Advertencias: BL / Riren (Rivaille x Eren) / Lemon / Fluff / Malas palabras / Trama aún más ilógica que la anterior, porque, fuck! Lo único que importa es el porno /Etc.

.

.

.

Capítulo extra:

Geppetto, regalo y afrodisiaco.

.

.

.

10:48 p.m.

En algún lugar de Estados Unidos.

Rivaille se hallaba tranquilamente en el segundo piso, llenando la tina para poder tomar más tarde un relajante baño. Estaba totalmente abstraído en pensamientos que carecían de real importancia, cuando el suave toqueteo de una puerta se dejó escuchar. Dos golpes claros y concisos sin llegar a ser bruscos, bastante parecidos a la clave secreta que mantenía con cierto ojiverde. Pero, no podía ser él… le había concedido un par de días libres.

Extrañado, se secó apresuradamente las manos, dejando el agua correr y bajó las escaleras en dirección a la entrada.

Abrió los ojos un poco shockeado al ver allá, al otro lado del marco, a un castaño cubierto parcialmente de nieve, exhalando humito debido al penetrante frío y, al parecer, haber mantenido algún tipo de actividad física.

- H-hola – jadeó cansado el menor.

- ¿Qué haces acá? – replicó un poco tosco pues no se esperaba la visita del mocoso.

- ¡Qué gran recibimiento! – exclamó sarcástico Eren mientras se adentraba sin autorización en el hogar del carpintero.

- Claro, pasa – dijo en un gruñido molesto, pero sin impedírselo.

El ojiverde se quitó el abrigo que le cubría y lo colgó en un perchero. También se quitó los botines y se puso unas pantuflas. A pesar de que su relación no llevaba más que un par de días, Rivaille le había permitido dejar un par de cosas allí, sólo las convenientes por si en alguna ocasión decidía quedarse a pasar la noche.

- Tsk, ponte cómodo – murmuró irónico.

- Claro, MI VIDA– resaltó las últimas dos palabras a sabiendas de que ello molestaría al pelinegro.

- Cursi… - bufó el aludido.

Después de que Eren se pusiera a gusto y se estirase para reavivar sus adormecidas extremidades, ambos migraron a la salita, al lado de la chimenea.

Se sentaron en el sillón, uno junto al otro, como siempre. Permanecieron en silencio unos minutos, dejando que el calorcito les invadiera el cuerpo.

- Muero de sed, prácticamente vine corriendo – rompió al fin la afonía el castaño, a la vez que con una rápida mirada recorría la cocina en busca de líquido para beber.

- ¿Qué haces acá? – le recriminó el mayor, ignorando su petición anterior – Es la víspera de año nuevo, te dije que te quedaras en casa con tus amigos.

- Si, a Mikasa tampoco le hizo mucha gracia, pero TENÍAque venir – respondió, su expresión tornándose seria de un momento a otro y clavando sus ojos en los grises del otro.

- ¿A qué? – Rivaille se extrañó ante el cambio de actitud de Eren, por lo general el mocoso siempre estaba risueño y rara vez se le veía con el semblante serio.

Por su parte, Eren aprovechó esa pausa para rebuscar algo en los bolsillos de sus gastados jeans. Cuando lo encontró, volvió a fijarse en el pelinegro, tomando una de sus manos y depositando en ella una cajita mediana y delgada.

- ¿Eh…?

- ¡Feliz cumpleaños!... atrasado – semi gritó Eren, interrumpiendo a Rivaille y acercándolo en un fuerte abrazo.

- Te dije que no… – pero se calló, meditando las palabras que le dijo Eren – Espera, ¿cómo supiste que era mi cumpleaños? – indagó, apartándolo un poco.

- Hanji me lo contó el otro día, cuando vino a visitarlo. – respondió el castaño, sentándose recto de nuevo, pero aún frente a frente con su amado – ¡Lo siento mucho! De haber sabido que su cumpleaños era en navidad…yo…

- Tsk, no importa… – lo silenció uniendo sus labios en un beso fugaz.

Esa maldita loca, siempre metiéndose donde no la llaman – Pensó el ojigris - Primero con sus regalitos desubicados y ahora con esto.

El contacto no fue más allá de un simple roce, inocente y sin segundas intenciones, más que nada con el fin de acallar al mocoso. Cuando se separaron, Eren rió bobamente, como una colegiala enamorada.

- ¿Qué es tan gracioso? – cuestionó el pelinegro, frunciendo el entrecejo.

- Nada – contestó el menor con una sonrisa – es que usted me gusta mucho.

- … – Rivaille desvió la mirada – creo que es hora de hablar seriamente sobre toda esa mierda de cursilería que sueltas en los momentos más inapropiados.

- Más bien creo que es tiempo de hablar sobre por qué no me avisó que era su cumpleaños – ignoró la burla del mayor, haciendo un puchero.

- No era un dato de vida o muerte… - le restó importancia el pelinegro.

- ¡Claro que sí! ¡Le hubiera obsequiado algo! – chilló Eren, exasperado

- Y lo hiciste.

Eren se encendió como un farolito cuando captó el doble sentido. La vergüenza extendiéndose en forma de rubor hasta sus orejas.

- No… no ESO – murmuró, la vista pegada en sus pies y rascándose la nuca en un evidente tic de bochorno – me refería a algo… material…

Entonces Rivaille volvió su atención a aquella cajita que le diera Eren y que aún yacía en su mano.

- ¿Puedo? – preguntó.

El castaño sólo asintió con la cabeza.

El ojigris no perdió el tiempo; con rapidez desató la cinta que rodeaba el regalo y lo abrió. Dentro se encontraba un simple cincel de acero, con el mango negro. Tenía un par de letras plateadas grabadas.

- Es de acero inoxidable – dijo Eren, sonriendo ligeramente.

- Gracias, mocoso – soltó en un susurro el mayor mientras tomaba el cincel en sus manos y leía la inscripción – ¿R y E?

- Hehehe, claro, Rivaille y Eren – explicó el ojiverde con alegría.

Rivaille sintió cómo una vena brotaba en su frente.

- ¿Qué?...

- Rivaille y Eren – repitió con el mismo entusiasmo el menor.

Afonía.

- ¿No podías haber elegido una mierda menos marica para ponerle? – estalló, por fin el pelinegro a la vez que se ponía de pie.

- ¡Hey! Es romántico, además, así todos sabrán que usted es mío – se defendió el castaño, parándose también y haciendo uso de su estatura para intimidar a su jefe.

- ¡Romántico, mi culo! ¡Es ridículo! – volvió a gruñir Rivaille, acercándose más al mocoso, no dejándose amilanar – Además, ¿qué eso de que soy tuyo? ¡Tú eres mío!

- ¡Sí, pero usted también es mío! – chilló de vuelta Eren, un poco apenado por sus palabras y lo absurda de la pelea.

- ¡Hubieras gastado mi dinero en algo más útil!

- ¡No es SU dinero, era el MÍO! ¡Era MI sueldo, lo gané TRABAJANDO! – Eren comenzó a gritar y hacer un escándalo - ¡Ugh! ¡¿Por qué no sólo lo acepta callado?! ¡Además, lo usará a diar…!

Rivaille, no soportándolo más, finalizó la pequeña disputa empujando a Eren hasta hacerlo caer; subiéndosele encima inmediatamente y apoderándose de sus labios y de su boca.

Inició un beso fogoso y violento, metiendo su lengua hasta el fondo en la cavidad de Eren, sin pedirle permiso y sin dar lugar a cualquier tipo de resistencia. Enredó su lengua alrededor de la del ojiverde, succionándola y frotándola en una deliciosa danza monopolizadora, arrancándole gemidos de placer y robándole el aliento.

Se separaron unos minutos después, cuando Eren comenzó a removerse inquieto por la falta de oxigenación.

El castaño no quiso quedarse atrás y después de llenar sus pulmones, trató de reiniciar el contacto, pero la mano firme de Rivaille en su pecho se lo impidió.

- Espera. Iré a cerrar el agua, dejé la bañera llenándose y ya debe estar a punto de rebalsar.

- O-okay – jadeó el menor, un poco excitado.

Observó cómo el mayor se levantaba de encima de él con una pequeña y casi imperceptible sonrisa socarrona en sus labios. Aquello sólo sirvió para sonrojarlo más y ocasionarle una punzada en su entrepierna.

Cuando Rivaille se hubo perdido en el pasillo, Eren volvió a respirar normalmente.

Ya más calmado, toda la sed previamente olvidada, volvió a él. Sentía la garganta seca y rasposa. Ojeó alrededor, aún en su posición en el piso, buscando algo líquido que beber.

Nada a la vista.

Rendido, no tuvo más remedio que pararse e inspeccionar. Empezó por el refrigerador. Nada. Ni una mísera cerveza o una botella de agua. Nada bebible. ¡¿Qué estaba mal con su jefe?! ¡¿Qué clase de ser humano no tiene nada para tomar en su casa?!. Migró a la alacena, abriendo cada estante y encontrándose con especias, café, té, latas con conservados, todo menos algo tomable.

Bramó rendido. Iba a tener que tomar agüita de grifo nomás. Pero cuando estaba sacando un vaso para servirse, divisó en una esquina del compartimiento una bolsa de papel marrón con algo dentro.

La curiosidad era una de sus debilidades.

Mirando a todos lados, y viendo el área despejada, metió la mano y sacó el contenido de la bolsa.

Sus orbes brillaron de pura emoción. Era una botella de, al parecer, alguna clase de licor; bueno, al menos esa forma tenía.

Eufórico por su hallazgo, y sin detenerse siquiera a leer lo que decía la etiqueta, la abrió y se bebió su contenido de golpe. Saciando al fin su sed, pero inconsciente de las consecuencias que ello traería.

Rivaille por su parte se había entretenido de más en el baño. Cuando llegó, la tina ya había rebalsado, y, ¡vamos!, él no podía dejar su piso lleno de agua, tenía que trapearlo al menos. Sin embargo se le fue la hora, y para cuando volvió al primer piso, ya eran las 11:30 pm.

- Eren – le llamó pero no obtuvo respuesta - ¿Eren? – volvió a intentar, alzando la voz.

Silencio.

Preocupado, apresuró el paso hasta la sala. Allí en medio, frente a la chimenea, de espaldas a él y sentado en el piso, estaba su querido Eren. Sin pantalones. Y con una botella vacía al costado.

- Mierda… – murmuró, temiendo lo peor.

- Geppetto… – farfulló el castaño, volteando a ver a Rivaille – Geppetto… tengo calor…

El pelinegro tragó en seco, sintiendo cómo su sangre iba poco a poco acumulándose en sus partes bajas. Eren se veía simplemente exquisito. Con la cara totalmente roja, los ojos turbios y llorosos, labios entreabiertos, hinchados, camisa abierta, sólo en bóxer y con una evidente erección oculta en ellos.

- M-me duele – tartamudeó, no percatándose de que Rivaille prácticamente se lo comía con la mirada.

- ¿Dónde te duele? – preguntó lascivo el mayor.

- A-aquí – respondió señalando su miembro.

- Mierda…

Rivaille estaba teniendo una lucha interna. Por un lado sabía que estaba mal aprovecharse de Eren en ese estado. Pero por otra parte se moría de ganas de follárselo ahí mismo.

Carajo. Tenía que ser un hombre de bien.

Se acercó al menor y le extendió la mano. Eren la aceptó y el pelinegro lo jaló, acabando el ojiverde apoyado contra él, su cabeza en el hueco de su cuello, jadeando sonoramente y extremadamente caliente.

- Tsk… – bufó mientras pateaba con desprecio la botella vacía.

Maldijo una y mil veces a Hanji por ocurrírsele regalarle afrodisiaco, y al mocoso por habérselo bebido todo.

- Geppetto – volvió a llamarlo, el aliento hirviendo chocando contra el cuello del aludido y estremeciéndolo levemente – a-ayúdame…

- Ya, mocoso, vamos a que te des una ducha fría – dijo mientras hacía el amago de tomarlo en brazos.

- ¡No! – chilló deshaciéndose del agarre y apartándose.

- Tsk, no seas terco, vamos – le habló como si fuera un niño chico – te daré un premio si te portas bien.

- ¡No! – volvió a gritar, haciendo un puchero – Quiero hacer ESO.

- Eren… – le recriminó suavemente – Realmente no quieres, es el afrodisiaco hablando por ti.

- ¿Afrodisiaco? – cuestionó confundido el menor.

- Sí, eso que te bebiste… bueno… la cuatro ojos me lo regaló… no pensé que lo encontraras y te lo tomaras sin mi permiso – soltó esto último con molestia y regañándolo con la mirada.

- P-pero… – tartamudeó algo confundido el castaño. Eso explicaba por qué se puso caliente de golpe. No es como si hubiera ido allí sin la intención de acabar enredado en las sábanas del pelinegro, pero pensaba que eso tomaría su tiempo. Sin embargo ahora lo único que sentía era una ENORME NECESIDAD de ser follado de una vez por todas.

Dejándose llevar por sus bajos instintos e ignorando cualquier réplica del ojigris, Eren se abalanzó contra él, tumbándolo bruscamente en el sofá.

Aunque Rivaille trató de mantenerse firme y no dejarse vencer, el castaño había sacado una fuerza increíble y eso, sumado a sus torpes pies que lo hicieron trastabillar a último momento dieron como resultado un "él" parcialmente recostado en el sillón con un Eren triunfante encima.

- ¡Mocoso de mierda, quítate! – ordenó, haciendo uso de lo poco que le quedaba de autocontrol.

Pero el ojiverde hizo oídos sordos y con un salvajismo impropio, prácticamente le arrancó la camisa a Rivaille. Botones salieron volando y la prenda desgarrada fue a dar a cualquier sitio. De inmediato, antes de que el pelinegro tuviera alguna reacción, Eren se dedicó a lamer desde la clavícula descendiendo lenta, sensual y mojadamente por el pecho y estómago del mayor hasta llegar al ombligo, donde se entretuvo delineando el contorno y el hueso en forma de "v" de su cadera.

Cualquier queja o acción que tuviera planeada Rivaille para detener al menor se fue bien pal carajo cuando sintió la lengua de Eren pasearse desvergonzadamente por su cuerpo, especialmente cuando llegó a la "zona peligrosa". Allí sólo pudo soltar un gruñido ronco.

Eren interpretó ese sonido como una aprobación (cosa que realmente era) y con premura se deshizo de los pantalones del pelinegro, desabotonándolos como si se le fuera la vida en ello y prácticamente rompiendo el cierre. Luego, de un solo jalón los bajó hasta media pierna.

- Siéntate bien – se atrevió a "pedirle" a Rivaille, aunque más bien había sonado como una orden. Sin embargo el mayor acató.

Mientras Rivaille se enderezaba, Eren aprovechó para terminar de arrancarle los pantalones, arrastrando también sus bóxer. Todo con desesperación y ansiedad.

El ojigris reprimió una risita burlona al notar lo necesitado que se encontraba el mocoso.

Ya se había resignado a que acabarían follando de una u otra forma. Con o sin afrodisiaco. Pero eso no le quitaba lo divertido al hecho de que Eren, San Eren inocentonto, estaba llevando el control de la situación. O al menos estaba tratando. A veces le temblaban las manos y el rubor en ningún momento había dejado su rostro, también había segundos de dubitación, pero en sí estaba manejándolo bien.

Tampoco es como si Rivaille hubiera puesto algún tipo de resistencia. Aún.

Era un juego de dos donde sólo participaba uno. Y así sería hasta que Eren llegara a su límite.

En lo que el pelinegro pensaba eso, el menor había acabado de desnudarse también, la camisa abierta que portaba y el bóxer desperdigados en algún rincón.

Eren empujó a Rivaille, obligándolo a apoyarse contra el respaldo, los brazos abiertos a los costados, en una postura relajada.

Se relamió los labios y separó las piernas del mayor, quedando él prácticamente en cuatro, la sola diferencia que sus palmas no se encontraban apoyadas contra el suelo, sino una en cada muslo del ojigris, ayudando a mantenerlo abierto. La hombría del susodicho se encontraba casi despierta, justo frente a su cara, por lo que el castaño decidió comenzar rudo, engullendo todo el miembro, o al menos lo que entraba en su boca.

Rivaille gruñó bajito e hizo una mueca, entrecerrando los ojos. Lo habían tomado desprevenido.

Eren migró una de sus manos a la base del falo de su amante, comenzando a masturbarlo en coordinación con su boca, bombeando la punta y succionando a ratos. Manteniendo un ritmo lento y tortuoso.

Se mantuvo así unos minutos, pero pronto ambos necesitaron más. El castaño decidió hacer el trabajo únicamente de forma oral, dejando sólo dos dedos alrededor de la base del miembro y pasando la lengua desde abajo hasta la punta, donde depositó besos fugaces y húmedos para luego, finalmente, devorar a nueva cuenta aquel falo, adentrándolo lo más posible en su cavidad, enroscándose en todo su grosor y succionando con ímpetu.

Rivaille veía maravillado desde arriba cómo la cabeza del ojiverde ascendía y descendía sobre su hombría, a veces lento, a veces rápido. Tentándolo a marcar su propio ritmo. Pero se abstuvo por alguna razón. Aún podía aguantar otro tanto.

Si Rivaille se encontraba extasiado, Eren lo estaba aún más. Lo ponía de sobremanera hacerle una felación al pelinegro, ser el causante de sus gemidos ahogados y gruñidos guturales. Se sentía como el puto amo. Pero por alguna razón no bastaba. Quería más. Se sentía un poco… vacío. Y el calor en su interior lo sofocaba. Debía aliviar eso de alguna forma…

Tímidamente, el menor llevó su mano libre a su trasero, primero tanteando el terreno, masajeándose un glúteo y jugueteando alrededor, ocasionándose cosquillas.

Alzó la mirada para ver si tenía la autorización del pelinegro para seguir con lo que hacía y se atragantó cuando sus ojos se toparon con los de Rivaille.

Aquellos orbes oscurecidos flameaban de pasión, deseo y necesidad. Un claro sinónimo de que estaba haciendo bien su labor y de que podía continuar así.

Apresurando el ritmo de su mamada y escurriéndole la saliva desde la comisura de los labios hasta el mentón, el ojiverde aprovechó ese momento de adrenalina para adentrar dos de sus dígitos en su ano. Sin previa dilatación.

- ¡Aaahh! – gimió alto, curvando la espalda y sacando el miembro de Rivaille de su boca, haciéndose una telaraña de saliva y presemen entre el falo y sus labios - ¡AH!... hh…

- Ngh… – bramó quedito a su vez el ojigris debido a la agridulce sensación que le provocó el cambio de temperaturas. Una corriente de aire frío había chocado con su pene ni bien Eren se lo sacó de la boca.

Ambos jadearon, sin romper el contacto visual. Retándose y quizás, hasta violándose con la mirada.

Eren retomó la felación, ahora coordinándose ambas embestidas, tanto las de la cabeza del ojiverde contra el falo del mayor, como las de sus propios dedos, adentrándose aún con algo de dificultad en su entrada.

Rivaille no aguantó eso. Era demasiado. Era el cielo puro. Ver cómo Eren se masturbaba analmente mientras se atragantaba y gemía contra su miembro. Simplemente no podía soportarlo.

Llevó una de sus manos a las hebras castañas, agarrándolas con torpeza y brusquedad e imponiendo su propio compás, violento y necesitado. Introduciendo su falo más hondo dentro de aquella cálida boquita, prácticamente chocándolo contra la garganta del menor.

Sin embargo Eren no se quejó, es más, aumentó también las autoestocadas, sintiendo como su ano se humedecía poco a poco, facilitando la intrusión y permitiéndole llevar un ritmo coordinado con el que le había impuesto su amante.

Pero no era suficiente. Necesitaban ir más rápido.

Más.

MÁS.

Al cabo de unos minutos el descontrol era lo único que reinaba en la pequeña sala. Claro, y los sonidos morbosos y mojados que hacían los dedos de Eren al entrar y salir, acompañados de los gemidos ahogados y resbalosos "pops" que se escapaban cada vez que Rivaille embestía la cabeza del castaño contra su pene. También estaban los gruñidos bajitos del pelinegro. Y las espaldas arqueadas. Todas claras señales de que pronto ambos llegarían al clímax.

Con una última gran estocada, Rivaille se vino copiosamente en la boca del menor.

Eren, al sentir como aquel líquido espeso y caliente llenaba su cavidad bucal, adentró lo más que pudo sus dígitos en su ano y se corrió también, manchando el sillón y su pecho con semen.

Ambos respiraban entrecortado. El castaño había acabado recostado sobre el muslo de Rivaille y el pelinegro con la cabeza hacia atrás, el antebrazo cubriéndole el rostro.

No pasaron más que un par de minutos cuando el ojigris sintió un peso en regazo. Se quitó el brazo de encima y una sonrisa ladina se plasmó en sus labios.

Eren correspondió el gesto con una sonrisa socarrona y le plantó un beso fugaz antes de empezar a frotarse contra el cuerpo de su amado.

Rivaille sucumbió ante el contacto y llevó ambas manos a la cadera del contrario, ayudándolo a crear una mayor fricción.

Al poco tiempo ambas hombrías estaban despiertas de nuevo (aunque la de Eren nunca llegó a dormirse), totalmente erguidas y empapadas en líquido preseminal. El castaño también aprovechó y migró sus labios al cuello y clavícula del ojigris, lamiendo y succionando, dejando una que otra marca rojiza. Al final había acabado en su lóbulo izquierdo, mordisqueándolo juguetonamente mientras gemía a intervalos contra el oído ajeno.

Rivaille sólo se dejaba hacer, los ojos entrecerrados, el ceño fruncido y un par de suspiros de placer escapándosele de vez en cuando.

Pronto el ojiverde dejó su lugar contra el cuello del mayor y enredó su brazo alrededor en reemplazo. Asió más sus cuerpos, hasta quedar a unos escasos cinco centímetros de distancia y fijó su mirar en los orbes grises oscurecidos y lujuriosos del contrario. Siempre acababa perdido en aquellos pozos tan misteriosos, y ahora, por alguna razón, terminó también más excitado.

Descendió zigzagueantemente la mano libre hasta llegar a la altura de ambos miembros, la utilizó para juntarlos aún más y comenzó a masturbarlos con desesperación.

Rivaille juntó su frente contra la del mocoso, entremezclando sus alientos y gemidos. Sentía que pronto volvería a correrse, sus testículos estaban tensos y un hormigueo placentero se situaba en su estómago. Pero él no quería correrse de esa forma. A decir verdad, ya estaba cansado de que Eren tuviera todo el control; al principio le pareció divertido y estimulante, pero él no era un hombre de paciencia ni mucho menos un sometido. Era hora de volver a ocupar su puesto como el "jefe".

Agarrando fuertemente al menor de la cintura, lo alzó y prácticamente lo aventó contra el sillón, dejándolo recostado y confuso. Rápidamente tomo ambas piernas contrarias y las abrió de sobremanera, sonrojando más a Eren y ocasionando que tratara de resistirse y cerrarlas. Pero él no se lo iba a permitir. Se aferró con más fuerza a las extremidades y pasó, una por encima de su hombro y la otra la dejó flectada sobre el estómago del castaño, llevándose así una completa y expuesta visión de su entrada rosada.

El ojiverde por su parte, no sabía dónde esconderse. Todo el valor que había reunido y el cual le había impulsado a dirigir esa sesión de sexo se esfumó como por arte de magia. Aún sentía ese calor y necesidad sofocantes, sí, pero ahora ya no se creía tan capaz de, bueno, follarse a Rivaille como estaba haciendo hasta el momento… su ser estaba siendo inundado de nuevo por la vergüenza y el pudor, como si recién cayera en cuenta de la situación en la que se encontraba.

Obviamente el pelinegro notó eso. Eren era demasiado obvio. La determinación y fogosidad que antes reflejaban sus turbios ojos se había perdido y ahora tenía el mirar de un cachorrito asustado. Pero no era como si se fuera a aprovechar de él, para nada; ambos querían continuar, sólo que ahora las posiciones se habían cambiado un poco. Además, el castaño siempre tenía ese maldito aire de inocencia, aún por sobre el morbo o la lujuria que pudiese sentir, su maldito rostro era una puta oda a la pureza. O al menos hasta que Rivaille lo manchara. De nuevo.

Plantándole un beso profundo y mojado, el mayor volvió a ingresar en el interior del ojiverde de una sola estocada, deslizándose con bastante facilidad. Eren chilló extasiado, aquel golpe había dado directo en su próstata.

De inmediato el pelinegro inició con embestidas continuas a la vez que se entretenía pasando la lengua, ahora, por el pecho del castaño, especialmente entreteniéndose en sus botoncitos rosas, chupándolos, lamiéndolos y mordiéndolos rudamente, jalándolos de vez en cuando con los dientes. Eren no podía sino retorcerse de placer y emitir ruiditos eróticos, la sonata favorita de Rivaille.

Haciendo uso de toda su fuerza, el mayor aceleró la potencia de las estocadas, flectando ahora la otra pierna de Eren y él prácticamente recostándose sobre el cuerpo del menor, asido a sus caderas y arremetiéndolo con brusquedad, totalmente cegado en el éxtasis.

El castaño sólo pudo arquear más la espalda y gemir con una voz notablemente aguda, impropia de él. Trató en vano de enredar sus extremidades alrededor de la cintura del ojigris, pero no alcanzó a rodearlo por completo, por lo que, algo incómodo, optó por rodear los brazos y espalda del contrario, a la altura de los omóplatos, en una especie de abrazo pernil*.

Rivaille reprimió una risita al ver la posición de Eren, le recordaba un monito o un koala abrazados a su mamá, sólo que, bueno, esta no era la ocasión.

- Aaahh… ah.. G-geppetto… ya no… ngh… – jadeó impúdicamente el menor, echando la cabeza para atrás, a un paso de llegar al orgasmo.

- Tsk… – Al pelinegro le molestó de sobremanera que el mocoso siguiera con todo el asunto de Pinocho y Geppetto. No, él quería oír que el niñato gimiera su nombre.

Sintió como las paredes internas del ojiverde se cerraban sobre su miembro.

- Mierda… –murmuró entrecortado, penetrando al castaño con violencia, saliendo por completo y entrando de golpe, dando directo en aquel punto dulce que hacía al mocoso retorcerse y lloriquear por más.

- Ahh… hh… ngh… a-ahí… – gimió el menor, totalmente entregado al placer.

- Mi… m-mi nombre, Eren… ¡ngh! – un gruñido ronco escapó de los labios del mayor – d-di mi nombre… ¡ah!...

- ¡AAHH!.. Aaaahhh… ¡AH! – el castaño no podía procesar muy bien lo que le decían, su mente estaba en blanco, los ojos cerrados y la boca abierta, saliva escurriendo hasta su mentón, incluso llegando al cuello, todo en un intento algo vano de llevar oxígeno a sus pulmones – R-ri… riv… ¡Aah!

- ¡Nnghh! ¡EREN!... m-mi nomb… ¡Agh!… - adentrándose lo más profundo que pudo, el pelinegro alcanzó su clímax, llenando el orificio del ojiverde con su esperma abundante y caliente.

- ¡AAHH! ¡RI-RIVAILLE! – gritó alto y desvergonzado el castaño al sentir como era inundado por aquel líquido hasta sus entrañas. Alcanzó el orgasmo también, viniéndose con violencia en ambos pechos.

Prácticamente sin aire y con sus cuerpos aún con pequeños espasmos post orgasmo, ambos se dejaron caer; Eren sus piernas a ambos lados de Rivaille y el susodicho en el torso del menor, importándole un carajo si estaban llenos de semen o no. Se hundió contra el cuello ajeno, recuperándose mientras el castaño llevó una de sus temblorosas manos a las hebras negras de su amante, jugueteando con ellas mientras esperaba que su respiración se acompasara también.

Al cabo de unos minutos, ambos estaban como si nada. Rivaille fue el primero en erguirse, ayudando a Eren a pararse. Cuando el menor lo hizo, un escalofrío le recorrió la columna vertebral; podía sentir perfectamente como una sustancia viscosa chorreaba desde su ano hasta sus muslos. Sintió su cara prenderse de la vergüenza.

El ojigris lo notó y río mentalmente por ello, su rostro mostrando simplemente un amago de sonrisa.

- Nee… podemos… – se removió Eren, incómodo, señalando entre sus piernas.

- ¿Continuarlo en la bañera? Claro – replicó Rivaille, con tono coqueto.

- No era lo que…

Pero no lo dio tiempo de terminar, porque en menos de lo que tarda un parpadeo, el pelinegro ya tenía al castaño entre sus brazos, al estilo princesa.

- ¡Hey! – se quejó abochornado el ojiverde.

- Vamos, sé que el efecto de esa mierda dura horas, pero quiero aprovechar bien la noche – y sin más, ignorando las inútiles quejas y pataleo del mocoso, los condujo rumbo al segundo piso, más específicamente al baño, a la tina, donde experimentarían un poco de sexo bajo el agua**.

Al pasar por el pasillo hacia las escaleras ninguno de los dos notó el reloj que marcaba las 00:47 horas. Del primero de enero.

Sí, prácticamente llevaban follando desde hace un año***.

Y aún les quedaba mucho por delante.

THE END.

.

.

.

ACLARACIONES CON ASTERISCOS

*Pernil de pierna xD no sé por qué carajos se me vino a la mente esa palabra, probablemente porque tengo hambre y deseo carne o jamón, pero espero que entendieran que Erencito lo abrazó con las piernas xD like un monito ¿?

** So WTF (¿?) no sé cómo carajos se le llama a, bueno, eso xD tuve que improvisar con el nombre.

*** Chiste malo con lo de los años… yo sólo quería ser mainstream (?) uwu

NOTAS DE YO

Otra vez, no sé hacer finales.

Se supone que postearía esto el 31 de diciembre. VIVA LA PROCRASTINACIÓN Y LALA EXISTENCIAL!

No sé describir besos, por eso no hay muchos kissus y esas cosas.

Pronto, porque tengo inspireichon y la llama de la envidia (muchas locas han actualizado sus fics estos días D: ) capítulo de mi inocente redtuber y lechita de Riva… condensada.

:D eso, ciao.

Pd. Espero no haber pseudotraumado/ arruinado la infancia de alguna al usar a Pinocho pa esto