El caballero fiel
¿Que si le enorgullecía ser llamado el caballero más fiel a la diosa?
La respuesta se leía a traves de su semblante altivo y elegante. A diferencia de la mayoría de sus compañeros de la élite dorada, Shura de Capricornio vivía para proteger a su amada Atena.
No era un tipo retraído, ni que tampoco se abstuviera de participar en algunas actividades banales con sus compañeros dorados, quienes eran bastante menores que él, sin embargo disfrutaba más de la soledad que los otros, era excelente guitarrista y pintor, así que tenía con qué matar sus pocos ratos libres. Además su mejor amigo Aiorios de Sagitario, quien había crecido con él, había muerto por su mano cuando intentó asesinar a la pequeña reencarnación de la diosa y dio muerte al Patriarca Shion. Nunca por más que lo intentaba, llegaba a comprender qué razones tuvo Aiorios para hacer semejante cosa, ya que cuando Shion enfermó gravemente y sintió que la muerte estaba cerca escogió por encima de Saga al arquero para que le sucediese; en fin, su amigo lo tenía todo y no le importó tirarlo por la borda, incluso a sabiendas que dejaba un pequeño hermano de seis años completamente desamparado.
Sí, lo que había tenido que verse obligado a hacer con Aiorios, le dolía como un puñal clavado en el pecho, desde entonces no había día en que no pensara en él y los ratos que habían pasado juntos como amigos...cuánta falta le hacía, ¿porqué actuó de una forma tan estúpida el arquero?
Todos esos pensamientos le daban vueltas en la cabeza mientras terminaba de prepararse para comenzar con su primera guardia en la mañana, cuando vio bajar cabizbajo al caballero de la doceava casa, el chiquillo le caía bien, solamente que le parecía que era demasiado ensimismado para su gusto. Pensaba que su aislamiento autoimpuesto se debía a que siempre fue objeto de burlas por parte de los aprendices por su delicado aspecto y su marcado acento nórdico, que provocaba entre otras cosas, que alargara las "r" al hablar y que lo hacía escucharse muy gracioso. Sin embargo cada vez que lo veía recordaba la ocasión en que acompañó a Saga a visitarlo al sanatorio para llevarle un volúmen del primer libro de Harry Potter. En ese momento se impresionó mucho de ver el estado tan deplorable en que se encontraba el niño, Saga le explicó que había sufrido un accidente en las escaleras de los templos que estuvo a punto de matarlo, sin embargo a Shura no le pasó desapercibido el temor y la tristeza que inundaban los ojos del pequeñito, daba la impresión de que el dichoso "accidente" había sido producto de una pésima broma de alguien, pero prefirió no hacer ningún comentario.
-Buenos días caballero -dijo el peliverde al joven pisciano.
El chico lo volvió a ver como si lo hubiera sacado bruscamente de sus pensamientos, con titubeos contestó el saludo y le dijo:
-Buenos días Caballero Capricornio, lamento no haber solicitado su permiso para pasar, venía pensando en otras cosas...
-De eso no cabe duda Piscis, vas de misión?
-Si, tengo que viajar a Creta, voy de salida en este momento.
-Suerte caballero, que la diosa esté con vos...
Piscis agradeció los buenos deseos con una reverencia y continuó su camino de la misma forma en que le había visto llegar Shura; cabizbajo.
Shura era un hombre elegante y con atractivos rasgos masculinos propios del arquetipo ibérico, piel blanca, ojos claros, cabello oscuro y semiondulado. Tenía una estatura nada despreciable y era más bien espigado, poseía una hermosa sonrisa con dientes blancos y perfectos, sus labios eran delgados y su mirada penetrante y seductora. A pesar de que era muy selectivo, no faltaba ocasión en que lograra hacerse con alguna mujer cuando salía con sus compañeros de Orden. Su voz aterciopelada y su acento español eran también muy llamativos para las damas.
-Chiquillos...quién sabe en qué o en quién anda pensando -se decía a él mismo refiriéndose al piscis.
-Arles lo tiene...digamos, agobiado -le contestó el murmullo MM que venía caminando hacia el Santuario y se topaba de frente con el Capricornio, por lo que de seguro se había visto con Aphrodite y ya sabía las últimas nuevas de su misión a Creta- buenos días caballero- dijo para cumplir el dichoso protocolo.
-Buenos días Caballero de Cáncer, he notado que su Santidad le tiene mucho aprecio al niño
-Pues realmente creo que lo que le encanta de Kr...Aphrodite -corrigió presuroso el de la cuarta casa- es que lo ha moldeado a su gusto, cosa que no ha podido hacer con nosotros que estábamos mayores para cuando él asumió el Trono. El chico está en el punto de no retorno en la escala de adoctrinamiento.
-He notado que también está intentando hacer de Milo uno de sus soldados perfectos.
-Si, sin embargo con Aphrodite pudo comenzar mucho antes que con el bicho y por eso, no le replica una orden, por más que no esté de acuerdo con ella.
-Y tú qué, ¿me vas a decir que no le obedeces ciegamente?
MM sonrió de lado -ciegamente no, solamente me gusta ampararme bajo el árbol que mejor sombra me de y en este momento me conviene la sombra de Arles.
-¿Y el honor y los votos? -cuestionó Shura casi asustado.
MM comenzó a carcajearse, con ese tono socarrón y metálico que caracterizaba sus risas -no me vengas a mi con esas tonterías Shura, esto es cuestión de poder, quién lo posee y quién quiere comenter la estupidez de enfrentarlo, las armaduras nos han elegido y si es así quiere decir que estamos actuando de la forma "correcta", me vas a decir que no te aprovechas de tu condición como guardián de la élite de vez en cuando?
-No uso mi poder para asuntos banales Caballero Cáncer
-Bah, tonterías, tienes que haber logrado al menos levantarte una mujer al contarle que eres parte de la Orden Dorada, eso les resulta irresistible.
-Mi armadura no es para conquistar mujeres, mi armadura es para proteger a mi diosa, Cáncer.
-Bobadas...he escuchado demasiado de tu filosofía de la santidad por hoy, voy a darme un baño, no valla a ser que se me contagie tu sentido del deber.
Shura vio alejarse al de la cuarta casa con una sincera carcajada, ya estaba acostumbrado a los desplantes del Cáncer, pero de alguna forma le caía medianamente bien, al menos aunque su lengua fuera tan sutil como un latigazo en la espalda, siempre decía la verdad y cuando discutían de temas interesantes, podían pasar horas hablando, cosa que no intentaba ni un poco con el chico Piscis, quien parecía que se comunicaba mejor con los rosales de su jardín que con cualquier otro ser humano.
-Bobadas las que tienes en tu cabeza Máscara Mortal...
...
Palacio del Patriarca, tres días después
Un atemorizado soldado anunció la llegada del caballero de Capricornio a las instancias del Patriarca, después de que Arles hizo ademán de recibirlo, el orgulloso caballero caminó hasta él para hacer la esperada reverencia y pregunta de rigor.
-¿En qué puedo servirle su Santidad?
-Shura de Capricornio, quisiera saber hasta qué grado puedo confiar mi vida a ti.
-Señor, usted sabe que puede confiar su vida a mi, nunca voy a traicionarlo.
-Asesinaste a tu mejor amigo a sangre fría, puedo confiar en ti a pesar de eso, qué pensarías tú en mi lugar.
Shura sintió que el suelo se movía sin control, el mareo que sintió casi llegó a provocarle naúseas, el recuerdo de la muerte de Aiorios le hacía sentir culpable en lo más profundo.
-Iba a asesinar a Atena, señor
-Shura, ¿hasta dónde llega la fidelidad a tu Patriarca?
-Hasta mi muerte señor, contestó el español seguro
-¿Matarías por mí?
-Si eso fuera necesario señor, lo haría, siempre en beneficio de Atena.
-Está bien, ya que puedo confiar en ti, quiero mostrarte algo -sin pensarlo dos veces Arles se quitó el casco y la máscara mostrando a Shura su yo Saga. El caballero de Capricornio no puso ocultar su sorpresa ante semejante visión. De inmediato se puso de pie sin dejar de mirar a los ojos del geminiano.
-Saga - dijo titubeante- ¿porqué no me lo habías dicho?
-Porque no se lo he dicho a nadie...amigo
-Han pasado diez años Saga de Géminis, ¿hasta cuándo ibas a sentir confianza en mi? -Shura se sentía simplemente indignado.
-He tenido que ser muy cuidadoso, el Santuario se ha llenado de traidores y conspiradores contra mi y la diosa, espero que comprendas mi posición.
-Pensé que simplemente habías desaparecido como Aries y Libra.
-Ellos son parte de los traidores amigo, tener incluso en contra a algunos caballeros dorados es...complicado por no decirte que apabullante. Necesito conocer a mis aliados para que protejan a la diosa de estos enemigos que se hacen pasar por hombres justos.
Shura exhaló, mientras meditaba las cosas, sinceramente no estaba de acuerdo con algunas de las estrictas políticas de Arles, sin embargo sabía que la diosa tenía que estar de su parte, de lo contrario, él no ocuparía el puesto de Patriarca.
-Quiero verla -dijo firme el Capricornio.
-Ella solo se deja ver por mi.
-Eso no está escrito en ningún protocolo, se supone que cualquier miembro de la Orden tiene derecho a pedirle audiencia.
Saga guardó silencio unos instantes, trataba por todos los medios de sonar convincente, no podía darse el lujo de que la duda que germinaba en el corazón de Shura terminara por enredar en sus brotes al resto de la Orden Dorada.
-No sé si quieres que tome tu actitud altanera como que estás dudando de mis palabras, crecimos juntos Shura, no necesito decirte que me sorprendes, realmente contaba con tu apoyo, te jactas de ser el más fiel a la diosa y sin embargo no actúas conforme a los deseos de ella.
-Airos creció con nosotros y sin embargo jamás hubiera creído en sus intenciones de asesinar a la niña.
-Es diferente, mi posición como Patriarca es legítima, si es que insinúas que estoy aprovechándome de las circunstancias, al morir Shion, Aiorios debía tomar su lugar, sin embargo como él era el asesino y yo el segundo nombre en línea de sucesión, automáticamente el cargo caía sobre mis hombros.
Shura se quedó sin palabras, realmente no podía cuestionar la legitimidad de Saga como Patriarca, lo que le había dicho era cierto.
-¿Porqué Arles? ¿Porqué el cambio de nombre?
-¿Me habrías aceptado si desde el primer momento hubieras conocido mi verdadera identidad?
Shura titubeó, era verdad, Saga era demasiado joven en ese entonces para asumir el puesto.
-No, seguramente no te hubiera aceptado.
-Lo sé, no soy tonto Shura.
Un silencio largo e incómodo cayó sobre los dos hombres, Shura meditaba largamente su respuesta, siempre había sido de carácter más bien tranquilo y no tenía intenciones de enfrascarse en una pelea con Saga.
-Bien, espero tu respuesta, Shura.
-Lo haré, cuenta conmigo -dijo suspirando el español.
Saga sonrió y le alargó un papel blanco enrollado sellado con cera roja, con el sello del Patriarcado.
-Tu misión es investigar la lealtad de los miembros de un campo de entrenamiento en Argelia, necesito que me reportes acerca de sus intenciones, usa la táctica que mejor te quede para obtener respuestas y averigua cuántas armaduras y cuáles han ganado los aprendices, me temo que la insurrección de los maestros argelianos es tal, que ni siquiera reportan a los aprendices que ya deberían formar parte de la Orden.
-Cuenta conmigo Saga -dijo Shura inclinando la cabeza.
-Nunca vuelvas a mencionar ese nombre, me llamo Arles para ti y los demás y que eso te quede claro -dijo tajante, pero sin llegar a un tono de amenaza. De inmediato se colocó de nuevo el casco y la máscara, ante los ojos desconcertados de Shura.
-Que así sea...Arles
-Así será...
Continuará-
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