Personajes de S. Meyer Historia mía

Disfruten el Cap (:


9

- ¿Qué has dicho? – demandó.

Había estropeado todo, había dicho su nombre y evidentemente ella escuchó. ¿Qué mierda puedo decir ahora? Salí de ella con total brusquedad, dejando que se diera un fuerte tropezón con el suelo y tiré rápido del condón dando la espalda mientras debía pensar.

- ¡Hey! – gritó buscando mi atención de nuevo. – Respóndeme.

- ¿Qué quieres que te diga? – le miré y Bella dio un paso hacia atrás.

- ¿Me has llamado Isabella? – continuó después de una pausa.

- ¿Tiene importancia? – abrió tanto los ojos que por un momento dudé si saldrían de sus orbes.

- ¡¿Quién demonios eres tú?! – espetó con demasiada brusquedad. - ¿Eres un maldito policía? ¿Cómo sabes ese nombre? ¿Quién rayos….?

- Será mejor que te calmes. – grité aún más fuerte para que me escuchara. Antes que ella, debía relajar mi postura pero no lo conseguía. – Isabella es un nombre que después de todo se escucha mucho por aquí. – dije lo primero que apareció por mi mente.

- ¡Eres un maldito mentiroso! Dime o ¿es que alguien te envió?– Bella palideció por un instante y apresurada recogía lo que quedaba de su ropa y rápidamente se la volvía a colocar.

Quedé en donde estaba, Bella continuó colocando sus pertenencias mientras no apartaba la mirada de mi; una mirada recelosa y vigilante de cada movimiento que hacía, esa mirada envolvía su rostro en una total agonía. Volví mis movimientos un poco más lentos y pasaba constantemente mi mano a mis cabellos para controlar la ansiedad que se estaba apoderando de mi ser. Estaba perdiendo a Bella y esta vez por una estupidez mía.

- No puedes irte de éste lugar.

- ¿¡Acaso me lo vas a impedir!? – resonó – No te dejaran entrar de nuevo maldito policía.

- ¿Te parece que soy un policía? – quise hasta reír pero no podía.

- No me interesa lo que seas. No te me acercarás más.

- Tú no puedes restringirme nada. Eres una simple puta.

Estaba lo suficientemente cerca de Bella para que reaccionara abofeteando mi rostro con su mano. El impacto fue lo bastante acertado para dejarme atónito por su acción impulsiva y al mismo tiempo para que me doliera un poco la mejilla. Le miré por un instante pero ella ya se estaba acercando a la puerta, la abrió y enseguida me quedé solo en esa asfixiante habitación. No tenía nada que hacer o incluso decir después de aquello, tomé mi chaqueta y salí del lugar.

Bajando las escaleras todo parecía seguir su curso, nadie era consciente de nada. Todos simplemente seguían con su rutina mientras yo perdía a mi puta preferida, maldije cada paso que daba hacia la salida. En cuanto estuve cerca de la puerta vislumbré a Paul de brazos cruzados observando a todo hombre que entraba con cara seria, me acerqué a él.

- Esto es para Bella. – entregué el dinero de la hora completa en el que Bella estaría dispuesta para mí.

El chico pelinegro lo aceptó con mala cara pero no dijo nada, imaginé que Bella después de todo no fue a sus brazos por lo que había ocurrido. No quise mirar hacia adentro y toparme con ella, no quería simplemente vivir ese instante en el que Bella se deshizo de mí tan rápido, pensé por un instante que ella sería diferente y por el hecho de que era dama de compañía no se alejaría de mi lado.

- o - o -

Tomé un tiempo para mí y mi trabajo, después de todo era dueño de una reconocida compañía que debía continuar con la excelencia que representaba. Mis juegos con Tanya habían terminado por unas pocas semanas, simplemente no deseaba estar con ella y Tanya se limitaba a hacer su trabajo. Por el contrario Emmett se la pasaba constantemente interviniendo en mi oficina y reprochar en que no he cumplido mi parte del trato en presentarle a cierta chica, por más que le diera a entender que habría un cambio de planes ha insistido por las últimas dos semanas y estaba comenzando a irritarme de verdad.

Todo en mi vida había continuado su rutina, ordené a Riley abandonar la investigación sobre Isabella, que después de todo, no me serviría para nada. Sin embargo, estaba muy consciente de cada paso que Bella daba gracias a la labor del mismo chico.

La jornada laboral estaba concluyendo y una llamada despertó mi atención.

- ¿Edward?

- ¿Qué deseas Esme?

- Hijo van casi dos meses que no sé nada sobre ti. ¿Cuándo piensas visitarnos de nuevo?

- Esme ya te lo había dicho antes: no volveré a ese lugar mientras Caius continúe dejando su asqueroso rastro.

- ¡Edward Anthony no te permitiré que hables así de tu padre!

- ¡NO ES NADA MÍO ESME! – alcé mucho más la voz de lo que me propuse, un silencio repentino se hizo notar del otro lado de la línea – Esme – continué después de tomar un respiro. – Tengo muchas cosas que hacer, sí deseas verme sabes en donde vivo. Será un placer llevarte a cenar ¿Te parece si mañana…?

- Llegó Caius. Debo colgar.

Lo siguiente fue el sonido de una llamada colgada, repetí la acción de mi madre y terminé de ordenar mis cosas. Logré despedirme antes de Emmett para evitar que mencionara el tema de la chica y lograra sacarme de mis casillas y me dirigí hacia el elevador. Sam estaba listo en la entrada esperando por mí, subí al instante y comenzó a conducir hacia las afueras de NY, después de todo por ese día tenía una cita pautada. Me acomodé mejor en el asiento y encendí mi MacBook para terminar de revisar algunas cosas sin darme cuenta que el tiempo comenzaba a transcurrir y el auto se detuvo frente a un enorme portón negro. Después de decir mi nombre las puertas se abrieron y Sam continuó guiándonos hasta la entrada de una gigantesca casa, guardé todo lo que tenía mientras esperaba paciente a que abrieran la puerta del auto.

Salí del auto y comencé a ordenar mis ropas; ajusté la corbata y el chaleco, por mis cabellos no pude hacer más que pasar un par de veces mis manos por él e intentar aplacar los mechones bronce que se encontraban dispersos en mi cabeza, pero no lo conseguí. Las puertas se abrieron y frente a mí se encontraba una señora mayor que saludaba con una enorme sonrisa, me invitó a entrar mientras iba diciendo:

- Joven Cullen está usted muy grande. Aún recuerdo cuando le pillaba en la cocina por los dulces del postre. – continuaba la señora Sue. – mi hermana Emily ha cuidado bien de usted. Mira cuanto ha crecido.

- Se lo agradezco Sra. Young.

- Sí, sí muy apuesto joven Cullen. Quédese aquí llamaré al Sr. Cullen para que lo atienda. ¿O prefiere a la Sra. Cullen?

- Esperaré a mi padre en la terraza Sra. Young, gracias.

- Sí, es mejor el aire fresco. Le hará bien.

Continué mi camino hasta la terraza, la señora Sue quien era hermana mayor de la señora Emily cada día mostraba más sus señales de persona anciana y mi padre no quería dejarla ir tal y como yo hacía con la otra Sra. Young. No quise tomar asiento para no causar una mala impresión a mi padre así que dediqué un poco de tiempo en tomar aire profundamente y expulsarlo para relajarme. Casi estaba anocheciendo, el crepúsculo comenzaba a asomarse en el horizonte para dar fin a otro día más.

- Edward. – llamó mi padre y di la vuelta para encontrarme con su mirada y la de Leah.

- Carlisle. – miré después a la Sra. Cullen para asentir ante su mirada de repruebo. – Leah.

- Tanto tiempo sin verte Edward. – continuó mi padre acercándose a para estrechar su mano.

- Ya me hacia la idea de que no volverías por aquí Edward. – entendí perfectamente lo que quiso decir Leah, pero tal parece que Carlisle no entendió igual que yo.

- Lamento romper con esa idea Leah. Pero mientras hayan asuntos que atender estaré más presente para que no vuelvas a pensar en mi ausencia. – Carlisle rió pero Leah sí entendió mi respuesta.

- Tomemos asiento hijo.

Para mi desgracia Leah pretendía quedarse con nosotros ya que también tomó asiento junto a mi padre y cruzó las piernas colocándose cómoda. Carlisle no tardó en abordar todo tema sobre la compañía, quería estar enterado absolutamente de todo pero me limité a decir lo que Leah podía escuchar, dejando a un lado los nuevos proyectos con ciertas compañías en América latina y una nueva cede en España para comenzar a expandir nuestros horizontes.

En cuanto Leah se marchó, ya que sólo hablábamos de negocios, pude sentirme más tranquilo sin tener los ojos acusadores de esa mujer sobre mí todo el tiempo. La Sra. Sue llegó con un té para relajar un poco nuestras mentes, pero eso no consiguió que desapareciera ciertas preocupaciones que me abordaban desde la última noche que vi a cierta persona.

- Edward, háblame de tu madre. ¿Cómo está Esme? – inquirió mi padre tan de repente que me sorprendió.

- Ella se encuentra bien.

- Tengo muchos años que no la he visto.

- Ella está bien junto a su esposo, Carlisle. – comenté para cortar el tema sobre mi madre y es que era extraño que Carlisle preguntase sobre ella.

- Bien. – mi padre se aclaró la garganta y comentó – ¿Tú has estado bien?

- ¿Cómo me ves? – pretendí una sonrisa forzada.

- Muy centrado en lo que haces. – asentí, era una respuesta esperada – Edward ¿Cuándo me presentaras a una chica digna y correcta para que me dé nietos?

- ¿Qué? – dije aún más atónito que antes.

- Edward tengo casi 60 años y eres mi único hijo. Comprenderás que quiero ver a mis nietos antes de morir.

- Eso Carlisle es un tema que no pretendo discutir.

- Hijo ya estás en edad suficiente para entender que el trabajo no lo es todo en la vida. ¿No quisieras llegar del trabajo y que haya alguien en casa esperando por ti tal y como tu hacías por mí durante un tiempo?

Después de esas palabras quedé en silencio, sí tan solo mi padre se diera una idea de lo que sufrí mientras viví en ésta casa aguardando por él junto a Leah quien no paraba de criticarme y refutar toda acción que hacía. En aquellos momentos Esme estuvo muy ocupada con su embarazo junto a Caius, por tanto tuve que estar con mi padre más tiempo del que me habían dicho y convivir con Leah lo suficiente para darme cuenta de quién era ella en verdad. Pero Leah no tardó mucho en querer desaparecerme y fue ella quien propuso la idea de llevarme a un internado privado ya que convenció a Carlisle de que mi conducta no era apropiada y necesitaba una educación que sólo mi padre podría pagar.

Miré a Carlisle y rasqué un poco mi mentón con la barba de semana y media que ya empezaba a molestarme. Sonreí un poco sarcástico al considerar a Leah como una abuela por parte mía y tranquilamente agregué.

- Esas cosas no son necesarias por ahora, Carlisle. Y sí lo deseas, puedo hablar con Leah para que adoptes un cachorrito que esté siempre contigo. – él rió rendido a mi comentario.

- Entonces esperaré el día en que por lo menos me presentes a una mujer digna de nuestra familia. – asentí.

- Es hora de irme. – puntualicé colocándome de pie.

- Edward acomoda tu traje. Eres la imagen de Cullen's Corporation. No puedes darte el lujo de verte desarreglado todo el tiempo.

- Lo sé.

Arreglé mi traje justo a tiempo para que Leah no hiciera ningún comentario sobre lo mismo. Me despedí tan rápido como esperaba y dejé que Sam me llevara camino de vuelta a mi departamento. El camino se volvió terriblemente lento pero llegué justo a tiempo para ducharme y descansar. Pero cada vez que intentaba cerrar los ojos aparecía en mi mente el recuerdo de unos ojos chocolates que le pertenecían a un exquisito ángel y cuando iba a acercarme mis recuerdos señalaban el último momento donde Isabella exigía que saliera de su vida, sin más remedio que dormir me forcé a no pensar más y caí rendido por el cansancio. En algún momento todo iba a volver a fluir, me convencía de eso.


Hey!

Gracias por todo... voy rápido así que diganme qué tal les parece?

Hasta pronto (: (: