Capítulo 22

_ ¡Ay, Señor, ojalá supiera dónde ha ido y qué significa todo esto!

GEORGETTE HEYER, El Corintio

Cuando llegó la hora de la cena, Susana y Anthony ya habían instalado a Candy en La Novia del Francés, haciendo ellos todo el trabajo mientras Candy deambulaba por la casa y hacía más llamadas infructuosas al móvil de Terry. Cada llamada sin respuesta incrementaba su ansiedad. Terry era un hombre duro. ¿Qué pasaría si ella había desperdiciado la única oportunidad que él estaba dispuesto a darle? Quizás el momento de su partida significara una especie de exorcismo permanente para él, un acto simbólico que la arrancaba de su corazón para siempre.

De pie en su viejo puesto, junto a la puerta del armario de Terry observaba a Susana trajinar. A la vista de su ropa deslucida, colgada entre los trajes caros y las elegantes chaquetas informales que Terry había dejado, le entraron ganas de llorar.

- Lo llevaré todo de vuelta a la cochera en cuanto os marchéis _ dijo.

- No lo harás _ repuso Susana_ . Te sentirás mejor aquí. Te ayudará a comprender dónde tienes que vivir tu vida.

- ¿Cómo lo sabes?

- Simplemente, lo sé.

Candy le dio la espalda. Gordon la siguió a la planta baja donde Anthony se tomaba un descanso en el sofá del solario, bebiendo cerveza y viendo el final de un torneo de golf.

- Quiero recuperar a mi mujer _ le dijo, y apagó el televisor.- Sé que estás trastornada y que éste no es el mejor momento para ti, pero quiero recuperarla esta noche.

- Las has tenido durante catorce años. ¿No puedo quedármela unos días más?

- No. La necesito ya.

- Piensas que soy una egoísta, ¿verdad? Por quedármela.

Anthony sonrió y dejó la cerveza encima de la mesa.

Ella se acercó a los ventanales. Mirando los montones de piedras aún sin colocar, rezó para que Terry volviera un día para terminar el murete ¿ Por qué tuvo que marcharse de ese modo? Debió concederle más tiempo y pensaba decírselo en cuanto consiguiera comunicar con él.

- ¿ Por qué no contesta al teléfono?

- Porque no quiere hablar contigo.

- Me gustabas más cuando eras amable.

- No le has dejado demasiadas alternativas.

Gordon se frotó contra sus tobillos. Ella se agachó y le acarició, buscando consuelo en su calor perruno.

- ¿Te acuerdas de «te querré siempre»?

-Éramos unos críos _ dijo Anthony_ . Lo que sentimos fue verdadero en su momento-

- Ken y Barbie funcionan mejor en el país de la fantasía que en la vida real.

Anthony estiró las piernas.

- Creo que nunca te di las gracias por abandonarme.

- No se merecen.

- Ahora resulta fácil ver lo poco que congeniábamos _ dijo él_ .Yo soy demasiado aburrido para ti, y tu melodramatismo me volvería loco

- Terry adora el melodrama. Se gana la vida con él.

Anthony le dedicó una dulce sonrisa estilo Ken.

Ella se sentó en la otomana.

- Debí ser más flexible con él.

- Lástima que no se te ocurriera hace unos días.

- Soy la reina del melodrama _ respondió Candy desolada_ .

Solo aprendo a palos.

Susana entró en el solario.

- Anthony, creo que...

- No,_ Se levantó del sofá, su buen humor desvanecido_ . Ya no._ Hablo en serio, Susana. Será Candy o seré yo. ¿Cuál es tu prioridad? Decídete.

_ No te atrevas a coaccionarme.

_ Quieres que todo se haga a tu manera. Bien, pues, estoy aquí para decirte que las cosas no funcionan así.

_ Déjate de gilipolleces.

_ Si alguien es gilipollas...

_ Oh, basta ya _ intervino Candy_ . Esperad a. estar solos para empezar el precalentamiento. _ Se levantó de la otomana y se detuvo en seco_ . ¡Gigi!

Los dos la miraron con extrañeza.

_ Terry dijo que esta noche llamaría a Gigi. ¡Daos prisa

¡Y salió corriendo de La Novia del Francés, con Anthony, Susana y Gordon pisándole los talones.

Entró como un vendaval en la casa de los Brower, justo en el momento en que Gigi bajaba las escaleras. Había cambiado el estilo gótico por unos pantalones recortados de cintura demasiado baja y un top transparente, que no alcanzaba a cubrirle las costillas. El día anterior cuando Candy la interrogó al respecto, había respondido con mirada calculadora que estaba explorando su sexualidad. Incluso en su estado de invalidez emocional, Candy supo que la estaba poniendo a prueba y no había respondido al desafío.

_ ¿Qué le has hecho a Terry? _ gritó Gigi, quitándose la cinta del pelo.

_ ¿De qué estás hablando?

_ ¡Se ha ido!

_ ¿Cómo lo sabes?

_ Él me lo ha dicho.

Candy se envaró.

_ ¿Cuándo?

_ Hace unos minutos, por teléfono.

Candy se dejó caer sobre el último escalón y hundió la cara entre las manos.

_ Ya has hablado con él.

_ Estaba totalmente desolado _ continuó Gigi con tono acusador_ . Le has dejado plantado, ¿no es así?

Candy no consiguió responder.

Una cosa era que Terry se marchara. Otra, muy distinta, que cortara todas las vías de comunicación. Candy no tenía intención de tolerarlo. A primera hora de la mañana del lunes llamó a su editor y preguntó por las relaciones públicas de Terry. Cuando la mujer respondió Candy asumió su mejor acento norteño:

_Candice Gordon al habla. Del programa de entrevistas de Oprah.

_¿ Gordon? No me suena el nombre.

_Soy nueva. Esto es muy precipitado pero a Oprah le gustaría contar con la presencia del señor Grandchester para su programa de esta semana. Para que esto sea posible, necesitaría hablar con él hoy mismo. Stephen King quiere el espacio, y ya sabe que se puede poner muy pesado.

_Creo que el señor Grandchester no está disponible.

_Claro que está disponible. ¡Se trata de Oprah!

_Me sentiría más cómoda si hablara con mi contacto habitual.

_Por desgracia sufrió un accidente de coche esta mañana. Nada serio. Pero estará inmovilizada por un tiempo.

_Qué raro Hablé con él hace menos de diez minutos.

_Debió ser mientras esperaba la ambulancia.

La mujer colgó.

Susana cedió a la presión de Anthony y volvió a su casa el sábado por la tarde eso no significaba que dejaría a Candy a su aire, y decidió celebrar la merienda de reconciliación y perdón en La Novia del Francés.

_Así resultará más simbólica _ dijo.

Llegó la tarde del lunes. Mientras Susana aclaraba en el fregadero los platos manchados de chocolate, pensó que debería estar contenta de cómo habían salido las cosas. Candy estaba tensa como un muelle y al principio hubo cierto nerviosismo, pero las Sauces del Mar habían venido dispuestas a perdonar. La absolución de Flammy estaba garantizada de antemano y a Annie ya la había ablandado el afecto que Candy había mostrado por Charlie. Luisa sucumbió cuando Candy mostró entusiasmo por las fotos de su niño de tres años, aunque el resentimiento de Patty era profundo, y no cedió hasta que Candy la rodeó con los brazos y le dijo: «Perdóname o mátame.»

En cuanto a Terry... Dijeron que era muy propio de Candy llevar a un hombre a esos extremos, pero no la recriminaron y la tensión de ella se fue relajando. Para cuando desapareció el último pastel de chocolate de dos pisos preparado por Susana, Candy ya volvía a pertenecer a las Sauces del Mar. Y volvía a ser la líder.

Susana cogió el último plato y lo metió bajo el chorro de agua. Las otras cinco estaban sentadas en el solario, riendo y compartiendo recuerdos de cosas que ella no había vivido. No tenía porque sentirse abandonada _ ella misma había insistido en fregar los platos-, pero tenía la impresión de haber vuelto a los dieciséis años.

Agarró el trapo de secar con disgusto. Sabía cuánto había echado de menos Candy a las Sauces del Mar y debería estar contenta de haber sido ella quien volviera a reunirlas. Aunque también eran sus amigas, y a Susana le gustaba creer que era su líder. Hasta ahora, era ella, quien tenía la última palabra sobre las fechas de las próximas reuniones y sobre quién llevaría qué a las tertulias. Era ella quien calmaba los ánimos y escuchaba las confidencias de las demás. Y se le daba bien ese papel. A partir de ahora, sin embargo, todo sería distinto.

Salvo que Candy se fuera de Lakewood.

Esta posibilidad la serenó un poco. Ella no quería que Candy se fuera. Ahora ya eran hermanas y no pensaba renunciar a ello ni siquiera para aferrarse a su posición como líder de las Sauces del Mar Cuando volvió a reunirse con ellas en el solario se sentía un poco mejor, aunque la conversación prosiguió sin incluirla.

_ ¿Y recuerdas cuando caminamos a ciegas por el salón de Luisa y rompimos la lámpara de su madre?

_ ¿Y cuando el padre de Flammy nos pilló fumando?

_ ¿ Y aquella noche que fuimos a la Punta y luego el coche de Anthony no arrancaba?

_ ¿Os acordáis de cómo...?

_ ¡No, no me acuerdo! _ estalló Susana, sorprendiéndose a sí misma_ . Yo no era una Sauce del Mar por entonces. Y en el fondo tampoco lo soy ahora. Y os agradecería que mostrarais un poco de consideración por mí y no pasarais el resto de la velada hablando de cosas que desconozco.

Un silencio denso cayó sobre el grupo. Patty se quitó una pelusa de los pantalones. Luisa empezó a hacer girar su anillo de bodas. Sólo Candy parecía divertida, y arqueó sus elegantes cejas para observarlas a todas con fingida sorpresa.

_¿Queréis decir que nunca la habéis iniciado?

_Nunca se nos ocurrió _ respondió Annie.

Patty recogió las piernas sobre el sofá.

_Eras tú quien se ocupaba de las iniciaciones.

_Es cierto, lo era. _ Candy dirigió su atención a Susana, que en absoluto se sintió reconfortada por la astucia de aquellos ojos azueles.

Susana, sal de la habitación mientras votamos.

_¿ Votar?

Candy la miró con altivez.

_¿Quieres ser una Sauce del Mar en toda regla o no?

Susana le devolvió la altivez punto por punto.

_¿No os parece que ya somos mayorcitas para estas chiquilladas?

No, no se lo parecía.

Al final, Susana dejó de protestar, en parte porque no le servía de nada y en parte porque Candy volvía a dar muestras de su viejo espíritu. Además, quería ser una Sauce del Mar en toda regla.

La llevaron en volandas a la sala de estar, donde tuvo que esperar.

Y esperar

Pasaron varios minutos. Al final, se hartó y volvió enfadada al solario

_¿ Os importaría decirme qué demonios os lleva tanto tiempo?

Patty señaló a Flammy, que estaba tendida en el suelo.

_Oh votamos hace rato, pero Flammy quería enseñarnos sus nuevos ejercicios abdominales y se nos ha olvidado llamarte.

Esto encendió a Susana.

-¿Qué os habéis creído? Sólo porque la señorita diosa vuelve a caerle bien a todo el mundo, no voy a permitir que nadie me pisotee.

Candy resopló.

- Nos ha salido susceptible.

-Siempre lo ha sido _ admitió Patty.

Annie miró a Susana con aire de suficiencia.

-Más vale que cuides tu lenguaje cuando hablas con nosotras. Todavía nos has superado la ceremonia de iniciación, y podemos retirar la invitación en cualquier momento.

Susana cruzó los brazos y empezó a tamborilear el suelo con el pie.

-.¿ Qué clase de ceremonia es?

Esto bastó para desatar un largo debate, porque nadie recordaba la ceremonia con exactitud aunque todas estuvieron de acuerdo en una cosa: necesitaban una fotografía de George Michael.

_ ¿Para qué? _ preguntó Susana agotando la paciencia.

Annie se tiró de un tirante del sujetador.

_ Debes jurarle amor eterno.

_ Pero bueno...

_ Tienes que hacerlo _ insistió Patty_ . Es parte del ritual de las Sauces.

_ Pero no tenemos ninguna foto _ puntualizó Luisa. Flammy metió la mano en su bolso y sacó una Biblia.

_ Tengo una idea.

_ ¡No vamos a utilizar una imagen de Jesús! _ exclamó Patty.

Flammy pareció decepcionada pero cedió grácilmente a la presión del grupo. La discusión prosiguió aunque sin conducir a nada, Al final, Annie se ofreció a investigar los CD de Terry.

_ ¡Mirad! Tiene el último álbum de los U2. Susana podría jurar por Bono.

Luisa inspeccionó el CD.

_ No sería lo mismo.

Candy dio el CD a Susana con una sonrisa de picardía.

_ Besa la foto de Bono y jura amarle por el resto de tu vida

Susana vaciló un momento.

_ Vale, pero sólo por su dedicación a las buenas causas causas-precisó.

Por desgracia, la cosa no terminó ahí. Según parece, tenían un saludo secreto que nadie recordaba. También solían sentarse en círculo pasando de mano en mano un collar perdido hacía años.

_ Hay una cosa crucial _ dijo Patty_ . Tienes que decirnos qué chico te gusta más.

_ Jolines, tendré que pensármelo _ ironizó Susana.

_ No muestra demasiado espíritu Sauce del Mar _ comentó Luisa.

_ También tiene que contarnos un secreto sexual _ dijo Annie.

_ ¿Un secreto sexual? _ Susana alzó la vista al techo_ .'Teníais once años cuando formasteis el grupo. ¿Cuántos secretos sexuales teníais a esa edad?

_ Unos cuantos. Patty encontró un ejemplar de El placer sexual de su madre.

Susana levantó las manos.

_De acuerdo. Hace un par de noches tuve un sueño erótico con Harrison Ford.

_¿Y quién no? _ replicó Luisa, poco impresionada_ . Hace falta un secreto mejor.

El mayor secreto sexual de Susana _ la falta de deseo padecida, incluso respecto a su propio marido_ era algo que no pensaba compartir con nadie. Fingió reflexionar en el tema.

_Vale ¿Qué tal esto? Patty, ¿recuerdas cuando te quedaste Gigi para que Anthony y yo pudiéramos ir a aquella conferencia en Miami?

_Pues sí

_No había tal conferencia en Miami. Reservamos una habitación de hotel en Memphis y pasamos el fin de semana jugando a los esclavos sexuales.

Era mentira pero las reacciones fueron más que satisfactorias.

_ ¡Eres una furcia!

_¿A los esclavos sexuales?

_¿Con esposas y todo?

_ Con todo _ enfatizó Susana.

Candy no se lo tragó pero mantuvo la boca cerrada, cosa que hizo pensar a Susana lo agradable que era tener, por fin, una hermana.

_¡Se le han empañado los ojos! _ exclamó Patty_ . Menudo fin de semana tuvo que ser.

Susana sonrió a Candy.

Candy le devolvió la sonrisa y comentó:

_Ni siquiera yo podría competir con un fin de semana así.

Susana se reacomodó en el sofá antes de que la embargara una nueva oleada de emoción.

_¿No ha llegado ya el momento de encender la vela de la iniciación?

_Aún no. _ Candy arqueó una ceja calculadora_ . Queda una cosa por hacer...

Flammy se levantó del sillón y dijo:

_No. Eso no lo haremos.

_ Es necesario para que Susana sea oficialmente una Sauce del Mar- repuso Candy.

_ Madre mía _ Patty echó la cabeza atrás y soltó una risotada.

Annie gruñó.

_ No debí comer tanto chocolate.

_ De acuerdo, pero no se lo diremos a nadie _ dijo Luisa-. Ya sabes cuánto me odia mi suegra. Si lo descubre, nunca dejará de atormentarme.

_ Hacer, ¿qué? _ preguntó Susana, sin estar segura de querer saberlo.

Unos momentos de silencio. Se miraron unas a las otras. Finalmente, Flammy explicó con voz queda:

_ Tenemos que desnudarnos y correr tres veces alrededor de La Novia del Francés.

Susana las observó, incrédula.

_ Estáis bromeando, ¿verdad?.

Annie soltó un resoplido.

_ Ojalá.

Flammy meneó la cabeza.

_ Es verdad. Cada vez que ingresaba un miembro nuevo en las Sauces del Mar...

_ Que por fortuna no sucedía muy a menudo... _ interpuso Patty.

_ ... esperábamos hasta que Candy convencía a su madre de que nos dejara a todas pasar la noche aquí.

_ Preferiblemente en verano, para dormir en la galería, al aire libre _ añadió Luisa.

_ Cuando William y Rose ya estaban dormidos _ prosiguió Flammy_ , nos desnudábamos y corríamos en cueros alrededor de la casa.

_ Nunca oí hablar de eso _ dijo Susana.

_ Era nuestro secreto mejor guardado.

_ Nuestro único secreto _ apostilló Annie secamente.

_ Ni siquiera los chicos lo saben.

_ Apenas está anocheciendo _ dijo Susana_ . Y dudo que haga quince grados fuera. Candy le sonrió.

_ Entonces más nos vale correr rápido.

Siguió un debate sobre los términos y las condiciones pero al final, sólo hicieron una concesión a la madurez: acordaron no quitarse los zapatos

_Ya sabía yo que debí ponerme braguitas nuevas _ se lamentó Annie unos minutos después, cuando se estaban desnudando en el solario

_Que alguien compruebe que todas las luces están apagadas.

_Estoy ahorrando para una liposucción. De veras que sí.

_Me gustaba más cuando odiábamos a Candy. Mira qué piernas

-¡Oh, Dios mío, Susana tiene un chupetazo descomunal! Anthony no perdido el tiempo, ¿eh?

Desnudas y entre risas, se reunieron delante de la puerta trasera.

-¿Todas listas? _ preguntó Patty.

-¡Listas! _ declararon.

Candy cogió el pomo y abrió la puerta de par en par.

-¡Viva las Sauces del Mar! _ gritó.

Y salieron corriendo.

La decisión impulsiva de Anthony y Gigi de salir a dar un paseo nocturno les llevó hasta el final del pasaje Mockingbird. Al alcanzar el camino de entrada a La Novia del Francés, se detuvieron en seco. Gigi fue la primera en recuperar la voz.

_¿Crees que se han vuelto locas o algo?

_Desde luego, eso parece.

No dijeron nada más durante unos momentos pero, al final, Gigi se sintió tan horrorizada que no pudo callarse por más tiempo.

-Tú no deberías mirar, papá.

-Cariño, no me lo perdería por nada en el mundo.

Risas histéricas llegaron a sus oídos, un juramento, un chitón. Las mujeres desaparecieron por un lado de la casa.

Gigi frunció el entrecejo.

-Si los chicos del colegio se enteran de esto, no pienso volver a clase. Hablo en serio.

-Nos iremos juntos de la ciudad.

-Estas cosas no pasaban antes de que Candy volviera.

-Si se queda, empeorarán.

-Aun así no quiero que se vaya.

Anthony le dio un apretón en el hombro.

-Yo tampoco.

Gigi contuvo el aliento cuando las mujeres reaparecieron por el otro lado de la casa, con su madre en cabeza.

_ Esto es muy embarazoso.

_ Lo peor es que dudo que hayan probado siquiera el alcohol _ comentó Anthony.

_ Yo siempre pensaba que mamá es perfecta.

_ No puede evitarlo, cariño. Las mujeres del Sur nacen con el gen de la locura.

_ Yo no _ Anthony suspiró.

_ Tarde o temprano seguirás su camino. Con un siseo repentino, se encendieron los aspersores y las mujeres empezaron a chillar.

_ No puedo seguir mirando _ dijo Gigi.

Anthony ocultó la cara de su hija contra el pecho y sonrió.

_ Por la mañana fingiremos que fue un mal sueño.

Candy apagó el despertador. Era martes, el día que pensaba irse de Lakewood. Apoyó la cabeza en la almohada de Terry y aspirando su aroma familiar, rezó por que volviera a casa antes de que ella tuviera que cambiar las sábanas. Se sentía desgraciada. Intentó desembarazarse de la desdicha recordando la noche anterior y las Sauces del Mar. Sonrió. Susana le había hecho un regalo inapreciable.

Consiguió levantarse de la cama _ tarea nada fácil últimamente_ y vestirse para ir a la librería.

_ Pensaba que estarías haciendo las maletas _ dije Jewel cuando Candy le ofreció la tarta de arándanos que había intentado comer

_ Un cambio temporal de planes. Me quedaré un poquito más.

La cara de Jewel resplandeció.

_ ¿En serio?

Candy asintió y le contó lo que había pasado con Terry.

_ ¿Se fue? ¿Así, sin más?

_ Así, sin más _ respondió Candy, alentada por el gesto dignado de Jewel.

_ ¿Qué vas a hacer ahora?

_ Seguiré intentando localizarle.

Jewel la miró con compasión.

_ Por lo que me cuentas, tardarás un tiempo en dar con él. Parece que no desea ser localizado.

_ Llamaré a su editor. Alguien tiene que saber dónde está.

_ Más vale que inventes algo más convincente que ese rollo de Oprah que me has contado.

_ Lo haré.

El editor de Terry descolgó el teléfono al segundo tono.

_ Frank Kirkpatrick.

_ Lady Candice Posh-Wicket al habla. Le llamo desde Londres.

_ ¿Quién dice que es?

_ Soy la directora de la Oficina Real de la Jarretera de Su Majestad. Tengo noticias importantes para un autor suyo. Sir Terrence Grandchester.

Ah pero seré tonta. Aún no es sir Terrence. Por eso necesito hablar con él aunque parece que no contesta al teléfono.

_ Me temo que no sé dónde está.

_ Pero qué cosas dice, caballero. ¿He de creer que ha extraviado a uno de sus más relevantes autores ?

_ ¿Perdón?

_ Tal vez quiera ser usted quien informe a Su Majestad de la desaparición de sir Terrence, porque, desde luego, yo no pienso decírselo.

_ ¿ Quién es usted ?

_ Debo insistir en que localicen a sir Terrence inmediatamente.

_ No sé quién es usted pero tengo trabajo que hacer.

_ ¡ No hasta que me diga dónde demonios se ha ido Terry, capullo!

Hubo una pausa.

_ ¿Eres tú, Candy?

En esta ocasión, fue ella quien colgó.

Continuará…