tu mamá? —pregunté esperanzada.

—No —Sus ojos se cerraron— Nada que ver con eso. Ya jugó su carta y solo quiero olvidarme de ella por ahora.

Lo que era más que justo.

—Bien. ¿Entonces qué?

—¿Ya tienes una idea de si vas a volver a ver a Memma otra vez o no?

Esto no era tan malo.

Posé la cuchara plateada contra mis labios, pensándolo un poco, nuestra primera cita fue muy bien pero entonces anoche tuve que alejarme corriendo de él. Y estaba la otra de la que me olvidé por ir por helado con Neji. Las probabilidades eran, que no le interesara volver a verme.

—Creo que no —dije— Es un chico genial, pero… tal vez en otras circunstancias, ¿sabes? En otra vida.

—Como sea, necesitamos hablar del punto cinco en tu lista, el cuatro no está funcionando. Así que vamos a rendirnos con tus citas.

—Ajá —Puse la cuchara en mí decepcionantemente aún vacío traste— No había un punto cinco en mi lista. Solo eran cuatro, salir con otras personas, enfocarse en tus defectos, no ser patética, y tener una vida, etcétera.

—Sí, hice el número cinco. Esa lista que encontraste es total y absolutamente mentira.

—Estoy empezando a llegar a la misma conclusión.

Había algo diferente en él. Un extraño tipo de tensión recorriéndolo. Se inclinó hacia adelante, codos en la mesa, pies golpeando fuera de ritmo por debajo. Podía escucharlo, el sonido constante igualando el sobre-acelerado ritmo de mi corazón. Vamos a pretender que es la aceleración de la azúcar que me suscitó del suflé en oposición de la compañía que tenía.

—¿Entonces? —presioné— ¿Vas a decirme cuál es el misterioso punto cinco?

—Follamos.

Todo se detuvo. Neji me miró, totalmente calmado. Esto no podía estar sucediendo. No. Esto no estaba bien.

—¡Vete! —Me reí, recargándome en mi silla— Dios, casi me engañas por un minuto.

—Es en serio.

—Ajá, seguro. —Rodé los ojos, negué, aun riendo.

—Lo pensé. Todo lo que las citas hicieron fue deprimirnos como el infierno. Y siendo completamente honesto, me he sentido un poco frustrado sexualmente estos días. No es por darte demasiada información, TenTen, pero no me he hecho tantas pajas desde… siempre.

Me reí. Y me reí más.

Luego me dejé de reír porque la expresión de Neji no cambió. Ni un ápice. Solo se sentó ahí, midiéndome con sus ojos azules, su boca una línea recta que parecía sincera.

—No es broma —gruñí a cuenta de mi garganta cerrada.

—No. No bromeo. Yo digo que intentamos follando para sacarlo de nuestro sistema.

—¿No es broma?

Pero tenía que serlo. Cristo, no podía respirar. Aire, necesitaba aire inmediatamente. Neji hizo para atrás su silla, las patas chillando en el mármol. Rodeó la mesa y me levantó, sus manos debajo de mis brazos.

—Respira, TenTen. Te estás poniendo azul.

Ante su orden mis pulmones se pusieron en marcha, llenándose de oxígeno. Haciendo lo que debían. Una mano fuerte frotó mi espina de arriba abajo, dándome coraje. Hizo mi silla a un lado, su sólida corpulencia parada directamente detrás de mí, calentándome.

—¿Estás bien? —preguntó, inclinándose sobre mi hombro.

Asentí. No se alejó. La mano frotando mi espalda no se detuvo. Hombre, se sentía bien.

—Tú, ah… como que me sorprendiste —dije.

—Ajá.

—En serio… quieres…

No podía decirlo. Las palabras se enredaron, haciendo imposible sacarlas.

—¿Por qué no? Veo que es una situación ganar-ganar. Logro liberar algo de mí frustración y tú liberas cualquier sentimiento persistente jodiendo tu cabeza. Follamos, vemos que no tenemos química, seguimos adelante. O mejor, todo se rompe como normalmente lo hace y eres feliz de solo regresar a ser amigos. ¿Qué dices?

Tener, o no tener sexo con Neji. Un poco de pan comido.

—Sí, ¿por qué no?

Se enderezó, removiéndome de la vista. Pero su presencia no podía ser dudada. El hombre era magnético, su caliente y dura carne me jalaba. La forma en que se abría a mí y me decía sus secretos, la gorma en que confiaba en mí, todo me acercaba. La tentación de recargarme contra él era casi abrumadora. Cuidadosamente me deshizo la coleta, esparciendo mi cabello oscuro por mis hombros. Torció una hebra en su dedo, frotando su pulgar arriba y debajo de ella.

—Me gusta tu cabello.

—Gracias.

Lentamente, desenredó mi cabello de su dedo. Su mano se deslizó a la base de mi espina y luego más abajo, sobre mi trasero, bajo el borde de mi vestido de punto rojo. Nunca tuve un viaje por mis piernas que fuera tan importante. Piel de gallina me cubrió la espalda y no era por frío.

—Y me gustas en rojo —dijo, rozando sus labios contra la punta de mi oreja.

—¿Sí?

Solo me encontraba demasiado contenta de no estar sudando. La bota médica demasiado-sexy-para-decirlo, azul brillante con layas blancas en el frente, ya era demasiado malo.

—Oh, sí. —Sus dedos viajaron hacia arriba por la parte trasera de mi pierna desnuda, haciéndome estremecer— Mucho.

Neji Uchiha no jugaba.

—¿Quieres hacerlo a-ahora? —Cerré los ojos.

—Puede ser —Su otra mano se deslizó por el frente, balanceándose debajo del bulto de mis pechos. Presionó su duro cuerpo contra la longitud del mío, moliendo su erección contra mí nalga izquierda, haciéndom e arquear— No te causo inconveniente, ¿o sí, TenTen?

Inhalé, mi mente corriendo.

—No. No es como que tuviera algo planeado.

—Bien.

Un dedo trazó el elástico de mis bragas alrededor de la cinta de mis piernas, deslizándose por debajo para trazar el hueso de mi cadera. Se sentía tan bien en mi estómago que casi se volteó de la euforia. Tenerlo así de cerca, el calor de él en mi espalda, el jabón y loción de después de rasurarse que se olfateaban en el aire, era una bendición. Nunca en mis sueños más salvajes imaginé esto, la oportunidad de realmente estar con él. Mi piel se sentía caliente, febril. Y mi corazón comenzó a golpear en algún lugar entre mis piernas. Dios, necesitaba que me tocara ahí.

—Probablemente es más seguro sobre tu espalda —dijo.

Sus palabras flotaron sobre mí, ruido insignificante. Justo hasta que se estiró alrededor de mí e hizo a un lado el bol y la cuchara. Me giró, me levantó y me puso sobre la mesa.

—Recuéstate —dijo.

La mirada en sus ojos, era hambre por mí. Maravilloso. Estrechamente contenida, pero no igual. Nunca había visto una visión tan hermosa en toda mi vida.

—Recuéstate, TenTen. —Su mano en mi hombro me guio hacia abajo hasta que me encontraba plana contra la manera dura.

—¿En serio estamos haciendo esto? —Todo lo que podía escuchar era mi pesada respiración. Tan increíblemente fuerte. No me habría sorprendido si mis vecinos se quejaban por los niveles de ruido— ¿Neji?

En lugar de una respuesta, deslizó sus manos debajo de mi falda y comenzó a despojarme de mis sensatas bragas cómodas negras de algodón. Usadas porque la posibilidad de echar un polvo con mi jefe en la mesa de la cocina realmente no cruzó mi mente. Y aun así ahí iban, volando sobre su hombro.

—Supongo que sí —dije.

Acercó la silla y se sentó, ojos calientes en mí todo el tiempo. Un músculo saltó en su mandíbula repetidamente. Gracias a dios que no era la única acabada con esto. Me levanté en un codo, con los nervios zumbando en mi cabeza.

—¿Ahora qué estás haciendo?

—Lo que la gente hace en las mesas. —Fuertes manos mantuvieron mis piernas separadas— Comiendo.

Mi estómago cayó en picada.

—Oh, dios.

Su cara desapareció debajo de mi falda. Neji Uchiha en serio no se andaba con juegos. Cálido aliento golpeó mi carne femenina más secreta. De acuerdo suficiente de charla fantasiosa. Era mi vagina. Luego arrastró su lengua hacia arriba por la longitud de mis labios, enviando iluminación en vetas por mi espina.

—Santa mierda.

Debajo de mi vestido, canturreó. El sonido más dulce de toda la creación. Me retorcí, intentando acercarme más.

—Neji.

Su boca atacó primero un labio, luego el otro, chupando duro. Sangre se apresuró por mis venas a la velocidad de la luz, toda dirigiéndose a mi coño. Había pasado tanto desde que tuve esto, y nunca con alguien tan descaradamente dentro del acto. Su boca me cubrió, caliente y hambrienta. Dedos se hundieron entre mis piernas y su lengua lamía mis labios, haciéndome gemir. No sé cuándo mi espalda volvió a golpear la mesa. Raído sería mi suposición. Lo mismo para mis párpados, se cerraron ante el techo blanco, alto sobre mi cabeza. Lo que Neji hacía tomaba mi todo, atención íntegra, cada sonido mojado y fiera sensación volviéndome loca. Mis caderas se balancearos, mi cabeza girando de aquí para allá. Era demasiado y no suficiente. Nunca quería que terminara.

El saber que este era él presionando todos mis botones, trayendo mi amor y anhelo rugiendo a la superficie. Tanta emoción, me sentí alista para combustionar. Estaba en la punta de mi lengua decirle todo, ofrecerle todo. ¿Cuán increíblemente tonto sería eso? Me mordí para contenerlo, el sabor metálico de la sangre en mi boca. Me comió como un hombre privado, famélico. Me comió como su fuera su comida favorita.

Vagamente relacionada, aparentemente los cantantes tenían excelente control de la lengua y fuerza. Benditos sean por eso, muchas, muchas veces más. De hecho, el hombre sobresalía en oral, más allá de mis sueños más salvajes. Trabajaba su boca entre los labios de mi sexo, lengua cavando profundo, probándome. Luego llevaba la punta arriba hacia mi clítoris y me probó hasta que grité. Fue sublime. Los músculos de mis muslos se apretaron. Me dio largas lamidas fuertes de justo encima de mi trasero hasta mi clítoris seguidas de dulces besos chupados. Mi cabeza giraba, mis sentidos tambaleando de la sobrecarga. Mi sexo nunca estuvo tan consentido.

Y fue así que luego, con toda mi caída elegante, la gruesa bota molesta lo golpeó a un lado de la cabeza y los dos gritamos juntos. De dolor.

—Mierda —Se zafó de debajo de mi ropa, frotando su cráneo— ¿Estás bien?

—Sí. Solo tienes una cabeza muy dura.

Él negó con dicha cabeza.

—Por favor, no te detengas —El dolor no importaba, solo lo que venía lo hacía— ¿Por favor?

—Solo un minuto —Con cuidado, cubrió mi pierna herida por encima de su hombro— Eso es ¿Seguro que estás bien?

—Estoy bien —dije, jadeando.

—¿Seguro?

—¡Neji!

El bastardo estaba sonriendo.

—Está bien, TenTen. No te pongas toda emocionada. Ahora, ¿por dónde iba?

—¿Quieres que te pegue en la cabeza de nuevo con las botas? —La desesperación apretó mi voz, pensamientos asesinos corriendo a través de mi cerebro. Yo era un desastre caliente sudoroso y él tenía que empezar a tomarme a mí y mi orgasmo en serio. Ahora— ¿Lo quieres? Realmente, Neji, ¿es eso lo que me estás diciendo?

Se rió entre dientes.

Y entonces empujó mi falda y se puso de nuevo a ello, por suerte para él. Sus labios siempre tan talentosos me trabajaron más y más arriba, a alturas inauditas antes. Hasta donde el aire era delgado y las estrellas estaban a su alcance. Esto era algo más que una gran lamida. Me sentí tan alta, un torrente de emociones dulces calientes llenándome, que también tuve que tocarlo. El poder de la forma en que me agita, conduciéndome fuera de mi mente, era muy intenso.

No, él no podía sentirlo.

La punta de su lengua hizo trazos sobre mi apertura, por lo que mis músculos se apretaron. Tan malditamente vacíos. Cada centímetro de mí se tensó, mis piernas temblando. Mi trasero se frotó contra la superficie lisa de la mesa. Él me había puesto tan increíblemente húmeda, mi coño hinchado y dolorido. Tenía que correrme más de lo que necesitaba seguir respirando. Cuando su veloz e inteligente lengua se enfocó en mi clítoris, casi terminé. Un larga y dura chupada me remató, llevándome hasta el borde. La caída libre fue magnífica. El mundo borroso en blanco y sangre rugía en mis oídos. Era básicamente una experiencia fuera del cuerpo. Mi boca se abrió en un grito silencioso. Tal placer, una alegría.

Me tomó bastante tiempo volver a bajar. Cuando lo hice, Neji estaba de pie, ocupado desgarrando el envoltorio de un condón con los dientes. Había venido preparado.

—¿Estamos bien? —preguntó.

Mi aliento... Me había perdido en algún lugar. No importa. Simplemente estaba tumbada allí y resplandeciendo, mi coño todavía latiendo con réplicas. Perfecto.

—¿TenTen?

Su insinuación de una sonrisa era tan engreída. Hubo un destello de hoyuelos y todo. Pero, sinceramente, había hecho un trabajo muy excepcional en mí. Fue bien merecido.

Asentí, dándole una prueba de que estaba viva. Mi mente todavía estaba a la deriva desde el cielo. Dios. El sexo nunca había bastante celestial antes. Lo único que había hecho era poner su boca sobre mí, es posible que no pueda sobrevivir más. Aunque sin duda, me moriría feliz.

Me miró, sus manos ocupadas poniendo el condón sobre su polla. Antes de que pudiera levantarme sobre un codo para echar un vistazo, estaba posicionándose en mi entrada. La ligera presión de la directa cabeza de su pene hizo pequeños choques espumosos estallaran nuevamente. Fuegos artificiales para bebés. Escalofríos corrieron a través de mi piel. Acarició mi barriga, dejando su palma sobre la piel húmeda, a lo largo de las curvas de mis muslos con celulitis, tan blanca y grande. Todas mis inseguridades vinieron corriendo a casa, a pesar de la lujuria en sus ojos. Él estaba tan grande y hermoso, colocándose encima de mí.

—Eres hermosa —susurró, su voz entrecortada.

No podía hablar, mi garganta seca como una piedra. Así que me limité a asentir. Seguramente él tenía todos los permisos que necesitaba. Me quedé allí diezmada por él, mojada y dispuesta.

—Ha sido un tiempo —Una gota de sudor le corría por un lado de su cara. Sus hombros se levantaron y cayeron con furia, la lucha por el control era obvia en cada parte de él— Quiero que sea bueno para ti.

Juro que mi corazón se alzó y murió por la duda en su voz. A veces, éramos más parecidos de lo que creía.

—Neji. Te necesito en mí.

Algo se moderó en sus ojos y asintió.

—Sí. Lo necesitas.

Me reí por la sorpresa. Entonces cerré el pico. Capaces manos me sujetaron las piernas y comenzó a empujar dentro y dentro. Los labios de mi coño se estiraron a su alrededor para adaptarse a su tamaño. Lento pero seguro, su larga y dura llenó lugares que ni yo siquiera sabía que existían. Honestamente, no era todo tan cómodo. Habían pasado pocos meses desde la última vez, pero esto era ridículo. Me moví y envolví mi pierna buena a su alrededor, tratando de conseguir una mejor posición. En realidad, debería haber estado lo suficientemente húmeda después del espectacular orgasmo.

—¿Cómo de grande eres?

—Puedes soportarlo.

Su lengua pasó por encima de su exuberante labio inferior y su mirada se quedó en donde estábamos unidos.

—Eso no responde a mi pregunta.

Me dio una mirada rápida.

—No me gusta medírmela a mí mismo.

—Eso todavía no es una respuesta.

—Por el amor de Dios. ¿Podemos no discutir mientras estemos teniendo sexo? ¿Por favor?

—Está bien.

Dejé de mirarle por encima de mis pechos todavía jadeantes y miré al techo. A pesar de sus excesivas habilidades en el sexo oral, parecía que no estábamos a la altura ahí abajo. Qué triste. Por lo menos, a partir de ahora, cuando recuerde esto, me gustaría saber que lo habíamos intentado.

Su pulgar jugueteó con cada lado de mi clítoris todavía muy sensible, por lo que me arqueé hacia atrás.

—Cuidado —suspiré.

Asintió, pero no alzó la mirada hacia mí. Al parecer, nuestros ingles combinadas eran demasiado fascinantes. Se echó hacia atrás, antes de introducírmela una vez más. Luego, otra vez se deslizó hacia fuera, retirándose aún más esta vez, antes de hundirse de nuevo. Cada vez que lo hacía, se sentía mejor, lo hizo una y otra vez, con cuidado. El hombre se movía como si fuera una máquina, sin emoción, con gesto serio y con los ojos enfocados. Solo sus manos lo traicionaron, frotándolas de arriba abajo por mis muslos, agarrándolos firmemente y liberándolas lo suficiente como para dejar marcas. No podían parecer estarse quietas, demasiado ocupadas explorando mi piel. Presionó mis rodillas con fuerza contra él, manteniéndonos tan cerca como podíamos. Efectivamente, con el tiempo comencé a estremecerme en todos mis lugares favoritos, la tensión baja construyéndose mi vientre. Yo rara vez me corría dos veces en la misma noche. Simplemente no sucedía. Pero tenerlo dentro de mí ahora era un placer, no un dolor.

—Neji.

Me quedé sin aliento cuando golpeó algo especialmente maravilloso. No levantó la vista.

—¿Sí?

—Haz eso otra vez.

Mis senos se sentían pesado, los pezones duros contenidos cruelmente. Ropa interior inadecuada. Necesitaba quemar mis sujetadores.

—¿Qué... esto? —Su increíble polla hizo como le dije, impactándome en el lugar exacto, iluminándome como si estuviera eléctrica.

—Dios —Mis ojos se pusieron en blanco— Sí, sí, sí.

—Creo que te gusta mi polla. —Rió malvadamente, cogiendo ritmo, enfocándose en mi lugar feliz, conduciéndome fuera de mi mente.

—Creo que amo tu polla. —Me quedé sin aliento, mi trasero moliendo en la tabla.

—Maldita sea, te sientes bien.

Golpeó en mí de una manera que era puro arte. Nuestros cuerpos se entendían perfectamente. El ajuste y la sensación marcándome por dentro, sanándome. Cada uno y todos mis músculos se tensaron hasta que tuve un lío mecánico desencadenándose. Neji me la metió con fuerza y rapidez mientras yo gemía y gemía con aprecio.

Joder, él podía follar.

Nunca había conocido a nadie como él. De ninguna manera podía mantener mis ojos cerrados, tenía que mirar. Con la piel manchada por el sudor y con los ojos apretándolos fuertemente, me golpeaba con absoluta precisión. Él era tan semejante a Dios y glorioso que daba miedo. Esto tenía que ser un sueño. Cuando abrió los ojos, lo oscuro de su pupila parecía haberse tragado el conjunto azul pálido.

Bajó la mirada, mirándome, con el corazón y la mente expuestos. Él lo sintió. Sé que lo hizo. Era tan grande, toda esta consumación, ¿cómo no hacerlo? Esta vez, cuando me corrí, el mundo entero se ocultó. Todo mi cuerpo se liberó en alguna orgía de éxtasis sin sentido. Suena loco, pero es verdad. Mi sangre hervía y mi cerebro estaba en blanco, cada pedacito de mí temblando. Él me había convertido en una criatura sexual, conectada solo para él. Y la recompensa fue sublime.

Oí un grito y luego un peso se estableció encima de mí. Los dos estábamos jadeando. El ruido haciendo eco, llenando la habitación, junto con el ritmo frenético de mi corazón. Lentamente, abrí los ojos de nuevo. El mundo seguía allí, a pesar de toda la evidencia física interna que decía lo contrario. Las endorfinas haciéndome feliz con todo mí ser. Cómo lo vaporoso y totalmente notable que era el tener sexo con Neji. Dame cinco minutos y definitivamente me gustaría volver a hacer otra ronda. En este momento, sin embargo, él se había ganado un descanso.

—Oye —le acaricié su hermoso cabello negro.

Inmediatamente, comenzó a enderezarse. Se levantó de encima mío, comenzando a tratar con el condón. Lo ató por final y luego metió la polla de nuevo en sus pantalones vaqueros, abrochándose la cremallera y los botones. Echaba de menos su calor al instante.

—¿Neji?

No me miró.

Lo que había entre mis piernas era un desastre húmedo maravilloso. El delicioso aroma almizclado del sexo colocado densamente en el aire. Tenía una sonrisa tonta de amor en mi cara. No me importaba y mucho menos estaba avergonzada. Él había hecho que me sintiera demasiado bien.

—¿Neji?

—¿Sí? —Tiró el condón usado y apoyó las manos al lado del fregadero, mirando por la ventana de la cocina.

—¿Estás bien?

—Claro. Sí, no pasa nada.

—Bien.

Me miró por encima de su hombro, sus cejas en una línea preocupada.

—¿Cómo estás?

—Bien. Gracias.

Hombre, todo esto era muy educado. Lo siguiente podría ser almorzar tostadas y tomar té, y hablar del tiempo.

Con los hombros gruesos y tensos, no dijo nada durante más tiempo. Había estado encerrada de nuevo. Las paredes estaban cerradas. Me estudió en silencio y pude sentir como la distancia se filtraba en medio de nosotros. Primeros centímetros, luego pies, hasta océanos enteros separados de donde estábamos. No podía soportarlo más, el silencio me estaba matando.

—¿Qué pasa?

—No debes mirarme de esa manera.

Vale. Ahí lo tienes.

Mi cuerpo se enfrió en un instante, todo lo laxo y encantador evaporándose en el aire. Me acosté en la mesa, sintiendo una gran necesidad de otra ducha con mi pelo en una maraña gigante. La criatura sexual se había ido, despedida. Alisé mi vestido hacia abajo sobre mis partes privadas violadas antes de levantarme. Esto definitivamente no era el tipo de conversación que quería tener acostada de espaldas con todo expuesto. El orgullo importaba.

—Quiero follarte de cada manera que conozco —dijo— Pero no me puedes mirar de esa forma.

—Ya veo.

—Yo, ah... Necesito un poco de aire.

Se acercó a la puerta de la cocina, sin dudarlo, sin mirar hacia atrás. Pero en lugar de eso, dio un paso hacia afuera, al viento frío de la mañana de Portland sin chaqueta. Él se iba a congelar el trasero. Y, de hecho, eso me parecía bien en ese momento.

Mis ojos picaban aunque no iba a llorar. Aturdida parecía la respuesta superior. Yo solo... No podía creer que se hubiera marchado directamente después de tal magnifico sexo. No me había aferrado a él, exigiendo un anillo. No había habido ninguna discusión sobre bebés. Toda etiqueta informal de sexo casual había sido respetada. Como si pudiera evitar la manera en que lo miré.

Le di una patada a mis pies, la bota me balanceó torpemente hacia atrás y hacia adelante. No había ni rastro de él en el patio trasero. Quién sabe dónde demonios había ido.

—Podrías, al menos, haberme ayudado a bajar, idiota —grité, a pesar de que él no podía oírme— Naruto estaba en lo cierto, tú no te preocupas después.

El peor post-coito jamás.