Si continúan ahí, espero que lo disfruten (:


15

Bella Pov.

Mil pensamientos se aglomeraban en mi cabeza, sí ocurría algo ¿Quién cuidaría a Sarah? ¿Quién velaría por ella y sus necesidades? Marcus ya había establecido mi precio, y aunque resultara odioso, debía seguir con él. Me aferré de la chaqueta que tenía, poseía su aroma, pero era cálido; necesitaba buscar algún tipo de tranquilidad, continué observando por la ventanilla del auto mientras pensaba en Sarah. Exhalé todo el aire contenido en mis pulmones, el cobrizo dijo que no me haría daño, quizás sea otra fantasía a la cual debo arriesgarme.

- ¿Te encuentras mejor? – preguntó con una voz profunda.

- ¿Debo responder?

- Si no quieres, no lo hagas. – chisté ante su respuesta.

- ¿Ahora sí puedo decidir? ¡Vaya! Es bueno saberlo.

No dijo nada. Se limitó a encender el estéreo, sumergiéndonos en un silencio bastante extraño.

A lo lejos pude visualizar un imponente edificio blanco, el chico a mi lado se dirigió al parking. Bajamos del auto, parecía un muy lujoso hotel con toda esa decoración; preciosas lámparas de cristales iluminaban el lugar, cortinas de seda, jarrones finos estaban esparcidos por toda la recepción, además de poseer ese extraño efecto de que todo estaba recién pulido en ese instante que me producía una rara sensación de vértigo.

El hombre me condujo hasta el mostrador con la intención de pedir la llave, no soportaba la idea de tener que estar con él, pero debía confiar, permanecer tranquila y confiar, sin embargo seguía siendo terrible estar a solas con este hombre y su egocentrismo, - sí por lo menos el grandulón estuviese con él sería menos irritable – pero no, esta vez seríamos él y yo, así que –como siempre- debía obligarme en concentrar toda mi energía para no insultarle cada vez que dijera alguna estupidez como "eres mía mientras pueda pagar por ti" frase que empezaba a molestarme y que continuaba repitiendo haciendo eco en mi cabeza.

En recepción aguardaba un hombre de mediana estatura, con lentes gruesos y una calva que relucía al otro lado del mostrador. El sujeto empezó a atendernos, era más que evidente la constante mirada que daba a mis pechos mientras intentaba concentrar su atención en mi acompañante y el maldito registro. Decidí que lo mejor sería irme de ese lugar antes de terminar de romper mi compostura y tener que soportar a otro idiota que no fuese, por el momento, el cobrizo. Caminé por la recepción sin prestar verdadera atención a lo que me rodeaba, pero tuve que caer en cuanta de mi penoso aspecto frente a los miles de espejos que servían de adorno pero que, sin proponérselos, hacían que recordara quien era.

Caminé hacia los diminutos muebles de un espantoso color blanco, rodeé por un momento la pequeña salita y me debatía en si debía o no sentarme; pues parecía que el lugar estaba creado únicamente como decoración en vez de calmar a las personas con un evidente ataque de aburrimiento. Un par de mucamas me miraron de arriba abajo y continuaron su camino en pleno murmullo y cotilleo, lo que hizo que me sintiera más incómoda de lo que estaba. Decidí enviar al diablo todo y me senté en el mueble observando a mi alrededor, en definitiva todo se veía asquerosamente limpio, miré de nuevo hacia el mostrador y el chico parecía hacer un gran esfuerzo por mantener la compostura frente al hombre que le atendía; ya que se notaba muy tenso y disgustado, no pude disimular una pequeña risa ante el espectáculo.

Pero después pagaría todo ese enojo conmigo.

Tan rápido como apareció mi sentido del humor se esfumó de la misma manera. Demonios, yo tendría que cargar con ese sujeto por un par de horas y al parecer la noche tenía pinta de ser larga.

- Vamos. – ordenó el chico.

Me puse de pie y caminé hasta él, evitando la mano que me había tendido para tomar apoyo, sin embargo, en cuanto estuve lo suficientemente cerca, rodeó mi cintura con dicha mano y nos encaminó hasta el ascensor. Ninguno de los dos se atrevía a decir algo mientras esperábamos la caja metálica, la cual tardó un poco en llegar. En cuanto se abrieron las puertas nos dimos cuenta que no seríamos los único dentro de la enorme caja, dentro se encontraba un hombre bastante apuesto con ropas deportivas quien sujetaba fuertemente por la cintura a una castaña, habíamos interrumpido un intenso beso y ambos se irguieron observándonos. Yo trabajaba con ella, era Lisa quien me miró con una risa por lo absurdo de la situación y le devolví el gesto, el hombre carraspeo un par de veces y cedieron el paso para que el cobrizo y yo entráramos.

- Buenas noches. – saludó el hombre.

- Buenas noches. – respondimos al unísono.

Tomamos nuestro lugar y procuré no reír fuerte para no hacer la situación más extraña de lo que ya era. Lisa estaba bastante provocativa y se podía apreciar las ansias en el aire, el hombre cambió su postura y posicionó a la castaña frente a él, rodeando su cintura con ambas manos, apegando a la chica hacia su imponente cuerpo. Mi acompañante marcó el piso y rodeó mi cintura con su brazo.

Por unos instantes miré a la castaña y ella hacia ciertos gestos que eran muy comunes en su alocada imaginación. Casi podía escuchar su voz con cada movimiento de ojos y su ligero asentimiento de cabeza. Negaba lo que ella quería saber y asentía según la pregunta no formulada. Una de sus preguntas era si mi acompañante pagaba bien, la cual asentí y la otras se referían a lo bueno que estaba y lo increíble que debía ser en la cama, las cuales negué. Si tan solo supiera lo pedante que era el chico no se atrevería a realizar más gestos sugerentes a su dirección.

Hubo un cambio en el agarre del cobrizo, pues su mano me posicionó frente a él, imitando al chico que teníamos en frente. Fue tan extraño quedar a la misma altura que Lisa y tener el rostro de mi acompañante sumergido en mis cabellos, descendiendo lentamente hasta el inicio de mi oreja. Intenté removerme un poco para salir de su agarre, la situación se estaba volviendo incómoda a pesar de que Lisa y yo, por cuestiones del oficio, habíamos estado juntas. Mi repentina vergüenza se disolvió cuando llegamos al piso en donde Lisa y su acompañante se retiraron, respiré hondo por solo unos segundos antes de zafarme por completo del chico e irme hasta el fondo de la caja.

- ¿Qué pasa? – quiso saber.

- Nada.

- ¿Qué pasa? – insistió.

- Ya te he dicho que no pasa nada.

El hombre se movió para pulsar un botón y el ascensor se detuvo, lo miré atónita pero su postura estaba completamente calmada. Ese chico sin duda me llevaba al borde de la desesperación con su manera de actuar, además de las estupideces que solía decir. No quise decir nada, sólo quedé quieta en donde estaba cruzándome de brazos mientras él se aproximaba con una expresión seria en su rostro, por unos instantes dudé lo que pretendía, haciendo que retrocediera e involuntariamente buscara protección en una esquina.

Sus ojos verdes mantenían un tono oscuro que ocultaba sus verdaderas intenciones, ese tono que ya le conocía desde la primera vez en que le vi. Era extraño, muy extraño y me hacía sentir incomoda cuando posaba sus ojos sobre los mío, haciendo que desviara la mirada intentando ocultarme de su acusativa mirada. Sus pasos a mi dirección fueron lentos pero muy seguros – como siempre han sido – dejando solo centímetros de distancia entre nuestros cuerpos, mi corazón se aceleró provocando que el aire escapara de mis pulmones más rápido de lo normal, por lo que tuve que aspirar y llenarme de su aroma (una mezcla extraña entre sándalo y limón).

- ¿Te diste cuenta que ese hombre te estaba observando?

- ¿Qué dices? – inquirí en respuesta.

- Ya veo que no.

- Estás chiflado si crees que todos los hombres se viven observando mi trasero. – su sonrisa me dejó pasmada, en definitiva no podía adivinar nada de lo que estuviese pensando.

- Es bueno que creas esas cosas, Isabella.

- ¿Puedes marcar el piso? Vas hacer que suene la alarma de emergencia.

- No en estos ascensores. Ya sabes, este es un hotel especial, así que no hay cuidado.

- Hotel para ricos. Estoy empezando a odiarlos. – en especial lo pulcro que estaba todo.

- ¿Ya quieres irte?

- No hay nada que me haría más feliz que no estar contigo.

- Después del alboroto ocasionado no tengo pensado dejarte por el resto de esta noche.

- Lo has ocasionado tu solito.

- Cierto, pero ya sabes que me gusta hacerte mía y lo vas a sentir también.

No pude responder, no supe que responder y tampoco él me dio tiempo de hacerlo. Sus manos se fueron directo hasta mi rostro y plantó un beso en mis labios, nunca sutiles sino demandantes, él deseaba profundizar el beso al cual me estaba negando; ya que lo último que de verdad quería era complacerlo. A pesar de que intentó hacer que cediera, mi postura se mantuvo firme logrando que el cobrizo se diera por vencido, me observó bastante molesto; podía distinguir a la perfección como contraía los músculos de su mandíbula al apretar fuertemente. No abandonaba la expresión de su rostro y aún sin decir nada, dejó mi rostro libre para agacharse frente a mí. Sus ojos me advertían que permaneciera quieta en mi posición mientras sus manos se adentraba por el interior de la falda que traía puesta, sus manos estaban frías logrando un escalofrío por todo mi cuerpo al sentir como tomaba mis bragas y la comenzaba a deslizar por mis piernas para después alzar mi pies y terminar de despojarlas de mi cuerpo.

Siempre me resultaba extraño estar sin mis bragas, no importaba cuantas veces he permanecido sin ellas, era una sensación que odiaba por el simple hecho de que me hacían vulnerable frente al hombre que tuviese en frente, dejándome completamente expuesta para que alguien más utilizara mi cuerpo e hiciese lo que quisiera conmigo. Necesitaba escapar, debía escabullirme en aquél rincón oscuro de mi mente que me protegía de la realidad mientras alguien utilizaba mi cuerpo para satisfacerse, aquél rincón que había hallado desde que era una niña y, para mi desgracia, continuaba utilizando para protegerme.

- Mírame. – creí escuchar, pero no estaba segura. – Isabella. Quiero que me veas.

Sí, había escuchado correctamente.

Observé al chico que estaba de pie e inclinaba su cuerpo hacia mi, sus ojos seguían de ese verde oscuro que lograba intimidarme y aún mantenía la presión en su mandíbula. Estaba abrumada, éste chico me había traído de vuelta a la realidad justo cuando creí que había escapado de ella para dejarle hacer lo que quisiese.

- Así está mejor. – creí ver una expresión diferente, pero no estaba del todo segura.

- ¿Qué pretendes?

- Quiero besarte. – ¿Era eso una petición a que le dejase o simplemente me estaba advirtiendo que no le provocara de nuevo?

Cerré los ojos, no iba a decir nada ya que sabía muy bien en qué terminaría todo y necesitaba preparar mi mente para prender mi huida, dejándole disfrutar. Esperé un par de segundos para ocultarme en mi mente, pero sus labios llegaron a mi frente de manera calmada y bastante tranquila, de nuevo el cobrizo logró traerme a la realidad, abrí los ojos para observarle de nuevo. Él tocó mi rostro con una de sus manos y con el pulgar acariciaba mi labio inferior, sus ojos estaban fijos en esa zona y mantenía el entrecejo fruncido. Inconscientemente observé sus labios que formaban una perfecta línea pero que se veían bastante sublimes haciendo que tuviera la necesidad de probarles. Pero el hombre se me adelantó y posicionó sus labios sobre los mío, fue suave, fue… Diferente.

- Quiero que estés tranquila, no te lastimaré. – susurró aún en mis labios.

Ahora era yo quien le volvió a besar, tratando de profundizar el beso y no tuvo problema en dejarme explorar su boca, sentir su lengua y llenarme de él. Subí mis manos hasta sus cabellos y acaricié, sintiendo como mis dedos se enterraba con facilidad en sus hebras cobrizas que eran tan suaves al tacto. Sus manos también viajaron por mi cuerpo, tomando mi cintura, atrayéndome hacia él. Mi sorpresa fue apreciar que el chico no estaba duro, simplemente me estaba besando y no parecía pretender algo más que mantener su mano en mi cintura.

- Continuemos después. – dijo deshaciendo mi agarre. – Tenemos toda la noche para nosotros, Isabella. No quisiera hacerte mía en éste lugar tan incómodo, para eso tenemos nuestra habitación.

Se volvió y con sólo un botón el ascensor volvió a su movimiento. Ahora él se mantuvo lejos y yo quedé en mi posición, era lo mejor que sabía hacer: quedarme quieta, pretendiendo que mi existencia sólo servía para satisfacer a un extraño. Después de todo, ya había un par de clientes que les resultaba placentero esa idea y me lo hacían saber de varias maneras.

Un extenso pasillo se extendió frente a nosotros cuando las puertas se abrieron, el chico tomó mi mano para guiarme, recorrimos unas cuantas puertas hasta toparnos con otro pasillo que desvió nuestra dirección, dejando ver más puertas blancas con inscripciones de números dorados que diferenciaban cada habitación de la otra. Nos detuvimos frente a una habitación que resultó ser la número 77.

- Entra.

Lo hice y en cuanto encendió las luces mis ojos apreciaron una hermosa habitación frente a mí; una bonita lámpara colgaba del techo e irradiaba una hermosísima luz tenue que hacia lucir un ambiente acogedor, una delgada cortina blanca intentaba cubrir la ventana pero aún dejaba ver la espléndida noche que estaba radiante con una resplandeciente luna llena. Había una inmensa cama a un lado de la pared, era tan grande que tomaba un gran espacio y sin duda era el centro de toda la atención en la habitación, sin embargo, dejaba el espacio necesario para que un par de sofás decoraran el centro junto a una mesita. Caminé por la habitación observando lo amplia que era, en comparación, todo ese lugar era más grande que mi casa y hasta contaba con un pequeño bar que era más grande que mi habitación. Era de locos.

- Ahí está el baño. – dijo el chico señalando una puerta al otro lado del bar. - ¿Te gusta?

- Es… increíblemente amplia.

- Aquí se esconden la mayoría de las amantes de los políticos. Así que debe estar equipada.

- Ya. Y supongo que las amantes de los ricos también.

- No tienes por qué dudarlo.

- ¿No estaré en la habitación de alguna de tus amantes o sí?

- Ésta habitación no le pertenece a nadie con ese título, puedes estar tranquila.

- Entonces es innecesariamente amplia para lo que la vamos a utilizar.

- No pretendías, Isabella, que te llevara a un hotel vulgar en donde te acuestas en las acabadas de todo el mundo.

- Ese es mi día a día en el Club. Y por si no recuerdas, tú has estado en una cama conmigo donde todo mundo ha acabado.

- Pero no más. Y mientras estés conmigo tu tampoco lo harás.

Eso sonaba a que él no se iba a aburrir de mí durante un tiempo y esa sola idea me deprimió, aún debo mantener la esperanza de que ese chico fuera a desaparecer de mi vida. Debía creer eso, pero mientras tanto su dinero me iba muy bien, ya podía cancelar mis impuestos. Toda una noche soportando sus tonterías prometían que, tal vez, podía cancelar la deuda que tenía con Marcus y… Después de esta noche, seguiría teniendo dinero suficiente para comprarle a Sarah ropa nueva. Deseaba eso último, deseaba verla feliz al ir a algún centro comercial y que ella eligiese lo que quisiera. Sólo tenía que soportar esa noche y ya por la mañana vería la sonrisa de Sarah con prendas elegidas por ella y no de segunda mano.

- ¿Deseas algo de tomar?

- No, gracias.

- ¿Quieres comer algo?

- No es mala idea. – por supuesto que no era mala idea disfrutar de comida gratis y postergar nuestro encuentro sexual.

- Entonces voy a llamar.

Caminé hasta la ventana, era una preciosa vista abajo en la ciudad con tantas luces brillantes que la hacían ver irreal. Pero el mejor paisaje estaba en el cielo, donde la luna llena estaba siempre expectante a mis noches y nunca me recriminaba nada, junto a las pocas estrellas que se podía ver me daban tranquilidad, todo ese esplendor hacía que recordara el rostro de Sarah. La idea de su bienestar era lo que necesitaba para continuar con mis noches de trabajo.

- Ya debe estar en camino. – dijo el cobrizo.

- Está bien. – no le miré, seguí observando a la luna desde mi posición.

Sentí como se me acercó por detrás y dio un abrazo a mi cintura, ahora estaba completamente diferente a la actitud que siempre mantenía. Besó mi cuello, y continuó repartiendo cortos besos por toda esa porción de piel, simplemente lo dejé hacer. Sus manos subieron hasta la chaqueta para deslizarla y continuar con el pequeño top que cubría mis pechos, queriendo despojarlo de mi cuerpo; le hice su trabajo más fácil, así que alcé las manos dejando que el top abandonara su lugar y permitiera a mis pechos sentir lo fría que estaba la habitación.

- Date vuelta. – indicó.

Observé su rostro sin ánimo de procesar la situación, pero sus ojos observaban mis pechos desnudos, haciendo que sintiera de nuevo esa horrible sensación de vulnerabilidad, sin mis bragas, sin mi top y completamente expuesta a él. Horrible.

- ¿Quieres modelar para mí? – pidió.

- ¿Qué?

- Quiero que modeles para mí. – ordenó.

- ¿Modelar? ¿Estás de broma?

- Ven.

Se volvió hasta la puerta de entrada y le seguí, aún cuando no estaba segura realmente de lo que pretendía. Abrió la puerta y me hizo señas de que saliera al pasillo.

- ¿Estás loco? ¡Me pueden ver!

- Sólo yo te voy a ver. – dijo tranquilamente.

- ¿Estás de broma cierto?

- Isabella es en serio.

Tragué en seco y caminé temblorosa hasta el pasillo. Cada hombre tenía maneras extrañas de excitarse y no debía sorprenderme en absoluto éste tipo de cosas. Para ser una puta profesional, conocía bien a los hombres y sus gustos, pero locos como ese hombre me dejaban sin energías.

- Ve al inicio del pasillo y regresa aquí.

- No sabía sobre tus gustos extraños.

- Tu no sabes de mis gustos en general. Ahora, por favor, camina.

Bien, por lo menos había dicho "por favor" eso era diferente ¿no?

Me sentí estúpida, expuesta y tenía la adrenalina al borde de mis venas. Tan solo pensar en que en cualquier momento podía salir alguien de las habitaciones vecinas o que una mucama o cualquier persona en general caminasen y me viera en esta situación sería ridiculizarme frente a otro extraño además del imbécil que me pedía hacer ese espectáculo. Debía conservar la calma, hasta ese instante nada había sucedido, pero cuando di vuelta para devolverme vi el rostro burlón del cobrizo que me esperaba frente a la habitación con la cabeza ligeramente inclinada e intentando sofocar una risa. Ahora quería correr, ese cabrón se burlaba en mi cara y solo quería correr hasta su dirección para darle una patada en sus bolas.

Ya por fin a su altura de nuevo, entré inmediatamente a la habitación, él seguía descojonándose de la risa mientras yo intentaba calmarme.

- Bueno. – dijo después de una pausa. – no eres precisamente Tyra Banks, pero lo has hecho muy bien.

- ¿Alguna otra cosa que quieras?

- Hay muchas cosas que quiero de ti. Pero vamos por parte.

Resoplé justo cuando llamaron a la puerta.

- Ven aquí Isabella.

- Claro, ahora soy un perro obediente.

- Ven.

Me puse detrás de la puerta al tiempo que él la abría y un chico moreno entró con un carrito, debí suponer que era la cena. El chico dejó el carrito en el centro de la sala para después volverse pero se dio cuenta de mi presencia y de mi estado, se paró en seco con ojos atentos. Mis mejillas ardieron fuertemente al observar al moreno, pero quedé donde estaba mientras el cobrizo se posicionó detrás de mi, sujetando mis manos por detrás de mi espalda, quería salir de ahí, no sabía lo que planeaba pero juré no hacer otro trío.

- ¿No te parece que es hermosa? – preguntó al joven.

- L-lo es señor. – respondió el chico sin mucha seguridad.

- Ven amigo.

Intenté zafar mis manos pero me apretó fuerte en las muñecas y no pude hacer más que quejarme, el moreno se acercaba con pasos aún más inseguros hasta mi dirección viendo el rostro del cobrizo en todo momento.

- Puedes tocar su pecho.

- ¿Qué? – preguntamos el chico y yo al mismo tiempo.

- Su pecho. Tócalo. – repitió.

- No estoy seguro señor.

- Hazlo, vamos.

Cerré mis ojos y sentí una mano sobre mi pecho izquierdo, era desagradable, era extraño y no entendía nada ¿quién se creía que era para decirle a alguien que me tocara? Era MI pecho, no tenía derecho alguno sobre él. El moreno comenzó a sentir confianza y empezó a apretar mi pezón, colocando la otra mano en mi otro pecho para repetir la acción, yo sólo quería que se detuviera, quería que terminara y quería dejar de ser la burla de este hombre.

- Suficiente amigo. – espetó el cabrón que tenía detrás. – puedes retirarte.

Sentí mis manos libres de nuevo y las llevé hasta mis senos para cubrirlos y protegerme, protegerme de cualquier cosa, pero protegerme. Todavía mantenía los ojos fuertemente cerrados y hacia un gran esfuerzo mental por borrar la experiencia de mi cabeza.

- ¿L-la propina señor?

- Después de tocar los pechos de mi chica ¿crees que te voy a dar propina? Mejor suerte para la próxima amigo.

La puerta se cerró o eso fue lo que pude oír, no quería abrir mis ojos pero sentí los brazos de hombre rodearme y me hundió en su abrazo.

- Ya Isabella.

- Ya déjame en paz. Por favor, no quiero seguir haciendo esto.

- ¿Por qué mejor no te das una ducha antes de cenar?

No me daba opción de responder, simplemente me tomó de la mano guiándome hasta el cuarto de baño. Era precioso, pero no quise detallar nada y evitaba a toda fuerza tener que ver mi rostro en el espejo. Comenzó a llenar la tina al tiempo que vertía cosas en ella mientras yo estaba a su lado, luego buscó la cremallera de la falda y la deslizó, dejándome desnuda frente a él. No me gustaba, lo odiaba, odiaba todo.

- Es la primera vez que te veo completamente desnuda. Y… eres preciosa Isabella. – no le vi, enfoqué mi mirada a la tina, viendo como el agua la llenaba. El chico carraspeó un par de veces antes de continuar. – Te dejo ducharte, ahí están las toallas. Te espero para cenar.

Salió de la habitación. Me metí en la tina que tenía el agua caliente, muy agradable. Sí tan solo Sarah pudiera disfrutar más seguido del agua caliente en casa estaría más que feliz, pero pronto todo acabaría. Tardé todo lo que pude, frotando con fuerza mi cuerpo, limpiándolo de todo, incluyendo al moreno que tomó mis pechos, pero a pesar de que me esmeraba en limpiarlo, jamás me sentía limpia; ni tampoco valía la pena en ese instante ya que fuera estaba un hombre loco que me esperaba para utilizarme.

Después de secar mi cuerpo, opté por la bata de baño. Salí para encontrarme al chico preparando las bebidas. Me senté en el sofá y esperé a que se sentara a mi lado.

- Estoy seguro que te gustará la langosta. – sonrió mientras destapaba la bandeja que estaba encima de la mesita.

- Tú crees estar seguro de muchas cosas. – dio una mueca torcida para después tomar un trozo con el tenedor y tenderlo en mis labios. – puedo hacerlo yo. – comenté tomando el tenedor.

- ¿Por qué no hablamos mientras comes?

- Lo que digas.

- ¿Tienes alguna pregunta?

- Sí ¿Por qué eres tan idiota? – él, para mi sorpresa, sonrió dejándome ver sus dientes.

- Creo que es algo de familia. Lo lamento. – casi se me cae el trozo de langosta que llevaba masticando por su respuesta.

- Bueno, si es de familia entiendo. – comenté mientras tomaba otro trozo. Le miré y él seguía atento a mis actos. - ¿Cuál era tu nombre? Porque siendo honesta no quiero estar diciéndote señor.

- Edward. Mi nombre es Edward Cullen.

Edward. Repetí el nombre en mi mente, era un lindo nombre aunque lo llevase él. No tenía mucho para decir, además el hambre podía más que cualquier curiosidad que tuviese. Bebí algo de vino y continué comiendo.

- ¿No piensas comer? – pregunté vencida por el silencio.

- Lo pedí solo para ti.

- Ya, pero está buenísimo. Prueba un poco. – sin pensarlo, tomé un trozo y se lo tendí en sus labios, él sonrió y comió.

- Está de maravilla si tú me lo das. – asentí ignorando su respuesta. Continué comiendo dándome cuenta que sí habían cosas que quería preguntar.

- ¿Eres casado? ¿Tienes hijos?

- No. – respuesta corta y desconcertante. La mayoría de los ricos que buscan compañías son casados, con familia pero con una muy triste vida.

- ¿Qué te llevó al Club? ¿Necesidades físicas?

- Mi amigo. Emmett, el grandulón que conociste. Él cree que necesitaba salir, yo no quería, pero siendo honesto, fue lo mejor que pude hacer.- volví a asentir. – yo quiero preguntarte algo ¿puedo?

- Si. – respondí frunciendo el entrecejo.

- ¿Paul y tú, son novios, están casados? – reí fuerte y él se desconcertó.

- ¿Por qué tanto interés por Paul? Es sólo mi amigo.

- Yo no beso a mis amigos en los labios, pero tu lo hiciste con él.

- ¿Y cómo sabes eso? – pregunté alerta.

- Te vi por casualidad. – dijo encogiéndose de hombros.

- Si te respondo ¿Prometes responder a mis dudas con honestidad? – Edward asintió con un evidente interés.

- Paul es un amigo bastante especial. Desde que llegué a NY él y otra persona me han ayudado. Por lo del beso, bueno, así nos saludamos. – no parecía convencerse del todo. – Edward, Paul es gay.

- ¿Qué? – preguntó bastante sorprendido.

- Es gay. Y es una de las personas más hermosas que he conocido jamás.

El chico sorbió de su vino, y me volvió a observar con una sonrisa iluminando su rostro, cosas mías tal vez, pero se veía aliviado por alguna razón. En fin, ya quisiera yo tener un novio como Paul, pero los gustos nos limitaban. Continué comiendo, pensando seriamente si lo que había dicho era lo correcto.

- Mi turno. – él asintió. - ¿Tienes novia o algo por el estilo? – negó. Humm, poco conversador ahora, pero su sonrisa no desaparecía de sus labios.- ¿Si quiera alguien que haya soportado tu genio? – meditó mis palabras y volvió a sorber del vino.

- Hubo alguien, sí. Se llamaba Irina. – carraspeó un par de veces, no pude no estar atenta ante lo que me iba a decir. – Ella… Bueno, ella era la mujer perfecta para mí. Era sin duda todo mi mundo – sus ojos se desviaron mientras que su voz comenzaba a apagarse por los recuerdos. – No había conocido a una chica tan perfecta como ella, inteligente, graciosa, increíblemente hermosa. Era ideal para mí, estaba completamente enamorado de ella. Iba a casarse conmigo. – sonrió pero esa alegría no viajó hasta sus ojos.

- ¿Qué ocurrió? ¿Falleció? – pregunté ya que él no parecía querer continuar.

- No. Simplemente decidió que yo no era suficiente para ella. Prefirió a alguien más antes que a mi y me dejó por esa persona.

- Lo siento.

Edward asintió. Era bastante penoso ver su expresión, se notaba la desilusión viajar en todo su rostro, sentí pena por él. Hasta ese momento, no conocía a ningún hombre que sufriera por un amor fallido. No supe qué hacer, le observé un poco más y el volvió su mirada a hacia mí, dejando ver la tristeza pasar por sus ojos que se tornaron rojos por lagrimas reprimidas. Me acerqué a él tomando su rostro para dejar un beso en sus labios. Debo decir que fue por mi deber, como dama de compañía, debía hacer sentir mejor al cliente, o debía decir que me daba pena el estado en que se puso después de contarme aquello. Pero no, aunque si sentía pena por él – y se merecía mi desdén por lo que me hacia constantemente – la verdad, quería consolarlo, quería besar sus labios. Entre cada beso una lagrima corrió de su rostro, me sorprendí al instante pero continué lamiendo su labio superior.

- Bella. – comentaba separándome. – termina de comer. Quiero que tengas energía para lo que pienso hacerte. – sonrió.

Su expresión me había calmado, ya a esas alturas no creía que me hiciera algún tipo de daño. A pesar de todo, era un ser humano a quien habían lastimado. Le devolví la sonrisa y tomé otro trozo de langosta para tendérselo en sus labios, quería que comiese conmigo. Era sencillamente extraña la sensación repentina que me embarcó tras verle destrozado, sí resultaba ser un humano después de todo, y lo han lastimado como a los demás. Volví a besar sus labios cayendo en cuenta que efectivamente la noche iba a ser larga después de todo.


Hey!

Debo aclarar algo: Por favor, no me mal interpreten en mis comentarios, por supuesto que les respeto y les aprecio muchísimo por tomarse el tiempo y la molestia de leerme, me hacen muy feliz y les adoro a cada uno. La interacción aquí resulta muy limitada y yo pasé meses ausente (razones personales), sólo les comunicaré que continuaré y espero me dejen entretenerlos con esta historia. Les aprecio. Ahora ¿Qué les pareció? Por lo menos Bella no le ve como un ogro ya xD

(Nota: Flexer que siguen sin llegarte mis msj xD ... aprovecho para invitarlos al Shot que hice y que me digan su opinión, adoro sus comentarios! Bye bye!)