Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

Capítulo 16

Era cerca de la medianoche cuando él entró de puntillas. Casi sonreí, la imagen mental de Neji colándose en mi cuarto después de horas era tan divertida. Era muy parecido a tener dieciséis de nuevo.

—¿TenTen? —susurró, metiéndose en la cama— ¿Estás despierta?

Después de pelear, reconciliarnos, pelear de nuevo y luego hablar con Sasuke, yo estaba estrujada. Superada. Emocionalmente, sólo necesitaba ser colgada hasta secarme por un tiempo, así que decidí fingir que dormía. Un poco también quería saber que haría él si no le contestaba.

Fue a trotar con Gaara después de que hoy terminaron en el estudio. Yo había arreglado un plato de comida y me retiré a mi cuarto. Déjame decirte, subir mi trasero por los escalones con un plato no era nada fácil. Tal vez no la mejor idea que alguna vez he tenido. Pero todavía hay personas en el piso de abajo y honestamente, necesitaba algo de tiempo en silencio, solo yo, la comida y la nueva cámara.

Fue agradable calmarme. Las cosas habían sido intensas últimamente.

Neji se deslizó bajo la manta, el colchón moviéndose bajo su peso. Yací sobre mi espalda, mi pie levantado sobre una almohada. Por un tiempo, parecía contento de solo acostarse cerca de mí. Mis oídos se aguazaron al máximo, escuchando por cada aliento que tomó, cada susurro de las sábanas. ¿Qué vino a hacer aquí? Tenía que ser una visita solo buscando sexo, seguramente. Fruncí el ceño en la oscuridad, esperando la revelación y consiguiendo absolutamente nada por mi problema. No entender nunca parecía ser el tema del año.

—Me disculpé con Memma —dijo en voz baja.

—¿En serio?

—Sí.

—Bien. Me alegra.

Luego algunos dedos vinieron buscando. Se movieron sobre mi cadera, se detuvieron, y tiraron la tela de mi camiseta de dormir, tocando cada uno de los pequeños agujeros en el dobladillo.

—Esta es mi antigua camiseta, ¿cierto? —se acercó más. El colchón se movió de nuevo mientras se estiró hasta el otro lado y encendió la lámpara de La mesita de noche. Pequeñas luces bailaron ante mis ojos. Cuando se despejaron, se cernió sobre mí, tenía los ojos un poco borrosos por no usar los lentes— Joder, sabía que la tomaste.

—No tengo idea de cómo se mezcló con mi ropa limpia.

—Eres una pésima mentirosa.

Contuve una sonrisa. Si pensó que alguna vez iba a devolverle la camiseta, estaba soñando.

—Eso no es algo agradable para decir.

—¿Lo quieres agradable? —preguntó, su voz cayendo en todas las formas sexys— Puedo ser agradable.

—Sé que puedes serlo.

—No pensé cuando vi a Memma. Tenías razón, me puse celoso.

Maldijo en voz baja, todavía jugando con el dobladillo de mi camiseta. Su pulgar metido bajo ella y acariciando la piel desnuda de mi ombligo. Era la sensación más placentera y más cosquillosa. Solo buscaba sexo, justo como sospechaba, y era una vergüenza que no me importara. Mi mamá debería gritarme por ser tan fácil.

Dejé de respirar por un momento. Cuando se trataba de él, era así de tonta.

—Habla conmigo —dijo, su voz suave.

—¿Sobre qué? —pregunté, igual de suave.

—De cualquier cosa.

¿Qué digo? Me giré para mirarlo. Su cabeza posaba en la almohada de al lado, ni demasiado cerca ni demasiado lejos. La distancia perfecta para tocar o hablar. Cuán genial sería tenerlo como la última cosa que viera cada noche. Despertar con él cada mañana, acostado a mi lado.

—¿Quieres que te chupe el coño de nuevo? —más dedos trazaron sobre mi vientre, haciendo todo por debajo despertarse por completo. Mucho más de esto y el estado de mis bragas sería una vergüenza. Se levantó en un codo, un movimiento que sentí más que vi— ¿TenTen? ¿Sigues enojada conmigo por lo de Memma?

—No, no estoy enojada. Aunque desearía que no hubieras sentido la necesidad de hacer eso. Tenemos que dejar de pelear todo el tiempo, está cansándome.

Su mano agarró mi cadera.

—Quieres decir que necesito dejar de arruinarlo.

―Quiero decir que ambos tenemos que averiguar un modo de no herir nuestros sentimientos y tomar las cosas personalmente por todo lo que el otro hace.

—Hmm —La palma de su mano se deslizó por mi cadera, metiéndose entre mí y la cama para agarrar una nalga. Tan sutil— Tengo algo que hará a tu trasero sentirse mejor.

—Lo dudo mucho, dado tu tamaño.

Se rio burlonamente.

—Lo digo en serio, Neji. Tenemos que aprender a vivir en alguna clase de paz y armonía antes de que uno de estos días accidentalmente a propósito nos matemos. —Me estiré para tocar su cabello.

Como de costumbre, se tensó. Pero luego se relajó, permitiéndolo. Era como tratar con un animal salvaje, nunca sabías cuándo los dientes podrían salir. Dedos acariciaron el cachete de mi culo, manteniendo un agarre firme.

—Ambos tenemos un carácter fuerte —dijo— Pero tengo que decir, que guardas un rencor malvado.

—Me dejaste sin bragas sentada en la mesa de la cocina. Bajarme de allí con esta estúpida bota no fue fácil.

—Lo siento. Hacer eso fue algo tonto de mi parte.

Directo, sin dudar. Tal vez aún había esperanza para él.

—Gracias, estás perdonado. Entonces, ¿qué? —pregunté— ¿Simplemente te aburriste en tu cuarto?

—Algo así.

La gran sombra de él se inclinó sobre mí.

—¿O querías algo en particular?

Mi mano bajó por su cuello, probando los músculos duros que se hallaban allí. Su piel se sentía tan bien, suave y cálida. ¿Quizás si se lo pidiera muy amablemente se sacaría la camiseta? ¡No, mala jugada! Haciéndome pensar en toda clase de pensamientos indeseados.

—No quería ir a dormir sin hablar contigo —dijo— Hoy las cosas estuvieron ocupadas. Entonces te fuiste a la cama temprano.

—¿Me extrañaste?

Resopló un aliento y dio un asentimiento seco.

—Eso es bueno. A una chica le gusta ser extrañada.

La yema de mi pulgar hizo un rastro por los vellos de su mentón con barba. Atrapó el dedo entre sus dientes, mordisqueándolo suavemente, sorprendiéndome. Neji no era alguien que yo alguna vez hubiera tomado como juguetón. Sus dientes no soltaron. Meneé mi mano, tratando de liberarlo.

―Eres un animal ―me reí, finalmente, liberando mi pulgar de un tirón.

Suficiente de estas tonterías, yo quería sexo.

A pesar de lo que quería mi cerebro, mi vientre estaba hecho nudos y los músculos de mis muslos apretándose. Me enderecé y Neji retrocedió, manteniendo la misma distancia entre nosotros.

—Bésame —dije.

Le dio un apretón a mi cadera.

—Abre las piernas, déjame lamerte el coño.

—Primero quiero un beso.

—Besaré tu dulce coño —Otro apretón, en mi muslo esta vez— Vamos, TenTen, abre las piernas.

Y me gustaba esa idea, te lo juro por Dios, porque tendrías que ser una idiota certificada para que no te gustara. Pero algo más pasaba aquí. Mi mano tanteó por mis anteojos en la mesita de noche.

—¿Qué está mal? —preguntó.

—Nunca me has besado.

Neji se rio. Lucía hermosamente desaliñado al final de un largo día, cabello todo despeinado.

—Lo hemos hecho una vez.

—La mayoría de las personas se besan antes de hacerlo. Es como una especie de tradición. Sabes, incluso esta tarde, cuando hacías tu declaración masculina a Memma, no me besaste. Solo presionaste tu mejilla en mi frente.

—La camiseta se ve malditamente bien en ti —dijo, dando a mis animados pezones su merecida atención. Fue lindo que se diera cuenta, per o completamente fuera de lugar.

—No lo haces, ¿verdad? —lo vi mirar de un lado a otro, a cualquier sitio que no fuera yo— Tocar está bien para ti si lo hago lento. Pero besar definitivamente es un problema.

Sacudió la cabeza, retiró su mano de mi pierna.

—TenTen…

—Tengo que reconocerlo, meterte de cabeza bajo la falda de una chica es un excelente método de evitar su boca. Sobresaliente, Neji, ese es un plan ingenioso.

Entonces el hombre en realidad tuvo la decencia de lucir avergonzado.

—Es demasiado personal, ¿no?

Bufó.

—Eso es una jodida locura, ¿cómo puede ser demasiado personal? Estoy feliz de lamerte el coño, así que, ¿por qué tendría miedo de tu cara?

—Dímelo tú.

Al parecer, decidió no hacerlo, sus labios se quedaron firmemente cerrados.

—Quiero besarte, Neji. He querido besarte por siempre. ¿Me besas?

Sus cejas bajaron, me dio un ceño en su lugar.

—Ven aquí, está bien —Agarré el frente de su camiseta, jalándolo hacia adelante— Solo soy yo.

Cedió unos simples dos o cinco centímetros.

—Es que eso no es lo mío. No es la gran cosa, a todos nos gustan diferentes cosas, ¿sabes?

—Lo sé —Lo arrastré un poco más cerca— Yo… necesito saber que sabor tienen tus labios.

—A las otras chicas nunca les importó. No es como si las dejara queriendo, me aseguré de hacerlas correr.

—Eso es bueno. —Y un poquito más cerca.

—Yo… ya sabes, no quiero estar metiéndome en la cara de alguien, acercándome tanto a ellos. No me gusta. He besado a chicas antes. Lo he hecho, solo que nunca me enganchó hacerlo.

—De acuerdo —Lentamente, lo arrastré hasta que nuestras narices se encontraban cerca de chocarse. Permíteme decirte, él era un campista infeliz— Nos besaremos un ratito. No es la gran cosa.

—No, lo sé —Hizo un puchero.

—Y si en verdad no te gusta, me detendré.

Un asentimiento vacilante.

Dulce, suavemente, presioné mis labios en la comisura de su boca. Ambos mantuvimos lo ojos abiertos el tiempo entero. Lamió sus labios y liberó un respiro. Cuando no hizo ningún movimiento inmediato de lanzarse fuera de la cama y escapar, me atreví a intentarlo de nuevo. Un simple beso en su hermoso labio inferior. Dio un respingo, pero no se retiró. Incliné la cabeza, besando ese punto una vez más, dándole un contacto más amplio esta vez, cuidando el ángulo.

—¿Cómo fue eso? —pregunté, sintiendo su aliento calentar mis labios.

Se encogió de hombros.

—No muy malo. No me molestó.

—¿Quieres intentar una vez más?

—De acuerdo. Una más.

—¿Esta vez abrirías un poco la boca para mí?

Sus labios ligeramente y se puso rígido, dejándome tomar el liderazgo. La expresión vacilante en su cara se calmó a curiosidad, sus ojos cerrándose gradualmente.

—Gracias —Rocé mis labios sobre los suyos, tomándolo con calma— Tienes una boca tan hermosa, Neji, y tus labios son tan cálidos y suaves.

Hizo un ruido con su garganta. Creo que fue bueno.

—He estado muriendo por besarte.

Nuestras narices se chocaron y sonreí, cambié la inclinación de mi mentón y volví por más. Abrí los labios un poco, besando su labio superior una y otra vez. La sensación de su aliento contra mi cara, su barba contra mi piel. Quería hundirme en él, conocerlo por dentro y por fuera. Quería protegerlo y animarlo, alentarlo y amarlo. Tan lentamente se inclinó, acercándose, encontrándome a mitad de camino. Cuando lamí su labio inferior con la punta de mi lengua, aspiró una respiración, sus párpados revoloteando hasta abrirse.

—¿Preferirías sin lengua? —pregunté.

—Con lengua está bien —Sus ojos se veían aturdidos, las pupilas dilatadas.

—¿Abrirías tu boca un poco más amplio para mí?

Asintió, haciendo como le pedí. Su mano subiendo por mi pierna, dedos fuertes acariciando mi muslo. Esta vez cuando me incliné, también vino hacia mí.

¡Demonios, sí, éxito!

La dulce euforia recorrió mis venas. Él quería esto. Incliné la cabeza y gentilmente cubrí su boca con la mía, rodeando con mi lengua sobre el borde de sus dientes, explorando. Exhaló y yo inhalé. Tímidamente, su lengua alcanzó la mía. Un rápido toque y se fue de nuevo. Continué, deslizando sobre sus dientes, jugando con sus labios, tentándolo a ir por más. Sabía tan malditamente bien que no podía decir nada. Luego, su lengua tocó la mía de nuevo, frotándola, haciéndome gemir. El beso se volvió más profundo, más duro, mientras Neji se ponía más a gusto, nuestras lenguas enredándose, de rato a rato. Cuando finalmente se separó, ambos nos quedamos jadeando, mirándonos fijamente.

—¿Qué piensas? —pregunté.

Su mirada se quedó pegada a mis labios hinchados por los besos. Con cuidado, tocó su boca.

—Contigo no fue tan malo.

—¿No?

—Una más.

Una mano se deslizó alrededor de mi nuca, arrastrándome mientras su boca encontró la mía. Nuestros labios, dientes y lenguas lucharon por la dominancia, pero era la batalla más placentera. Ambos ganamos al final. Sin dudar, alcanzó el dobladillo de mi camisa, sacándola por mi cabeza y arrojándola a un lado. Luego sus manos acunaron mis senos, tomando su peso.

—He estado necesitando hacer esto.

—¿Sí? —jadeé.

—Oh, sí. Tus tetas son asombrosas. He estado necesitando poner mis manos en ellas por un tiempo.

Sus pulgares acariciaron mis pezones, jugando con ellos, haciéndolos endurecer. Mis pechos se sentían hinchados y pesados, las cosas en mis partes bajas agitándose mucho más. Era medio bochornoso cuán mojada me ponía él. Qué impulso para la confianza era excitarlo, viendo lo mucho que él disfrutaba de mi cuerpo. Dedos acariciaron la curva de mis caderas y la parte redonda de mi vientre (desgraciadamente, me gustaba muchísimo comer para alguna vez llegar a ser plana). En sus ojos no había duda, solo apreciación. Tenerlo tan cerca, sus manos en mí sacaban cualquier otro pensamiento de mi cabeza. Solo el ahora importaba.

Pellizcó mis pezones suavemente y jadeé.

—¿Sensibles? —preguntó.

—Sí.

—¿Quieres que me detenga?

—Dios, no.

—Eres tan jodidamente caliente —tarareó— No tienes idea.

—No me di cuenta de que te fijaste en mí de esa manera.

—No podría no fijarme en ti. Y créeme, lo intenté. Pero en la oficina de Kabuto... usabas esa falda ajustada blanca, fulminándome con la mirada como si estuvieras lista para hacerme pedazos. Joder, casi me mató no tomar un bocado de ti.

—¿Recuerdas lo que yo usaba cuando nos conocimos?

—Bueno, sí. No es la gran cosa.

No estaba muy segura de eso. O tal vez esa solo era yo aumentando mis esperanzas. Se rio, bajito y sucio.

—Y cuando salimos a trotar… mierda. Nunca compres un mejor sostén deportivo. Creo que lloraré si no puedo verlas rebotar por todas partes cada mañana.

—No son tan malos.

—No —dijo— Son muy buenos.

—¿De qué más se dio cuenta, Sr. Uchiha?

Su sonrisa era tan malvada. Me encantaba. Y todo el tiempo sus manos siguieron jugando con mis senos, moldeándolos con sus dedos, volviéndome loca. Mis pulmones lucharon por seguir funcionando, me excitaba demasiado. Parecía haber una línea exultante de nervios corriendo violentamente entre mis pezones y mi sexo. Si él seguía haciéndolo, podría correrme.

—¿Qué? —pregunté, respirando un poquitito jadeante— ¿Qué es esa mirada?

—Tu culo cuando subes las escaleras. Me mata contenerme y no agarrarte.

Mis labios se abrieron.

—Por eso siempre me dejas subir primero. Bastardo, pensé que estabas siendo educado.

—Lo sé —dijo— Sobre tu espalda.

Me acosté, cada parte de mí hormigueando con excitación. Sus grandes manos todavía me cubrían, dedos jugando con mis pezones tensos. Hombre, se sentía bien. Ardía en deseos de la mejor manera posible, todo mi cuerpo. Tenerlo así de cerca, sintiéndolo tocarme era una recompensa por sí misma, dentro y fuera. Estoy bastante segura de que yo resplandecía cada vez que él se me acercaba. El hombre tenía ese efecto en mí. Sus manos bajaron por mis costados, metiéndose en el elástico de mi ropa interior. El calor en sus ojos hizo que mi sexo se apretara con fuerza.

—Te necesito desnuda —murmuró, ya bajando mis bragas por mis piernas.

Y sí, era un pequeño colapso nervioso, estando totalmente desnuda enfrente del hombre de mis sueños. En la mesa de la cocina yo todavía me hallaba mayormente cubierta con mi vestido. Esta vez, no obstante, no tenía nada, ni siquiera mis bragas. Tenía todo a la vista, en exposición. Neji Uchiha, reconocido mundialmente, imagen perfecta, cantante virtuoso, me miró fijamente desde arriba. Las mariposas en mi estómago se volvieron dementes. Pero nada en sus ojos me dio un descanso. Pura lujuria llenó su cara. Hizo que el calor se extendiera por mi cuerpo. En verdad necesitábamos ocuparnos. Ahora.

—¿Neji?

—¿Eh? —con cuidado levantó mi pierna herida, apartándola, tomando la almohada también. Me abrió hasta que había suficiente lugar para que él yaciera entre mis muslos.

—Sácate la ropa también —dije— Quiero ver todo de ti.

Salió por el final de la cama, ya quitándose su propia camiseta, abriendo los botones de sus vaqueros. Aunque hizo una pausa para retirar el condón de un bolsillo, arrojándolo en la cama junto a mí. Sin ropa interior. Absolutamente nada, ni un simple par de bóxers, calzoncillos, o la combinación de ambos le adornaban. Mierda. Estoy muy jodida. Mi respiración se detuvo y mi corazón comenzó con palpitaciones. ¿Cómo demonios alguna vez terminaría algún trabajo cerca de él sabiendo que andaba desnudo bajo una sola capa de ropa? Conocía mi mente cuando se trataba de él, puras cochinadas. Nunca sería capaz de detenerme a mí misma de buscar por el contorno de su polla cada vez que se moviera.

Estaba condenada.

—¿Qué está mal? —preguntó, subiendo de vuelta en la cama, arrodillándose entre mis piernas.

Mi boca se abrió, pero no salieron palabras. La longitud dura y pesada de su polla apuntaba directo a mí y por Dios, lo quería. Me derretía por él, justo allí y entonces. Mi corazón anhelando tomarlo adentro, sostenerlo con fuerza. Alguien en los cielos estuvo realmente inspirado el día que este hombre fue enviado. Los penes nunca me sorprendieron como para estar particularmente agradecida. Pero el de Neji parecía proporcionado, recto y ligeramente torcido a la izquierda. Era definitivamente un tamaño o dos más grandes de lo que necesitaba ser, tan típico de él llevarlo un paso demasiado lejos. Una gota de líquido pre-seminal se formó en la punta de esa cabeza roja oscura y mi boca se hizo agua. Lo observé, extasiada, mientras rodaba el condón.

—TenTen, concéntrate. ¿Por qué fue el ceño?

Miré fijamente su polla, cautivada. Incluso enfundada en goma seguía siendo una cosa de verdadera belleza. Si yo hubiera tenido algún talento para escribir, le habría escrito poemas. Un haiku, tal vez.

—¿TenTen?

Estaba hipnotizada, incapacitada. Polla-atontada.

Neji maldijo y se suspendió a sí mismo sobre mí en sus manos y rodillas.

—Oye, mis ojos están aquí arriba.

—¿Qu… qué? —obviamente, mi auto control y la erección de Neji no podrían coexistir en paz en el mismo espacio.

―Te fuiste a las nubes al ver mi cuerpo ―dijo, acusadoramente, su cabello colgando en su cara mientras me miraba desde arriba.

—No es mi culpa. Te desnudaste.

—Te gustó eso, ¿eh?

—Sí.

Sonrió a medias y se elevó en sus rodillas.

—No te vayas —Mis manos pegajosas se estiraron por él, agarrando su muñeca— ¿Por favor? Ven aquí abajo, te quiero encima de mí.

—¿Quieres hacer la posición del misionero conmigo? —puso las manos en sus caderas, sus dedos apoyados encima de aquellas asombrosas líneas que dirigían hacia la entrepierna que las personas en forma tenían— ¿En verdad, esa es tu fantasía sexual?

—Sí. Y la próxima vez, podemos conseguir una de esas sábanas con un agujero recortado para que nuestras partes íntimas se junten a través de ella, porque creo que son muy excitantes también —Incluso le di la demostración de dedos, con uno pasando a través del agujero hecho por la otra mano— ¿Ya sabes cuáles?

La mirada en sus ojos era menos que divertida.

—Necesitamos una regla sobre no mierda graciosa o pelear durante el sexo.

—De acuerdo. Lo siento. Esa fue mi culpa.

Más cabeza sacudiéndose.

—¿Podemos volver a la follada ahora?

—Sí, yo solo… ven aquí. Por favor —Agité los brazos, haciéndole señas para que se acercara más.

—Sólo esta vez —dijo— En estos días nadie se supone que haga el misionero. Es considerado aburrido.

—Tienes razón, lo sé. Estoy pasada de moda en mi repertorio sexual y estás siendo muy amable al consentirme.

El calor de él me cubrió. Rápidamente arrojé mi pierna sana sobre su cadera y envolví los brazos alrededor de su cuello, en caso de que intentara escaparse. Su gran cuerpo caliente me presionó en el colchón y yo estaba en el paraíso del sexo.

—Dime si te estoy aplastando —dijo.

—No me aplastas.

Mantuvo su peso en ambos brazos de todos modos, mis senos apretados en su pecho. Incluso la ligera capa de vello por sus pectorales bajando a su ombligo era un placer sensorial, provocando mi piel y despertándome. Su erección posaba pesada en mi sexo, lista y esperando. Prácticamente lo hacía imposible no intentar tentar alguna clase de frenético retorcimiento contra él. Orienté las caderas tratando por más contacto sin alterar mi tobillo doblado. Con la frente arrugada y las cejas juntas, me miró fijamente desde arriba. La expresión en sus ojos parecía curiosa, casi. Como si no pudiera recordar cómo llegué a estar debajo de él.

—¿Estás bien? —pregunté.

—Sí.

Hizo una pausa, como si fuera a decir algo más, pero no lo hizo. En su lugar, orientó su cabeza y presionó sus labios dubitativamente en los míos. Una vez, dos veces, tres veces. Qué dulce. Su lengua se arrastró por mi labio inferior y un suspiro se deslizó de mí.

—¿Bien? —preguntó.

—Muy bien.

Abrí la boca y aceptó la invitación, besándome profundo, retorciendo mi interior a cursilerías. Un beso conocedor, él podría haber tenido un comienzo tardío. No obstante, el hombre mostró cada señal de compensar rápido el tiempo perdido. Era un besador nato. Básicamente nos comimos la boca del otro. No estoy diciendo que era bonito, sino que era caliente como el infierno. Las lenguas enredadas y los dientes entrechocando, y no nos molestamos en detenernos para respirar. Respirar era para maricas. Saqué a tientas mis anteojos, lanzándolos a un lado antes de que se rompieran.

Su polla frotó contra los labios de mi sexo, excitándome incluso más y haciendo mis sinapsis crepitar. Todo por debajo se volvió palpitante y húmedo, listo para la toma. La sensación de él, su olor, nada sobre Neji no me excitaba. Tuve sexo caliente antes. Pero sexo caliente con alguien porque el que tu corazón se volvía lelo… era una cosa enteramente diferente. Una vez que se involucraba el amor, todo cambiaba en algo totalmente diferente.

En alguna etapa, movió su peso a un brazo, dejando el otro libre para llegar abajo entre nosotros. La cabeza de su polla rozó contra mi abertura antes de hundirse dentro lentamente.

—Oh, Dios. —Suspiré directo en su boca.

Sus caderas se movieron contra mí, empujando su polla hondo. Perfección. Absoluta y total jodida perfección, así era tener sexo con Neji. En un movimiento suave me tomó, llenándome y encendiendo cada centímetro de mí. Me encantaba que él fuera más que lo suficiente grande para hacer sentir su presencia. Con él dentro de mí y sobre mí, entendí de qué se trataba el sexo, qué era hacer el amor. Porque cada parte mí se encontraba imprimada para tomarlo dentro y volvernos un todo. Tal vez Sasuke había estado en lo cierto sobre que yo era la nueva droga de Neji. Seguro como el infierno él era la mía. Éramos una entidad caliente, sobrecargada buscando ese colocón. Loco, pero cierto.

Neji condujo su polla dentro de mí, una y otra vez. Cuanto más mis dedos se hundían en su piel sudada, más caía en el olvido. Las manos se hundían en mi cabello, jalando suavemente, mientras su boca buscaba la mía. Era una batalla sin fin por la dominación, donde ambos ganamos. Su longitud gruesa avanzó dentro de mí más rápido y más fuerte. Un sonido parecido a un verdadero gimoteo patético escapó de mi garganta. Carecía de voluntad para que me importara. Si solo pudiera venirme… Su boca viajó por mi mandíbula, su barba raspando mi cuello. Los dientes mordisquearon y mi coño se apretó fuerte. Neji gruñó y fue más rápido, embistiendo en mí. Existían muchas posibilidades de que estaría moreteada de pies a cabeza para el final de las cosas, pero buen dios, valía la pena.

Un montón de tiempo pasó, no tenía idea de cuánto. La excitación en la mesa de la cocina debió haber sido un resumen rápido. Sobre mi espalda en una cama, me dio la historia completa. Nos volvimos completamente frenéticos por follar. Su mano sostuvo mi muslo contra él, manteniendo mi pierna sana envuelta alrededor de su cintura. La intensidad de su mirada me mantuvo atrapada, retándome a mostrarle todo, exactamente cuánto me afectaba. En ese momento, él controlaba mi cuerpo, no yo. Las líneas y ángulos de su cara parecían grabadas en piedra, una máscara de concentración. Todo lo que podía hacer era agarrarlo fuerte, mantenerlo tan cerca como fuera posible. Su pelvis golpeó contra la mía, llevando su polla adentro, enviándome más alto.

—Neji —dije en un gemido.

Todo en mi interior hormigueó y se tensó, cada músculo temblando, y eso fue antes de comenzar a correrme. Su polla se metió profundo, la base moliendo contra mi clítoris y ¡boom! Fuegos artificiales. Un cielo lleno de fuegos artificiales. Mi cuerpo era una gran entidad explotando. Las estrellas explotando y convirtiéndose en una supernova parecían ser más sutiles. Mis músculos internos se ciñeron en su polla, mis uñas se hundieron en su espalda. Si mi garganta no hubiera estado cerrada, estoy bastante segura de que hubiera gritado hasta derrumbar la casa.

Cuando volví a mí misma, Neji se retiraba cuidadosamente.

—Oye —susurré.

Un golpe sordo. Su gran cuerpo golpeó el colchón, haciéndome rebotar. El sudor me cubría de pies a cabeza y una sublime clase de sopor se movió sigilosamente por mis venas. Parecía tomar por siempre recuperar el aliento.

―¿Neji?

Yació sobre su estómago, las costillas trabajando duro para devolverle el aliento. Yo le había hecho eso, yo y mi vagina. ¡Vamos equipo! De vez en cuando un músculo en mis muslos o en mi vientre bajo sufría un espasmo, lo último de las repercusiones orgásmicas. Mis piernas eran como gelatina, temblorosas y débiles.

—¿Estás bien? —pregunté, atreviendo a estirarme y tocarlo. Mis dedos trazaron sobre la musculatura de su brazo, y bajaron a su mano.

—Sí —dijo, deslizando los dedos entre los míos.

Rodó sobre su espalda, se encargó del condón. Fue seguramente depositado en un pañuelo de papel para más tarde tirarlo a la basura.

—¿Por qué no hacemos esto en lugar de trotar? —pregunté. Sonrió— Creo que prefiero quemar calorías de este modo.

—Los dos lo preferiríamos —dijo, dándole a mis dedos un apretón.

—Bueno.

Respiré hondo, moviéndome un poquito más cerca hacia el calor de su cuerpo. El aroma de una habitación después de que tuvimos sexo era lo mejor. En un mundo perfecto lo embotellaría y lo cargaría conmigo por siempre.

—¿Te importa si me quedo a dormir aquí contigo?

—No. Eso me gustaría.

Subí las mantas y apagué las luces. Se sentía tan lindo y normal. Tan correcto. Siguió sosteniendo mi mano el tiempo entero.

—Estoy cansado —murmuró.

—Duerme —dije.

Un asentimiento.

Y dormimos. Tuve los sueños más asombrosos.