¡Llegamos al final del libro!

Espero que les haya gustado leerme, a mí me ha gustado mucho estos meses, pero ahora es momento de que acabe así que aquí les traigo el epílogo.

Unas notas rápidas, este final está basado en el final de la serie Gossip Girl, y si quieren pueden escuchar la canción You've the love ( watch?v=PQZhN65vq9E) es la que me ha inspirado. Han pasado 5 años des del anterior capítulo y los personajes explicaran un poco como les va ya que sólo se ven para las fiestas como Navidad, Acción de Gracias…

Por cierto Amber (ya verán quién es) como descripción principal es una niña de piel morenita, con unos ojos verdes y el pelo castaño. Muy adorable. Imaginaros Amber Riley de bebé y multiplicad la adorabilidad. Esa es.

Os recuerdo que como siempre los personajes y escenarios de Glee pertenecen a Ryan Murphy, Fox y colaboradores.

Y que ya que es el último capítulo a ver si llegamos a las 50 Reviews eso me haría muy muy feliz.

-Epílogo-

-Tía Santana –exclamó la niña pequeña cuando vio a la morena llegar de la mano con una castaña, ambas vestidas de rojo.

-Hola Amber, ¡Dios, que grande estás! ¿Cuántos años tienes ya? –le saludó Santana mientras cogía en brazos a la niña y le daba un beso en la frente.

-Ya tengo 3 añitos –dijo la niña indicando su edad con sus deditos.

-Que grande que estás ya, ¿dónde están los papas? –le preguntó Lucy dándole una de las manitas y siendo guiada por ésta hacia el interior de la casa del barrio de l'Upper West Side donde vivía la niña con sus padres.

El salón de la casa tenía las paredes de color blanco y una lámpara de araña colgaba del techo, encima de una chimenea con decorados clásicos se podían ver fotos de la familia. Dos sofás estaban entre unos arbolitos en un lateral del salón. En uno de estos estaba sentado un chico de cabello negro peinado con gomina y vistiendo un esmoquin con pajarita roja que hablaba animadamente con un señor mayor que vestía con una camisa de cuadros rojos y una gorra, a su lado una señora rubia vestida también de rojo le daba la mano. Cuando escucharon la voz de la niña, el joven se giró y abrió los brazos para abrazarla con amor.

-¡Papá, mira quien ha venido, tía Santana y tía Lucy!

-Santana, Lucy, ¡por fin llegaron! –dijo éste impaciente mientras le daba dos besos a la castaña quien le sonrió con amabilidad.

-Si no estuviéramos en una boda, te puedo asegurar que ahora mismo te pegaría Hobbit –bromeó Santana abrazando a Blaine.

-Yo también me alegro de verte Santana. ¿Habéis llegado bien desde Chicago?

-Perfectamente. –Contestó para después girarse y saludar a los ancianos que las observaban con curiosidad –Señor y señora Hummel.

-Hola chicas, ¿Cómo les va todo? –preguntaron mientras se levantaban a saludar a las chicas.

-Muy bien, tuvimos suerte de que la gira de Santana acabase antes para poder venir.

-¡Es verdad! ¿Cómo ha ido la gira de baile? La última vez que hablaste con Kurt me dijo que estabas en Rusia. –dijo Blaine que se había ido a sentar en el sofá i jugaba con la pequeña Amber en sus brazos.

-Sí, la gira por Asia fue muy bien, en Rusia mucho frio, en la India demasiadas especies y China en demasiados chinos. Pero la experiencia estuvo muy bien –resumió.

-Bien… -dijo éste descolocado por el tono que usaba Santana para describir una experiencia tan fantástica como la que ella había vivido -¿Y a ti Lucy? –preguntó Blaine centrando la atención en la chica que desde hacía 5 años se había convertido en casi una hermana para él.

-Bueno, tu y yo mantenemos más el contacto pero desde la última vez que hablamos nada ha cambiado la clínica va muy bien, el piso está limpio y Robie está en el campamento para perros mientras nosotros estamos aquí.

-¿Y sobre….? –Blaine iba a preguntar sobre el tema del cual siempre acababan hablando, desde que Lucy recibió la horrible noticia de que era estéril y que su sueño de tener hijos había desaparecido. Pero como siempre pasaba, Santana aparecía y interrumpía.

-Tienen la casa preciosa –señalo está mirando el salón.

-Todo gracias a Kurt, -dijo éste lleno de orgullo por su esposo desde hacía 4 años -debe estar en la concina acabando de organizar la comida.

-¡Que es una delicia! –dijo Kurt vestido un esmoquin como el de Blaine pero este en plateado mientras llegaba al salón y le daba un trozo de pastel a Blaine quien en respuesta le dio un beso a la mejilla. –Les queda perfecto el vestido que les envié chicas –dijo éste mirándolas de arriba abajo y dándoles dos besos a ambas, excepto a Santana que la abrazó fuertemente y le dijo algo al oído para después mirar a Blaine y como si con la mirada hablarán se llevó a la morena por la escalera que llevaba a la segunda planta.

En ésta el color de las paredes cambiaba a un marrón chocolate con cuadros de fotografías de ciudades de ellos. Se pararon en una de las últimas de las puertas y tocaron al no haber respuesta volvieron a tocar con más fuerza y un señor salió de la habitación, pero cerrando la puerta tras él sin dejar ver el interior de la habitación, este también vestía de esmoquin y como todos con una corbata roja, les miraba con nerviosismo.

-Señor Berry, Santana ya ha llegado ¿podemos ver a Rachel ya? –preguntó Kurt con una sonrisa en la cara.

-Lo siento Kurt, -empezó este ganándose una mirada de desesperación de Kurt –pero me ha pedido que cuando esté lista os llamará.

-¿Cómo que nos llamará? –preguntó Santana sin entender nada.

-Rachel se niega a que nadie entre excepto sus padres. Lleva ahí desde la mañana cuando ha entrado a probarse el vestido. Se ha encerrado y no deja entrar a nadie. Me desespera más no saber que está pensando qué no verle el vestido que le he diseñado.

-Espera, espera, espera, ¿Cómo que no nos deja entrar? ¿Quién se ha creído que es? –exclamó esta.

-Déjalo Santana, aunque sea injusto y egoísta, es decir Rachel. Perdoné señor Berry. –Agregó Kurt hacia el padre de la insultada –Es su bosa, su día. No podemos decir nada.

-De acuerdo peor dígale que como no nos haga entrar antes de media hora, la mato –le amenazó Santana al señor Berry.

-Y Rachel decía que tú estabas más relajada gracias a tu novia –dijo el padre de Rachel por lo bajo irónicamente, para después abrir la puerta y desaparecer en el interior.

-¿En serio como la aguantas tan cerca de ti? Yo la tengo a quilómetros y sólo con una llamada telefónica me cansa.

-Es más difícil aguantarte a ti Santana –replicó éste caminando hacia una de las habitaciones. En ésta las paredes eran de un color pergamino y una cama de matrimonio estaba en el centro y encima un cuadro de Kurt, Blaine y Amber.

-Estáis hermosos en esa foto –dijo esta cuando entró.

-Son mi vida –dijo con amor mirando la foto y sentándose en la cama, indicándole a esta que también se sentara -¿Cómo llevas lo del tema de que Lucy sea estéril?

-¿Cómo debería llevarlo? Es ella la que es estéril no yo. Yo puedo tener hijos. Pero…

-Pero no quieres –aclaró este.

-No es que no quiera tener, es que quiero tenerlos con ella. Lo quiero todo con ella, y no puedo porque ambas somos chicas.

-San… -empezó Kurt cogiendo la mano de su amiga apoyándola. –Blaine y yo no podemos tener hijos. Podríamos donar semen pero yo quería que fuera de Blaine y Blaine mío, así que adoptamos. Adoptamos a un bebe que se quedó sin nada. Adoptamos a la mejor niña del mundo y aunque no sea mía ni de Blaine, aunque no lleve nuestra sangre me la quiero más que si lo fuera. Es mi hija, tenga o no mi ADN. Blaine y yo estábamos preparados en el momento en que yo acabé mi carrera como diseñador….

-¿Nunca me explicaste porqué dejaste la música? –le interrumpió la chica.

-Supongo en que llego un momento en el que me di cuenta que podía dar más de mí en mis diseños que no con mi voz.

-¿En el momento en que aceptaron a Rachel en el papel de Wicked y a ti no? –preguntó esta burlona sabiendo que ese día fue el peor de su amigo. El día en que después de presentarse Kurt y Rachel para una de las representaciones de Wicked, ambos cantando "Defining Gravity" como lo habían hecho en el instituto, los productores eligieron a Rachel. Dejando a Kurt destrozado y haciendo que éste abandonara su carrera musical para centrarse en la de la moda.

-Puede ser… pero lo importante no es eso si no que Blaine y yo estábamos preparados, la pregunta es si tu estás preparada y quieres un hijo con la responsabilidad que este conlleva.

Santana miró la foto de la habitación. Eso era una familia, los tres miembros, con felicidad gravada en cada gesto. Blaine cogiendo en brazos a la pequeña Amber que vestía con un precioso vestido rosa con unos lacitos en su pelo y Kurt con una camisa azul que hacia resaltar su ojos azules abrazaba a Blaine por la cintura. Una playa se veía de fondo y en una esquina se veía escrito: "Caribe, primeras vacaciones de mi niña Amber"

-No estoy preparada, ni quiero. Puede ser que de aquí un tiempo sí. Pero no ahora.

-Ya lo tienes claro, no es necesario que te comas la cabeza. –Le dijo Kurt levantándose –vienes abajo. Seguro que los otros deben estar por llegar.

-¿Quienes vienen? –preguntó está siguiendo a Kurt hacia abajo.

-Solo faltan Chandler y Sebastian, Mercedes que viene desde L.A, Sam desde Londres y Quinn que debe estar viniendo caminando. Puck se avanzó para estar más tiempo con Finn, así que éste debe estar con él en la otra habitación de invitados.

-¿Quién diría que Puck acabaría con Quinn, después de todo el lio con el bebé en el instituto? -dijo Santana recordando el día en el que Quinn la había llamado diciéndole que estaba saliendo y viviendo con Noah Puckerman en New York. Donde ella estaba acabando sus estudies de ballet y canto y Puck trabajaba de bombero.

-¿Y quién diría que mi Mercedes acabaría sola? -dijo éste un poco triste por su amiga, que con 30 años, todavía no había encontrado el amor y seguía sola, eso sí rodeada de fama y siendo un gran diva.

-A boca de trucha al final le ha ido muy bien como modelo de ropa interior en Calvin Klein Underwear, y mejor aún con una modelo cada semana, suerte que al final no se quedó con Britt.

-¿Qué se hizo de ésta? –preguntó Kurt intrigado ya que nadie sabía lo que había pasado con Brittany después de la graduación.

-Lo último que sé, es que estaba con su novio esquimal en la Antártida, ¡descubriendo el origen del universo! según en la última llamada que me hizo hará unos seis meses.

Ambos empezaron a reír por las ocurrencias de su amiga y entraron al salón donde Lucy y Blaine hablaban con dos chicos, ambos muy altos comparados con Blaine, uno rubio y el otro castaño. Cuando Kurt los vio, una gran sonrisa se gravó en su rostro y corrió a abrazar a sus mejores amigos.

-¡Chandler!, ¡Sebastian!

-Hola Kurtie –saludó Chandler, abrazando a su mejor amigo desde hacía unos años. Todo había empezado cuando Sebastian se había ido a vivir con él a New York, y a causa de la relación de éste con Blaine, Kurt y él se habían hecho inseparables por su amor por el arte. Se habían pasado tardes enteras en el museo de arte contemporáneo viendo a sus artistas favoritos o visitando edificios. Pero su relación se había hecho de mejores amigos cuando Kurt le pidió que para su primer proyecto como arquitecto Chandler le hiciera el maravilloso edificio en el cual estaba su primera de las muchas tiendas de diseño de Kurt y más tarde le diseñara toda la remodelación de la casa medio estilo gótica, medio moderna en la que vivían.

-Hola princesa de hielo le saludó Sebastian dándole dos besos –veo que la decoración de la casa es bastante aceptable con la obra maestra que hizo Chandler.

-Tomaré eso como un cumplido suricato –dijo éste medio riendo ya que aunque eran amigos todavía se seguían chinchando como adolescentes.

-¿Cómo está mi primo postizo? –Preguntó Santana interrumpiéndoles y abrazando a Chandler para después darle una cachetada en el culo –veo que te sigues manteniendo en forma.

-Tu siempre tan atrevida y sensual Santana –observó éste con una sonrisa pícara –Lucy ya me informó de tú exótica gira por Asia.

-No fue para tanto –dijo ésta sin importancia.

-Pues nosotros estamos pensando de hacer un viaje a la India para disfrutar de su maravillosa cultura. –dijo Chandler.

-Se nota que no tienen hijos, van por la vida sin ninguna clase de responsabilidad –gruñó Blaine mirando a la pequeña Amber que jugaba con sus abuelos.

-Nosotros seguimos siendo jóvenes Hobbit –dijo riendo Santana junto a Sebastian.

-Son tal para cual ¿lo saben?, inmaduros y malos como vosotros sólos –señalo Kurt con maldad –pero se tiene que preguntar, ¿cómo te ha ido el último caso Sebastian?

-Mejor de lo que me esperaba, al final conseguí que sacaran al pobre señor Stevenson de la cárcel y que sólo tuviera que pagar la mitad de lo acordado. Eso si mi recompensa fue casi millonaria.

-¡Suerte que escogiste este mundo Seb! –concluyó Blaine.

-¿Alguien ha dicho suerte? –dijo Mercedes mientras entraba por la puerta del salón vestida con una elegante falda roja con pedrería.

-¡Tía M! –gritó Amber corriendo a los brazos de su tía favorita.

-¿Cómo está la niña más querida de este mundo? -preguntó está besando las mejillas de la pequeña.

-¡Pensaba que yo era la niña más querida del mundo! –dijo Santana ofendida falsamente.

-Tú nunca has sido querida, por eso eres medio Satán.

-Que crueldad de Diva. –Dijo Santana dramáticamente, abrazando a su amiga -Se te ha echado de menos Mercedes.

-Tenéis la casa preciosa, y Amber esta gigante… mis bebes venid a darme un abrazo –bromeó Mercedes con su instinto maternal por Kurt.

-Cedes, amor, ¡estas guapísima!

Ésta rio para después murmurar un" lo sé"

-¿Ya estamos todos? –preguntó Chandler que se había sentado en el sofá junto a Sebastian.

-Todavía no quedan Quinn y Sam…

-Solo falta Quinn entonces –dijo un chico rubio mientras entraba en el salón vistiendo con unas bermudas y una camisa con el pecho moreno abierto.

-¡Sam! ¡Qué alegría verte! –le saludó Blaine chocando los cinco con Sam, quien después fue repartiendo besos para todos.

-¿Dónde está el novio? –preguntó cuándo acabó de saludar a todo el mundo.

-En la habitación de invitados, con Puck. –le indicó Kurt mientras le guiaba hacia la parte de arriba. Mientras subía escuchó como Mercedes preguntaba por Rachel y cómo Santana histérica le explicaba que no quería que nadie la viera. Cuando llegaron a la puerta de la habitación Kurt llamó y al cabo de unos segundos un sonriente Puck abrió la puerta dejándoles ver sólo un trozo de la cara.

-¿Contraseña' –preguntó este intentado sonar serio.

-¡Oh vamos Puck! Déjanos entrar –exclamó exhausto Kurt. Esa era la tercera vez que llamaba y siempre le contestaba con lo mismo.

-¿Contraseña? –repitió éste con una sonrisa creciente en su rostro.

-Nunca cantaremos en la ducha –dijo de repente Sam desde detrás de Kurt, y Puck abrió la puerta para que Sam pasara, pero antes de que Kurt se colara, cerró la puerta sin decir adiós.

-¡Oh vamos! ¿Enserio? Es mi hermano ¿saben? ¡Tengo derecho a verle! – gritó éste a la puerta, pero nadie la abrió –son tontos además que los tres hayan sido vistos en la ducha cantando no quiere decir que esa sea una buena contraseña.

Dentro de la habitación se escucharon unas risas por parte de Sam:

-¿Enserio? ¿"nunca cantaremos en la ducha" es la contraseña? –dijo éste divertido.

-Estoy nervioso, ¡déjenme! –se quejó Finn mientras salía de detrás de la puerta del armario y se acercaba a abrazar a su amigo -¿Cómo va todo Sam?

-¿Cómo quieres que le vaya? –Preguntó irónicamente Puck –si trabaja con modelos, ¿a quién no le va bien con su trabajo?

-Tú tienes a Quinn y un trabajo honorable –puntualizó Sam.

-Tienen razón, a todos nos va bien…pero a ti mejor –se burló Puck.

-¿Quién diría que acabarías con Berry? Finn –dijo Sam sentándose en una de las sillas que había en la habitación. –Y ¿quién diría que tú acabarías con Quinn?

-Todos hemos acabado con Quinn en algún momento –observó este dándole una palmadita a Finn quien parecía perdido en su reflejo en el espejo.

-Ya me entendiste Puckerman… -dijo Sam con cara seria.

-Lo se Evans –dijo este siguiéndole el juego de los apellidos a Sam –y tengo la mayor suerte del mundo por estar con ella.

-No la he visto abajo, hace mucho tiempo que no la veo, ¿cómo está? –preguntó el rubio acercándose al cristal y arreglándose la larga melena.

-Ya lo veras tú mismo, pero preciosa como siempre.

-¿Y tú Finn? –Preguntó Sam centrando la atención en el mayor de todos -¿Emocionado?

-Voy a morir… -dijo simplemente éste.

-¡No seas tan exagerado amigo! Solo te vas a casar. –le riño Sam.

-Con Rachel Berry –puntualizó Puck.

-Voy a morir… -volvió a repetir.

-Vale… -dijo Puck mirando alarmado Sam quien con su ayuda, cogieron a su amigo y lo sentaron en la cama. –nos estás asustando….

-Voy a morir…voy a morir –repetía Finn mientras entraba en pánico.

Puck le pegó una bofetada en la cara, dejando a Finn en shock y con una mancha rojiza en la mejilla derecha.

-Sólo te vas a casar, es verdad, con Berry, -empezó Puck, pero al ver que su intento de apoyo estaba fallando volvió de nuevo - llevas aguantándola toda tu vida, los dos os aguantáis y vais a ser felices.

-¡No lo digo por eso! –Exclamó de repente Finn -¡Voy a morir porque he perdido los anillos!

Los tres chicos se quedaron mudos y como si las miradas que se estaban dando pudieran dar órdenes en un segundo estaban destrozando la habitación y gritando como unos locos.

-¡¿Cómo has podido perder los anillo?! –Gritaba Puck –He estado contigo en todo momento.

-¡No me grites!, si no, no puedo pensar con claridad.

-Cállense y piensen donde fue la última vez que lo vieron.

-¡No lo sabemos Sam, si no ya lo habríamos encontrado! –exclamaron los dos de golpe mientras seguían buscando y destrozando la habitación.

De repente la habitación se abrió y una chica con una larga melena rubia con un vestido de encaje rojo entró en la habitación y con un silbido hizo que todos los habitantes callaran. Los tres se quedaron viendo a la chica. Los tres habían estado con esa chica, la habían besado y la conocían bien.

-¡¿Qué demonios hacen?! -preguntó esta con los ojos saliéndose de las órbitas –faltan quince minutos para que la boda empiece.

-La boda no puede empezar –dijo de golpe Finn ganándose una mirada de sorpresa de Quinn –he perdido los anillos… -reconoció este bajando la mirada avergonzado.

-Sois los tres chicos más idiotas que he conocido en mi vida -sopló mientras le daba un abrazo a Sam y se acercaba a Puck. Le dio un beso y metió la mano en el bolsillo de la chaqueta de éste, sacando una cajita de terciopelo verde esmeralda con dos anillos de oro en cada uno. –Esta mañana te he dicho que Kurt me había dado los anillos y que tú –dijo señalando el pecho de Puck con fuerza –tenías que dárselos a Finn. ¡Te lo he dicho esta mañana!

-Y...yo…-tartamudeó éste.

-Déjenlo. Arréglense y empiecen a bajar. –Ordenó mientras salía de la habitación –no han cambiado chicos…

Cuando Quinn salió de la habitación, Puck gruñó mientras murmuraba un "que sexy que es"

-Vale –empezó Sam –ya hemos pasado lo peor, recojamos un poco y empecemos a bajar. ¿Les parece?

Los otros dos asintieron y empezaron a recoger todo el destrozo que habían hecho mientras empezaban a reír con una risa tonta recordando el lio que acababan de montar por unos anillos. Cuando estaban acabando alguien llamó en la puerta. Puck ya se iba a adelantar para volver a gastar la broma de la contraseña cuando Finn se adelantó y la abrió encontrándose con su hermanastro con la cara teñida de rojo a causa de la rabia. Éste entró en la habitación sin que nadie le diera permiso y como si supiera donde estaban cogió la cajita aterciopelada de los anillos y la abrió comprobando que ambos estaban allí.

-¿Sabes, cuanto tiempo he estado buscando estos anillos y cuanto he luchado por ellos? –dijo éste intentando calmar su alto tono de voz. Finn no sabía que contestar así que Kurt continuó –Literalmente luchar. Estos anillos son exclusivos en el mundo, son la única copia exacta de los que llevó Barbara Streisand en su boda con James Brolin. Son imposibles de encontrar y si no fuera por mis contactos en el mundo de la moda y el mundo de la música, este no podría ser mi regalo de boda para Rachel y también su anillo de boda. Pero, el termino luchar, es real ya que tuve que pelear físicamente con una mujer de ochenta años ricachona del alto Londres para que fueran míos. Y juro, y re juro Finn Hudson que como pierdas mis anillos te mataré, a ti y a tu prometida que tiene liado un escándalo en la habitación continua. Así, que por tu bien, ¡No los pierdas! –y tal cual como acabó dejando en el aire una amenaza de muerte, giró y se marchó de la habitación cerrándola de un portazo y dejando a los chicos estupefactos por todo lo que había dicho su inofensivo Kurt.

A fuera de la habitación, Quinn, Santana y Mercedes se reían a grandes carcajadas.

-¡No se rían! –las riñó Kurt intentando sonar serio y enfadado pero sólo logrando que una sonrisa divertida empezará a amostrarse en las comisuras de sus labios –Tuve que hacerlo, si no verdaderamente hubieran perdido los anillos.

-¿Fue real todo lo que dijiste? –preguntó Santana todavía riéndose –Lo de los anillos me lo creo, pero, ¿la mujer de ochenta años?

-Puede ser que la violencia física solo hubiera sido violencia en miradas… -reconoció Kurt ganándose otras risas. Cuando se relajaron, se acercaron a la puerta donde Rachel se encontraba encerrada, pero está vez, no dejaron que Kurt llamara a la puerta si no que Santana fue quien lo hizo. En el momento en el que el señor Berry abrió un poco la puerta para ver quién era, Santana metió su pie entre la rendija y con un fuerte golpe abrió la puerta de una sola vez, tirando al suelo al viejo señor Berry. La morena sólo murmuró una disculpa y después dejó entrar a las otras tres.

La habitación, al igual que la de Finn, tenía una cama individual, dos mesillas de noche, un pequeño armario y un espejo de pie, la única diferencia era que ésta daba a la cara norte de la casa y por las ventanas con las cortinas blancas descorrida dejaban entrar mucha luz y el color azulado de las paredes hacían que se viera más luminosa. En el suelo en una esquina de la habitación se veía una bola blanca. Kurt ahogó un chillido y corrió hacia el bulto que cuando notó que alguien se acercaba alzó la cabeza, mostrando una capa de pelos despeinados y sucios y la carita de Rachel, con los ojos hinchados de llorar y la boca con manchas de lo que parecía vomito. Las otras tres chicas se acercaron corriendo hacia ello y consiguieron levantarla y sentarla en la cama. En ese momento pudieron contemplar el destrozó de Rachel. EL vestido de novia diseñado por Kurt estaba completamente arrugado y la parte superior manchada de una papilla amarillenta y mal oliente. Rachel tenía lo que podía haber sido maquillaje con lágrimas y sangre en los labios.

-¡Rachel! –Empezó Kurt –pequeña, ¿qué te ha pasado?

Ésta empezó a llorar y a murmurar cosas sin sentido. Mercedes se levantó y fue a coger una caja de pañuelos que había en la mesita de noche y entregándoselo a Kurt quien con cuido empezó a limpiarle la cara y a cantarle en voz baja lo que parecía una nana.

-¿Usted sabe que le pasa? –le preguntó Quinn intentando sonar amable y tranquila.

-No se lo puedo decir, ella me ha dicho que no os dijera nada.

-¿Usted ha visto cómo está? Es su hija, la queremos ayudar, ¡somos sus amigos! –dijo Quinn un poco más alterada.

-He dicho que no puedo. ¿Qué maneras son esas de tratar a un adulto?

Santana se levantó y con rabia cogió de la solapa del esmoquin del padre de Rachel y lo empotró con la pared.

-Usted me va a explicar ¿cómo narices ha acabado su hija asín, y como es que Kurt no lo sabía? –Le susurró Santana al señor Berry, al ver que este no contestaba volvió a hablar –mire Leroy, no me importa si usted tiene 60 años de edad o si es una falta de respecto como le estoy tratando. Mi mejor amiga está en el día de su boda llorando y vomitando, es decir, incapaz de hablar con sentido así que nos va a explicar que puñetas le pasa.

-¡De acuerdo!, pero déjame –reclamó Leroy, mientras se soltaba del agarré de Santana, pero en el momento en el que iba a empezar a contar Rachel se levantó y corrió a un cubo de basura que había sido traído seguramente de la cocina y volvió a vomitar, todos en shock, no le reclamaron nada al señor Berry.

-Estoy embarazada –dijo simplemente Rachel, limpiándose el resto de vomito con un trozo de papel.

-¿Qué? –consiguió decir Kurt todavía no creyéndoselo.

-Estoy embarazada. Desde hace casi 6 semanas.

-¿Qué? –volvió a preguntar Kurt todavía no creyéndose lo que escuchaba.

-Estoy embarazada, desde hace seis semanas más o menos, supongo que me quedé embarazada la noche del estreno del musical. Y nadie lo sabe, ni lo tendrían que saber hasta después de la boda, pero las pastillas de las náuseas se me han acabado y no paro de vomitar. Y he estropeado el vestido y el maquillaje… -no pudo continuar hablando ya que el llanto la interrumpió. Kurt abrazó a Rachel con fuerza susurrándole palabras de apoyo.

-Pequeña, por qué no me lo habías dicho. Podría haberte ayudado.

-Tenía miedo –reconoció está asustada llorando más en el hombro de la camisa de Kurt. –tenía miedo de lo que todos pensarán sobre mí.

-Nadie puede pensar peor de ti Rach –dijo Santana intentando aligerar el ambiente pero ganándose una mirada asesina de Mercedes y de Quinn.

-Nadie pensaría nada de ti Rachel –le corrigió Mercedes acariciando el pelo de la castaña.

-Y menos nosotros, o Finn –añadió Quinn cogiendo las temblorosas manos de Rachel.

Ésta sólo lloró más pero con una leve sonrisa en los labios cortados.

-Ven, vamos a arreglarte. Esta boda no se puede suspender. ¡El show debe continuar! –anunció Kurt levantándose mientras las chicas ayudaban a Rachel a llevarla detrás de Kurt. –Usted vaya abajo y entretenga a los otros. Sin decir nada.

-Pero, mi hija… y mi marido ha ido a comprar las pastillas. –dijo Leroy.

-Entonces le dice que nos la suban al baño. Nada más. Suficiente mal ya ha hecho –le dijo Kurt con un poco de odio.

Mientras los cinco amigos se dirigieron al baño. Allí desnudaron a Rachel, la metieron en la bañera ya llena con agua caliente y con una esponja, Quinn y Santana lavaron a Rachel. Kurt y Mercedes fueron al taller de diseño de Kurt y mientras Kurt cortaba cosía y limpiaba. Mercedes buscaba una nueva camisa para Kurt ya que la suya estaba manchada de lágrimas. Cuando Kurt estuvo cambiado Mercedes volvió al baño donde, aunque ninguna chica vivía allí con edad para maquillarse. Kurt tenía un estuche con todo tipo de maquillaje, desde barra labial, rímel, lápiz de ojos, colorete… los cuales usaron para maquillar a Rachel. Después con el secador, el peine, la plancha y la laca consiguieron dejar a Rachel perfectamente arreglada, como si nada hubiera pasado. En un momento el padre de Rachel entró y sin decir una palabra les dio las pastillas del mareo. Rachel se las tomó y se sentó en una de las sillas que tenía el gran baño de Kurt y Blaine mientras el chico llegaba con el vestido arreglado. Al cabo de diez minutos Kurt entró con una amplia sonrisa en la cara y echó afuera a todas sus amigas, consiguiendo quejas e insultos y solo dando la orden de que bajaran y se prepararan para de aquí diez minutos más empezaría la boda.

Cuando Kurt y Rachel estuvieron solos. Éste sacó de una bolsa un precioso vestido blanco.

-Este no es mi vestido –reconoció Rachel triste -¿No pudiste arreglarlo?

-Me fue imposible Rachel, si se hubiera manchado la parte de abajo lo hubiera cortado y arreglado, pero la parte de arriba era la dañada, así que lo único que he podido hacer es destrozarlo y utilizar sus tela para otro proyecto, no se puede olvidar que era de seda.

Rachel parecía que iba a vomitar, pero eso era imposible con las pastillas que le habían dado minutos atrás.

-Entonces, ¿este vestido…? –preguntó Rachel mirando el precioso vestido que tenía delante.

-Éste, señoras y señores, es el primer vestido de boda que hice en mi carrera. Basado en el diseño original de cuando tenía ocho años, mejorado por supuesto –explicó Kurt llenó de orgullo.

-¡Es precioso Kurt! –dijo Rachel emocionada con los ojos otra vez llenos de lágrimas.

-¡No!, ¡no llores! –dijo Kurt alarmado por el inmaculado maquillaje de Mercedes.

-Lo siento, no lo puedo evitar… -se disculpó Rachel riendo un poco.

-Anda, ven, vamos a ponerte el vestido.

5 minutos después, Rachel estaba completamente arreglada y con una bonita sonrisa en la cara.

-Estás preciosa –dijo Kurt con amor por su amiga y por el trabajo hecho por él mismo.

-Gracias Kurt. En serio, no sé qué haría sin ti.

-Yo sí, estarías en el suelo, vomitando y llorando con un vestido de más de 5.000$ estropeado y con invitados a bajo, esperando la boda de su amiga. –dijo éste medio en serio medio en broma. –Eres mi mejor amiga Rachel, yo hago esto por ti, y tú llevas mis modelos en las galas. Es una relación biológica. Te quiero –y abrazó a su amiga con cariño. -¡Pero no llores!

-¡No te rías de mí! –dijo Rachel riendo. –Yo también te quiero Kurt. Ahora vamos. Quiero casarme con el mejor hombre del mundo.

La música empezó a sonar por un cuarteto de violines situados en el hueco de la escalera, y Rachel empezó a bajar por la escalera de blanco mármol. Arrastrando la larga cola del vestido. Delante iba Amber con una cestita con pétalos de rosas y al lado de Rachel sus padres sonriéndole con amor.

Kurt ya había bajado y ahora se encontraba abrazado a su esposo al lado de Santana y Lucy, Mercedes, Sam y Sebastian y Chandler. Finn se encontraba debajo del arco que unía el salón con el comedor, con Burt a su lado y Puck en el otro. Carole vestida con una túnica de persona eclesiástica que se la había regalado cuando había hecho un curso para poder casar, le sonreía a su hijo con lagrimitas en los ojos.

Cuando Rachel llegó a su lado, Finn se la quedó mirando con esa mirada que sólo utilizan los enamorados, como si la otra persona fuera la mayor maravilla del mundo.

-Yo Carole Hummel, por el poder que se me ha otorgado por la ley de américa, estoy aquí para unir a estas dos maravillosas personas en sagrado matrimonio. –Empezó Carole –ahora diréis vuestros votos.

-Te conozco Rachel desde hace mucho tiempo y no ha habido un día de mi vida en el que no te haya querido desde que te besé por primera vez. Te quiero, a toda ti, desde los más grandes defectos y cualidades, a las más pequeñas, así que, yo Finn Hudson, prometo amarte, y cuidarte, hasta el día de mi muerte. -Y así alargó la mano y cogió el anillo que le tendía Puck y se lo colocó delicadamente en el dedo de Rachel. Ésta estaba demasiado emocionada para fijarse en el anillo así que empezó con sus votos.

-Yo Rachel Barbara Berry, con todos y cada uno de mis defectos mejorados por ti, prometo amarte igual que lo hice el primer día y cuidarte, hasta que me muera. Y por eso, cuidaré y amaré a nuestro hijo. –y así cogió el anillo y se lo colocó a Finn, quien en la mención de su hijo se había quedado de piedra. Pero al estar en medio de la ceremonia no dijo nada sólo se quedó mirando a su madre, quien también descolocada por la repentina declaración miró a Rachel. Ésta sólo cogió la mano de Finn y la colocó en su vientre, en ese momento Carole volvió a hablar.

-Por el poder que se me ha otorgado, yo os declaro marido y mujer, padre y madre. Puedes besar a la novia.

Finn que todavía seguía con la mano en el vientre de Rachel la miró a los ojos y la besó. Uniéndose por fin en esposos y en padres, porque si tenía que pasar todos los días de su vida con esa mujer, igualmente que la tuviera que aguantar con sus defectos y ahora con un preciado bebé. Lo haría, ya que estaba con la chica a la que quería y con una familia particular y una gran familia que le quería y que en ese día tan especial los observaban.

Y así hasta la muerte todos siguieron juntos cómo la familia que era.

Espero que les haya gustado muchísimo.

Estoy muy feliz de haber compartido esta experiencia con vosotros.

ME despido pero no para siempre. Recuerden que cada dos meses traeré un one-shot, hasta el año que viene que empezaremos con la nueva historia.

Recuerden dejar Reviews sobre su opinión de todo el fic.

Les quiere, Andrea Criss York.

Besos y abrazos.