Aquí está el cuarto capítulo, espero que disfruten. Quiero dedicarlo a mi mejor amiga que es su cumpleaños y ¡me la quiero mucho!
Este es mi capitulo favorito de los que llevo escritos, así que para que lo disfruten mas tienen que meterse en la piel de Blaine, él es el protagonista del capítulo.
Quiero recordar que los personajes y escenarios son de Fox, Ryan Murphy y colaboradores.
Y recuerden dejar reviews.
–Capitulo 4: Pide un deseo en un bar y se cumplirá–
– Banda de inútiles, no me podéis hacer ni una maldita pirueta sin que salga mal. Alice, deja de llorar. Solo te has dislocado el brazo. No te estás desangrando. Por favor que alguien la lleve a la enfermería. Descanso de 5 minutos y volvemos. –Sue estaba más de los nervios de lo habitual. Faltaban pocas semanas para la competición de animadoras y los Cheerios no se sabían la coreografía. Estaba sumisa en sus pensamientos cuando un murmullo la despertó.
–¿Sue?
–¡Qué!
– Me dijo que necesitaba ayuda. Aquí estoy.
–Es verdad, Porcelana. No me acordaba. Un momento. –Sue bebió de su batido energético mientras se limpiaba el sudor con una toalla, para después coger el megáfono y volver a gritar a los Cheerios. –Acercaros todos. – Los Cheerios dejaron de hacer los estiramientos y se encaminaron hacia el centro de la pista donde Sue estaba junto a Kurt, que vestía con el traje de los Cheerios. Sue le había dicho que se lo pusiera Y el no había replicado ya que en verdad le gustaba como le quedaba. –Vale, hoy tenemos una ayuda extra. Porcelana, ex Cheerio ha venido a ayudarnos. Así que haced lo que él haga. Él sabe animar. No como vosotras banda de inútiles.
–Vale. Vamos a empezar a practicar la pirámide y después practicaremos las piruetas individuales y las duales. –ordenó con un poco de dudas por si se equivocaba, ya que en ese caso Sue lo mataría. Pero a diferencia de lo que pensaba Kurt, la tarde fue muy bien.
Practicando piruetas, saltos y volteretas, Kurt las observaba y les daba consejos de cómo mejorarlas. Todo bajo la mirada de Sue. Que cuando nadie miraba se le dibujaba una sonrisa en su rostro. Una sonrisa que Kurt se podía tomar como un cumplido. Al finalizar los entrenamientos. Todos se fueron al vestuario.
Kurt se quedó hablando con Sue de lo que tenían que mejorar. Al irse hacía el vestuario. Sue le dio las gracias. Kurt no se podía creer lo que acababa de oír.
Cuando entró en el vestuario. Ya no quedaba nadie. Estaba agradecido. No quería aguantar a los idiotas de los futbolistas. Todavía les temía, aunque él fuera un graduado. Oyó unos golpes y unos quejidos. Cuando fue a ver qué era o quién era el que producía ese ruido espantoso. Se encontró a Blaine golpeando un saco de boxeo. "¿Por qué estaba tan sexy?" pensó, estaba sin camiseta, así que su torso trabajado tenía ríos de sudor. Iba con unos pantalones cortos. Y a causa del sudor la gomina le había dejado los rizos rebeldes suelos. Sí, realmente estaba empezando a ponerse caliente.
–¿Blaine?
–¡Kurt!, Dios me has asustado.
–Lo siento. Yo sólo, mejor voy a ducharme y te dejo…– Kurt estaba nervioso. Él no había querido provocar esa reacción en Blaine.
–No pasa nada, espérame. Yo también tengo que ducharme.
Kurt se fue hacía un banco y empezó a desnudarse y a doblar la ropa, cuando estuvo la guardó y cogió los geles y se enrolló una toalla en la cintura. Pasó por delante del banco de Blaine y vio que este ya estaba la ducha. "Allí vamos Kurt, tu puedes hacerlo." Al entrar en la ducha deseó no haberlo hecho. Dios Santo Blaine era más hermoso de lo que recordaba. Los músculos de los brazos y piernas estaban más fuertes que nunca. Tenía una figura perfecta. Estaba más moreno y ahora su piel era de un color oliva oscura. Y su culo o dios su culo, no tenia palabras para describirlo.
Para Blaine también tenía una vista espectacular. Kurt tenía la piel más perfecta del mundo, pálida y delicada. Era perfecta. Y su cuerpo, era fantástico, delgado pero musculado.
Y así se quedaron durante lo que parecieron horas. Duchándose uno delante del otro. Sin hablar. Cuando acabaron al mismo tiempo salieron de la ducha y se vistieron. A la hora de irse. Kurt agarró de la mano a Blaine.
–Blaine. Y–yo estaba pensando si querías quedar esta noche para ir a un bar que me han dicho, ya sabes si tu bueno, ya sabes, si tú quieres.
Blaine dudo.
–Ok. Nos vemos allí a las 7.
Kurt se había mirado en el espejo durante horas. Su habitación estaba llena de camisas, pantalones, chalecos y otras muchas prendas de ropa. Llevaba desde que había llegado arreglándose, y su pelo estaba perfecto. Pero con la ropa estaba teniendo problemas.
Sonó el teléfono. Era Rachel.
–¡¿Qué?! –pregunto chillando histérico.
–Tranquilo Kurt soy yo, ¿estás bien? ¿Te noto nervioso?
–No estoy bien Rachel, he quedado con Blaine en un bar de aquí a media hora y no sé qué ponerme. Me va a dar un infarto como no encuentre una camiseta perfecta.
–Ok, ok. Kurt. Respira y piensa que te pondrías en Nueva York. Ese será el conjunto perfecto. ¿De acuerdo? –Kurt lo pensó tenía razón, no sabía porque pero solo el hecho de pensar en que Nueva York era la ciudad de la moda en américa, su conjunto perfecto salía como por arte de magia.
–Gracias Rachel eres la mejor. ¿Por cierto que estáis haciendo?
–Sé que lo soy. Bueno Santana esta de los nervios así que mejor no molestarla ya sabes cómo se pone. Y yo creo que voy a invitar a salir a Finn. Ya sabes como amigos.
–Me parece perfecto. Rachel. Me tengo que ir. Te llamó después.
–Adiós Kurt.
De acuerdo. Ahora sabía que ponerse.
Cogió unos pantalones de cuero que le quedaban muy, muy ajustados. Se puso una camisa sin mangas y un chaleco. Se arreglo el pelo un poco puntiagudo. Cogió el teléfono, la cartera y las llaves.
En el coche encendió la radio y mientras empezaba a sonar la música ( watch?v=nPvuNsRccVw) pensó "Allá voy Blaine Anderson, esta noche serás mío."
Cuando llegó al estacionamiento, Blaine lo esperaba allí. Estaba muy guapo. Llevaba unos tejanos ajustados y rasgados. Una camisa negra con los botones de arriba abiertos. Dejando ver su pecho, el pelo lo llevaba sin gomina y eso hacía que sus rizos le quedaran ajustados en el contorno de su cara, perfilándola.
–Hey.
–Hey. ¿Entramos? –preguntó Kurt, nervioso. Mientras miraba la puerta del bar, huyendo de la mirada de Blaine.
–Si claro.
Cuando entraron al bar. Un olor a colonia, humo y alcohol les impacto. No se veía nada. Excepto de las luces de neón. Se dirigieron cogidos de la mano hacia la barra para no perderse ya que todos los hombres del bar los miraban como si fueran blancos fáciles para ellos. Blaine pidió un Gin Tónic, mientras que Kurt se pidió un margarita. Un silencio profundo los rodeaba y solo mantenían contacto para sonreírse levemente, después giraban la mirada y observaban la gente en la pista de baile; cuando el alcohol empezó a hacer efecto empezaron a hablar sobre temas sin importancia, sobre la ropa de la otra gente, como bailaban, y así pasaron el rato, bebiendo hablando y riendo de la gente.
Cuando Kurt se tomó su cuarta copa. Blaine lo quiso parar ya que sabía que al mayor no le sentaba muy bien el alcohol y que aunque fuera mayor de edad, no bebía y no estaba acostumbrado.
–Kurt, creo que tendrías que parar de beber.
–No seas abuela Blaine. Ven vamos a bailar. –dijo animadamente Kurt saltando del taburete donde había estado sentado y cogiendo el brazo de Blaine para dirigirlo a la pista.
–Kurt…
–Vamos.
Blaine se dejó llevar a la pista de baile porque sabía que Kurt tenía más fuerza y era más cabezota. Empezaron a bailar separados, pero Kurt lentamente se iba acercando a Blaine sin que este lo notara, cuando estuvo suficiente cerca le agarró del cuello y empezaron a bailar juntos, muy juntos. Blaine no se apartó. "¿Por qué tendría qué hacerlo?" Pensó, le gustaba. Lo estaba disfrutando y no estaba haciendo nada malo.
Kurt se acercó a su oreja y le susurró.
–Soy tuyo Blaine, siempre lo he sido y siempre lo seré. Todo, todo tuyo.
Blaine se heló con esas palabras, le impresionaron. Notó como todo el calor de sus mejillas aumentaba de golpe y empezaba a bajar hasta su entrepierna.
Kurt se acercó a besarlo, pero se tambaleó. "Mierda, estaba muy ebrio, esperaba que Blaine no se hubiera dado cuenta." Pensó mientras volvía incorporarse, pero era demasiado tarde Blaine se había dado cuenta.
–Kurt, estas muy borracho, vamos. Te llevaré a casa.
–No, no quiero. –Kurt cruzo los brazos como si se tratara de un niño pequeño, se giró y volvió a empezar a bailar. –Quiero quedarme aquí y bailar toda la noche.
–Vamos, tenemos que salir de aquí.
–No, no quiero.
Blaine resopló por lo que tenía que hacer. Cogió a Kurt en brazos, sin hacer caso a los quejidos de Kurt y los golpes que le daba mientras pedía que le soltara. Kurt era más alto. Pero él era más fuerte. Lo cargó más alto y pidiendo paso se dirigieron al estacionamiento. Cuando llegaron, Blaine abrió la puerta del coche y metió a Kurt dentro. Antes de que Blaine pudiera salir, Kurt se abrazó a Blaine con los brazos y las piernas como si se tratara de un mono y empezó a besar a Blaine. Primero pequeños besos de amor, pero después se convirtieron en besos con más deseo, un deseo encerrado por mucho tiempo, que ahora con ayuda del alcohol dándole valor, no tenia fin. Cuando Kurt bajo las manos hacia la entrepierna de Blaine, este se finalmente reaccionó y se apartó bruscamente .
–¡Kurt!
–¿No me deseas verdad?, ya no me quieres. Soy una persona horrible. –Gritó Kurt entre sollozos.
–No, Kurt, claro que te deseo. Pero estás borracho. Y ninguno de los dos queremos hacer esto estando borrachos. ¿No crees?
–… Tú sabrás, pero eso quiere decir que ¿todavía me quieres?
–Ya hablaremos de eso más tarde. Sube al coche. Te llevaré a casa.
–Ok.-respondió todavía con pequeñas lágrimas en los ojos y un gran puchero formado en los labios.
Subieron al coche y Kurt se recostó en la parte trasera y Blaine empezó a conducir. Kurt rompió el silencio con una súplica.
–Cántame.
–¿Qué?
–Cántame por favor…
–De acuerdo.
Blaine conectó la radio y empezó a sonar una canción. Kurt no la conocía. Pero Blaine sí y la empezó a cantar. Dulcemente. ( watch?v=YmQiJOaI3QI). Consiguiendo que Kurt se relajara. Cuando la canción acabo, Blaine miró de rejo a Kurt, este estaba profundamente dormido, las luces de las farolas reflejaban sus rasgos de porcelana relajados con una arruguita en la nariz y una leve sonrisita dibujada en los labios. Esta imagen hico sonreír a Blaine.
Al llegar Blaine paró el coche lo cogió en brazos. Llamó al timbre. Burt les abrió. Se quedó sorprendido ante la imagen de su hijo siendo llevado por el menor como si fuera una princesa, pero no dijo nada, mañana ya hablaría con Kurt.
Blaine subió hasta la habitación de Kurt. Le quitó la ropa dejándolo solamente en bóxers. Lo observó durante unos minutos. Después lo arropó y le dio un beso casto en los labios, lentamente se inclinó en su oreja y le susurró "Nunca te he dejado de querer Kurt Elizabeth Hummel". Y se fue. Se despidió de Burt con un simple adiós sabiendo que el adulto pediría explicaciones más tarde a su hijo y se sentó en el coche. Empezó a pensar en las palabras que acababa de decir inconscientemente y se preguntó si eran verdad. Pero cuando vio la hora que era empezó a reí ante el recuerdo que su mente le había recordado sobre la situación que había tenido con Sebastian y allí estaban otra vez las dudas. Grandes y pesadas dudas.
–¡Blaine Warbler! –exclamó Sebastian cuando vio a Blaine llegar al estacionamiento del bar. Iba con una camiseta de cuello V blanca y unos pantalones ajustados negros, el pelo lo llevaba arreglado y perfecto como siempre. – Tan guapo como siempre ¿no?
–Hola Sebastian. –No lo dijo pero el también estaba guapísimo, llevaba una camisa blanca y unos pantalones verdes, que hacían que sus ojos se vieran más verdes que nunca.
–Gracias por notar que estamos aquí enamorados. –dijeron Nick y Jeff dirigiéndose a ellos y dando a Blaine un gran abrazo
–Hola chicos, os veis muy sin esos horribles uniformes.
–Gracias –dijeron riéndose y dándose un pequeño beso.- Es por eso que aprovechamos estas salidas, para ponernos ropa normal y disfrutar de nuestra relación –dijeron señalándose a ambos, que vestían ambos con unos jeans de colores y unas camisetas negras con cuello en forma U.
–¿Y donde están los otros? –preguntó Blaine extrañado mientras miraba el recinto.
–No te has enterado todavía, esto es un bar gay. Solo venimos los gay.
–Claro, lo siento culpa mía estoy despistado. Felicidades por la pareja.
Los chicos rieron ante el despiste de Blaine, Nick añadió con cara de enfado pero sonriendo– Has estado desconectado demasiado tiempo Blaine.
–Yo, lo siento es verdad que he estado distante desde hace tiempo. –acabó con un susurro, porque no quería darle importancia al tema de Kurt. Y ellos lo entendieron.
–No pasa nada, pero te ponemos al corriente mientras entramos –explicaron mientras se dirigían a la entrada del bar. –Salimos del closet, hará un cosa de un año, y todo el mundo se lo tomó normal, todos lo sabían excepto nosotros –rieron al recordarlo– y bueno, empezamos a salir, aquí estamos. Felices y enamorados.
–Asqueroso –exclamó Sebastian haciendo como si vomitara.
–Más te gustaría a ti tener a alguien Seb. Tu solo vas saltando de flor en flor. Y nosotros sabemos que te estás cansando. Y quieres a un amorcito romanticón.
–Lo que digas Jeff… ¿Entremos y pasemos un tiempo divertido? Ya que veo que algunos no están acostumbrados a salir y pasárselo bien. –Rio mirando a Blaine, que este observaba el local, como si mirara un lugar nuevo y mágico.
Las luces de neón iluminaban la pista donde la gente bailaba al ritmo de una música electro. Alrededor de la pista unos sillones de plástico transparente le daban un toque moderno, en ellos la gente se sentaba y hablaba animadamente mientras bebían de sus copas coloridas. Las máquinas de humo dejaban la parte baja del local nublosa.
Se dirigieron a la barra, donde se sentaron en unos taburetes, donde empezaron a pedir las bebidas.
–¿Blaine? –pregunto Sebastian que le hacía señas para que volviera en sí.
–¿Sí?
–¿Qué quieres de beber?
–Es verdad. Una soda por favor.
–¡Espera!– exclamó parando al camarero y ahora refiriéndose a Blaine– ¿Una soda?, ¿Debes estar bromeando no? ¿Qué tienes 15 años? ¿Prefieres un zumo?
–Lo siento señor alcohólico, no estoy acostumbrado a venir a bares.
–Un Gin Tonic –ordeno al camarero que se había ido a servir a otra gente, cansado de esperar. –no soy alcohólico, pero no tengo 5 años y no bebo soda.
–¡No tengo 5 años! –dijo a la defensiva pero riendo. –Y además no me sienta muy bien el alcohol. La última vez que me quedé ebrio, besé a Rachel Berry y cuestioné my homosexualidad.
–Dime que es mentira –gritó Sebastian que no se podía imaginar a su amigo besando a Rachel
–No de verdad, pasó. Desde ese momento no bebo. –lamentó Blaine mirando por lo bajo a Sebastian que no paraba de reírse como un loco. El camarero llegó y les entrego las bebidas. Las cuales se las bebieron de un trago.
–Ok ahora empieza lo bueno, vamos a bailar.
–¡Vamos! . –voceó Blaine que empezaba a hacerle efecto la bebida.
Se fueron a la pista donde empezaron a bailar al ritmo de la música. Minutos después Nick y Jeff se unieron. Un chico rubio, alto y vestido con una camisa a rayas negras se acercó a Blaine en la barra donde tomaba ya su segundo trago. Empezaron a hablar mientras Sebastian les miraba. Cuando el chico rubio se acercó para besar a Blaine un líquido azucarado le golpeo la cara se giró con los ojos llenos de ira, seguido por la mirada de sorpresa de Blaine. Para encontrarse con Sebastian aguantando la copa donde había estado la bebida.
–¡¿Qué demonios haces?!
–No te acerques a "mi" chico.
–¿Tu chico? –ahora era Blaine el que hablaba. Pasmado por la afirmación que acababa de oír. Pero no le dio tempo a replicar. Porque Sebastian le cogió del brazo y se fueron hacía fuera.
–Sube, te voy a llevar a casa. –ordenó Sebastian mientras abría la puerta de atrás par que Blaine subiera.
–No –respondió Blaine que se había tirado al suelo y lo miraba con unos pucheros dibujados en su cara.–Quiero ir a bailar.
–Sube.
–¡No!
–¡Dios! Ves Smythe, eso te pasa por traerte a alguien a un bar y más si traes a un príncipe que ha perdido a su princesa. Estúpido. Ahora podía estar con algún tío de allí dentro y no haciendo de niñera.
–¿Con quién hablas, pareces tonto?
–Lo dice el que está tirado en el suelo borracho.
–Te dije que quería soda.
–"Touché". Ahora por favor ayúdame a subirte al coche.
–Quiero a Kurt –soltó Blaine que ahora se abrazaba a sí mismo, con lágrimas en los ojos.
–Ufff…–Sebastian cerró la puerta del coche y se acercó a Blaine. Le abrazo y empezó a cantar con una voz suave para calmar el llanto que escapaba de la cara enterrada en el cuello de Sebastian. ( watch?feature=player_detailpage&v=psuRGfAaju4)
Sebastian consiguió relajar a Blaine que en la mitad de la canción le empezó a acompañar mientras se abrazaban. Cuando la canción finalizó. Los dos se abrazaban. Sonriendo. Empezando de nuevo.
-¿Me perdonas? –preguntó Blaine más relajado.
-¿Por qué debería hacerlo? Soy yo el que te hecho la vida imposible.
-Ya, pero yo me he comportado como un bebe. Lo tuyo está en el pasado.
-Lo tuyo también.
-¿De nuevo?
-De nueve –afirmó Sebastian abrazando a Blaine.
Espero que les haya gustado.
Dejen reviews. Son lo que me hacen segui escribiendo. Y además les adoro.
¡Besos!
