Capítulo 2: Aquel que no es humano

Solo la luna iluminaba con su brillo tenue la abrasadora oscuridad de la noche, una leve brisa soplaba llevando consigo las hojas caídas de los árboles; y esos dos estaban ahí, en la cima de la montaña mirándose a los ojos.

-Pregunte quien eres.

-Yo…mi nombre es Sakura…

-Debes darme el medallón.

-¿Mi medallón?... ¡no puedo!-exclamó sujetándolo con ambas manos-

-¿Que dices?-pregunto frunciendo el ceño levemente-

-Este medallón me lo dio mi madre…antes de morir…es lo único que me queda de ella…

-Ese no es asunto mío…yo lo necesito y debes dármelo. -respondió de forma definitiva-

-Si me tratas de esa manera…no te ayudaré…

-Jamás pedí tu ayuda… ¡te estoy exigiendo que me lo entregues!-comenzaba a impacientarse-

-¡Pues no lo hare!-sujetando fuertemente el medallón entre sus manos-

-¡Ah demonios!...está bien…si no me lo quieres entregar…te llevaré conmigo…en algún momento tal vez me seas útil…

-¿Que dices?

Sin responder esta pregunta, el joven colocó sus dedos sobre la frente de Sakura y ésta cayó inconciente; pero antes de que cayera al suelo la sujetó en sus brazos con sumo cuidado. A pesar de ser un vampiro, esa niña no le había temido, si no que más bien lo había enfrentado protegiendo algo apreciado por ella, a pesar de ser un vampiro no sentía la imperiosa necesidad de alimentarse de ella…a pesar de ser un vampiro jamás había asesinado a nadie.

Abrió los ojos lentamente, se sentía algo mareada y no sabía porque había perdido el conocimiento. Al mirar el techo notó que se encontraba dentro de una cueva; pero no era aquella cubierta de inscripciones, si no una cueva común. Estaba acostada en el suelo, pero no directamente, sintió que había algo suave debajo de ella y giró para mirarlo. Era aquel saco negro y largo con extrañas figuras en dorado; era el saco que traía aquel joven. De pronto sintió que no estaba sola y cuando giró la cabeza pudo ver a una bestia que la observaba, era una especie de tigre gigantesco de color amarillo; sus ojos eran dorados y en su cabeza tenía un casco con una gema roja en el centro y al igual en su pecho, una pequeña armadura con otra gema roja un poco más grande. Se quedó paralizada, no sabía que era lo que estaba viendo.

-Veo que ya despertaste…-dijo la bestia acercándose-

-Pu… ¿puedes hablar?

-Si, aunque te asombre.

-Eres una especie de bestia… ¿que habla?-preguntó confusa-

-No soy una bestia…soy una guardián-aseguró sentándose frente a ella-

-¿Un guardián?

-Si…el guardián del dueño de ese saco.

-¿Te refieres a ese joven que estaba en la cueva?

-Si, el mismo.

-¿Y quien es él?

-El es…

-Eso a ti no te importa.

La vos del joven interrumpió la conversación, había llegado desde lo más profundo de la cueva en donde no se podía ver nada. En medio de tanta oscuridad su pálido rostro se ensombrecía un poquito más.

-No seas tan descortés, amigo.

-¿Que es lo que me reclamas Kerberos?

-Pues que eres demasiado antipático con esta joven…después de todo…

-Nada…no tengo por que ser amable con ella.-interrumpió determinante-

-Oigan por si no se dieron cuenta, yo sigo aquí.

-¿Y eso que?-dijo el joven lanzándole una mirada sumamente fría-

Frunciendo el ceño con algo de molestia solo desvió su mirada hacia otro sitio; miró hacia la salida de la cueva, afuera era de día y el sol alumbraba radiantemente.

-Ah claro, por eso estamos aquí…

-¿A que te refieres?-preguntó el guardián Kerberos-

-Pues a que…afuera es de día…y los vampiros no pueden salir al sol ¿cierto?

Lanzando esta indirecta quiso devolverle al joven todos los malos tratos y palabras frías que había recibido de él, pero enseguida notó que él bajo la cabeza y sus ojos entristecieron, entonces el sentimiento de culpa la invadió.

-Si, tienes razón…los vampiros no podemos ver la luz del sol…

Luego de decir esto desapareció nuevamente en la oscuridad de la cueva antes de que Sakura pudiera decir algo.

-Lo…lo siento…

-Tranquila…-dijo Kerberos-…el es algo extraño por naturaleza y…tu no tienes la culpa de la maldición con la que carga…

-¿Maldición?

-Si…tal vez algún día el te tenga la confianza suficiente para contártelo…

-¿Algún día…?-mirando su medallón-… ¿por que dices eso?

-Por alguna razón te trajo con nosotros…

-¿Dices que me necesita para algo? –quería entender-

-Tal vez…por ese medallón que traes.

-¿Mi medallón?...-mirando dicho objeto con incertidumbre-…ahora recuerdo que él me exigió que se lo entregase…

-Eso es porque lo necesita…

-¿Lo necesita? ¿Para que?

-No puedo decirte…si el no me lo autoriza…

-Entiendo…-poniéndose de pie-…¿sabes? eres muy amable…me caes bien.

-Gracias niña…tu también a mi.

-Soy Sakura.

-Yo soy Kerberos.

Luego de las correctas presentaciones, unos segundos de silencio reinaron en la cueva mientras que solo podía oírse el cantar lejano de algunos pajarillos y el sonido del viento jugando con las copas de los árboles.

-Oye… ¿ya no estamos en esa cueva llena de inscripciones cierto?

-No…ni siquiera estamos en ese mundo…

-¿Quieres decir con que ya no estamos en ese mundo?-de repente comenzaba a preocuparse-

-Hemos viajado a otro mundo.

-¿Qué¿ ¡¿otro mundo?! –su corazón pareció pegar un salto dentro de su pecho-

-¿Que sucede?

-Mi padre…el se preocupará mucho…además no quiero dejarlo solo…temo que algo malo le suceda…-acercándose rápidamente a la salida de la cueva-

-¿Tu padre?-siguiéndola-

-Si…el es arqueólogo…y estaba trabajando en la cueva en la que lo encontré a él…solo que no habían llegado hasta allí.

Al llegar a la salida pudo ver que efectivamente no estaban en el mundo que ella conocía, su rostro demostró mayor preocupación ¿Qué haría?

-No puede ser…

-Seguramente tu padre estará bien.

-No se…-bajando la mirada-…el se preocupa mucho por mi…y yo por el…

-Es lo normal…-Kerberos lo sabía muy bien-

-Cuando tenia doce años perdí a mi madre…no quiero perderlo a él también…es lo único que me queda.

-No se que decirte.

-No digas nada…tu no tienes la culpa…-pequeñas lagrimitas asomaron en sus ojos-… ¡él me trajo aquí así que él deberá regresarme!

-Pero…

-No te preocupes…se lo pediré de la mejor manera posible…aunque…-se quedó pensativa por unos segundos-…tal vez esté siendo egoísta…

-¿Egoísta?

-Si…si el necesitaba tanto este cristal…tal vez tenga una razón muy poderosa…no puedo dárselo pero…lo acompañaré hasta que logre llegar a lo que se propone.

-Sakura…

-No creo…

Ambos se dieron vuelta y pudieron ver el rostro del joven aparecer nuevamente desde la oscuridad, sus facciones seguían siendo inexpresivas.

-No creo que tú puedas hacer algo para ayudarme…

Sabiendo que él no podía acercarse a la luz, ella regresó hacia donde se encontraba el joven de pie y le habló con toda sinceridad, mientras sujetaba con ambas manos su medallón.

-Sabes…se que hay algo que te entristece…

-¿Que?-el rubio se sorprendió al oír esto-

-Se que quieres este medallón para algo que es muy importante para ti…así que te lo prestaré…

-…

-No puedo entregártelo porque es un recuerdo muy preciado de mi madre…pero te acompañaré hasta que logres lo que deseas.

-Yo…

-No hace falta que digas nada…-sonriendo tiernamente-

Por primera vez se pudo ver en el rostro de aquel rubio parchado algo de serenidad; que suavizó sus facciones y alejó un poco la tristeza en su mirada; al ver esto Sakura se sintió satisfecha.

-No te preocupes todo estará bien…-con una amplia sonrisa-

El joven la miró asombrado, aquella chica era sin duda alguien muy especial, le inspiraba una calidez que no sabía explicarse y en medio de tanta oscuridad era como una luz brillante que parecía ayudarle a encontrar su camino.

-Por cierto…

-¿Si?

-…mi nombre…es Fye…

-Fye… ¡mucho gusto!…mi nombre es Sakura…

-¿Eh?

-Te pido disculpas por lo que dije…empecemos de nuevo ¿si?

-Como quieras.

El castaño de unos cuarenta y tantos se despertó con los primeros rayos del sol en su rostro, debía apresurarse puesto que su grupo de colegas iría muy temprano a inspeccionar esas ruinas en la cima de aquella montaña. Lavó su rostro con el agua de un jarro que estaba allí, y luego de secarse se colocó sus anteojos, entonces se escuchó una voz que lo llamaba desde afuera.

-¡Fujitaka!, ¡partiremos en veinte minutos!

-Lo sé, casi estoy listo.

-Bien, te esperaremos.

Terminó de acomodarse las ropas, colocó sus instrumentos en el maletín y salió al exterior. Seguramente debería levantar a su hija, ya que siempre le costaba despertarse cuando era muy temprano, por eso había pensado en dejar que duerma y avisarle solamente que se marcharía por unas horas. Se dirigió a la carpa donde debería estar Sakura durmiendo, abriendo la puerta de esta con cuidado.

-Hija… ¿estas despierta?

Nadie respondió por lo que el hombre imaginó que efectivamente estaría dormida e ingresó a la carpa; pero al hacerlo encontró la cama vacía.

-¿Sakura?

Miro para todos lados, pero no había señales de la joven. Salió al exterior y miró la montaña; tal vez ella había ido a explorarla por su cuenta; pero eso parecía inconcebible ya que nunca había desobedecido a su padre… de todas formas creer que se había aventurado sola era mejor que pensar en la posibilidad de que hubiera desaparecido…


Notas de la autora: Este capitulo salio con bastantito dialogo uwu pero bueno, creo que deja ver un poquito mas a los personajes, aunque el misterio sigue(?) x3