¿Eres el asesino? ¿O eres su espada?
LA ESPADA DEL ASESINO
Chapitre II
Las espadas chocaban con insistencia una y otra vez. El ruido de metal contra metal inundaba el patio del palacio mientras los soldados entrenaban entre ellos. Fate detuvo un golpe y dio un giro sobre sí misma, detuvo un segundo golpe y atacó por un hueco que su contrincante había dejado libre. La espada mellada dio de lleno en el estómago del hombre y éste retrocedió sin aire mientras le pasaba el turno a otro.
Apoyada en un muro cercano, la teniente Signum contemplaba con una sonrisa orgullosa todo el entrenamiento. Tenía que admitir que la nueva adquisición sabía manejar una espada y se le daba bastante bien el combate. Era certera con cada golpe que daba, rápida en sus movimientos y sigilosa, muestra inequívoca de sus días como asesina.
- Es buena, ¿verdad?
Signum miró de reojo a la persona que acababa de aparecer a su lado. Nanoha sonreía, como siempre, pero no apartaba la vista de la rubia, quien seguía peleando con los demás soldados.
- No está mal.- Admitió.- ¡Vale chicos, tomaos un descanso!
Los hombres se dejaron caer y Fate se acercó hasta ellas, sonriendo tímidamente a la castaña mientras se agachaba para recuperar el aliento.
- Lo estás haciendo muy bien, Fate.
- Gracias.- Dijo e hizo una mueca.- He de admitir que al menos el entrenamiento de mi madre ha servido para algo.
Nanoha la miró con tristeza. Seguro que aquel entrenamiento del que hablaba era de lo más inhumano, lleno de sobreesfuerzos que la llevasen hasta el límite cada día hasta que finalmente dominara las técnicas más sanguinarias y precisas de lucha. No quería ni imaginar por todo lo que la pobre chica tuvo que haber pasado, pero lo podía ver en su mirada perdida, en sus ojos fríos cuando algo le hacía recordar su anterior vida.
- La reina nos está mirando.- El comentario de Signum la sacó de sus pensamientos.
Dirigieron su vista a uno de los balcones del palacio y allí estaba la reina, acompañada de su sirvienta personal y su consejero. Fate hizo una reverencia mientras Nanoha saludaba con la mano y Signum se limitaba a hacer un simple gesto de cabeza.
La reina era una persona algo excéntrica pero muy amigable y había accedido a que Fate se uniera a su guardia después de escuchar a Nanoha y al resto de la Guardia apelar a su favor. La vieron decirle algo a la sirvienta y ésta se rió ante el enfado del consejero.
- Ya está Yuuno de nuevo.- Comento Nanoha con un suspiro.- Es tan severo a veces…
Yuuno Scrya era el consejero real y uno de los pocos que seguía negándose a que Fate se uniera a la Guardia. Para él, alguien que había matado a decenas de personas era un asesino, por muchos atenuantes que tuviera su causa o por muy obligado a matar que se encontrase. Y si además le sumábamos que era hija de una traidora, peor que peor.
Pese a todo, el chico entendía que se le diera una segunda oportunidad si realmente la merecía. Pero no llegaba a comprender el favoritismo hacia la joven rubia, permitiéndola entrar incluso en aquella guardia sin más.
- Pero mira, ya está Rein riñéndole.- Sonrió Signum.- Si es que no aprenderá. No le hagáis caso, incluso a la reina Hayate le caéis bien, Testarossa.
En esos momentos Yuuno miró hacia el patio con expresión molesta. Nanoha le saludó con su mano y una sonrisa pero el chico se giró y siguió su camino.
- ¿Por qué es tan cabezota?
- Quizá no le gusta que prestéis tanta atención a Testarossa.- Se escuchó una voz a sus espaldas.- ¿No creéis, capitana Takamachi?
Nanoha le lanzó una mirada de advertencia a Vita, quien simplemente sonrió con malicia mientras seguía su camino y Signum intentaba aguantarse una pequeña risilla.
- O quizá no entienda qué hace alguien como yo trabajando en la Guardia.- Murmuró Fate sin una pizca de alegría.
Nanoha le puso una mano en la cabeza y le removió ligeramente el pelo antes de acariciarle la mejilla. Fate bajó la vista y sonrió tímidamente por el gesto.
- Yo venía a buscarte.- Declaró Nanoha.- Alguien pregunta por ti, ven.
La cogió de la mano antes de salir corriendo tirando de ella. Signum sonrió y se rascó la cabeza al encontrarse sola, suspiró y se puso de pie mientras daba una palmada y empezaba a dar instrucciones a sus hombres.
-.-.-.-.-
Fate se dejó arrastrar por Nanoha, que correteaba por el patio del castillo mientras sonreía ampliamente. La gente con la que se cruzaban les saludaba con un gesto divertido, como si ya estuvieran acostumbrados a aquella conducta por parte de la capitana. Fate sonreía algo cohibida preguntándose cómo a veces aquella mujer parecía completamente distinta a cuando la conoció. Pero le gustaba esa Nanoha. Le gustaba que lograse arrancarle una sonrisa sólo con ver la suya.
- ¿A dónde me llevas? –Quiso saber, cuando entraron en el edificio y aminoraron un poco la marcha.
- Es aquí, pasa.- Le sonrió y abrió una de las puertas.- Esperan por ti.
La miró con expresión interrogante al cruzar por su lado hacia el interior del cuarto. Paseó su vista curioseando la estancia. Parecía una sala de estar, con una chimenea y unas cómodas butacas rodeando una pequeña mesilla en la que descansaba una tetera y un par de tazas.
Fate se giró al escuchar un ruido a su lado y por un momento fue como mirarse en un espejo. Sólo que su reflejo no parecía tan desaliñado como seguro lo estaba ella y lucía un exuberante vestido en lugar de la basta ropa de entrenamiento.
- Alicia…- Murmuró sorprendida.
Se giró hacia Nanoha y ésta asintió con la cabeza mientras sonreía.
- Os dejo a solas. Un placer haberos conocido, Alicia.
La nombrada inclinó ligeramente la cabeza a Nanoha, quien correspondió el gesto y se dispuso a irse. Fate vocalizó un "gracias" insonoro y la chica le guiñó un ojo antes de cerrar la puerta.
- Es una buena persona.- Se escuchó la voz calmada de Alicia.
- Sí.
Cuando se giró, su gemela le sonreía con una mueca divertida y casi burlesca que logró que Fate apartara la vista y buscara algo que hacer. Al fin decidió acercarse a la mesa para servir el té.
- ¿Qué opinas de ella? –Curioseó Alicia, colocándose tras un sillón vacío.
- Es una excelente capitana.- Le tendió una taza y cogió la suya propia.- Y le debo mucho.
- Te cae bien.- Afirmó y Fate simplemente la miró en silencio.- Te hace sonreír. Te gusta.
- Alicia… -Le advirtió.- Es mi superior, no…
- Es mucho más… Vale, vale.- Rió, al ver la fría mirada de su hermana.- Sólo digo lo que veo. Y me gusta verte sonreír, Fate.
- Ya, seguro… Pero dime, ¿qué haces aquí?
La chica bebió un poco de té antes de disponerse a contestar la pregunta.
- Tenía una audiencia con el consejero de la reina y me han permitido verte. La reina es una gran persona. Y muy comprensiva.- Su mirada se ensombreció.- Sabe que tú y yo no teníamos nada que ver con los planes de madre…
- Esa mujer es tan ambiciosa.- Su voz fue un gruñido mientras apretaba la taza con fuerza.- Nunca le perdonaré que te haya causado problemas.
- Más problemas te causó a ti.
El silencio las envolvió por un momento. Se miraron la una a la otra, Alicia mostrando una mirada llena de dolor y tristeza y Fate una fría y profunda, fruto de los recuerdos de su vida con Precia.
- Eso no importa, Alicia. Yo no importo.
- ¡Claro que importas! –Exclamó.- No te creas ni por un momento a madre. Tú eres muy importante, Fate… Siento todo lo que has tenido que pasar…
- Te he oído tantas veces disculparte.- Suspiró exasperada.- Tú, que no tienes culpa alguna. No te disculpes, por favor, quien debe hacerlo no eres tú.
- Pero….
- Además, ahora todo ha terminado. Ahora lucharé por expiar mis crímenes, protegeré a quienes me han brindado una segunda oportunidad.
Alicia asintió con una sonrisa, orgullosa de la determinación y la lealtad de su hermana pequeña, contenta de que al fin tuviera una vida y personas en las que confiar.
-.-.-.-.-
Los caballos trotaban tranquilamente el uno al lado del otro. Sus jinetes se miraron con una sonrisa y un brillo retador en sus ojos y a la vez espolearon a sus monturas, que empezaron a galopar cada vez más velozmente. Algunas briznas de hierba salían volando a su paso y se perdían en el cielo guiadas por el viento.
Nanoha chasqueó la lengua frustrada al ver cómo Fate le avanzaba con bastante facilidad, agitó las riendas y notó cómo la velocidad se incrementaba ligeramente. Volvió a mirar a la chica frente sí. Pese a que ahora iba más rápido, cada vez estaba más alejada. Parecía que su caballo negro corriese con el viento y el cabello rubio de su jinete parecía una estela dorada que dejaba a su espalda.
- ¡¿No podéis más?! –Preguntó burlonamente Fate, alzando la voz para hacerse escuchar y girándose para verla con una sonrisa divertida.- ¿¡Eso es todo lo que tenéis, capitana!?
- Serás… -Nanoha volvió a espolear a su caballo.
Minutos después ambas respiraban con dificultad tumbadas en la hierba, en lo alto de una colina. Ambas lucían una sonrisa fruto de la diversión que habían experimentado con aquella carrera. Los caballos comían del pasto mientras se tomaban un merecido descanso.
- Rasing Heart es rápida.- Observó Fate.
- Me temo que Bardiche lo es más.- Nanoha soltó un suspiro mientras abría los ojos y miraba al cielo azul sobre ellas.- Es un buen caballo.
- El mejor.- Afirmó la rubia.- Me ha salvado de muchas.
Se quedaron en silencio tras aquellas palabras. Fate frunció el ceño al recuerdo de las numerosas veces que había huido de la escena de su crimen, montada a lomos de su fiel caballo negro, perdiéndose siempre en la oscuridad de la noche. Nanoha giró la cabeza para mirarla y al verla con aquella expresión se incorporó. Buscó con la mirada un árbol cercano y se dirigió hacia él. Cuando volvió al lado de la chica le soltó una rama que le dio de lleno en el estomago, haciendo que se sobresaltase mientras soltaba un quejido.
- Cógela.- Ordenó Nanoha, apuntándola con una segunda rama.- Luchemos un rato.
Fate sonrió y agarró la rama al tiempo que se ponía de pie. Se saludaron y se colocaron en posición de lucha, con las ramas a modo de espada. La primera en atacar fue Nanoha. Las ramas chocaron mientras ellas sonreían divertidas. Los caballos las miraban unos metros más alejados, curiosos por la conducta de sus dueñas.
La lucha estaba bastante igualada y Nanoha sonreía ampliamente al comprobar el buen entrenamiento que de seguro había llevado su nueva subordinada. Los ojos de Fate brillaron un segundo al notar un hueco libre que había dejado la chica, pero no lo aprovechó. Momentos después la rama le daba en el costado.
- Vaya, Testarossa.- Rió la capitana.- Dada vuestra fama pensé que seríais mejor con la espada.
- Soy una asesina, Takamachi.- Sonrió de medio lado.- Mi fama no se debe precisamente a luchar honradamente.
- ¿Qué queréis decir?
- Habéis dejado varios puntos libres.- Comentó con autosuficiencia.- Si luchara con mis métodos de asesina, ya os habría matado unas cuatro o cinco veces.
Nanoha frunció el ceño, con su orgullo dolido ante semejante afirmación. Sus ojos azules se clavaron en los de Fate y ambas se volvieron a mirar con desafío.
- Está bien. Utilicad vuestros "métodos de asesina".- Se volvió a colocar en posición de defensa.- Veamos de lo que sois capaz.
Las improvisadas espadas volvieron a chocar, esta vez con mayor insistencia. Lo que había empezado como un juego terminó volviéndose una pelea donde ambas querían demostrar que eran las mejores. Y para ello no se dejarían vencer por la otra. Fate detuvo una estocada de su contrincante y aprovechó para agacharse y hacer un movimiento de barrida con su pie que logró que Nanoha perdiera el equilibrio.
La castaña puso una mano en el suelo segundos antes de caer de bruces y dio un par de volteretas para alejarse, girándose rápidamente para volver a encarar a Fate, quien se abalanzaba contra ella en ese instante.
- Te tengo.- Dijo Fate.
- ¡Ja!
La rama de la rubia salió volando por los aires tras un certero golpe de Nanoha. Fate chasqueó la lengua ante la repentina desventaja y agarró con fuerza la mano con la que la chica aguantaba su rama.
Rodaron ladera abajo, forcejeando pero con una sonrisa entre divertida y orgullosa en sus caras. Ambas se lo estaban pasando bien aunque peleasen con ferocidad. Finalmente Nanoha acabó a horcajadas sobre la rubia y la inmovilizó poniendo su rudimentaria arma en su cuello, sorprendiéndose al notar cómo Fate aguantaba una rama más pequeña justo en su yugular.
Ambas se quedaron mirando la una a la otra, con fijeza, respirando entrecortadamente por el esfuerzo. Nanoha bajó la vista para ver el pequeño palo que le hubiera cortado el cuello si fuera un arma cortante. Fate respiró hondo sintiendo la rama contra su garganta.
- ¿De dónde sacaste eso? –Preguntó la castaña.
- Las asesinas siempre llevamos más de un arma.- Sonrió de medio lado.- Te sorprenderías de la cantidad de cosas con las que soy capaz de matar.
Nanoha sonrió y se dejó caer sobre el cuerpo de Fate, soltando un largo suspiro cansado. La rubia se tensó ante el contacto pero finalmente se relajó y se limitó a intentar recobrar la respiración, sintiendo el corazón desbocado de Nanoha sobre su estómago.
Tras unos largos minutos en los que ambas se calmaron de nuevo, la castaña se incorporó para mirar a aquellos ojos borgoñas, sin embargo se los encontró cerrados, disfrutando del momento. Sonrió al fijarse en las hojas y trozos de hierba que adornaban el alborotado pelo rubio, segura de que el suyo propio estaría igual o peor.
Finalmente Fate abrió los ojos para encontrar las pupilas azules fijas en ella. Sonrió y Nanoha le devolvió la sonrisa antes de rodar para colocarse a su lado, utilizando su pecho aun como almohada pero quedando boca arriba para poder mirar de nuevo al cielo. Fate se acomodó y pasó un brazo por la espalda de Nanoha.
- Tu hermana parece muy simpática.- Comentó la castaña, rompiendo el silencio.- Es como una Fate extrovertida.- Rió.
- Siento ser tan introvertida.- Gruñó.- Nunca me he permitido apegarme a nadie, ni siquiera a Alicia.
- Puedes apegarte a mí.
Fate la miró de reojo. Nanoha la miraba con seriedad remarcando sus palabras. Apartó la mirada y se incorporó, demasiado turbada o confusa ante aquella simple frase. Miró a su alrededor y notó que los caballos habían quedado bastante arriba en la colina. Realmente habían rodado un buen trecho.
- Todo esto es muy raro para mí.- Admitió al fin.- Es como si un mundo desconocido se hubiera abierto justo delante. Un mundo donde todo es nuevo. Tener compañeros, sonreír, luchar como si se tratase de un juego… Nunca había hecho eso.- Hizo una mueca y volvió a mirar a Nanoha, quien la observaba con detenimiento.- Todo te lo debo a ti. Gracias.
Nanoha sonrió y estiró el brazo para acariciarle la mejilla. Segundos después se incorporó y sacudió su ropa.
- Anda, volvamos.
Fate asintió y agarró la mano que Nanoha le tendía para ayudarla a ponerse en pie.
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Precia descansaba contra la húmeda y mugrienta pared de piedra. Su cabeza recostada mirando a un punto indeterminado del techo. Bajó sus ojos hasta sus muñecas, inmovilizadas por unas bastas argollas de metal que la encadenaban a la pared.
En contra de todo pronóstico y de la forma más irónica posible, el destino se había girado en su contra. Ahora era ella quien sufría del trato de prisionera. Atada y encerrada, llena de suciedad y tratada como un despojo. Así era como había tratado a Fate hasta hacía apenas unos días, pero ahora era ella quien se veía en esa situación.
Ella, Precia Testarossa, una mujer con poder, con riquezas y con ambiciones, encerrada en alguna mazmorra olvidada del castillo en el que soñaba vivir y gobernar algún día.
Irónico. Irónico y absurdo.
Sonrió de medio lado y pronto una risa brotó de su garganta hasta convertirse en una sonora carcajada que rebotaba por las paredes de piedra.
- ¡Silencio! –Bramó el guardia desde el otro lado de la puerta de madera.
La mujer ahogó su risa y miró con desprecio hacia los barrotes de la puerta. En cuanto saliese de ahí mataría a aquel hombre que había osado hacerla callar. Pero antes mataría a la reina y a aquella prepotente capitana de su guardia. Y sobre todo, mataría a Fate.
Sí, todo era culpa de Fate. Su vida se había vuelto un infierno desde el momento en el que esa persona nació. Gemelas. ¿Para qué quería ella dos hijas? Alicia era todo lo que ella había deseado. Fate sólo había sido un error. Un error que le había acabado costando su encierro.
- Maldita…- Gruñó.
Tiró de las cadenas que la sujetaban pero éstas no se soltaron de su firme agarre a la pared.
Alicia era su proyecto. Ella era perfecta y de seguro conseguiría llegar a lo más alto y entonces Precia llegaría con ella. Pero la inútil de Fate había sido descubierta y ella había acabado en el punto de mira, hasta ser finalmente atrapada. Si Fate sólo fuera una persona más nadie la hubiera relacionado con Alicia. Pero desgraciadamente era su gemela y eso había resultado un inconveniente.
Pero eso pronto acabaría. Ese inconveniente acabaría, su error sería borrado con la vida de Fate. Borraría su vida y su existencia y entonces Precia Testarossa gobernaría por encima de todos.
La risa desquiciada volvió a resonar por la celda y los pasillos subterráneos de la prisión, resonando por todos las paredes del castillo.
To be continued…
Notitas varias:
Y una vez más, sé que esperabais la continuación de Sister-in-law… Pero he de admitir que he tenido un pequeño lapsus de inspiración ñ.ñU pero tranquils, que saldrá.
Así que de momento, segundo cap de la espada. Comentar que por petición popular quizá lo alargue un cap (como mucho dos) más de lo que tenía planeado… ains, si es que… para uno con el que iba a cumplir aquello de 'sólo 2 o 3 caps' y me hacéis fallar, luego nadie me cree UXD
En fin, ¿qué os parece el cap? Me hago un lío con el vos y acabo poniendo de usted… que mareo xD Además, a pesar de que Fate y Nanoha se hablan de tú desde el final del capítulo anterior, en este hay un momento en el que vuelven al vos, nee? No es que me haya equivocado (esto va para mi beta, más que nada, que me lo ha marcado mucho xD) sino que he preferido ponerlo así porque se llaman de vos para picarse mutuamente, se están retando y lo hacen a lo waiis, ok? XD ok Pues dicho esto~
Bye bee =D
