¡Hola de nuevo!

Aquí les traigo el decimosegundo capítulo de este Fic. Espero que les agrade, ya que sé que muchas están esperando el gran momento Klaine, con amor, besos y estrellitas, pero ese momento se hará esperar.

En este capítulo todos sufren bastante más que en el anterior, pero es necesario como dicen "el amor es sufrimiento" y además todos están muy sensibles, llorones y dramáticos, sus problemas que en verdad son pequeños para ellos son el mundo entero, pero bueno no me entretengo más, solo recordar que los personajes y escenarios de Glee no me pertenecen sino que pertenecen a Ryan Murphy, Fox y colaboradores.

Por favor dejen reviews, favoritos y follows, me hacen ser muy feliz y me da inspiración para actualizar todos los martes siempre puntuales…

Ahora sí ¡Capítulo 12!

Capítulo 12: Todo empeora a miles de metros de altura.

-Damas y caballeros, por favor abróchense los cinturones, en unos minutos el avión US airways-3428 va a despegar rumbo al aeropuerto Libertad de Newark, se estima que el vuelo llegará a las 10 y media. Espero que tengan un vuelo agradable y no duden en preguntar a las azafatas sobre cualquier duda. Les habla el capitán James Stuart. Eran las ocho y media de la mañana y Kurt, Santana y Rachel hacía dos horas que habían llegado al aeropuerto de Columbus en Lima. Los padres de Rachel, los habían llevado al aeropuerto, cada uno cogió su maleta y después de todo el chequeo se embarcaron en el avión. Ahora, después de horas sentados y subidos en el aeroplano, esperaban a que éste despegara. No habían hablado entre ellos ya que no tenían ni ganas ni fuerzas para hacerlo. Estaban sentados en la misma fila, Rachel jugaba con su collar dorado en forma de estrellita que le había regalado su padre, Santana miraba hacia el pasillo, pero sin prestar atención a las indicaciones de seguridad que estaba dando la azafata y Kurt al lado de la ventana, miraba por ésta, como si por alguna razón fuese a aparecer en cualquier instante alguien. Todos sumisos en sus pensamientos, no se dieron cuenta de que habían despegado y estaban ya rumbo a su destino hasta que una joven pelirroja vestida con un traje azul marino de chaqueta y falda estrecha, les llamó la atención. -Disculpen señoras y, señor –corrigió al ver a Kurt –solo quería preguntarles ¿Si querían algo para comer o beber? -¿Qué tienen de alcohol? –preguntó sin rodeos Santana ante la mirada ahora atenta y sorprendida de sus amigos. -Disponemos de… -la mujer que no se esperaba el pedido empezó a tartamudear cosas si sentido para después correr hacía la cola del avión. Unos minutos después otra azafata, de mayor edad y con el pelo negro como el carbón apareció. -Siento el comportamiento de Cristina, pero es nueva y a la mínima pregunta no esperada se asusta y le entran ganas de vomitar. No entraré en explicaciones desagradables... ¿Qué quieren para tomar? –preguntó mientras sacaba una libretita y un bolígrafo de su bolsillo. - Como le he dicho a su compañera ¿qué tienen de alcohol? –volvió a preguntar Santana. -Tenemos whisky, vodka, ron…-informó la azafata nombrando los tipos con los dedos, pero no pudo acabar ya que Santana la interrumpió: -tráigame todas las botellas que tenga de alcohol. La azafata ante tal pedido la miró con mala cara. –No se preocupe, no soy alcohólica, -explicó Santana –es para todos nosotros, no estamos pasando un buen momento. –La azafata les miró, y al ver que todos estaba con una mirada sin expresión se dirigió a la parte trasera del avión y volvió unos minutos después con tres vasitos de plástico y un surtido de diez botellitas con líquidos de diferentes tonalidades. Después de que Santana pagara, les dio un vaso a sus amigos que no habían comentado nada sobre la petición de emborracharse de Santana. Rachel fue la primera que bebió, seguido de Kurt y Santana. Un gruñido a causa del sabor fuerte y agrio del whisky salió de las bocas de ambos.

-¡Dios que fuerte está! –dijo Kurt, sacando la lengua con cara de asco.

-No seas niña Kurt, es lo que hay. Es o esto, o estar una hora más de nuestras vidas sufriendo. Por lo menos con esto podremos estar un poco tranquilos –dijo Santana sirviendo la segunda ronda de whisky.

-Santana tiene razón. Mañana tendremos que volver a nuestra rutina. Pero esta vez será con el corazón de todos destrozado. –Aseguró Rachel cogiendo su vasito y levantándolo. -¡Brindemos!, por nuestra tristeza, y para que todo mejore.

Santana levantó también el vaso y ambas miraron a Kurt, que seguía mirando la ventana con el vaso en la mano, pasaron unos segundos en silencio durante los cuales, si prestabas atención podías escuchar las ruedas de los cerebros de los tres amigos.

-Por intentar apagar el escozor de corazón –brindó Kurt levantando el vaso y bebiéndose todo el líquido marrón del vasito.

Al cabo de media hora, ya se habían bebido la mitad de las botellitas, y el olor y la reacción del alcohol era notable en el ambiente. Kurt lloraba sobre la falda de Rachel, mientras que ésta le acariciaba el pelo cantando desafinadamente a causa de las lágrimas que brotaban de sus ojos, Santana era la única que no lloraba, en cambio de eso pegaba fuertemente como si fuera una luchadora profesional golpes en el sillón de enfrente. Dónde un señor mayor, con barba blanca, era tranquilizado por su mujer ya que no querían montar un escándalo. Al golpe 23, el hombre no pudo más y se giró bruscamente encontrándose cara a cara con Santana.

-¡Paré! –Exclamó –juro que como dé un golpecito más, yo la mato, ¡La mato!

Santana se quedó mirando fijamente al señor, para después empezar a llorar y a balbucear cosas sin sentido. El señor sorprendido por la reacción alargó la mano y acarició el negro pelo de la chica.

-Lo siento, yo no le quería gritar de esa manera –se disculpó.

-No...No es su culpa –empezó secándose las lagrimas de los ojos –Es qué estoy en un momento triste.

-¿Qué momento triste si se puede preguntar? –dijo la mujer de al lado con una sonrisa.

-Mi novia... ¡No! No es mi novia –dijo Santana empezando a llorar de nuevo, pero siendo tranquilizada por el brazo de Rachel y la sonrisa de Kurt, que esperaban una explicación ya que ni ellos mismos sabían que había pasado con su amiga –Mi amiga, con la que creí que íbamos a ser algo más, me dejó.

-¿Te dejó? –Preguntó la mujer horrorizada – ¿Cuánto llevaban? Y ¿cómo lo hizo?, quiero decir ¿Te engañó?

-No, no me engañó, sólo nos conocemos desde hace una semana. Y me abandonó después de que pasara un fin de semana con ella. Cuando tuve que volver a New York, ella me dijo que no quería venirse conmigo.

-¡Dios!, banda de mocosos ¡cállense ya! –Exclamó un hombre de unas filas más atrás –hay personas que nos gusta el silencio y no las telenovelas.

-Tiene razón el señor –dijo el hombre dirigiéndose a los adolescentes, es muy temprano para montar una telenovela así. Sólo les puedo dar un consejo, háblenlo, entre ustedes, con los causantes, con el vecino, da igual pero háganlo, no se lo guarden ni intenten borrarlo con alcohol de mala calidad.

Los amigos asintieron y se quedaron en silencio. Sin beber nada más. Cuando llegaron al aeropuerto cogieron sus bolsas y se dirigieron al loft, se encerraron en sus respectivas habitaciones y por turnos no acordados se fueron dirigiendo a la ducha y saliendo de ella para irse a vestir de nuevo. Cuando todos estuvieron duchados se reunieron en el salón, donde Kurt había preparado tres cucharas y un gran pote de helado de chocolate con trocitos de galleta. Se sentaron en el sofá y sólo en ese instante hablaron:

-¿Quién empieza? –Preguntó Santana –ustedes ya saben mi historia, yo no sé la vuestra.

-No hay historia que contar –explicó Rachel.

-¡Oh! vamos Berry, hace unos días estabas emocionada por que habías recuperado a tu hombre y seriáis felices para siempre ¿que pasó?

A Rachel se le llenaron los ojos de lágrimas –no me eligió, eligió su trabajo, eligió a Ohio antes que a mí. –explicó.

-Ya te lo dijimos amor, te dijimos que no podías hacer elegir a Finn ante eso.

-¿Y entonces que debería haber hecho?

-Haberte adaptado, por qué tenias opción –exclamó Kurt –ustedes dos tenían opción, podían haberse quedado con sus parejas. Podían haberlo intentado. Fueron ustedes las que elegisteis no dejando opción para el otro.

Santana y Rachel miraron a Kurt atentamente. Este entendió la indirecta y empezó a relatar:

-Todo pasó la noche después de volver de los seccionales, Blaine me dijo que tenía que decidir entre Sebastian y yo, como os dije –las chicas asintieron –Como Finn estaba enfadado contigo me preguntó si iba hacía casa y le dije que sí, así que nos marchamos hacía casa juntos. En el coche, Finn se notaba muy triste y me explicó lo sucedido…

-¿Estas bien? –preguntó Kurt a Finn quién parecía muy distraído. Este asintió, pero sin dejar de mirar la carretera -¿Seguro? –insistió Kurt.

-Conozco a Rachel, desde hace casi 5 años. –Empezó Finn con un gran suspiro –sé lo que le gusta, lo que no, lo que le molesta, lo que le hace feliz, reír o llorar. La conozco tan bien, que con solo una mirada puedo adivinar en lo que piensa o como está. –Finn miró a Kurt que le observaba como si de su boca fuera a salir la solución de problema del mundo, así que no le quedó más remedio que continuar. –Sé cómo es Rachel, sé que puede ser insoportable, pesada, chillona, molesta y muy egoísta, tú la conoces tan bien como yo, pero también sabemos lo buena persona que puede ser, que mataría por sus amigos y hasta se quedaría afónica por luchar por lo que quiere. Pero hoy… hoy se ha pasado –Finn volvió a suspirar pero ahora con tristeza. Después miró a Kurt y le sonrió –me estuve a punto de casar con ella, lo quería todo con ella y lo sigo queriendo pero después de lo de hoy. Después de que me hiciera elegir. ¡Entre ella y mi trabajo! Una buena novia no hace eso –se quejó.

-Debes entender su punto de vista –intentó contradecir Kurt, pero tampoco muy seguro de sus palabras.

-¿Y cual es? –preguntó.

-Ella te quería más que nada Finn y la abandonaste, y tiene miedo de que lo vuelvas a hacer –explicó –sé que según tú sólo lo hiciste para que pudiera cumplir sus sueños. Pero desapareciste. La dejaste sola cuando te necesitaba.

-No pude ponerme en contacto con ella, fui a cumplir mi sueño…

-Oh vamos Finn, no sé porque maldita razón te fuiste a un campo militar pero eso no es escusa –le interrumpió Kurt.

-Ella me engañó con el chico ése. –dijo refiriéndose a Brody.

-¡No te engañó, se sentía sola! –le contradijo Kurt. Al decir esas palabras se quedó callado llevándose la mano en la boca. "Ahora lo entendía" pensó "Blaine no le engaño, él lo dejó abandonado, y Blaine se sintió solo al igual que Rachel"

-¿Kurt..?, ¿Estás bien? –preguntó Finn dándole un empujoncito en el hombro.

-Si te pido un favor ¿lo harás? –preguntó Kurt mirando con suplica en los ojos a Finn.

-Depende… -respondió inseguro.

-Llévame a Westervielle –suplicó

-¿Bromeas? –dijo Finn pensando que lo que su hermano acababa de decir era una broma pero sus ojos decían todo lo contario.

-¿En serio me harás ir hasta Westervielle? –Kurt hizo un adorable puchero que fue todo lo que necesito Finn para dar una vuelta de 180º y dirigirse hacia la carretera que les llevaría a Westerville."

-¿Se fueron a Westerville? –preguntó Santana.

-Sí, quiero decir, Finn haría todo lo que pudiera por mí, soy su hermano. –afirmó muy seguro Kurt sobre la relación de hermanos que tenía con Finn.

Rachel se levantó de golpe y se fue hacia su habitación. Dejando atrás a sus amigos que la miraban con preocupación.

-Le afectó verdad lo que dije sobre la conversación de Finn. –dijo Kurt en un susurro avergonzado por haberle hecho daño a su mejor amiga.

-Se le pasará… -le consoló Santana -a todos se nos pasará. Sólo son las 3 del mediodía, ya seguirás con la explicación por la noche. Creo que todos deberíamos dormir un poco.

-Tienes razón. –Alegó Kurt –Te toca hacer la cena hoy, y no será pizza –dijo con una media sonrisa mientras Santana reía.

-De acuerdo Kurtie… Y ¿Kurt? –Este se giró al ser llamado –todo se arreglará.

Kurt asintió y se metió en su cama rogando que fuera así, tal y como había dicho su amiga.

A las 7 de la tarde un olor a pepinillos, carne y panecillos entró por la rejilla de ventilación de las habitaciones de Kurt y Rachel. Despertándoles por el hambre que tenían ya que solo habían comido o mejor dicho bebido alcohol y helado de chocolate y sus estómagos les pedían desesperadamente algo sólido que digerir así que mandrosamente se levantaron para dirigirse a la cocina donde Santana cocinaba unas hamburguesas en una barbacoa y con el extractor limpiaba el humo que esta soltaba.

-Santana… ¿Qué haces? –preguntó Kurt señalando hacia la roja y clásica barbacoa.

-Pues la verdad es que, como todos estamos muy depresivos, ustedes más que yo y además estuve pensando en lo que nos dijo ese anciano en el avión y, ¿saben qué? –Preguntó, pero al ver que sus amigos todavía estaban en shock por lo de la barbacoa siguió explicando –me di cuenta de qué lo mío tiene solución. A ver, si me explicó no es que lo suyo no lo tenga, pero es más complicado, lo mío solo ha sido un bajón de esos que te vienen cada mes, ya sabéis… –bromeó, pero no causando ninguna gracia.

-Eso no nos aclaras que haces con una barbacoa. –se quejó Rachel.

-Lo que estoy haciendo te lo explico si me dejas terminar querida, es, que mientras ustedes dormían como unos animales hibernando, yo fui al mercado ecológico que está en la calle de enfrente en el cual solo Rachel y su enfermedad mental llamada vegetarianismo conocen y compré carne fresca y verduras después fui al vecino de al lado, el cual tiene un jardín y le pedí la barbacoa, todo gracias a mis hermosuras –explicó señalándose los pechos. –Y aquí estamos cocinando unas buenas hamburguesas.

-¿Seguro que no estas embarazada? –preguntó Rachel.

-Soy lesbiana ¿lo recuerdas? – contestó señalándose –te puedo asegurar que no lo estoy. Solo miren-las… -dijo refiriéndose a los trozos de carne – ¿no son hermosas?

-Soy vegetariana, no puedo comer esta abominación –recordó Rachel sentándose en una de las sillas que rodaba la mesa de madera donde Santana había puesto tomates cortados, lechuga, pepinillos y potes de salsas.

-Mama se ha acordado y mira lo que compré –exclamó sacando de una de las bolsas de plástico una hamburguesa de un color más marrón.

-¡Tofu! –Dijo divertida Rachel –¡ gracias San!

-De nada, además creo que lo necesitas, ambos. –Corrigió –Así que cojan sus panecillos integrales y llenen los de lo que quieran, ahora mismo se acabaran de hacer las hamburguesas.

Kurt y Rachel empezaron a preparar las hamburguesas cada uno a su gusto, Santana sirvió los trozos de carne. Y se fueron a sentar en el sofá ya que la mesa todavía estaba ocupada por los ingredientes que habían utilizado.

Cuando estuvieron ya comiendo, Santana con la boca medio llena preguntó:

-¿Qué les parece?

-Es la mejor hamburguesa ¡del mundo! –exclamaron Kurt y Rachel.

-Los sé... –dijo con orgullo. –Y ahora, Kurt... sigue explicando.

Kurt suspiró profundamente para después hablar.

-¿Dónde lo deje?, -las chicas hicieron cara de concentradas pero al no recordar nada negaron con la cabeza –creo que por cuando Finn y yo nos dirigíamos hacia Westervielle...

-Llegamos –anunció Finn apagando el motor delante de una gran casa.

-Otra vez, mil gracias Finn –dijo Kurt. –en serio que no sé que habría hecho si no me hubieras traído.

-No digas más, para eso estamos los hermanos –contestó Finn dándole poca importancia y abrazando a Kurt – ¡suerte!

Kurt bajó del coche y se dirigió a la gran casa en la cual tantas veces había ido a estudiar o sencillamente a estar con Blaine. Tocó el timbre y al cabo de unos segundos una señora bajita y morena abrió la puerta.

-¡¿Kurt?! , que sorpresa. No esperaba vele aquí pensé que se mudo a New York y que ya no estaba con el señorito Blaine, pero sigue siendo una gran alegría volver a verle –le saludó la señora.

-También es una gran alegría volver a verle Josefa –dijo Kurt abrazando a la señora. -¿Esta Blaine aquí?

-Sí, está arriba preparándose para ir a casa del señorito Sebastian. –Anunció dejándolo pasar –si quiere puede subir a su habitación.

-Gracias. –respondió mientras entraba y contemplaba la casa. Grandes paredes azules con detalles dorados, una lámpara de araña, unos sofás dorados y una mesa de caoba, en la cual la familia Anderson comía era lo que se podía observar desde la escalera que subía a la planta de las habitaciones.

Cuando llegó a la habitación de Blaine, se quedó quieto, miró el nombre gravado en la pared en rojo y eso le dio fuerzas para golpear. Un "pase" se escuchó, haciendo a Kurt entrar en la habitación. En este caso no se quedó mirando las paredes como había hecho en el salón, esa habitación la tenía completamente gravada en la memoria. Paredes rojas con dibujitos en ellas, una cama individual, una mesita de noche con una lamparita y un armario donde Blaine guardada su ropa colorida era lo único que guardaba éste en esa habitación. El chico estaba haciendo su maleta y al pensar que era Josefa la que había entrado, no se quiso molestarse tampoco en mirar, solo fue cuando Kurt tosió forzadamente que se giró, quedándose en completo shock al ver a su amigo allí.

-¿Kurt? –Preguntó todavía no creyendo que estuvieran en esa situación- ¿Qué haces aquí?

-Finn me trajo. Quiero decir, quise venir a decirte algo.

-¿No podías habérmelo dicho por teléfono?

-No podía esperar. –se disculpó.

-Entonces, ¿qué es eso tan importante? –preguntó volviendo a su faena de colocar la ropa en una maleta.

-Yo... bueno, como ya sabes mañana me voy temprano, y solo quería irme, ya sabes. Bien. Y además hablé una cosa con Finn que me hizo darme cuenta de algo que hice mal con lo nuestro y quiero disculparme antes de irme –empezó Kurt sentándose en el lado opuesto de la cama de Blaine y quitándole de las manos un polo azul chillón que este intentaba doblar.

-¿Y de que cosa te diste cuenta? –preguntó Blaine intentando huir de los ojos azules que le perforaban el alma.

-Tú no fuiste la razón por lo que lo dejamos, se que siempre te culpé. Pero ahora me doy cuenta de que también fue mi culpa. –Kurt acarició la mejilla de Blaine, haciendo que este por primera vez des de que había entrado en la habitación le mirara a los ojos. –siento haberte culpado Blaine, pero me dolió tanto... –dijo tocándose el corazón -Pero ahora sé que a ti te dolió igual o más ya que yo te dejé sólo, e hiciste lo que hiciste por el sentimiento de soledad. –Ahora la mejilla de Blaine empezaba a estar húmeda igual que la de Kurt. –Y yo lo siento Blaine, siento haber desperdiciado tanto tiempo para darme cuenta y ¿Sabes?, Sebastian parece un buen chico en verdad, yo sólo espero que seas feliz. –terminó. Después abrazó a Blaine, este se agarró fuertemente a esa sensación.

-No sé a quién elegir –reconoció Blaine cuando el abrazo acabó.

-Lo sabrás... –respondió Kurt. –Siempre tendrás tiempo. Porque te voy a esperar. Todo el tiempo que sea necesario, para cuando puedas y quieras estar conmigo ahí estaré.

-Gracias –dijo volviéndolo a abrazar, pero ahora más fuertemente.

-Te quiero -susurró Kurt. Blaine lo apretó, en un abrazo que casi deja sin respiración a los dos amantes, se quedaron unos minutos así, hasta que escucharon la bocina de un coche fuera de la casa.

-Debe ser Finn-rió Kurt –me tengo que ir, mi avión sale muy temprano.

-¿Volverás?-preguntó Blaine mientras Kurt salía de la habitación.

-Yo siempre volveré por ti Blaine solo debes decirme cuando. –y así cerró la puerta tras de si marchándose de la casa no sin antes despedirse de Josefa prometiéndole que volvería a visitarle y dirigirse al coche donde Finn le esperaba ya de los nervios.

-Tardaste –le dijo solo al entrar.

-Tenía que tardar, y hubiera tardado más si no hubieras pitado –dijo Kurt poniéndose el cinturón de seguridad. -¿Vamos?

-Sí –dijo arrancando la camioneta y poniéndose rumbo a Lima. -¿Cómo fue? –preguntó Finn mirando a Kurt con una sonrisa de ánimos.

-No lo sé, yo sólo…Espero que sea feliz. Y por eso te voy a llamar todos los días para preguntarte cómo le va. Lo voy a esperar Finn. Tanto tiempo como sea necesario, pero estamos hechos para estar juntos, lo sé. Así que sólo tengo que tener paciencia.

-Muy sabio hermanito –dijo Finn con cariño.

-Gracias, aprendí de ti –dijo Kurt. –pero tendrías que poner tu sabiduría en práctica con el tema de Rachel.

-Lo tendré en cuenta...

-Y ya está –finalizó Kurt.

-¿Ya está? –Preguntó Santana como una niña pequeña la cual no le gusta el final del cuento –Para eso tanto drama. ¡Acabaron bien!

-Lo hicimos si hablamos desde el ámbito de amigos, pero no conseguí lo que me propuse, Blaine se quedó con Sebastian.

-Por lo menos no te odia -dijo Rachel entre lágrimas.

-Oh, vamos Rach… nadie te odia, y menos Finn. Finn te quiere como a nadie sólo se enfadó por hacerle elegir, pero se le pasará –le consoló Kurt.

-¿Cómo he podido ser tan egoísta? –se preguntó a si misma.

-¡Ya está!, basta, tienen que parar de llorar. Hice hamburguesas, escuchamos la historia de Kurt, y ahora vamos a dejar de ser unos dramáticos adolescentes New Yorkinos y vamos a recoger la cocina para después irnos a dormir, y mañana nos vamos a despertar con una sonrisa en la cara para ir a estudiar y trabajar –dijo con ilusión y levantándose para empezar a recoger la cocina.

-Santana tiene razón, debemos de dejar de llorar. Vamos a poner música y vamos a empezar a recoger esta porquería. –dijo Kurt animadamente

-De acuerdo... –asintió Rachel un poco más animada cuando Kurt cogió el álbum favorito de country de Rachel y lo puso en el reproductor ( watch?v=vTnWFT3DvVA)

-¿Country? –preguntó divertida Santana.

-No se me ocurrió nada más, además Carrie Underwood puede animar a cualquiera –se disculpó Kurt empezando a moverse al rimo de la música mientras recogía los platos.

Mientras los chicos recogían, fuera de su loft tres personas se rencontraban:

-¿Blaine? –preguntó Finn sorprendido de ver a su estudiante y amigo allí. -¿qué haces aquí?

-Creo que lo mismo que hacemos todos aquí, -dijo señalando a una castaña que se dirigía hacía ellos con una maleta rosa -¿tu debes ser Lucy?, ¿la novia de Santana?

-¿El novio de Kurt? –preguntó la chica intentando no equivocarse.

-Eso es para lo que estoy aquí. –dijo Blaine sonriendo forzadamente.

-Para eso estamos todos aquí ¿no es así? –preguntó Finn dirigiéndose hacia el ascensor.

-¿Cogieron el vuelo de las 3 p.m? –preguntó Lucy intentando empezar una conversación y relajar un poco el ambiente tenso que rodeaba el pequeño elevador.

-Sí –contestaron los dos chicos. –tan pronto como recapacitamos y nos dimos cuenta de cuánto les necesitamos.

-Entonces estamos igual. –Contestó Lucy, para volver a quedarse en otro gran silencio -¿Es la primera vez que vienen aquí?

-¿A New York o al Loft? –preguntó Blaine.

-Al loft.

-No, ya habíamos venido –contestó Blaine –ambos.

-Entonces soy yo la novata. –dijo en voz baja Lucy.

-Tranquila ya verás que todo saldrá bien y tendrás una buena estancia –le dijo Finn.

-Eso espero –suplicó mientras los tres salían del ascensor y se dirigían a a puerta del loft desde la cual salía una música country.

-Es country, deben estar ya en la fase de "Ojalá todo mejore" –dijeron a la vez Finn y Blaine riéndose por conocer tanto a sus "parejas", si éstas se podían llamar así.

-Muy bien ¿quien llama? –preguntó nerviosa Lucy.

-Yo mismo si les parece –dijo Finn poniéndose delante de los otros dos y llamado a la puerta con fuerza para que se escuchara por encima de la música.

Escucharon unas voces dentro, la pausa de la canción y unos pasos acercándose. Rachel abrió la puerta unos segundos más tarde y se quedó más que petrificada al ver a los visitantes inesperados.

-¿Rachel?, ¿Quién es? –preguntaron Kurt y Santana al ver que su amiga tardaba tanto, mientras se dirigían también a la puerta y se quedaban en shock, al igual que Rachel

Blaine, Finn y Lucy saludaron tímidamente, si saber que decir.

Espero que les haya gustado.

Nos vemos la semana que viene

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Besos y abrazos