Debo aclarar que esta historia NO me pertenece; es de KokoroBlack, ella me concedió su permiso para amoldarla a un Sasusaku. Así como los personajes tampoco; ya que son de Masashi Kishimoto.

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Negocio Placentero

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Capítulo V – La apuesta más grande de la vida.

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Sakura POV

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Todo fue muy rápido después de cerrar nuestro trato. De hecho, unos cuantos días después de esa noche, Sasuke obtuvo la licencia de matrimonio; por lo visto, ser uno de los hombres más ricos de Japón tenía sus ventajas. Sasuke tenía prisa por cerrar el trato, así que no hubo tiempo para celebrar la gran boda con la que siempre había soñado mi madre.

En vez de eso, Sasuke, mis padres y yo fuimos a Las Vegas en uno de los jets de los Uchiha.

-No es exactamente la boda con la que sueñan las niñas de pequeñas –susurré para mí misma, mirando el lujoso jardín interior en el que se estaba celebrando la ceremonia.

Las paredes estaban pintadas de color azul cielo, salpicado de algodonosas nubes blancas. Había altos pedestales con elegantes ramos de flores de seda y la alfombra blanca que llevaba hasta el altar aun dejaba entrever las pisadas de la pareja que acababa de casarse. Por los altavoces sonaba música clásica. Apreté con fuerza el ramo de novia, cortesía de la casa.

Estaba alegre de haber insistido en hacer algunas compras previas en Tokyo. Me sentía muy guapa con el vestido amarillo intenso que lucía y eso me daba fuerzas y confianza en mí misma.

-¿Estás segura de esto, Sakura?

Volteé hacia mi padre y tragué saliva antes de poder contestarle:

-Si, papá. Estoy segura.

Por supuesto que lo estaba. Llevaba enamorada de Sasuke Uchiha desde siempre. Hacía años que soñaba con ese día. Cierto que, en esos sueños, Sasuke también me amaba. El novio sonreía feliz, rodeado por sus hermanos, y me miraba con ojos llenos de deseo.

Así que la realidad era un poco decepcionante. Aun así, iba a casarme con Sasuke. Miré hacia el altar, donde me esperaba "el novio".

Era un trato de negocio, desde luego. Sasuke iba a conseguir su tierra y yo, el bebé que anhelaba. Pero en los últimos días había empezado a imaginar un final algo distinto. Si estaba dispuesta a arriesgar mi corazón, tal vez pudiera conseguir lo que siempre había deseado.

Sólo tenía que encontrar la manera de derrumbar las defensas de Sasuke. Se me encogió el estomago al pensarlo. Habiendo llegado tan lejos, tenía sentido ir un paso más allá. Solo necesitaba tiempo. Estaba segura que una vez estuviéramos casados, él vería la verdad que yo siempre había sabido: que podíamos ser una gran pareja.

Tragué aire cuando ese pensamiento cruzó mi cerebro, provocándome una descarga de adrenalina.

-No tienes buena cara, cielo –dijo mi padre.

-Estoy bien, papá. En serio. ¿Ves? –le ofrecí una sonrisa esplendorosa que, por suerte, a mi padre no le pareció forzada-. Acabemos con esto, ¿de acuerdo?

-Si –dijo él-. Tu madre parece angustiada.

La mire de reojo y pensé que era verdad. Tenía aspecto de querer echarle a Sasuke un sermón sobre cómo tratar a su hija. Mejor evitarlo. Mi madre ya estaba bastante irritada con la idea de que me casara con un hombre que, en su opinión, no me quería.

El cuarteto de cuerda empezó a tocar la marcha nupcial. Con el estomago hecho un nudo, inicie el camino hacia el altar, del brazo de mi padre.

Cada paso me alejaba de la vida que conocía y me acercaba a la que siempre había deseado.

Los ojos negros de Sasuke contemplaron mi avance. Tenía el rostro tenso y sus labios no se curvaron con la sonrisa que yo había esperado y soñado tanto. Su mirada era firme, pero inexpresiva. Deseé con todas mis fuerzas que la mía tampoco desvelara mis emociones y pensamientos.

Ya en el altar, papá puso mi mano en la de Sasuke y se retiró para reunirse con mi madre.

Sasuke me ofreció una leve sonrisa que no cambio en absoluto la indiferencia de sus rasgos.

Bueno, eso era mejor que nada.

El pastor empezó a hablar, pero yo solo oía el tronar de mi corazón. Sin embargo, capte las palabras más importantes. Las que cambiarían mi vida, al menos, por un tiempo.

-Sí, quiero –dijo Sasuke. Me estremecí con el impacto de esas dos simples palabras.

Luego llegó mi turno. Noté la enorme mano de Sasuke sobre la mía y me concentre en el pastor. Era mi última oportunidad de dar marcha atrás. O el principio de la apuesta más grande de mi vida.

El pastor dejo de hablar y siguió una larga pausa. El silencio en la capilla me pareció atronador. Noté que Sasuke me observaba, esperando mi respuesta.

-Sí, quiero –dije por fin. Fue como si la sala tomara aire y lo soltara de golpe, con alivio.

Sasuke me puso el anillo en el dedo y, mientras el pastor finalizaba la breve ceremonia, mire mi mano. Una ancha banda de oro brilló ante mis ojos. No había piedras engarzadas ni ningún detalle grabado que proclamase un vínculo compartido por dos personas.

Era una alianza sencilla.

Impersonal.

Como nuestro matrimonio.

Entonces Sasuke me puso una mano en los hombros, me atrajo a su cuerpo y me dio un beso rápido y firme, sellando el trato que deseé no acabara convirtiéndose en una pesadilla para ambos.

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Sasuke POV

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Por primera vez en demasiado tiempo, me sentía como si hubiera perdido el control de una situación. Y no me gustaba nada.

Sin embargo, allí estaba, en la suite presidencial de Caesars Palace uno de los más lujosos y opulentos hoteles de La Vegas, esperando a que mi esposa se reuniera conmigo.

-Esposa –moví la cabeza y me serví una copa de champaña que había refrescándose en una cubierta de plata, sobre la mesa del balcón privado de la suite. Si había un momento en el que un hombre necesitara un trago, era ese.

Tomé un trago y miré la panorámica. En la distancia se veía la sombra púrpura de las montañas, coronadas por las primeras estrellas que se encendían en el cielo nocturno. El ocaso aun teñía de anaranjado el horizonte. En las calles, montones de luces de colores brillaban como joyas en un cofre del tesoro.

Vista desde una trigésima planta, Las Vegas era una belleza. Sabía que de cerca era mucho más fácil percibir los fallos y fealdades de la ciudad. Algo muy parecido a los que sucedía con mí matrimonio. Tome un largo sorbo del frío y burbujeante vino. Desde la distancia, la gente asumiría que Sakura y yo nos habíamos entregado a la pasión. Solo nosotros sabríamos la fría y dura verdad.

-Que eres un tipo duro y desalmado –mascullé solo para mí-. Dispuesto a utilizar a una mujer para conseguir lo que deseas. Dispuesto a crear un nuevo ser y alejarte de él sin pensarlo dos veces.

Sorprendentemente, ese toque de realidad me molesto más de lo que había esperado. Me froté la mandíbula y dejé que mi vista se perdiera en la noche, recordándome que la idea había sido de Sakura. Ella no era una víctima, sino una parte interesada.

Sonó mi teléfono móvil y lo agarré, agradeciendo tener algo que me distrajera de mis pensamientos. Resoplé al mirar la pantalla.

-¿Qué ocurre, Itachi? –pregunté.

-¿Qué ocurre? –Repitió mi hermano-. ¿Estás de broma? Acabo de hablar con Shizune y me ha dicho que estabas en Las vegas, casándote.

Suspire. Mi ama de llaves era una bocona.

-Es cierto.

-Con Sakura.

-Correcto.

-¿Acaso mi invitación se perdió en el correo? –exigió Itachi.

Dejé la copa sobre la barandilla de piedra y metí la mano libre en el bolsillo.

-Ha sido una ceremonia intima.

-¿Si? He oído que sus padres estuvieron allí.

-Ya no están. El jet los llevo de vuelta a casa esta tarde.

-Ya. ¿Alguna razón para que no desearas que asistiera tu familia?

-No es lo que piensas.

-¿En serio? Porque lo que pienso es que te has casado con una chiquilla a la que conocemos de toda la vida sin molestarte en decírselo a tus hermanos.

-No es una chiquilla –corregí-. Hace mucho que dejo de serlo. Además, ¿Desde cuándo les informo a Naruto y a ti mis movimientos?

-No lo haces –contraataco Itachi-. Pero algo me huele mal, Sasuke. Esta boda tuya, ¿no tendrá nada que ver con esa maldita parcela?

Siguió un largo silencio, mientras intentaba controlar un arranque de mal genio.

-Eres un autentico bastardo, ¿es eso? –masculló Itachi.

-Ella sabía lo que hacía –llevaba repitiéndome eso mismo desde el momento en que había aceptado la propuesta de Sakura.

-Lo dudo.

Saqué la mano del bolsillo y me agarré el cabello. Miré a mi espalda para comprobar que Sakura no hubiera salido del cuarto de baño.

-La verdad, Itachi, nadie diría que tu eres un paladín del buen trato a las mujeres.

-Eso no viene al caso –espetó mi hermano.

-Claro que viene al caso. Yo no te digo que dejes de lucirte con jovencitas por ahí, ni que evites a los malditos paparazzi que te siguen a todas partes. Así que no te metas en mi vida, hermanito.

-Si le haces daño a Sakura, su padre convertirá tu vida en un infierno –advirtió Itachi.

-¿Esa vida que ahora es un lecho de rosas?

-Maldición, Sasuke –suspiró mi hermano-. ¿Cuándo diablos te volviste tan frío?

-¿Cuándo no lo fui? –cerré el teléfono antes de que Itachi volviera a hablar. Después lo apagué para que Naruto no pudiera llamarme. No necesitaba escuchar lo que pensaban mis hermanos. Lo sabía. Y me importaba muy poco.

-Vaya –dijo Sakura, a mi espalda-. Tienes aspecto de querer morder a alguien y sacarle hasta la última gota de sangre.

Me di la vuelta, asumiendo la expresión serena e inescrutable que utilizaba con todo el mundo, excepto con mis hermanos. Pero, aunque luché por distanciarme, verla provoco una llamarada de lujuria en mi bajo vientre.

Iluminada por la tenue luz del balcón, parecía casi de otro mundo. El camisón era corto, le llegaba a medio muslo. El tejido de satén, de color rojo escuro, se pegaba a su piel, dibujando cada curva y exponiendo unas piernas interminables. La parte superior era de encaje y recogía sus senos como las manos de un amante. El cabello colgaba suelto sobre sus hombros, en una cascada de rizos revueltos. Olía a gloria, a fresas y cerezas, y la sonrisa que me ofreció fue incitante y nerviosa al mismo tiempo.

-Estás bellísima – dije sin poder evitarlo.

-Me siento ridícula – su sonrisa se ensanchó y su piel se torno carmesí.

Se puso una mano sobre el estomago, como si intentara apaciguar un revoloteo interno.

¿Se estaría arrepintiendo de haber hecho la oferta que nos había llevado ahí?

Le serví una copa de champaña y se la ofrecí. Nuestros dedos se rozaron y sentí que me abrasaban la piel. Decidí ignorar la sensación.

-¿Por qué ridícula?

Ella encogió los hombros y señalo el camisón.

-Me compré esto especialmente para esta noche y supongo que fue una tontería. No es que sea una noche de bodas normal, ¿verdad?

-No –concedí. No podía dejar de mirarla. La curva de sus senos. La forma de sus pezones, apretándose contra el encaje-. No lo es. Pero si es el principio de nuestro trato.

-Cierto –tomó un sorbo de champaña. Después se lamió el labio inferior y sentí que todo mi cuerpo se tensaba.

-Y, por lo que a mí respecta, te aseguro que aprecio tu talento haciendo compras.

Los ojos de ella se agrandaron y sonrió.

-Gracias –Salió al balcón y admiró la vista-. Es una maravilla, ¿verdad?

-Sí que lo es –dije. Pero no miraba el desierto iluminado por luces de neón y las montañas en el horizonte. La miraba a ella. Tomé otro sorbo de champaña, a ver si el vino helado me refrescaba la sangre un poco.

No tuve suerte.

-Gracias por traer a mis padres hasta aquí y devolverlos a casa –dijo ella, volviendo la cabeza para mirarme por encima del hombro.

Hice un gesto de indiferencia. No me había importado llevar a Jiraiya y a Tsunade con nosotros, pero tampoco verlos marchar. Sobre todo a Tsunade. La mujer me había taladrado con la mirada durante todo el día.

-Me pareció importante que estuvieran aquí contigo.

-¿Pero no que estuvieran tus hermanos?

-Pensé que sería más fácil para todos mantener las cosas simples –me apoyé en la barandilla de piedra.

-Ya. Simples. ¿Lo saben?

-¿Lo nuestro? –pregunté. Ella asintió-. Ahora sí. Shizune se los ha dicho.

-¿Cómo se lo han tomado?

La miré y mentí. No me importaba lo mas mínimo lo que pensaran mis hermanos.

-Bien. Hablé con Itachi hace unos minutos.

Llego un golpe de brisa del desierto y Sakura se estremeció.

-Tienes frío.

-Un poco.

Deje la copa en la mesa y fui hacia ella. Una distancia muy corta, pero tuve la sensación de medir cada paso. Estaba a punto de sellar el trato. No habría vuelta atrás. Y si a la mañana siguiente me despertaba arrepintiéndome de lo que hubiera hecho esta noche, tendría que aguantarme. Estaba más que acostumbrado a vivir con realidades incomodas.

-Ven aquí –la rodeé con los brazos y atraje su espalda a mí. El calor se introdujo en mis huesos, atizando el fuego de mi sangre. Sentí una dulce oleada de deseo y apreté los dientes para mantener el control. No podía dejarme llevar por mi entrepierna. Una cosa era el trato y, otra, perder el control. Eso no estaba dispuesto a hacerlo nunca.

-Sasuke –musitó Sakura, tan bajo que me costó entenderla-. Sé que esto fue idea mía pero, de repente, no sé qué hacer ahora.

-Haremos lo que habíamos planeado. Concebir un bebé juntos.

Ella se estremeció y se apretó a mí.

-Sí. Es decir, de eso se trata esto. Entonces –se volteó hacia mí y me miró a los ojos-, no tiene sentido perder el tiempo ¿verdad?

Alzó los brazos y rodeó mi cuello. Luego se puso de puntitas y me beso. El roce suave y casi tímido de su boca ilumino mi interior con más fuerza que las luces de neón que se extendían bajo nosotros.

Llevaba cinco años solo. Rechazando deseos y necesidades para los que no tenía tiempo ni paciencia. Ya no tenía razón para controlarme. Así que no lo hice. La rodeé con los brazos, la apreté contra mí y aprese su boca con toda la pasión contenida que empezaba a desatarse en mí.

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Sakura POV

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Gemí levemente cuando entreabrió sus labios con la lengua y probé su sabor. Luego suspiré, avivando el fuego que surcaba mis venas. Apreté mis caderas contra las de él, anhelante.

Una y otra vez, su lengua me asaltó, reclamando, exigiendo. Olvide el control y me rendí completamente a las oleadas de deseo que me invadían. Deslicé las manos por su espalda, tocando sus glúteos, acariciando su columna y enredando los dedos en la espesa masa de cabellos azabaches.

Su aroma me llenó y su sabor inflamo mis sentidos. Anhelaba sentirlo sobre mi cuerpo. Apartó la boca, como un hombre que necesitaba aire para no ahogarse.

Eché la cabeza hacia atrás y contemplé el cielo del desierto, mientras su boca recorría mi cuello besando, lamiendo y mordisqueando. Me sentía como un festín ante un hombre hambriento.

Me sentía necesitada. Deseada.

Anhele sentirme también amada.

Cuando ese pensamiento surgió en mi mente, lo deseche. Por el momento bastaba con que yo amara. Quería más, lo quería todo. Al día siguiente empezaría la simulación de matrimonio acordada. Pero esa era nuestra noche de bodas y quería recordar cada segundo.

Gemí cuando Sasuke me alzo en brazos. Sonreí y miré sus ojos negros; no vi en ellos ni un atisbo de humor o calidez. Solo necesidad.

Eso me entristeció un poco, pero luché contra la sensación y tomé su rostro entre las manos.

-Podremos hacerlo, ¿verdad?

-Oh, vamos a hacerlo, Sakura –dijo con voz ronca, mientras sus labios se curvaban-. Ahora mismo.

Sentí una deliciosa espiral de deseo que espesaba mi sangre. Inspire profundamente mientras él me llevaba a la suite.

-No me refería al sexo, Sasuke, Me refería a nuestro trato.

-¿Empiezas a tener dudas? –se detuvo junto a la puerta y me miró.

-No –mentí-. Solo quería asegurarme de que no las tenías tú.

-Cuando hago un trato, lo cumplo –replicó él, deslizando la mano por mi muslo.

-Por supuesto –asentí, bajando una mano hacia su pecho. Sentí el fuerte latido de su corazón bajo la palma y supe que no estaba tan tranquilo como quería aparentar-. Yo también.

-Me alegro. ¿Qué te parece si empezamos a ocuparnos del negocio?

-Que tal vez me resultaría más fácil si no lo llamáramos negocio –dije, desabotonándole la camisa. El movió la cabeza de lado a lado.

-Es un negocio, Sakura. Nada más –me devoró con los ojos-. No te engañes. No creas que es un matrimonio autentico. Solo acabaras sufriendo.

Pensé que no había nada equiparable a un poco de cruda y fría realidad en ese momento. Sasuke quería asegurarse de que no me entregara demasiado, y tal vez de que no hubiera rencores cuando el trato acabara.

Me pareció bien. Él podía pensar lo que quisiera. Yo reservaría mis pensamientos. Mis sueños seguirían escondidos bajo llave en mi corazón. Tenía al hombre al que siempre había deseado y no iba a permitir que mis dudas y miedos respecto al futuro arruinaran la noche que llevaba esperando toda la vida.

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Hola

El siguiente capitulo es lemon, así que el rating del fic cambiará a "M", ya que así está originalmente.

Agradezco mucho todos sus reviews.

De ahora en adelante, las contis serán semanalmente; ya que es el tiempo que tarda KokoroBlack en actualizar. ^^

Gisela: si dejas tú mail, necesitas dejarlo con espacios entre si, porque fanfiction los borra.

Nos leeremos pronto.

Ranko Uchiha

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