Eres el asesino? ¿O eres su espada?
LA ESPADA DEL ASESINO
Chapitre V
- Fate Testarossa, quedáis arrestada.
Durante unos segundos nadie supo qué hacer o decir. Era absurdo. No entendieron aquella frase ni qué hacían las lanzas bloqueando el paso de Fate mientras la apuntaban amenazadoramente. Ninguno de los recién llegados entendió de dónde habían salido los soldados que la rodeaban y el desconcierto estaba presente en sus rostros. La propia Fate fue la primera en reaccionar. Comprendió la situación y simplemente bajó la vista, más decepcionada que otra cosa. Sabía que todo lo que le había ocurrido últimamente era demasiado bueno para ser verdad, era obvio que aquel no era su sitio ni nunca lo sería; los crímenes que había cometido eran demasiado pesados para permanecer impunes.
Nanoha bajó de su caballo y la atención pasó a ella. Los soldados titubearon al verla dirigirse hacia ellos con una expresión crispada en ira contenida. Fate alzó el rostro para ver a la capitana agarrar sin miramientos una de las lanzas que la apuntaban.
- Soltadla.
Su voz sonó imperativa, una orden que no permitía duda alguna y que llevaba una amenaza implícita en su tono. El soldado la miró sin saber qué hacer y un par bajaron ligeramente las armas.
- Nos han ordenado detenerla.
Nanoha dio un paso a su izquierda e hizo un giro de noventa grados (90º XD) para propinarle un tremendo derechazo al soldado que acababa de hablar. El hombre soltó un grito de dolor y trastabilló hacia atrás. La lanza cayó al suelo cuando se llevó las manos a la nariz, intentando parar la hemorragia.
Los presenten miraron con asombro a la mujer, quien se mantenía con los puños crispados, pero ninguno se atrevió a decir nada ante su mirada enfurecida. Todos en la Guardia conocían el temperamento de la capitana Takamachi y no había miembro que osase siquiera pensar en llevarle la contraria. Sin embargo al parecer los vigías del castillo no disponían de tal conocimiento.
Uno de ellos movió su lanza hasta apuntarla a ella. De inmediato los miembros de la Guardia que estaban ahí desenvainaron sus espadas. El ambiente se volvió tenso y lleno de amenaza. Nanoha sonrió de medio lado, con arrogancia y una pizca de diversión ante el insensato que había osado levantar el arma contra ella. Su mano se movió hasta la empuñadura de su espada y el soldado se tensó. Una gota de sudor rodó por su frente.
- Nanoha… -La voz de Fate hizo que la nombrada la mirase.- Déjalo.
- No permitiré que te acusen.
- Nanoha.- Repitió, y soltó un suspiro.- Soy una asesina, es normal que me acusen.
- Yo también lo soy.- Replicó con cabezonería.
- No es lo mismo.- La rubia negó con la cabeza, a veces su capitana podía ser muy cabezota.- Yo lo era antes de entrar en la Guardia.
- Yo también.
Fate parpadeó confundida ante el comentario y un pequeño murmullo se escuchó entre los presentes. El hombre que mantenía su arma contra Nanoha se carcajeó, envalentonado por la inesperada posibilidad de atrapar a otra asesina, pensando que eso de seguro le haría subir de rango.
- La Guardia está llena de criminales.- Acusó con desdén.
Lo próximo que hizo fue tragar saliva con nerviosismo. Ni siquiera había visto a la mujer desenvainar la espada, no pudo reaccionar cuando el mango de la lanza se partió en dos bajo el cortante filo del arma y, antes de saber qué había ocurrido, se encontró con el frió metal contra su cuello.
El ambiente se volvió aún más tenso si cabía.
- No permitiré que acuséis a ninguno de mis subordinados.- Siseó la castaña.- Os cortaré el cuello si volvéis a calumniar así a la Guardia, ¿entendido?
Clavó un poco más el filo de la espada en su garganta, como queriendo enfatizar su amenaza. El hombre tragó pesado y asintió lentamente con la cabeza mientras los soldados de la Guardia sonreían con orgullo.
- Nanoha por favor, cálmate.- Rogó Fate.
Ella la miró de reojo y se apartó del soldado.
- Exijo saber la acusación sobre Fate Testarossa.- Su voz resonó por todo el patio.
- Traición.
Tras esa simple palabra reinó el más absoluto silencio. La gente se hizo a un lado para dejar paso al consejero real. Yuuno Scrya se acercaba con el rostro mostrando preocupación, más aún cuando Nanoha se acercó hasta él en dos zancadas, con cara de pocos amigos.
- Repetidlo.- Le retó.
Yuuno bajó la mirada un segundo antes de alzarla con determinación.
- No podéis cegaros de esta forma, capitana Takamachi.- Declaró con rotundidad.- Un crimen así no puede…
- ¿¡Cómo osáis acusar a mi subordinada de traición!? –El rubio se encogió ante el grito.- No lo permitiré.
- Insisto, sin duda estáis cegada por vuestra estrecha relación con Lady Testarossa, pero…
- Sois vos el que está cegado por la desconfianza y los prejuicios.- Protestó la castaña.- Fate Testarossa no ha hecho nada por lo que se le pueda acusar, ¡aún menos por traición!
- Sabéis que hay cargos suficientes sobre ella…
- La reina los exculpó.- Replicó.
- Porque confió en ella. Pero ha traicionado la confianza de su majestad Hayate.
- ¿Traicionado? –Nanoha cada vez se estaba molestando más por aquella acusación.- ¿Cuándo la ha traicionado? ¡Ha estado luchando por el reino de su majestad! Exijo ver de inmediato a la reina.
- Capitana Takamachi, os estáis excediendo.- Le advirtió el rubio.- No podéis exigir ver a su majestad de ese modo.
Nanoha apretó con rabia el puño, miró de reojo a Fate y esta movió lentamente la cabeza hacia a un lado y hacia otro, dejándole bien claro que lo dejase estar. Los ojos azules mostraron toda la impotencia que sentían en esos momentos y la rubia le sonrió alentadora.
- Nanoha, no te preocupes por mí.- Le pidió con una sonrisa.- No me perdonaría si te acusaran a ti también.
Mantuvieron la mirada unos momentos y finalmente la castaña bajó la cabeza, rindiéndose ante tal petición. Yuuno tenía razón, se estaba excediendo, estaba perdiendo el control y ella, como capitana de la Guardia de la Reina, no se podía permitir hacer una cosa así. Respiró hondo un par de veces y se obligó a tranquilizarse. Por muchas ganas que tuviera de pegarle un buen puñetazo a todo aquel que se atreviera acusar a su Fate de traición.
- Está bien. ¿Cuáles son los fundamentos de tal acusación?
Yuuno miró a Nanoha con las cejas alzadas y luego a Fate, ligeramente sorprendido por cómo unas simples palabras de la rubia habían logrado calmar a la temperamental capitana. No pudo evitar sonreír. Realmente la relación que unía a aquellas dos mujeres era bastante peculiar. Nanoha carraspeó con impaciencia y el hombre volvió su atención a ella.
- Precia Testarossa ha logrado fugarse.
El silencio se apoderó del lugar mientras asimilaban semejante noticia. El rostro de Fate palideció hasta semejarse a un fantasma, Nanoha se mantuvo con la boca abierta y parpadeó confundida.
- ¿Có-Cómo? –Logró preguntar con un hilo de voz.
- La han ayudado. Fate la ha ayudado.
- ¡No digáis estupideces! –Esta vez fue Fate quien alzó la voz. Bajó del caballo y apartó las lanzas de los soldados como si no supusieran ninguna amenaza. Los hombres estaban demasiado confundidos y tardaron algunos segundos en reaccionar y cerrarle el paso de nuevo. La rubia bufó con molestia y dirigió una mirada cargada de odio hacia Yuuno, quien retrocedió un paso por puro instinto.- Jamás, oídme pequeño hurón, jamás ayudaría a Precia a huir de la celda en la que debe pudrirse. Si de mí dependiese esa mujer no volvería a ver la luz del sol y yo misma me encargaría de torturarla hasta que su carne se volviera putrefacta y sirviera de alimento para las ratas. Así que no oséis decir que ha huido con mi ayuda.
Sus palabras destilaban odio y rencor y ninguno de los presentes dudó de su veracidad. Nanoha se acercó a ella y, ante un gesto del consejero, los hombres no tardaron en retirar las armas, conscientes de que no les convenía volver a hacer enfadar al Demonio Blanco. La castaña le puso una mano en el hombro y el cuerpo de Fate se relajó notablemente.
- Yuuno, sabéis la relación entre Fate y Precia.- Empezó a explicar la capitana.- Sabéis por qué se unió a mis tropas y el motivo por el cual le juró fidelidad a la reina. ¿Cómo habéis podido creer que traicionaría a la Guardia por ella?
- Pero… -El rostro del rubio mostraba confusión. Se ajustó las gafas y frunció el ceño.- Hay sirvientes que afirman haberla visto junto a la fugitiva.
- Yo mismo la vi.- Todas las cabezas se volvieron hacia el soldado que seguía sujetándose la nariz que Nanoha le había roto.- Yo os vi.- Repitió con voz nasal.- Ibais al lado de Precia Testarossa.
- Fate ha estado conmigo desde que partimos ayer… -Nanoha negó con la cabeza, aquello no tenía sentido. Miró a Yuuno, quien seguía igual de confuso que ella y luego a Fate. Alzó las cejas al verla completamente estática, con la piel sin una pizca de color y las pupilas dilatadas.- ¿Fate?
La zarandeó ligeramente y al ver que no contestaba llevó una mano a su mejilla. Finalmente la rubia reaccionó y movió sus ojos hasta los azules de la capitana.
- Alicia.- Su voz salió apenas en un susurro, pero Nanoha la escuchó perfectamente. Sus ojos se abrieron como platos, comprendiendo toda la situación. Fate se giró rápidamente hacia el soldado, lo cogió del cuello de la camisa y lo alzó ligeramente. El hombre la miraba con una pizca de miedo en los ojos mientras la sangre le seguía saliendo a borbotones de la nariz.- ¿Estáis seguro? –Él asintió.- ¿Era yo? –Asintió de nuevo.- ¿Cómo lo sabéis?
- V-vuestro cabello.- Dijo con aquella voz nasal, sorbió algo de sangre e hizo una mueca.- Es bastante peculiar, tan largo y rubio... Me acuerdo perfectamente. Lo vi a distancia pero estoy seguro de que erais…
- ¡Tengo una hermana gemela! –Bramó, y los murmullos se alzaron entre los presentes.- ¿Estáis seguro de que ayudaba a huir a Precia?
El hombre titubeó un momento y asintió.
- Sí, iba a su lado…
- A su lado… -Repitió Fate entre dientes. Soltó un gruñido y lo alzó unos centímetros más.- ¡La tiene de rehén, inepto! –Lo dejó ir y el hombre cayó al suelo mientras se llevaba la mano a la nariz de nuevo. Fate se giró a Yuuno con expresión enfurecida.- Alicia tampoco ayudaría jamás a Precia, sólo puede tenerla como rehén. ¿¡Que diablos hacían los vigías!?
Ninguno de los presentes supo qué contestar. El guardia que había permitido el pase a Alicia al calabozo se encontraba inconsciente en la enfermería, después de recibir un fuerte golpe. Nadie las vio salir hasta que fue demasiado tarde, ninguno de los vigías del castillo hizo nada por detenerla y todos se echaban la culpa unos a otros. Yuuno cruzó una mirada con Nanoha y asintió.
- Iré a avisar a la reina.- Dijo.- Por favor, esperad un momento.
Partió rumbo al castillo y Nanoha volvió su atención a Fate. La vio temblar de ira e impotencia, con el rostro consternado y mordiéndose el labio con tal fuerza que ya se había hecho incluso herida. La cogió de la mano y le dedicó una sonrisa tranquilizadora mientras la guiaba hacia el interior del castillo. Al parecer, el descanso tendría que posponerse un poco más.
-.-.-.-.-
Fate no paraba de ir de un lado a otro del cuarto, siendo seguida por los ojos azules de Nanoha, quien la observaba sin decir nada desde el lado de la ventana. La rubia no podía creérselo, no podía entender cómo había logrado huir con tanta facilidad una persona que estaba destinada a pasar sus días en una celda del castillo. Era ridículo que hubiera conseguido salir como si nada, sin que nadie diera la alarma hasta varias horas después de su fuga, cuando encontraron al soldado tendido en el suelo de los calabozos.
Dio un puñetazo contra la pared y la castaña se sobresaltó por ello. Un segundo golpe siguió al primero. Sentía cómo toda la rabia y la furia recorrían cada célula de su cuerpo, ardiendo en unas incontrolables ganas de ir en busca de Precia y darle su merecido. Notaba la impotencia reconcomiendo su ser y eso sólo lograba aumentar su rabia.
- Fate.- La voz de Nanoha a su lado le hizo voltear.- Cálmate.
Los ojos borgoñas la miraron con odio contenido. ¿Cómo podía pedirle que se calmase? Precia se había escapado sin pagar por todo lo que había hecho, todo lo que le había hecho, y no suficiente con ello había logrado escapar utilizando a Alicia.
Alicia. Un escalofrío recorrió su espalda. No quería ni pensar en lo que la loca de su madre podría estar haciéndole a su hermana. Precia no tenía ningún tipo de escrúpulo ni aun tratándose de sus propias hijas, eso Fate lo sabía mejor que nadie, y seguro estaría furiosa por haber acabado atrapada en una celda. Y Alicia estaba con ella…
Apretó el puño y dio un nuevo puñetazo a la pared y luego otro y otro más, hasta que unas cálidas manos la detuvieron, envolviendo sus puños maltrechos y otorgándole calidez. Fate miró a Nanoha y notó cómo su mundo se desmoronaba.
- ¡Déjame ir tras ella! –Gritó.- ¡Déjame atraparla y darle su merecido! Podía aguantar que se quedara encerrada de por vida, sin más, ¡pero ha osado utilizar a Alicia para huir! No puedo perdonarla, déjame ir tras ella y matarla. ¡Necesito matarla!
Fate se encontró completamente paralizada cuando, bruscamente, Nanoha le puso ambas manos en sus mejillas y se acercó tanto a ella que la embriagó con su aroma. Por un momento su corazón se detuvo cuando sus rostros quedaron separados por escasos centímetros hasta que la frente de la castaña se apoyó en la suya. Los ojos borgoñas se perdieron en los azules que la miraban con tal intensidad que le erizaba la piel. Al fin su corazón volvió a latir, esta vez completamente desbocado. La cercanía de Nanoha, su calidez, su aroma, su tacto, todo estaba abrumándola de una manera escalofriante.
Nanoha cerró los ojos y soltó un suspiro al verla más calmada. Su aliento revoloteó por los labios de la rubia y ésta se estremeció mientras se relamía de forma inconsciente. Tragó saliva de forma pesada y sus ojos viajaron hasta la boca entreabierta de la capitana.
- Por favor.- El susurro le hizo estremecer de nuevo, una voz suave y aterciopelada, cargada de miles de sentimientos que Fate se encontró incapaz de identificar.- Por favor, no me pidas eso, no sé qué haría si te ocurriera algo, Fate. Si te echaran de la Guardia… Por favor, no permitas que eso ocurra, no lo aguantaría.
Los ojos azules volvieron a abrirse y la miraron con su brillo intenso.
- ¿Por… qué? –Se encontró preguntando.
Nunca nadie se había preocupado por ella, nunca nadie le había hablado de esa forma ni se había angustiado tanto por su seguridad. A Fate no le importaba que le echaran de la Guardia, ni siquiera que la condenasen a muerte, pero parecía que a Nanoha sí le importaba y ella no lograba comprender por qué, no estaba acostumbrada a esas situaciones y mucho menos a la cercanía de Nanoha.
La castaña sonrió con tal calidez que sólo consiguió que su corazón fuera más rápido si cabía. La mano sobre su mejilla se deslizó con suavidad y Fate se olvidó de respirar cuando un par de dedos se posaron con delicadeza sobre sus labios, delineándolos en un roce que provocó que tuviera que cerrar los ojos. Nanoha miraba con fijeza aquellos labios mientras sus dedos los separaban ligeramente, humedeciéndose con su saliva, calentándose con su aliento.
- Porque…- Susurró la ojiazul, recorriendo una vez más aquellos labios, buscando las palabras para expresarse.- Porque por primera vez soy feliz.- La rubia abrió los ojos y la miró confundida.- Por primera vez tengo una amiga, tengo a alguien.
- Toda la Guardia te adora.- Replicó Fate y Nanoha se estremeció al notar su aliento sobre su mano.
Se quedaron un momento en silencio, simplemente mirándose y disfrutando de la cercanía y el calor de la otra. Finalmente Nanoha apartó la mano de sus labios y volvió a posarla sobre su mejilla para empezar a dibujar pequeños círculos con sus pulgares. Fate se encontró disfrutando de la caricia como nunca había disfrutado nada.
- ¿Sabes por qué me uní a la Guardia? - La pregunta de Nanoha la pilló por sorpresa pero le contestó negando ligeramente con la cabeza.- Me gusta pelear.- Admitió.- Me lo paso bien cuando lucho pero una vez termina me doy cuenta de que no ha sido un juego, hay cuerpos, he segado vidas. Siempre ha sido así. Mi casa era una escuela de esgrima, me enseñaron desde pequeña y yo me lo tomaba como un juego, me lo sigo tomando.- Cerró los ojos e hizo una mueca de dolor.- Hace años… llegó un día en el que encontré al asesino de mi padre. Recuerdo que sólo quería darle una lección, herirle, avergonzarle y enseñarle que mi padre era el mejor profesor de la región y que yo había aprendido bien de él. Pero… -Apoyó su frente en el hombro de la rubia y escondió su rostro en su cuello.- Mi madre lloraba, los gritos de mis hermanos resuenan aún en mi cabeza: "mátalo, mátalo". Por un momento pensé que, a fin de cuentas, era un asesino que merecía morir. Cuando me quise dar cuenta lo había herido de muerte y era yo quien me había convertido en una asesina.
Fate tragó saliva. El silencio las envolvió de nuevo pero esta vez se trataba de uno pesado, cargado de tristeza. Alzó una mano hasta acariciar el cabello castaño, intentando confortarla a pesar de que no sabía muy bien cómo hacerlo.
- Nanoha, yo…
- La Reina Hayate fue muy comprensiva conmigo.- Siguió.- Me dio una oportunidad, le juré fidelidad y me uní a la Guardia para enmendar mi error. Poco a poco me fui ganando el respeto de todos y creo que puedo afirmar que también su amistad pero tú…- Se incorporó de nuevo y la miró con una tímida sonrisa.- Tú eres especial.- Fate notó cómo se sonrojaba, ligeramente abrumada.- No porque me recuerdes a mí, sino porque quiero verte sonreír. No quiero ver la tristeza que contemplé en tus ojos cuando te encontré, quiero que me mires con felicidad, que me sonrías… Fate, adoro cuando sonríes.
La rubia se quedó sin saber qué decir. Cada vez notaba más calor en las mejillas mientras una extraña sensación recorría la boca de su estómago ante aquella afirmación. La sinceridad de Nanoha la desconcertaba, pero sobre todo lo hacía la intensidad con la que decía esas palabras y que le hizo sonreír. Si Nanoha quería ver su sonrisa sólo tenía que mantenerse a su lado, porque sin duda era lo que lograba que sus labios se curvaran. Y si eso hacía feliz a la capitana, entonces le mostraría su mejor sonrisa.
Nanoha le devolvió el gesto mientras volvía a encontrarse sin poder dejar de observar con fijeza aquellos labios rosados que volvían a sonreírle y que le hacían desear tocarlos, rozarlos… besarlos. Su sonrisa se esfumó al advertir ese último pensamiento y esta vez fue ella quien humedeció sus labios como si delante tuviera el más exquisito manjar. Quería verla sonreír pero al mismo tiempo quería borrarle esa sonrisa con sus propios labios, robándosela con un beso. Nunca había deseado nada como en esos momentos deseaba los labios de la rubia. Estaba tan cerca… podía sentir su respiración, si se inclinase un poco lograría rozarlos y al fin sabría a qué saben. La curiosidad la estaba matando, aquel deseo repentino e incontrolable la estaba torturando.
La sonrisa de Fate titubeó al ver la extraña expresión en el rostro de la capitana. Su cuerpo se estremeció al comprender qué era aquello que sus ojos observaban con fervor.
- Nanoha…
Los labios se habían movido, de una forma hipnotizante y sensual, emitiendo una voz suave que parecía mimar cada silaba antes de pronunciarla. Nanoha afirmó su agarre en torno a las mejillas de Fate. Su nombre pronunciado por aquellos labios le había sonado a gloria y ahora sabía que también tendrían que saber a ella. Sí, seguro que Fate sabía a gloria, sólo tenía que acercarse un poco más para comprobarlo…
La puerta se abrió. Ambas soltaron una exclamación y Nanoha se separó como si de repente hubiera salido de un profundo trance. Fate miró hacia la puerta y un segundo después bajó la vista al suelo al ver la expresión entre sorprendida y divertida de la reina Hayate.
- Vaya, ¿interrumpo algo?
- Vos no podéis interrumpir nada, su majestad.- Bromeó Yuuno al aparecer a su lado.
- Oh, creedme Sir Scrya.- Rió ella.- Hay situaciones en las que incluso mi presencia resulta molesta.
- No interrumpís nada.- Aseguró la castaña, recuperando al fin la compostura.- Os esperábamos.
- Imagino…
La sonrisa ladeada de Hayate dejaba en claro que sabía perfectamente que había interrumpido una situación que resultaba más que embarazosa para ambas. Sólo hacía falta mirar cómo Fate evadía su mirada o la seriedad con la que Nanoha intentaba ocultar la vergüenza de su rostro, mientras parecía pedirle en silencio que dejara el tema.
Fate se movió, acercándose hasta situarse delante de Hayate para inclinarse, clavando una rodilla en el suelo. La reina alzó una ceja e intercambió una mirada con la capitana de su guardia, quien tan sólo se encogió de hombros.
- Os ruego que me dejéis ir tras la fugitiva.
Ante tal petición el rostro de la gobernante se tornó serio mientras la observaba con detenimiento. La rubia mantenía los ojos clavados en el suelo y su puño se cerraba en torno a la empuñadura de su espada.
- ¿Qué pretendéis hacer cuando deis con ella?
Fate alzó el rostro y la miró con determinación.
- Pienso traerla hasta aquí para que la juzguéis vos misma.
Hayate asintió, conforme con la respuesta y advirtiendo que no parecía haber el más mínimo rastro de duda en su propósito.
- Pensé que queríais matarla.
La rubia titubeó un instante y volvió su mirada al suelo.
- Os mentiría si dijera que ese no es mi deseo.- Admitió.- Pero os prometí lealtad e hice el juramento de velar por la seguridad de mi capitana. Si traicionase vuestra confianza no podría cumplirlo.
Hayate alzó las cejas y rápidamente miró hacia Nanoha, quien se sonrojó con violencia. La reina empezó a soltar una sonora carcajada que logró incomodar aún más a las dos mujeres. Yuuno lo miraba todo con las cejas alzadas desde el umbral de la puerta sin saber exactamente qué estaba ocurriendo allí. Nanoha suspiró y dio un paso al frente.
- Su majestad, debo informaros de lo ocurrido en Saint Kaiser.
La carcajada de la reina se detuvo al instante y el ambiente volvió a ser completamente serio, como si la diversión de segundos atrás no hubiera existido. Hayate asintió a la capitana y se inclinó hasta rozarle el hombro a Fate.
- Levantaos, Lady Testarossa.- Pidió.- Tratemos este asunto primero y luego veamos qué podemos hacer con Precia.
La rubia asintió y se puso de pie, rogando por que la reunión no se alargase demasiado. Rogando por que su hermana Alicia estuviera bien.
-.-.-.-.-
La vegetación en el bosque era espesa e impedía que avanzasen todo lo rápido que la mujer quería, pese a ello, no impedía que corriesen con todas sus fuerzas. No le importaba engancharse con alguna rama o tropezar con alguna piedra y caer rodando algunos metros, ladera abajo, sólo le importaba alejarse del castillo.
Alicia tenía los ojos hinchados de llorar, su piel estaba manchada y sus ropas rasgadas por el roce de los arbustos. Pero lo que más le dolía era el agarre de su madre. Los dedos de Precia se cerraban con fuerza sobre su muñeca, clavándole las uñas como un halcón lo haría con su presa, maltratando su piel mientras arrastraba de ella sin ningún tipo de cuidado. Le faltaba el aliento y le dolía todo el cuerpo de tanto correr. Alzó la mirada para ver a su madre. Precia estaba como loca. Tenía una expresión desquiciada con una sonrisa casi enfermiza, su pelo sucio estaba alborotado y lleno de hojas y no paraba de murmurar sinsentidos.
Cerró los ojos cuando una rama le arañó la mejilla. ¿Cómo había acabado así? Ella sólo había ido a visitar a su madre, pensaba que era su deber como hija y sin embargo ahora deseaba no haber decidido pisar aquella celda. Cuando Precia había preguntado sobre su hermana, Alicia no había podido evitar contestarle que había empezado una nueva vida, que ahora era alguien y que había personas que la querían. La mujer se había reído como una perturbada diciéndole que aquello sólo eran mentiras. Entonces fue cuando Alicia pronunció las palabras que la sentenciaron.
"Ahora mismo está en una misión, junto con el resto de la Guardia de la Reina. Ahora es alguien importante, madre, no oses reírte de ella porque llegará más lejos de lo que tú has llegado jamás con tus artimañas."
Con eso el rostro de Precia se desencajó y, tras un instante, había mostrado una sonrisa que había logrado estremecer a la rubia. No sabía cómo, pero de algún modo la mujer había logrado desenganchar las argollas de la pared y simplemente fingía estar encadenada, esperando la oportunidad perfecta que Alicia le había brindado sin saber. Antes de poder reaccionar la había atrapado con sus brazos y tapado la boca para que no gritase. El resto fue fácil. Al abrir la puerta el soldado no pudo hacer nada frente al golpe que no se esperaba. Alicia recordaba el horror que sintió al dejarlo tendido en el suelo mientras su madre murmuraba "te lo mereces, por hacerme callar, te lo mereces" y la arrastraba por los pasillos del castillo, aprovechando que la Guardia no se encontraba en él.
La chica aún se preguntaba cómo habían logrado salir tan fácilmente, pero al parecer sin la Guardia el castillo quedaba desamparado y los vigías únicamente se preocupaban de lo que entraba, no de lo que salía. Sabía que era cuestión de horas que se dieran cuenta y salieran a perseguirlas. Precia también lo sabía y por eso corría como alma que lleva el demonio.
- Ya verás, Alicia.- Le oyó decir entre jadeos.- Empezaremos de nuevo. Mataré a Fate y empezaremos de nuevo. Sólo tú y yo.
Alicia cerró los ojos y rogó por que alguien las encontrase, por que alguien parase a aquella mujer que había perdido el juicio.
-.-.-.-.-
Toda La Guardia de la Reina que había regresado al castillo fue movilizada y los pocos soldados esperaban sobre sus caballos, con sus armaduras y sus espadas preparadas para salir a cumplir su misión. Eran pocos y parecían cansados, pero era mejor que nada. La capitana pasó la vista sobre ellos y se acercó a Fate, quien parecía tranquila a los ojos de los demás, pero que no lograba engañar a la castaña. Nanoha sabía que en el fondo estaba hirviendo de ira pero le sonrió, agradecida por que hiciera todo lo posible por controlarse. Con aquella simple sonrisa la rubia se relajó notablemente. No sabía qué tenía esa mujer pero lograba tranquilizarla y darle esperanzas.
La capitana se recogió el pelo en una coleta y se acercó hasta la pared donde descansaban las armas, junto al resto de las ropas que se había quitado para colocarse la armadura. Contempló las dos espadas que se apoyaban la una a la otra, una negra con detalles dorados, la otra blanca con trozos rojizos. Cogió la negra y pasó el dedo por el triángulo amarillo de la empuñadura, el mismo que había mandado tallar sobre la armadura de Fate.
- Toma.- Le tendió la espada a su propietaria y su sonrisa se borró para mirarla con seriedad.- Espero que seas consciente de lo que haces y no te dejes llevar por la ira.
- Nanoha…
- Tú eres la espada, no el asesino. ¿Verdad, Fate? –La castaña sonrió con algo de tristeza, sólo esperaba que realmente fuera así.- Prométeme que te controlarás.
Fate asintió y cogió la espada para apretarla con todas sus fuerzas contra sí. Nanoha se alejó y fue directa a su caballo, que relinchó al verla. Se subió y le acarició la crin cobriza mientras un soldado le tendía su espada.
- Raising Heart parece nerviosa.- Comentó el hombre.
- Sí… -Nanoha le dio unas palmadas tranquilizadoras y se inclinó para susurrarle en el odio.- Tienes que ser rápida, Raising Heart, más rápida que Bardiche. Tenemos que llegar antes, ¿de acuerdo?
La capitana se incorporó y agarró con fuerza las riendas, la yegua dio unos pasos y se situó frente a los soldaros. Detrás apareció Fate con su armadura, que parecía hacer juego con el caballo negro. Nanoha miró de reojo el animal que montaba la rubia y no pudo evitar hacer una mueca. Bardiche había resultado ser un caballo muy veloz y perfectamente entrenado, sigiloso y ágil, perfecto para correr a gran velocidad. Sólo esperaba que esta no fuera como las otras veces que había corrido contra él y Raising Heart fuera más rápida.
- Bien… ¡Soldados! –Tiró de las riendas y la yegua giró para encarar a sus hombres.- Esta va a ser una misión delicada. Somos pocos y sé que estáis agotados pero Precia ha logrado escaparse, tiene un rehén y seguramente esté armada. No quiero heridos. No quiero errores. Sólo atrapadlas y rescatad a la chica.
Todos los hombres gritaron a la vez y sus caballos se movieron nerviosos, dispuestos a empezar la búsqueda.
To be continued…
Notitas varias:
Y aquí el motivo por el que querían detener a Fate: en este fic, Yuuno es idiota. XD Que nooo, es simplemente que sin la Guardia los del castillo son unos ineptos u_ú pero ¿a que mola Nanoha defendiendo a Fate? Jeje… Y seguro que lo pensáis pero no, no me gusta dejaros con la miel en los labios xD Sé que me queréis matar por la intervención de Hayate en cierta escena, pero es que pensé algo como "si ahora se besan acabaran desmadrándose y con todo lo que está pasando no creo que sea momento" …puede que no os importe eso (a mi tampoco demasiado xD) pero no lo vi correcto y... joder, vale sí, me gusta dejaros con la miel en los labios… pero de buen rollo xD!!!!
En fin, reconozco que es un capítulo raro, con el resto de pasado de Nanoha por ahí, un poco de angst por allá, fluff, gente demente y una nueva misión… Creo que noto cierta frase clavada en la espalda, no sé cual pueda ser… *se gira y se puede leer "este SÍ que sólo va a tener 2 o 3 caps" en su espalda XD* (¿XD?) Gracias por los reviews que me dejáis, que no lo suelo decir pero… jo, cómo moláis, gracias u_u
EDIT: Junto con Tifa-lock he abierto un blog (yuridozoku. blogspot) y al fin lo hemos estrenado con el nuevo manga de MSLN, Vivid! Así que espero que si os aburrís os deis una vuelta n_n!
Bye bee =3
