Eres el asesino? ¿O eres su espada?


LA ESPADA DEL ASESINO

Chapitre VI


- Fate.

Alicia siempre había mostrado una sonrisa alegre y despreocupada, su voz siempre era dulce y pronunciaba su nombre con un cariño que Fate no pensaba merecer. Sus vestidos realzaban su belleza natural y a ojos de cualquiera parecería una verdadera princesa. No como ella, que iba siempre desaliñada.

- Alicia, ¿qué haces aquí? –Dejó la espada a un lado y se puso de pie, sacudiéndose el polvo.- Si madre te ve se enfadará.

Su gemela sonrió más ampliamente y Fate la miró con desconcierto.

- ¡Felicidades! –Exclamó mientras sacaba un plato con un trozo de pastel que había mantenido oculto tras su espalda.- Te he traído pastel.

- Es para ti, Alicia.- Fate suspiró mientras negaba con la cabeza e intentaba disimular la alegría que le había provocado aquel pequeño detalle.- Si madre te ve…

- Hoy también es tu cumpleaños.- Protestó mientras le tendía el plato.- Debes celebrarlo.

Fate titubeó pero finalmente aceptó el dulce, mostrando una gran sonrisa. Su hermana siempre tenía aquella clase de gestos hacia ella que le hacían más llevadera la vida que llevaba. Los sacrificios, el dolor y ella misma no importaban cuando Alicia era feliz.

- Gracias, Ali…

- ¡Alicia!

Ambas se estremecieron ante la voz y se giraron a la vez con la misma expresión asustada. Precia pareció hervir de ira cuando las vio a las dos juntas, tan diferentes y a pesar de todo tan parecidas.

- Madre…

- ¡¿Qué haces con esta?! –Bramó, mirando con odio a Fate.

- Sólo quería darle un trozo de pastel… es mi hermana, también es su cumpleaños.

- ¡Esa no es tu hermana! –Fate se estremeció ante tal afirmación.- ¡Ni siquiera merece tener cumpleaños!

El plato voló de las manos de la rubia ante el manotazo de la mujer. El trozo de tarta cayó al suelo ante la mirada impotente del par de gemelas.

- ¡Pero…!

La protesta de Alicia fue cortada con un sonoro golpe. Fate dio un paso al frente pero se contuvo, sabiendo que no podía hacer nada contra su madre. Alicia se sujetaba la mejilla con expresión desconcertada y lágrimas en los ojos.

La pequeña Alicia nunca había entendido por qué no podía jugar con su hermana, no entendía por qué Precia siempre se enfadaba cuando la encontraba con ella. No entendía por qué no podían ser un par de hermanas normales.

La mujer la agarró de la muñeca y tiró de ella sin ningún tipo de miramientos, arrastrándola lejos de Fate, quien se quedó sin poder hacer nada, mirando con impotencia cómo la razón de su existencia era apartada de su lado.

Justo como ahora.

Los cascos de los caballos repicaban contra el suelo a toda velocidad, resonando por todas partes, pero sin embargo su caballo era el que más corría de todos. Siempre lo había sido. Bardiche siempre le ayudaba a huir de sus crímenes y ahora le ayudaría a cobrarse el precio por todos ellos. Sus ojos se desviaron hacia la espada que colgaba de su cintura y notó un nudo en su estómago. Tragó pesado al notar cada ligero golpe que el arma le daba al galopar como un martilleo que le recordaba las palabras de Nanoha.

Le había pedido que siguiera siendo la espada y no el asesino, pero la rubia empezaba a creer que no podría mantener su palabra.

Tiró de las riendas y Bardiche disminuyó la velocidad. De nuevo el resto de jinetes se escuchaban a sus espaldas. ¿Qué haría una vez encontrara a Precia? Fate notaba la rabia recorrer cada parte de su cuerpo, pero no sabía si estaba dispuesta a decepcionar a la única persona que había depositado algo de esperanza en ella, la única persona que había confiado en ella…

- ¡Por aquí!

El grito se escuchó a su derecha y no se lo pensó ni un segundo antes de dirigirse en esa dirección hasta que finalmente logró entrever a un par de jinetes entre los árboles. Espoleó a Bardiche y éste corrió más rápido si cabía, esquivó los gruesos troncos y Fate se agachó para pegarse al lomo del animal y evitar las ramas más bajas. La espada seguía golpeando en su muslo pero su mente estaba fijada en encontrar a su objetivo. Pasó por al lado de uno de los hombres, quien la miró sorprendido.

- ¿Dónde? –Preguntó, alzando la visera de su yelmo pero sin apartar la vista del camino.

- Hemos encontrado un rastro, creemos que han pasado por aquí.

Asintió y no tardó en sobrepasar al soldado. Estaba agotada debido a la lucha en Sankt Kaiser y el golpe en su pierna aún le molestaba en según que movimientos, pero la angustia por encontrar a Alicia hacía que se olvidase de su propio cansancio. Sabía que su hermana no era como ella para Precia, pero también sabía que la mujer no dudaría en golpearla o utilizarla para sus fines.

Se estremeció al pensar en su hermana y cerró los ojos con fuerza.

Notó el peso de su espada más claro que nunca.

No le permitiría el lujo de disfrutar por convertirla en una verdadera asesina; aunque todo el mundo pensara que ya era una, mientras no lo fuera a ojos de Nanoha, estaba bien. Atraparía a Precia ella misma, la encerraría y se encargaría de que pagase por las vidas que le había obligado segar. Se encargaría de que pagase por herir a Alicia.

-.-.-.-.-

Finalmente se habían detenido. Su respiración seguía entrecortada después de haber corrido durante lo que le había parecido días enteros. Apoyó sus manos en las rodillas para intentar recobrar el aliento, le dolía todo el cuerpo después de semejante carrera. Había perdido un zapato por el camino y tenía el pie lleno de heridas, al igual que el resto del cuerpo donde tenía varias magulladuras y golpes después de haberse caído repetidas veces.

Alicia soltó un quejido ahogado cuando una mano tiró bruscamente de su pelo, perdió el equilibrio y cayó de bruces al suelo.

- ¡Vamos! –Gritó Precia, tirando aún del pelo de su hija.- ¡No podemos perder tiempo!

- No… -Jadeó.- No puedo… más…

La mujer soltó una maldición y empezó a tirar del largo cabello dorado para arrastrarla por el suelo. Alicia se revolvió entre quejidos, intentando soltarse del doloroso agarre mientras las lágrimas volvían a fluir de sus ojos ante el daño.

- ¡Cállate! –Bramó mientras la zarandeaba aún cogida del pelo.- ¿¡No los oyes!? Si no nos damos prisa nos encontrarán. ¿¡No querrás que nos encuentren!?

Precia volvió a zarandearla con violencia y Alicia la miró con rencor mientras rogaba por que realmente dieran con ellas. Odiaba ser tan débil. Nunca se había tenido que preocupar de nada ya que siempre que tenía un problema había alguien para solucionarlo por ella… Y ahora se daba cuenta de lo poco que conocía la realidad. Había vivido entre algodones, siendo tratada con cuidado, apartada de la verdad sin ver más allá de lo que tenía delante. Por eso no había podido ver lo que su madre era en realidad hasta ahora, que era demasiado tarde.

Volvió a ser arrastrada del pelo y no pudo hacer más que intentar poner resistencia en vano. Fate siempre luchaba por ella, siempre estaba cubriéndole las espaldas desde la sombra y se llevaba la peor parte. Precia le había dicho que era para lo único que servía Fate y al ver cómo su hermana le sonreía y la cuidaba a pesar de todo, Alicia no había cuestionado nunca aquel asunto. Ahora se odiaba por ello, por no haber intentado ayudar a su hermana, por no haberse dado cuenta de que su madre era una demente que sólo las utilizaba a ambas.

La fugitiva parecía cada vez más inquieta y miraba a su alrededor con frecuencia, buscando algo entre la espesa vegetación. Avanzó unos metros mirando a sus espaldas y justo cuando volvió a mirar delante de sí se detuvo de golpe. Miró a sus pies, donde se abría un gran desnivel por el que había estado a punto de caer. Una piedra se desprendió del borde debido al peso de sus pies y cayó rodando varios metros hasta hacerse pedazos contra el suelo. Precia soltó una maldición mientras se alejaba unos pasos del borde y miraba a ambos lados buscando una ruta alternativa.

Dio un respingo y volteó para escudriñar el bosque a sus espaldas. Alicia suspiró de alivio al escuchar a lo lejos algunos pasos de caballos.

- Es demasiado tarde, madre.- Dijo, intentando aparentar valentía.- Deberíais rendiros.

El rostro de Precia se tensó segundos antes de crisparse en una mueca desquiciada y rebosante de odio.

- ¡¡Cállate!!

El golpe resonó por la zona, al igual que el quejido de Alicia.

Nanoha clavó los dedos en el tronco tras el que estaba escondida, arrancando algunos trozos de corteza mientras intentaba controlarse. Había dado con ellas al escuchar la voz de Precia y sin pensárselo dos veces había bajado de Raising Heart para acercarse de forma sigilosa. Precia no había reparado en su presencia y Nanoha, como estratega, sabía que el factor sorpresa era un punto a su favor para rescatar a Alicia sana y salva. Por eso tenía que controlarse y pensar en un plan.

A pesar de que todo su cuerpo estaba temblando de ira, clamando por salir de su escondite y darle su merecido a Precia Testarossa sin pensar en ninguna consecuencia.

Se mordió el labio mientras veía cómo la mujer golpeaba de nuevo a su hija. Alicia era una copia exacta de Fate y a ojos de Nanoha era como si Precia golpeara a su subordinada. Nunca había deseado matar a alguien tanto como en esos momentos. Fate le había dicho que Alicia era diferente para Precia, que la trataba como verdaderamente se debía tratar a una hija. Nanoha lo dudaba y ahora lo veía confirmado; si así era como Precia trataba a quien consideraba su única hija, no quería ni pensar en cómo lo haría con Fate.

Recordó las cicatrices de su piel y al fin notó el sabor metálico de su propia sangre, se había hecho una herida en el labio de mordérselo con tanta fuerza. Le cortaría las manos. Se las cortaría y la obligaría a arrodillarse delante de Fate. La obligaría a disculparse una y otra vez por todo lo que le había hecho a la rubia y entonces le cortaría la lengua antes de encerrarla en el calabozo más pequeño, aislado y pestilente que encontrara.

Respiró hondo recordando que no podía hacer eso. Debía calmarse y pensar en un plan que lograse atrapar a Precia sin poner a Alicia en peligro. Además, como capitana de la Guardia sabía mejor que nadie que no debía tomarse la justicia por su mano. Apartó la mirada y se obligó a concentrarse en buscar una solución. Había llegado antes que Fate y eso le daba cierto alivio pues, si a ella ya le estaba constando controlarse, sabía que la rubia no lograría evitar atacar a Precia cegada por el odio y el rencor.

- ¡Alicia! –El grito resonó en el lugar y provocó que algunos pájaros salieran volando. Nanoha ahogó una exclamación mientras miraba a su alrededor buscando la dueña de aquella voz.- ¡Soltadla!

Precia se giró velozmente hacia el acantilado y palideció al ver el jinete que acababa de gritarle. Su armadura era completamente negra, al igual que el caballo que montaba. Por un momento la mujer tembló al pensar que aquel caballero negro era el verdugo que la mismísima muerte había mandado para acabar con ella.

El caballero se llevó las manos al casco para quitárselo y dejar libre una melena rubia que cayó desordenadamente sobre el oscuro metal. Un par de ojos rojizos la miraron con odio contenido. Al reconocer a su hija, Precia soltó un suspiro y cuando pudo ver una pizca de temor en su mirada supo que Fate seguía temiéndole a pesar de todo. No pudo evitar soltar una carcajada.

- ¿Fate? –Dijo Alicia con voz cortada.- ¡Fate!

- ¡Cállate! –Ordenó la mujer zarandeándola. Luego se dirigió a la recién llegada con una sonrisa burlesca en sus labios.- Vaya, vaya… Los del castillo han enviado a un perro a buscarme.- Fate hizo una mueca de desagrado mientras intentaba comprobar que su hermana estuviera bien.- Qué bien que hayas venido, me ahorrarás el buscarte para matarte.

- No digáis tonterías, Precia.- Frunció el ceño y apretó la mandíbula.- No pienso dejar que me matéis.

No quería apartar la mirada de la mujer pero no le quedó más remedio. Se maldijo por haber acabado ahí. Su vista recorrió la pared rocosa que se alzaba ante ella, separándola de su objetivo. Las había encontrado pero no podía llegar hasta ellas. Intento buscar una posible ruta de ascenso pero el desnivel era demasiado abrupto, Alicia seguía fuera de su alcance y desde ahí Precia seguía imponiéndole cierto respeto que pensaba olvidado. Alzó la vista para verlas de nuevo. El sol quedaba oculto por las copas de los árboles pero, desde aquel lugar, Precia proyectaba una sombra sobre ella. Así había sido siempre, así se había sentido siempre: bajo la sombra amenazante de su madre.

Sus ojos se encontraron con los de su gemela. Alicia estaba desaliñada, magullada y aterrorizada. Fate cerró los ojos e intentó disimular el dolor que sentía al verla así. Nunca se habían parecido tanto como en ese momento. Siempre había rogado por que Alicia no acabara como ella y a pesar de todo ahora era como mirarse a ella misma unas semanas atrás.

- Pensé que teníais un poco más de aprecio por Alicia.- Masculló con desprecio.- Pero sois tan ruin como parecéis, no podéis tener cariño por nadie.

- ¡No seas insolente! –La voz de Precia resonó por el barranco.- Yo no he hecho nada malo y sin embargo me encerraron... Todo lo he hecho por Alicia, ¡incluso por ti! –Fate soltó una risotada sin humor.- ¿Te ríes? Dime, ¿qué sería de ti sin mí? ¡No serías nadie, no serías nada!

- ¡Mejor eso que una asesina! –Le reprochó.- ¿Cómo podéis decir semejantes mentiras? No hacéis nada por nadie, no os importa la gente, ni tan siquiera vuestras hijas. Somos sangre de vuestra sangre y no dudáis en utilizarnos para satisfacer vuestros deseos. Todo lo hacéis por vos misma, ¡todo lo hacéis por ego! –Apretó las riendas con fuerza mientras sentía el rencor recorrer sus venas.- Yo no quería convertirme en una asesina…

- Pero era necesario.- Rió la mayor.- Por el bien de Alicia.

- No os atreváis a decirme que era por su bien. ¡Miradla! ¡Está herida y asustada por vuestra culpa!

Precia se giró a mirar a la chica a su lado. Su expresión mostró desinterés mientras recorría su figura llena de golpes y con la ropa medio rota. Sonrió de medio lado y negó con la cabeza.

- No sé por qué te preocupa tanto. ¡Yo estoy peor! –Se señaló a ella misma.- ¡Mírame! Llevo semanas encerrada en una celda, comiendo sobras y sintiendo la humedad y el frío en mi cuerpo. ¿No crees que yo estoy peor?

- Bienvenida a mi mundo.- Sentenció Fate con extrema seriedad.- Vos me hicisteis lo mismo. Me convertisteis en una asesina y cuando no os fui de más utilidad me abandonasteis en una celda. Me torturabais… ¿En serio pensáis que sentiré lástima por vos?

Un brillo febril resplandeció en los ojos borgoñas ante el recuerdo de las miles de torturas que había tenido que soportar a lo largo de su vida. Las ganas de acabar con Precia volvieron con mayor fuerza y la piel se le erizó cuando pensó en desenvainar la espada y segar la vida de aquella mujer.

Sus ojos se desviaron al advertir movimiento y eso provocó que Precia hiciera lo mismo. Alicia se había separado lentamente de su lado y ahora estaba un par de metros más alejada. La mujer gruñó mientras se abalanzaba contra ella para agarrarla con brusquedad. La chica soltó un grito de dolor cuando la mano se cerró sobre su brazo como unas tenazas.

- ¡Fate! –Suplicó al verse atrapada.

- ¡Soltadla! –Bramó.

Precia soltó una risotada mientras inmovilizaba a Alicia con rudeza. Bardiche se movió inquieto al notar el nerviosismo de su ama.

- ¿O qué? –Se carcajeó de nuevo cuando su rehén hizo un quejido al doblarle demasiado el brazo.- ¿Qué puedes hacer desde ahí? ¡Nada!

- ¡Os mataré! –Juró Fate mientras rechinaba los dientes.- Si le hacéis daño…

- Nunca has podido hacer nada…

Alicia volvió a soltar un quejido, Precia mantenía inmovilizado el brazo en su espalda y lo doblaba sin miramientos mientras sonreía burlonamente a su otra hija. Deslizó su mano por el pecho de su hija, aquella que siempre había cuidado para convertirla en una gran persona que lograra llevarla a lo más alto. Desabrochó el lazo que mantenía cerrado el vestido y sonrió al ver como Fate se tensaba ante lo que estaba haciendo. Alicia se removió entre sus brazos mientras sus lágrimas empezaban a descender por sus mejillas. Precia llevó una mano al rostro de la rubia y le agarró de la barbilla con brusquedad, se inclinó y deslizó la lengua por su piel para atrapar el líquido salado que emergía de aquellos ojos rojos tan similares a los que ahora la miraban con odio y repugnancia desde la lejanía.

- Precia… -Gruñó Fate en advertencia.

Un tintineo llamó la atención de la mujer. Una cadena colgaba balanceándose en el aire, sujeta del grillete que mantenía en su muñeca. Sonrió de forma desquiciada y soltó el brazo de Alicia sólo para agarrar el extremo de la cadena. Los ojos de Fate se dilataron y su corazón se detuvo por un momento. Alicia abrió la boca intentando buscar el aire que la cadena en su cuello le estaba privando.

- Me pregunto si debería matarla…- Murmuró aún con aquella sonrisa perturbada.- Tú y ella sois iguales, mal que me pese siempre os habéis parecido… podría matarla, ¿no crees? Y tú podrías ocupar su lugar, nadie lo notaría… Tú serías Alicia y al fin tendrías una vida…

- ¡DÉJALA! –El grito angustiado de Fate retumbó en la pared de piedra.

- Vamos, Fate… Sólo te estoy dando una oportunidad, deberías estarme agradecida.- Precia dio un paso al frente y Alicia quedó al borde del precipicio.- O sino siempre puedes dejarme ir… Diles que me has matado y déjame escapar, sólo entonces la dejaré.- Una piedra se desprendió y cayó rodando barranco abajo. Alicia removió los pies intentando buscar un punto de apoyo más seguro.- Oh… pero entonces te considerarían una asesina, ¿no? Dudo mucho que te perdonen de nuevo por matar, la reina Hayate es benevolente hasta cierto punto…

La sonrisa en el rostro de Precia se ensanchó. Una gota de sudor descendió por la frente de Fate mientras veía a su hermana forcejear para liberarse. Otra piedra se desprendió del borde y finalmente Alicia quedó colgada únicamente por la cadena que tenía alrededor de su cuello y que la dejaba sin respiración.

Dos pares de ojos borgoñas se encontraron, los unos asustados, los otros indecisos.

Alicia abría y cerraba la boca intentando respirar, parecía un pez al que hubieran sacado fuera del agua y eso provocó que Precia empezara a reír, divertida por el espectáculo y sobre todo por la expresión de Fate.

- Oh… Empiezas a pesar, Alicia…

Dejó ir un poco de la cadena y el cuerpo descendió unos centímetros, asustando aún más a la chica quien no podía parar de llorar intentando poder respirar de nuevo. Precia siguió carcajeándose. Fate bajó del caballo pero se detuvo sin saber exactamente qué podía hacer.

- Suéltala… -Rogó, sintiéndose impotente al ver a su hermana colgando en el vacío.- Por favor, suéltala…

- ¿Quieres que la suelte?

La sonrisa que cruzó su rostro puso los pelos de punta a Fate mientras la carcajada que antes sonaba a burla obtuvo un tono enfermizo. Los ojos de Precia se encontraron con los de Alicia y ésta la miró con pánico al ver aquella expresión sádica y desquiciada.

- ¡NO!

Precia soltó la cadena mientras empezaba a reír con más fuerzas.

Alicia cogió una gran bocanada de aire segundos antes de empezar a gritar al ver cómo su cuerpo perdía cualquier agarre y empezaba a caer.

Fate gritó el nombre de su hermana mientras corría para intentar detener su caída.

Un fulgor blanco pasó al lado de la mujer, quien dejó de burlarse mientras palidecía al ver al caballero a su lado. El grito de Alicia resonó por las paredes del barranco mientras Nanoha se abalanzaba contra el borde y estiraba el brazo, sólo llegando a rozar parte de aquella melena rubia tan similar a la de Fate.

A penas fueron dos segundos. Dos segundos en los que Alicia cayó sin remedio, agitando los brazos en el aire y soltando un grito desgarrador.

Fate no pudo llegar a tiempo y Alicia finalmente impactó contra el suelo a pocos metros de ella.

- ¡Alicia!

Nanoha se mantenía en el borde del acantilado, con los ojos dilatados ante lo ocurrido y el brazo aún extendido hacia el cuerpo que no había podido coger y que ahora Fate retenía entre sus brazos. La capitana tragó el nudo que se había formado en su garganta mientras veía cómo su subordinada llamaba a su hermana entre sollozos, agitando ligeramente el cuerpo inerte.

De repente Fate enmudeció mientras levantaba la mano que mantenía bajo la cabeza de su hermana. Las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas al verse la mano completamente empapada en sangre.

- Fate… -Murmuró Nanoha mientras notaba cómo sus ojos se humedecían.

El estómago se le encogió al escuchar el llanto angustiado de la rubia y al verla abrazar a su gemela llamándola con desesperación. Nanoha apretó el puño que aún mantenía estirado hacia ellas y se giró.

Un puntapié en plena cara la envió algunos metros más allá y la dejó medio aturdida. Se llevó la mano a la mejilla que le palpitaba debido al golpe mientras el labio le empezaba a sangrar. Precia la miraba con un brillo demente en sus ojos y una sonrisa.

- Vaya, si es la capitana de la Guardia.- Dijo con retintín, momentos antes de volver a carcajearse.- ¿Tú también has venido a que te mate?

Le propinó otra fuerte patada en la mandíbula y, aún riéndose de forma enfermiza, le pisó el rostro contra el suelo. Retorció el pie contra su mejilla magullada mientras su risa se mezclaba con el llanto de su hija.

- Pre…cia… -Masculló Nanoha intentando detenerle el pie.

La mujer dejó de reír y la miró con desprecio antes de volver a pisotearla una y otra vez, golpeándole la cabeza contra el suelo a cada golpe.

- ¡Muéstrame más respeto, perro de la reina!

- ¡¡PRECIA!! -El grito asombró a las dos mujeres y la nombrada miró hacia el fondo del barranco, donde Fate rechinaba los dientes con los ojos llenos de lágrimas mirándola con odio.- Alicia… Alicia está… - Balbuceó sintiendo cómo el odio y el rencor se hacían cada vez más fuertes.- ¡Asesina!

Precia parpadeó y alzó las cejas ante aquella acusación. Caminó hasta el borde del barranco y se agachó para mirar a sus dos hijas, Fate la seguía mirando con ira mientras aguantaba el cuerpo inerte de su gemela.

- Tranquila.- Susurró y de nuevo aquella sonrisa sádica adornó su rostro.- Enseguida la seguirás.

El mundo de Fate se detuvo. No podía soportarlo más. Miles de pensamientos le nublaron la mente, miles de sensaciones se arremolinaron en su pecho. Su madre había matado lo único que la había mantenido con vida todos estos años, el único motivo por el que había aguantado la vejación y el maltrato durante todo este tiempo. Miró el rostro aparentemente dormido de su gemela y luego apretó el puño que seguía cubierto de sangre…

Y gritó.

Precia volvió a reír mientras el grito cargado de impotencia de Fate resonaba por todo el bosque y asustaba a los pájaros de los árboles de alrededor.

El grito de Fate se mezcló con su llanto y la angustia que transmitían encogió el corazón de Nanoha. La capitana se arrodilló en el suelo, aún medio conmocionada por lo ocurrido y sintiendo un fuerte dolor en su mejilla. Escupió algo de sangre y alzó la cabeza para mirar la espalda de aquella persona que tanto estaba haciendo sufrir a Fate.

Las pupilas azules se dilataron ante la rabia que estaba experimentado. El odio recorría sus venas alimentado por el dolor de Fate y la risa burlesca de Precia.

- ¡Precia Testarossa! –Bramó.

La mujer se giró con los ojos abiertos en sorpresa. Nanoha enterró los dedos en la tierra y arrancó algo de ella cuando se incorporó con un rugido de ira. Su cuerpo se inclinaba hacia delante mientras sus piernas recorrían el poco espacio que las separaban en un par de zancadas. Precia se puso de pie con brusquedad y perdió el equilibrio en el borde del precipicio. La mano de la castaña se aferró al mango de su espada mientras la desenvainaba en un rápido movimiento.

El corte fue certero, preciso y mortal.

Los ojos azules miraron con desprecio la mueca de sorpresa en el rostro de la mujer mientras unas gotas de sangre empezaban a brotar del cuello y la cabeza se separaba poco a poco del resto del cuerpo.

Fate alzó la vista para ver cómo Precia se inclinaba hacia el vacío casi a cámara lenta. La cabeza pareció flotar unos segundos mientras la sangre salía a borbotones de la herida en el cuello.

Y entonces todo cayó.

- …Ah…

Nanoha empezó a temblar al advertir lo que acababa de hacer. Su espada resbaló de sus manos y cayó a sus pies, cubierta de sangre. Titubeó antes de decidirse a asomarse desde el borde del acantilado y palideció al ver lo que había hecho.

- Fa… Fate…

Los ojos rojos de Fate se mantenían abiertos mirando la nada, aturdida. Alzó la mano temblorosa y la llevó a su rostro para pasar los dedos por su mejilla, allí donde sentía la calidez de la sangre escurrir por su piel. Parpadeó y miró su armadura negra, cubierta de roja y espesa sangre. La sangre de su madre. Miró el cuerpo inmóvil de Alicia entre sus brazos y luego la cabeza de su madre que había caído delante de ella.

- ¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!

To be continued…


Notitas varias:

Coged aire y gritar todos con Fate: ¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAH!! XD

Y ahora coged aire y gritar todos conmigo: ¡¡Estoy de vacacioneeeeeees!! XDDD

¡Hola gente! Creo que ahora sí que querréis mi cabeza en bandeja xD ¡y nunca mejor dicho! Si es que tanto estar con la reina de corazones, esto se veía a venir… ahora sí, el trauma de Fate va a ser lindo XD acaba de perder a toda su familia así en plan trágico ohtehdrama angst angst angst mucha sangreeeeee xDD espero que no sea demasiado trauma y Nanoha la sepa cuidar bien y tal… ¿Qué os ha parecido? He intentado poner un poco de tensión y tal en la narración, pero no sé si lo he logrado del todo… en fin.

Y poco más a decir, creo que le queda poco a esto ya… calculo que... bueno, mejor no digo capítulos que luego nadie me cree XD Como siempre, gracias a quienes me dejáis review, los comentarios y criticas constructivas son bien recibidos ;D

¡¡Bye bee!!