Chapter 3

CARLISLE

Un par de semanas más pasaron desde la visita de Jasper. Con todos los libros que Alice me envió el tiempo se me estaba haciendo más llevadero; y a veces subía a la copa de los árboles a observar la inmensidad. Pensaba en "ella"; y nuevamente le pedía que me perdonara donde quiera que estuviese. En esos días le tome mucha fe a las creencias del "cielo" de Carlisle.

Poco a poco mi conciencia se fue tranquilizando, pero aún así sentía que no podía volver. Sabía que Carlisle me perdonaría, el era el hombre más comprensivo que conocía y entendería mi situación, pero yo no me atrevía a darle la cara.

Hacía casi tres semanas desde mi última cacería, la sed comenzaba a surgir; esperé hasta que comenzó a oscurecer, había habido humanos cerca esos días y no quería exponerme a algún explorador rezagado; aunque ya no escuchaba voces por los alrededores.

Dejé sobre "mi mesa" el libro que estaba leyendo y me preparé para salir a cazar, mi sorpresa fue enorme al abrir "la puerta".

-¡Carlisle! – de haber tenido signos vitales seguro me habría dado un infarto. No podía creerlo Carlisle había ido a buscarme, vi sus ojos serenos y llenos de algún sentimiento que no supe comprender. No pude más y me dí la vuelta escondiendo mi rostro lleno de vergüenza.

-¿Q.. qué… haces aquí? – le cuestioné titubeante.

-He venido a llevarte de vuelta Edward… a donde perteneces.

-Las ideas se agolparon en mi mente, quería decir tantas cosas pero no encontraba la manera.

-No puedo… Carlisle… yo…

-Hijo por favor. No crees que ya fue suficiente para que me disculpes… cometí un gran error al no escucharte pero… ¿No crees que este exilio tuyo ya fue suficiente castigo?

Por fin puede verlo a la cara aunque solo por unos instantes.

-No Carlilse… nunca he intentado castigarte… eres mi Padre nunca podría hacerlo. Este "exilio" no es por ti; ni siquiera por Emmett y lo que pasó, eso ya lo olvidé. Es… solo…

Volvía a bajar la mirada y me deje caer en "mi cama" ocultando el rostro entre las manos.

-¿Qué pasa Edward? La voz de Carlisle estaba ahora llena de angustia.- ¿Acaso hemos hecho algo malo? ¿Por qué no quieres volver? ¿Será que ya no quieres formar parte de nuestra familia?

-¡No!- casi le grite con desesperación - ¡Por supuesto que los quiero… pero no sé si pueda volver…

-¡Edward! – Me dijo con autoridad- ¡Ya basta por favor! No puedo obligarte a volver si no quieres. Pero dime porqué. No pienso irme sin una explicación.

Sabía que no lo haría sin escucharme. Tenía que decirle la verdad, era la única forma de liberar mi conciencia y de porfin saber si me perdonaría… o no.

-Está bien… te lo diré…solo un favor; escúchame sin interrumpirme esto es muy… difícil para mi… después cuando haya terminado puedes decirme o hacerme lo que quieras.

Tomó asiento frente a mí y me dijo: - Te escucho.

Comencé mi relato desde lo sucedido con Emmett en Port Ángeles para que tuviera mi versión de los hechos hasta que llegué a Seattle. Lo que hice mientras estuve escondido a los alrededores de la ciudad y cuando decidí internarme. Le conté detalle a detalle lo que ocurrió cuando entré en aquel callejón oscuro. Vi como su rostro cambiaba de color pero no hacía gesticulación alguna. Cuando le hablé de lo que pasó cuando me tope con la chica dejó de respirar por un momento y me detuve un poco para esperar a que respirara de nuevo. Quise entrar en su mente e indagar un poco, pero me detuve; confíe en que me diría lo que fuera que estuviese pensando cuando terminara.

-¿Qué hiciste con ella? ¿Con su cuerpo?... me preguntó después de unos minutos.

-Me arrepentí de lo que hice. Le pedí perdón una y otra vez. Murió en mis brazos y comprendí que no podía dejarla ahí como un animal; la llevé a una iglesia, acomodé sus vestiduras y le pedía a ese Dios en el que tu crees que la llevara al cielo. Sé que los sacerdotes son los primeros en abrir así que confié en que la encontrarían antes de que la gente comenzara a llegar y la pusieran a salvo. Sé que fue así porque he monitoreado las noticias y no se ha mencionado ninguna muerte de manera "extraña"

-Lo que hiciste no estuvo bien Edward. Te dejaste llevar por tus instintos. Sin embargo te comprendo y no te juzgo. Además veo que tu arrepentimiento es sincero y que hayas tenido el gesto de llevarla a la iglesia y pedirle a Dios por ella, me indica que has cambiado tu forma de pensar sobre ese tema y por fin me crees.

-Siempre lo he hecho Carlisle, sólo que no lo había entendido.

Nos miramos por unos momentos en silencio. No pude más y me adentre en su mente. No había odio, ni reproches; al contrario había un gran cariño, comprensión, hasta pena por mi sufrimiento.

-Ahora vez porque no puedo volver… ¡Soy un monstruo!

-No digas eso Edward… todos hemos cometido errores alguna vez, además no lo hiciste de manera consiente, estabas "perdido" por decirlo de alguna manera y por eso yo también tengo culpa; de haberte dado la oportunidad de hablar no te habrías ido.

-De verdad no estas enfadado conmigo o decepcionado.

-No Edward… que me preocupa es verdad; pero como decepcionarme si en medio de este caos has encontrado una luz. Ahora crees en "mi Dios y en mi cielo" como tu dices.

Lo miré en silencio. Como podría ese hombre ser tan bueno y tan capaz de perdonar; aunque claro sus casi 400 años no eran cualquier cosa.

-Te agradezco tanto papá… quiero volver… pero te soy sincero; me siento muy mal y no soportaría las burlas de Emmett, los reproches de Rosalie, los cuidados excesivos de Jasper y Alice; pero sobre todo la preocupación de Esme.

-Ya que mencionas a Alice… ella no ha dicho nada de esto.

-¡No! – le dije sorprendido. De verdad lo estaba.

-Ni una palabra. Comprendo que por protegerte no se lo haya dicho a los demás, pero de saberlo me lo hubiera dicho a mi ¿no crees?

-¿Le estará pasando algo a su cabeza? ¿Tampoco vio al niño causante de todo el alboroto con Emmett? Aunque Jasper me explico algo sobre las decisiones o no se que.

-La verdad es que le fue muy difícil ubicarte cuando te fuiste. Tus pensamientos estaban tan revueltos y cambiabas de parecer tan rápido que no podía concentrarse en uno solo de tus movimientos, hasta que decidiste venir aquí.

-Entonces existe la posibilidad de que no lo haya visto.

-Eso creo.

-¿Podría pedirte un favor? – me miró cuestionante y me dijo "adelante si esta en mis manos".

-Si aún no lo saben los demás… ¿Podrías guardarme el secreto?... yo mismo se los diré pero necesito un poco de tiempo.

Puso su brazo en mi hombro y me dijo con una sonrisa: -Por supuesto hijo… puedes contar conmigo.

-Gracias Carlisle.

-¿Eso quiere decir que vuelves conmigo?

-Si… dame unos minutos para recoger todo esto, no deben quedar huellas, hace un par de días hubo exploradores por aquí. De hecho no he cazado, estaba por hacerlo cuando llegaste.

-Buscaremos algo en el camino. Cuando venía vi una manada de alces pastando cerca.

-Que bien, ya estoy harto de osos… no me explico como a Emmett le encantan. Además aquí no hay mucho de donde escoger, eran osos o lobos ¿Buaj! – Me estremecí.

Carlisle sonrió a mi comentario y me ayudó con el equipaje.

-¿De donde sacaste tantas cosas?... mejor no pregunto. Ya me imagino lo que Alice le hizo a Jasper para meter todo esto en el Volvo.

Ambos reímos ahora mientras yo colocaba la roca para tapar la entrada a la gruta. Me sentí nostálgico, de verdad le tomé cariño a aquel lugar. Tendría que buscar o construirme una cerca de casa, ayudaba a aislar las voces en mi mente y eso se sentía bien.

Bajamos despacio (relativamente para nuestra velocidad) hasta el sendero donde Carlisle había dejado el Mercedes. Arrojamos las cosas al porta equipajes y abordamos el auto alejándonos de ahí.

El viaje de regreso a Forks transcurrió tranquilamente a acepción de la parada para "desayunar". Carlisle me puso al tanto de todo lo ocurrido durante mi ausencia. Desde los enfrentamientos entre Emmett y Rosalie, hasta las torturas a las que Alice sometía a Jasper cuando lo llevaba de compras. Habían seguido con sus actividades para no levantar sospechas y esperar pacientemente mi regreso. Lo que me dolió de su relato fue ver en su mente el rostro triste de Esme. Ella me quería sin duda. Fui su primer hijo después de su transformación. Y a juzgar por las edades en que fuimos convertidos yo seguía siendo el más joven y eso la hacía preocuparse más por mi.

El camino se fue quedando atrás, y con él, parte de mi angustia y dolor.