Capítulo 15

No podrás mantenerme siempre lejos, hermosa mía. Te deseo. ¿No vendrás a mí?

GEORGETTE HEYER, El cachorro del diablo

Candy entró en la cochera, encendió la luz y profirió un grito.

- Bienvenida a casa, querida -. Terry estaba repantigado en el rincón más oscuro de la sala, una mano apoyada en el brazo del sillón orejero, un vaso lleno de whisky en la otra. Llevaba desabrochado el cuello de su camisa de vestir y Gordon yacía a sus pies, con una oreja caída sobre la punta de un zapato Gucci negro y reluciente.

- ¡NO vuelvas a darme un susto así!

- Ya te advertí que debías cerrar con llave.

Candy dejó caer su bolso en una silla y se quitó la chaqueta que llevaba encima de un jersey y una falda tejana corta.

- Al menos, podrías haber encendido la luz.

- Estaba melancólico.

- Pues ya es suficiente.

Terry cruzó los tobillos, estropeando el cómodo apoyo de Gordon.

- Vamos, debes de estar acostumbrada a encontrar hombres enfadados a tu puerta. Teníamos una cita.

- Tú tenías una cita. A mí no me preguntaste.

- Creo recordar que te dejé una nota, y también hablamos del tema por teléfono.

- Una conversación de sordos.

- No pienso esconderme - Dejó el vaso con un golpe seco y se levantó del sillón - Porque de esto se trata. ¿Me equivoco?

- Eres tú quien tiene que vivir en esta ciudad, titi.

De pie, Terry se inclinó hacia ella.

- Una extraña manera de protegerme, la tuya.

- Por mucho que los buenos ciudadanos de Lakewood se explayen sobre tu fama y renombre, sigues siendo un forastero y pueden retirarte la alfombra de bienvenida en cualquier momento.

- Es mi problema.

- Suenas como tus ancestros Victorianos.

- No necesito que nadie me proteja _ añadió él mientras avanzaba con pasos lentos hacia ella_ . Y, sobre todo, no necesito que me proteja una mujer cuyo único propósito en la vida es vender un cuadro que no puede encontrar.

- Sí que estamos solidarios esta noche.

- Lo creas o no, puedes vivir una vida decente sin diamantes ni abrigos de piel.

- Gracias, señor Gucci. _ Se alejó de él.

Terry posó la mano sobre el respaldo del sillón orejero

- Disfruto de los lujos que me puedo permitir pero no los necesito, y desde luego no vendería mi alma para conseguirlas.

- Una nueva muestra de tu superioridad moral.

- Candy... _ El tono grave de su voz sugirió que ya no era momento de hacerse la graciosa.

- No soy totalmente idiota _ dijo ella_ . Nunca he pretendido vivir con el dinero del cuadro. Pienso volver a Houston y obtener una licencia de agente inmobiliario. _ Había sido una buena ( seguía siéndolo) pero Candy tuvo que esforzarse para poner una nota de entusiasmo en su voz_ Tengo muchos contactos allí y quiero vender inmuebles de alto standing. Aunque resulta muy difícil empezar sin un coche impresionante y ropa decente.

- ¿Quieres ser agente inmobiliaria? ¿Tú?

- ¿Qué hay de malo en ello?

- Nada. Es un trabajo perfectamente respetable. Pero no te veo haciéndolo.

- Seré una vendedora magnífica.

- Hasta que algún cliente exigente te toque las narices

- Puedo ser amable.

Terry cruzó los brazos.

- Ya, eres la personificación de la amabilidad.

- Te agradezco el voto de confianza.

- Solo intento señalar lo que tú prefieres no ver, aunque creo que ya hemos comentado tus dificultades a la hora de afrontar la realidad. Véase tu insensata idea de trabajar en una librería.

- Ya no estoy hablando de eso.

- Volvamos, pues, a tu plan de vender mini mansiones - Terry se estaba enfadando y ella vio con inquietud que volvía a apartarse del sillón. -Lo que necesitas es un plan de trabajo realista, que no se base en el hallazgo de un cuadro que, con toda probabilidad, fue destruido hace tiempo.

- ¡Ya sé! Iré a una escuela de mecánica.

- Es el colmo - Sin más advertencia que un tic en su aristocrática nariz, Terry la empujó contra la pared. Tenía un aspecto feroz cuando la abrazó y gruñó. -Por Dios que nunca he deseado agredir a ninguna mujer pero o hacemos el amor o voy a pegarte.

Sus palabras la hicieron sonreír, por fin.

- Elijo la primera opción.

Terry profirió una maldición confusa y le atrapó los labios en un beso. Al mismo tiempo, deslizó las manos por debajo de la falda tejana…. Y ella no hizo nada por impedirlo.

En cuestión de segundos le quitó las medias y las bragas. La agarró por los muslos y la levantó. Un jarrón chino se hizo añicos contra el suelo, cerca de la cabeza de Gordon, que huyó asustado a la cocina. Candy le rodeó las caderas con las piernas. Él forcejeó con su ropa y al cabo de unos segundos la penetró.

Estaba preparada para recibirle.

Empezó a embestirla con fuerza, hasta que de pronto gimió y empezó a retirarse.

- No llevo preservativo.

Candy se apretó contra él y no le permitió apartarse.

- No es necesario _ susurró.

- Gracias a Dios.

La empujó contra la pared, hincando los dedos en sus nalgas. Ella empezó a besarle y se entregó a la fricción húmeda y caliente, a los sonidos y olores, a su ardor, a su solicitud...

Se estaba enamorando de él.

Lo sabía desde hacía días pero no había querido reconocerlo, y ahora no podía, no cuando las pestañas de Terry rozaban su mejilla y cuando la encantaba tanto sentirle dentro. Chupó su labio inferior.

Él gimió, empujó con más fuerza, y ella se abandonó a la conmoción.

Cuando terminó Candy se dejó transportar al dormitorio, donde se desnudaron del todo y volvieron a hacer el amor, esta vez más lentamente y con tanta ternura que ella se sintió desarmada. Estaba perdiendo la batalla de no dejas caer las barreras que les separaban.

Cuando por fin estuvieron saciados, tomaron un baño juntos. Ella se recogió el pelo. Él se sentó a su lado, las rodillas dobladas, un codo apoyado en el borde de la bañera.

- ¿ Qué quieres decir con que el preservativo no es necesario?- Acarició la curva de uno de sus pechos con una mano enjabonada.

La luz rosada de las viejas velas rojas de Navidad de Elroy hacía del cuarto de baño un lugar de otra época. Si sólo fuera verdad… No quería responder a su pregunta, pero Terry tenía derecho a saber.

- Tuve un embarazo ectópico a los veintidós años, junto con algunos problemas añadidos. Te alegrará saber que no puedo tener hijos.

Terry apretó los labios contra su cuello.

- Te vienen todas mal dadas ¿ verdad?

Aquellas aguas removidas eran turbias y Candy no puedo contestar.

Terry le acarició el otro pecho para darle tiempo a recuperarse. Luego le remetió un mechón de cabello mojado detrás de la oreja

- ¿ Cuánto tiempo hacía?

Candy dibujó una espiral en el agua jabonosa que le cubría la rodilla.

- Albert enfermó hace dos años y medio

- ¿ No habías tenido sexo en casi tres años?

- No con otra persona

Terry rió por lo bajo. Una de las velas chisporroteó. Cambió la posición de una pierna a una postura más cómoda y ella apoyó la cabeza en su hombro. Enamorarse no era precisamente un acontecimiento sin precedentes, ya que le había sucedido en muchas ocasiones. Era su debilidad de toda la vida, aunque creía haber superado ya el problema de no sentirse viva si no estaba enamorada. Al menos, ahora era más lista y sabía exactamente qué tenía que hacer al respecto.

- Necesitamos música él.-Bach diría yo.- . En cambio, empezó a cantar Ella es tan dulce con una voz de barítono inesperadamente dulce, que hizo sonreír a Candy a pesar de su melancolía. Cuando terminó, Terry le acarició el hombro.- Prométeme que le que le dirás a Jewel que has cambiado de opinión, mi amor. Prométeme que te quedarás en La Novia del Francés.

Los hombres la habían llamado muchas cosas a lo largo de los años: dulzura, encanto, niña, arpía, pero nunca mi amor.

- Mis días en La Novia del Francés han terminado, alteza.

- ¿ Por qué, si puede saberse?

Candy sonrió a su pesar.

- Ya sabes, las mujeres mantenidas y todo eso.

- No eres una mantenida. Trabajas para mí.

- Las mujeres que duermen con sus jefes y todo eso.

- Has decidido mostrarte imposible, ya veo. Por fortuna, estoy de un humor excepcionalmente bueno con astucia.- después de lo que te he hecho esta noche.

El comentario acertó en distraerle unos minutos, pero no lo suficiente porque Terry pronto volvió al tema que les ocupaba.

- Analicemos con cierta lógica esta química asombrosa que nos une.

- De acuerdo, pero pediré a mi abogado que redacte un acuerdo prematrimonial blindado que me asegure La Novia del Francés después de nuestro divorcio.

Terry sonrió.

- No te desharás de mí tan fácilmente.

- Deberías estar temblando de miedo. Con excepción de un periodo afortunadamente breve, que coincide con la peor etapa de mi alcoholismo siempre he tenido tendencia a casarme con mis amantes.

- No obstante, ahora eres una mujer más sabia y madura.

- NO tan sabia, y tengo un gran antojo de ti.

- Deja de jugar conmigo. No me asusto tan fácilmente. Admito que lo ocurrido es bastante asombroso. Parecemos uno de esos raros caprichos de la naturaleza...

Qué sabría él de caprichos de la naturaleza. No tenía la compulsión neurótica de enamorarse de todo ser que llevase pantalones.

- Y creo haber encontrado una solución bastante buena para nuestro dilema

- ¿ No querrás que redacte un trabajo de fin de curso?

- No, salvo que propongas un tema francamente erótico - Halló con el pulgar un músculo tenso en la nuca de Candy y empezó a masajearlo suavemente . -Lo que más necesitamos es tiempo, tiempo para que esta relación nuestra siga su curso.

- Terry, no te gustan las mujeres derrochonas, ¿recuerdas?

- Me gustas bastante.

- Sosiégate, corazón.

- Eres una mujer verdaderamente extraordinaria.

- Y ni siquiera estoy en mi mejor momento - Sus defensas eran tan fuertes como deberían y había llegado la hora de tomar medidas drásticas. Buscó el tapón de la bañera con los dedos del pie - Recuerda que no te he causado más que problemas desde que llegué Y perdóname si hiero tus sentimientos, pero ya no tengo ganas enrollarme siempre con los hombres inadecuados. O cualquier hombre, pensándolo bien.

- Tonterías. Soy el hombre más adecuado. Nadie puede serte menos peligroso que yo.

El cuerpo de obrero desnudo que se apretaba contra ella no parecía poco peligroso.

- ¿Cómo has llegado a esta conclusión?

- Nos entendemos perfectamente. Yo soy sarcástico y desagradable. Tú eres terca y manipuladora.

- Que Dios nos bendiga – Candy encontró la anilla del tapón e intentó tirar de ella.

- Exacto. Ninguno de los dos se hace ilusiones con respecto al otro, de modo que no corremos demasiado riesgo de que la situación se nos descontrole. ¿No te parece?

El tapón salió.

- Me he casado tres veces. «Descontrol» es mi segundo nombre

- Ése es tu problema. Te casas a la primera. Conmigo estarás a salvo.

Algo le dolió en su interior. No el hecho de que Terry no quisiera casarse con ella, ya nunca pasaría por eso otra vez, sino el saber era incapaz de mantener las relaciones de amor fáciles y poco complicadas que tan bien se les daban a otras mujeres. Había llegado el momento de sincerarse, pero no lo conseguiría con el cuerpo de Terry tan cerca, de modo que se puso en pie antes de hablar.

- Hacer el amor contigo ha sido lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo pero, por mucho que intente racionalizarlo, no deja suponer un retroceso para mí.

La mano que le acariciaba la pierna se detuvo a la altura de la pantorrilla, y Terry habló con altivez:

- No soy ningún tipo que has pescado en un bar.

Candy salió de la bañera y se envolvió en una toalla.

- Quizá te cueste creerlo, pero sí sé cómo cuidar de mí misma, y una relación contigo no es lo más apropiado,

- Es un poco tarde para pensar así.

- Has sido una tentación irresistible, nada más.

Terry pareció más enfadado que complacido,

- Lo peor es que hemos estropeado una buena amistad -.añadió ella. -Empiezo a lamentarlo.

- Tonterías no hemos estropeado nada - El agua resbaló por su firme cuerpo al ponerse de pie, y el reflejo de las velas en los músculos fibrosos la hizo desear volver a meterse en el agua con él. -Podemos se amigos y amantes a la vez. De hecho, sería preferible.

- No en el mundo de Candy - Puso más distancia entre ambos cuando él salió de la bañera. -Conmigo es todo o nada, alteza, y el hecho de encontrarme aquí sin mis braguitas cuatro meses después la muerte de mi marido significa que he vuelto a las andadas - Su voz se quebró. -Es mucho más deprimente de lo que puedas imaginar.

- Estuvo en coma mucho tiempo antes de morir. Y, de lo que me has contado de él, no creo que fuera el tipo de hombre que esperaría que pasaras el resto de tu vida llorándole.

- No le entiendes. Esto no es bueno para mí.

- Lo era hace media hora.

Terry no quería comprender. Había llegado el momento de disparar su arsenal completo.

- Yo no distingo entre el sexo y la ilusión de estar enamorada.

La cautela que asomó a los ojos de él le dijo que, por fin, había dado en el blanco

- Candy, no creerás en serio...

- ¿ Que me estoy enamorando de ti? ¿Por qué no? He tenido mucha práctica. Y si esto no es suficiente para que huyas despavorido, lo es para que yo me ponga un par de Nikes - Tomó aliento para poder decirlo todo. -Por eso te dejo.

La preocupación de Terry se trocó en indignación.

- Y una mierda. No soy uno de tus muñecos, Candy. No puedes darme la patada sólo porque tienes un berrinche.

- ¿ Has oído lo que te he dicho?

- Cada palabra. Meras tonterías. Estás demasiado acostumbrada a que los hombres hagan volteretas para complacerte. Bien pues este hombre no da volteretas.

- Seguro que tu cerebro entrará en funcionamiento de un momento a otro.

Terry se envolvió las caderas con una toalla raída, estropeando una vista magnífica.

- No es necesario tanto melodrama.

- A ver si logro ser más clara. He tenido suficientes relaciones dolorosas para el resto de mi vida. No pienso tener otra. Nunca más

- De acuerdo. Sólo placer.

- O estás sordo como una tapia o eres el hombre más estúpido del mundo.

- No seas tan tozuda.

Candy se envolvió en su toalla y se dirigió al dormitorio

- Si quieres ser un idiota, tú mismo. Pero irás solo a la cámara de gas. Esta relación ha terminado.

La voz de Terry le llegó por encima del hombro, grave y muy decidida:

- Eso, querida, es lo que tú crees.

Continuará…