Capítulo 6: Puntos de inflexión

Al final decidí marcharme en paz, en tranquilidad… tenía el control de la corona, podía pensar lo que estaba haciendo, podía ver los ojos de aquellos que estaban enfrente a mí… las ordenes ridículas que me daban en nombre de un gobierno que parecía carecer de toda autoridad sobre alguien… ese era el problema… esos seres me siguieron provocando pese a que de decidí irme dejando a Marceline sin ningún tipo de incidentes…

La orden que uso un click antes de la calamidad fue… "quieto ahí, o te disparo"… un voz por dentro me decía, "Marceline no puede permanecer con ellos, es peligroso para la niña", me repetía en la cabeza esa lúgubre voz, esa extraña voz… me reclamaba regresar y traer conmigo a la niña… -¡Maldita seas!- Me gritaba esa voz… me decía "regresa rey helado, ella nos necesita", no sabría que decir con respecto a la voz, era a muy pesar mío una voz de un sujeto estúpido y ridículo, condenado de antemano por errores que cometió, puede que hasta deseara remediar lo irremediable…

Esa voz me hizo repensar la situación de esa niñita, esa voz me devolvió al mundo real… la corona no me controlaba, la cordura por alguna razón me distraía de aquellas cosas que me hacían vacilar… aun así, la corona me daba el poder del hielo y del frío

-¡Todo estará bien pequeña Marcy!- Le grité, ella pedía ayuda luego de mí grito, fue una reacción en cadena… -¡Estoy aquí te protegeré!- Le grité… vientos huracanados salían de mis puños y podía presentir como sus balas eran levemente alteradas con el viento… para defenderme creé muros de hielo, un camino de hielo que me protegiera, una estructura básicamente piramidal que sirviera de refugio de aquélla agresión… levitando gracias a lo frondosa de mi barba saltee la puerta de entrada, los muros, el sujeto que tenía cautiva a Marcy permanecía congelado, literalmente se lo veía como un cubo de hielo… aún pese a eso tenía presa con su mano a Marcy, me acerqué rodeando el lugar con un iceberg gigante proveniente de la tierra… el aire se convertía en un manso bloque de hielo, de escarcha, fácilmente manejable, hasta el punto que se convertía en una masa concisa de hielo, un pedazo de glaciar gracias a la presión que el propio hielo se hacía a sí mismo

-¡Esto fue una mala idea Simón!- Me dijo, ella intentaba zafarse del apretón que el militar ejercía sobre su bracito… una púa fue la solución… clave esa púa al individuo y liberó a Marceline… me alejé del lugar por arriba, levitando o volando como lo quieran ver… sujete fuertemente a Marceline junto a mí con mi mano, resguardándonos a ambos de las balas de los humanos…

Me alejé mucho del lugar, no sabría decir cuánto… al aterrizar lo primero que hice fue quitarme la corona con un golpe seco… cayo rodando por el suelo… me toqué los bolsillos de mi pantalón, buscaba algo, no lo encontré…

-Marceline… debo decirte algo- Le dije… -Sobre tú… acerca de ti-… ella esperaba una respuesta próxima a mí afirmación, y yo no sabía que decir… respondí lo más simple que se me ocurrió… -Te quiero-… El dialogo estaba cortado, no podía recordar… una vez más

-Yo a ti Simón- Me dijo dándome un fuerte abrazo…

Caminamos… ella se veía extraña… como si estuviera pensando en algo, algo que no quería compartir con este viejo… estúpido…

-Marceline, cada día me pondré peor… mírame, si no lo recuerdas, esta imagen no es la que recuerdo, no es mi cuerpo, no soy quien está tomando las decisiones… me reconocí con el nombre de "el rey helado", Marcy… es peligroso para ti…

-No pasará nada Simón… estaremos por siempre juntos, venceremos sea lo que sea que nos enfrente…

-No… es ridículo Marceline… hay algo que tienes que saber… perteneces a ese lugar, yo no pertenezco más… por más explicaciones ridículas que dé, nunca me creerán… regresa… a ti te perdonara, una niña no puede tener malas intenciones-… Le dije… me miraba en un reflejo de un charco claro y transparente… -Yo seré más peligroso para ti de lo que podrían ser ellos… ve Marcy, regresa a tú hogar- Ella me miró…

-Lo has decidido, ¿verdad?... ¿no puedo hacer ni decir nada que te haga cambiar de idea?- Preguntó… agarré la corona, la sujete con mis manos frente a ella, el gesto final fue la respuesta más clara y contundente que pude darle… me puse la corona…

Recuerdo haberla visto correr, regresando hasta el lugar que era refugio de la humanidad

Caminé… mi vida expuse de formas absurdas, de maneras ridículas e innecesarias… creí poder ser el héroe de la historia, la única cosa que tenía clara era que ya no podía luchar contra la locura de la corona, ya no tenía fuerzas ni ánimos…

Caminé hacia el refugio, en la entrada me preguntaron el nombre… "Marceline" respondí de forma natural… -¿Marceline?- Se preguntaron entre ellos… me veían, me miraban de arriba abajo… -Pasa- Dijo invitándome a ingresar a la sociedad perdida

Pasaron unas horas, poco más… una imagen se venía a mi mente… la postal de la soledad, estaba en ella Simón en el desierto, solo con su corona… y una sensación de oscuridad merodeando por los alrededores… lloré por horas… lloré por horas, y golpeaba la pared de mi habitación… primero con mi puño, luego comencé a patear mis cosas… mi Hamboo salió desdepedido por la patada, grité su nombre suplicando su perdón…

-¿Qué pasa aquí?- Me preguntaron… salí corriendo de allí, por alguna razón no hubo advertencias… no me dijeron nada… sólo salí de allí sin ningún tipo de problemas…

La gente se corría de mi recorrida, nadie intervenía, y pensaba que no podía abandonar a Simón en ese momento, no podía dejarlo solo luego de tanto que había hecho por mí, que tanto me había enseñado, con lágrimas en los ojos, lo imaginaba muerto, poseído, o perdido, una extraña mezcla de todo…

-¡Simón!- Comencé a gritar en donde nos habíamos separado, sin tener respuesta… lo buscaba como loca, él me necesitaba, y yo le había fallado una vez más… pese a no ser ya una niña…

Lo busque… me canse de buscarlo… cuando creí rendirme unos días luego, pude encontrarlo… melancólico, depresivo, angustiado, y no sabía cómo hacer para acercarme a él… al fin y al cabo, había desobedecido una orden suya…

-¿Simón?- Pregunté… me acerque por detrás suyo, hasta que luego de preguntarle varias veces si era él, o lo que fuese, le dije: -¿Estás bien?- toqué su hombro… -¿Simón?, ¿Estás bien?- repetía y me acerque a su lado… me senté junto a él…

No me respondía… miré hacia el cielo… según decían allí estaban todas las respuestas… no pude leer ninguna, me quedé sentada junto a él, tenía sueño, me quedé dormida…

Lo seguí… no me miraba, no me respondía, caminaba en silencio, toda la travesía fue así… me sentía mal, la corona había tomado el control… estaba en un estado similar a los zombis, aunque aquellos querían vivir, estaban apegados extrañamente a la no-vida, en cambio Simón no parecía querer vivir

Pasaron unos días, no comió, no durmió… el silencio era lo cotidiano… hasta que de un momento a otro comenzó a gritar, a discutir a insultar, no sé a quién… igual lo podía imaginar… me creía parte de esa ilusión en la que ahora vivía… como esos seres que tanto menciono… mi voz, su ilusión… así de gris y oscura se volvía la vida de Simón, ¿quién podría querer vivir en esa horrible soledad?

Común en mí, me puse a llorar… a pensar, a escribir… más tarde a suplicar, a pedir clemencia de aquella tortura que era la desidia… si a mí me hacía doler, si yo sufría, no quiero ni pensar lo que habrá soportado Simón todos esos años… por mí culpa…

Un momento exploté, todas las emociones se juntaron… exceptos aquellas que se contraponían por momentos y se autodestruían… -¡Siempre me cuidaste Simón!- Le gritaba entre lágrimas recordando mágicos momentos que pasamos en el pasado, -¡Siempre me protegiste aun perdiendo tú vida, tú ser!-, -¡Y no me dejas hacer nada para remediar en algo la culpa que siento!...

-¡Abandone aquél lugar que tanto soñaste para mí!- Le grité con ira… -¡Vine aquí para estar contigo, para charlar!... y así me respondes… ¡con silencio!- Le grité con la angustia presionando mi garganta, no podía hablar… debía challar

-¡No quiero perderte Simón!... soy egoísta sí, lo sé, ¡no quiero perderte!... ¡te amo demasiado para desearte la muerte!- Le informé… -Por eso estoy aquí-… Le dije, poco le parecía importar…

-¡Me escapé de aquél lugar al que me llevaste arriesgando tú vida para acompañarte!-... Más silencio, ese horrible silencio… -¡Y así me respondes Simón!- Le grité con una ira descontrolada, salió desde lo más profundo la cachetada que le di… prácticamente voló del golpe que le había dado… en llantos le repetía una y otra vez lo antes dicho, y le seguía diciendo "Abandone aquél lugar que tanto soñaste para mí" cada vez con más serenidad… posiblemente resignación

Un momento después, con una mirada rota y una lagrima empañando el rostro de Simón me dijo: "eres tú Marceline", un suspiro profundo hizo, también suspire profundamente, y agregó, "Creí que esas malditas alucinaciones volvían Marceline a jugar con mi mente una vez más", lo abracé muy fuerte, lo máximo que pude hasta que él dijo, "¡Ok!, ok, estoy bien, estoy bien"…

Paso el tiempo con gran rapidez esos últimos años… en una ocasión me dijo… "Marceline no eres una niña" Posiblemente sea extraño que resalté esto, me llamó la atención de la manera que lo decía, porque para él siempre era Marcy la niñita que rescato del fin del mundo… me habló seriamente esa ocasión… no podía dejar de reír por dentro

-Vamos a tener que hablar enserio- Dijo, desde el momento que dijo esa frase hasta el final de la charla, la conversación me causo gracia… -Ya no eres una niña, estas entrando en la segunda o tercer etapa de tú vida-… ¿? … -Algún día encontraremos un libro que hable sobre las chicas, yo no tengo la menor idea del asunto sólo puedo informarte lo básico…

Fue hilarante sin lugar a dudas… mi misión repentinamente se basaba en encontrar un texto sobre la adolescencia… sobre sexualidad, el sexo, sobre las relaciones… parecía estar obsesionado con eso ese último tiempo… y a mí me seguía causando riza cada vez más

Simulé interés, no quería parecer ingrata… pensaba que la posibilidad de ser madre estaba fuera de mi rango, por lo visto estaba equivocada… aun así… cuando Simón Petrikoc se ponía serio era cuestión de rizas…

-Algún día encontraras a tú príncipe azul- Me dijo… lloraba por alguna razón… se lo veía aún más pálido de lo corriente con un tono celeste bastante próximo al azul… -Eres mi príncipe azul, quien me salvo, quien me rescato y me dio el conocimiento… Simón- Le respondí… "cuando lo encuentres, me enteras a lo que me refería este día"

Pasaron unos años más… Simón no hablaba más de la corona, no había referencia al tema, estaba con él, no la usaba, casi nunca… nos ocultábamos de los monstruos, nos alejábamos de aquél lugar si veíamos algo sospechoso… y por momentos me preguntaba si había hecho bien en abandonar el refugio de los humanos… ya que a la intemperie la cosa se ponía peor cada noche…

Simón repitió durante mucho tiempo que el conocimiento era valioso, apreciaba mis momentos de ocio leyendo lo que tenía a mano, y más aún ante la insistencia de Simón… él me repetía "el conocimiento te salvara" y me decía a mí misma, "¿de qué?" y veía mi alrededor

Con el tiempo nuestra relación empeoro… no había chistes, no había comentarios mutuos, la relación parecía congelada… y así continuo por un tiempo…

Y llegó un día… la pesadilla de la niña Marcy se hacía realidad, ese cuento que muchas noches Simón me conto cobraba vida en la realidad, "el lich" le llamaba, nos había encontrado… a mí no, que estúpida soy… a Simón…

Simón congelo los alrededores creando un muro de hielo solido que nos separara del lich, que llegar a nosotros costará mucho… "corre Marceline" recuerdo haber oído… mi insensatez no permitía hacer eso… quedé petrificada en aquél lugar… paralizada del miedo… una fobia… según había leído… no podía moverme del lugar… no temía al lich, temía perder a Simón

El pánico rigió el momento, esa horripilante sensación de abandono volvía intensificada… y Simón creando columnas de hielo separándonos del lich, lo congelo dentro de un domo gélido y aun así continuaba lanzando los vientos fríos y el hielo a mansalva

"Corre Marceline, no te quiere a ti… me busca a mí", oía y no quería hacer caso a lo que me contaba… "sabíamos que este día llegaría desde el momento que lo desafía, ¡te preparé para este momento!", no podía, y lo volvía a intentar, miré mis pies si estaban congelados a la tierra, y no, no lo estaban… quería huir de la escena… no podía, Simón me contagiaba su temor… sus fríos, sus escalofríos… todo eso sobre mi cuerpo

-¡Maldita seas estúpida niña!- Me gritó… -¡Acaso no entiendes que todo lo que hice lo hice por ti!... Me corte las venas por ti, y tú estúpida te quedas con miedo a algo que desconoces, ¡No te sirvió de nada todo lo que te dije, los mundos que te mostré!... ¡Pendeja mal agradecida!- Volteó a mirarme con una mirada que inspiraba más miedo que la del mismo lich… me comenzó a tirar con zarcillos de escarcha, los esquive, me moví sin pensar en otra cosa que la locura al fin había tomado protagonismo en el cuerpo errabundo de Simón Petrikov…

-¡Simón!, ¡No hagas eso!- Le grité… advirtiéndole que me podía causar daño para que recapacitará, para que midiera sus actos… empeoraba mi posición… lich y Simón… pesadillas, pesadillas de una niña que ya no era… igual así, el miedo existía…

-¡Tú padre debe estar enfermo por la incapacidad de su hija!- Me grito con furiosa ira, con rizas macabras se me reía… -¡Tú madre bien muerta está!- Me informó… -¡De ella sales, a ella sales!...

Y perdí el miedo… ¿cómo?... no lo sé…

Comencé a correr… gritando mil veces en voz alta "no te lo perdonaré jamás"… corrí sin mirar atrás… un camino de hielo se creó a pocos centímetros de mí… seguía un sendero más allá de mi vista… no podía ver el final de ese camino… pasaron las horas, entre correr y caminar, más bien de huir… y volteé para mirar por primera vez en todo ese largo trecho… una tormenta gigante giraba con fuerza donde presumía estaba Simón y la corona del rey helado… relámpagos creados por la fricción de los vientos que se chocaban constantemente… y creó recordar la riza de Simón burlándose de mí… "no me busques, no me perdones, no necesito tu perdón, si te busco no me hables, si te persigo evítame, aléjate de mí… si no te recuerdo ese no soy yo"… me quedó grabado en mi interior