Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

Capítulo 17

—TenTen, haz algo con tu vida —se burló Neji.

—Lo hago —dije, jugueteando con mi cámara mientras me encontraba sentada en su banco de pesas.

Sus puños golpeaban en el saco de boxeo, golpe, golpe, golpe. No es de extrañar que mi ingle se sintiera tierna esta mañana dado que él tenía toda esa fuerza a su disposición. Vagamente relacionado, dios mío, la vista. Sólo llevaba pantalones de chándal negros y zapatillas. Bajo la luz brillante, su divina piel resplandecía con todos sus músculos magníficos en exhibición. Las líneas de su rostro tan distintas, el conjunto determinado de sus labios, que podría haber visto durante años y nunca me aburrirme.

—Mirarme trabajar con las bolsas no es hacer algo. —Manos quietas y él tomando profundas respiraciones.

—Estoy tomando fotos de ti también —Levanté la nueva cámara brillante e hice clic para algunas demostraciones— No te importa que te tome fotos, ¿verdad?

—No.

—Excelente. ¿Puedes quitarte toda tu ropa para mí, por favor? Me gustaría conseguir algunas fotos denudo.

Me dio una mirada.

—Es con fines artísticos, lo juro.

—No lo creo.

Desabrochó las correas de sus guantes de boxeo. No eran los tradicionales guantes de boxeo, sino que menos voluminosos.

—Voy a hacer que valga la pena.

En un movimiento que debería haber sido por debajo de mí, jugué con la V en el escote de mi suéter.

—¿Cómo?

Sus ojos se oscurecieron con interés. Oh, la emoción de tener una pequeña cantidad de poder sexual sobre este hombre. Tenía vértigo de sólo pensar en él, mis hormonas corriendo como locas.

—Todas las maneras. Quiero que sepas, que puedo ser muy creativa cuando me motivo. Sólo tienes que confiar en mí.

Caminó hacia mí, todo lento y casual. Pero sus ojos contaban una historia diferente.

—¿Estás jugando conmigo, TenTen?

—No —Bajé la cámara— Me dejaste guiarte anoche. No fue tan malo, ¿verdad?

—¿Cuando me besaste?

—Sí.

Acercó su cara a la mía.

—¿Cuándo me hiciste recostarme encima de ti?

—También eso.

—Pensé que no te gustaba mi sudor —dijo, burlándose de mí— De hecho, te recuerdo claramente diciéndolo mucho, y enviándome a la ducha.

—No lo uses contra mí. Intentaba resistirme en ese momento, fue una cosa de supervivencia —gemí en desesperación, mi boca en riesgo de probarlo.

Entonces mi celular comenzó a sonar al otro lado de la habitación. Neji trotó y lo agarró, echó un vistazo a la pantalla.

—¿Quién es Tamaki?

—Mi hermana —Hice un gesto despectivo con la mano. Apenas habíamos hablado más o menos en el último año, lo que quisiera podría esperar. Yo besando a Neji, por otra parte, no podía— Déjalo ir. La llamaré más tarde.

Con una sonrisa socarrona, tocó la pantalla y se puso el teléfono en la oreja.

—¿Hola?

De ninguna jodida manera. Mi cara se cayó, se desplomó.

—Sí, soy Neji Uchiha, su jefe —Hizo una pausa, escuchando— Así es, soy de Stage Dive —Otra pausa acompañada de una sonrisa satisfecha en mi dirección— Gracias, no sabía que eres fan —De nuevo escuchó— TenTen te ha mencionado, sí. En realidad me contó un poco acerca de cómo te follaste a su novio y ahora ustedes dos se van a casar. ¿Cómo está funcionando para ti?

—Neji. No. —Mierda, mierda, mierda. Puse la cámara a un lado y comencé el delicado proceso de llevar mi culo hacia él, cojeando por la zona de suelo acolchado del gimnasio— No es asunto tuyo.

El bastardo dio un paso atrás, y luego otro, alargando la distancia entre nosotros. Su rostro era serio ahora, la boca en una dura línea poco impresionado. Al parecer, lo que oía no lo complacía.

Soltó un bufido.

—No lo creo. La cosa es, Tamaki, que al final del día, le robaste el novio a tu hermana. A menos que llames para pedirle finalmente disculpas, no veo lo que hay que hablar. ¿Quieres saber cómo lo sé? Porque le hice algo similar a mi hermano. Es un movimiento de pollas hecho por mierdas inseguras, pero, ¿sabes qué, Tamaki? Por lo menos tengo una polla. ¿Cuál es tu excusa?

Hice la mímica de deslizar una cuchilla por su garganta, todavía saltando hacia él tan rápido como el pánico y una bota médica lo permitía. Cuando llegué para acortar la distancia, Neji pasó un brazo alrededor de mi cintura, impidiéndome levantar un brazo. Me estiré y me esforcé, pero mi mediocre estatura se encontraba firmemente en mi contra.

—No estás ayudando —siseé— Basta.

—Sí, supongo que soy el protector de TenTen. O tal vez sólo soy la única persona preparada para decir en voz alta la mierda en toda esta situación.

—Dame el teléfono.

Traté de treparlo para llegar más cerca, pero mis dedos se deslizaron sobre sus hombros sudorosos y resbaladizos. Maldito sea su caliente cuerpo.

La voz de mi hermana parecía pequeña, muy lejana. No podía distinguir las palabras. Su tono, sin embargo, se volvía todo histérico e increíble. Podrías apostar que la princesa perfecta no disfrutaba de esta conversación ni un poco. Una parte de mí lo disfrutaba, pero la parte más grande quería romper a Neji en pedazos por meter las narices donde no debía. A pesar de todo, no tenía necesidad de ir a la guerra con mi hermana. Y la guerra era exactamente en donde estaríamos si él seguía con esta mierda.

—Dámelo.

Me ignoró.

—¡Neji!

La frustración hirviendo en mí, abofeteé su rostro (lo sé, no debería, pero lo hice). Tuvo una reacción inmediata. Me frunció el ceño, entonces me dio una buena y dura palmada en el trasero a cambio. Grité, mi nalga temblorosa ardiendo.

—No vuelvas a hacer eso, TenTen —dijo.

—Dame el teléfono.

Agarré su brazo, tratando de forzar la muy- malditamente-fuerte extremidad hacia abajo.

—Estás jodidamente bromeando —dijo al celular, con voz incrédula— ¿Por qué en la tierra imaginarías que tu hermana estaría dispuesta a caminar y ser una de tus damas de honor cuando te vas a casar con su ex? ¿Por qué debería salvar tu culo, eh? ¿Esta amiga tuya que te dejó, follas a su hombre también?

Muchos gritos de angustia vinieron de mi celular.

—¿Quiere que haga qué? —pregunté, confundida. Debo haber oído mal. Tamaki no podría pedirme algo tan horrendo y de mal gusto. Yo, de pie en el alter, mientras ella se casaba con mi ex, con el hombre que me robó, como Neji dijo— De ninguna manera.

La rabia hizo que mi sangre golpeara un punto de ebullición. Podía sentir el vapor saliendo de mis oídos.

—¡Tú, maldita desconsiderada, insensible, podrida, jodida vaca! —chillé lo suficientemente fuerte para que mi querida hermana oyera.

Las cejas de Neji ascendieron.

—No te creo, Tamaki.

Me pasó el teléfono. Lo sostuve en mi oreja.

—¿De verdad esperas que camine y sea una maldita dama de honor? Me fui. Hice mi mejor esfuerzo para no provocar un drama porque todos estaban tan malditamente emocionados acerca de tu compromiso. Pero, cómo te atreves a pensar que importaba tan poco para mí.

¡Se suponía que eres mi hermana! ¿Eso significa algo para ti?

—TenTen —dijo mi hermana, sonando claramente sorprendida— Um…

—Ni siquiera pediste perdón. Dios, Tamaki, si sólo hubieras admitido que lo que hiciste estuvo mal, lo habría superado, ¿sabes? Te habría perdonado —Me apoyé contra Neji, tomando prestada su fuerza— Pero actuaste como si él fuera tu perfecto regalo de Dios y al diablo quien fuera herido en el proceso.

—Yo… lo amo.

—¿Sí? Bueno, yo también lo amaba. Y dolió. Realmente dolió, lo que me hiciste. Lo que ambos me hicieron.

La mano de Neji acarició de arriba abajo mi espalda, su otro brazo sosteniéndome apretada. Apoyé mi mejilla contra su pecho, sintiéndolo respirar, oyendo sus latidos.

—Lo siento —dijo ella finalmente, quebrándose— Yo… tienes razón. Lo que te hicimos estuvo mal y lo siento. Debería habértelo dicho en el momento.

Finalmente. Todo el aire me dejó muy deprisa. Mis hombros se derrumbaron y tuve la peor sensación con las lágrimas que habían logrado escapar de mis ojos.

—Gracias.

—¿Me harías el favor de venir para la boda? Me gustaría que camines como dama de honor ya que Tiffany se alejó de mí. Pero voy a entender si dices que no. Simplemente se siente mal que estés ausente. Sigues siendo mi hermana.

Oh, hombre. No sabía si eso era algo que podía hacer. La estúpida alegre ocasión era sólo en tres días. Neji me dio un apretón, sólo para dejarme saber que él estaba allí. Eso me ayudó.

—No lo sé, Tamaki. Déjame pensarlo.

—De acuerdo, lo entiendo. Gracias, TenTen. —Colgó.

Con mi brazo alrededor de su cintura y mi cara apretada contra él, me quedé allí, tomándome un momento para orientarme.

—Eso fue inesperado.

—Ajá.

—No contestes mi teléfono otra vez.

—No me abofetees otra vez.

—Lo siento.

Puse mi barbilla en su pecho, mirando hacia su cara sin defectos. Sus manos se posaron en mis hombros y frunció el ceño. Tal vez ahora él me alejaría, reclamando su espacio personal y parar toda esta tontería sentimental. Pero no lo hizo.

—Mi nalga arde —dije, sólo para conversar.

—Bien. ¿Vas a la boda de tu hermana o no?

—Sinceramente no lo sé. Parecía sincera, pero…

Se cruzó de brazos, luciendo toda clase de grandeza, fuerte, y sumamente atractivo. El cómo me protegió de Tamaki calentó cada arruga de mi corazón.

—¿Quisieras venir conmigo si lo hiciera? —me atreví a preguntar.

Hizo una mueca.

—No lo sé. No soy tan bueno con cosas de la familia.

—Sí, quizás es lo mejor.

—Si me llevaras como tu cita, tendría que conocer a toda tu familia, y eso será difícil teniendo en cuenta la naturaleza de nuestra relación.

Miré hacia él.

—¿Y cuál es la naturaleza de nuestra relación, Neji?

—Soy tu jefe y ocasional socio de conexión —dijo, dándome un guiño alegre.

—¿Lo eres? —dije, mi voz completamente desprovista de expresión.

—Bueno, sí. Aunque hablando de conexiones, oí que el sexo de la boda se supone que es bastante caliente, así que tal vez…

—Eso está bastante bien, Neji, no hay necesidad de complicar nuestra relación casual. Ahora, si me disculpas.

—Cristo, TenTen, ¿qué he dicho ahora?

—¡Tengo trabajo que hacer! —Le dije adiós con la mano al salir.

Era probablemente más de lo que se merecía.


Neji me miraba. Podía sentir sus ojos en mí desde el otro lado de la habitación. A pesar de ser placentero, en otro momento me hubiera adaptado mejor a las cosas. A veces, cuando no nos hallábamos rodeados por hasta el último miembro de su extensa familia con algunas otras personas también.

La noche de chicas que él había sugerido que Saku organizara para mí la noche de esa horrible cita con Shino por fin había llegado a un buen término. Excepto dado los medios de comunicación embestidos causados por el debut en la televisión de su madre, que en realidad no pudimos ir a las discotecas para sacudir nuestros traseros. Parecía que cada cámara en el país señalaba en la dirección de los hermanos Uchiha, sobretodo en Neji. Por lo tanto, todos colgábamos de Sasuke y Saku. La música sonaba y la gente bebía, casi todos, excepto Neji, y yo no podía dejar de preguntarme si eso lo hacía sentirse excluido, apartado. Se recostó como sólo él podía en un sofá blanco, Naruto charlando acerca de algo junto a él. Hinata se sentó en las rodillas del baterista, sorbiendo una Corona y jugando con su cabello. Miré fijamente en su dirección general, simplemente escalofriante. Sasuke y Gaara se encontraban en algún lugar cercano, sin duda, haciendo lío con sus guitarras.

Yo sólo me hallaba feliz de ser liberada de la terrorífica bota médica. Mi tobillo todavía dolía un poco. Sin embargo, sobreviviría.

—Psst.

¿Qué diab…?

—Psst, TenTen. —La mejor amiga de Saku, Ino, lanzó una nuez a mi escote. Una chica bastante agradable, pero era innecesario que me lanzara nueces.

La pesqué y la metí en mi boca.

—¿Algo con lo que pueda ayudarte allí, Ino?

Saku y también la hermana de Hinata, Matsuri, se acercaban a mi posición neutral cerca de las ventanas del balcón. El condominio realmente tenía una magnifica vista a lo largo del distrito Pearl. Además, Neji.

—Buscamos información acerca de ti y Neji —dijo Saku.

Empujé mi largo y oscuro pelo atrás de mis hombros mientras miraba detenidamente a mis aspirantes a interrogadoras.

—No sé de lo que hablan.

—¿De verdad te quebraste el tobillo tratando de patear su puerta? —preguntó Matsuri, evaluándome.

—Bueno, sí. Eso sucedió.

Su cara se volvió toda soñadora.

—Creo que eso es muy romántico.

―Creo que es divertido ―dijo Saku― Separado de la parte en que te lastimaste, por supuesto.

—Por supuesto. —Sonreí.

—¿Qué está pasando, TenTen? —Saku se apoyó contra la puerta de cristal, con ojos curiosos.

—No sé de lo que hablas.

Sus ojos se estrecharon.

—Por favor, la manera en que te está mirando.

—¿Cómo está mirándome?

—Como si lo hubieras inventado… qué, ayúdame con esto… —Se giró a su amiga.

—Mamadas —suministra Ino.

—Cierto —Saku cruzó sus brazos— Neji te está mirando como si hubieras inventado las mamadas y, ¿todavía tratas de jugar a la inocente conmigo? Eso no va a suceder. Tú y él están muy, muy involucrados.

No revelé nada.

—Hinata no me diría nada tampoco. Ustedes, chicas, son inútiles para el chisme —suspiró Saku— No me ocultarías cosas, ¿verdad Matsuri?

—No, Saku. No me atrevería.

Me miró de soslayo.

—¿Por qué no te creo?

Matsuri se rio.

—De acuerdo, voy a forzar a mi hermana a que se aleje de su novio durante unos minutos. Nos vemos, señoritas.

—Nos vemos —dije, dando una mirada sutil sobre mi hombro para revisar la configuración del terreno.

Neji miraba directamente hacia mí, ojos preocupados. Con Naruto ahora ocupado hablando con Matsuri y Hinata, no tenía distracciones. Yo, por otro parte, tenía a Saku y a Ino observando cada uno de mis movimientos.

—Está en las últimas —dijo Ino.

—Sip —coincidió Saku— Pero sospecho que él mismo tiene un enamoramiento.

Las ignoré a ambas. Más o menos.

—¿Y qué tal si en lugar de preocuparnos por los dramas románticos que podría o no podría tener, nos preguntamos lo que está sucediendo con su estúpida madre? ¿Alguna noticia?

Saku hizo una mueca.

—Lo último que Sasuke escuchó fue que tomó el dinero y huyó.

—Neji actúa como si no lo afectara, pero debería —dije, mirando de nuevo al objeto de deseo de mi corazón en el reflejo de la ventana.

Tenía su oscuro cabello peinado hacia atrás y vestía una camisa negra de vestir y vaqueros azules con brillantes botas negras. Tenía las mangas de la camisa recogidas, de modo que mostraba sus tatuajes. Todavía no había escuchado la historia de esos, lo que significaban para él. Era triste, la forma en que quizás siempre habría cosas inciertas entre nosotros y yo sólo sería su ligue ocasional.

—¿TenTen? —Saku se acercó, bajando la voz— ¿Te encuentras bien?

—Sí, seguro. —Le di mi mejor sonrisa.

Ella no la regresó. Dejé que la mía se desvaneciera ya que era poco convincente.

—Es sólo que hay un montón de cosas sucediendo en este instante.

—No pensarás en marcharte, ¿cierto?

Ino se había alejado para estar con su novio, el hermano de Saku, Kiba. Nos encontrábamos solas. Saku, yo y todas mis preocupaciones y dudas de pie en la esquina de la fiesta, observando a la vida pasar.

—Una mierda sucedió con mi hermana y mi ex hace tiempo. Estuvieron juntos a mis espaldas y ahora van a casarse —dije, descargándolo todo.

Algo me dijo que no sólo podía aceptarlo, sino que quería hacerlo. Por mucho que amara a Neji, algunas veces una chica solo necesitaba una amiga mujer con quien hablar las cosas.

La boca de Saku formó una O perfecta.

—Mierda.

—Sí, bastante horrible. Creo que mi confianza se vino abajo, ¿sabes?

—Lo apuesto —Tiró de su elegante trenza rubia con los ojos pensativos— ¿Cómo se llevan tú y tu hermana ahora?

—Dice que lo siente. Quiere que vaya a casa para la boda y cubra a una dama de honor que se echó atrás.

—Ja —Saku dejó escapar un suspiro enojada— Esa es una gran petición.

—Sí, lo es. —Reí a pesar de que la situación claramente no tenía gracia.

—¿Vas a ir?

—No lo he decidido aún. No quiero dejar a Neji ni someterme a eso, pero las bodas son cosas importantes. Si fuera, estaría haciendo lo correcto. Y toda mi familia estará allá. He permanecido alejada los últimos dos años más o menos, y todos están como locos por que muestre mi cara al menos. Sin embargo, pienso que yo siendo dama de honor alguna vez está malditamente fuera de cuestión.

No dijo nada al principio, solo me miró

―TenTen, ¿la boda va a desplomarte? ¿O solo será una cosa de mierda que atravesar, tomar un par de tragos, sonreír a la gente correcta y después salir de ahí en cuento puedas?

—La última, creo —Suspiré— Creo que me sentiré mejor al final si voy. Me dará algún cierre.

—Entonces ve. Neji estará bien un par de días.

Cierto, pero las posibilidades de que yo no me deprimiera y me abatiera lejos de él, no eran buenas. No que eso importara. Él y yo sentados, besándonos en un árbol no era lo que quería. No de una forma permanente de todos modos. Yo no era lo que quería. Lo había dicho tantas veces, de tantas formas diferentes. Sólo ahora parecía que mi corazón verdaderamente lo asimilaba, dejarlo ir. Nuestro tiempo juntos terminaría. No podía dejar de amarlo, y él se negaba a comenzar. Esa era la cruda verdad.

Necesitaba disfrutar el aquí y el ahora. Tomar lo que pudiera conseguir, mientras pudiera conseguirlo. Eventualmente, las cosas se harían problemáticas y yo me iría, justo como planeé hacer al inicio.

—Gracias, Saku.

Sonrió.

—Eres una de nosotras, TenTen. Cuando sea.

—Hola. —La profunda y familiar voz vino de atrás de mí, haciéndome saltar.

No me di cuenta de que se levantó en absoluto.

—Neji. Hola.

—TenTen, ¿puedo hablar contigo un minuto?

—De acuerdo.

Una mirada especulativa llegó a los ojos de Saku.

—Tengo algo que hacer en la cocina. Ahora.

—Bien. —Negué con la cabeza.

La mujer era tan sutil como un mazo.

—¿De qué te gustaría hablar?

—Aquí no. Vamos. —Neji colocó una mano en mi espalda baja, guiándome hacia el baño.

Lo dije como una oferta. Pero si creía que iba a conseguir sexo después de sus comentarios de ligues de mierda, estaba tristemente equivocado. Cerró la puerta. Era un baño bonito para cómo iban las cosas. Brillantes superficies grises de piedra, un enorme espejo bien iluminado y mucho cromo.

―¿Qué sucede? ―pregunté, retrocediendo y cruzando los brazos.

—He estado pensando en la boda de tu hermana y eso.

Fruncí el ceño.

—¿Y?

—E investigué un poco. —Tiró de su cabello hacia atrás, alisó la parte delantera de su camisa. Si no lo conociera mejor, habría dicho que se encontraba nervioso. Solo que Neji no se ponía nervioso, ciertamente no debido a mí— Tu ciudad no tiene ningún lugar decente para quedarse, así que todo lo que pude conseguirte fue una habitación en un motel. Pero te compré boletos de primera clase de ida y vuelta y un coche alquilado, el mismo Mercedes que tengo, así te sentirás cómoda manejándolo. Estará esperándote en el aeropuerto. Pero puedo conseguir un chofer si lo prefieres. No me hallaba seguro de lo que querías.

Levanté mis gafas, conmocionada.

—¿Organizaste todo eso?

—Sí. Y la chica del motel, dijo que tienen un pequeño restaurante pero lo busqué en internet y luce como mierda para mí. No quiero que envenenen tu comida o algo, así que voy a conseguir el restaurante que entrega comida a domicilio. Y haré que envíen algunas sabanas decentes también. Dijo que solo tenían de poliéster con algodón —La curvatura de sus labios expresaba claramente lo que pensaba de tal cosa. Como si dormir en algo menos que algodón egipcio podría significar la muerte para mí. Mierda, era lindo— Y le dije a Suigetsu que organizara la seguridad ya que tenemos algunos paparazis molestando. Solo por si acaso. Serán discretos, lo prometo.

—Neji, no puedo llevar seguridad a la boda de mi hermana.

—¿Estás segura?

—Sí. —Sonreí.

—Bien. Pero también se me ocurrió que podrías necesitar un vestido o algo, así que mi estilista está en eso —anunció— Te describí y le envié tus medidas. No te preocupes, te enviará un par de cosas para que te pruebes.

—Lo hará, ¿eh?

—De todo un poco para que puedas escogerlo tú misma. Le dije que no olvidara los zapatos y esa mierda.

—Pensaste en todo —Ladeé la cabeza— ¿Pero cómo sabes mis medidas?

Se detuvo.

—TenTen, mis manos han estado sobre todo tu cuerpo un par de veces. Conozco tu cuerpo. No voy a olvidarlo pronto.

—Oh.

―No estoy presumiendo, lo juro ―dijo, con ojos sinceros― Si decides que no quieres ir, está bien. No hay problema. Pero quería tener todo listo para ti solo por si acaso.

—¿Hiciste todo esto? ¿Por mí?

Un hombro fuerte se elevó.

—¿Esta tarde?

—Saku me ayudó —admitió— Sé que probablemente no has visto a tu familia en mucho tiempo. Como alguien listo me dijo una vez, la familia es importante.

Se inclinó hacia atrás contra el mostrador del baño, observándome.

—No quería herir tus sentimientos. Sé que piensas que estoy tratando de comprar mi salida de los problemas, pero no lo es. Lo habría hecho de cualquier forma. Sólo quiero lo mejor para ti, porque eso es lo que mereces.

Mis ojos se humedecieron de forma inquietante. Parpadeé repetidamente, sonándome la nariz ligeramente.

Gruñó.

—TenTen, no llores. Eso no está bien.

—No lo hago. No me atrevería.

—Crees que no me preocupo por ti. Pero lo hago. Si todavía quieres que te acompañe, entonces bien —Hizo una mueca— Quiero decir, me gustaría. Lo que quieras, ¿de acuerdo?

—De acuerdo —Lo miré maravillada, alucinada, mi corazón y mente luchaban para seguirle el ritmo— Gracias, Neji.

Me miró cautelosamente, sin moverse. Así que en su lugar me moví, directo a sus brazos. Sin vacilación, me apretó contra su pecho.

—No me odies, TenTen —susurró— Quieres molestarte conmigo cuando hago cosas estúpidas, eso está bien. Pero no me odies nunca. No podría afrontarlo TenTen, no de ti.

Coloqué mi mano en su mejilla, deshecha por la crudeza en su voz, evidente vulnerabilidad.

—Oye. Nunca podría odiarte.

—Promételo.

—Lo prometo —Y era cierto. Me hacía enojar y frustrar todo el maldito tiempo. Sin embargo, no había forma de que pudiera lograr odiarlo alguna vez. Acuné su rostro en mis manos. Era tan precioso para mí, y aun así sonaba tan solo, perdido y asustado como un niño— Eso nunca sucederá.

Neji cerró los ojos y exhaló fuertemente. Frotó y acarició su mejilla contra mi mano, raspando suavemente la palma, haciendo que mi piel cosquilleara. Me puse de puntillas y encajé sus firmes labios con los míos. Su lengua se deslizó en mi boca, buscando la mía. Cristo, se hizo bueno en esto rápido. Su sabor, la sensación familiar de su cuerpo contra el mío, todo era tan perfecto.

Me besó suave y húmedo en lo que solo podía ser descrito como un completo y sensual ataque delantero. Su boca me conquistó de la mejor forma posible. Toda su preocupación sólo alimentó el hambre, creo, parecía insaciable. Sus manos se deslizaron sobre mí, frotando mi rostro y cuello, tocando cada parte de mi cuerpo. Mi piel se encendió debajo de sus dedos. Ningún otro hombre me hizo sentir tan querida nunca, tan adorada. Por supuesto, ninguno me llamaba como él lo hacía, en cuerpo y alma.

—¿Me perdonas? —preguntó, dejando besos ardientes por mi cuello.

—Sí. Pero no lo hagas de nuevo. Y no dejes de besarme.

—Entendido. Déjame disculpar apropiadamente. Déjame besarte entre las piernas. —Fuertes manos acunaron mi trasero, presionándome contra su erección— Quiero lamerte, TenTen.

—Te gusta hacer eso, ¿no es así? —pregunte, un poco alucinada. Mis novios anteriores no calificaban la experiencia tan bien.

—Mierda sí. Amo tenerte goteando contra mi rostro, frotando tu coño en mí.

—Dios.

Su dura y rígida longitud se presionó en mi abdomen, llenándome de necesidad. Pero eran sus palabras las que hacían que mi flujo sanguíneo aumentara.

—Tu aroma, tu sabor, me encanta todo lo que involucra comerte —suspiró.

—No más. —Cubrí su boca con mi mano, apretando las piernas con fuerza. El estado de mis bragas era una desgracia. Me ponía húmeda y necesitada sin siquiera tocarme debajo de la cintura. El hombre era un tornado sexual, fuera de control. O tal vez yo lo era, difícil decir. De cualquier modo, tenía que detenerse— Alguien puede escuchar.

Escapó de mi mano, mostrándome sus hoyuelos.

—Nadie oirá nada. Este lugar tiene un excelente sistema aprueba de sonido. ¿Cómo crees que Sasuke y Saku se las arreglan para follar durante las fiestas? Paredes gruesas. No te preocupes.

—Sólo por si acaso.

Sus ojos se estrecharon.

—¿Estas húmeda para mí, TenTen? ¿Tu lindo coño está listo para mi boca? Estoy malditamente hambriento. Te vas a correr más de una vez esta noche.

Mi rostro ardió más intenso que una parrilla y el centro de mis piernas latió.

―Lo sabía. Te gusta que te hable sucio ―dijo, mordisqueando mi clavícula antes de lamerla. El gran animal.

—Claro que no. Lo estás inventando.

—Prácticamente vibras de emoción. Te encanta —Su risa fue diabólica, su aliento ardiente en mi piel— Ah, TenTen. Tengo algunas cosas obscenas que necesito decirte.

Oculté mi rostro en su cuello, dándole mi propio mordisco de amor, o dos. Hombre, su piel sabía bien. Salada y cálida como era Neji. Y olía incluso mejor. Sus dedos se hundieron en mi trasero, sosteniéndolo con fuerza. La aparentemente siempre presente dureza se hacía más que conocida por sí sola, empujando en mi estómago. Si se ponía más duro, podría lastimarse.

—Dime, TenTen. ¿Qué tan húmedas están tus bragas?

Compartiría esa información sobre mi cadáver. O una suave lucha erótica. Más probable la última. Pero se debería notar, dos podían jugar este juego, y jugar con él era divertido mientras avanzaba. Él podría estar actualmente al mando, pero yo no me encontraba tan atrás.

—Te sientes tan duro, Neji.

—¿Ahora? —preguntó, tirando de mi cabello solo un poco. Suficiente para encender toda la terminación nerviosa en mi cuero cabelludo.

Jadeé.

—Adoro los ruidos que haces —dijo— Me pregunto cómo sonarás cuando muerda tu dulce trasero de durazno. De verdad es malditamente magnifico, TenTen. Por su puesto, meteré mis dedos en tu precioso coño cuando lo haga. No quisiera que se sienta rechazado.

—Que dulce de tu parte —Deslicé mis manos entre nosotros, agarrando su enorme polla— ¿No te gustaría que lamiera esto, Neji? Por supuesto que estaría feliz de lamerla también.

—¿Lo estás ahora?

—No hemos hecho eso todavía.

Presionó su frente contra la mía.

—No, no lo hemos hecho. Y tienes una hermosa boca.

Coloqué mis manos en su estómago y presioné, retrocediendo. Sus brazos cayeron.

—¿Ahora? —preguntó.

—¿Qué podría ser más romántico? —Sonreí.

Sonrió brillantemente

―No sé una mierda sobre romance. Pero tendría que ser un maldito idiota para rechazar una mamada tuya. Pero ¿estás segura?

—Sí.

Gruesas y esponjosas toallas blancas colgaban de la barandilla. Jalé una, la doblé y la arrojé a sus pies. Su mirada se movió entre la toalla y yo.

—¿Estás segura, de que estás segura?

—Mucho.

Tiré otra toalla y la arrojé sobre la primera. Me arrodillé. Sus pupilas parecían haber duplicado su tamaño.

—TenTen.

—¿Sí?

Mi mano viajó por sus piernas, sobre sus firmes músculos. Deshice la hebilla de su cinturón y abrí el botón y cierre de sus vaqueros.

—Olvidé lo que iba a decir…

—No importa. Me gusta que vayas sin ropa interior.

Lo tomé en mi mano. Cristo, se sentía caliente, tan maravillosamente caliente. La piel suave como terciopelo, la ancha cabeza oscureciéndose a rojo. Llenaba mi agarre de manera asombrosa. Sus manos se empuñaron a sus costados.

—Y realmente me gusta tu polla, Neji.

—Cristo.

—Digo, de verdad me gusta —Froté mi pulgar sobre el hoyo en su pene, provocándolo. Los músculos de sus muslos se apretaron— Me gustas todo tú incluso más.

Se tensó.

—Gracias.

—Cuando quieras. —Sonreí—. ¿Quieres que me quite los lentes para esto?

—Puestos —respondió inmediatamente.

—De acuerdo, pero nada de semen en los lentes. Eso no está bien. ¿Entendido?

Un músculo saltó en su mandíbula.

—Muy bien, entonces.

Arrastré mi lengua sobre la cabeza de su polla, reuniendo un camino de semen salado por mi provocación. Rico. Dame más. Normalmente, el esperma no encendía mi mundo, pero cualquier cosa que hacía el cuerpo de este hombre me hacía querer saborearlo. Tal vez era la absoluta locura de mi amor por él. Quería hacerlo sentir tan adorado y querido como el me hacía sentir. Perseguir la duda en sus ojos y darle nada más que placer.

Lo tomé en mi boca, succionando antes de lamer la parte inferior con mi lengua. Todo el cuidado debido fue dado al dulce lugar. Lo masajeé con la punta de mi lengua hasta que maldijo profusamente, sus caderas empujando hacia adelante. Mi mano vacía acunó sus testículos, rodándolos suavemente, la piel tan suave y delicada. Su dura carne se estiró en mi mandíbula, llenando mi boca, y el aroma de su almizcle fue todo lo que pude oler. Lo tomé tan profundo como pude, trabajándolo con la lengua, los dientes y los labios, retrocedía y luego lo chupaba hacia adelante otra vez.

—Joder, TenTen. —Sus pesadas bolas se acercaron más a su cuerpo— Se siente tan malditamente bien.

Y usó una palabra que sólo tuve que preguntar. Su polla salió de mi boca con un pequeño sonido de pop.

—¿Bueno? —pregunté, curvando mis labios hinchado en una sonrisa. Me observó a través de parpados cerrados. —Muy bueno.

Coloqué mis labios alrededor de la cabeza una vez más, succionando fuerte. Sus caderas corcovearon en respuesta. Había llegado el momento de acabar con él. Los músculos de su estómago se tensaron y sus piernas se pusieron rígidas. Succioné con todas mis fuerzas, ahuecando mis mejillas y tomándolo profundo.

—Maldita sea, TenTen.

Varios sonidos de gruñidos y gemidos vinieron por encima de mí. Era una especie de animal.

Caliente, salado y amargo semen me llenó la boca y la garganta. Tragué rápido, tomando todo. Nunca se me cruzó por la mente escupir... esto era Neji. Se corrió y se corrió mientras lo trabajaba con suavidad, acariciando su polla y frotando sus bolas, amándolo. Todo su cuerpo se desplomó y jadeó en busca de aire. Mi trabajo aquí estuvo hecho. El hombre se hallaba deshecho.

—Ayúdame a levantar —le dije, tirando de sus vaqueros. Sus ojos se abrieron lentamente y tendió una mano hacia mí. La tomé, dejándole hacer el pesado trabajo de levantarme sobre mis pies—. Gracias.

Un brazo salió disparado, envolviéndose alrededor de mi cuello, tirando de mí contra él. Todo su cuerpo temblaba.

—¿Estás bien? —pregunté.

Asintió.

—Te sientes un poco emocional, ¿eh? —Acaricié su pelo— Eso está bien. Fue una mamada emocional.

Resopló. Le di un apretón.

—Me alegro de que te haya gustado.

—Estoy limpio, TenTen —dijo, con la cara pegada a mi cuello— Me hice la prueba, todo salió negativo, ¿de acuerdo?

—Oh, sí, lo tragué. Ni siquiera pensé en eso.

Los brazos de acero alrededor de mí no vacilaron.

—Me gustó que lo tragaras.

Labios húmedos y calientes se frotaron contra mi cuello. No había visto nunca ese afecto por parte de él. Mi cabeza daba vueltas con alegría y las palabras más inquietantes se levantaron dentro de mí hasta que se pegaron en mi garganta. Y todavía se empujaban para salir de mí en un irreflexivo y estúpido intento. Intenté detenerlas, porque lo comprendía, en serio que lo hacía. Pero se escupieron desde mi torturada y enamorada alma mientras mi cerebro observaba con total y absoluto horror.

—Te amo, Neji.

Silencio. Absoluto y desolado silencio. El hombre en mis brazos se congeló de golpe, incluso su respiración vaciló.

—Quiero decir, no es que sea gran cosa, ni nada. —Mi boca, quería matarla lenta y dolorosamente en muchas y de varias formas. Estuvimos en un buen lugar, en el momento, y tuve que ir y arruinarlo, presionando por más—. No tienes que decir nada. De hecho, no deberías, sería mejor si no lo hicieras, y sólo tendremos que continuar exactamente como estábamos y pretender que esto nunca sucedió, ¿de acuerdo? Porque lo estamos haciendo bien, muy bien, y realmente no quiero que nada cambie.

Manos agarraron mis brazos y me separaron a la fuerza de él. Cada instinto en mí decía, agáchate y cúbrete, corre. Pase lo que pase, no debería mirarle a la cara. Debido a que se hallaba pálido y demacrado, y sus ojos se encontraban vagamente aterrorizados.

—¿Me amas?

—Neji...

Me miró como si fuera extraña para él, desconocida y no deseada en todos los sentidos que importaban.

—TenTen, no puedo... yo no...

―No, lo sé ―en ese momento, yo morí de todas las maneras que importaban. Mis pulmones no lo habían descubierto todavía.

Desde abajo llegaron ladriditos y gruñidos. Pequeñas uñas escarbaron en mis medias negras, triturándolas de modo irreparable. Debe haber estado dormitando bajo el mostrador y se había despertado con los gritos de Neji.

—Hola, Kurama. —Recogí el pequeño bulto de terror blanco y negro. Era la distracción perfecta para mi exaltado corazón—. No te vi aquí. ¿Dónde te escondías?

—Mejor volvamos.

Neji estudió la pared del fondo con gran ardor. Supongo que cualquier cosa era mejor que mirarme y a mis desordenadas y desbocadas emociones. Embarazoso.

—Sí. Supongo que sí.

Dirigí el camino de vuelta, así como lo llevé a él en primer lugar a mi trampa de la mamada emocional. Las mujeres eran las peores. La naricita húmeda de Kurama se frotó en mi barbilla.

—Hijo —llamó Naruto al perro a modo de saludo. Todavía estaba hablando con Hinata y Matsuri en el sofá—. Me preguntaba a donde te habías ido.

—Lo encontré dormitando en el baño. —Le entregué el bebé con pelaje a su papá.

Los ojos azules de Naruto se estrecharon.

—Tus labios están anormalmente hinchados y tu labial esta todo desgastado. ¿Qué diablos hacían ustedes dos en el baño a la vista de mi primogénito?

—Nada —dije, retrocediendo un paso. Esta era la última maldita cosa que necesitaba.

Sostuvo al cachorro delante de su rostro.

—Kurama, dile a papá por donde te tocó la gente mala.

—No hicimos nada. —Me giré hacia Neji, pero todavía se encontraba demasiado ocupado estando en shock, el idiota inútil.

—¡Está traumatizado! Sólo mírenlo. —Naruto levantó el cachorro para que todos lo vieran. Deleitándose con la atención, Kurama meneó la cola y ladró con fuerza dos veces.

—Ven, dámelo. —Hinata quitó el perro con cuidado de las manos de Naruto—. No está traumatizado. Un poco más de experiencia que probablemente tenía que tener. Pero no es como si no hubiera estado durmiendo en nuestra habitación mientras nosotros estamos ocupados de otra forma.

—¿No es suficientemente malo que tenga que crecer con el estigma de que su padres no estén casados? —Tristemente, Naruto sacudió la cabeza— Mi pobre muchacho, nunca tuvo la oportunidad de una vida normal.

―Ajá ―dijo Hinata, entregando el perro a su hermana.

A este ritmo, las patas de Kurama no tocarían el suelo en los próximos años. Tenía que ser el perro más mimado en el mundo, hablar de estilos de vida de los ricos y famosos. Y sí, preocuparse sobre el cuidado en exceso del chucho era mucho más seguro que voltear a ver si Neji ya había salido de su coma.

Hinata se puso de pie, y luego se arrodilló en una rodilla ante el baterista rubio.

—¿Quieres casarte conmigo?

Toda la charla a nuestro alrededor se quedó en silencio.

—Yo soy el que hace mierda graciosa —dijo Naruto, con las cejas fruncidas—. No tú.

—No estoy siendo graciosa. —Sus manos encontraron las de él y las agarró con fuerza—. Te amo y quiero casarme contigo, Naruto Uzumaki. ¿Qué dices?

La boca del Naruto se abrió y todos esperamos con gran expectación. Pero él no dijo nada.

Finalmente, Hinata volvió a hablar—: Ya no tengo miedo. Sé que esto es lo correcto y si todavía quieres hacerlo, entonces yo también, con todo mi corazón.

—¿Podemos viajar a Las Vegas y casarnos con un Santa Elvis para Navidad? —preguntó Naruto, con ojos sospechosamente brillantes.

Una lágrima se abrió camino por la mejilla de Hinata.

—Eso me gustaría mucho.

Caos sobrevino cuando Naruto saltó sobre Hinata y la feliz pareja comenzó a rodar por el suelo. Todo el mundo estalló en aplausos, gritos y Dios sabe qué más. Kurama ladró a toda la conmoción. Sólo Neji y yo estuvimos apartados, ambos todavía demasiado aturdidos por mi confesión. Quería estar feliz por ellos. Realmente quería, pero me quedé allí con el sabor de Neji en mi boca y mi corazón roto flotando dentro de mí, afiladas piezas cortando mis entrañas.

Una mano me tocó el brazo antes de caer.

—Vámonos.

Levanté la mirada a su hermoso rostro amado y le di mi más sombría de las sonrisas.

—Si.

En medio de toda la celebración y la confusión, nos deslizamos hacia el ascensor, tomando el viaje embriagador de vuelta al primer piso. Ninguno de nosotros dijo una palabra. Afuera una especie de llovizna fría caía. Me acurruqué más en mi abrigo mientras Neji me abría la puerta del copiloto del Mercedes. Una feliz pareja corrió de la mano a través de la carretera. Las luces de la ciudad se hicieron borrosas cuando gotas de agua mancharon las lentes de mis gafas.

¿Ya sabes esos momentos al borde del invierno, cuando el frío se filtra tan profundo dentro de ti que te sientes como si no pudieras alguna vez estar caliente otra vez? Este era uno de ellos.

—TenTen —dijo, todavía con la puerta abierta del coche.

—Lo siento. —Me subí en el cuero perfumado de lujo del Merc y Neji cerró cuidadosamente la puerta detrás de mí.

Un momento después se deslizaba en el asiento del conductor, secándose la lluvia de la cara. Ninguno de los dos habló. No había realmente nada que decir. El viaje de regreso a su casa pasó sin incidentes, las luces y los edificios pasando ante mí demasiado rápido. Muy pronto, las sombrías paredes grises de su palacio se alzaron ante nosotros. Unos pocos fotógrafos valientes atreviéndose al mal tiempo se cernían en el frente, frenados por los dos robustos guardias de seguridad.

Manejamos hacía la parte posterior, hacia abajo al piso inferior. La gran puerta del garaje se cerró detrás de nosotros, encerrándonos. Me senté, estúpidamente asombrada por mucho tiempo, Neji me abrió la puerta del coche, ofreciéndome una mano.

—Gracias. —Salí por mi cuenta—. Estoy bien.

No me encontraba bien en lo más mínimo. El amor no correspondido era una perra. Subimos las escaleras, pasando del primer piso al segundo. La puerta de mi habitación era la segunda a la izquierda. Se detuvo junto a la entrada y encendí la luz, poniéndola suave. Era una especie de iluminación nocturna.

—TenTen. —Tragó saliva, sus ojos oscureciéndose— Déjame entrar.

—No puedo.

—Pero…

—No puedo —repetí— Tenemos que parar.

—No, no tenemos.

—Sí tenemos —dije— Esto no está funcionando para mí. No puedo bloquearlo. No puedo pretender que no siento cosas por ti. No estoy hecha de esa manera.

—No, estamos bien. Juro que estamos bien. —Sus manos recorrieron mis brazos, mi espalda, atrayéndome. Lo deseaba, todo de él, tan desesperadamente. Su toque hace que sea imposible resistirse—. Todo está bien.

—Neji...

—Shh, está bien. Está bien, sólo soy yo.

Presionó sus labios con los míos y el sabor de él. Dios. Nada sabía mejor, nada jamás podría. Y no pude contenerme aunque quisiera. Incline mi rostro, abriendo la boca para trazar sus labios con mi lengua. Hizo un ruido de pura hambre con su garganta y sus manos se apoderaron de mis caderas, con dedos feroces. Habría marcas en la mañana.

Mis manos se envolvieron alrededor de su cuello, sosteniéndolo con fuerza. Hasta que trató de empujar mi abrigo de mis hombros, entonces tuve que dejarlo ir. Si él era el gran amor de mi vida, entonces sólo fue en ese momento que salió todo en una explosión. Nada podría arreglar las cosas, ahora las palabras habían sido dichas. Lo sabía. Lo sentía en cada fibra de mí ser. Esto era una despedida.

Salimos torpemente de nuestra ropa, tropezando en dirección a la cama. La cosa fue, que llegamos a mitad de camino y las manos de Neji se arrastraron hasta mis muslos, empujando mi falda hasta la cintura. Gracias a Dios por las medias hasta el muslo. Nuestras bocas se hallaban una encima de la otra, lenguas rozándose y provocándose. Me arrancó las bragas, presionándome contra la pared más cercana, y se agachó.

La primera sensación de su boca contra mí fue el éxtasis, el azote de su lengua y la succión de sus labios. Toda la sangre en mí corrió directamente a su mando. Apreté mi coño contra su cara y él gimió en señal de aprobación. Tenía tanta hambre de mí. Si sólo eso fuera suficiente.

—Oh Dios, Neji.

Mis manos encontraron su pelo y su lengua encontró mi clítoris y joder... tan bueno. Mis ojos rodar on hacia atrás en mi cabeza. Con cuidado, levantó mi pierna sobre su hombro, abriéndome más a sus favores. Me trabajó duro y rápido hasta llegar al clímax, todo mi cuerpo temblaba. Ya me encontraba medio preparada desde el oral de antes, a pesar de la confusión emocional. Y gracias a Dios las vaginas no se preocupan por tal sufrimiento y dolor. No quería perder ni un momento de esto, nuestro último tiempo juntos.

Dos gruesos dedos se deslizaron dentro de mí, curvándose y presionando contra un dulce punto en el interior. Él había dicho que conocía mi cuerpo y no mentía. Grité y me vine, sorprendida por la prisa exquisita. Mis dedos se anudaron en su pelo, tirando con fuerza. Pero no se quejó. Mis huesos temblaron y mi mente se vació y fue precioso. Por un iluminado y brillante momento todo el mundo tenía sentido. Me hallaba justo donde pertenecía. Entonces la realidad y la tristeza vinieron de nuevo. Con ojos cerrados, sus labios se presionaron contra mi hueso púbico en un beso reverente y suave. Parecía casi un acto de bendición. Presionó su frente contra mi estómago, simplemente tomándose un momento como si hubiera sido él, quién tan recientemente se volteó de cabeza. Lo sedosos mechones de su cabello se colaron a través de mis dedos

―Oye, ¿estás bien?

—Si.

Neji Uchiha no perdió el tiempo.

Se puso de pie, bajó su cremallera y me alcanzó. Todavía no dejaba de temblar por mi clímax, pero no esperó. Me levantó en sus brazos y deslizó mis piernas alrededor de su cintura. Me hubiera gustado ser lo suficientemente fuerte para aferrarme a él para siempre de esta manera. La gruesa y dura cabeza de su polla se apretó contra mi apertura y lentamente se hundió en el interior. Me llenaba de maneras en las que nadie más pudo, y no tenía nada que ver con el tamaño.

—Eres tan jodidamente hermosa, TenTen.

—Dios. Neji.

—Te necesito.

Dientes mordisquearon el lóbulo de mi oreja, el dulce aguijón rodó a través de mí, haciéndome jadear. Me cubrió la cara de besos, labios calientes moviéndose sobre mi piel, marcándome como suya. Parecía que no podía tener suficiente de mí. Sus manos, su boca y su polla se encontraban decididas a dejar su huella en mi cuerpo. Mi estúpido corazón latía con fuerza y rápido, sintiéndose lleno a rebosar, pero no había nada que pudiera hacer al respecto. Lo sostuve rápido, dejándole golpetear dentro de mí, imprimiéndose en cada poro. Nada de mí no le pertenecía, quisiera yo o no.

Independientemente de lo que tenía sentido racional, mi corazón dio y dio hasta que no quedó nada. ¿Pero no es esa la forma de algunos amores? Se vino duro, su polla sacudiéndose dentro de mí, dientes incrustados en mi cuello. Su cabeza se hallaba en mi hombro mientras recuperaba el aliento, ambos hundidos en la pared.

Me llevó a la cama, colapsando sobre el colchón a mi lado. Me di la vuelta, frente a él. Parecía aniquilado, cansado. Lo justo, yo misma quería dormir durante mil años. Cabello oscuro cayó sobre su rostro, ocultando sus ojos de mí. El resplandor de la luz era cegador. Debería haberla suavizado más. Rayos, debería haberla apagado.

—No puedo seguir haciendo esto —dije.

No respondió.

—Tenemos que volver a ser estrictamente a los negocios. Es lo mejor. — No tenía mejores palabras.

Un escalofrío recorrió su cuerpo y rodó sobre su costado, dándome la espalda. El hombre más hermoso que había conocido se deslizó fuera de mi cama justo antes de la medianoche y lo dejé ir.