Bien, primero que nada esta es la segunda parte de lo que ya no es más un one-shot xD y mil y un gracias por sus comentarios, me hubiera gustado responderles a todos, pero a falta de tiempo y medios se los voy a responder ahora jeje.

xX Mefis Xx : Creo que a vos sí había alcanzado a responderte, pero por si acaso te respondo xD. Gracias por leer pese a que no te agrade mucho la trama jeje, me alegro de que te guste y lamento mucho lo que pasará en este capítulo teniendo en cuenta tu rechazo a las infidelidades ;), sólo puedo decirte que esta historia tendrá un buen final…

Cloy Jubilee: Me alegro de que la historia te haya gustado ^ ^, y que te haya hecho reír porque la historia no busca ser algo muy serio, simplemente busca entretener –aunque esta vez tendremos un poco de drama- xD. Gracias por la información del OC, es que no soy de escribir muchos AU. Por otro lado, no había caído en cuenta del narcisismo de Yuriy hasta que leí tu comentario y releí la historia y me dije: "tiene razón!" pero bue, creo que le pega bastante bien a la historia jaja. Y sip, este Rei es más tierno *-* aunque también tendrá sus propias sorpresas ;).

Gabz: Gracias por leer :D como adoro tus historias me hace sentir bien que te gusten las mías. Aunque que estés del lado de Kai me alegra aún más, infieles! xD

Hanabi: Aunque no estés registrada te voy a responder, gracias por leer y me alegro de que te guste la historia ^^.

Aome Kon: Aunque no estés registrada te voy a responder, gracias por leer ^^ y no sé si se cumpla tu gran gran pedido jajajajajaja.

Advertencias: lemon y demás detallitos que no creo que tengan importancia, simplemente sepan que no estoy de acuerdo con algunas cosas o hecho que se llevan a cabo en la historia.

Disclaimer: Beyblade no es mío, es propiedad de Takao Aoiki.

– – –

Dos por uno son… ¿tres? (Segunda Parte)

Parte VI: Pelea

No puedo creerlo, jamás me hubiera imaginado que la despedida de soltero de Bryan fuera así. Claro que toda la noche tuve que aguantar que las bailarinas me tocaran por todos lados y tuve que fingir que me gustaba por pura cortesía, no iba a dejar mal a mi casi hermano frente a todos sus amigos y compañeros de trabajo. Obvio que estoy completamente seguro de los demás sujetos saben que yo soy homosexual, no es noticia eso. Más allá de todo, y quitando la molestia de las chicas, la noche fue de lo más genial. Bebí hasta el hartazgo y nos reímos de haberle hecho las mil y un bromas a Bryan. Pero al día siguiente la resaca no me dejó poner ni un pie en la calle.

Menos mal que la dichosa despedida fue un sábado, porque el domingo estuve tirado en la cama con un dolor de cabeza matador y con la incertidumbre de quiénes eran los que estaban durmiendo a mi lado esa mañana. Creo que esa será la gran incógnita de toda mi vida, lo bueno es que se fueron ese mismo día y ni siquiera les pregunté sus nombres, pero al juzgar por los condones usados en mi cesto de basura, no pasó algo peligroso, sea con hombres, con mujeres o con… ¿un travesti? ¿Desde cuándo está ese sujeto acá? ¿Qué pensarán los vecinos? No vuelvo a ir a una fiesta con los amigos de Bryan en toda mi vida y él se queja de los míos, que hipócrita. Pero bueno, lo hecho está hecho, ya no puedo volver el tiempo atrás. Después de todo el viejo chusma de al lado, el Sr. Dickenson, está con sus sobrinos en Canadá, así que no recibiré comentarios molestos.

A la semana siguiente fue la boda propiamente dicha, aunque los dos se casaron nada más por civil, dado que Mao es budista. Pero ero descuiden, ella no usa muñecos vudú ni ninguna de esas cosas, porque si no apuesto a que yo ya no sería la bomba sexy que soy, lo que en realidad piensa la loca es en seguir los ideales de Buda o algo por el estilo, la verdad yo de religión entiendo tanto como de latín y eso que sé hablar japonés, inglés, español, ruso y alemán. Bryan es una suerte de católico protestante o algo así, él solo cree en dios y listo, creo que igual que yo. Pero no voy a indagar tanto detalle de mi religión.

Lo que realmente importa es que estas dos semanas han sido bastante entretenidas. Ya que, sumado a mis anteriores descripciones de mis vivencias con Bryan y Mao, ahora Mao Chou de Kuznetsov, estaba el hecho de haber tenido acción muy seguido con Kai. Era extraño, porque a veces no pasábamos de una simple revolcadita todas las semanas, y ahora él casi que lo hacía con desesperación cada dos o tres días. Y yo no me iba a quejar cuando me vi envuelto en sus brazos, ¿cómo negarme? Si ni siquiera puedo quejarme de que sea un bruto animal, porque es cuidadoso, amable, atento…siento que lo describo mucho.

Por otro lado, Rei Kon ha estado viniendo mucho más seguido a la compañía. Cualquiera pensaría que sospecha algo de lo que pasa entre su marido y yo, pero al juzgar por cómo conversa conmigo, cómo nos llevamos bien y cómo a veces se queda hablando más conmigo que con mi jefe me hace dudar de si realmente sospecha algo. Rei no parece un tonto, la verdad parece muy inteligente, pero no puedo creer que no se de cuenta. Tal vez es demasiado inocente en cierta forma. Otra cosa que hemos estado haciendo juntos con el chino –y no malpiensen, porque no le he tocado ni su miserable pantalón– es llamarnos. Todas las noches tenemos una extensa conversación sobre la vida y sucesos del mundo o simplemente sobre cosas sin sentido. Hasta mis propios padres se sorprenderían de verme colgado del teléfono a mis 27 años y medio como si fuera una colegiala con sus amigas. Después de hablar nosotros dos por un tiempo, Rei le pasaba el teléfono a Kai o lo ponía en altavoz, y claro que el bicolor con su típico humor de perros no emitía más de cinco palabras.

Todo iba de maravilla, yo satisfecho y la gente satisfecha. Obviamente, soy tan bueno que puedo complacer a muchas personas a la vez y al mismo tiempo hacerme feliz a mí mismo. No es que sea vanidoso, es la verdad, nadie se resiste a mí. Ni siquiera las mujeres, porque las amigas de Mao también se babeaban por mí en la fiesta del casamiento. Me sentí deseado, observado, casi desvestido con la mirada, en pocas palabras, me sentí genial. Adoro ser el centro de atención y que todos giren a mí alrededor, pero tampoco puedo pretender estar siempre en el lugar que todos desean.

Por ejemplo, ahora estoy bajando por el ascensor de la empresa hasta el estacionamiento subterráneo, donde tengo mi moto estacionada. Mi turno finalizó por fin y Kai se despidió de mí con una sesión de sexo rápido que fue hecho con la calma suficiente como para que mi ropa no se manchara. Sin embargo, mi jefe dijo que iba a terminar de acomodar algunos asuntos en la computadora y que se iría después. Yo no le critiqué nada, es su empresa, su vida, si él quiere buscar ahora amantes por internet sin que nadie se entere es problema de él. Por eso mismo bajé y fui a buscar mi moto.

Una vez estuve listo, es decir subido al vehículo, con el casco puesto y me hube mirado en el espejo del manubrio, sólo para ver si el casco quedó bien puesto y mi cabello bien acomodado, arranqué. Tuve que aguardar unos segundos porque la calle estaba muy transitada y en ese momento vi como otra moto, de color azul marino, avanzaba y se estacionaba en la puerta de la empresa, donde era el lugar para los jefes y personal discapacitado. Muy pronto vi bajar a Rei Kon de la misma y caminar hacia el guardia nocturno, que hoy es Sergei, lo saludó cordialmente con esa sonrisa en la que muestra sus dulces colmillos. De nuevo la imagen de esa boca lamiendo y mordiendo cierta parte de mi cuerpo me atacó y me hizo sonreír, estaba comenzando a entusiasmarme con la idea cuando lo vi desaparecer dentro del edificio. ¡Oh cruel destino que no me dejas cruzarme a solas con esa criatura! Pero bueno, la hora siempre llega…

Así volví a hacer andar la moto en cuando tuve la oportunidad. Anduve a una velocidad relativamente lenta, porque con el tráfico que había me era imposible pasar inclusive entre los autos, estaba apretado como una lata de malditas sardinas. Pero así tenía que conducir por Nueva York o tenía que esperar a que pasaran los buses, que tardan horas y horas en llegar a su destino. Lo peor de todo son los semáforos que te hacen detenerte a cada rato y tardan largos e interminables segundos en ponerse en rojo. En una de esas detenidas en las esquinas, mi mente hizo un click y llevé mi mano a mi bolsillo. No estaban, mis malditas llaves no estaban. Intenté recordar un poco y entonces me di cuenta de que las había dejado sobre el escritorio.

—Maldición —dije en voz baja y arranqué a mucha velocidad, pasando el dichoso semáforo en rojo y doblando por una calle a contra mano. Anduve una cuadra así, escuchando las bocinas de los autos que reclamaban mi falta de respeto por las leyes viales y yo les respondí con un gesto que hacía mucho no usaba. Finalmente pude doblar por una calle para poder regresar a BioVolt.

No puedo creer que se me hayan olvidado las malditas llaves en el puto escritorio. Pero todo es culpa del maldito de Hiwatari que me distrajo, yo no tuve la culpa de nada esta vez. Simplemente olvidé mis llaves, Sergei va a tener que disculparme por dejar la moto aparcada junto con la de los jefes y demás, porque eso mismo hice. Vi aún allí a la moto de Rei, mas debo reconocer que le presté muy poca atención, por lo que pasé directamente y le expliqué la situación al guardia. Sergei me entendió y me dejó pasar como si nada.

Me adentré en el elevador y marqué el número al que deseaba ir. Entre mil y un maldiciones por mi parte, llegué al piso deseado. Como odio olvidarme algo, necesito urgentemente una pareja que me traiga de todo al trabajo y que me lleve las cosas a casa, o sea, necesito a alguien como Rei Kon. Aunque guiándome por esa descripción necesito un sirviente y no un novio. Una vez que logré adentrarme en mi oficina busqué con la mirada las dichosas llaves y justo como lo recordé estaban sobre el escritorio. Por ello di un suspiro y caminé hacia allí, menos mal que nadie desconocido entra aquí a estas horas o si no…

— ¡Te lo he dicho mil veces!

Mmm… ¿acaso mis oídos me engañan? ¿O es realmente la voz de Kai, el ser más frío del universo pero con un carácter espantoso, la que escucho?

—Pero… Kai…

¡No lo puedo creer! Esa voz tierna y angelical es la Rei, de eso no hay duda. Pero ahora parece quebrada, como si estuviera a punto de soltarse en llanto. O quizá me equivoco y están desbordando de placer en la oficina del jefe, lo que no me sorprendería.

— ¡No quiero que vuelvas a venir a la empresa!

Pero por el tono que tiene la voz del japonés creo que no es para nada hacer el amor desenfrenadamente, parece una discusión. ¿Una discusión en la oficina? Esto tengo que verlo con mis propios ojos.

Por eso mismo me acerqué a la puerta y me arrodillé levemente delante de ella, para espiar por la ranura de la misma. No soy de los que observan las conversaciones ajenas, pero una discusión entre mi amante y su pareja no me la puedo perder. ¡¿Qué?! También tengo mi lado chismoso, pero no voy a iniciar los rumores de ruptura, no difundiré los secretos como hace Ivan. De lo contrario estoy seguro de que Kai me despedirá y me pasará lo mismo que a Brooklyan, pobre y sexy muchacho.

—Kai, yo sólo…

— ¡No me importan tus excusas baratas!

La escena era como sacada de una telenovela. Kai estaba parado delante de Rei, muy cerca de él, casi que lo tenía arrinconado contra el escritorio y sostenía un pendrive en su mano. Dicho objeto fue aventado contra el suelo cuando el chino de bellos ojos dorados habló. En cuando a Rei, casi podía ver cómo temblaba ante la mirada furiosa de su marido y cómo sus ojitos vidriosos le miraban casi rogándole por compasión. ¡Qué sínico eres Hiwatari! Tener a esa hermosa criatura frente a tus ojos, con ese aspecto tan vulnerable y estar tan sumido en la furia que no lo besas y te lo coges en ese momento, es un sacrilegio.

—Perdóname amor —habló Rei y entonces vi como mi jefe lo sujetaba por las majillas, con una sola mano, como me suele hacer a mí cada vez que le trato mal. Al menos ahora sé que o bien trata a todos por igual o estoy a la altura de su esposo.

—Quédate callado —. Eso sonó más a una orden que a un pedido. —De ahora en más no quiero que pongas un pie en BioVolt, ¿entendiste? — ¡¿Qué?! ¿Por qué? Rei no ha hecho nada malo, esto es una injusticia.

Acto seguido lo vi soltarle muy bruscamente, tanto que el pobre muchachito dobló el cuello y fijó su vista en la dirección en donde estoy. Vi sus ojos cristalinos y me enternecí, inclusive una lágrima corrió por su mejilla.

—No puedes pedirme eso, eso no Kai, por favor —volvió a decirle y le miró nuevamente, de seguro estaba llorando por la voz tan quebrada que tenía.

Ante mi sorpresa observé cómo mi jefe elevaba un puño y me sorprendí. Kai no es así, Kai sería incapaz de golpearlo, él no lo haría, ¿verdad? No… Pero tal parece que sí, porque su puño no se detuvo y admito que desvié la mirada y no vi cuando le propinó el golpe, nada más escuché el sonido seco de tal acción y un par de sollozos que se hicieron presentes. Pobre chico, ¿tan mal le ha hecho para merecer eso? A ver, Kai le es infiel y el muchacho tiene que soportar que le hable así, si tan solo supiera la verdad de seguro no tendría que estar pasando por ello. Pero si él sabe la verdad mi reputación se irá por el caño y podría irme despidiendo de mi empleo y de mis vacaciones en Brasil. Mejor no me entrometo, quizá son discusiones de pareja en las que no debo meterme y listo.

—Kai… tu… yo… —intentó hablar Rei pero tal parece que el llanto no le deja hacer su voluntad.

Con solo verlo sobándose la mejilla, donde supongo que le propinó un fuerte puñetazo, con las lágrimas corriéndole por el rostro y mirándolo como si le suplicara que lo perdonase por algo, me hierve la sangre. ¡Oh, por favor! Rei sabes karate, defiéndete. ¡No dejes que te golpee! De seguro no lloras por dolor, lloras de impotencia porque lo amas y no serías capaz de devolverle el agravio. El amor debe ser horrible en estos casos, yo jamás pensé que Kai fuera capaz de algo así, siempre lo veía tan amable en el sexo que no se me hubiera pasado por la cabeza que fuera violento. ¡Rei deja de llorar y dale una patada karateka! Haz algo para que ese sujeto se arrepienta, él no merece ni la mitad del amor que…

—…Perdóname —. Quizá me enojé demasiado pronto, pues la voz de Kai me hace bajar nuevamente al planeta tierra y hace que mire detenidamente la escena. Mi jefe se está sobando la sien y suspira con cierto cansancio. Tal parece que fue una simple reacción ante el enojo. ¿Ven? Kai no es malo ni violento, yo les dije que no era capaz de algo así y que nada podría hacerme cambiar de opinión. Siempre supe que él no haría eso a propósito, menos mal que Rei no le devolvió el golpe, la violencia no resuelve nada, sólo trae más violencia… ¡Dejen de verme así!, en el fondo yo no quería que Kon se defendiera o le diera una patada karateka, nada más fue enfado.

—Sólo… vete… —dijo finalmente mi jefe y volvió a mirar a Rei.

—Pero… —intentó cuestionarlo el chino mientras retiraba su mano de la mejilla, dejando ver una marca roja en ella.

—Vete Rei, por favor —comentó y se alejó del chico, dándole la espalda y mirando en dirección al balcón. —Hablaremos bien en casa, sin golpes ni gritos ni llantos, ¿de acuerdo? —, que molesto yo pensé que sólo a mí me trataba como si fuera un niño, tal parece que es una manía suya buscarse amantes y esposos jóvenes para sermonearlos como a niñitos.

—Sí… como quieras Kai —dijo con simpleza y comenzó a caminar, con la cabeza gacha, hacia la puerta.

Momento… ¡yo estoy detrás de la puerta! Me puse de pie rápidamente y di un par de pasos hacia atrás, pero todo fue en vano, porque como Dios me castiga por mi mal comportamiento, me hace la vida miserable en los peores momentos. Pero no importa, yo puedo salir intacto de cada batalla que me mande, y con una pose sexy también, porque les puedo asegurar que ni me despeiné cuando vi la puerta abrirse y a Rei parado delante de mí. Sí les puedo decir que la cara del pobre muchacho lo decía todo, él estaba sorprendido y pude ver que el rojo de sus mejillas ahora era más intenso, de seguro está avergonzado o algo por el estilo.

—Yuriy —dijo mi nombre por la sorpresa, me imagino que ésta sería la misma cara que pondría si estuviera observando un fantasma. No soy un fantasma, si bien mis ojos sí brillan en la oscuridad o al menos resaltan en la noche, pero no soy aterrador.

— ¡Ivanov! —era la voz asertiva y casi gritona de Kai quien casi gritó con horror desde el interior de la oficina. Sé cómo me llamo, no creo que necesite que ahora entre Sergei y me identifique para que todos sepan que soy yo, Yuriy Ivanov, secretario, amante y hombre con un atractivo significativo.

Rei dio un salto, o al menos echó los hombros atrás, y caminó sin dirigirme la palabra. Me rodeó con la cabeza gacha, como si fuera un poste o un objeto inanimado. Entonces lo seguí con la mirada mientras caminaba a paso lento y con el ánimo caído hasta la puerta de mi oficina. Así se perdió por ella y yo me quedé parado sin comprender del todo su reacción. Supongo que son temas que no me competen o supongo también que debería haber salido de ese lugar y no haber escuchado nada, pero no pude resistirme.

—Yuriy —me llamó Kai, entonces me giré y le contemplé. Estaba parado con una mano apoyada en su escritorio, en la otra sostenía un puro y lo iba fumando de a poco mientras me miraba, sus ojos estaban clavados en mí, casi quería fulminarme con ellos. Si bien nunca le había escuchado hablar tanto con alguien, me sorprende verlo fumar ahora, él sólo fuma uno al día para calmar los nervios, yo lo vi fumar antes de irme, o sea que este es el segundo. Tragué saliva disimuladamente y moví la cabeza de manera que se diera cuenta de que le estaba prestando atención, por ello siguió hablando: — ¿Por qué estás aquí?

—Olvidé mis llaves —respondí y le mostré mis llaves, que daban vueltas en el dedo índice de mi mano. No iba a dejarme intimidar tan fácilmente, menos ahora que he visto algo como esto, un rumor de pelea entre la pareja perfecta que es Kai y Rei no quedará bien visto en la empresa.

—Ni una palabra sobre lo que viste, ¿entendido? —comentó con un tono amenazante mientras le daba otra pitada a su cigarrillo. No me intimida, o en realidad sí lo hace, pero no voy a dejar que note que tiene el completo control sobre mí. Yuriy Ivanov es un ser libre que no recibe órdenes, salvo en su trabajo y que se deja dominar si así lo desea.

— ¿Y si me niego a guardar el secreto? —pregunté altaneramente. Con la frente bien en alto se enfrenta a los superiores, no bajaré la frente ante nadie.

—Tengo mis formas de hacerte callar —dijo con los dientes apretados y haciendo un puño con las manos. Me miró con los ojos entrecerrados, parecía tan turbio como creo que son algunos negocios de BioVolt. Parece un verdadero gánster, ¡tengo un amante peligroso! ¡Qué excitante! Aunque no deba excitarme en este momento, lo estoy, mas no voy a dejar que nadie lo note. Por esa misma razón asentí con la cabeza, sin poder ocultar la leve sonrisa que se formó en mi rostro.

Metí las llaves en mi bolsillo y giré sobre mi propio eje, acto seguido salí tan altivo e inquebrantable como siempre. Quizá logre intimidar a Rei, quizá logre hacerlo llorar o golpearlo sin que éste le diga algo, pero yo no soy él. A mí no me va a hacer nada y mucho menos hará su voluntad conmigo. Será él el que me domine a veces, será él el que me penetre siempre, pero no será él el que mande todos mis actos.

Cuando salí por la puerta principal observé que el espacio donde estaba la moto de Rei estaba vacío. El chino se había ido y la imagen de su rostro se me vino a la mente, con esa marca roja, esos ojos acuosos y esas mejillas mojadas, me sentí mal por él, pero ahora estoy seguro de que no puedo hacer nada para ayudarlo. Subí a mi moto y arranqué, conduje hasta mi edificio y coloqué el vehículo en el espacio que me correspondía. Mientras subía iba saludando a mis vecinos, inclusive a la viejita de la otra calle que viene a visitar al Sr. Dickenson, su ex marido de hace cuarenta años, a veces creo que al viejo se le sigue parando por la cantidad de veces que ello lo visita. Pero bien por ella.

Una vez que llegué a mi casa busqué en mi cocina algo de comer y justamente encontré el sándwich de pan de miga de jamón y queso que había dejado el día anterior. Lo tomé y también saqué una jarra de agua, que prontamente prepararía con jugo de naranja porque no tengo deseos de beber cerveza. Mientras dejaba todo en la mesa, y un vaso porque no pienso usar plato para comer un miserable sándwich, fue hasta la sala y tomé mi laptop. La dejé encendiéndose mientras comía y bebía algo.

Sin darme cuenta dejé todo sobre la mesa, inclusive las migas de pan, y quedé mirando la página de facebook. Mi perfil era bastante visitado y con más de quinientos amigos agregados no era para nada inactivo, quizá tenga que ver porque en mi foto aparezco sin camiseta. Coloqué el nombre de Kai Hiwatari en el buscador y prontamente me apareció mi jefe, su foto de perfil era bastante común, era él con un traje de trabajo y un par de lentes oscuros, su foto de portada era una imagen de él junto con su abuelo y Rei, parecía un día cualquiera de un abuelo con su nieto y la novia, o en este caso el novio, de éste. Tenía cerca de mil amigos y eso que es un completo antisocial. Por más que me pasé un buen tiempo husmeando por el perfil de Kai, no le envié la solicitud de amistad. No sé por qué, pero no quiero tenerlo de amigo, él es mi jefe y no creo que deba tenerlo a él en facebook.

Cerré de inmediato la laptop y me levanté de la mesa, para comenzar a limpiar un poco el departamento y ordenar todo. Terminé acostándome a las diez de la noche y me dormí después de ver un programa sobre criminales y tortura nazi, o sea, como a las once y media. Es un horario temprano para lo que estoy acostumbrado, pero creo que inclusive los nervios que pasé hoy son motivo de cansancio.

Parte VII: Pregunta

Esa mañana de domingo fue extraña. No sentía mareo ni siquiera esa miserable resaca que me ataca de vez en cuando. La noche en el Midnight había sido más tranquila de lo que yo pensaba, todo se hizo dentro de ese lugar, casi en grupo y nadie se fue con nadie a su casa. Era la primera vez que iba y no me dejaron entrar a la sala VIP. No me gustó para nada la experiencia, aunque haya encontrado algunos conocidos, para colmo de males hace días, semanas, que no tengo noticias de Rei. Antes me llamaba todas las noches, lo veía en la empresa seguido, pero después de la discusión que tuve la desgracia de presenciar no ha vuelto a dirigirme la palabra.

Inclusive hace un par de días le encontré por facebook. Tenía como foto de perfil una imagen donde aparecían él y Kai, los dos abrazados y con una leve sonrisa, de fondo había una playa por lo que supongo que es de las vacaciones que hicieron los dos en Miami, sí, sé que se fueron allí este verano porque Rei me lo contó. Como foto de portada había una imagen de él y su grupo de alumnos de karate con una copa del torneo internacional. Otro detalle que noté es que tenía quinientos amigos, más o menos, pero era alrededor de eso. Es apenas un poco menos que yo y en todas las fotos aparece Kai o está con sus alumnos, es como si lo siguiera a sol y a sombra. No me resistí y le mandé la solicitud de amistad. Pues hasta el día de hoy no me la acepta.

No sé bien por qué pero parece que me evita, supongo que Kai tendrá algo que ver en todo ello. No creo que se haya puesto celoso de cómo es nuestro trato mutuo, pero en este mundo tan raro no se sabe nada de nadie. Me siento extrañamente solo y aunque hablo bastante con Bryan, él tiene que ocuparse de los preparativos para el parto de su mujer, que será en un mes aproximadamente. Debería de dejarlo en paz, pero si no hablo con él, ¿con quién más? No tengo confianza con nadie más, estoy casi solo en este lugar. Y no voy a ir con Johnny o Robert, contarle a ellos es lo mismo que hablar solo, ninguno dice dos palabras que no sean banales juntas, no se puede hablar correctamente con ellos.

El lunes también fue raro, con Kai hemos tenido mucho sexo esas semanas. Él ha estado como si quisiera cogerme todo el tiempo, no sé si es mi colonia, que es importada porque me la regaló un ricachón de Paris, dijo que la hacen en contadas ocasiones y que es como de "edición limitada", no entiendo de perfumes o marcas, entiendo lo que es bueno y lo que no, por eso la uso. Al grano es que él ha estado bastante activo y yo siendo muy sumiso quizá, tal vez porque quiera preguntarle por Rei y no encuentro el momento justo.

A la noche de ese mismo día preparé todo, estaba muy tranquilo, no había ruido siquiera. Nada más escuchaba los pasos de mis zapatos cuando caminaba hacia la puerta de Hiwatari y entraba sin tocar. Le estaba entregando los papeles de todos los días, pero en ese momento me detuve y lo miré. Se veía tan varonil apoyado en la baranda del balcón, fumando como todas las noches. No me resistí y decidí ir hacia donde estaba él. Lo peor que puede pasarme es que me despida por hablar de más.

Me paré a su lado y apoyé las manos en la baranda. Vi de reojo la caja de puros que tenía en los pies, sólo quedaban tres de ellos, parece que compra por montones para no gastar demasiado, eso me hizo notar lo poco que gastaba en sus vicios. A pesar de que quería preguntarle por Rei de inmediato, me abstuve y nada más me quedé mirando las luces de la ciudad y viendo por el rabillo del ojo como el humo salía de su boca con una lentitud casi molesta.

— ¿Qué quieres Ivanov? —preguntó de repente, con su típico aire de frialdad y sin mirarme a los ojos. Yo volteé la cabeza y le observé un poco antes contestarle, sostenía la colilla del cigarrillo con los dedos y la apagaba en el cenicero que estaba a un lado de sus manos.

—Nada —respondí simplemente. Lo admito, sí estoy siendo cobarde por no poder decirle directamente, pero ustedes harían lo mismo si tuvieran a un jefe con el carácter de los mil demonios y que puede despedirte cuando se le de la gana.

—No te creo —habló y me miró. Sentí esos ojos clavados en mí y me estremecí, no era la mirada simple y ligera de un pendejo o un descerebrado frívolo, era la de un hombre hecho y derecho y con incluso más estudios que yo.

No le contesté, intentando buscar las palabras justas en mi cabeza pero sin encontrarlas siquiera, por eso me quedé en silencio. Además sirve para hacerme el interesante, la imagen de chico difícil es la que más seduce a este hombre, por eso simplemente la voy a usar a mi favor, quizá tenga sexo conmigo y se olvide de todo. A veces es bueno usar eso a mi favor, como una suerte de excusa por no querer hablar con él.

—Ah, no piensas responderme —dijo en ese tono de burla mezclada con amenaza. Hasta sabe cómo excitarme con sólo hablar. Yo negué con la cabeza mientras la bajaba y miraba los autos ir y venir por la calle nocturna. Supongo que es una actitud muy infantil para un muchacho con mi edad, pero no puedo evitar comportarme así de vez en cuando, en el fondo sigo siendo un pendejo.

—Creo que te tendré que hacer hablar —me susurró al oído y sentí sus labios sobre mi cuello, mordiéndome con cierta fuerza, como si quisiera escucharme gritar o algo parecido. Simplemente me quejé en un susurro y me volteé para tenerlo de frente.

Lo miré directamente a los ojos y él hizo lo mismo. Nos sostuvimos la mirada por unos segundos al tiempo que él se acercaba a mí y me tomaba por la cintura. No le correspondí al supuesto abrazo, pero apoyé mi cabeza en su hombro, casi invitándolo a tocarme. Y eso mismo hizo, con sus dos manos bajó por mi pantalón hasta mi trasero y me estrujó las nalgas en ese movimiento. Emití un suave suspiro y mis manos se tensaron levemente, hacía bastante que no sentía un toque tan descarado, tan posesivo, tan prepotente… ¿Para qué les miento? Hace bastante que Kai no recorre mi cuerpo lentamente.

Acto seguido me empujó un poco contra la baranda, en ese momento caí en cuanta de que estábamos en el balcón, alguien podría vernos o peor, Rei podría vernos o algo parecido. Por eso mismo intenté alejarle y le empujé un poco, él cedió. Eso fue muy raro, creo que realmente algo planea este bastardo, me parece muy raro que ceda ante mis pedidos tan fácilmente.

—Estamos en el balcón —dije con seriedad, para que me tomara con tal propósito.

— ¿Ahora tienes vergüenza? —dijo y volvió a acercarse, apoyando sus labios en mi cuello y chupándome levemente. Volví a emitir un suspiro, este sujeto es de lo peor. ¡Siempre me hace lo que él quiere! No lo puedo creer, yo doblegado por un maldito como Hiwatari.

—No es eso, pero… —estaba a punto de seguir hablando cuando sentía una de sus manos adentrarse en mis pantalones y colocarse debajo de mi bóxer. Me estremecí y hasta se podría decir que me sonrojé, es un sinvergüenza descarado y eso que he conocido tipos así, pero ninguno como Kai. Él hace que hasta lo más vulgar sea refinado y sea agradable o desagradable dependiendo de sus propias intenciones.

—Quiero que me respondas —me dijo al oído mientras introducía un dedo, sin lubricar sin siquiera un poco de saliva, en mi entrada. Intenté dar un grito, pero me tapó la boca con su mano y movió su dedo dentro, como hace siempre pero con una dificultad considerable. Duele no voy a mentir, duele bastante que lo haga de esa manera, le intento morder para que me suele la boca y con las manos intento alejarlo. — ¿Vas a responderme?

Moví la cabeza afirmativamente y cerré los ojos un momento, casi rogándole que detuviera ese dedo molesto que estaba dentro de mí. Una sonrisa de superioridad, de triunfo, adornaba su cara, que hijo de su puta madre que es este sujeto. A veces lo odio tanto que quisiera renunciar en ese preciso instante. No puedo creer que haya sucumbido ante sus pedidos cuando iba a ser él el que sucumbiría a los míos.

Quitó la mano de mi boca y el dedo de mi ano, pero no sacó la mano de debajo de mi ropa por lo que me sentí casi amenazado por esa mano intrusa. Hasta parece que ha torturado gente antes el muy bastardo.

—Dime —exigió.

—Me preocupa… Rei Kon —dije bajito y sentí sus uñas, aunque cortas, clavarse en mi cuello. Sentí un leve estremecimiento y creo que ahora comprendo al pobre de Kon esa noche, esa mirada es más aterradora que cualquier golpe que pueda darme o que yo le pueda dar a él. Mas no por eso voy a ponerme a llorar como hizo él, yo sí tengo orgullo y un poco de dignidad aún me queda, por eso no me inmuté y le miré desafiante.

—No deberías preocuparte por él —dijo y me soltó un poco, mientras sus manos rodeaban mi cuerpo y comenzaban a jugar con el cierre de mi pantalón y los botones del mismo. No me sentí incómodo por eso, sino por lo que me había dicho.

—Hace semanas que no sé nada de él —comuniqué sin bajarle la mirada. Pude ver una cierta sorpresa en su semblante, pero era tan poco perceptible que no era algo importante.

—Pues él está bien, sigue su vida como siempre debió haber sido —respondió y me besó buscando mi lengua y jugando con ella. Yo le seguía le juego mientras me dejaba vencer por la calentura que me estaba atacando desde hacía unos segundos y le abrazaba, metiendo mis manos debajo de su camisa y palpando su espalda.

No habló más, no me respondió nada, al muy maldito le importó un comino que estuviéramos en un balcón o en el trabajo y me desabrochó el pantalón. Por mi parte, no me pensaba quedar atrás, no cuando siempre él me desviste cuando se le da la gana, por ello dirigí mis manos a sus pantalones, se los desabroché y metí las manos, comenzando a estimular su miembro con ellas. Una suave sonrisa se hizo presente en su cara, parece que le gusta realmente lo que hago, no soy para nada malo en esto. Y es que con práctica uno aprende.

Le seguía acariciando con una suavidad extraña, como si le estuviera palpando y conociendo en ese preciso momento. Podía sentir como su miembro se hacía más grande y se ponía más duro entre mis manos, no me sorprende que mi cuerpo también reaccione al sentir eso entre mis dedos, se podría decir que se siente delicioso. Por su parte, Kai juega con su lengua en mi cuello, está inspirado para pasar al siguiente paso, esto casi parece una rutina nuestra.

Los dos bajamos los pantalones y ropa interior del otro a la vez y sin siquiera darme tiempo de reaccionar, sus manos viajaron por mis muslos, aferrándose fuerte a ellos, y me levantaron. De la sorpresa rodeé su cuello con mis manos y le abracé con las piernas, quedamos los dos muy juntos entonces pensé que el descarado pensaba usar la baranda como usamos el escritorio. Rechazo completamente la idea de hacerlo así y que me vea media Nueva York, por eso intento separarme y casi le grito que me baje, cuando en realidad el tipo me sienta en el piso, terminando de sacarme la ropa y abriéndome las piernas de manera que de seguro puede ver perfectamente mi entrada.

—Kai —le llamo e intento decirle que lo hagamos adentro, pero él no me escucha.

—Quédate quieto —dijo simplemente y lamió algunos dedos de su mano. Acto seguido metió dos de una sola vez, supongo que antes, pese al dolor que opacó cualquier otra sensación, sí me había logrado ensanchar un poco. Siguió moviendo esos habilidosos dedos como si supiera lo que hace, como si mi cuerpo le perteneciera realmente.

Por mi parte, apoyé las manos en el piso, para mantener mejor el equilibrio mientras él seguía preparándome. Como lo hacía tan bien, incluso podía sentir esos dedos muy adentro y moviéndose con una lentitud que me hacía imposible criticar, por ello dejé salir los suaves gemidos que se atoraban en mi garganta. Él pareció complacido y me sentí muy acalorado prontamente, el balcón, que siempre había sido un espacio más o menos fresco, ahora era un horno para nosotros.

Muy pronto sentí que sus dedos salían y él se me acercaba y abrazaba, un poco más arriba de la cintura. Me estremecí y volví a gemir más fuerte al sentir que su miembro iba entrando en mi interior. No quité las manos del piso, no voy a abrazarlo como hace la típica damisela cuando está con el príncipe, que lo abrace su pareja que parece que es muy bueno en ese tipo de cosas tan cursis. Pero no contaba con que este hombre no se diera por vencido fácilmente, sin sacar su miembro me agarró de la cadera, levantándome levemente y prácticamente sentándome sobre su cadera. Tuve que abrazarlo por el cuello por tal acto; que bastardo que es, siempre logra lo que quiere.

Acto seguido comenzaron las embestidas que fueron más profundas que en otras ocasiones por la posición en la que estábamos. Mis gemidos se podrían haber escuchado por toda la ciudad de no ser por el sonido de los autos y demás de Nueva York, pero no podía evitarlo. Sentirlo entrar y salir con esa velocidad más esas manos que me tomaban por la cadera en una suerte de abrazo casi dulce era muy raro. No sé si el efecto de un abrazo cuente para despertar alguna emoción pero sé que en ese momento no podía sentir otra cosa que no fuera amor hacia ese ser que me poseía.

Jamás en toda mi vida sentí lo mismo al tener sexo con alguien, es la primera vez que Kai se comporta de esta manera. No… en realidad, es la primera vez que yo me comporto así. O sea, nunca lo he abrazado tan fuerte y jamás había sentido tanto un beso como ahora. ¿Acaso esto es hacer el amor? Pues si lo es, se siente genial. Y más genial se siente hacerlo casi sentado sobre la cadera de Hiwatari. No tardé mucho en correrme entre nuestros cuerpos. Sí, le manché la camisa de semen y es lunes, supongo que su amorcito le tendrá planchada y lista otra en su casa, o quizá los sirvientes. Pero eso no importa, ese fue el mejor orgasmo que haya tenido.

Pero como Kai aún no se corre las embestidas no paran, fueron más fuertes, más rápidas más profundas. Mis gemidos ya eran gritos y de su garganta salieron algunos gruñidos bastante excitantes. Él no gime, él no grita, lo máximo que hace son sonidos extraños. Casi me siento la presa de un león en este momento, casi es una faena en plena ciudad y a la vista. Mas las embestidas no paran hasta que mi interior se contrae en un segundo orgasmo y Kai también llega a su clímax, corriéndose en mi interior.

Los dos nos quedamos cansados y sudorosos en el suelo, incluso después de que él quitara su miembro de mi interior. No nos vestimos y pude ver las manchas de mi semilla en su camisa blanca, me pregunto si Rei no se dará cuenta de lo que son realmente esas manchas. Al final mi jefe no me dijo cómo está él ni nada que sea relevante. Maldito bastardo, es un tipo controlador, no entiendo como ese muchacho pudo casarse con él. Ah, claro. Su trágica historia de vida. Debió haber estado muy desesperado por salir de la calle.

Otra cosa que noté en ese instante es que mi camisa también está manchada y es lunes, recién comenzamos la semana y ya nos manchamos. A veces no entiendo cómo es que no gasto un dineral en jabón para la ropa, entre una cosa y otra siempre tengo que lavarla después del trabajo. Estuvimos en silencio unos segundos, en esos momentos un ardor bastante importante se apoderó de mi parte trasera, debe ser por lo bruto que este sujeto comenzó a jugar. Pero bueno, después no puedo quejarme. ¿Qué carajo fue lo que sentí?

Kai se levantó, se medio acomodó la ropa y caminó hacia adentro mientras se quitaba la camisa. Yo me paré a duras penas con ayuda de la baranda y también me vestí, admito que estoy bastante adolorido. Siempre las mejores posiciones me dejan así, mi cuerpo sigue siendo tan delicado como siempre, eso me hace aún más atrayente hacia los dominantes brutos como Robert por ejemplo, por eso mismo debo parecer fuerte, pero no sé porqué con mi jefe siempre sale mi lado más vulnerable.

—Toma —me dijo desde su escritorio una vez hube cruzado el umbral del balcón. Me arrojó una camisa nueva que yo tomé entre mis manos, pude ver que él también se había puesto una camisa limpia.

— ¿De dónde la sacaste? —pregunté mientras me desvestía y me volvía a vestir.

—Siempre tengo de repuesto… Yo te llevo a tu casa —comentó de repente. Hubiera deseado negarme, decirle que puede meterse el auto en ya sabrán dónde, pero no lo hice. ¿Por qué? Simple: no estoy físicamente bien como para manejar la moto.

No le respondí y directamente me encaminé al baño, llevando la camisa sucia en la mano, y me miré al espejo. Tenía el pelo revuelto y realmente parecía que venía de un hotel y no de mi trabajo. Comencé a arreglarme un poco, cuando la voz de Kai me sobresaltó.

— ¿Realmente te preocupa Rei? —. Me sorprende que sea él el que comience una charla, pero es lógico que me pregunte eso, pues él es su esposo, yo no tengo nada que ver con su relación.

Pero aproveché esa pregunta para hacer otra, pues estaba con mucha más confianza ahora que ya nos habíamos relajado los dos. En pocas palabras, ahora me siento menos cobarde que hace unos minutos.

— ¿Por qué no quieres que venga a la empresa? —pregunté una vez hube salido del baño. Kai pasó a mi lado y se dirigió también al espejo. Lo pude ver arreglándose un poco, aparentando que no había estado con nadie. Es tan buen actor que ni su pareja se da cuenta.

— ¿Acaso te importa? —respondió una vez salió del baño y se me plantó en frente, con su mirada prepotente y su altura un poco mayor que la mía debería haberme intimidado, pero no fue así. Me quedé donde mismo, mostrándome tan altivo como él.

—De hecho no. Pero no entiendo por qué no puede venir si es tu pareja, están casados, ¿qué tiene de malo que venga a tu trabajo?

— ¿Sientes algo por Rei? —preguntó de repente, como si examinando mi rostro buscara leer mi mente. No puedo decir que me sorprende que hable así, pero la pregunta realmente es absurda.

— ¡¿Yo?! ¿Sentir algo por Rei? —reí un poco, realmente ese comentario me dio risa, aunque creo que está un poco fingida, dado que Kai me mira con seriedad. —No Hiwatari, lo máximo que podría ser es su amigo…

—Te acuestas con tus amigos, Ivanov —sentención como si fuera una conclusión que acababa de sacar. ¿Pero quién se cree él para juzgarme de esa manera? Tendrá mucho dinero y será muy educado, atento, considerado y demás, pero a veces es tan bruto como Bryan.

— ¡No tienes derecho a juzgarme! —le casi grité algo irritado.

—Entonces lo que hagamos mi pareja y yo no te incumbe —sentenció con esa sonrisa de triunfo en la cara.

Maldito Hiwatari, de nuevo me gana. ¿Cómo hace para salirse con la suya y dar vuelta las conversaciones? No lo sé. Con razón es tan buen empresario y los demás socios son avasallados por él y sus malditos discursos burocráticos. Mas no importa ahora, supongo que después de todo tiene razón. Yo no tengo derecho a meterme en su relación, pero no puedo evitar la atracción que me producen tanto Kai como Rei. Realmente si me dieran la oportunidad de estar con ese chico a solas no la desaprovecharía.

Parte VIII: VIP

La música estaba fuerte, el sol caía tenuemente sobre la gente y la sombra de los árboles estaba alargada y mostraba una suavidad que demandaba la proximidad de la noche… Parece una descripción sacada de un libro de adolescentes vampiros, pero es la verdad. Y la música proviene del único auto medianamente caro de todo el parque, por ello estaciono al lado de éste y me bajo de la moto. Justo allí veo a los dueños del carro.

Uno de ellos es un mastodonte con un cerebro más primitivo que el de Bryan, con la diferente de que éste se quedó siendo un adolescente eterno y no desea trabajar en grandes cosas. Es Robert, de 28 años, un estadounidense de cabello morado corto y peinado de una manera para nada a la moda. No se molesta mucho en arreglar su estilo, pero siempre luce más varonil de lo que realmente es. Robert es bisexual, y un atractivo gay activo dado el caso pero con el que nunca tuve sexo porque le aventé el trago en la cara cuando me tocó el trasero. Mas no aparente lo que es y parece más bien el rambo de la ciudad. Sus gustos no los conozco, pero puedo apostar que no son muy extraños.

Al lado de este sujeto, casi tirándosele encima con cara de damisela enamorada un muchachito de tan sólo 20 años, Jonathan, o Johnny como le gusta que le llamen. Es un pelirrojo de un tono más llegando a bordó; en realidad era castaño, pero cuando me conoció se tiñó el cabello, mas lamentablemente no pudo ni podrá igualar mi tono de pelirrojo, yo soy único e irrepetible. Sin embargo su cerebrito de alfiler, donde sólo entra la moda del momento y los chismes de la farándula, y con tanta frivolidad no se da cuenta de la envidia que me tiene. Tampoco conozco sus gustos, pero puedo mencionarles que es un malito envidioso. No es necesario que les informe que también es bisexual, y un gritón y caprichoso gay pasivo con el que sí me acosté pero sólo una vez porque hasta yo me cansé de escucharlo esa noche. Se quejaba por todo, quería todo –tanto cosas materiales como poses extrañas sacadas de Kamasutra porque de otro lado no creo que vengan– y gemía demasiado fuerte, casi parecía perra en celo en muy maldito.

Robert nació en cunita de oro, sus padres eran canadienses dueños de una fábrica de miel que quebró pero que le dejó una vasta fortuna a su hijo. Éste nació en este emporio capitalista, pero también tiene la nacionalidad de Canadá, y trabaja en un club nocturno como barman. Supongo que allí conoció a su pareja, es decir, a Johnny con quien engaña con media Nueva York, menos conmigo, y el pobre no se da cuenta. Tampoco sabe que me acosté con su novio y que lo he rechazado varias veces. Pero eso no importa, yo les decía que Robert y Jonathan se conocieron en "La fiesta de la espuma" del Break Heart el año pasado, donde Robert era, y es aún, barman y al falso pelirrojo lo contrataron para ser animador, o presentador de los estríperes, un trabajo que no requiere mucho proceso mental. Sé que el chico peli-teñido estudia no sé qué cosa, pero se la pasa de fiesta en fiesta.

— ¡Yuriy! —gritaron los dos al unísono en cuanto me vieron bajar y acercarme a ellos, ambos me ofrecieron un vaso lleno de fernet con coca-cola y yo lo recibí con una grata sonrisa, pero fingida porque los dos son uno más molesto que el otro.

Supongo que ustedes se estarán preguntando: "¿por qué te juntas con ellos si te caen mal?" y "¿no que no tenías amigos homosexuales?" Comenzaré por la segunda, ellos no son mis amigos, los conocí hace unos meses y no los considero mis amigos. Ahora la primera, ellos me invitaron al parque para beber un poco y como Bryan no está disponible para beber conmigo, porque hay cosas que no puedo hablar con Mao presente, me quedo con estos chicos. Llamémoslos mis "amigos de repuestos", ni siquiera me pienso acostar con ninguno así que más les vale no intentar llevarme a la cama porque hoy no lo lograrán.

—Tiempo sin vernos —dijo el más joven y bebió un poco de su vaso, parece que el niño ya está ebrio desde hace rato, típico de un pendejo.

—Puede ser —les contesté con naturalidad y también tomé un poco. Acto seguido me apoyé en la parte delantera del auto sin darle la espalda a los dos chicos, con los brazos cruzados.

— ¿Cómo van las cosas con tu jefe? —preguntó Robert de repente y casi me atraganto con la bebida.

— ¡¿Cómo sabes de yo y Kai?! —. Sí, estoy yo primero que él, ¿algún problema?

—Muchos lo saben —aseguró Johnny.

—No mientas —le regañó el mayor como si fuera un padre. Yo le miré a él esperando una explicación. —Conozco a un chico, que conoce a una chica, que conoce a Ivan y él le contó a ella, que le contó a él, que me contó a mí.

O sea, las malas lenguas de nuevo. Todos en BioVolt son unos chismosos, les tengo que dar tareas más complicadas a cada uno para que no anden chismeando cosas indebidas. De todos modos no es novedad, supongo que si todos saben de Brooklyn, todos saben de mí.

—Bueno… él y yo estamos bien —y me bebí todo el vaso de un solo trago. Después se lo pasé al mayor para que preparara más.

— ¿Pero son novios? —indagó el menor en lo que el otro hacía la bebida.

—Claro que no, él está casado, somos amantes y nada más…

—Pero hace mucho que tienen sexo —comentó el mismo casi con inocencia, la verdad no entiendo cómo hace Robert para estar en pareja con un niño ocho años menor.

— ¿Y? —esa fue mi respuesta y enarqué una ceja.

— ¿No tienes sentimientos hacia él o algo así?

—No, de hecho no —respondí con seguridad y recibí el vaso que me ofrecía el canadiense.

—Eres todo un hielo, Yuriy —comentó con emoción el pequeño. Me gusta que me admire tanto, es genial sentirme adulado por alguien.

—Un gran hielo de hecho —comentó la pareja del mismo. Pude captar la indirecta y ahora entiendo los beneficios de tener por novio a alguien menor: no se dio cuenta de que su pareja me desea mucho más que a él y que yo lo he rechazado siempre.

—De todos modos me gusta estar contigo —volvió a hablar el más chico. Pelirrojo teñido a mí me parece que hablas demasiado y haces muchas preguntas. Luego se bebió todo el vaso, quizá sea su segundo vaso pero ya se le nota en la mirada que está un poquito ido.

—A ti te gusta estar con cualquiera —dijo tranquilamente Robert y yo bebí de la misma forma.

— ¡Eso es mentira!

—Claro que no…

— ¡Tu también me engañaste! ¡Y con una chica! —. ¿Dos peleas de pareja en la que estoy de espectador? Ando haciendo de anti-Cupido, últimamente.

—Es diferente.

— ¡No lo es! ¡Me sentí muy mal, por eso me acosté con el sujeto del bar! —dijo y comenzó a llorar. No es por tristeza, es porque le pegó muy mal la bebida y de seguro ha mezclado cosas muy raras en su estómago, por eso está llorando.

Nada más los miraba y bebía de mi vaso, los dos son bastante extraños. Uno está por las nubes y es muy molesto, el otro tiene los dos pies bien sobre la tierra y no hace ni un sonido de exaltación. Son incluso peores que Kai y Rei o que Kai y yo peleando entre nosotros.

— ¿Acaso vine para escucharlos discutir? —pregunté terminando mi segundo vaso.

—No…

— ¡Pues me cansé! —gritó Johnny y caminó hacia la puerta del auto, adentrándose en éste y cerrando la puerta con brusquedad.

Robert suspiró y negó con la cabeza, parece que el peli-teñido le saca de sus casillas varias veces. Pero bueno, él se buscó a ese novio, yo no tengo la culpa de nada. Me sentí más relajado por lo que apoyé el vaso en el auto y me subí al capó del mismo, sentándome sobre éste con facilidad. Pude sentir como las miradas de algunos hombres se clavaban en mi espalda y miré de reojo a los muchachitos, mas los sobré con la mirada. Soy mayor y más guapo que ellos, que ni siquiera me miren esos niños.

— ¿Tienes que alardear tanto? —preguntó el mayor.

—No alardeo, soy así…

—Te gusta ser el centro de atención.

—Me gusta que las miradas se centren en mí, sí me gusta mucho ser el centro de atención —comenté con mi sonrisa seductora, creo que leo la mente de Robert. El muy caradura aprovecharía que su pareja está ebrio para acosarme e incluso coquetearme y seducirme en sus narices.

— ¿Y si yo te mirase mucho? —dijo acercándose peligrosamente a mí.

Por un momento me sentí feliz, hacía una semana que Kai no me miraba de esa manera. Mas este tipo no es Kai, no es como él, no es su mirada, por ello mismo que se vaya ya de mi lado.

—Te patearía el trasero y alejaría tu mirada —le dije y me alejé de él, recostándome en el metal del auto. Pude escucharlo crujir levemente y pude ver el miedo del joven a que se rompiera su preciado auto, pero que se calme que no peso tanto como aparenta este objeto.

— ¿Por qué te resistes, Ivanov? ¿Qué tengo yo que no te gusta? —me dijo un poco enojado y yo miré el cielo. Si le digo la verdad creo que se enojará peor, porque la verdad es que no me gusta que me penetren, Kai es la única excepción a esa regla.

—Simplemente porque no me gustas, nada más —respondí fríamente y miré de nuevo el cielo.

Justo cuando estaba a punto de hablar o quizá criticarme alguna cosa extraña de mi personalidad la música cambió abruptamente y comenzó a sonar algo mucho más electrónico. Eran de esas canciones donde las voces de los cantantes están tan remixadas que no se nota la verdadera voz detrás de toda esa distorsión, por eso no me gusta el techno. Tal vez por la sorpresa que me dejó esa canción me senté un poco más erguido sobre el capó y miré en el interior del auto.

Johnny salió por la puerta del conductor y se colocó detrás de mí, o sea, del otro lado del vehículo. Lo miré levemente y entonces una voz masculina, distorsionada como se la podrán imaginar comenzó a cantar. Por ello le observé con una ceja enarcada y me sorprendí de verlo con una sonrisa bastante sensual, parece que el alcohol le sentó muy bien porque hasta está deseable el pequeño. Me relamí los labios y pude ver de reojo el enojo de Robert aumentar.

— ¿Qué es eso Johnny? —pregunté en cuando reconocí a LMFAO como el cantante de la misma. Sin darme cuenta había comenzado a mover la cabeza y los hombros al ritmo de la melodía, era muy pegajosa, incluso para un amante del rock como yo.

—Me recuerda a ti, Yuriy —contestó unos segundos antes de que se hiciera un silencio muy breve en la canción. Entonces, al reconocerla completamente, supe qué frase venía entonces me sentí tentado a decirla en voz alta, pues el teñido tenía razón: esa canción es mi viva descripción.

—I`m sexy and i know it —dije en voz alta, entonces los dos movimos un poco la cabeza y los hombros al ritmo de la música. Nos movimos de a poco, casi conectados por algo llamado atracción sexual, no es que quiera acostarme con él, pero si me lo pide ahora lo haré. Creo que así fue como terminamos los dos juntos esa noche, por culpa de su inocente seducción de pendejo.

El peli-teñido se subió también al capó del auto y se movió un poco hasta quedar detrás de mí. En esos segundos no le presté atención a la pareja de éste, pero supongo que debe estar que hecha humo. Le estoy prestando atención a su novio en vez de a él y no dudaría de que quiere que sea parte de su record personal de muchachos con los que se ha acostado. Mas no me interesa, sólo puedo sentir la mirada de ese joven muy cerca de mí y girarme para quedar más directamente hacia él. Nos miramos unos segundos hasta que la música hizo de nuevo un silencio sólo para que mis labios se movieran un poco.

— I`m sexy and i know it —dije apenas moviendo mis labios y acercándome más para besar a esa copia barata de mí mismo. No obstante, no logré mi cometido, porque inmediatamente una mano me tomó por las rodillas y me alejó del joven.

¡¿Quién fue el bastardo que se digna a quitarme la diversión?! Entonces mi respuesta llegó con un golpe en el estómago y la mirada furiosa de Robert. Parece que no soy el único que la pasa mal cuando nos juntamos los tres, pero es divertido molestar a esta parejita tan descomunal y frívola que deberían ser de una telenovela de ricachones. No pude evitar ahogar un grito por el golpe, pero no me inmuté más de eso, el hombre sólo está celoso, pero no es su culpa que su novio sea tan vendido, porque tener una cita con él es todo un gasto de dinero.

—Esa canción te describe a la perfección, por lo vanidoso —comentó con cierto veneno en su voz.

— ¿Vanidoso? ¿Yo? Sólo es la verdad, soy sexy y lo sé —dije con una sonrisa y acomodando mí cabello, que se había desarreglado un poco en cuanto mis pies tocaron la tierra de nuevo.

—Es verdad Rob —me secundó la voz del chico, que se había recostado boca abajo sobre el metal del vehículo y, con los codos apoyados en él y la cabeza apoyada en sus manos, me miraba como si viera a un super-modelo o un ídolo —. Yuriy es muy sexy…

—Es un altanero, vanidoso, egocéntrico, narcisista —le corrigió su novio y yo le miré como si nada, ya sé que muchos piensan eso de mí, pero no me importa. Mientras tenga chicos con los que salir, no necesito que él o Johnny piensen que soy lo mejor del mundo. Son ellos los que se pierden una buena noche, y más Robert ahora que sé perfectamente lo que piensa de mí.

— ¡Claro que no! Yuriy es muy guapo y sexy —volvió a defenderme su novio. Esta vez no pude contener la risa casi burlona que se atoró en mi garganta, no puedo creer que el muchacho esté tan borracho que me defienda con tanto interés. Parece que en el fondo soy sólo un atractivo para estos dos, eso o quieren separarse y usarme de excusa para hacerlo. Pero hacen un linda pareja, son tal para cual, uno más tonto que el otro y uno menos baboso que el otro, todo un dúo de infieles. No puedo evitar sentirme hipócrita al mencionar eso y reírme de ello, pero bueno.

— ¿Acaso me invitaron para decir todas las críticas que tienen hacia mí, para adularme y pelearse entre ustedes en el proceso? —les pregunté en un tono lo suficientemente alto como para que alcanzara el cerebro de semejantes animales.

—De hecho, era para darte esto —dijo de repente de mayor de todos. Parece más que cansado de estar aquí conmigo y su novio ebrio. Del interior de su bolsillo sacó un papel y me lo extendió.

Yo tomé lo que me entregaba y lo leí para mí, después me sorprendí y le miré incrédulo.

—Una invitación VIP para la inauguración de "La noche gay" del Break Heart —dije en voz alta y los dos asintieron. Uno con una seriedad envidiable, más por el enojo y la frustración que porque realmente fuera muy serio, el otro con una sonrisa de oreja a oreja, una típica de quien no está en el planeta tierra. —No sabía que el Break Heart tuviera noche gay.

—Lo implementaron hace unos dos meses —informó Johnny.

—Es el segundo sábado de cada mes —le completó Robert. Tal parece que esperan que vaya el próximo mes, porque ayer fue el segundo sábado de este mes. Pero no creo que me estén dando un pase VIP porque me quieren, de seguro hay un interés económico.

— ¿Y por qué yo?

—Necesitamos un pelirrojo que esté dispuesto a ser el centro de atención y a hacer acto de presencia, un chico si bien no famoso, conocido por la comunidad gay. Me mostraron algunas fotos de candidatos y te reconocí, parece que eres bastante popular en las fiestas locales.

—Con razón —. Admito que no sabía que la gente, que si bien no conoce mi nombre, conoce mi aspecto me identifique tan rápidamente. Realmente soy una semi-celebridad entre todos los fenómenos de Nueva York. Me siento especial, definitivamente estaré allí esa noche. —Supongo que nos veremos allí…

Los dos asintieron y me alejé del auto, encaminándome hacia mi moto. Ya tengo lo que necesitaban que tuviera, ya les confirmé que iría y ya me voy. No voy a seguir soportando a estos insoportables, que se queden los dos solitos un tiempo que necesitan hablar bastante.

— ¡No vayas con poca ropa o te subirán al escenario! —gritó Johnny a modo de chiste, yo sólo elevé una mano en señal de saludo y me subí al vehículo.

Por el espejo retrovisor vi como Robert se acercaba con el seño fruncido a su novio y éste, que seguía subido en el auto, lo miraba con cierto temor. Sinceramente, el muchacho ese sí tiene aspecto de ser violento. Entonces lo tomó por la fuera por los hombros y lo besó, casi se podía ver cómo violaba la cavidad del menor con la lengua, yo sonreí. Al menos ya no discuten.

Por cierto, para quienes no conocen el Break Heart es un lugar nocturno, se puede bailar, beber e incluso tocarse por todos lados en público, ya sean hombres con hombres o mujeres con mujeres u hombres con mujeres, en pocas palabras, es un lugar bailable normal, hasta las tres de la mañana. A partir de ese momento todo se transforma y en el escenario donde cantaban algunos invitados y amateurs se coloca un caño de metal, entonces los estríperes salen a dar su show. Siempre me iba de ese sitio a las tres menos cuarto porque eran sólo mujeres las que hacían el show, por lo que estaba destinado a los hombres heterosexuales y para algunas lesbianas que montaban un buen espectáculo. Pero parece que ahora, con la noche gay, será un show nada más para homosexuales y algunas mujeres que quieran quedarse a ver. Sin embargo, yo tengo el VIP, un salón reducido donde se hacen las fiestas privadas, en este caso para gays únicamente.

Parte IX: Favor

Odio la lluvia, odio la lluvia, ¿alguna vez se los he dicho? Pues se los digo ahora, odio la maldita lluvia. Planeé esta salida el jueves con el peli-teñido y el semi-neardental, digo con Johnny y Robert. Nos íbamos a encontrar en la plaza que está a dos cuadras del Break Heart y de ahí caminaríamos hacia el local, y es que no me van a creer pero un sujeto quiere contratarme como estríper. Le dije que lo pensaría y que le respondería este sábado, pero la verdad es que mi respuesta será no, es más, esta será la última vez que vaya a ese lugar.

Sé que Robert es barman y Johnny es el presentador contratado por el local, por eso ellos deben ir todos los sábados, pero yo no tengo obligación, sólo paso gratis por ser su amigo y me dieron el pase VIP. Sin embargo la idea de ir, que me toquen por todos lados y yo tocar donde se me de la gana para no entablar conversación con nadie y regresar a mi casa solo o acompañado de un tipo de tiene sexo mecánicamente, no es lo mío. Prefiero regresar a las fiestas privadas o a las discos comunes, como era antes. Por eso mismo ahora estaba yendo con la pareja dispareja para decirles que esta sería mi última noche así podrían buscar a otro pelirrojo natural. Mas he tenido algunos problemas.

Primero fue la calle. Estaba manejando tranquilamente cuando de repente vi, en medio de la avenida, una manifestación bastante importante de gente con pancartas que decían cosas como "Cuidemos a los animales" o "Abolición a la esclavitud" y algunas personas disfrazadas. Incluso vi a un muchacho disfrazado de elefante con una cabellera lavanda, acorde al tono del disfraz, grande fue mi sorpresa al acercarme y ver que se trataba nada más y nada menos que de mi hermano del alma: Bryan Kuznetsov. Se podrán imaginar la risa que me dio al verlo vestido así, el muchacho estaba más rojo que un tomate y si hubiéramos estado solos, estaría en la terapia intensiva del hospital. Al lado de éste, con un disfraz de tigre y un cartel de "Circo: esclavitud animal" estaba Mao, su esposa. Era de suponer que ella lo había arrastrado hasta allí; pobre gobernado. La chica me explicó que era una manifestación para protestar contra el maltrato animal en los circos.

Yo les dije que siguieran con eso, que mucha suerte, y me fui como alma que lleva el diablo antes de que me disfrazaran a mí también y me metieran en la ridícula marcha. Esa chica necesita un pasatiempo y me arrepiento de no haberle tomado una foto a Bryan para subirla a internet, pero eso no importa. Lo peor de todo fue que tuve que dar muchas vueltas para encontrar una calle por donde supiera llegar a mi objetivo. Soy de esas personas que si le cambian el recorrido se pierden de inmediato. Tanto me tardé que la luna y las estrellas se cubrieron por las nubes y comenzó a llover estrepitosamente.

Y aquí estoy, andando en moto, intentando encontrar una calle por la que transitar cuando me meto por una calle menos concurrida para acortar camino y veo que, frente a un gimnasio, a un muchacho sentado bajo la lluvia, con un cabello largo tan negro como la noche pegado a su ropa y todo empapándose. Me acerco simplemente porque se ve lindo y tengo que hacer la obra buena de la semana. Detengo la moto delante de él y le hablo.

— ¿Necesitas ayuda? —le digo lo suficientemente fuerte como para que me escuche.

El joven levanta la cabeza y me mira con dos orbes dorados como los de un felino. Su tez bronceada, sus facciones inolvidables más esa voz tan dulce con la que me habló me hicieron reconocerlo. Entonces caí en cuenta de la moto que estaba aparcada a su lado, era la misma que hacía mucho tiempo no veía en la entrada de BioVolt.

—Yuriy —me dice con una gran sorpresa.

—Rei —le digo y de inmediato me bajo de mi vehículo y camino hacia él. — ¿Qué haces en la lluvia, por qué no te vas? —pregunté algo preocupado.

—La moto se averió y no arranca, y el gimnasio cerró hace media hora —contestó sobándose un poco los brazos.

— ¿Por qué no llamas a Kai? De seguro te vendrá a buscar.

—Le dije antes que no viniera por mí, que me iría solo, y ahora no quiero molestarlo —dijo como si fuera un niño pequeño que no quiere molestar a su padre. Definitivamente es peligroso dejarlo solo, este chico es tan violable que hasta yo lo violaría ahora.

— ¿Quieres que te lleve? Hiwatari debe estar muy preocupado —. No malpiensen, no soy un aprovechado, lo llevará a su casa y nada más.

—Te lo agradecería, Yuriy —contestó con una leve sonrisa en su cara.

—Bien, vamos —. Al decirle eso le entregué el segundo casco que ando trayendo y él se subió detrás de mí. Me abrazó por la cintura levemente cuando arranqué y una vez que normalicé la velocidad, se agarró del caño de metal que está al final de la moto. Le hubiera pedido que dejara las manos así, pero si llego a su casa y Kai me ve así con él se pondrá como un fiera.

Conduje unas pocas cuadras, guiándome por lo que me decía Kon. Estuvimos así un tiempo, la lluvia caía sobre nuestros cuerpos como un gran diluvio. Que mala suerte que llueva justo un sábado por la noche. En una curva me fijé el medidor de gasolina y noté que tenía el tanque casi vacío, por eso le avisé a mi acompañante que tendríamos que hacer una parada para reponerlo.

Una vez en la gasolinera, dejé la moto en un costado mientras le colocaban más combustible y nos pusimos bajo el techo del lugar para no mojarnos mucho mientras esperamos. Estábamos callados y noté que la mirada de Rei se centraba en el piso, no pude ver a dónde miraba pero su cabello me tapaba la vista de su rostro. Por ese mismo motivo, tomé el mechón entre mis dedos y se lo coloqué detrás de la oreja. Con ese simple gesto logré que me mirara.

—Tranquilo, llegaremos pronto —le dije con seguridad y le sonreí levemente.

—Es que… Yuriy… La verdad no quiero regresar a casa con Kai —dijo con la cabeza gacha y noté rápidamente la angustia en su voz.

— ¿Por qué? —pregunté. ¿Acaso el bastardo de mi jefe se ha portado mal por el pobre muchacho? Si es así se podrá ir despidiendo de su impecable reputación porque yo me encargaré de difundir sus insanas costumbres por toda la cuidad y convenceré a los empleados de revelar lo demás.

—Simplemente no quiero —me miró con un ligero puchero en sus labios, al parecer es algo involuntario, todos tenemos manías de niños pequeños que perduran en nosotros hasta la adultez. Pero un puchero así es tan adorable que no puedo resistirme a hacer su voluntad. Rei es igual de manipulador que Kai.

— ¿Y a dónde quieres ir con este tiempo?

—No lo sé… Vamos a tu casa, Yuriy, por favor —dijo después de pensar un poco y me miró sonriendo.

—Como desees —. Aunque te estás metiendo en la boca del lobo dulce gay pasivo.

Nos subimos a la moto y conduje de regreso a mi departamento. Supongo que saqué los bóxeres mojados de la silla del comedor, es que los lavé antes de irme y no recuerdo si los dejé afuera o en el comedor. Por un lado espero que afuera y por el otro espero que adentro, pero eso ya no importa.

Anduve por un tiempo, los dos en silencio pero de vez en cuando le observaba a Rei con una leve sonrisa. Parece que este muchachito no es tan inocente como aparenta, pero eso solo lo hace más atractivo a mis ojos. No me gustan los niños, sólo para divertirme con ellos una vez, después ellos mismos se alejan de mí o son como Jonathan, que ebrio me busca para hacerle el favor. Pero este chino se ve muy diferente, siento que oculta algo. El peligro, la expectativa, la incertidumbre son factores que alimentan aún más mi deseo de tenerlo entre mis brazos.

Una vez llegamos al edificio, subimos hasta el segundo piso, donde vivo. Los vecinos no me saludaron, pues es casi un pacto, cuando llevo chicos a mi casa éstos no me saludan, a la mañana siguiente es todo normal. Esta vez se sorprendieron de verme tan temprano, sus rostros lo decían todo, estaban extrañados de verme tan mojado, con otro chico y tan temprano en mi casa un sábado por la noche. Sin embargo, ignoré todo y nos adentramos en el departamento.

Le presté a Rei ropa seca y yo también me cambié, lo hicimos por separado porque los dos acordamos eso. Después de todo para mí ver el cuerpo de otro chico desnudo es como si un heterosexual viera a una mujer desnuda, ¿se entiende? Y si no, ni modo, no lo explicaré mejor. Luego nos dirigimos a la cocina-comedor y pude comprobar que efectivamente, había dejado los bóxeres allí, por lo que los tomé rápidamente y los tiré sobre mi cama en la habitación. Luego calentamos un poco de comida, porque él estuvo de acuerdo en comer conmigo esta noche.

Cenamos unas hamburguesas con ensalada de tomate y lechuga, es que es lo único que casi siempre encontrarás en mi casa. Hamburguesas y ensalada, no soy de comer mucho, por lo general ceno afuera los fines de semana y almuerzo en el trabajo los días de semana, estoy casi siempre fuera. Habíamos terminado de comer y estábamos charlando sobre cosas banales, noté que hacía mucho tiempo que no hablaba con Rei, realmente me gustaba su compañía y era muy fluido hablar con él, los silencios no eran incómodos y su presencia le daba algo de alegría a mi casa donde lo único a que huele es a sexo. Entonces mi celular sonó, lo busqué en el bolsillo de mi campera.

"Dónde carajo estás?" era un mensaje de Robert, parece que se me ha hecho algo tarde. Pero supongo que no voy a ir esta noche, tango algo mejor en casa. "No podré ir, tengo otra fiesta…" eso fue lo que le contesté y supongo que malpensó como siempre porque no me contestó más nada.

— ¡Oh, perdona! No sabía que tenías planes, pero debí suponerlo, si quieres puedo irme ahora y le pido a Kai que te alcance tu ropa el lunes o si quieres… —comenzó a hablar y a disculpase como si fuera una de esas chicas histéricas que no saben cómo zafar de su metida de pata.

—Tranquilo, no pasa nada —dije, interrumpiéndolo, y dejé el teléfono en la mesa. — ¿No deberías llamar a Kai?

—No, todo está bien —respondió y me sonrió casi con inocencia. —Gracias Yuriy.

Me quedé callado un momento y con disimulo moví mi silla un poco, sólo para estar más cerca de Kon. Lo miré a los ojos y le sonreí a penas, pude ver sus mejillas sonrojarse y bajar la mirada con una risa nerviosa saliendo de sus labios, pero era tan sutil que apenas pude percibirla.

— ¿Por qué Kai no te deja ir a la empresa? —pregunté de repente, sin moverme de mi lugar.

—No lo sé… —dijo al principio y después se corrigió: —Creo que está… celoso.

— ¿De qué? ¿O de quién?

—De alguien… que me gusta mucho —respondió y me miró a los ojos. Esos ojos dorados brillaban con una ilusión bastante extraña, era inocente y a la vez temerosa, pero supe de inmediato lo que había en ese dorado ya impuro: lujuria.

— ¿Y puedo saber quién es ese "alguien"? —pregunté acercándome aún más y él no se movió, parecía que disfrutaba de esa cercanía.

—Él está… cerca —dijo y se acercó él un poquito, muy poco.

— ¿Muy —le besé rápidamente los labios, como probando su reacción que fue muy positiva, no se movió y se sonrojó más, entonces terminé la oración: — cerca?

—Sí… muy cerca —respondió finalmente, dejando la boca entreabierta, como si me invitara.

Sin pensarlo, sin maquinarlo y movido por el deseo carnal me acerqué a él y lo besé con pasión. Nuestras lenguas se degustaron en la magia del primer beso entre los dos, en la magia del beso con una persona nueva. La lengua de Rei se movía como la mía lo hacía con Kai, este chico parece que le hace incluso culto a él para besarme, pero hay algo que se olvida: el activo aquí soy yo. Por eso tomé el control de ese beso y le demandé un ritmo distinto, mi propio ritmo. Él lo siguió como guiado por el instinto.

El mismo instinto que nos hizo levantarnos de las sillas y caminar entre caricias provocativas y besos apasionados hasta el sillón, allí dejé a Rei, boca arriba mientras me desvestía frente a él. Ir a Break Heart realmente me hizo bien, pues la mirada de este joven sobre mi cuerpo es mucho mejor ahora que sé cómo excitar a los chicos con sólo hacer un par de movimientos más al quitarme la ropa, de todo sea aprende un poco.

Luego que yo quedara en bóxeres y notando cómo un bulto se hacía presente en la entrepierna del chino, me senté sobre su cadera y le masturbé por sobre la ropa para despertarle aún más esa hombría que tanto fascina a mi jefe o le fascinará poco porque también me desea a mí. No importa, quiero el cuerpo de este muchacho a casi toda costa. Mas las manos del chico me detienen cuando comienzo a desvestirle.

—Espera Yuriy… No es estoy seguro de esto… Kai él… él confía en mí… —me dijo con la voz un poco quebrada y con los ojos algo húmedos.

—Él no tiene por qué enterarse… será un secreto —le dije al oído y mordí el lóbulo de su oreja, sacando un suave suspiro o quejido porque podría ser ambos. —Un secreto sólo nuestro, ¿te parece? —y le besé el cuello gentilmente.

—…Sí… un secreto… —repitió el entre suspiros y me dejó comenzar mi labor.

Su cuerpo era muy sorprendente, sí tenía una tez bastante más bronceada que la mía o la de Kai, pero era más musculoso de lo que pensaba, sus abdominales estaban bien marcados, sus pectorales fuertes y su trasero firme, porque me tomé el descaro de tocarle allí también. Supongo que es el resultado de muchas artes marciales y entrenamiento, porque otra cosa no hay en este cuerpo, me arriesgo a pensar que no toma nada para hacer más grandes sus músculos. Pero lo que más me llama la atención son los tatuajes y las perforaciones de su cuerpo. Tiene un dragón en su hombro derecho y un tigre en el costado izquierdo del abdomen, tiene tres aros en una oreja y un expansor en la otra, además de un aro en el ombligo. Si bien no le quedan mal, no imaginaba que su cuerpo fuera así, se veía más dulce con la ropa puesta.

Mas lo interesante fue, en realidad fueron, varias cosas. Intenté preparar su entrada con mis dedos, pero no me costó nada deslizar dos dedos en su interior y él sacó un gemido bastante fuerte, de pura excitación. Adoraba tenerlo tan sumiso, Rei se dejaba hacer a mi voluntad y se entregaba completamente a mí, le acaricié todo el cuerpo con mis labios y con mi lengua, degustando su sabor algo salado por su traspiración, no obstante eso lo hacía más y más excitante. Pronto las cosas pasaron casi tan rápido como si lo hubiéramos planeado.

Notando que el interior de este muchacho está bastante preparado para recibir mi miembro, y viendo que él está listo, a juzgar por sus gemidos casi suplicantes por más placer, saqué mis dedos y él se acomodó mejor. Se arrodilló en el piso, con su trasero más que expuesto para mí y apoyó las manos en el sofá donde estábamos hacía un momento, le estrujé las nalgas con ambas manos y le contemplé unos segundos. Pude ver la otra mitad del dragón en su hombro y también noté otro tatuaje en la parte más baja de su espalda que decía "Kai Hiwatari". Parece que su amor y pertenencia a Kai son más que patentes y ser yo capaz de sobrepasar ese amor me hace sentir fuerte, como si tuviera el control sobre Rei ahora.

Lo penetré de una sola vez, adentrando mi miembro en su interior hasta el final, provocándole un grito y que arquee la espalda. Esperé unos segundos a que se acostumbrara hasta que él empezó a mover su cadera, buscando sentir más, casi arto de la posición en la que estábamos. Es un chico demandante, pide que le den todo y realmente le excita ser dominado. Parece una digna descripción mía pero con otra personalidad.

Comencé las embestidas, marcándole mi propio ritmo acelerado y casi salvaje, buscando que ruegue me detenga, tener el control sobre él, obligarlo, someterle, hacerlo mío aunque sea sólo estos segundos. Esa era mi meta y la logré, Rei gime y grita de puro placer, su suave voz se vuelve grotesca, casi descarnada al ser embestido con una fuerza diferente a la de Kai. Yo también dejé escapar un gemido al sentir la contracción de su ano durante su primer orgasmo, porque Kon se corrió antes que yo, pero no fue suficiente por lo que no paré en mi labor, ahora buscando mi propio placer.

Tras la segunda eyaculación del chino, yo también llegué al punto máximo de placer y me corrí en su interior. Me quedé dentro de él unos segundos más, moviéndome cada vez más lento hasta que él movió su cadera también y no pude evitar que mi mano viajara hasta impactarse contra una de sus nalgas. Kon dio un respingo y se quedó quieto, en realidad se quedó con la cabeza apoyada sobre el sillón y se dejó hacer un rato más hasta que retiré mi miembro de su entrada. Recién allí noté la marca de mi mano en él y me sentí un poco mal, por ello le besé el hombro y le susurré una disculpa. Él me sonrió y me miró con cierta culpa.

Le ayudé a vestirse nuevamente y se quedó sentado en el sillón, una pequeña lágrima corrió por su mejilla. Se la limpié con la mano y me senté a su lado, acariciándole el cabello, parecía que se sentía culpable, y admito que yo también, por incitarlo a algo así. Le besé la mejilla y él apoyó su cabeza en mi hombro. No lloraba pero estaba muy callado y se notaba el nerviosismo en sus manos, jugaba con sus dedos y no me miraba a los ojos. Rodeé sus hombros con mi mano y la apoyé en su otro hombro, me quedé así hasta que un sonido nos llamó la atención.

Era una canción pop, de inmediato conocí la canción porque reconocí la voz del cantante. No estaba remixada, pero la había escuchado tantas veces que parecía que sí. Inclusive la melodía era pegajosa y me provocó una sonrisa, al igual que la letra, pero para Rei eso fue como un balde de agua fría. Dedujo eso porque mientras "Payphone" de Maroon 5 sonaba, él estaba tieso en el sillón. Cuando el ritmo se calmó y se volvió un poco más tranquilo, la música se cortó abruptamente. Nos quedamos callados y en silencio, podría jurar que escuché el rechinar de los dientes de Rei producto del nerviosismo.

Al ver que Kon no se iba a mover, yo me paré y tomé el teléfono de pantalla táctil y se lo pasé. Él lo tomó y miró con casi horror quién le había llamado.

—Era Kai —dijo en voz alta y comenzó a revisar el aparato. —Tengo dos mensajes y tres llamadas perdidas. Uno dice: "Cómo está todo? Dónde estás?"; y el otro: "Contesta el puto teléfono"… Debe estar muy enojado…

Nuevamente vi como las lágrimas cayeron por sus ojos y me angustió. Me arrepentí completamente de haber tenido sexo con el pobre muchacho. No pensé que le afectaría tanto, ¿yo cómo iba a saberlo? Me sentí tan mal que me ofrecí a acompañarlo a su casa y a ser yo mismo quien le explicase todo a mi jefe, o sea, a su marido o pareja o lo que sea. Pero él se negó a todo, dijo que me agradecía por todo que realmente le había gustado y se despidió. Por suerte la tormenta ya había pasado y me quedé un poco más tranquilo al saber que no se mojaría más, dado que se cambió y se puso la ropa con la que había llegado.

Le despedí y me quedé con un sabor amargo en la boca. No le había hecho un oral, y lamentablemente él tampoco me lo hizo a mí, pero me hubiera sentido mejor si al menos hubiera probado esos suaves colmillos en mi miembro unos segundos. Ash, no debería pensar de esta manera tan frívola. Al final me quejo y critico a Johnny y Robert, e incluso critico a Bryan y Kai por brutos, y yo soy bastante parecido a todos ellos juntos o peor porque yo soy Yuriy Ivanov.

– – –

Nota final: Acá termina la segunda entrega, espero haya sido de su agrada. Como siempre, si alguien tiene alguna crítica hágamelo saber en un comentario. De todos modos, les agradecería que, si les gustó, me lo hagan saber también en un comentario ;). En el segundo capítulo veremos un poco más de sufrimiento y menos banalidad muajajajaja adoro hacer sufrir a los personajes, ya lo notaron? xD