XI. ACUARIO
SIDE A
I know all there is to
know about the crying game
I've had my share
of the crying game
First there are kisses,
then there are signs
And then before you
know where you are
You're sayin' goodbye
The crying game, Culture Club.
Sus ojos azules habían enfocado trabajosamente la cámara mortuoria en donde suponía, porque todo era una suposición, que había descansado su cuerpo mortal… ese debió ser el lugar en donde depositaron sus restos una vez que murió… levantó la mirada para enfocar a detalle y se dio cuenta de que sobre su cabeza no había cielo estrellado, no había nada más que tierra, olor a muerte y humedad, era todo… estaba por debajo del suelo, los miembros no le respondían del todo, le costó trabajo habituarse a su cuerpo físico, a sus movimientos naturales… era como ocupar un cuerpo del que no estaba seguro ser dueño y señor.
Se había incorporado con lentitud sobre el cajón, aquello era siniestro, una especie de broma de pésimo gusto, respirar le estaba costando lo indecible, sentía que el aire le faltaba y por más que trataba de llenar los pulmones no conseguía gran cosa.
Cuando dejó de desesperarse y de atragantarse con su propia respiración lo siguiente que notó fue el tacto metálico y frio de algo que descansaba entre sus dedos. Al bajar la vista, cual doncella inocente, en la mano descansaba el pesado anillo de oro y un colmillo… ¿De león?...
Sí, tenía que ser de un gran felino, esa clase de colmillos sólo pertenecían a los grandes felinos, al menos no había pasado las clases de Biología, aderezadas con Zoología, en medio de la aburrición… recordaba… sí… tenía recuerdos… y ese colmillo… después se fijó con detenimiento en el anillo de oro, pero al tratar de levantarlo en la mano débil, su cuerpo tembló, escapó de entre los dedos y fue a parar al piso.
—Merde! —maldijo, se llevó la mano a la garganta, para sentir la vibración de sus propias cuerdas vocales y del flujo de la saliva cuando tragaba.
Fue un error tratar de levantarse, las piernas no le sostuvieron del todo, trastabilló y cayó de rodillas al piso, como si el féretro le escupiera y no desease saber de él por considerarlo indigno.
Así como estaba, de rodillas, alcanzó el anillo…
El escudo de armas de la quinta casa de Leo…
"Aioria".
Lo sostuvo de nuevo y hasta ese momento fue consciente, en su totalidad, de lo que pasaba: de alguna manera había vuelto a la vida.
Escuchó pasos… luego vio a Saga, el arcadio se acercó hasta él y lo ayudo a incorporarse, sus ojos azules y su mirada más bien triste, en silencio le confirmaba lo que sospechó: que estaban vivos, que los que habían sido convocados al Mundo de los Muertos, habían vuelto.
Regresó… y lo que él consideró como un milagro, se convirtió en un castigo, un martirio.
Shion, Saga, Shura, Death Mask, Afrodita… él… el Inframundo…
Espectros, ahora eran Espectros al servicio de Hades, irían por la cabeza de Atenea… esa era la misión.
Saga y Shion lo habían dicho muy claro: "Tenemos que volver por Atenea, pase lo que pase… por la Infanta Atenea", y todos aceptaron, todos… ellos eran guardianes, protectores, una vez guerreros, siempre guerreros.
Días, noches… el tiempo en el Inframundo no se contabilizaba de la misma manera que en la Tierra, así que perdió la noción del mismo, sus recuerdos estaban intactos, recordaba todo con claridad.
—¿Estás seguro de poder hacerlo? —había inquirido el hispano con su habitual tono de voz, profundo, serio.
—Por supuesto, ¿por quién me tomas? —contestó irónico.
—Te lo pregunto porque… noto la perturbación en tu cosmos, aunque vistas la Sapuri no…
—Haré lo que tengo que hacer —finalizó el marsellés.
—Joder, no soy yo el enemigo a vencer… —dijo Shura en su defensa.
Sí… era verdad, estaba… ¿Perturbado? ¿Esa sería la palabra correcta? Pensaba, un par de días más y estarían fuera de aquel castillo nauseabundo, con sus nauseabundos moradores, un par de días para estar en el Santuario, otra vez.
Contempló la armadura, la Sapuri de Acuario, era una copia exacta de su armadura de oro, brillaba en aquellos tonos purpúreos.
En la soledad de ese agujero de los mil demonios no podía evitar pensar en… sí… estaba pensando en él, en ellos, ¡en todo!... Milo Kyrgiakos, el Arconte de Escorpión… Aioria Deligiannis el Arconte de Leo… ellos dos… los recordaba, perfectamente, más de lo que deseaba.
Más, mucho más...
Si cerraba los ojos podía recordar los besos lascivos, calientes, fuego ardiente, de Milo, rememoraba en su piel las caricias que tantas veces le arrancaron gemidos y calor, a él, al morador del thòlos de Acuario, al sacrosanto hijo de Ganímedes, a su congelado cuerpo… "canéfora", así se burlaba el melio de él. Esa era la mofa particular.
Inútil era enojarse justo en ese punto de la historia. Pero ¿Para qué mentir? Le cabreaba, nadie como Milo para hacerlo cabrear… nadie como el estúpido griego para sacarlo de sus casillas. Apretó los puños.
—Hijo de la gran zorra… porque se necesita ser realmente idiota para caer contigo —farfulló—, se necesita ser un ingenuo como yo.
Tragó saliva, el pulso se le empezaba a agitar otra vez, se descolocaba si pensaba en el melio y sus muchos pecados, la única piedra en su camino se llamaba Milo.
Su rubio cabello cayendo por la musculosa espalda… su piel caliente… c-a-l-i-e-n-t-e… caliente como lo ponía, en un suave toque disparaba la erección como mástil de bandera… como en ese momento… y volvió a maldecir porque no importaba que estuviesen en una crisis en ese instante, él se sentía excitado.
Sacudió la cabeza para expulsarlo de su cabeza y para sacar las imágenes pornográficas… pero lo siguiente que le vino a la mente fue Aioria, sus ojos verdes, su cuerpo apolíneo… sus manos… sus manos, ante todo esas manos que le trataron antaño con cuidado, con pasión, porque no lo iba a negar, Aioria podía ser muy atorrante pero era un amante como pocos, podía sentir el pulso en las sienes, si se acercaba a él sabía que iba a terminar cogiendo… c-o-g-i-e-n-d-o… sin cuartel, follando como locos… la boca del ateniense, su garganta palpitante mientras lo devoraba…
Sus cabellos pelirrojos se agitaban ante su respiración cada vez más veloz. Casi estaba resollando…
—Eres un asqueroso pecador —se dijo a sí mismo.
Y antes de que pudiese ser consciente de ello, una de las manos ya estaba entre sus muslos ocupada en la maldita necesidad de atención, de afecto, cerraba los ojos y a la velocidad justa saciaba su cuerpo.
—Solo un pecador se haría una paja en un momento así…
Y ese final con una gran venida se lo dedicaba a Milo, por ser el cabrón que era, y por tenerlo subyugado a sus deseos, a su bota, a los restos de su cariño, porque eso tampoco lo olvidaba, que siempre esperaba las migas de su amor, y que él, seguía como loco, desde que era un efebo… dándole una y otra oportunidad, hasta que fue a dar con Aioria, por venganza y fue la más dulce de las venganzas y la más amarga, desde ese momento su corazón se dividió en dos…
Odio era lo que le quedaba, rencor, por sí mismo y por ellos.
Ellos vivían, él moría, el volvía a vivir… para volver a morir, sin poder purgar sus pecados, sin poder remediar todo lo que hizo mal, se debatía entre la culpa y su ego herido.
Si Milo no se le hubiese cruzado, él viviría aburrido y ermitaño en el thòlos de Acuario, sin saber de los placeres, se hubiese quedado muy feliz con sus humillantes poluciones nocturnas. Pero no, fue y se le metió en la cabeza, en el corazón, en el cuerpo… y Aioria… aunque él había sido distinto, también terminó enseñándole más… un abanico de perversiones, y de amor…
Extrañaba a ese niño ingenuo que era cuando llegó al Santuario, tan lleno de sueños, de inocencia, de entrega total a la orden, de fe ciega… extrañaba al niño que soñaba con historias prohibidas, historias de amor… en medio del orgasmo quiso llorar de frustración y de tristeza… porque supo que al final, era como todos los Valois: un romántico empedernido…
SIDE B
I'm crazy flowing over with ideas
a thousand ways to woo a lover so sincere?
love and hate what a beautiful combination
sending shivers up and down my spine
For every Casanova that appears
my sense of hesitation disappears
love and hate what a beautiful combination
sending shivers up and down my spine
And the lovers that you sent for me
didn't come with any satisfaction guarantee
so I return them to the sender
I love to hate you, Erasure.
