Disfruten el Cap (:
11
- Hola Bella.
Fue lo único que pasó por mi mente al verla en persona, al ver que era real y no otra jugada de mi desesperada imaginación. Bella se irguió rápidamente y miró hacia mi dirección, su rostro se crispó al verme.
- ¿Qué quieres? – dijo con voz ronca.
Me había molestado ese modo de saludo, pero me acerqué un poco más con pasos lentos para evitar cualquier cosa que la alejase de mí. Pasé un par de veces mi mano por mis cabellos para despejar las ideas que se acumulaban en mi mente.
- Podrías ser un poco más cortés. Son normas de buenos modales.
- No tengo tiempo para tus modales. – acomodó un par de bolsas de compras que hasta ese momento me fijé que tenía en su mano izquierda.
- De acuerdo. – susurré mirando como un idiota hacia la calle. En verdad no tenía idea de que decir y eso me ponía ansioso.
Estaba completamente seguro que los segundos se habían convertido en terribles minutos o que el tiempo sencillamente estaba haciendo una mala jugarreta, porque el silencio incómodo que se estableció entre nosotros duró años. Miré a Bella quien miraba de nuevo la vitrina y se olvidaba de mi presencia. Decidí seguir su dirección y supuse que era una muñeca lo que veía.
- ¿Te gusta la muñeca? – pregunté sonando como un imbécil.
- ¿Humm? – volvió a mirarme arrugando un poco el entrecejo al recordar que yo seguía ahí parado al lado de ella. – No es asunto tuyo. Por favor déjame en paz.
- Si te gusta la muñeca será tuya. – lo dije rápido para evitar que se fuera. Bella me miró extrañada.
- ¿Qué? – fue lo único que dijo atónita.
- ¿Quieres esa muñeca o no? – repetí, pero Bella veía la muñeca y después a mí. Cansado de esperar volví a hablar. – Quédate aquí. No te muevas.
Entré a la tienda que exhibía pintorescas paredes de un horroroso color rosa, muñecas de todo tamaño regadas por toda la tienda con niñas gritando y corriendo de un lado a otro con cajas de muñecas en las manos. Ingresé directo al mostrador para pedirle a la chica la muñeca que estaba en la vitrina y ella a paso lento comenzó a caminar para saber de cuál se trataba, me aseguré que Bella estuviese todavía ahí y para mi tranquilidad continuaba de pie mirando extrañada a mi dirección. La chica señaló la muñeca y, con una rápida mirada a Bella de aprobación, asentí. La chica que no me molesté en detallar comenzaba a hablar de algo que tampoco sentí necesidad de saber, sólo necesitaba que me diera la estúpida muñeca para salir de ese ruidoso lugar atestado de niñas gritonas y de madres que no paraban de ver a mi dirección; por supuesto soy el único hombre que está dentro de ésta desastrosa tienda.
- ¿Quiere que la envuelva para su hija? - ¿Qué? Pensé.
- No.
- Serían 32.50
Puta mierda que muñeca más cara, saqué rápido el dinero y detalle de verdad la estúpida muñeca; una rubia se asomaba muy sonriente en la caja junto a un pequeño armario de ropas diferentes que al final eran iguales porque todas eran rosadas. ¡Qué obsesión con el rosado! La chica se estaba tardando más de lo que debía, hablando del hermoso detalle que le compré a una hija que no tengo ya que los hombres no entraban mucho a ese lugar ¡Y ya sé por qué! Es sencillamente molesto y ruidoso. Miré de nuevo por la vitrina y sentí un vacío en todo mi cuerpo al ver que Bella ya no estaba. Tomé la muñeca sin esperar el cambio y salí corriendo de la tienda.
Miré a todos lados con la preocupación en la cara al no ver a Bella por ninguna parte, siendo tan pequeña ¿Cómo se suponía que la iba a visualizar? Miré de nuevo de un lado a otro y casi en la distancia observé esa inconfundible chaqueta gris que ya no me parecía tan mala ahora que delataba a Bella. Caminé lo más rápido que pude para no correr y para mi suerte mis zancadas eran más amplias por mi estatura, así que estuve cerca de ella mucho antes de en verdad correr.
- ¡Hey! – la llamé tomando su hombro para darle vuelta.
- ¿Qué quieres ahora? – dijo sacudiendo el hombro para deshacerse de mi agarre.
- Darte la muñeca. – alcé la caja para que la viera.
- No la quiero. – alzó las cejas para dar énfasis de que en verdad no estaba interesada, pero no interesada de mi presencia.
- Yo no haré nada con esta muñeca. Era para ti.
- No te la pedí antes que nada.
- ¿Puedes dejar de ser tan descortés y tomar la maldita muñeca? – dije entre dientes. Bella suspiró y mirando a otro lado me arrebató la caja.
- No te la chuparé por esto. – alzó la caja.
- Aunque no lo había pensado y me hubiese gustado que lo hicieras, no te iba a pedir eso.
- Pero me ibas a pedir algo. – lanzó una sonrisa irónica.
- ¿Tienes hambre? – pregunté ignorando su expresión.
- No.
- Bueno yo sí. Acompáñame a comer.
- ¿Quién te crees qué eres? – dijo molesta.
- Solo a comer. – recalqué – a puesto a que tienes alguna pregunta que hacer.
Bella quedó pensativa mirando a otro lado y de nuevo mirando mi rostro de arriba abajo, estábamos detenido en medio de una calle muy atiborrada de personas que caminaban a todas direcciones y se quejaban de nosotros por estar detenidos estorbando el paso, y francamente me importaba poco lo que decían solo aguardaba por la respuesta de Bella ignorando que en verdad ya el hambre comenzaba a sentirse más fuerte.
- Podemos estar aquí toda la hora si quieres. – mentí.
- ¿Sólo el almuerzo y me dejarás en paz? – asentí para no decir nada. – Bien, vamos. Tú pagas.
- Por supuesto. – dije triunfante.
Bella insistió en elegir el lugar y aunque no estaba muy seguro dejé que hiciera su propia elección para que se sintiera más cómoda conmigo cerca, siempre y cuando no eligiera un lugar de comida rápida todo estaba en orden. Su elección fue un sencillo restaurante de comida italiana, y aunque irónico era el nombre decidí no reír tan fuete. Entramos a Mamma Bella y un camarero nos atendió enseguida; pidiendo un lugar lo bastante privado, nos guió hasta nuestros asientos entregando la carta y retirándose para dar espacio.
- ¿Qué te apetece Bella? – comenté atrayendo su atención.
- La verdad no tengo idea. Nunca había entrado a este lugar, es lindo. – dijo un poco más relajada.
- Hagamos el honor a los italianos y comamos Pasta. Te va a encantar.
- Pide lo que quieras, yo solo quiero irme.
- Sería muy conveniente que no te comportaras de esa manera. Sólo intento ser amable.
- ¿Y a mi qué? – se estaba volviendo histérica. – te dije claramente que no quería estar contigo. Y déjame agregar que la amabilidad la tienes por el culo.
Enderecé mi postura y aunque debió molestarme su comentario no fue así, de hecho me hizo gracia, pues ya estaba muy consciente que "amabilidad" era un adjetivo que no encajaba conmigo. Le miré fijamente deleitándome con su inquietud, Bella de verdad se la estaba pasando mal ahí sentada y eso me hacía sentir bien, porque a pesar de que no quería estar conmigo, bien podía irse cuando mejor le viniera en gana. Pero no. Estaba ahí sentada mirando a todos lados moviendo los dedos en señal de ansiedad sobre la mesa. Pronto el camarero llegó por nuestras órdenes y para mi sorpresa, Bella enderezó su postura ante el chico y le veía sonriente.
- ¿Qué desean…?
- Trae Espaguetis Carbonara junto a un vino De la Rosa. – interrumpí al chico al ver la atención que Bella le dedicó.
- Sí señor.
- Te lo dije. – la castaña decidió hablar después de que el rubio camarero se fuera. – la amabilidad la tienes por el culo.
- No sería problema si fueras menos evidente ante la atracción que sientes por el mocoso camarero.
- Vaya. – ahora ella fue la que se enderezó. – esto es novedoso.
- ¿El qué? – inquirí confundido.
- Los celos es lo más humano que te he visto hasta ahora. Pero déjame decirte que no te hagas alguna ilusión conmigo así que ve dejando esas tonterías. – comentó inclinándose de nuevo en la mesa.
- Pues verás. – continué, también inclinándome en la mesa. – mientras sea yo quien pague por cualquier cosa, me perteneces y te comportarás como yo lo desee.
Bella arrugó el entrecejo por mis palabras y miraba fijamente mis ojos. Sus hermosos ojos color chocolate que buscaban en mí algún tipo de respuesta a una pregunta no formulada, esos mismos ojos que han visto muchas cosas, a muchos hombres pero que ahora solo me veían a mí. Era yo quien estaba reflejado en esas preciosas gemas y me deleitaba de su absoluta atención. Aunque podía apostar que esa atención solo imaginaba que desapareciera de su vida.
- Puedes hacer lo que quieras. Yo me voy. – continuó después de una pausa.
- Sería bastante conveniente que no hicieras un espectáculo.
- No sé quién demonios te crees que eres. Pero déjame decirte algo y que te quede bien claro – expresó una cara más seria y señalándome con su dedo continuó. – Si me he acostado contigo es solo por mi trabajo y eso no te da ningún derecho sobre mí.
- Muy bien. Lo que tú digas. – estaba completamente seguro que ese punto es discutible pero no ahora.
- Eres un imbécil. – se colocó de pie tomando sus cosas, dispuesta a irse.
- No. Espera – me coloqué también de pie tomando su mano, a pesar de las miradas a nuestra dirección proseguí- Por favor quédate. Por favor. – observé su reacción y aunque estando muy dudosa volvió a tomar su asiento. – gracias. – respondí ante su acto sentándome yo también.
- Solo hasta terminar de comer.
- Muy bien.
Acomodé un poco mi corbata, anudando de nuevo el nudo y alisándola para después continuar con el chaleco que tenía. Soy el dueño de una empresa y no podía darme el lujo de verme tan mal, como estaba seguro que las personas me percibían. Cuando estuve seguro que mis ropas volvían a ser decentes, observé la pequeña servilleta que se encontraba frente a mi como si fuese lo más interesante en el mundo, y lo hacía solo porque sentía la mirada de Bella clavada en mis actos. Detallando absolutamente todo lo que hacía.
El camarero regresó con nuestras orden y tendía frente a mi el plato con el espagueti junto a la copa de vino. Pude tomar ese momento para observar a Bella mirando al chico con una mueca en el rostro en señal de una semisonrisa, acto que el rubio estaba imitando. Una molestia atravesaba mi cuerpo, una sutil molestia que sentía por el chico al ser el centro de atención de Bella y no de una mala manera, sino que ella estaba disfrutando de observarle y disfrutó aún más cuando el chico le sonrió abiertamente ignorando mi presencia en ese lugar. Tuve envidia del chico, tengo que reconocerlo, pero no estaba dispuesto a dejar expresar lo que mi mente estaba imaginando, y eso era el rostro del mocoso rubio con mis puños en su cara.
- Si desea algo más señor. Señorita – dijo mirando a Bella con la sonrisa más amplia. – no duden en llamarme. – un pequeño guiño de ojo a Bella llevó mi cólera a un nivel superior pero que pude evitar expresar.
El rubio se había retirado por fin. Tomé la copa y sorbí un poco de vino, lo necesitaba para controlar mis sentidos. Bella había empezado a comer y pude distinguir en ella el apruebo de la comida, realmente estaba disfrutando de su sabor. Complaciéndome por su goce me dispuse a imitarla, comiendo calmadamente el delicioso platillo junto al exquisito vino italiano. El resto de la comida fue en silencio, estaba muy concentrado en aplacar mi exigente estomago como para intentar conversar con esta mujer. Al terminar solo disfrutaba del sabor del vino y miraba a los alrededores para poder buscar un poco de tranquilidad.
- Dijiste que podía hacer preguntas. – Bella interrumpió completamente la poca calma que ya había logrado conseguir.
- Adelante. – dije sin remedio.
- ¿Quién demonios eres tú?
- Una persona importante. – sorbí un poco más de vino mirando su expresión de repruebo.
- ¿Eres millonario o algo así?
- Como bien te has dado cuenta, el dinero no supone algún problema para mí.
- Por supuesto que me di cuenta. – ella también tomó del vino y continuó. - ¿Cómo supiste mi nombre?
- ¿Estás consciente de que todo en esta vida tiene un precio?
- ¿Cómo supiste? – insistió.
- No fue difícil pagar por esa información. Isabella. Tampoco fue difícil imaginarlo. – pude sonreír ante lo evidente de su enojo.
- Eres un imbécil. ¿Quién te lo dijo? – insistió.
- Isabella, todos tienen un precio. Y como bien sabes me es conveniente no dar más detalles. Ahora – me erguí un poco para mayor comodidad - ¿Por qué presumiste tú que sería un policía?
- Estaba alterada en ese momento. Pero es más que obvio que no lo eres.
- ¿Tienes algo en contra de ellos?
- Son unos idiotas. Todos los policías lo son. Entenderás muy bien que por lo que hago también se creen con el derecho de hacer de mí lo que quieran y no es así. – frunció tanto el entrecejo que me preocupé por un momento. – Trabajo muy duro en algo que… - suspiró. – me gano ese maldito dinero y ellos se creen con derecho sobre él o sobre mí.
Observé como poco a poco se estaba desmoronando por lo que decía y sentí rabia en eso. Pero no supe que hacer, no sabía cómo actuar ante una situación como la que se estaba presentando, estaba más que consiente que ella no dejaría si quiera que la tocara por un poco de consuelo. Isabella tenía la cabeza gacha tratando de ocultar su rostro pero una evidente lágrima corrió por su mejilla y ella aplacó las demás con su mano.
- No tienes por qué trabajar en eso.
- ¿Tú qué entenderías? – respondió acusativa. – Si no trabajas no comes. No espero que me entiendas pero tú mismo lo has dicho "todo en esta vida tiene un precio" Y debo trabajar para poder vivir. – suspiró de nuevo rendida. - ¿Sabes? mejor ya me voy. Me están esperando.
- Por supuesto. - Me levanté después de ella. – Mejor no le digas nada a tu novio sobre este almuerzo para evitar problemas.
- No lo haré. – sus labios se curvaron un poco pero su notoria expresión fue de tristeza. – gracias por la comida.
Asentí y me quedé en ese lugar para pagar la cuenta mientras Isabella se retiraba. Pues no iba a despedirme de ella, la volvería a ver mucho antes de lo que ella cree y me encargaría de resolver algunos cabos sueltos. El chico rubio apareció en mi capo de visión con la cuenta en la mano, su rostro juvenil estaba un poco triste ya que Isabella no se encontraba junto a mi, pagué la cuenta y esperé por el chico de nuevo.
- Aquí tiene señor. Muchas gracias por venir. – respondió el rubio.
- ¿Te ha gustado coquetear con mi chica? – respondí colocándome de pie.
- No- no señor – respondió pálido.
- Por supuesto que lo disfrutaste. No te culpo ella es hermosa, pero que lastima para ti que me pertenezca. Ahora, espero que hayas disfrutado de tu último día de trabajo amigo.
Hey!
Estoy ansiosa por saber qué opinan xD gracias por leerme. Hasta la próxima (: (:
