Disfruten el Cap (:


16

Edward Pov

Me arrepentí inmediatamente de haber dejado que los recuerdos de Irina invadieran mi cabeza, su recuerdo causaba un nudo en mi garganta que me impedía hablar e incluso me ahogaba, era una terrible sensación que detestaba. ¿Por qué le habré contado a Bella sobre Irina? No sabía la respuesta exacta, supongo que solo quería que ella se sintiera cómoda conmigo, pero no preví el sentirme vulnerable nuevamente. Ahora Bella estaba conmigo por lástima; su expresión se había suavizado, cada vez que sus ojos se topaban con los míos hacía una expresión de compasión que detestaba.

Volví a beber un poco más, luchando con mi cuerpo para que el líquido pudiese bajar a través de mi garganta, el nudo luchaba fuertemente conmigo, pero lograba vencerle. Estuve consiente de el par de gotas saladas que seguían descendiendo por mis mejillas, giré mi rostro para que Bella no las viera y las limpié yo mismo de mala manera.

- ¿Estás bien? – preguntó la chica con una expresión que odié.

- No es necesario que hagas esas expresiones.

- ¿El qué?

- ¡No me tengas lástima! – quedó desconcertada por un breve instante y respondió.

- No te tengo lástima.

- Entonces no me mires ni actúes como si la tuvieras, Isabella. – dije molesto.

- Lo siento.

Giró su cuerpo para tomar su copa y sorber el vino. Mi mente no paraba de trabajar brindando cuantas imágenes quería sobre Irina; yo amaba a esa mujer, hubiera dado cualquier cosa por ella pero no era suficiente. El vino ya no ayudaba, me puse de pie y me disculpé con Bella por dejarla sola para dirigirme al cuarto de baño, cerré la puerta y en cuanto estuve solo las lagrimas terminaron de correr por mi rostro como si de una cascada se tratase. Irina… Irina. Con ella yo era una mejor persona, su presencia era todo mi mundo y ahora que no estaba me sentía terriblemente solo, yo estaba solo. Volver todas las tardes a mi departamento representaba un calvario, en donde el silencio que siempre me envolvía solo hacía que susurrara su nombre. Yo no deseaba seguir solo. Pero no podía hacer otra cosa que ser un desecho de todas aquellas personas que me importaron alguna vez: Irina, Carlisle, Esme…

En cuanto mis sollozos iban en aumento decidí calmarme, era por ese motivo que pretendía no pensar siquiera en la existencia de aquella mujer, me dirigí al lavabo para lavar mi rostro y dejar de ocasionar lástima. Aunque estuve un poco más calmado no deseaba salir, no sabría como ver a Bella; como contener el enojo que me producía su expresión, su mirar y el hecho de encontrarme en tal estado de vulnerabilidad. Me apoyé con las manos en el lavabo para observar mi patético rostro; mis ojos estaban rojos e inflamados por llorar, mi respiración seguía afectada, todo yo daba asco. Escuché un par de golpes a la puerta pero decidí ignorarla.

- ¿Edward? ¿Estás bien? – preguntaba Bella desde el otro lado. No respondí. - ¿Puedo entrar?

- No. – mi voz fue ronca.

- ¿quieres… quieres que me vaya? – mi corazón dolió ¿es que ella también quería desecharme a un cuando debo pagar por su compañía?

- ¿Eso quieres? – cerré fuerte mis ojos aguardando por su respuesta.

- Quiero asegurarme de que estás bien. – no volví a responder – Edward, voy a entrar.

Escuché la puerta abrirse a mis espaldas, quedé quieto con mis ojos aún cerrados, pues temía verla, ni tampoco quería que me viera en esa condición. Mi respiración se volvió pesada y era porque podía sentir los ojos de Isabella encima de mí e inevitablemente podía imaginar esas expresiones de lástima. Su mano viajó hasta mi espalda, no decía nada, solo acariciaba la parte baja de mi espalda mientras se colocaba a mi lado, rápidamente giré mi rostro hacia el lado contrario para seguir ocultando mi rostro. Bella tomó mi mano izquierda para abandonar el apoyo que hasta ese instante mantenía con mis manos, su cuerpo se deslizó por entre mis brazos y quedando enfrente de mí. Mis ojos seguían cerrados y mi rostro pretendía seguir ocultos de ella pero con sus manos tomó cada lado de mis mejillas guiándola hacia ella, lo hice y, en cuanto mi nariz rozó la suya, sentí unos gentiles labios sobre los míos.

Compartí su beso, siendo tan sutil como era posible, con mis manos la tomé por su cintura, aferrando en un puño la bata que llevaba puesta, sujetándola y guiándola hasta mí para no darle oportunidad de salida. Ella se separó, podía sentir su cálido aliento, pero aún no quería volver a la realidad de su mirada, permanecí con los ojos fuertemente cerrados dejando escapar la última gota salada que traviesamente deseaba salir, pero Bella tomó mi rostro y, colocándose de puntilla, sentí como sus labios se posaron en mi mejilla atrapando esa penosa lágrima con sus labios. Le miré después del acto, quedando aliviado al ver una expresión tranquila por parte de ella, me sonreía tiernamente y pude divisar un pequeño sonrojo que coloreaba hermosamente sus mejillas. Tomé su rostro con ambas manos acariciando ese sonrojo con mis pulgares, me incliné para besar sus labios y después susurrar en ellos.

- No te vayas. Por favor, quédate conmigo.

- No iré a ningún lado. – me besó tranquilamente para luego verme un poco divertida. – sé que puede subir el ánimo. El agua caliente está riquísima.

Aunque no quería, ella deshizo mi agarre para ir hasta la tina y abrió el grifo, colocando expresiones raras cuando no lograba encontrar el agua caliente, sonreí ante sus gestos y después me acerqué para ayudarla. Vertí nuevamente el jabón líquido con ese aroma a limón tan refrescante. Me volví hacia ella con mi sonrisa ante sus gestos. Se veía un poco afectada por mi nota burlona, pero terminó por sonreírme mientras negaba con la cabeza. Bella se me acercó posando su mano en mi camisa, se concentró en ella al tiempo en que iba descendiendo suavemente hasta la comisura, con ambas manos levantaron mi camisa, terminé por alzar mis brazos y dejar que las despojara de mi cuerpo, el frío era increíble, me sentí terrible al pensar en todo el tiempo que ella duró desnuda por mi capricho, pero no dije nada.

Su mano se centró en mi pecho y seguía descendiendo, se recreó un poco con mi abdomen, yo solo podía quedarme ahí observando su rostro concentrado mientras cada caricia me tranquilizaba. Desabrochó mi pantalón, se detuvo un momento sin despegar sus ojos de esa zona frunciendo el ceño.

- Tranquila. Lo puedo hacer yo. – quité mis zapatos y calcetines para continuar con el pantalón.

- Está bien. – dijo posando su mano encima de la mía que estaba dispuesta en mi pantalón.

Bella tomó el borde del pantalón junto con el de mi bóxer para deslizarlos hasta mis piernas de un solo tirón, el frío volvió a hacer de las suyas, pero terminé de remover mis prendas. Me dio una sonrisa invitándome a entrar a la tina, lo hice, y ella tenía razón, el agua era perfecta. Deseaba que me acompañara, pero no me atrevía a pedir nada, por fortuna le vi recoger sus cabellos para después deslizar su bata de baño, quedando desnuda; no me podría cansar jamás de verle desnuda, era sencillamente hermosa y perfecta, con esa piel tan nívea – que invitaban a tocarla -, sus pechos perfectos – deseaba poder jugar con ellos - , un camino largo de piernas – que estaba dispuesto a acariciarlas - , perfecta, ella era perfecta y hermosa.

En cuanto se metió a la tina conmigo, el agua se desbordó un poco de esta, pero no dimos importancia, ella quedó enfrente de mí y solo mis piernas podían sentirla bajo el agua.

- Tenías razón, el agua es excelente.

- Lo sé. – dijo sonriendo.

- Pero disfruto más de tu compañía.

Bella se acercó a mí, colocando cada pierna a mi lado para sentarse en mi regazo, con su nariz rozó mi mejilla y descendió hasta mi cuello, empezó a dar mordidas que eran exquisitas, subiendo hasta mi oreja, atrapando mi lóbulo y volver a mi cuello. Estaba completamente recostado en la tina, Bella se inclinaba hacia mi dirección y yo solo podía acariciar su suave espalda mientras esparcía el agua por sobre ella para mantener su temperatura.

- Ahora – comentó separándose de mí. – tallaré tu pecho.

Tomó la esponja de baño untando un poco más de jabón y la posó en mi pecho, raspaba un poco, pero no podía evitar sonreír por sus delicados cuidados que me brindaba. La esponja resbalaba poco a poco hasta mi hombro y después ella removía la espuma creada con el agua, dejando una pequeña caricia con su mano, continuó hasta mi otro hombro para seguir con mi pecho.

- Bella. – dije en un susurro. - ¿Me permites tallar tu espalda? – comenté tomando la esponja de su mano.

- Muy bien.

Unté un poco más de jabón mientras Bella se daba vuelta, miré su cuello tan delicioso, pero traté de concentrarme en mi labor. Repetí la acción que ella había hecho conmigo, después de limpiar y despejar todo el jabón de su espalda, comencé a acariciarla con la punta de mis dedos, Bella lanzó un pequeño suspiro mientras acerqué mis labios a su hombro, repartí besos por todo su cuello y continué con el otro hombro. Me acerqué a su oído solo para decir una palabra.

- Gracias.

No hubo más palabras por parte de ambos, solo el silencio acompañado de caricias. Mi rostro descansaba en su hombro al tiempo que mis manos seguían el camino de sus piernas por debajo del agua, ella se dejaba hacer mientras sus manos acariciaban las mías. Me sentía tranquilo, relajado y estaba bastante seguro que no era solo por el agua caliente, una vez lo había dicho, pero ahora daba certeza a mis palabras: ¡Que efectos tan asombrosos ocasionaba Bella en mí! El tiempo en la tina se prolongó más de lo que creí, pero pronto salimos de ella para secar nuestros cuerpos. Ella lo hizo conmigo y yo sequé su cuerpo. Nos colocamos las batas de baño y salimos.

- Deberías terminar de comer. – comenté al dirigirme a la mesilla.

- Ya no tengo hambre.

Observé unos pañuelos de seda negro que servían como servilletas, mil cosas pasaron por mi mente e involucraban a ese pañuelo y a Isabella. Lo tomé y me dirigí hasta ella enseñando mi pequeño hallazgo como si fuese un pequeño. La castaña lo miró para después desviar su mirada a mí.

- ¿Quieres confiar en mí? – sonreí.

- Tengo una mejor idea. – tomó el pañuelo de mis manos - ¿Puedes tú confiar en mí?

Le observé aún pensando en su pregunta ¿deseaba ceder el control? ¿Era correcto abandonar mis prejuicios con respecto a darle a alguien la potestad para hacer de mi lo que quisieran? ¿Confiar… en ella?

- Confío en ti. – dije vencido.

Me tendió el pañuelo para que me lo colocara, con una última mirada a su sonrisa, cubrí mis ojos. Me sentí nervioso ante tal oscuridad, la ansiedad comenzaba a invadirme, pero, de una manera interesante, mis otros sentidos comenzaron a intensificarse; podía sentir a Bella, estaba haciendo algún tipo de movimiento, su cercanía era acogedora. Me quedé quieto mientras sentía como Bella me rodeaba, podía escuchar sus suaves pasos en el silencio de la habitación -dos pasos y se detenía, luego daba dos pasos más y continuaba - cuando estuvo frente a mí, extendí mi mano para poder tocarla pero ella se retiró de mi agarre soltando una risilla.

- ¿Bella? – dije desesperado ante su falta de tacto. No respondía, alcé mi otro brazo y solo sentía el vacío a mi alrededor, agité mis manos en todas las direcciones para poder sentirla, pero… nada. - ¿Be-Bella? – mi voz se quebró ¿me habría dejado? Solo quería quitarme el pañuelo y poder verla.

- Shhh… - impidió que me quitara el pañuelo. - Todo está bien, tranquilo. – tomó mi mano con la suya. – No hables Edward, confía en mí.

Estaba mucho más tranquilo al sentirla enfrente de mí, mi estado de desorientación se reducía si ella me tomaba de la mano. Acercó mis dedos a sus labios ¡por dios! Que suaves eran, no me había percatado de ello hasta ahora; acarició mis dedos, uno por uno con sus labios, para luego depositar un beso. Entreabrió sus labios, atrapando a mi dedo medio entre ellos, su aliento cálido me envolvió inmediatamente, daba pequeños y suaves apretones en la punta de mi dedo, repitiendo la acción. Me encantaba sentirla, sentir lo que estaba haciendo, pero llevó a mi imaginación correr cuando su lengua empezó a jugar con mi dedo medio, lo envolvía en la punta, después lo rodeaba y lo iba introduciendo poco a poco para rodear con sus labios y chuparlo un poco, me quejé, quería sentir todo eso de nuevo, pero ella soltó mi mano.

Se acercó a mi pecho, por puro instinto, traté de tocarla pero me lo impidió, entonces acerqué un poco mi rostro y ese acto no le molestó. Escuché como luchaba con el nudo de la bata, el cual cedió, abrió mi bata y la deslizó dejándome desnudo y vulnerable frente a ella. Tocó mi pecho, se distrajo con los pocos vellos que se encontraban en esa zona, repartió tiernos besos e irresistibles lamidas, me volvía loco, tragué en seco cuando la sentí descender, dio mordidas con sus dientes alrededor de mi muslo y seguía descendiendo, me quejaba pero permanecí quieto.

Sus mordidas continuaron hasta los dedos de mis pies, el empeine, acariciaba mis piernas mientras iba subiendo nuevamente, me tensé al sentir sus manos acariciar mis muslos, alrededor de mi miembro, pero sus manos se desviaron hasta mi abdomen, sin embargo, podía sentir su rostro a escasos centímetros de mi polla e imaginarla arrodillada frente a mi… era insoportable la idea que me invadía y lo limitado que me encontraba. Bella se puso de pie y tomó mis manos, me invitaba a rodearla con ellos, me acoplé a su cuerpo y besando torpemente su rostro, logré llegar a sus labios, a tientas, busqué el nudo de su bata, lo deshice y acaricié sus costados.

- Arrodíllate, Edward. – tragué en seco, eso había sonado como una orden.

Muy dispuesto, me arrodillé, ella se acercó e instantáneamente subí mis manos tomando sus caderas para darle cortos besos.

- Edward. – sonó a regaño, me detuve alzando la cabeza como si pudiera verla. – espera a que yo te guíe ¿Crees poder hacerlo?

- Sí, lo siento.

- Buen chico. Ahora, dame tus manos.

Extendí mis manos desorientadas, ella las tomó y las colocó en su abdomen, me permitió acariciarla pero vigilaba mis movimientos aún sosteniendo mis manos, poco a poco ella hacía que subiera mis caricias hasta sus pechos, no tardé nada en tocarlos, masajearlos, recrearme con sus pezones que se pusieron duros, estaba muy excitado y necesitaba más de Bella, me acerqué con la intención de besar su abdomen pero me lo impidió.

- No, Edward. – me sentí abandonado cuando ella se retiró de mi agarre. – Si no me dejas guiarte no continuaré.

- Lo siento. Lo siento. – estiré mi mano de nuevo, quería quitar esa sensación de mí. – me comportaré lo prometo. – no se produjo respuesta, sabía lo patético que debía parecer al ceder por completo, pero a este punto, necesitaba del cuidado y atención de Bella. – por favor.

- Es tu última oportunidad ¿Entiendes?

- Sí. - Tomó mi mano mientras se iba acercando, me prometí no cometer otra estupidez y dejarla hacer.

- No seas impaciente. – susurró. – confía en mí.

- Lo haré.

Ella se quitó la bata dejando un sonido sordo al caer sobre el piso, me pidió mis manos y las dejó en sus nalgas.

- Acaríciame. – ordenó.

Lo hice inmediatamente, masajeé sus nalgas, la tocaba, aferraba mis dedos en ella y Bella se quejaba un poco. Me enfrasqué en mis caricias aumentando los quejidos de Bella quién tomó mi rostro y lo acercó a su abdomen (su piel olía increíblemente bien, toda la esencia de Bella me hacía desearla más) hice lo que había estado deseando hasta ese instante, besarla, pasar mi lengua por su ombligo, succionar un poco su delicada piel con la intención de dejar pequeños chupetes mientras que con mis manos seguía acariciando toda su parte trasera.

- Ahh… - se quejaba mientras acariciaba mis cabellos. – Edward. – tomó mi rostro de nuevo para separarlo. – Ponte de pie. – sosteniendo mi mano, me ayudó a ponerme de pie. – vamos a la cama. - Me guió hasta ella, me senté y Bella, permaneciendo de pie, se posicionó entre mis piernas, me acariciaba el rostro para besarme, jugando con mi lengua. –Espera un momento.

Después de comentar aquello se alejó de mí, nuevamente me sentí terrible, abandonado, sólo. No quise replicar, confiaba en que ella regresaría nuevamente, solo debía permanecer tranquilo aunque la oscuridad y la desorientación aumentaran mi ansiedad, intenté escuchar sus delicados pasos, buscando en ellos mi serenidad, ella se detuvo, no hubo ruido extra, sus pasos volvieron. Se dirigía a mi dirección. Sonreí ante la idea.

- Acuéstate.

Ella se tumbó a mi lado y puso en mi pecho una tela suave, llevó mi mano hasta esa tela para que la tocase, era otro pañuelo de seda. Bella lo tomó y me acariciaba con él, me quejaba ante las caricias de ese objeto tan suave que sustituía las manos que deseaba que fueran las que me tocara, pero la sensación no era desagradable. Bella lo pasaba por todo mi cuerpo hasta llegar a mi entre pierna, acomodó la fina tela alrededor de mi pene y comenzó a masturbarme. Las caricias de esa tela eran exquisitas pero más era el hecho de que Bella me estaba dando placer. Me quejaba, era lo único que podía hacer si la castaña no me permitía hacer nada más. Isabella continuaba con ese delicioso movimiento y no me creía capaz de soportar más.

- Bella. – mi voz fue ronca, bastante afectada. – suficiente. Ya detente.

- Pídemelo.

- Por favor… detente. Te deseo a ti.

- Así está mejor. – retiró el pañuelo de mi polla y se subió a horcajadas sobre mí. - dame tus manos. – le di una y ella pasó la tela alrededor de mi muñeca. – te voy a amarrar.

- ¿Qué? ¡NO! – me quejé.

- Tranquilo. – tomó mi rostro. – deja que lo haga. Habías dicho que confiarías en mí.

- No pensé que quisieras amarrarme.

- Es mi fantasía ¿Me ayudas a cumplirla? – no me convenció su respuesta, pero estaba dispuesto si ella lo quería, muy… muy a mi pesar, estaba dispuesto.

- De acuerdo.

- Gracias. – besó mis labios.

La tela volvió a mi muñeca, después hizo que estirara mi mano quedando por encima de mi cabeza y luego subí mi otra mano. Traté de moverme pero ya las había atado en la cama y no podía moverme. Bella me besó con mayor fuerza, se restregaba por mi vientre y yo movía inconscientemente mis manos para tomarla. Mi respiración se volvía pesada, la expectación estaba acabando conmigo, estaba arto de estar amarrado.

- Isabella…

- ¡Qué impaciente eres! – dijo riendo.

Tomó mi polla y la colocó en su entrada para seguir torturándome.

- Espera. – dije al recordar una cosa. – mis condones están en mi pantalón. - ¡Demonios!

- Creo que por esta noche está bien. - ¿imaginé lo que oí o Bella me estaba permitiendo hacerlo sin condón? - ¿O prefieres que vaya a por ellos?

- ¡No! – casi grité. – Si a ti no te molesta a mí tampoco.

- Eso creí.

Empecé a entrar en ella, tensé mi mandíbula en cuanto sentía su cálido interior, estaba algo estrecha pero se sentía muy bien. Después de unos instantes, podía sentir la piel de Bella sobre mí, indicándome que había entrado profundamente. Isabella se inclinó hacia mi torso para tomar apoyo, y comenzó a moverse, salía lentamente para después dejarse caer con fuerza, ambos nos quejamos mientras ella repetía la acción, pero era frustrante no poder tomarla y ser yo quién tuviese el control. Los gemidos de la castaña me estimulaban de una manera impresionante, su cercanía, su calor, su olor, todo era tan intenso que me llevaba a la locura.

- Ahh… Sí – se quejaba encima de mí. - ¡Dios que grande eres!

- ¿Te gusta?

- Ohh… me encanta.

- Dime qué sientes.

- Yo… Ahhh… Estás muy… duro. – me quejé un momento dejando salir el aire que tenía acumulado. – Me está comenzando a gustar cabalgarte. Entras tan profundo que…. Ohhh… dios, Edward… se siente tan malditamente bien.

Mi gruñido se hizo audible en cuanto Bella empezaba a mover sus caderas en círculos, gimiendo tan audible que eran música en mis oídos. La castaña se retorcía del placer, tomaba apoyo en mis muslos y yo moría por verla, nos quejábamos cada uno a nuestro tiempo.

- Bella… Me voy a… a correr…

Dio un par de movimientos para luego sacarme de ella y seguir estimulándome con las manos, en menos de un segundo me dejé ir, lancé un fuerte quejido mientras me tensaba, mi semilla salió aunque no supe en dónde quedó. Respiré agitado, tratando de reponerme. Sentí a Bella besarme para después desatarme, me quitó el pañuelo de los ojos y me sonrió tiernamente. Me abalancé sobre ella dejándola acostada en la cama, su expresión era de sorpresa, llevé mi mano hasta su centro, le incité a abrir sus piernas y en cuanto lo hizo, deslicé un dedo y luego el otro en su interior.

- Es tiempo de que tome el control de tu orgasmo, preciosa. – susurré en su oído.

- Humm… que considerado.

Mis dedos comenzaron a penetrarla, con su humedad era tan sencillo resbalarse en su interior. Me deleitaba con sus expresiones de placer, como se retorcía ante mi estimulación, me incliné para succionar su cuello mientras ella se quejaba. Llevó su mano encima de la mía para aferrarse, cerraba sus ojos, mordía su labio, se arqueaba. Que fascinante.

- Ahh… sí, justo ahí. Si, si…

- ¿Lo disfrutas?

- Siii… Ohh… Edward, Edward.

- Di siempre mi nombre.

Aumenté mis movimientos por petición de la castaña, ella cerró con fuerza sus ojos y lanzaba una maldición mientras se liberaba. Su orgasmo me pertenecía. Dejé que respirara, que se recompusiera y luego besé sus labios con necesidad.

- Que experiencia tan maravillosa. Gracias Isabella.

Me tumbé en la cama incitando a Bella a descansar un rato, pero se limitó a darse vuelta, dándome la espalda, bien… me acerqué a ella rodeando su cintura con mi mano y la atraje hacia mí, hundí mi rostro en sus cabellos para absorber y quedar dormido con su aroma. No pasó mucho tiempo cuando, en algún momento, me quedé dormido. En mi sueño sólo estaba Bella. Y fue placido.

- ¡No puede ser! – escuché a Bella que se incorporó tan bruscamente en la cama que me despertó. - ¿Me quedé dormida? ¡No, no puede ser!

- ¿Qué tiene de malo? – inquirí algo adormilado y desorientado.

- ¡Está por amanecer! – respondió o se replicó, no sabría por el sueño que me invadía.

- Dije que te pagaría por toda la noche ¿qué esperabas? – se iba a levantar de la cama pero le tomé por la mano. – vamos a dormir un poco más.

- No… no puedo. Debo irme.

- ¿Por qué?

Saltó de la cama y corrió al cuarto de baño para buscar su ropa.

- ¿Qué ocurre Bella? – dije ya alarmado.

- Debo irme. Tendré que tomar un taxi. A estas horas no sale autobús a mi casa. – se calló rápidamente, sé que estaba hablando consigo misma, pero ya me había preocupado aún más.

- Deja que te lleve entonces.

- No, no puedo. Eres un cliente Edward.

- No soy un psicópata. Prometo no acosarte. – aunque de eso ya lo había hecho antes. – no dejaré que tomes un taxi así.

- De acuerdo.- respondió después de unos segundos, vencida ante su urgencia. - Pero apresúrate en vestirte.

Salté de la cama por mis ropas, no sabía que ocurría pero si Bella necesitaba de mi ayuda simplemente se la daría. Vestidos y en camino a su casa, ella me indicaba por dónde debía conducir, aunque me repetía a cada instante en no visitar su casa si ella no me lo permitía, pero la idea era tentadora, sin embargo iba a cumplir mi promesa. Entramos a una calle atestada de casas, todavía no había salido el sol pero el cielo comenzaba a estar más claro. Bella me indicó una casa y me detuve.

- No es necesario que te quedes. – dijo.

- ¿No me invitarás a tomar un café? – sonreí pero ella negó.

- Gracias por traerme.

Salió del auto y se fue hasta la casa, mi sorpresa fue verla tocar la puerta. Una mujer salió y habló con Bella, ésta se volvió para verme y luego se dirigió a la mujer. Salí de mi auto para saber sí Bella se encontraba bien.

- ¿Todo bien Bella?

- Sí. Ya te puedes ir.

- ¡Beeeeells! – una pequeña niña rubia corrió a su encuentro y se lanzó sobre ella, Bella sonreía reluciente mientras tomaba a la chiquilla en brazos. - ¿Por qué has llegado tarde? – le preguntaba con un puchero.

- Lo siento, me quedé dormida.

- ¡No se duerme en el trabajo! – regañó la pequeña con un tono de voz muy divertido, pero me concentré en la niña, era, de alguna manera, parecida a Bella.

- Lo sé, lo sé. Pero es un secreto, no se lo digas a nadie. ¿Me lo prometes?

- Te lo prometo. – dijo eufórica abrazando a Bella, solo en ese instante me percaté de la muñeca que llevaba la niña en sus manos. Esa muñeca que le había regalado a Isabella. - ¿Quién es él? – preguntó la niña al verme con sus ojos verdes, bueno… yo me estaba haciendo la misma pregunta. Bella me miró como si se hubiese olvidado de mi existencia y la mujer que estaba de pie en la puerta tampoco había quitado la mirada de encima de mí.

- Él es un amigo del trabajo.

- Hola. – dijo la niña.

- Hola. – dije aún más confundido.

- Me llamo Sarah ¿y tú?

- Edward. – miré a Bella por una respuesta y pareció comprenderme.

- Sarah, Edward fue quien te regaló la muñeca. – comentaba Isabella casual mientras dejaba a la pequeña en el piso, la niña me daba las gracias pero no sabía cómo se suponía que debía comportarme frente a un niño. – Edward, Sarah es… Es mi hija.

- ¿Tu-tu hija?


Hey!

Nuevo Cap en donde hay un poco más de interacción entre este par xD Humm.. ¿Qué creen que pasará? ¿Qué les ha parecido? Sin más, nos leemos pronto (: (:

Bye =w=