Personajes de S. M la historia es mía

Disfruten el cap (:


10

Ya el tiempo se volvía monótono en mi vida, los días seguían transcurriendo sin clemencia y parecía que yo, en particular, me había quedado estancado en el último día en que vi a la tentación convertida en mujer. Durante ese tiempo me pude percatar de pocos eventos como el hecho de que mi madre había dejado de insistir en que me reuniera con ella para "arreglar el mal entendido" que tuve con su esposo, tanto había dejado de preocuparse que no volví a recibir una llamada por parte de ella. Por otro lado mi padre estaba más interesado en el bienestar de Esme, y aún no me explico ese repentino interés que tiene hacia ella y desconozco también si Leah estuviese al tanto de las llamadas más frecuentes que Carlisle realiza a mi celular. De Emmett no puedo decir mucho, estoy muy convencido que ha encontrado otra distracción más placentera que joder mi paciencia; no se le ve muy a menudo su rostro sonriente en mi oficina a todas horas, y gracias a ello tampoco ha insistido en un acuerdo que habíamos llegado.

Por mi parte, el trabajo era lo único que lograba envolverme por completo. Ya había llegado al punto de que no distinguía mi tiempo laboral del tiempo personal. Ni siquiera Tanya y sus evidentes atributos lograban distraer mi atención del trabajo, claro que también en el edificio de Cullen's Corporation se escuchaban todo tipo de cosas y una de ellas era mi relación con la secretaria, rumor que se extendió a chismes deformados sobre un supuesto embarazo. Cosa que personalmente me aseguré que no fuese cierto.

- Toc toc. – dijo alguien obligándome a mirar al responsable de mi distracción.

- Alice. – sonreí abiertamente y me dispuse a saludarla como era debido. – Aunque es un placer verte, te recuerdo que primero debes llamar a la puerta golpeándola. No simulando su sonido.

- No puedes obligarme a dejar mi peculiar forma de atraer tu atención Edward.

Simulé lo que debió parecer una sonrisa, un par de pasos me dejaron frente a mi escritorio para esperar a una diminuta mujer de cabellos cortos tan negros como la noche, vestida siempre refinada y "actual" tal como ella siempre decía, portando además un maletín pequeño y su bolsa, a juego con el resto de la ropa, colgada en su hombro. Cada paso que daba hacía notar la elegancia que le caracterizaba, dando saltitos que parecían la coreografía de un baile pero que simplemente no era más que Alice caminando. En cuanto llegó a mi posición estiré mi mano para saludarla, pero Alice con una burla pintada en su rostro simplemente se apegó a mi cuerpo rodeando con sus diminutos brazos mi torso, gesto que no pude devolver pero que tampoco reproché.

- Ya no eres divertido Cullen. – se quejó la chiquilla dejando mi torso libre.

- Si lo fui en algún punto de mi vida por favor perdóname. No quise darte esa impresión.

- Y tu sentido del humor sigue tal cual te deje. Eso no es un progreso Edward. – continuó quejándose.

- Por favor toma asiento Alice. Sabrás que tenemos varios puntos que atender antes del almuerzo.

A pesar de la mueca que hizo Alice, me dediqué a regresar a mi asiento y esperar a que la diminuta mujer se pusiera cómoda y sacara de su maletín los papeles.

- Bien. – prosiguió la chica que ya mostraba un rostro más profesional. – Aquí están los contratos revisados. Todo está en orden.

- ¿Incluyendo los japoneses? – comenté mientras tomaba los papeles. – han estado muy insistentes.

- No hay de qué preocuparse.

- ¿Los nuevos contratos?

- Tendrás que darme más de una semana si quieres que los termine a tu conveniencia.

- ¿Cuánto tiempo necesitas?

- Por lo menos dos semanas más.

- Bien.

Empecé a releer todo los contratos de empresas extranjeras antes de firmar, mientras que Alice se tomaba su tiempo en ordenar los otros documentos. Siendo una exitosa abogada no era para menos que tanto ella como su esposo Jasper se encargaran de todo proceso legal que requiera Cullen's Corporation y de cierta forma, por lo menos podía confiar en ellos; después de todo cada asunto legal quedaba registrado en sus mano. Pero con Alice la confianza transcendió a otro nivel, era una persona más allegada que lograba conversar con cualquiera, más que su esposo, y no sé en qué momento terminó siendo mi abogada personal.

- Alice. – miró mi rostro con atención. – Necesito que renueves documentos de confidencialidad.

- ¿Qué has estado haciendo ahora Edward? – entrecerró los ojos de una manera muy acusativa.

- Nada que tenga que decir en voz alta. Sólo hazlo.

- Bien. – suspiró. – Aunque cuando me pides que haga eso es porque te traes entre mano algo fuerte. – prosiguió para sí.

- ¿Cuándo lo tendrás listo? – pretendí no escucharla.

- Te los traeré junto a los demás documentos.

Por lo menos Alice no insistía en preguntar, eso me agradaba de ella, siendo una mujer profesional se limitaba a su trabajo cuando era necesario y, también debo admitir, que no juzgar, ni dar su opinión me resultaba muy benefactor.

- ¿Quieres que le agregue alguna clausula o prefieres los de siempre?

- Los de siempre estarían bien.

- ¿Hay algo que quieras decirme para estar atenta ante cualquier cosa?

- Sí. He follado con una puta pero hasta ahora ni conocen mi rostro. – Alice dejó caer un momento la mandíbula pero simuló rápidamente su gesto. – No creo que tenga que preocuparme por eso, pero necesito los documentos de confidencialidad.

- Me encargaré de eso lo antes posible. – acomodó su postura para proseguir. – haces bien en decirme, supongo que tanto Sam como Riley tienen conciencia de esto. – asentí levemente - Deja que me encargue de todo.

Aunque Alice intentaba no dejar ver su incomodidad frente a la nueva información, estaba seguro que no lograba concentrarse de nuevo en su trabajo. Por mi parte, decidí que mejor era terminar de firmar los contratos extranjeros para continuar con otras formalidades, siendo una lista larga que necesitaba un poco de mi tiempo. En cuanto terminé los primeros cinco contratos mi estómago reclamó por alimento y es que hay necesidades básicas que se deben complacer antes de seguir trabajando.

- Bien. Por ahora eso será todo Alice.

- Por supuesto Edward. – su rostro sonriente se presentó, abandonando la postura profesional que había mantenido en los últimos minutos.

- Es hora del almuerzo. ¿Te apetece algo?

- No gracias. Mi esposo me está esperando.

- De acuerdo entonces te acompaño. Debo salir a almorzar.

- Después de usted Sr. Cullen.

Sonreí y caminé hacia la puerta para abrirla y esperar que ella saliera primero, después de todo quedaba algo de caballerosidad en mí. Pasamos junto a Tanya que estaba muy inmersa en su trabajo, sólo cuando Alice se despidió de ella se fijó en que habíamos salido, muy sonriente se despidió de la pequeña mujer que caminaba muy caricaturesca frente a mí y después dedicó un poco de su mirada a mi rostro, mirada que ignoré y me adelanté a Alice para llamar al elevador.

El resto del camino fue tan tranquilo escuchando a Alice y sus preparativos para el aniversario que cumpliría con Jasper, le sugerí algún restaurant y ella complacida con aquello decidió que lo iría a ver antes para asegurarse que todo fuese de su gusto. Sin duda una chica muy alegre y espontánea, además de profesional y confiable pero aún siendo Alice, Riley ya me había dado un perfil bastante concreto de ella y Jasper.

A la salida de mi edificio Alice se despidió muy alegre ofreciendo una invitación para la celebración de dicho aniversario y aunque no respondí traté de no ser tan descortés. Después de todo debía mantener cierta diplomacia con ella y su esposo por ser agentes de suma importancia para mis negocios. En cuanto la chica se fue me dirigía a Sam que me esperaba con la puerta del auto abierta, le asentí y me introduje en el vehículo mientras el chico volvía al volante. Cualquier lugar para comer era preciso para mí y ya que Emmett estaba de viaje mis opciones se reducían.

Dediqué el recorrido a observar por la ventana del auto, dejando que mi mente vagara por unos instantes en lo que quisiese mostrarme, cometiendo de éste modo un grave error. Por un momento un extraño pensamiento atravesó mi mente: "después de todo termino estando solo el resto del día." Y eso era común desde mis siete años cuando me llevaron al internado que, aunque conocí a Emmett, él era muy diferente a mí siendo chico atlético y popular, simplemente todos le querían y él estaba conmigo por ser su compañero de habitación. Deseché cualquier intento de recuerdo sobre mi pasado o peor, sobre mi presente. Estaba intentando encontrar la manera de hacer que Emmett fuera por mí a la cena de formalidad por los contratos firmados y debatía si debía o no aceptar la invitación de Alice. Continué mirando por la ventanilla de auto, las calles de NY tenían más personas, por supuesto siendo la hora del almuerzo cada esquina estaba inmersa en un mar de gente haciendo del tráfico aún más terrible de lo que era. Sam había pasado por un par de tiendas pero hubo una vitrina que captó mi atención y es que frente a ella se encontraba una chica inclinada observando atentamente la mercancía del lugar. ¡Tenía que ser Isabella, pues esa chaqueta gris la había visto cuando ella prestó su ayuda a mi estado! ¡Tenía que ser ella!

- ¡SAM DETEN EL AUTO! – prácticamente le grité.

- ¿Señor? – respondió muy confundido.

- ¡DIJE QUE DETENGAS EL MALDITO AUTO! – repetí mientras desabrochaba el cinturón de seguridad.

- Sí señor.

En cuanto se detuvo abrí la puerta y caminé rápido, muy rápido hacia la dirección contraria. Debía asegurarme que era ella, necesitaba saber que era ella. Continué con mi andar procurando no tropezar con las personas que caminaban y que por ellas no corría, mientras tanto aligeré un poco más mi corbata y solté mi chaleco para dejar entrar un poco de aire fresco tanto a mi cuerpo como a mis pulmones. Inconscientemente maldije a Sam por haber detenido el auto tan lejos pero ahí estaba ella. ¡Sí era Isabella quien seguía viendo la vitrina!

Detuve mis pasos por un momento, necesitaba respirar y secar un par de gotas saladas que querían asomarse por mi frente. Calmé mi respiración y caminé lentamente hacia ella. Bella miraba atentamente hacia la vitrina inclinando la cabeza de un lado a otro mientras mordía ligeramente su labio inferior, sentí como todo mi cuerpo vibraba ante ese gesto pero más que nada sentía mi corazón latir fuertemente a pesar de haber relajado mi reciente agitación. Un par de pasos me separaban de ella: de ese diminuto cuerpo perfecto que estaba cubierto por esa chaqueta gris enorme que no dejaba ver nada de su piel junto a unos espantosos jeans que también cubrían esas delicadas piernas que eran una de mis mayores tentaciones cuando las veía. Aunque no deseaba seguir detallándola por miedo a que terminara siendo una ilusión, mis ojos continuaron observándola, tenía el cabello recogido en una coleta que despejaba su hermoso rostro, dejando ver lo pálida que era su piel, su dedo golpeaba ligeramente el vidrio en señal que estaba pensando y aunque hubiese querido ver un poco más de su cuerpo era preferible que no. Isabella estaba simplemente sencilla con esas prendas y aún así se veía exquisita, no podía creer además que mis recuerdos no le hicieron justicia en todo este tiempo, sin embargo mi mente me jugaba sucio y como deseaba verla desnuda frente a mí, poseerla de nuevo. Mi polla vibró un poco ante ese recuerdo pero no quise darle mucha importancia, ella estaba ahí demostrando que no era una alucinación. Quería reír ante el recuerdo de que prácticamente no violaba ninguna regla, ella había dicho que no podía entrar de nuevo al Fantasy Club, pues bien, estábamos en la calle. Terminé de acortar la distancia y tragué en seco en cuanto estuve lo suficientemente cerca.

- Hola Bella.


Hey!

¿Qué les parece? ¿Algún comentario? Mil gracias a quienes me siguen leyendo, pues así sea una persona quien lea seguiré esta historia para ella (: (retrasos justificados, mis estudios me matan) Nos leemos pronto :3