Debo aclarar que esta historia NO me pertenece; es de KokoroBlack, ella me concedió su permiso para amoldarla a un Sasusaku. Así como los personajes tampoco; ya que son de Masashi Kishimoto.

--

Negocio Placentero

--

Capítulo XII –Rompiendo el trato.

--

Sasuke POV

--

-¡Eres un tonto! –clamó Shizune.

Ni siquiera alcé la cabeza cuando Shizune me sirvió el desayuno, junto con su opinión. El sol de la mañana caía sobre mí, sentado a la cabecera de la larga mesa de cerezo del comedor. Un hombre en una mesa para doce.

El resumen de mi vida.

Mi café estaba frío, pero tenía la clara impresión de que pedir otro no me llevaría muy lejos. Miré el plato y vi que los huevos revueltos estaban algo líquidos; odiaba los huevos poco hechos y Shizune lo sabía muy bien. El tocino estaba quemado por un lado y crudo por el otro, y la tostada, ennegrecida.

Básicamente el mismo desayuno que me había servido cada mañana desde la marcha de Sakura.

Quejarme no serviría de nada. Shizune llevaba demasiado tiempo con la familia. Cuando una mujer te ha dado una tunda de niño, es imposible tener autoridad sobre ella.

-Gracias –dije sarcásticamente. Levanté el tenedor. ¿Podría comerme solo la parte de arriba del huevo?

Maldición.

Yo no le había dicho a Sakura que se fuera. Había sido idea de ella y la había puesto en práctica sola. Pero ese hecho no parecía importarle a mi ama de llaves.

Tampoco me importaba a mí. No por primera vez desde su partida.

¿Qué estaría haciendo en este momento? ¿Estaría sentada desayunando con su hermano? ¿Riendo, hablando, disfrutando? ¿O estaría echándome de menos? ¿Pensaría en mi alguna vez?

-¿Vas a quedarte sentado sin hacer nada, mientras la madre de tu hijo está por ahí? –Shizune estaba a un lado de la mesa, con los brazos cruzados sobre el pecho, golpeando el suelo con la punta del zapato. Sus ojos chispeaban con furia y tenia los labios tan apretados que casi habían desaparecido.

Aparté mis pensamientos sobre Sakura, aunque no demasiado lejos. Mordisqué un trozo de huevo antes de hacer una mueca de asco y rendirme. Mi ama de llaves y yo llevábamos manteniendo esa conversación tres semanas. En cuanto tenia oportunidad, Shizune me amenazaba, sermoneaba e insultaba por haber permitido que Sakura me abandonara.

-Está bien, con Neji –apunté.

-Pero no es aquí.

-Cierto –dejé el tenedor en el plato y me resigné a pasar hambre un día mas. Pensé en conducir al pueblo para tomar un desayuno decente, pero deseché la idea enseguida. En el pueblo habría gente que intentaría sonsacarme más información de la que estaba dispuesto a dar.

-Tienes que ir tras ella.

-Shizune, Sakura se marchó. Quería irse. Teníamos un trato, ¿recuerdas? El trato acabó.

-Trato –dijo la palabra con tanto disgusto que vibró en el aire-. Lo que tenías era un matrimonio. Lo que vas a tener es un hijo al que nunca veras. ¿Es eso lo que quieres, Sasuke?

Miré la silla en la que solía sentarse Sakura y pensé que no, no lo era. Recordé su risa, el tacto suave de su mano cuando me daba una palmadita en el brazo. Ni siquiera me había dado cuenta de hasta qué punto había llegado a contar con verla cada día. Oírla, hablar y discutir con ella.

En las últimas semanas la vida en el rancho Uchiha había vuelto a ser "normal". Los caballos Gypsy estaban de vuelta en el rancho Haruno hasta que Sakura se instalara definitivamente y pidiera que los enviasen a Okinawa. Las continuas visitas de gente interesada en comprarlos habían cesado. Ya no había flores frescas en mi dormitorio porque Sakura no estaba allí para cortarlas. No había películas ni cuencos de palomitas por la noche porque Sakura se había marchado.

Ya no había vida en el rancho.

Mi mundo era de nuevo en blanco y negro. Antes me había gustado, pero en ese momento lo odiaba. Odiaba la monotonía, la quietud, la eterna rutina de mi existencia. Era como los desayunos que Shizune me había estado sirviendo: insípida.

Pero no podía cámbiala. Sakura se había ido. Iba a crearse una nueva vida sin mí, y era lo correcto. Mejor para ella, para nuestro bebé y para mí. Estaba casi seguro.

-Ya hace tres semanas que se fue –me recordó Shizune.

"Tres semanas, cinco días y once horas" corregí mentalmente.

-Debes ir a buscarla. Traerla aquí, donde debería estar.

-No es tan sencillo.

-Solo un hombre diría eso –replicó ella. Agarró el plato del desayuno intacto y se fue con él a la cocina.

-¡Yo soy un hombre! –le grité.

-¡Uno muy idiota! –gritó ella de vuelta.

-¡Estas despedida!

-¡Ja! ¡Buen chiste!

Me derrumbé en la silla y moví la cabeza. Despedirla no serviría de nada. Shizune no se iría. Seguiría allí los siguientes veinte años, probablemente amargándome la vida siempre que tuviera oportunidad.

Lo cierto era que no merecía nada mejor. Había dejado a Sakura marcharse sin protestar porque no había sido capaz de arriesgarme a quererla. Ni a querer a mi hijo.

Eso me convertía en un cobarde.

Y todo el mundo sabía que los cobardes morían mil muertes.

Unas horas después, ya había irritado, enfadado y molestado a todos mis empleados y empezaba a asquearme a mí mismo. Así que me encerré en mi despacho, hice algunas llamadas telefónicas y empecé a buscar nuevos proyectos. Al fin y al cabo, tenía la preciada tierra que tanto había deseado. Necesitaba un nuevo objetivo.

-¿Qué pasa? –rugí, cuando alguien golpeó la puerta del despacho con los nudillos.

Jiraiya Haruno abrió la puerta y me dedicó una mirada tan intensa que sentí que me helaba por dentro. Me levanté de la silla de un salto. Solo podía haber una razón para que Jiraiya estuviera allí.

-¿Se trata de Sakura? ¿Está bien?

El padre de Sakura entró en la habitación, cerró la puerta a su espalda y me estudió un momento antes de hablar.

-He venido porque deberías saberlo.

El hielo que tenía en las venas se movió lentamente hacia mi corazón. Cerré los puños y apreté los dientes, intentando no perder el control de mis nervios.

-Dímelo. Sakura… ¿está bien?

-Sakura está perfectamente –dijo Jiraiya, recorriendo el enorme despacho, como si fuera la primera vez que lo veía.

Sentí un alivio tan intenso que empezaron a temblarme las rodillas. Sentía como si llevara corriendo una hora en el sitio. Mi corazón galopaba, tenía la respiración entrecortada y, las piernas, de goma. ¿Qué diablos pretendía Jiraiya?

-Maldición, Jiraiya. ¿A que ha venido eso? –grité-. ¿Querías ver si podías reírte de mí?

-Era una especia de prueba –admitió Jiraiya, deteniéndose frente a mi-. Para saber si amabas a mi Sakura –entrecerró los ojos-. Ahora lo sé.

Pasé una mano por mi desmarañado pelo y después por el rostro. Amor. Era una palabra en la que había evitado pensar durante las últimas semanas. Incluso cuando yacía insomne planeando bien volar a Okinawa para secuestrar a Sakura, bien enterrarme en trabajo hasta el cuello, me había prohibido pensar en esa palabra.

No entraba en mi plan.

Había probado el amor antes y no se me daba bien.

El amor confundía a las personas. Arruinaba vidas. Acababa con algunas de ellas. No lo quería repetir. Aunque el corazón estuviera otra vez vivo y dolido.

-Siento decepcionarte. Por supuesto, me he preocupado por ella. Pero si está bien no entiendo la razón de esta visita –volví a sentarme, alcé un bolígrafo y miré los papeles que tenía delante-. Gracias por venir.

Pero Jiraiya no se marcho. Se inclinó, apoyo las manos en el borde del escritorio y esperó a que volviera a mirarlo antes de hablar.

-Tengo algo que decirte, Sasuke. Algo que tienes derecho a saber.

-Entonces dilo y acabemos con esto de una vez –mascullé, preparándome para recibir la noticia que hubiera ido a llevarme.

Tal vez Sakura ya se había enamorado de otro; la idea me dolió como una puñalada, a pesar de que la rechacé enseguida. Aunque pareciera que Sakura faltaba hacia años, solo habían pasado unas semanas.

-Sakura ha perdido al bebé.

-¿Qué? –susurré la palabra y el bolígrafo cayó de mis dedos inertes-. ¿Cuándo?

-Ayer –dijo Jiraiya con expresión de dolor.

"Ayer". ¿Cómo podía haber pasado algo así sin que yo lo percibiera? Lo intuyera de algún modo. Sakura había estado sola y yo había estado encerrado en mi mundo. Ella me había necesitado y yo no había estado allí.

-¿Y Sakura? ¿Cómo esta Sakura? –sabia que esa era una pregunta estúpida. Sabía como estaría. Había deseado mucho ese bebé. Estaría devastada. Destrozada. Con el corazón roto.

Un momento después comprendí, para mi sorpresa, que sentía esas mismas emociones. Una profunda sensación de pérdida para la que no estaba preparado y que me dejó sin habla.

-Se recuperara con el tiempo –dijo Jiraiya con suavidad-. Ella no quería que te enterases, pero a mí me pareció que lo correcto era decírtelo.

-¡Por supuesto que sí!

Claro que tenía que saberlo. El bebé que habíamos concebido había muerto. Aunque no había llegado a respirar, sentí su pérdida con tanta intensidad como había sentido la de Kenosuke, años antes. No era solo la muerte del bebé. Era la muerte de sueños, esperanzas y futuro.

-También quería decirte que Sakura se quedara en Okinawa –añadió Jiraiya, cuando lo vi.

-Ella. Se quedara. ¿Qué? –sacudí la cabeza, intentando concentrarme a través de la niebla de dolor que paralizaba mi cerebro.

-No va a volver a casa –dijo Jiraiya-. A no ser que algo consiga hacerle cambiar de opinión.

No me percaté de la marcha de Jiraiya. En mi mente destellaban imágenes de Sakura y un dolor insoportable atenazaba mi corazón. Llevaba semanas pensando solo en ella, a pesar de que intentaba aislarme del mundo y volver a la solitaria existencia a la que me había acostumbrado.

Por más que lo había intentado, ella invadía mi mente. Tentándome y torturándome. Llevándome a preguntarme como estaba, donde vivía y que le diría a nuestro hijo de mí.

Pero ya no había bebé. Sakura estaba sufriendo, sintiendo aun más dolor que yo y estaba sola. A pesar de su familia, estaba sola como yo. De repente, supe que era lo que más deseaba en el mundo:

Quería abrazarla

Secar sus lágrimas

Consolarla y dejarme envolver por su calidez.

Quería dormirme abrazándola y despertarme y ver sus ojos. Me puse de pie y miré por la ventana. Los árboles centenarios que bordeaban el camino de entrada se movían al viento y sus hojas, ya doradas, se soltaban y volaban por el aire. El otoño ya estaba allí, pronto los días serian fríos y, las noches, demasiado largas.

Igual que mi vida seria larga, fría y vacía sin Sakura.

-Shizune tiene razón –mascullé. Llevando la mano al teléfono-. Al menos a medias. Soy un idiota, pero eso se acabo.


Sakura POV

--

Reí al ver al niño botar en la silla. Estaba tan emocionado siendo un "vaquero" que no había dejado de sonreír desde que lo había montado en el caballo.

Por suerte había pasado mucho tiempo con mis sobrinos y mi sobrina, y me había mantenido tan ocupada que solo había podido pensar en Sasuke cada cinco minutos.

Sin duda eso podía considerarse un progreso.

-Estas pensando en él otra vez.

-Solo un poco –me di la vuelta y sonreí a mí adorado Neji.

-Anoche hable con Kiba- dijo mi hermano, apoyando los antebrazos en la valla del pequeño corral que había construido para llevar siempre un pedazo del rancho en su hogar-. Si te sirve de algo, dice que Sasuke tiene un aspecto horrible.

No era un gran consuelo, pero lo acepté. Apoyé la espalda en la valla.

-¿Estaría mal decir "me alegro"?

-No. En absoluto. Yo estoy más que dispuesto en ir a darle una paliza, y no solo yo, Kiba y Shino también lo están. Tu solo tienes que dar la orden.

-Son los tres unos chicos geniales.

-Siempre te lo hemos dicho –sonrió y sus ojos chispearon.

Le devolví la sonrisa. En ese momento un escort amarillo llegó por el sendero. No reconocí el auto, así que mi corazón no se aceleró hasta que el conductor descendió.

-¿Quién iba a decirlo? –farfulló Neji.

-Sasuke –suspiré, enderezándome y deseando estar mejor vestida. Era una tontería, pero mi parte femenina no podía evitar sentirse irritada por lucir un pantalón de mezclilla ruinoso y botas sucias en el momento de la visita sorpresa de Sasuke.

-Neji, ¿podrías vigilar a Shiki?

-Desde luego –afirmó mi hermano-. Y no olvides… solo dame la señal y te aseguro que veras su cara en el suelo. De verdad Sakura, solo dame un gritó si necesitas librarte de él ¿si?

Asentí sonriendo. Pero la verdad era que no quería librarme de él. Quería disfrutar con solo mirarlo. Era penoso. Pero él estaba impresionante, incluso más guapo que en las imágenes que veía cada vez que cerraba los ojos.

Me obligué a ir hacia él con pasos cortos, aunque mi instinto me gritaba que corriera a sus brazos y no lo dejara marchar nunca. ¿Cuánto tiempo tenía que pasar para que el amor se desvaneciera? Meses, años…

-Sakura –me saludó. Tuve la sensación de que su voz grave me reverbaria en el pecho.

-Sasuke ¿Qué haces aquí?

-Tenia que verte –se frotó la nuca con una mano-. Vine en uno de los jets de la familia. Alquilé un coche en el aeropuerto… -miró el auto con desagrado.

-Ya veo. Bonito color.

-Era lo único que tenían.

-No te he preguntado cómo has venido –sonreí-. Solo porque estás aquí.

-Para verte. Para decirte…

Sus ojos brillaban de emoción, más de la que había visto nunca en ellos. ¿Qué rayos ocurría? No pude evitar sentir un destello de esperanza, pero lo contuve de inmediato. No tenía sentido crear una burbuja que Sasuke haría estallar de un momento a otro.

-¿Estas bien? –Sasuke me miró de arriba abajo, con preocupación-. ¿Deberías estar en pie?

-¿Qué? –me reí de él-. Estoy bien, Sasuke. ¿Puedes decirme que ocurre?

-Te he traído algo –sacó un papel doblado que era la escritura que él tanto había deseado.

-¿Qué? –Sacudí la cabeza-. No entiendo.

-Es sencillo. Estoy rompiendo el trato. La tierra vuelve a ser tuya.

Miré el papel y luego a él.

-Lo que dices no tiene sentido.

-Tu padre me lo ha dicho.

Sentí un cosquilleo de inquietud. ¿Qué diablos habría hecho mi entrometido padre esta vez?

-¿Qué te ha dicho exactamente?

-Que habías perdido al bebé –Sasuke me puso las manos sobre los hombros y me miró a los ojos.

Me tambaleé pero él siguió hablando.

-Lo siento mucho, Sakura. Sé que eso no basta. Sé que un "lo siento" no significa nada en un momento como este, pero es lo único que puedo ofrecerte –llevó las manos a mi rostro y acarició mis mejillas con los pulgares-. Siento mucho no haber apreciado el milagro que creamos juntos.

Mi padre le había mentido. Y creyendo que estaba sufriendo, Sasuke había corrido a mi lado. La burbuja de esperanza volvió a alzarse en mi interior. Tomé aire y, por primera vez desde que había dejado el rancho Uchiha, sentí calor.

-Sasuke…

-Espera. Deja que acabe –me atrajo hacia él y acarició mi espalda como si quisiera convencerse de que realmente estaba allí… con él.

No se lo impedí. Me entregué a la maravilla de estar en sus brazos de nuevo.

-Me preguntaste porque no tenía fotos de Sakumi y Kenosuke en la casa –dijo él con voz queda y rasgada. Me puse tensa, pero Sasuke me abrazó con más fuerza-. No los he olvidado. Pero hay algo que no sabes, Sakura –se echó para atrás para mirar mi rostro-. Sakumi iba a dejarme. Era un esposo terrible y no mucho mejor padre.

-Oh, Sasuke –eso explicaba muchas cosas-. Te culpas por…

-No –movió la cabeza con tristeza-. No me siento culpable del accidente, aunque si hubiera sido mejor marido tal vez no habría ocurrido. No, Sakura. Lo que siento es arrepentimiento por no haber podido o querido ser lo que necesitaban.

Mi corazón se encogió, pero Sasuke no había terminado. En sus ojos, además de dolor, había determinación y esperanza.

-Quiero ser un marido para ti, Sakura. Quiero un matrimonio verdadero. Por eso te devuelvo esa estúpida tierra. No la quiero. Quédatela tú, o dásela al siguiente niño que concibamos juntos. Dame la oportunidad de compensarte.

-Oh, Sasuke… -gemí.

Aquello era con lo que había soñado durante tanto tiempo. Todo estaba allí, al alcance de mi mano. Por fin veía en sus ojos lo que siempre había deseado ver y sabia que nuestra vida junta seria la que había anhelado.

-Te echo de menos –dijo él, mirándome con adoración-. Es como si me faltara un brazo o una pierna. Una parte de mi se marchó contigo. Nada tiene significado desde que no estás. Sakura, quiero que vuelvas a casa. Que seas mi esposa de nuevo. Permíteme ser el marido que debería haber sido. Te quiero, Sakura. Ya no me da miedo admitirlo. ¿Podrías aceptarme de nuevo? ¿Querrías darme la oportunidad de intentar hacerte madre de nuevo?

-Yo también te quiero, Sasuke –dije, poniendo una mano en su mejilla.

-Gracias a Dios –musitó él. Me atrajo aun más y me besó con la desesperación y pasión que conocía tan bien. El alma me fue robada en ese beso. Todas sus palabras, su tacto y el brillo de su mirada fueron sellados con esa fusión de labios. Esa función de cuerpos… esa fusión de amor.

Sasuke Uchiha me amaba… así como yo lo amaba a él.

Cuando por fin nos separamos y nos sonreímos, tuve la oportunidad de hablar.

-Volveré a casa contigo, Sasuke, y nuestra vida será maravillosa. Pero…

-¿Pero? –repitió el inquieto.

-No hará falta intentar concebir otro bebé de momento.

Tomé su mano y la coloque sobre mi vientre. Esbocé una sonrisa deslumbrante, mirándolo a los ojos-. El primero sigue estando en camino.

-¿Sigues…? –me miró confuso.

-Si.

-¿Entonces tu padre…?

-Si –sonreí, me puse de puntillas y me abracé a su cuello.

-El viejo tramposo –rezongó Sasuke, devolviéndome la sonrisa. Me alzó del suelo y me hizo girar en el aire-. Recuérdame que invite a tu padre a un trago cuando lleguemos a casa.

-Trato hecho.

-Pues sellémoslo de la manera correcta –propuso Sasuke, besándome…

Con todo su corazón.

FIN


Hola.

Sé que no se esperaban el final tan repentinamente, ni yo tampoco, lo confieso. Pero espero que esta historia les haya gustado, ahora les diré que la autora tiene planeada una secuela que planea subir la semana que viene, en cuanto sepa bien, la tendré para ustedes.

Gracias por sus comentarios.

Saludos.

Ranko Uchiha

¡Reviews!