Capítulo 4: Por fuera del reinado humano
Nos fuimos conociendo con la pequeña Marcy, debía ganarme su confianza, era algo absolutamente necesario si quería que nos fuese bien a ambos, por más que deseará que Marcy me quiera, eso el tiempo solamente estaba habilitado para determinar…
Pasaron unos días, Marcy me sorprendía con su talento a la hora de aprender… por alguna razón mi amigo y su mujer habían dado a Marcy la capacidad de prestar atención, muy raro era encontrar en la gente en el mundo que nos tocaba vivir que alguien pudiera estar centrado en una cosa, incluso yo con la corona tenía que estar con uno ojo puesto enfrente y el otro atrás…
Las cosas no fueron fáciles, el mundo estaba en ruinas, vivíamos en las mismas ruinas del mundo, y yo acostumbrado a ver las ruinas, a explorar las ruinas, y cualquier cosa que pueda ocurrírseles, esto lo superaba con crecer, ni en los peores sueños míos ni de Marcy se podía ver lo que se comenzaba a mover por la tierra…
La corona era lo único que podía mantener a raya a las cosas que aparecían, comenzaron a verse situaciones de cuentos fantásticos de ciencia ficción de mundos destrozados, de nuestro mundo hecho escombros… la guerra se expandió y ni siquiera nos enteramos del porque… los diarios se contradecían y cualquier idiota escribía en las páginas… a lo que podía atinar era a creer solamente en lo que veía con mis ojos… esa era la respuesta más clara, la realidad mostraba lo que la humanidad había hecho, por más que me informaran indirectamente la información estaba fragmentada y era inentendible
-¿Marceline?, ¿Qué estás haciendo pequeñita?- Le pregunté con la misma sensación de curiosidad con la que ella me miraba cada día…
-Dibujando- Me respondió espontáneamente, miraba lo que dibujaba, me contagiaba la curiosidad… me acerque, y pregunté… -¿Qué dibujas Marcy?- Me respondió con una gran sonrisa, posiblemente la más bella que recuerde, quizá sea el ambiente en el que nos encontrábamos el que daba un contraste que me generaba esa sensación
…
Teníamos mucho tiempo, por lo general nos dedicábamos a caminar por los valles a campo abierto, solo por precaución, teníamos que mantenernos alejados de los focos de guerra, y esa fue mi solución, ya no oía las voces, tan solo escuchaba a esas cosas que estaban dentro de mi imaginación, que generaba la corona, estoy seguro, esas cosas son reales, no son meros seres creados por mi locura… algunos me hablan, otros quieren comenzar platicas, pero los evito, no sé luego de aquella situación en la cual el lich me hizo liberarlo no confío en más nadie, en ninguna de esas cosas… por más que no me dejen en paz, que me molesten, y que no pueda vivir de esta manera…
- Ta da da da lala la la - Tarareaba junto a Marcy, seguía el ritmo junto a mí, posiblemente habíamos encontrado algo en común que nos acercará… ella con una marcada tendencia a las "artes" y yo un aficionado de la música, no cantante, sino alguien a quien le agradaba la música nada más y nada menos…
En unos primeros momentos, los alimentos sobraban, en pleno caos teníamos un "futuro" asegurado, con provisiones de los supermercados de los almacenes y cada hogar abandonado…
Al pasar los días comencé a pensar que ese estado no sería por mucho tiempo, ya no encontraba más gentes, nos encontrábamos solos, quizá fue otro error, nos separamos mucho de las masas de gente que escapaba de quien sabe qué… y ahora no podíamos encontrar ni un alma en ese fin del mundo
-¿Marcy?, ¿Marcy?- Gritaba preguntando y buscándola… la encontré leyendo uno de mis libros en una banca de la plaza… -¡Oh!, Marcy, no sabía que te gustará leer… ¿historia?- Le pregunté entre dudas
-Ooo… ¡yeah!, creó- Me dijo mirando el libro entre dudas…
-Tranquila pequeñita, hay libros por doquier, encontraremos algo que te guste- Le comenté… -Algo más acorde a tú edad- Informé mirando mi mochila con libros… estaba excedido de equipaje pero en aquellas largas noches de vigilia no había nada más que hacer que leer…
Buscaba algo con textos infantiles, cuentos y esas cosas… al no encontrarlas pensé que sería buena idea instruir a la niña, en cosas de la humanidad, ya que por lo que podía verse el mundo estaba en un caos total, aunque todavía no pude observar la verdadera dimensión de la situación ya que me encontraba en el ojo de la tormenta… del huracán
-¡Ops!, al parecer no tengo nada que puedas leer Marcy… igualmente creó que lo que puede interesarte está aquí- Le dije, tocando mi cien, allí donde guardaba mis recuerdos… ella rebosante de necesidad de conocimiento y yo con el anhelo de hablar con alguien… había allí una cuestión de afecto, o era lo que podía ver al transcurrir las horas…
Escribir, hablar, contar, calcular… pensar, cosas que Marcy como humana debía aprender para llevarse bien con los nuestros, yo me incluía en ese listado creado por la humanidad de sus miembros, era parte… poesía, artes, literatura, aunque todo lo podía hacer basándome en palabras, mucho se perdía y se perdería… sin ilustraciones fidedignas de lo que le decía todo terminaba por ser palabras de un viejo loco…
Teníamos el día a día, teníamos el tiempo de nuestro lado, el lich no me buscaba, o por lo menos no lo sentía presente… la corona no me hablaba solo la llevaba conmigo por precaución, el hielo se volvió mi fuerza, el frío se volvió mi sangre, lo presentía estaba más cerca del rey helado de lo que podía imaginar, el lich se disipaba, incluso cuando colocaba sobre mi cabeza la corona mágica
-¡Por el poder del hielo y la escarcha!- Gritaba según Marceline, sus imágenes sugerían que yo al ponerme la corona entraba en un trance que no había sentido o percibido antes… quizá la situación empeoraba, y no le podía mostrar mi sensaciones de temor a Marcy, ella las absorbería, tenía que arreglármelas solo…
La sensación de soledad me invadió desde aquél día, en ocasiones la pequeña Marcy las apaciguaba… era saber que en realidad no solo ella me necesitaba a mí, sino yo a ella… pasaron los meses… el caos llegó a las góndolas de las grandes cadenas de almacenes y supermercados, irremediablemente al poco tiempo todo se vació… era una hora difícil, había que conseguir los alimentos diarios, mi gran pregunta fue, ¿A dónde se fue la comida que no estaba?... alguien se la comió… y debía buscar la forma de llegar hasta ellos, de meter a Marcy en su cultura, de no quedar aislados de la sociedad humana…
-¿Por qué tenemos que hacer esto Saimon?- Me dijo… cuentas, matemáticas, esas cosas no le gustaban a la niña…
-Es muy importante Marcy, todos tienen que saber sumar, restar, aprender a multiplicar, dividir, como debemos aprender a hablar y a cantar- Le dije… sonrió…
-Es muy aburrido esto Simón- Dijo…
-Marcy, hay una necesidad clara en todo esto, debemos volver con los demás, no podemos estar tan solos, aislados del mundo… tenemos que regresar con ellos, allí tendrás un futuro- Le informé… básicamente nos encontrábamos rastreando a los rebaños humanos en su emigración… aún sin rastros…
-¡No quiero esto Simón!- Miraba los libros de textos, los observaba con desdén, me recordó a mi princesa Betty… y no podía dejar de llorarla en mi interior… la extrañaba, por más que pasaran mil años, podría continuar extrañándola, Betty
-Marcy, encontraremos al resto de la humanidad, y para ser alguien deberás tener conocimientos, no lo entiendes hoy, pero lo entenderás cuando seas mayor…
Continuamos nuestra travesía por el fin del mundo, encontrábamos todas las reliquias soñadas por la humanidad, todo destruido, todo aquello que cientos de años de ciencia y evolución habían puesto en nuestros hogares en el mismo caos, todo entreverado…
Las maravillas de la ciencia fueron un arma de doble punta, podía haberse previsto desde la época de las guerras mundiales… ya lo han dicho esto, pero no está demás volver a destacarlo… la ciencia un cuchillo de doble filo que en mi criterio puso a la humanidad contra las cuerdas…
-¿Marcy?, ¿leyendo un poco?- Le pregunte con la respuesta a la vista, abrí mis ojos estaba agotado, la corona me tenía agotado, ¿por qué la corona me tenía agotado?... habíamos visto cosas terribles en las calles, esos seres pseudo mutantes que nos perseguían por las calles de las ciudades las habían tomado, cada vez se "reproducían", no sé bien como decirlo, se hacían más, más… más… su número aumentaba de manera exponencial, y ya se me hacía imposibles de evitar…
Entre las cosas que llevaba en mi espalda, se encontraba el pesado deber de proteger a Marcy, no solo por ella, ni por Hunson, más bien por mí, ella me mantenía cuerdo en mis cabales pese a que ella se molestará conmigo… no comprendería lo que debo hacer, no lo podría llegar a comprender es solo una niña
Me sorprendí de mis habilidades de rastreo… siguiendo en la nada misma me encontré siguiendo el paso a una marcha humana, una caravana hacia donde no sabía dónde iban… igual los debía seguir… habían huellas, muchas huellas, una marcha a pie y líneas marcadas en la tierra provenientes de lo que podían ser ruedas de vehículos… aceleramos el paso con Marcy, la cargué junto a mi mochila, sobre mis hombros… el tiempo apremiaba más que nunca, pasamos de no tener un tiempo limitado a tener el tiempo a cortos plazos…
La corona, cada vez me hacía ver más loco, la locura comenzaba a entrar en mi vida y no sólo como cosas meramente espontáneas, sino más bien de una manera arraigada en mis pensamientos, confundía mis pensamientos con pensamientos entreverados, no podía dejar de ver esos seres, seres del otro mundo, del lado de la corona, me volvía loco con mayor frecuencia, y no podía hacer nada para evitarlo, la corona me mantiene con vida en este mundo, pero el precio a pagar es mi cordura, la locura en la que me estaba metiendo, tengo que salvar a Marceline, como se lo prometí a su padre, pero más que nada tengo que salvar a Marcy porque es lo que quiero hacer… poner a salvo a esa niñita… aún a costa de mi vida…
-Marceline-… -Te quiero… te amo Marcy- Le dije, viéndola de reojo al caminar por esa ruta casi desértica, -¡Yo te quiero Simón!- respondió con una euforia desmedida a la que esperaba, ella me miraba con sus ojitos desde mis hombros… no le agradaba, pero aun así era necesario viajar aprisa… me deshice de parte del equipaje, ya no se podía llevar tanta carga… el tiempo era ese el momento, y no quería que nos dejaran atrás, quizá algunos vuelos o travesías en otros vehículos, si nos quedábamos dormidos la podíamos pagar caro
