N/T: ¿No me demoré mucho esta vez, verdad?

Aquí un nuevo capítulo. Y esta vez los podré traducir más seguido, miren que ahora ya no estoy trabajando. Perse, te adoro. Muchísimas gracias por el beteo. Te raptaré apenas te vea.

Draco se había acurrucado sobre una alfombra, que iba de pared a pared, en un rincón escondido de la tienda de libros. Su túnica de un color púrpura oscuro, se desparramaba por el suelo y, por haber estado tanto tiempo allí sin que nadie lo molestara, se sintió lo suficientemente seguro como para echar la capa hacia atrás, de modo que su cara se pudiera apreciar de manera clara. Por supuesto, una cabellera rubia, casi blanca, era visible para cualquiera que quisiese buscarla.

Grandes pilas de libros estaban esparcidas precariamente alrededor del muchacho a excepción de una pequeña porción de suelo desnudo a su derecha. Si a Draco le gustaba un libro, tenía que dejarlo en el espacio vacío y éste desaparecía sólo para ser procesado y agregado a la cada vez mayor cuenta de Harry y de allí, probablemente, aparecían en casa.

Draco se preguntaba cuándo había comenzado a pensar en Grimmauld como su casa. No tenía idea. Pero se sentía en casa; se sentía como Harry.

Harry parecía haber recuperado el equilibrio que perdió en la tienda de Ollivander. Desaparecía por un tiempo y luego volvía con una selección de volúmenes que creía que a Draco le podrían gustar. Había todo tipo de libros, desde Quidditch hasta pociones, con una amplia gama de títulos en el medio.

La capa de Harry se había caído por completo y su cabello estaba desordenado. De vez en cuando alguien se le acercaba para preguntarle si era Harry Potter mientras blandía una pluma y algo para que firmara. Harry se sentía obligado a firmarle a quién sea que fuese, mirando todo el tiempo de manera desconcertada en cuanto a por qué alguien estaría interesado en él.

Draco sonrió.

Harry era, a veces, tan cariñosamente dulce. Cuando estuvieron en Hogwarts, Draco creyó, de verdad creyó, que el muchacho amaba su fama y el apoyo. Pero, en realidad, no podía estar más equivocado.

Harry no entendía. No tenía idea, ¿verdad? Harry Potter podía tener el mundo a sus pies y sin embargo, parecía no querer nada de eso –nada de la alabanza o la adoración que tendría a su debido tiempo. En cambio, parecía muy contento de vivir en una casa maltratada con un sofá psicótico, una jarra de leche en forma de vaca y un pequeño balcón con sillas de hierro fundido y una olla de lavanda.

Harry, obviamente, era muy rico y sin embargo… no hacía alarde de sus riquezas. De hecho, vivía frugalmente hasta ahora, probablemente con su mente ocupada en otras cosas.

El muchacho se dirigía hacia él nuevamente y tenía incluso más libros en sus brazos. Draco podía ver el lomo de los libros: rojo, azul y verde con bordes dorados. Se preguntó cuáles serían los títulos, sorprendido e que Harry hubiese podido encontrar algo que él no había visto todavía. Una pequeña niña lo detuvo en su camino hacia Draco y Harry sonrió y se inclinó hacia ella.

Draco pensó que la sonrisa del muchacho era como el sol, brillante y cálida. Harry posó su mirada en la niña y le habló. El rubio no podía escuchar lo que decían, pero podía ver que toda la atención de Harry estaba depositada en la niña y se preguntó si eso era parte del encanto del moreno… ésa capacidad de mirar a alguien como si fuese en centro del universo y nada más importara.

La pequeña niña asintió. Sus pelirrojas trenzas rebotaron, haciendo hincapié en el movimiento de su cabeza. Draco recordó a Ginny Weasley y se preguntó qué sucedió entre ella y Harry. No hubo ningún rastro de ella en los últimos días, ni siquiera en la marea Weasley que invadió la habitación la noche anterior. Se preguntó si se atrevería a preguntarle a Harry sobre eso algún día.

Entonces Harry lo miró, sonriéndole. Draco se encontró con que no podía respirar y sentía su corazón como si estuviese siendo exprimido. Por un breve segundo el mundo se detuvo y, Harry volvió su atención a la niña, el mundo comenzó a moverse de nuevo.

Draco se obligó a prestar atención al libro que tenía abierto sobre su regazo. Otro volumen de pociones. Uno que pensaba que Severus podría disfrutar. De pronto el sol desapareció, como si se hubiese escondido detrás de una nube, la habitación se volvió fría y una sombra cayó sobre él, una que hizo un eco oscuro y malvado.

—Entonces, tu amo te abandonó, ¿verdad?

Draco levantó la mirada.

Una mujer le estaba sonriendo, pero al rubio no le gustó esa sonrisa. Era malvada, como un sapo. Era la clase de sonrisa con la que Draco estaba demasiado familiarizado, habiéndola visto casi a diario durante el año que pasó. Le pertenecía a alguien a la que le gustaba ver el sufrimiento en los demás.

Pensó que la conocía. Llevaba un traje rosa que consistía en una chaqueta de tweed y una falda a juego. Su cabello gris estaba obedientemente rizado. Tenía un paraguas debajo del brazo, también de color rosa y estampado con gatitos de varios colores que gemían entre sí lastimosamente. Draco se dio cuenta que no podía apartar la mirada. A primera vista parecía la tía favorita de todos, mullida, amable y cariñosa. Pero esos ojos, duros y calculadores, y esa sonrisa le dijeron la verdad… ella era cualquiera cosa, menos eso.

Sí conocía a la mujer, la recordaba de Hogwarts. Ella fue amable con él y luego se deleitó con su crueldad hacia Harry, ansioso por llevar a cabo su ofrecimiento. ¡Oh Merlín! ¿Qué había hecho?

Dolores Umbridge sonrió aún más ampliamente, pero sus ojos se quedaron de un ágata frío y duro. Draco apartó la mirada con dificultad y miró nuevamente su regazo. Entonces el mango del paraguas estaba debajo de su barbilla y su cabeza estaba siendo obligada a elevarse para seguir con esa implacable mirada.

—Te hice una pregunta, Concubino, harías bien en responderme.

Draco abrió la boca y luego la volvió a cerrar. Esos ojos parecieron entender de inmediato lo que él no pudo decir. Brillaron con malicia. La cruel boca se elevó de nuevo, esta vez mostrando una sonrisa de satisfacción.

—Alguien te dejó mudo, ¿hmm? Muy bien, ¿cuál sería la necesidad de los animales de hablar? —La pregunta fue retórica, después de todo ya no le estaba hablando a él, más bien como si estuviese viendo a un perro perdido—. Sin embargo, no pareces llevar collar y eso va en contra de la ley. Creo que tendré que dejarte bajo custodia.

Draco comenzó a temblar. ¿Tenía que llevar un collar? ¿Harry no lo sabía? No quería volver a una jaula como en la que estuvo en San Ignacio.

De repente el suelo parecía estar avanzando y los libros se tambalearon peligrosamente en sus estantes. Un gran volumen rojo cayó desde su posición en un estante cercano y aterrizó a unos pocos centímetros de Umbridge. Draco miró a su alrededor comenzando a sentir pánico. ¿Qué había pasado? Sus temblores se triplicaron, ¿qué estaba sucediendo?

—Si no quita su paraguas de la barbilla de Draco, lo tomaré y lo envolveré alrededor de su cuello.

—Potter.

—Aléjese de Draco y hágalo ahora.

Harry hablaba con los dientes apretados. Temblaba y se frotaba los dedos de una mano sobre los de la otra. La misma respiración del muchacho parecía inclinarse y arquearse; otro libro pasó volando por sobre la cabeza de Umbridge. Draco se preguntaba qué estaba haciendo Harry, ¿habría perdido el control de su magia?

El rubio notó que Umbridge estaba mirando a Harry ahora. En el colegio habían sido casi del mismo tamaño, pero parecía que ahora el muchacho había crecido. Los ojos de la bruja se llenaron de pánico. La mujer se estremeció cuando otro libro pasó volando por su cabeza, pero no estaba dispuesta a reconocer su miedo instintivo. Su pecho se hinchó, manteniendo su postura firme. Estaba llena de su propia justicia, decidida a no ser vencida y, a pesar de su pánico, Draco se preguntó si la mujer realmente creía que podría ganar la batalla.

—Tiene una criatura mágica de clase B sin atar en un lugar público. ¿No se da cuenta que eso va en contra de la ley? Tendré que tomar este animal en custodia. No es seguro o saludable dejar a los animales andar libremente alrededor de la gente normal. —Umbridge hablaba en un tono que sugería que ya había ganado la discusión.

—Él no irá a ninguna parte con usted y encuentro que su tono es ofensivo —dijo Harry—. Draco no le hará daño a nadie y no es una amenaza, pero si me presiona se dará cuenta que soy mucho más peligroso que cualquier criatura mágica que se pueda imaginar.

No elevó su voz. No se movió en lo absoluto. Pero Umbridge retrocedió, se detuvo y sacó pecho una vez más. La temperatura del pequeño rincón en el que Draco estaba sentado se redujo en varios grados y las páginas de los libros que estaban dispersos a su alrededor comenzaron a moverse violentamente a raíz de una brisa fantasmal.

La nariz de Umbridge se arrugó y torció la boca con disgusto.

—¡No me asustas, Potter! —Le espetó.

—¿No? —Dijo Harry en voz baja —. ¿Cree que me importa cómo se siente? Draco no le hará daño a nadie, estábamos a punto de irnos. Le sugiero que se aparte y nos deje ir.

Estaban en un callejón sin salida. Ninguno se movió y luego un hombre alto se les unió. Se volvió hacia Harry y le extendió la mano.

—Señor Potter, mi nombre es Frederick Flourish. Estoy tan contento de conocerlo finalmente. Ha hecho tanto por el mundo mágico.

Harry centró su atención en Flourish y estrechó la mano que éste le ofrecía. Los libros que los rodeaban, que se habían puesto cada vez más frenéticos en su protesta, se quedaron quietos.

Sin embargo, Umbridge, obviamente estaba determinada a no ser distraída. Cogió al delgado hombre por el brazo y empezó a gritarle, gesticulando en dirección a Draco mientras hablaba.

—¡Esta criatura no debería tener permitido deambular libremente en un lugar público! Lo encontré aquí, sentado en esta esquina, descaradamente, como puede ver. ¡No es correcto, no debería permitírsele algo así! No debería estar desatado sin el permiso del dueño de la tienda.

Flourish, con sus ojos negros como una pizarra, se quedó mirando fijamente a Umbridge hasta que ésta terminó su afrenta.

—El señor Potter tiene mi permiso para traer a su mascota aquí en cualquier momento que desee. —Dijo calmadamente.

Un gran libro, que Draco había visto, apareció de la nada y se estrelló contra el suelo al lado del hombre. Los ojos de Harry brillaban; estaba enfurecido.

Draco sintió que lo habían metido en un balde de agua helada. Umbridge resopló, obviamente enfurecida de que el hombre, al parecer, se hubiese puesto del lado de Harry. Pero realmente él no estaba de su lado, ¿verdad? Había llamado a Draco una "mascota", no un compañero o un amigo, sino una mascota.

Draco sabía que no importaba lo que dijese Harry. Él podía ser el héroe del mundo mágico, pero el mundo mágico no lo apoyaría en esto. Podían defender su derecho sobre la propiedad del rubio, para llevarlo donde quisiese. Podían querer a Harry en el Ministerio, pero los prejuicios estaban profundamente arraigados en la vida de los magos. Él debió saberlo ya que vivió toda su vida rodeado de fanatismo. Pensó que si no fuese un Concubino, todavía estaría sumergido en ese mundo, donde sería una de esas personas llenas de prejuicios. Después de todo él jamás cuestionó las creencias de sus padres.

Draco se dio cuenta que nadie lo defendería; había gente que parecía entender, como Ollivander, que no podía defenderse por sí mismo. Madam Malkin fue indulgente con ellos, les ofreció disfraces, pero no utilizó el apellido de Draco.

Este hombre, el propietario de la tienda de libros, quien evidentemente trataba de ser amable, asestó el golpe más cruel de todos. Era obvio que estaba defendiendo a Harry del Ministerio, personalizado por Dolores Umbrigde, pero no había desafiado el status quo.

Draco miró a Harry, realmente lo miró. Era un héroe, pero también era un muchacho de diecisiete años con ojeras bajo sus ojos, cuyo rostro maduró, con las mejillas hundidas y el cual estaba perdiendo el control de su magia.

Una pequeña multitud se había congregado, mirándolos. Entonces el joven Slytherin vio a Harry abrir la boca para hablar. No era el momento de luchar. Harry necesitaba recuperarse y Draco creía que esas personas no estaban realmente listas para escuchar lo que el muchacho tuviese que decir.

"Harry, por favor, ¿me llevarías a casa?" Dirigió su pensamiento hacia Harry tan fuerte como pudo.

Esos magníficos ojos volvieron a posarse en Draco, llenos de preocupación y ternura.

"¿Por favor, Harry?"

Asintiendo, Harry arropó a Draco con su capa, tirando de la capucha para ocultar su rostro. El rubio se arrimó al cuerpo de Harry, sintiéndose seguro y protegido. Al mismo tiempo trató de bloquear sus oídos ante lo que decían a su alrededor.

—¿Escuchaste? ¡Harry Potter tiene una mascota!

—¡Es un Concubino! Escuché que lo heredó.

—¡Oh, mira, qué lindo! Se arrimó contra él.

—Maldito bastardo con suerte, ¡qué ganas de heredar un Concubino!

Amargas lágrimas punzaban los ojos de Draco y sintió dolor y picazón en la garganta. Sentía la mano de Harry apretada contra su cabeza, sosteniéndolo cerca y trataba de no llorar.

Oyó la frialdad de Umbridge al reprender a Harry y a Flourish por someter a la opinión pública a tan despreciable compañía. Oyó al moreno diciéndole que los dejara en paz. Escuchó a Flourish decirle a Harry que sus libros serían enviados y que éste le daba las gracias de manera suave; y luego no escuchó nada más que el estruendo del aire cuando se Aparecieron de vuelta a la relativa seguridad de Grimmaud Place.

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Draco estaba enfermo. Violentamente enfermo. Harry se sentó al lado de él, tratando de mantener su cabello húmedo apartado de sus ojos, lejos del vómito. Acariciando suavemente la melena rubia con una mano y formando círculos en la espalda de Draco con la otra.

No sabía qué decir. ¿Qué podía decir? Por lo que concernía a Harry todo el mundo se había vuelto loco. Draco era humano, era un mago. Eso era bastante evidente para Harry. Pero también parecía obvio que Remus era un buen hombre y Hagrid también. No había sido capaz de defenderlos del odio sin sentido.

No podía ayudar, pero deseó que Dumbledore todavía estuviese allí.

El viejo hombre tenía sus defectos, enormes en algunos casos. Sin embargo, la intolerancia no había sido uno de ellos. El prejuicio no tenía cabida en el mundo de Dumbledore. Pero incluso él tuvo, en ocasiones, dificultades en defender las causas que apoyaba. Había perdido la lucha de mantener a Remus en Hogwarts y fue incapaz de liberar a Dobby de una vida de tortura (Harry tuvo que hacerlo bajo un engaño). Pero si Dumbledore estuviese allí, le habría pedido que los ayudase. Los hubiese aconsejado. Por lo meno habría intentado ayudarlos.

Lo que debió ser una simple salida de compras, se convirtió para ambos en una tortura, especialmente para Draco. Estaba llorando, acurrucado sobre sí mismo en torno a la taza del baño como si fuese un santuario, reacio a liberarlo. Draco parecía estar roto y, por primera vez, Harry estaba completamente perdido sobre lo que debía hacer. El moreno humedeció un pedazo de franela y lo utilizó para limpiar las partes de Draco que podía alcanzar mientras trataba de decidir qué hacer.

Un suave golpe sorprendió a ambos. La puerta del baño se abrió y entró Hermione. Se acercó y se sentó en el borde de la bañera.

—¿Fue horrible? —Preguntó amablemente.

—Hermione —dijo Harry, acogiendo con aceptación la oportunidad de hablar, de dar rienda suelta a sus sentimientos frente a alguien que lo entendería. —¡Fue una mierda! ¡Todo el puto día! Las personas no mencionaban el apellido de Draco y no hablaban con él y luego, cuando fuimos a Flourish y Blotts, Umbridge vino y lo trató como si fuese una especie de animal, y luego… —Harry jadeó cuando comenzó a quedarse sin aire; no le gustaba respirar agitadamente, odiaba el hecho de sentir como si quisiese llorar. ¿Qué derecho a llorar tenía, después de todo? A él no lo habían tratado como una criatura inferior.

Hermione se acercó un poco más y acarició suavemente su hombro. Tragó saliva y Harry continuó.

—Entonces, el señor Flourish se acercó. Estaba defendiéndome, tratando de ayudar… creo… ¡pero llamó a Draco mi mascota! —Harry se estremeció al recordar la expresión del rubio ante esa palabra.
Draco parecía tan feliz en la tienda de libros, contento, incluso al estar sentado con un pila de libros, sumergido en sus pensamientos.

—No está bien, Hermione, es tan injusto, es… —Las palabras le fallaron a Harry, no había ninguna manera de describir lo malo de toda la situación.

Hermione se sentó en el suelo al lado de ellos. Draco se había alejado de la taza del baño y apoyó la cabeza en el hombro de Harry. Estaba temblando, por eso el moreno lo envolvió con sus brazos. Harry no sentía ningún pensamiento coherente, sólo oleadas de tristeza que provenían del hombre al que abrazaba tiernamente.

—Los prejuicios nunca son buenos, Harry —dijo la muchacha en voz baja—. Es poco frecuente que sea racional. Voldemort no existió por ocioso; tenía un montón de seguidores, un montón de gente que pensó que tenía razón con respecto a la pureza de sangre. Dudo que esa ideología haya cambiado simplemente porque lo derrotaste. Con toda seguridad las cuestiones entre los sangre pura contra los mestizos y los hijos de muggles será discutido por un largo tiempo. Un puñado de sangre pura deben sentir que ahora mismo eso es un suicidio político y completamente inaceptable. Pero otras formas de prejuicios deben dominar fuertemente en el mundo mágico. Al parecer las criaturas mágicas carecen de protección alguna respecto a esto.

Mientras más leo sobre los Concubinos, más difícil me es comparar eso con Draco. No es un animal, una criatura no pensante, algo sin sentido. Pero los libros se oponen a esa opinión —Hermione parecía desconcertada al haber encontrado libros con los que no estaba de acuerdo; ella siempre encontró conocimiento en la biblioteca. Harry creía que seguramente todo esto la preocupaba.

En cada libro que he leído hay referencias a otros y los investigué, pero es como si cada libro estuviese escrito en base a la desinformación o a la propaganda. —Sacudió la cabeza con incredulidad.

"La historia está escrita por los que ganaron" El pensamiento de Draco hizo eco en la cabeza de Harry. Éste lo miró a través de sus pestañas. Obviamente el rubio seguía con avidez las palabras de Hermione. El moreno deseó que ellos pudiesen conversar, así podía quedarse callado sin tener que ser el intermediario, pero por ahora Harry era el único medio a través del cual los pensamientos y sentimientos de Draco podían ser compartidos con otros.

—Draco dice que la historia fue escrita por los que ganaron —Dijo Harry y Hermione resopló con amargura.

—Obviamente tienes razón, Draco —dijo—, sin embargo debe haber una manera de cambiar las cosas. Eres elocuente. Eres la prueba viviente de que lo que se sabe de los Concubinos está errado. Tal vez podríamos trabajar juntos, tus pensamientos y experiencias junto a mis observaciones. No cambiaremos el mundo en una noche, pero podría ser un comienzo.

La muchacha se acercó, pero luego se detuvo. Tenía una mano cerca de la mejilla de Draco, pero no posó ni un dedo sobre él. Sus ojos se encontraron y el muchacho asintió, dándole permiso a Hermione para tocarlo. Se apartó el húmedo flequillo de los ojos y le sonrió.

—Creo que nunca antes alguien ha escuchado a un Concubino, Draco. Tal vez nosotros podríamos cambiar las cosas, ¿no lo crees?

—Err… Hermione —dijo Harry—, hay algo más que ocurrió hoy.

La muchacha miró a Harry fijamente y esperó a que se explicara.

—Er… mi magia se puso salvaje y… eh… perdí el control de ella por uno o dos minutos.

—¿De verdad, Harry? —Preguntó, pero no parecía demasiado sorprendida. Hablaba como si estuviese tratando de confirmar una teoría—. ¿Cómo te sentiste?

—¿Cómo crees que me sentía? —Espetó— Me sentía realmente furioso.

—Sí, Harry, por supuesto. Espero que eso tuviera mucho que ver con los acontecimientos. —Dijo Hermione con calma.

Harry entrecerró los ojos, pero no respondió. Conocía lo suficiente a Hermione como para saber que algo se le había metido en la cabeza, pero se lo guardaría para sí misma y se tomaría el tiempo para leer e investigar, y no discutiría sus sospechas hasta que estuviera segura.

Se sentaron en suelo de baldosas frías un poco más, cada uno envuelto en sus pensamientos hasta que Hermione volvió a hablar.

—Fleur está abajo —dijo—, ha venido a verte, Draco. Ron le pidió que te visitara, pero él no vino, pensó que lo preferirías así, ¿estarías dispuesto a conversar con ella?

Draco había dejado de temblar. No sabía si fueron las de Hermione o el hecho de que ella creía que Draco era humano y lo había tratado como tal, lo que calmó al muchacho; no podía saberlo. El rubio había ocultado sus pensamientos, como si no quisiera que los oyeran y Harry no pensaba espiarlos. Cualquiera fuese la razón, Draco parecía más tranquilo. Miró al moreno como pidiéndole permiso, pero éste no le permitiría ir por ése camino.

—Depende de ti, Draco —Dijo Harry.

Draco miró a Hermione y, finalmente, después de lo que pareció una eternidad, asintió.

Fleur estaba sentada en el comedor, con una mano aferrada a la de Bill y la otra descansando sobre su abultado vientre. Draco se detuvo cuando vio al mayor de los Weasley y Harry terminó chocando contra su espalda. Los ojos de Draco se veían enormes en la penumbra de la oscura cocina y resplandecían con un brillo de lágrimas. Harry no sabía qué iba mal.

—¿Qué pasa, amor? —Preguntó mirando la afectada cara de Draco.

"Lo siento, lo siento tanto" La voz de Draco fue un susurro, no más que eso.

—Dice que lo siente —repitió perplejo Harry.

Bill se sonrojó, con un rojo brillante debajo de las cicatrices que aún empañaban sus rasgos. Hermione que había entrado justo después de ellos, se sonrojó también.

—Oh, lo siento, Draco. Pensé que sabrías que Bill también estaría aquí.

Y al mismo tiempo, Harry se dio cuenta de lo que le molestaba a Draco. Él no sabía sobre las cicatrices de Bill. Las bellas facciones del pelirrojo estaban estropeadas de manera permanente, pero esto parecía no haber afectado a Bill para continuar con su vida. Se había casado con su Veela; la que cargaba su primer hijo. Harry olvidó que fue Greyback, muerto desde hacía mucho, el que había atacado a Bill. Olvidó que Greyback entró a un colegio lleno de inocentes niños por culpa de Draco. Éste no esperaba tener que enfrentarse al pelirrojo; no le advirtieron que estaría allí, como habían hecho con Fleur.

Por uno o dos segundos un silencio incómodo mitigó el alegre calor de la cocina, pero luego Bill se levantó y se acercó a Harry, Hermione y Draco. Le tendió una mano a éste último. Fuerte, firme y decidido.

—Creo que has tenido un camino más duro que el mío, colega. —Dijo en voz baja.

Por otra parte, Draco no se movió. Se quedó mirando la mano delante de él, como si no supiera qué era; entonces la tomó con firmeza y la sacudió con fuerza. Permitió ser llevado hasta la mesa y hacia Fleur, quien estaba de pie justo al lado de una maltratada silla de la cocina esperando su acercamiento.

Draco no podía dejar de temblar mientras se acercaba a la rubia mujer. No se sintió atraído por ella, en lo absoluto. Pero olía maravilloso, a rosas y calor, a manzanilla y seguridad. Quería enterrar la cabeza en su hombro, contra su pecho y quedarse allí. Olía bien.

Nunca tuvo mucha relación con ella en Hogwarts. Fue una de las tres campeonas en el torneo de los tres magos y pasó inadvertida, en el fondo. Parte de él estaba encantado porque nunca creyó encontrar a alguien que reconociera su herencia, sobre todo alguien con sangre Veela. Pero otra parte de él había odiado a Harry por la adoración que recibió por ser uno de los campeones. La idea de las insignias volvieron y se ruborizó nuevamente.

Fleur ladeó su cabeza y lo miró como si fuese algo que no podía entender. Pero entonces pensó que quizás para ella él era un extraño.

—No te ruborices, pequeño. —dijo. Draco podría no haber hablado con ella durante su estadía en Hogwarts, pero definitivamente la escuchó. Había cambiado mucho desde la última vez que la vio y ahora no tenía más que un suave acento, una disminución en algunas palabras, pero nada tan fuerte como antes. Draco abrió la boca. Quería decirle que no se sonrojaba por algo que ella hubiese dicho o por su proximidad, pero luego volvió a cerrarla. Por un segundo olvidó que su voz le fue arrancada y el recuerdo de esa pérdida fue más doloroso que nunca.

—Oh, hermano —dijo Fleur con los ojos llenos de lágrimas—, pobre hermano.

A la vez, lo ojos de Draco también se llenaron de lágrimas. No había podido llorar en todo el día. Se resistió ante los comentarios de la gente que conoció y a la deliberada crueldad de Umbridge. Incluso en el baño no había llorado, estuvo cerca una o dos veces, pero no lo hizo. Sin embargo, un poco de amabilidad fue suficiente para desarmarlo, tal como sucedió con Snape.

Envuelto en los brazos de Fleur, rompió a llorar en silencio mientras ella deslizaba los dedos suavemente por su cabello y lo consoló con una canción que nunca había oído antes, pero que sintió que conocía de toda la vida. Una cantada muy bajito, susurrada, que lo hizo sospechar que era sólo para él.

Una vez terminada la canción, puso las manos sobre sus hombros y empujó suavemente. Le estaba sonriendo.

—¿Mejor? —Preguntó.

Draco asintió. No estaba muy seguro de lo que había sucedido, pero lo hizo sentir mucho mejor, menos ansioso de lo que estaba momentos antes.

—Bien, porque me temo, hermanito, que tengo que sentarme. —Sonreía de manera irónica. Se estaba burlando de su propia condición.

He venido hoy aquí porque Ron me lo pidió. Me dijo que habías vivido un infierno. Pensaba que necesitabas a alguien que pudiera ayudarte a entender un poco más sobre ti mismo. Mi cuñado no siempre ha sido la persona más comprensiva, pero creo que lo hizo bien esta vez, ¿no?

Me dijo que estabas perdido y solo, que necesitabas a alguien que te ayudara a entender alguno de tus sentimientos y compartir contigo lo que tú siempre deberías haber sabido. Fuiste muy maltratado, pero debes ser valiente, hermanito. Provienes de un noble linaje.

Los Concubinos y las Veelas son parientes cercanos. No todos se dan cuenta de lo cercanos que somos, incluso Ron y Arthur no se dieron cuenta hasta que Hermione se los dijo. Tenemos muchas cosas que son iguales y otras que son diferentes, pero éstas últimas no son demasiadas, como debes suponer. Las Veelas, así como los Concubinos, tienen obligaciones y somos —bajó los ojos en este punto y susurró— sumisos.

Bill apretó la mano de la mujer, que sostenía una vez más, con ternura y suavidad, y Draco estuvo seguro que le habría dado la luna si ella se lo hubiese pedido.

—Pero no cambiamos nuestra forma como los Concubinos —continuó Fleur. Su acento era menos fuerte, pero a veces la forma en la que pronunciaba ciertas cosas era extraña—. No tenemos sangre de metamorfomago; por lo que sólo podemos transformarnos en pájaros cuando estamos realmente molestos, de lo contrario permanecemos de la misma forma. Ambos podemos atrapar los sentidos de aquellos a los que queremos conquistar. Es un medio de autoprotección. Nadie te mostró esto, pequeño, ¿verdad? Pero no nuestra pareja él –o ella– no pueden ser atrapados, son inmunes. Una vez que nos emparejamos es de por vida.

Draco quiso hablar nuevamente, abrió la boca, pero sólo pudo hacer un puchero de frustración. Harry habló en su lugar.

—Pero, ¿qué hay de Voldemort?

—No creo que Draco y Voldemort fueran pareja. —Dijo Fleur—. Draco fue violado y esclavizado, no emparejado.

Draco la miró fijamente.

La mujer se veía calmada, mirándolo directamente a los ojos.

—Draco, cuando encuentres a tu pareja, la persona a la que amaras por toda tu vida, lo sabrás. Lo sentirás aquí —empuño la mano y la llevo a su pecho, cerca del corazón—. Tu pareja te marcará, al igual que aquel al que esté vinculado, pero tienes una opción si no eres forzado a vincularte, si sientes amor, entonces tu pareja también será marcada.

Hermione hizo un pequeño ruido y se mostró profundamente satisfecha con respecto a algo.

Harry habló con voz entrecortada.

—Pero entonces… eso significa que soy la pareja de Draco. —Extendió su brazo y mostró a Fleur su muñeca.

Estaba sentado al lado de Draco, lo más cerca que podía, con sus piernas tocando las de él, su dura silla Windsor al lado de una silla que no coincidía en la que estaba sentado en rubio. Draco contuvo la respiración, no quería oír la ira o la tristeza o el arrepentimiento en la voz de Harry. Éste parecía asombrado, pero no parecía infeliz.

—No es una cruz para él, hermanito —dijo Fleur apretando suavemente la rodilla de Draco. Parecía entenderlo tan bien que no necesitaba decirle lo que sentía, pero quería hacerlo—. Él te habla todo el tiempo de sus sentimientos, Harry lo hace, pero nadie te enseñó a ti a escuchar. Yo te enseñaré a abrir tu corazón, hermano.

—¿Crees que estoy enojado, Draco? —Dijo Harry con urgencia— ¡Por que no lo estoy!

Y luego habló en voz más baja, como si fuese una caricia.

—¿Draco?

"¡Tengo miedo, Harry! No lo entiendo"

—Está muy… ehm… ansioso, Fleur —dijo Harry—. Creo que no sabía nada de esto.

Fleur elevó sus cejas mirando a Harry.

—Puedo ver eso —dijo fríamente—. Debería haber sabido todo esto, desde que era un niño. Pero se lo llevaron lejos y sólo le dijeron verdades a medias.

Draco estaba sorprendido, no por las palabras de Fleur, sino por la manera en la que había tratado a Harry. Éste no tenía la culpa de que lo hubiesen tratado tan mal.

Entonces se dio cuenta que la mujer estaba enojada, no con Harry, sino con su situación. Estaba conteniendo su ira, pero la demostraba de todos modos, en nombre de él. Al parecer encontró otro campeón cuando, justo antes, creía no tener ninguno. Fleur se descargó contra Harry porque estaba suprimiendo sus sentimientos. El moreno por otra parte, parecía completamente asustado por su frialdad.

—Ahora debo irme. Necesitas descansar. —Draco elevó su mirada a ella, prestándole atención una vez más—, pero volveré pronto. Necesitamos hablar, hermano, hablar mucho más. Tenemos mucho que compartir, pero no será hoy.

Extendió su brazo y justo por encima de su muñeca había una pequeña marca, un escudo. Bill todavía estaba sentado cerca de Fleur sosteniendo su mano. Draco había visto como el pelirrojo la acariciaba suavemente mientras conversaban. Entonces él también le mostró su muñeca al rubio. En ella, contrastando con la pálida y pecosa piel, había una marca… un escudo azul y plateado.

Draco no podía creerlo. Bill era la pareja de Fleur. Ella lo eligió por encima de todos; hizo una elección. ¿Cuándo tuvo él una opción? Fue forzado por su padre, entregado a Voldemort. Sus ojos le picaron de nuevo ante lo diferente que había sido para Fleur, querida y admirada por todos, por que ella era parte Veela y ser Veela era aceptable.

Pero luego sintió un fuerte brazo de serpiente que lo rodeaba. Un brazo que estaba ligeramente tostado y cubierto de finos vellos oscuros. El brazo lo acercó a un firme torso y lo envolvió en un reconfortante abrazo.

Harry.

—Hoy fuiste maltratado por todos, creo —continuó Fleur, sus ojos grises eran tiernos y amables—, y ahora debes dormir un poco. Pero primero, tengo algo para ti. Algo especial que te ayudará a responder algunas preguntas, que te ayudará a entender más sobre ti mismo hasta que podamos hablar nuevamente.

A los jóvenes Veelas y Concubinos se les entrega este libro.

Draco no se había dado cuenta de que Fleur estaba sosteniendo algo en sus manos, extendiéndoselo, era un pequeño libro.

Había tenido suficientes libros por un día, pero éste lo llamaba. Draco se acercó y lo tomó tentativamente. En cuanto lo tocó sintió como si su mano estuviese quemándose, pero no podía dejarlo.

La cubierta había sido usada por el tacto de un sinfín de dedos. Estaba manchado en algunos lugares, desteñido en otros. Debajo de los siglos de manchas había una pista del color original del libro, ¿púrpura, tal vez?

Lo dio vuelta con avidez, completamente extasiado.

Miró a la mujer frente a él, desesperado por hablar, pero parecía que no sería necesario en esos momentos.

—Es el libro de Yang Guifei —le dijo—. Su nombre significa "Preciosa princesa consorte" Yang Guifei fue una de la mujeres más hermosas que jamás haya existido. También fue muy mágica. Su madre era una Veela y su padre un metamorfomago. Incluso los muggles saben algo de su historia, pero no toda la verdad.

Fue la amante del Emperador Xuanzong, hace mil quinientos años. El Emperador supuestamente abandonó sus funciones por estar obsesionado con ella. Muchos testimonios dicen que sus familiares fueron situados en puestos de poder porque Xuanzong no podía negarle nada. Algunos testimonios dicen que éstos eran corruptos, otros dicen que Guifei también lo era. Hubo una revolución y muchos de sus parientes fueron asesinados; el Emperador fue amenazado y, según la leyenda, Guifei fue asesinada porque debía ser detenida. Pero no fue así.

Su tumba se encuentra cerca de la ciudad de Xianyang y ha sido venerada desde entonces. En Xi'an saben la verdad. Guifei se quitó la vida para que el hombre que ella amaba estuviera seguro, así las batallas terminarían y la paz volvería. Guifei es el equivalente a Merlín. Ella es muy respetada en nuestras especies por su magia y bondad, así como por su belleza. Las jovencitas durante generaciones reunieron la tierra alrededor de su tumba, con la esperanza de que si lo utilizaban como un polvo facial las haría hermosas también.

Draco se estremeció nuevamente. Había escuchado con atención la historia de Fleur. Podía imaginar a Guifei, en el pasado, desesperada por la seguridad de su amante, para salvarlo a ambos: a él y a su país. ¡Pero la mención a Merlín! Quizás, ¿era eso lo que la profecía había insinuado? Se lo preguntaría a Hermione tan pronto como pudiese.

—Este libro habla de sus secretos —continuó Fleur—; secretos que compartimos, los Concubinos y las Veelas. Una copia de este libro debió ser tuya desde que eras un pequeño niño, Draco. Deberías haber sabido desde siempre estas cosas, así como como deberías haber escuchado nuestras canciones.

Este libro no es una copia. Ha estado es mi familia durante mucho tiempo. Pero pienso que deberías tenerlo. Quiero que sea tuyo.

Draco la miró abruptamente. Quería decir que no, devolvérselo, pero ella cerró los dedos alrededor de los suyos y los apretó suavemente.

—¡Es tuyo!

Fleur metió la mano en unos de sus bolsillos y sacó una esfera de cristal azul. La puso en el centro de la mesa y la giró un cuarto hacia la derecha. Un suave color azul apareció y comenzó a latir lentamente.

—¡Un globo musical! —Hermione respiraba reverencialmente.

Harry no decía nada. Se limitó a mirar el globo como si nunca hubiese visto algo como eso en su vida.

—Esto toca la música que pertenece a nuestra herencia. —Dijo Fleur—. La tocaré para ti.

Mientras hablaba, una voz de inigualable belleza comenzó a cantar. La canción se hizo eco a través de la sala en la que estaban sentados, filtrándose profundamente en Draco, en sus huesos. La cantante tenía una voz de soprano, clara y hermosa, y las palabras en italiano eran fascinantes. Cantaba sobre la pérdida, sobre las emociones, sobre el amor eterno. A Draco le pareció que hablaba con él a solas, hablaba de todo lo que sabía y siempre había sabido, pero que estuvo encerrado dentro de él durante mucho tiempo.

Como estaba inmerso en la música, pudo sentir a Harry a su lado, realmente sentirlo, como si una barrera fuese eliminaba, un velo descorrido. Podía sentir el corazón de Harry latiendo, como si fuese el suyo. Su respiración se sincronizó con la del muchacho. Sentía cada movimiento que hacía el moreno como si fuese propio. Cuando Harry parpadeó, fue si un trueno hubiese despertado. Las lágrimas del muchacho en la cúspide de la canción, le supieron a Draco como una lluvia torrencial y sentía como si lo hubiesen bañado de alegría y tristeza.

Finalmente se hizo el silencio. Por un largo tiempo nadie habló o se movió, cada uno envuelto en pensamientos que no podían compartir.

—Es Puccini —dijo Hermione—. Madame Butterfly.

—Sí, es de una ópera, una ópera muggle. Puccini no sabía nada de magia. Basó su ópera en un cuento de ficción sobre una mujer japonesa engañada para "casarse" con un hombre que no la quería. Pero la música, oh la música. Es la canción de un Concubino. Así de alguna manera, en algún momento, debió escuchar nuestras canciones.

—¡Por supuesto! —Exclamó Hermione— El cantante es muggle. No hay magia en su voz, pero ésta es realmente hermosa, ¿no?

Fleur lucía incómoda, por su avanzado embarazo, pero su mano todavía sostenía de la Draco. Él la miró completamente desconcertado, no sabía qué decir.

—Todavía tenemos mucho que conversar, pequeño —dijo en voz baja—, pero no esta noche. Esta noche debes descansar y no dejarte abrumar por los nuevos sentimientos que tienes. Tú los controlas, no ellos a ti —Se inclinó y besó a Draco en la cabeza y luego, apoyándose en Bill, permitió que la condujera por la habitación.

Draco miró el libro que tenía en su regazo, pasando los dedos por los personajes que estaban grabados en la cubierta. No podía leerlo, pero al mismo tiempo sabía lo que decían.

La historia de Guifei.

Se sentía completamente abrumado. ¿Cómo podría controlar eso? Podía sentir a Harry, realmente sentirlo, como si estuviese siendo absorbido por él. Draco casi podía saborear el torbellino de emociones que corrían a través de Harry, emociones que parecían estar dominadas por la confusión, la ternura y el nacimiento de un amor.

Fleur casi había abandonado la sala cuando Draco sintió una ola intensa de curiosidad, no de él, sino de Harry.

—¡Fleur! ¿Todos los Concubinos cantan?

La mujer se detuvo y miró a Harry, lucía triste. Draco se dio cuenta de que todo el tiempo que estuvo allí apenas si había notado la presencia del moreno, toda su atención había estado depositada en él.

—Cantan para sus amantes, Harry. Ellos no comparten su voz, salvo en contadas ocasiones, para los de su propia especie.

—Draco… uhm… habría cantado maravillosamente, ¿no? —Preguntó Harry y una ola de tristeza inundó a Draco cuando el muchacho habló.

—Draco tendría la voz de un ángel —respondió Fleur—, si no lo hubiesen destruido de manera tan cruel.

Entonces, finalmente, giró y salió de la habitación con su marido a su lado.

Ojalá les siga gustando la historia =)

y0cita.