¿Hay alguien ahí? D:


13

Bella Pov.

- ¡Agh preciosa! – continuaba jadeando el hombre. – sigue, sigue.

Mi mente estaba bloqueada, siempre procuraba no estar completamente consciente ante ésta situación. Me repugnaba, era odioso tener que complacer a los hombres que venían a solicitar mis servicios. La mayoría sólo necesitaban escapar de una agobiante rutina – una rutina que incluía a sus esposas e hijos – otros simplemente eran adictos, pero que, en mi posición, debía estar completamente dispuesta a realizar cualquier cosa que les viniera en gana.

Necesitaba el dinero, tenía muchas cosas que pagar y necesitaba el dinero. Era lo que siempre me decía a mi misma para poder sobrellevar todo. Necesitaba dinero y necesitaba mejorar la calidad de vida de Sarah.

Por fin iba a terminar, sentí como el hombre se contraía bajo mi mano para después acabar en mi pecho. Todo había terminado. Traté con todas mis fuerzas simular el asco que tenía, me puse de pie y fingí la peor de las sonrisas mientras el hombre daba un par de respiros e intentaba calmarse. Busqué algo con que limpiarme, su semilla estaba metiéndose entre mis pechos y pronto se terminaría de esparcir.

- ¿Necesita algo más? – dije con voz monótona mientras limpiaba un poco mi pecho.

- ¿Te gustó preciosa?

- Fue increíble amor. Eres el mejor.

- ¿Quieres probar más? – dijo con una sonrisa que no me agradó en absoluto. – Todavía puedo hacerte gritar un poco.

- No lo dudo cariño. – necesitaba zafarme de ese hombre, no me agradaba su comportamiento. – ¿Por qué mejor no me visitas luego?

- ¿Tienes a otro hombre?

¿Qué? ¿En verdad me estaba preguntando eso?

- Bella tú eres mía. Sé muy bien por lo que pasas – continuó mientras se acercaba a mi e intentaba tomar mi mano, ya su comportamiento me tenía de los pelos así que intenté conservar la calma mientras caminaba hacia la puerta y el hombre me seguía. – Amor, no me huyas, por favor, yo puedo sacarte de aquí. Yo puedo ayudarte.

- Sería muy conveniente que te marches ahora mismo. No querrás que tu esposa sospeche algo.

- ¡Esa zorra! – se quejó fuertemente de su mujer, lanzando maldiciones en su nombre. Lo peor es que estaba comenzando a sentir compasión por quien haya sido la chiflada que se casó con él. – Ella no entiende nada. Ella no me entiende como tú, Bella. Y tampoco me hace sentir tan bien como tú lo haces. Deja que te saque de aquí.

- No es necesario Bob. Amor, podemos tener ésta discusión otro día.

- ¿Es por tu novio?

- No te preocupes por él. Sólo somos tu y yo, pero ahora debo irme. Mi jefe se va a molestar si continuo aquí contigo.

- Tienes razón, tienes mucha razón. No quiero que mi princesa se ponga triste si la regañan. Aquí tienes, amor. – sacó su billetera y me dio el dinero, cuando lo iba a tomar también sujetó mi mano dándome un mini-infarto. – Ya verás cómo te voy a ayudar.

- Oh cariño, con que me vengas a visitar al club es más que suficiente para mí.

- De acuerdo. – dijo con una amplia sonrisa.

- Gracias. – señalé el dinero y dejé escapar el aire de mis pulmones para calmarme e irme de ese lugar.

Por unos instantes creí que estaría metida en otro problema con un cliente. Muchos de ellos parecen no diferenciar mi trabajo con alguna extraña fantasía y las cosas se podían poner bastante fuerte si no trataba de calmarles. Me había sucedido sólo una vez, una vez fue más que suficiente para tener más cuidado de cómo tratar con el tipo de hombre quienes vienen a solicitar mis servicios.

Bajé las escaleras y busqué el asqueroso baño. Entré deprisa para tomar un poco de aire e intentar tranquilizarme por lo que creí que estuvo a punto de suceder, ya podía imaginar la cara de Bob exigiendo algo por la fuerza y todo el horror que eso llevaría. Tenía miedo, siempre sentía miedo cuando venía un cliente, -y peor es cuando tengo que lidiar con un cliente nuevo- pero Bob no era nuevo, él había estado conmigo desde hace casi un año y jamás me percaté de sus nacientes sentimientos, ahora debía andar con cuidado y contarle a Paul lo sucedido. En definitiva no sé qué haría sin Paul en mi vida.

Abrí el lavabo intentando lavar mi pecho, todavía podía sentir el semen de Bob deslizándose, era repulsivo. Quité el top que llevaba esa noche, quería asegurarme de no quedar pegajosa y limpiar bien todo mi pecho. Ya la noche iba a terminar, ya pronto estaría camino a casa.

- ¿Bella estás ahí? – preguntó Paul al otro lado de la puerta.

- Dame un segundo, ya salgo.

Me coloqué de nuevo el top para después despejar mi rostro, no importaba si intentaba simular lo sucedido, Paul se daría cuenta -y yo quería que se diera cuenta- Salí del baño para encontrarme con el rostro preocupado de Paul, él – tal y como lo supuse – en cuanto vio mi rostro comenzó a preguntar, le comenté lo que había ocurrido con Bob y su cara comenzó a transformarse en preocupación.

- Le tendré en la mira de ahora en adelante.

- Todo está bien, creo que entendió mi punto al final.

- Es otro obsesivo Bella, tú más que nadie debe entender lo peligrosos que pueden llegar a ser.

- Lo sé, pero Bob no representa amenaza. Sólo me dio un fuerte susto.

No pareció convencido ante mi observación, pero tampoco quiso dar más vuelta al asunto, después de todo teníamos que continuar con nuestro trabajo antes que algún "personal" de Marcus se diera cuenta que estábamos tomando un pequeño descanso. Todo continuó como si nada durante las horas siguientes, una terrible rutina de hombres ebrios, bailes privados y algunos que otros encuentro íntimos. Era una buena noche para mi bolsillo, sin embargo, había cosas que no pude prevenir por mi descuido.

- ¡Bella! – atrajo mi atención Jess. – Cariño, creo será mejor que te acompañe al baño.

- ¿De qué me hablas?

- Estás manchando.

Al ver que estaba comenzando el inicio de mi menstruación me puse pálida, no lo había previsto por estar pensando en otras cosas. Ahora, en estas condiciones, no podía continuar con mi trabajo, y lo que era peor, debía decirle a Marcus. Por fortuna Jess me previno justo a tiempo, antes de continuar con mi labor, pero eso no evitaba el sermón de Marcus y mucho menos los inicios de la punzada que comenzaba a golpear en mi vientre.

Tardé lo necesario para tomar el valor de ir hasta la oficina de Marcus, después me encontré con sus "gorilas" quienes debían anunciarme, eso era patético, el sentido de grandeza que poseía Marcus era, hasta cierto punto, chistoso, pero en muchos otros sentidos era pesado y lo hacía un jefe terrible y poco compasivo; como si él entendiera lo que nosotras hacemos por su asqueroso trasero al acostarnos y tratar con personas ebrias todo el tiempo.

- Puedes entrar Bella. – dijo uno de sus guardaespaldas.

Le vi detrás de su enorme escritorio con aire tenso, –tal como siempre estaba- hablaba por teléfono pero miraba a mi dirección con una expresión más seria, como si estuviese adivinando la razón por la cual me encontraba frente a él. No tomé otro lugar que no fuese de pie a pocos pasos de la puerta, Marcus no había hecho ningún tipo de señas que me indicase nada, salvo permanecer como una momia; inmóvil y muerta.

- Muy bien. – terminó de hablar y colgó para verme de arriba abajo. - ¿Y bien?

- Y-yo. – las palabras se aglomeraron todas en mi garganta haciendo un nudo en ella, volviéndome incapaz de hablar. – verás, Marcus… el día de hoy…

- ¡Deja el rodeo Isabella! – estalló – Si no vas a decirme nada, es mejor que regreses a trabajar. ¿o debo recordarte la creciente deuda que tienes?

- No. – y como olvidarla si a cada rato la mencionaba.

- ¿Entonces?

- Me ha llegado la menstruación.

Había soltado todo rápido, solo esperaba a que el viejo haya entendido bien. Marcus abrió mucho más los ojos, dejando ver una sorpresa para después dar paso a toda una cólera que atravesó su rostro, su pálida piel estaba tornándose roja por la sangre acumulada en su cara. Yo no podía respirar, como si algo estuviese oprimiendo mis pulmones, dejando que el aire huyese de mí. No sabía que esperar, ese tipo de descuido nunca me sucedía y no podría adivinar que reacción tomaría el viejete contra mí; pero de algo estaba segura, mi descuido supondría un ingreso menos.

- ¿Cómo has dicho? - ¿debía responder o quedar callada? Lo seguro era permanecer cerca de la puerta. – ¡Maldita sea! – golpeó fuerte su escritorio- ¿Comprendes bien lo que significa eso Isabella? – asentí mirando al piso pero con los sentidos alertas.- ¿Ahora no hablas? – sus pasos comenzaron a moverse a mi dirección, por puro instinto comencé a retroceder.

- Sí.

- ¿Sí? ¿Sí qué? – había llegado hasta mi cuando ya no tuve lugar al cual correr.

- L-lo entiendo señor.

- ¡NO! – tomó mi barbilla y la alzó con brusquedad. – No creo que lo entiendas Isabella. Sabes muy bien que esas cosas son inadmisible en MI negocio. ¿Tienes idea de lo que se pierde cuando al menos, UNA, de tus putas no trabaja?

Quedé muda viendo sus ojos caramelos transformarse en diversos colores que llevaban al mismo resultado: cólera. Su agarre en mi barbilla dolía increíblemente, podía sentir como sus uñas se clavaban en mi piel causando que se me humedecieran los ojos.

- No tienes idea. – susurró muy amenazante.

Todo el aroma que emanaba de él me llegaba, su asqueroso olor a tabaco, sudor y mucho licor entraban por mi nariz, haciendo que recordara el olor del peligro, la amenaza, el dolor. Y ahora, había un nuevo rostro que volvía a resumir todo aquello mientras estaba obligada a verle. No me hagas daño, no me hagas daño era lo único que podía pensar, juraría por lo más sagrado que un descuido como ese no volvería a ocurrir por lo que me quedaba en esa ciudad. Marcus meditó por un instante, todo ese tiempo me veía a los ojos infligiendo temor, soltó mi rostro con fuerza e instintivamente me llevé una mano a mi barbilla, tratando de consolar el dolor punzante que habían dejado sus uñas en mi.

- Retírate Isabella. Pero la deuda ha aumentado.

Tomé el pomo de la puerta que estaba a mi espalda y lo abrí sin dejar de ver a Marcus. Salí inmediatamente, busqué mis cosas y, prácticamente, eché a correr con todo y tacones por las calles oscuras de Manhattan.

-o-

En unos cuantos minutos llegaría a casa, pero antes debía hacer una escala. Pagué al señor para después bajar del taxi frente al hogar de Carmen, aún con los pies temblando logré subir las escaleras de entrada sin perder el equilibro por los tacones y mis espasmódicos pies. Carmen era una excelente amiga desde que llegué a NY, prácticamente, ella nos acogió en su casa justo cuando la policía comenzaba a reconocer mi rostro por robos y por vagar en las calles junto a una pequeña niña. Su forma de ser era completamente maternal, era una mujer de mediana estatura con piel canela junto a unos ojos marrones que me brindaron la más sincera amabilidad. En unos segundos tenía el rostro sonriente de Carmen frente a mi pero que, al verme, se tornaron serios.

- Pasa, entra Bella.

La casa de Carmen era preciosa y siempre tenía un aroma agradable de comida recién hecha. Carmen me guió hasta la cocina y buscó un poco de agua, la cual estuve muy gustosa de beber pero el nudo en mi garganta no desaparecía, impidiendo que tomara más de un sorbo.

- ¿Qué pasó querida?

- No es nada. ¿Dónde está Sarah?

- Están todas dormidas Bella. Pero me preocupa que Sarah te vea en esas condiciones.

- Estoy bien. – mentí mientras tomaba la mochila y buscaba mis zapatos.

- ¿Fue algún cliente Bella?

- No. No, todo está bien. Me llevaré a Sarah, mañana debemos ir de compras.- me puse de pie para salir de la cocina.

- Lo siento tanto Bella, es mi culpa. – sus brazos rodearon mi cuerpo. – es mi culpa. – continuó entre sollozos.

- ¿Qué estás diciendo?

- Yo te conseguí ese trabajo Bella, lo siento.

- Carmen. – llamé pero no hizo caso, hundiendo su rostro aún más en mi hombro. – Carmen fue gracias a ti que pude dejar de dormir en la calle junto a Sarah, te debo mucho. Por favor no llores.

Tuve que consolar a Carmen y convencerla que todo lo bueno que me había sucedido era gracias a ella, cierto que Carmen me encontró un puesto en el Fantasy Club, pero no podía esperar otra cosa, necesitaba el dinero, así que no lo pensé dos veces en aceptar ese empleo que compartía con Carmen, ya que ella era empleada de Marcus desde hacía 9 años. Busqué a Sarah quien estaba profundamente dormida junto a las hijas de Carmen. Tuve mucho cuidado de no despertar a ninguna mientras tomaba a Sarah y con mucho cuidado la alzaba. Su pequeño cuerpecito encajaba perfectamente entre mis brazos, aunque el peso comenzaba a notarse un poco más, pero no supuso problema.

- ¿Ya cenó? – pregunté.

- Sabes que sí, Bella.

- ¿Cepilló sus dientes?

- Sí.

- ¿La tarea?

- Está hecha, es una niña inteligente.

- ¿No te causó problemas?

- Es adorable Bella, es toda una damita. – sonreí por eso, sabía a la perfección que Sarah no era un problema.

- ¿No tuviste inconveniente con sus medicamentos?

- Se los tomó todos.

Carmen me ayudó a colocarle una chaqueta a Sarah, después alcanzó tanto mi mochila como la de mi pequeña para poder irnos, nuestra casa –o casi era de nosotras ya que continuaba pagando – quedaba a unas cuantas casas de la de Carmen, así que iría caminando con Sarah dormida en brazos.

- Es tan hermosa y tan educada, Bella, se parecen mucho.

- ¿Cómo crees? Sarah es perfecta.

- Es en serio, cada vez que la miro es como si viera tu rostro cuando eras pequeña. Y eso que no he visto una foto tuya de pequeña.

- Supongo entonces que es por la mitad de los genes que tenemos.

- Imagino que tu madre es una hermosa mujer. – no supe que responder a eso.

- Muchas gracias por todo, como siempre Carmen.

- No te preocupes Bella. ¿Mañana también te toca trabajo?

- No. Ya sabes, me toca quedarme en casa por mis días. – la mujer abrió tanto los ojos como adivinando algo.

- Bella ¿tuviste problemas con Marcus por tu menstruación?

- Bueno, por lo menos me concedió la noche.

- ¡Por Dios Bella! ¿Estás bien? Marcus se pone más agresivo cuando esas cosas pasan sin su supervisión.

- Me concedió la noche. Si quieres yo cuido a tus niñas mientras trabajas.

- ¿Segura estás bien? ¿No te hizo nada? – negué con la cabeza fingiendo otra sonrisa. -De acuerdo Bella.

- Hasta pronto.

Con Carmen, extrañamente, hacía un buen equipo, las dos nos cubríamos y era completamente conveniente que ella no se dedicara más a atender a los hombres, ella hacía algún tipo de trabajo diferente con Marcus, pero se limitaba al darme información sobre sus nuevas actividades.

- ¡Bella espera! – llamó la mujer después de que di un par de pasos lejos de su casa. – Casi olvidas la muñeca de Sarah.

- Gracias.

Tomé a duras penas la muñeca con mi mano libre, esa muñeca procedía del ser más egocéntrico que jamás creí conocer, y lo que era peor, Sarah no se separaba de la dichosa muñeca desde que se la entregué, era terrible verla jugar con ella cuando cada vez que la veía venía a mi cabeza el recuerdo de ese hombre.

Dejé a Sarah en su cama con todo el cuidado que fui capaz, no quería ser brusca y despertarla, ella simplemente era perfecta. Carmen tenía algo de razón, Sarah y yo nos parecíamos un poco, pero sólo un poco, pues procedíamos de padres diferentes y gracias al cielo Sarah no estaba dañada con los genes de su padre. De hecho, me costaba creer que ese pequeño angelito fuese pariente de Phil y de la misma Renée, Sarah era lo contrario a todo, extremadamente hermosa con sus cabellos ligeramente rubio (la única característica que compartía con Phil) que caían hasta su espalda, su piel era pálida pero no daba la sensación de que estuviese enferma, aunque si lo estaba, sus ojos eran tan verdes como los de Renée y me causaban un poco de nostalgia cuando recordaba la mujer que había sido mi madre antes de Phil, Sarah era muy inteligente a pesar de sus 6 años, ella destacaba en todo y yo no recibía más que felicitaciones por parte de su maestra. Ella se merecía lo mejor y yo estaba dispuesta a dárselo, además de protegerla de todo y todos.


Hey!

Espero que haya alguien ahí todavía. No daré excusas pero aquí está el Cap D: espero lo disfruten y me digan que tal les pareció una pequeña noche con Bella.. Teky gracias, gracias.. me ha costado pero ya sabes xD

También gracias a Sandra, hace tiempo que me dio una excelente idea para continuar y espero que le guste tanto como me gustó a mi.. Sin más, me despido!