Hola, Hola!! Aquí estoy una vez más trayéndoles un nuevo capítulo y disculpándome por la tardanza n.n Lo siento. En cuanto a este capítulo, no tengo muy claro si les va a gustar o no, porque la verdad es más de transición que de otra cosa, sin embargo quedé bastante contenta con el resultado (aunque parece que muchas piensan que el mejor capítulo hasta ahora ha sido el pasado).

Me siento halagada en cualquier caso, el que lean mi fic es suficiente motivación, les mando un beso gigante a todas y espero sus reviews.

Estoy ya de vacaciones, ya terminé mis finales y he ganado todas mis materias; pero ahora que puedo dedicarme en cuerpo y alma a escribir, mi madre me ha dicho que no me quiere ver todo el día frente al computador ¬¬ En todo caso espero seguir actualizando cada semana :)

Ah! Se me olvidaba Harry Potter, Todos sus Personajes, Lugares y todo lo demás son una marca registrada de nuestra querida J.K Rowling y... de Warner Bros, para la gran desgracia de nosotros los fans.

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15

BAJO LA LUNA

Theodore no tenía otro objetivo en mente al salir de su clase de Runas que llegar lo más pronto posible a los invernaderos. Sabía que tenía Herbología con Gryffindor y aunque se había demorado en llegar, tal vez podía encontrarla. No, ¿A quién quería engañar? Miró su reloj, ya debía estar en su sala común o en su siguiente clase. Suspiró desganado mientras caminaba por los terrenos del colegio, pero sólo le bastó sentir la voz de la profesora Sprout para saber que no había fracasado en su intento.

-Lo lamento, pero hasta que eso no sea aprobado por una junta científica reconocida no puedo enseñarlo en mi clase.

-Pero la Junta de Investigadores de Reclock es reconocida, mi padre escribió un artículo sobre…-Theo no pudo hacer nada diferente a sonreír al ver aparecer frente a él a la bajita y bonachona profesora junto con su último objeto de deseo: Luna Lovegood.

-Señorita Lovegood.-dijo la profesora armándose de mucha paciencia-Sé que su padre pudo haber escrito artículos acerca de ellos, pero aunque me insista: No explicaré nada acerca de calabazas comunes en mi clase de plantas mágicas.-Luna se había detenido de pronto, tal vez un poco ofendida por las palabras de su maestra. Al parecer ella también lo notó porque abrió la boca para continuar cuando una voz suave le interrumpió antes de comenzar:

-No son calabazas comunes, profesora Sprout. Son calabazas capaces de espantar vampiros.

Theodore le sonreía a ambas mientras que la expresión en la cara de la Jefa de Hufflepuff se desencajaba un poco. Masculló algo acerca de la falta de respeto a su clase y de las calabazas de Normandía a la vez que se alejaba. Luna se impresionó un poco al ver a Nott, la verdad no esperaba que la buscara en el colegio, y había cumplido perfectamente sus expectativas durante las dos primeras semanas de clase; sin embargo le sonrió y empezó a caminar a su lado.

-Nott, al parecer has estado leyendo "El Quisquilloso".-dijo sin dejar de mirar al frente y cruzando las manos detrás de su espalda, él sonrió pero no dijo nada a lo que ella continuó-O tal vez sólo querías ganar puntos conmigo apoyándome cuando sabes perfectamente que nadie lo hace.

La brutal sinceridad de Luna no dejaba de sorprenderlo, por un instante logró ponerlo nervioso pero aun sonriendo comenzó a hablar:

-No necesito ganar puntos contigo, Lovegood.-ella giró su rostro y le miró a los ojos, esos ojos azules y brillantes hacían que su mente dejara de trabajar bien por momentos, pero sabía que debía controlarse-Te hace feliz saber que te apoyo.

-Eso sonó más a Malfoy que a ti…-dijo ella comenzando a jugar con las puntas de su largo cabello rubio, concentrándose en eso por completo y evitando así la mirada del Slytherin.

-Creo-dijo él burlón-que Malfoy no tendría porque salir a colación en esta charla, pero al parecer mi amigo es un tema de conversación inevitable.-metió sus manos en los bolsillos de su pantalón y miró nuevamente a Luna-Pero no me opondré: Atravesé todo el castillo en cuestión de minutos sólo para alcanzarte y poder hablar contigo, pero si de lo único que te apetece discutir es sobre el enorme ego de Draco: adelante.

-No lo entiendo.-dijo ella deteniéndose.

-¿Qué no entiendes?-dijo él suspirando resignado a entablar conversación acerca de Draco y Granger, y añadió en broma-¿Cómo Malfoy es más orgulloso que toda una manada Snorkacks de cuerno arrugado?

-No, ¿Cómo alguien como tú puede ser amigo de alguien como él?-ella lo miró profundamente y comenzó a andar otra vez, ya se acercaban a las puertas del castillo. Theodore la siguió sin saber que responder ante aquello, al parecer ella no estaba interesada en Draco después de todo. Luna, al notar el prolongado silencio que habían causado sus palabras sobre el chico decidió sonreír otra vez mientras le miraba fijamente-Sé que no soy nadie para criticar tus amistades, pero…-no pudo seguir hablando pues antes de darse cuenta Theodore la había agarrado por las muñecas y la había halado fuertemente hacia él. Pudo admirar de cerca las facciones del Slytherin, la clara tez de su piel, su nariz delicada, el par de mechones de pelo negro que caían sobre su frente, sus labios provocativos… a la vez que sentía como su aliento golpeaba levemente en su rostro y sus cuerpos quedaban unidos de repente, haciendo que sus ropas se rozaran cada vez que respiraban. Estaban muy cerca, más de lo que ella hubiese querido. No sabía que le había pasado a Nott que era usualmente tan amable, le estaba haciendo daño con su agarre, le miró a los ojos verdes siempre tan calmados; estaba segura que no era nada grave, tal vez no debió insultar a su mejor amigo pero sonrió cambiando de idea: tal vez fue un nargle…

-Sabes…-comenzó él acercando aun más su rostro al de la chica rubia que en ningún momento había dejado de sonreír. Esa mirada inocente, su piel tan tersa, sus labios sonrosados ¿Cómo podía ser posible no desearla tanto?-Sabes que podrías ser alguien importante para mí y criticar toda mi vida si quieres, sólo tienes que decirlo…

La soltó al darse cuenta de la fuerza que estaba haciendo sobre sus brazos delicados y frágiles, pero es que todo lo relacionado con Luna Lovegood lograba hacerle perder sus estribos. Lo estaba enloqueciendo, cada gesto, cada palabra, cada sonrisa…todo era una tortura al saber que ella le había dejado muy claro que no quería nada con él.

-Y tú sabes lo que pienso acerca de ello.-dijo retomando la marcha y acariciando suavemente sus muñecas-No es que desagrades, Nott. De hecho pienso que eres muy simpático cuando no se te meten nargles por la nariz.-se giró a ver al chico que caminaba cabizbajo junto a ella y sintió un muy pequeño calor cerca de la boca del estómago. Deben ser Plimpuffs pensó-Pero…

-¿Pero, qué?-la interrumpió él enojado al ver que llegaban al mismo punto sin retorno de todo el verano-¿No soy lo suficientemente bueno para ti, Lovegood? Lo siento, pero hay muchas chicas en el castillo que no comparten esa opinión.

Ella sonrió por cualquier respuesta, y puso su mano derecha sobre la mejilla de Theo que comenzó a sonrojarse. Una suave caricia fue suficiente para hacer que toda su rabia se fuera, su sonrisa sincera y su mirada transparente lograron calmarlo en esos momentos. Quería entenderla, quería saber por qué era tan única, quería conocer los secretos tras sus locuras (la verdad, no encontraba otra forma de llamarlas). Pero ella sólo se negaba, una y otra vez, lo que estaba comenzando a trastornarlo; pues hasta Pansy había notado que había ahora algo diferente en él.

-Sé que hay muchas chicas en todo el castillo que quisieran que Theodore Nott estuviese tratando de seducirlas…-él abrió la boca para replicar: eso era cierto, pero si lo decía de esa manera sonaba horrible, Luna y su increíble don de decir las cosas como eran. Ella negó con la cabeza y Theo cerró su boca automáticamente-Pero yo no quiero nada contigo porque sé que en el fondo te avergonzarías de mí…aunque ahora lo niegues.-ella se alzó de hombros al ver que el trataba de negar sus palabras-No soy lo que todos consideran normal.-Theodore se ruborizó aun más mientras veía como ella miraba un punto distante en el cielo, como ensoñada-Sé que en el fondo, crees que te mereces a alguien…mejor-su voz se había convertido casi en un susurro, abrió sus grandes y hermosos ojos como si acabara de hacer un gran descubrimiento en medio de las nubes y volvió a posarlos en los del chico antes de seguir-Tal vez a alguien más cercano a tus estándares…Lo siento Nott, pero no puedo estar con alguien que se avergüence de mí…

Ella se alejó un poco y él, atontado aun, pudo detallarla, analizarla, degustarla mientras sus sinceras palabras aun retumbaban en sus oídos…Era alta, pero aun así más baja que él; su cabello rubio y largo estaba algo desordenado y sucio, en su cara y brazos habían restos de tierra y lodo debido a su última clase de Herbología…sus ojos le miraban brillantes, ese azul vivo no se apartaba de sus propios ojos; y su sonrisa, sincera, inocente. No sabía en qué momento se había obsesionado de tal manera con Lovegood, pero ahora que era una realidad debía encararla y enfrentarla.

-Sé lo que piensas.-dijo él recuperando poco a poco su sonrisa-Y me gustaría hacerte cambiar de opinión…-y antes de que ella le interrumpiera se apresuró a decir la siguiente frase impregnada con todo su encanto natural-Me gustaría verte esta noche a las doce en la Torre de Astronomía…

Ella quedó un poco sorprendida con sus palabras, quitó suavemente su mano de la mejilla del chico y dio dos pasos hacia atrás. Sonrió al pensar que Nott nunca se rendiría, por lo que al parecer tenía una cita, su primera cita. Comenzó a caminar dando suaves brinquitos mientras asentía con la cabeza. No puedo evitar pensar que Nott era encantador. Simplemente encantador.

-Y a mí me gustaría ir para ver que planeas decirme…-Theo no se movió, sólo se quedó observando cómo su figura se alejaba y desaparecía en el interior del castillo sin dar crédito a la respuesta que acaba de escuchar-¡Y ten cuidado con los nargles! ¡Toda esa torre está llena de ellos!

El Slytherin dejó que en su boca se dibujara una sonrisa de triunfo y caminó a paso pausado hasta su sala común. Una vez estuvo en las mazmorras deseó con todo su corazón que Pansy no se encontrara ahí, no quería volver a discutir, no quería escuchar reproches y muchísimo menos quería pedir disculpas. Suspiró sonoramente y murmuró la contraseña.

El lugar estaba casi vacío y pudo divisar sentado en un cómodo sillón cerca de la chimenea a Blaise hablando con una chica de cuarto cuyo nombre no pudo recordar y a Greg y Vincent cerca de él jugando una partida de snap explosivo. Se acercó a ellos y se dejó caer en un sofá mullido junto a Blaise. Éste lo miró algo enojado, estaba interrumpiendo su coqueteo con la chica cuyo nombre él tampoco podía recordar, pero eso no era importante en lo absoluto. Ella se quedó unos instantes mirando fascinada al par de amigos y después de reír como una tonta, se disculpó y corrió a donde estaban sus amigas.

-¿Qué demonios le pasa…?-murmuró Blaise sin comprender y mirando, la ahora, vacía butaca frente a él. Se giró con enojo hacia su amigo y escupió con odio-Gracias, Nott.

-De nada, Zabini.-respondió él con ironía y una de sus características sonrisas burlonas en su cara. Los cuatro chicos de sexto (Sí, eran cuatro. Porque aunque pareciera un milagro, Crabbe y Goyle habían logrado pasar los cinco primeros años) se giraron al sentir una pequeña oleada de risillas femeninas ocasionadas por la encantadora (así le llamaban) sonrisa de Theodore. Él, comprendiendo que era la oportunidad perfecta para molestar a Blaise, saludó con un gesto de cabeza al grupo de chicas de cuarto y les sonrió otra vez. Su moreno amigo le vio molesto y dijo irónico:

-¡Vaya, Theodore! Parece que creciste algo este verano…de repente han aparecido hordas de fanáticas tuyas.

-Eso parece.-dijo él haciendo una falsa cara de meditación-Sin embargo, no tengo intenciones de robarte a tu niña…-señaló a la chica que antes hablaba con Blaise haciendo que ella por poco se desmayara de emoción al notarlo y sus amigas chillaran emocionadas-¿Cómo es que se llama? Ni a ninguna de sus amiguitas. Te las regalo todas.

Zabini bufó y alzó su rostro dignamente, a la vez que su boca se torcía en una mueca de desprecio. Todo eso provocó que Theo sonriera burlón y esperara con ganas el contraataque de su amigo:

-No quiero ni necesito tus sobras, Nott. Tengo atrás de mí una gran cantidad de chicas que caerán en mi cama con tan sólo pedirlo. Y la verdad no estoy interesado en esas tontas chiquillas…

-No parecía eso cuando llegué, Blaise.-dijo riendo levemente-Y no te preocupes, no pretendo robarte ninguna conquista. Para serte sincero ninguna de ellas me llama realmente la atención.

Blaise, Gregory y Vincent se voltearon a verlo al mismo tiempo. Sin incomodarle en lo más mínimo las miradas inquisidoras de sus amigos, alzó los hombros y se acomodó más en su silla. Sacó su varita y convocó un libro de su habitación que aterrizó bruscamente en su regazo, lo abrió y comenzó a ignorar olímpicamente al trío mientras se concentraba en la lectura de su libro. O al menos eso intentó, porque por más que sus ojos pasaban por las líneas lo único que se le venía a la mente eran las maravillosas imágenes de su verano. Porque no tenía otra palabra para describirlo: había sido maravilloso, un poco frustrante, pero igual maravilloso.

Su padre era un mortífago, un maldito mortífago, si se le permitía hacer la aclaración. No importaba si el Señor Oscuro le prometía el cielo y la tierra o si lo amenazaba de muerte, jamás aceptaría unirse a ellos. Nunca. Sus consignas eran estúpidas y jamás se uniría a una cruzada en contra de impuros bajo el mando de alguien que era mitad muggle.

Su padre había decidido auto exiliarse en la península escandinava y a pesar de todo tenían una buena relación. Así que el varano que acababa de pasar le acompañó en su humilde mudanza a Suecia. Tenían una pequeña vivienda campestre cerca de un lago a las orillas de un bosque bastante espeso y Theodore sabía que su padre se mantenía oculto para evitar que el Ministerio le quitara sus propiedades, de alguna forma lo estaba protegiendo, pues de ninguna manera le embargarían sus cosas dejando en la calle a una víctima inocente (ese era él), muchísimo menos si era un estudiante de Dumbledore.

Así pues, se había decretado, que Theodore Nott permanecería en Hogwarts hasta culminar sus estudios y, que durante el tiempo de vacaciones, un delegado del Ministerio le acompañaría en su casa hasta que cumpliera la mayoría de edad. Era un trato justo, sobretodo porque no meterían la mano en sus cuentas en Gringotts.

Ese primer verano, antes de que se promulgara ese decreto, y mientras aun buscaban infructuosamente a padre e hijo en Inglaterra, ambos se encontraban en la casa de campo. Theo estaba preparado psicológicamente para pasar las más aburridas vacaciones de su existencia incluyendo el no poder tener cualquier posible contacto con cualquier otro ser humano diferente a su padre, sin embargo todo cambió cuando vio una figura rubia mojando los pies a la orilla del lago una mañana. Era una chica y desde la distancia se veía muy hermosa, al parecer sus vacaciones eran bastante susceptibles de mejora. O al menos eso pensó hasta notar que ella no era otra que Lunática Lovegood.

Estaba con su padre en una expedición para encontrar algo que ellos llamaban Snorkacks o algo así, era una misión científica según ellos. Con el paso de los días se seguían encontrando todas las mañanas en la orilla del lago, primero no hablaban, luego ella comenzaba charlas triviales acerca de cosas (más específicamente, criaturas) de las que Theo no tenía ni idea, unos días después comenzaron a hablar de Hogwarts y tras la primera semana rieron juntos por alguna broma dicha por él.

Con el pasar de las semanas descubrió a la chica detrás de la desquiciada, comenzó a pensar en ella en las tardes que pasaba solo mientras ella se iba de expedición, sus labios empezaron a parecerle demasiado tentadores…y ella le dejó muy claro todo aquella mañana que intentó besarla.

Cuando ese recuerdo llegó a su mente estrujó con fuerza las páginas del libro logrando llamar la atención de Blaise que le miró enarcando una ceja notando una llama de ira en sus normalmente tranquilos ojos verdes.

-Oye, Theo ¿Te encuentras bien…?-pero él no le escuchaba, estaba demasiado ocupado pensando en cómo ella apartó su rostro y le dijo que jamás ellos llegarían a tener algo, demasiado ofuscado tratando de aclarar si fue ese el momento en el que ella se convirtió en su más enfermiza obsesión, demasiado ilusionado imaginando la maravillosa noche que planeaba pasar a su lado…-Fue entonces cuando me dijeron que estás enamorado de la sangresucia…

-¡¡¿¿Qué??!!-las últimas palabras de Blaise habían logrado bajarlo de golpe a la realidad-¡¿De qué rayos estás hablando?!

Su amigo le miró con una sonrisa de suficiencia en la cara, se había cansado de ser ignorado y había decidido sacar su arsenal pesado.

-Como lo oyes porque me estabas oyendo ¿Verdad?-le miró con malicia para proseguir-Greengrass me dijo que Granger te abofeteó frente a toda la clase de Runas y a Draco también…

-¡Ah…!-dijo Theodore moviendo su mano y quitándole importancia al tema-Era eso…Sí, es cierto. Pero fue culpa de Draco, la sacó de sus casillas. Y no estoy enamorado de ella.

-¿Me pregunto qué se trae Malfoy entre manos?-dijo Blaise observando inquisidor a su amigo que alzó los hombros fingiendo inocencia. Theo sabía que no le podían contar a Zabini, era demasiado indiscreto-Anda mucho con la sangresucia Granger últimamente ¿No crees?

-No me he fijado.-dijo volviendo la vista a su libro y escuchando la leve explosión proveniente de la mesa de Crabbe y Goyle.

-Pansy no hizo ese escándalo sólo por gusto y tú sabes algo…-Theo levantó un poco su mirada y con ella le indicó que se callase, Blaise entendió el mensaje y cambió de tema bruscamente, o al menos eso pensó él-¿Será posible que a Draco le guste la sangresucia?-si Nott hubiese estado tomando algo, lo más probable era que lo hubiese escupido todo en el rostro de Zabini. Miró a su amigo con sorpresa y éste le respondió alzándose de hombros-Es una posibilidad, por más Malfoy que sea, es hombre también…y ha tenido que ver cómo ha cambiado Granger últimamente.-sonrió despectivo y continuó-Eso es algo que no puedo negar ¿Sería Draco capaz de acostarse con una sangresucia?-Theodore comenzó a sentir que sudaba frío-Si busca a Granger es porque tiene algo muy sucio en mente…-entonces Blaise abrió los ojos como si hubiese acabado de crear una piedra filosofal y añadió con los ojos brillando-¡¿Aceptaría Pansy meterse en la cama con Granger y Draco?!

Theodore supo entonces que el cerebro de Zabini estaba demasiado ocupado creando sus propias fantasías para ver lo evidente. Suspiró negando lentamente y pensando qué más además de sexo habitaba en la cabeza de su amigo, porque la verdad se parecía más a Pansy de lo que ambos se daban cuenta.

-No digas tonterías, Blaise.-dijo tomando su libro entre las manos, poniéndose de pie y sonriendo irónicamente a su amigo-Pansy no besaría a Granger aunque su vida dependiese de ello.-vio como los ojos de su amigo destellaban en una forma extraña y añadió antes de reír-Y te recomiendo que te des una ducha de agua helada…

-Eso es exactamente lo que voy a hacer…-dijo él poniéndose a su lado y avanzando juntos hacia los dormitorios-¿Pero sabes quiénes formarían un harén perfecto para mí…? Trata de adivinar…-Theo suspiró, de ninguna manera contestaría aquella pregunta, no quería siquiera participar en la invención de las locuras sexuales de su amigo-Cinco, sólo cinco.-Theodore enarcó una ceja mientras entraban en la habitación y se sentaba en su cama, a la vez que su amigo se quitaba la ropa y tomaba una toalla antes de adentrarse en el baño-¡Pansy, Greengrass, Weasley, Granger y Lovegood, pues aunque parezca una loca desquiciada volvió hermosa de este verano ¿No crees, Theo?! ¡Eso sería perfecto!

Sólo eso le faltaba. Oírla mencionar una vez más. Se tiró bocabajo en su cama y trató de dormir, y lo consiguió, aunque fue bastante difícil después de pensar en no muy castas cosas que pensaba hacer con Luna.

Sueños bastante agitados, así se podrían definir la gran cantidad de imágenes que se sucedieron tras sus párpados mientras descansaba. Se levantó de repente en medio de la oscuridad de su habitación, maldiciendo por lo bajo a Blaise y al par de gorilas que no fueron capaces de llamarle a cenar. Odiaba llegar tarde al Gran Salón y que todos se dieran cuenta de su entrada, pero no tenía otra alternativa si no quería morir de hambre.

No pudo encontrarla en su mesa, por más que sus ojos detallaron a cada alumna de Ravenclaw no pudo verla y empezó a pensar que ella tal vez…Agitó su cabeza y sacó aquellos pensamientos de su mente mientras que no se quitaba de encima la mirada de su últimamente perspicaz amigo. Blaise tenía serias sospechas de que Theodore le estaba escondiendo algo, quería averiguar que era y en el momento que él menos pensara lo haría. Pero no ocurrió nada fuera de lo normal, tan pronto terminaron de cenar se fueron juntos a la sala común, terminaron algunos deberes de Defensa Contra las Artes Oscuras y hablaron sobre los últimos resultados de Quidditch que aparecieron en El Profeta. Nada fuera de lo común.

Cerca de las diez de la noche llegaron juntos a la habitación y Blaise comenzó a creer que se estaba volviendo paranoico. A pesar que estaba viendo a su amigo entre las sábanas de la cama que estaba frente a la suya no podía evitar pensar que algo se le estaba escapando. Se acostó con el tema aun dándole vueltas en la cabeza y se durmió al poco tiempo mientras los ronquidos de Greg resonaban en la habitación.

Theo se levantó cuando estuvo seguro que sus tres compañeros de cuarto dormían profundamente. Se vistió en la oscuridad y salió sin hacer el menor ruido. Eran las once y media en el momento en que cruzó el Vestíbulo, subió raudo las escaleras y casi sin aliento abrió la puerta que le daba paso a la Torre de Astronomía. Ahora sólo le faltaba esperar. ¿Qué pasaba si ella no llegaba? ¿Si le dejaba esperando toda la noche?

Sonrió. Luna jamás le haría algo así, por lo que mientras se apoyaba en el muro levantó sus verdes ojos al cielo y admiró todas las estrellas en su esplendor mientras la luz de la luna le llenaba por completo. La noche estaba por completo despejada.

-¿Llevas mucho tiempo esperándome?-una suave voz llamó su atención, se giró hacia quien habló y su cuerpo quedó paralizado ante la visión de la chica que le sonreía angelicalmente: porque eso era lo que Luna Lovegood parecía, un ángel. Sus ojos azules brillaban con intensidad, su largo cabello rubio estaba anudado en una trenza que llegaba más debajo de su cintura, su piel sonrosada parecía ahora marfil bajo la luz blanca. Se quedó sin habla mientras su corazón alcanzaba velocidades insospechadas mientras se sonreían el uno a la otra-Espero que no.

(…)

Aunque estaba bastante ocupada escribiendo en su pergamino, se detuvo un instante para alzar su vista y mirarlo de reojo. Parecía bastante concentrado en lo que hacía y la ignoraba perfectamente, mordió su labio inferior en un gesto inconsciente y se volvió a sumergir en su redacción de Transformaciones. Pero le era difícil, no el entender los diecisiete principios básicos de la Transfiguración humana, eso era sencillo; sino el poder concentrarse sabiendo que estaban sentados en frente esa mesa…la misma del día anterior. Cada sencillo roce de la piel de sus manos con la madera de roble hacía que sus poros se erizaran y un terrible calor se apoderara de sus mejillas.

Él apartó su vista de la pila de registros de todos los libros prestados durante el último siglo, que le había dado la bibliotecaria para que ordenara, y la miró con detenimiento un par de segundos. Estaba sonrojada otra vez, leía y transcribía frenéticamente como si su vida hubiese sido diseñada para hacer eso. Esbozó media sonrisa y admiró el suave tono rosa que había tomado su cara, sabía que él era el causante de eso y ensanchó su sonrisa con arrogancia; y es que Madame Pince no había escogido otra mesa en toda la biblioteca para mandarlos a sentar, mientras él cumplía su castigo, que aquella donde se habían encontrado la noche anterior, entre estantes repletos de diccionarios de la más extrañas lenguas mágicas justo al fondo del sombrío lugar.

Sabía que Granger se revolvía incómoda en su asiento y le lanzaba miradas de soslayo una que otra vez, pero no la culpaba. A él también le había tomado por sorpresa la situación, de hecho, le había parecido bastante hilarante y de no ser porque debía ordenar todo ese montón de pergaminos viejos ya hubiese aprovechado para molestarla un poco. Suspiró un poco abatido y tomó el siguiente papel:

"Solicitante: Lucius Malfoy. Libro: "Artes Oscuras: desde la tenue penumbra hasta las tenebrosas sombras". Ejemplares: 1. Sección: Prohibida. Estado del préstamo: Aprobado. Observaciones: El estudiante es prefecto, buen alumno y responsable, el profesor Horace Slughorn ha concedido su permiso para el préstamo."

Suspiró nuevamente pero ahora desganado, no esperaba nada diferente de su padre. Marcó el papel con tinta roja en una esquina y lo colocó junto con los del mismo año apartándolo de su vista rápidamente: no quería pensar en Lucius, no en ese momento. Tomó una decisión repentina y cogió el papel entre sus manos, se puso de pie y se desperezó lentamente, comenzó a caminar alejándose de la mesa hasta que una exclamación le detuvo:

-¡¿A dónde crees que vas Malfoy?!-Hermione, para su sorpresa había casi gritado y con una voz tan chillona que se arrepintió al instante. Draco alzó una ceja y la miró con curiosidad-Eh…los dos metros, ¿No lo recuerdas o qué?

Él se siguió alejando y al estar cerca de los límites de distancia arrojó una pequeña pelotita de pergamino hacia una caneca con bastante puntería, Hermione se sintió bastante tonta y volvió a enterrarse de cabeza en sus deberes mientras Malfoy revisaba los estantes, a ella le pareció que estaba buscando algo, pero en realidad no buscaba nada. Sólo imaginaba con satisfacción, mientras contemplaba los libros, que había botado a su padre junto con sus creencias a la basura.

-Hermione…Madame Pince me dijo que estabas aquí.-ella se giró a quien hablaba y se encontró de frente con un opaco y abatido Ernie McMillan. El Hufflepuff al notar la extraña, pero aparentemente distante, compañía de la chica pareció espabilarse un poco pero al parecer no tenía muchas ganas de hacerlo-Quería preguntarte si vas a hacer la ronda hoy de la Torre de Astronomía…

Hermione le miró sintiéndose bastante culpable, pero no podía decirle la verdad así que después de suspirar asintió con la cabeza mientras atrás de ella Malfoy sonreía complacido.

-Sí…Y tú ¿Cómo estás?-titubeó antes de preguntar, pero se sintió mejor haciéndolo. Ernie se sorprendió un poco con esas palabras, así que decidió actuar como siempre lo hacía: como Ernie McMillan. Una ancha sonrisa se dibujó en su rostro, aunque no tuviera nada por lo cual sonreír, inclinó un poco su cabeza en un gesto caballeroso y habló con pompa.

-Bien, Hermione. Muchas gracias por preguntar, tal vez un poco cansado pero nada que no se pueda arreglar.-Hermione sonrió al ver que al parecer estaba mucho mejor que esa tarde-Lamento tener que dejarte, pero debo ir a cenar para poder hacer mi nueva ronda esta noche. Debo hablar seriamente con la Premio Anual…digo, con los Premios Anuales, no pueden ir cambiando horarios así como así. Es una total irresponsabilidad. Buenas noches Hermione. Malfoy.-Y tras hacer un gesto con la cabeza a ambos desapareció tras un estante de libros.

Se sentía mucho mejor, al parecer Ernie no estaba tan mal como ella pensaba. Y es que se sentía un poco culpable al no haberlo defendido de las venenosas palabras de Malfoy durante la tarde.

-¿Quién lo diría?-escuchó que su rubio acompañante decía suavemente mientras se sentaba a su lado-Ese McMillan es bastante bueno mintiendo después de todo…

-¿De qué hablas…?-preguntó Hermione tratando de ocultar su sorpresa.

-Granger, Granger…siempre tan ilusa.-dijo pareciendo decepcionado-¿En realidad crees que puede estar tan bien como trató de aparentar? Está destrozado y sólo lo está ocultando, pero tú eres tan tonta que ni siquiera si ocultaran un dragón tras una escoba lo notarías…-ella le miró con furia apretando sus puños y eso sólo lo animó a seguir, quería verla enojada otra vez-¿Crees que andaría por ahí como si nada después que se enteró de lo que hizo su noviecita conmigo?-sonrió con sorna y continuó-Sanders… ¡Y yo que pensé que no era más que una santurrona!-Hermione le miró con una rabia inusitada, no sabía si era porque la trataba de tonta o porque comenzaba a darle detalles de cosas que ella no quería saber ¡¿Por qué tenía que importarle lo que ese hurón saltarín hubiese hecho con ella?! Apretó aun más sus puños ¡Le importaba y eso era lo que más le indignaba! Él la miró con esos ojos grises, tan claros, tan llenos de burla y comentó-Es que últimamente me estoy llevando grandes sorpresas con las mojigatas…

Suficiente. Hermione alzó una mano para estamparle una cachetada con toda la fuerza posible pero él logró atraparla en el aire. De un suave tirón la acercó a él y le dijo mientras su aliento golpeaba su rostro:

-Creí decirte, Granger, que no te atrevieras a volverme a tocar…-esbozó una sonrisa irónica y comenzó a acariciar levemente con su pulgar la parte interna de su muñeca a la vez que suavizaba su agarre. Ella le miraba con rabia, ese par de ojos mieles le miraban como si quisieran matarle, pero eso le gustaba más. No quería ver esa estúpida Mirada: la mirada de abandono, de sumisión y de entrega que hacían todas las chicas al tenerle cerca.

Ella se giró nuevamente hacia sus papeles, sacudió su mano para soltarse de él y bufó desesperada. Pero no dijo nada. Draco la miró extrañado, quería que le contestara, que siguiera su juego, pero no. Ella no dijo nada. Se sintió un poco decepcionado y la miró fijamente, pero no funcionó. Comenzó a ignorarle, pero él sabía que ella no podría hacer eso por mucho tiempo.

Hermione se estaba enrojeciendo otra vez, la rabia la llenaba y un intenso calor la abrasaba: bastó que él tomara su mano para empezar a recordar, pero no quería mostrarse débil ni tonta. Por eso prefirió callar y que su cabello ocultara parte de su rostro. Recordó cómo la rodeó con sus brazos en ese pasillo, cómo su aroma le llenaba por completo, cómo no dijo nada mientras ella le miraba esperando un reproche: Sólo se puso de pie y la esperó para caminar juntos hacia la biblioteca, no mencionó ni una palabra de lo sucedido, justo como si nada hubiese sucedido; y es que el Draco Malfoy que ella odiaba salía fácilmente a flote en los momentos menos indicados: "Ni siquiera te atrevas a pensar que le contarás a alguien sobre lo que pasó en ese corredor, sangresucia." Sí, eso fue lo que él dijo tan pronto ella le alcanzó. Suspiró aflojándose la corbata, no era fácil lidiar con esos efectos secundarios. Mientras retomaba su redacción para la profesora McGonagall, le agradó pensar que Malfoy no era tan malo, sólo era…raro, ese apelativo le quedaba muy bien. Así que sonrió satisfecha y logró concentrarse en su trabajo nuevamente hasta que una voz le hizo detenerse:

-Señor Malfoy, señorita Granger.-ambos alzaron la vista y se encontraron de frente con la imagen de la bibliotecaria-Voy a cenar, pero no vuelvo.-miró su reloj y agregó-Ya es tarde para ir a comer y hoy cerraremos más temprano, pues la biblioteca está vacía. Órdenes del profesor Dumbledore: si no hay estudiantes se cierra...-resopló y terminó-Les ruego que tan pronto finalicen lo que están haciendo cierren.

La vieron alejarse mascullando algo acerca de las locuras del director y de que el acceso al saber debía ser ilimitado. Draco miró la hora, eran un poco pasadas las ocho, ellos no habían cenado y al parecer ya no lo harían. Tomó otro papel de la enorme pila que reposaba a un extremo de la mesa y trató de leer cuando las palabras de Hermione le interrumpieron de repente:

-¿Tienes novia, Malfoy?-dijo sin dejar de escribir un instante y como si le preguntara por el clima. Él se dejó sorprender por la pregunta pero al instante borró cualquier pizca de asombro en su cara y sonrió de medio lado.

-¿Celosa…?-siseó burlón esperando el contraataque de la Gryffindor.

-Para nada.-dijo ella hojeando el libro con total tranquilidad-Curiosidad.

Eso sí que lo dejó fuera de base. No se lo creía pero no cometería el error de demostrar demasiado interés en ella. Trató de leer el papel entre sus manos pero no podía concentrarse ¿Por qué Granger le preguntaba aquello? No era tan tonto como para creer que era sólo curiosidad… ¿Podría ella estarse interesando en él más de lo normal? Sonrió ante esta perspectiva y se acercó un poco más a ella.

-No.

-¿No qué?

-No tengo novia.

-Eso pensé.

Draco alzó una ceja indignado, debió escuchar mal: ¿Había dicho la sangresucia que pensó desde un principio que él, Draco Malfoy, el príncipe de Slytherin, capitán del equipo de Quidditch, millonario, apuesto, seductor; no tenía novia?

-¿Y se puede saber porque supusiste tamaña locura?-dijo mirándola con algo de rabia en sus ojos grises. Ella alzó los hombros y le vio de frente mientras respondía burlona a su pregunta:

-Bueno, parece que no es una locura después de todo: No tienes novia.

Él chasqueó la lengua y con su dedo índice levantó el mentón de Hermione que se había vuelto a sumergir de cabeza en sus papeles. Sintió con orgullo como ella se estremecía con el contacto y le dijo lentamente, como si le costara entender las cosas:

-Te estás enfocando mal, Granger.-dijo moviendo la cabeza negativamente-No es que hagan falta chicas que caigan rendidas a mis pies con sólo pedirlo…no tengo novia porque soy demasiado guapo, demasiado irresistible, demasiado bueno para quedarme con una sola ¿Para qué tener a una si puedo tenerlas a todas?

Ella se le quedó viendo fijamente a los ojos y sonrió de medio lado, justo como él lo hacía. Apartó su pluma y los pergaminos que tenía frente a ella, y aun con la mano de Draco en su mentón le dijo:

-Creo que eres tú quien se está enfocando mal, Malfoy.-él se sorprendió por su respuesta pero sonriendo irónico comenzó a bajar sus dedos por el cuello de Hermione, ella cerró los ojos al sentir su caricia. Sólo había satisfacción en la cara de Draco. Sólo eso.

-¿Me podrías explicar a qué te refieres con esto último…?-Hermione abrió la boca para responder pero para sorpresa de ambos sólo acertó a salir por su garganta un suave gemido provocado por los dedos del Slytherin que ya habían llegado a su pecho y hábilmente se abrían paso por entre su suéter y los botones de su camisa.

-…Por supuesto…-dijo ella aun con los ojos cerrados-Ninguna mujer en su sano juicio sería tu novia Malfoy, no al menos por mucho tiempo…-él se sorprendió mucho más con esta confesión y decidió atacar la lucidez de Hermione acercando su rostro y preguntándole, al tiempo que sus labios se rozaban:

-¿Y se puede saber por qué, según tú, no estarían conmigo mucho tiempo?-perfecto, pudo sentir como su respiración se agitaba y como apretaba sus labios antes de poder hablar. Pero no estaba entre sus planes que respondiera tan pronto, así que la acercó a él e hizo que se pusiera de pie, la aprisionó entre su cuerpo y un estante, y sonrió arrogante al ver que abría los ojos y le miraba con ansias. Colocó sus manos en sus piernas y llevó sus labios a su cuello, le besó tras la oreja mientras escuchaba su respuesta algo entrecortada:

-Sólo una…mujer masoquista como…-se detuvo para tomar aire. Lo necesitaba si las manos de Malfoy seguían acariciándola de esa forma bajo su falda-…Como Parkinson…

-¿Pansy?-dijo él sin entender porque salía su mejor amiga a colación. Hermione sin poder soportarlo más subió sus manos al cuello de Draco y le acercó más a sí, comenzó a perderlas entre su suave cabello y trató de seguir mientras sus traviesos dedos habían llegado hasta su ropa interior.

-Sí, una idiota como ella…-cerró los ojos y las piernas con fuerza al sentir que pretendía quitarle su prenda y él sonrió ante ese gesto-…Ninguna mujer soportaría tus infidelidades…ni tus desplantes…ni tus…-Hermione fue cortada de repente por un hondo suspiro que se le escapó y que fue provocado por la hábil acción de Draco. Había logrado escurrir sus dedos por entre sus piernas cerradas y no pudo menos que encantarle lo que encontró: una muy excitada Hermione que aunque no lo dijera (y es que eso era lo mejor) se moría por él.

No lo resistió más, la besó con desesperación, con ansias, con necesidad. Porque eso era lo que ella se estaba volviendo para él, una necesidad; una que necesitaba ser saciada tan pronto la sentía. Tan pronto ella abrió sus labios dejó que su lengua se deslizara dentro de su boca para conocerla aun más, y es que Hermione Granger era un dolor de cabeza en todos los sentidos y sólo así, besándola, lograba que se callara y se dedicara a ser suya y nada más.

"Es Malfoy", le repetía una y otra vez su conciencia, "Es Malfoy y debes alejarte de él". No necesitaba que se lo recordara, sabía bien quién era y por eso era que no se podía alejar. Adictivo, así lo definiría en ese momento. Y es que el desgraciado parecía entrenado para hacer dejar de funcionar su parte racional, pero nadie podría pensar con claridad si ese rubio de cuerpo perfecto, de ojos perfectos, de caricias perfectas le besaba al tiempo que sus manos traviesas exploraban justo ahí. El mismo lugar que tan celosamente había guardado de quienes habían logrado despertar algo en ella (entiéndase Krum y Ron) pero que para él era tan inusualmente fácil llegar. Hubiese querido detenerse, bueno, una pequeña parte, pero una muy pequeña de su ser le pedía que se detuviese, pero era imposible. Era completamente tonto e imposible llegar a pensar que alguna mujer podría renunciar a sentir tanto placer, y ella no era la excepción.

O al menos eso pensó hasta el momento en que vio que sus túnicas estaban en el suelo y que Malfoy estaba sin suéter ni camisa y con el pantalón desabrochado, y al mismo tiempo sentía que comenzaba a levantar delicadamente su falda para poder llegar a donde él quería…y que unos pasos suaves y acompasados se acercaban a dónde ellos estaban.

Él pánico se apoderó de ella, porque el Slytherin al parecer no había notado nada. No supo qué hacer, la situación era tan comprometedora que su mente se bloqueó por unos segundos mientras que el sonido del intruso se hacía más fuerte; empujó a Draco bruscamente hacia atrás y aprovechó que ella sí estaba por completo vestida, si no se contaba con su desaliñado aspecto y con que su ropa interior en el suelo, y avanzó hasta llegar al lugar donde provenían las pisadas, estaba dispuesta a no dejarse descubrir en tan vergonzosa situación, ya inventaría algo para espantar a quien fuese, cuando en la mitad del pasillo principal de la biblioteca casi choca con una alta e imponente figura.

Su cara, antes sonrosada, perdió cualquier clase de color. Blanca como una hoja y temblando como si estuviera congelándose dio un paso hacia atrás al ver que quien estaba frente a ella no era otro que Albus Dumbledore. Las palabras se le atragantaron en la garganta y observó la paternal figura de su director sonreírle bajo el chorro de luz blanca que inundaba el lugar gracias a los ventanales amplios del fondo del pasillo principal. Aquella iluminación no hizo sino hacerla sentir peor y estuvo dispuesta a morir en ese momento. Pasaron segundos, minutos, muchos minutos…pudo jurar que estuvieron cerca de quince minutos mirándose en silencio sólo iluminados por la luz de la luna. El profesor esperaba que ella estuviese dispuesta a hablar, pero lo que no sabía es que ella no podría decir palabra en mucho tiempo.

-Señorita Granger.-dijo amablemente el director, pero ella fue incapaz de articular cualquier palabra. Él la miró por encima de sus monturas de media luna y le sonrió. El anciano tosió un poco y su cara se tornó un poco roja por aguantar la respiración-Veo que, no muy inteligentemente, acaba de romper el hechizo que la une al señor Malfoy.-su cara palideció aun más si aquello era posible ¡Había sido una tonta! ¡Olvidó por completo esa estúpida regla de la distancia! Sólo quería evitar ser atrapados y lo único que hizo fue empeorar las cosas…sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, se sentía avergonzada, estúpida, irresponsable… al parecer nada le salía bien últimamente.

-Profesor…yo…-su voz estaba entrecortada por el llanto contenido, no quería un sermón, no quería que le llamaran la atención, no quería que dejaran de verla como la prefecta Granger que cumple las normas y siempre hace todo bien…

-¡Oh, señor Malfoy! Veo que nos honra con su presencia.-Hermione se giró espantada y miró a Draco, se había colocado la camisa blanca del uniforme y se acercaba lentamente, como esperando lo peor-Estaba aquí tratando de respirar en medio de tan dulce olor y diciéndole a la señorita Granger que han roto el hechizo que la profesora McGonagall colocó sobre ustedes…-Malfoy rodó los ojos y resopló desesperado, ya lo sabía. Lo supo desde que la vio correr despavorida alejándose de él-Y me pregunto si pudieran ser tan amables de decirme por qué ha sucedido esto.

No, Hermione no podía, estaba literalmente paralizada, como si le hubiesen lanzado un Petrificus Totalus. Pero Draco sí podía, en principio no estaba tan asustado como ella y por otro lado antes de hacer aparición había tenido tiempo suficiente para calmarse, en todo sentido. Dio un paso adelante, y sin saber muy bien por qué, alistó una fugaz excusa en tanto Hermione, asustada hasta la médula, vio como su perfil pálido era bañado por la luz plateada que se colaba en el lugar.

-Granger estaba huyendo de mí, señor.-dijo Draco mirando fríamente al director que dejó ver un poco de asombro en sus ancianas facciones-Usted más que nadie sabe lo tonto que ha sido dejarnos juntos por tanto tiempo.-Dumbledore asintió y le instó a continuar, él le echó una mirada de reojo a Hermione y prosiguió en tono aburrido-La llamé sangresucia, me golpeó y luego corrió.

Hermione no podía terminar de comprender las palabras que acababa de escuchar. Malfoy mentía, mentía para encubrirla, mentía para… ¡Un momento! ¡¿Había dicho que lo había golpeado?! ¡La castigarían! Lo miró con rabia un momento y se cruzó de brazos mirando a otro lado.

El anciano profesor sólo sonrió al observar aquel cuadro, Draco era sin duda un buen actor pero él sabía perfectamente que hacían cuando llegó a la biblioteca. Y llegó a detenerlos por supuesto, notó que algo estaba pasando entre ellos y no se opondría, es más, compartirían la noche en la Sala de Menesteres, pero ese no era un lugar prohibido a diferencia de la biblioteca: no quería ni imaginar lo que pasaría si se volvían a encontrar en un lugar prohibido a hacer cosas prohibidas…el resultado pudo haber sido desastroso.

Les sonrió a ambos estudiantes debajo de sus barbas plateadas que brillaban por la luz blanca y les miró con aire paternal por encima de sus gafas mientras ellos sentían que sus ojos azules les penetraban y atravesaban el cuerpo. Sacó su varita y con un gesto de la mano le indicó que se acercaran. Pronunció los complicados encantamientos y sonrió nuevamente al terminar:

-Espero que logren llevarse mejor hasta mañana al mediodía.-ellos miraron al profesor, uno con impotencia, la otra con incredulidad; y le escucharon continuar-Sólo venía a preguntarles si sabían a dónde deben dirigirse a dormir esta noche.-ambos asintieron con desgana-Bueno eso era todo ¡Pero miren la hora! ¡Ya casi deben cerrar la biblioteca!-Hermione caminó alejándose hasta donde se encontraban sus pertenencias y cuando Draco se dispuso a seguirla la mano del profesor en su hombro le detuvo, se giró hacia él y escuchó en un susurro-Muy noble lo que acaba de intentar hacer por la señorita Granger.-él resopló y puso los ojos en blanco, igual que cuando le dijo a Potter que se disculpara, no tenía muy claras las razones de por qué lo hizo. Su profesor siguió hablando en voz muy baja para que Hermione que se acababa de detener un poco más de un metro más allá no les escuchara.-¡Oh, sí! Muy noble, debo admitirlo. Nada mal para estar en Slytherin, treinta puntos a su casa por ese acto de nobleza. Sí, señor. Treinta puntos para Slytherin.

El profesor Dumbledore comenzó a caminar hacia la salida dejando tras de sí a un Draco atónito que no daba crédito a las palabras escuchadas. No pudo moverse aun después de verlo desaparecer por la enorme puerta y no escuchar más sus pisadas. Lo único que logró sacarlo de aquel estado de mutismo y perplejidad absoluta, fue un ligero toque en su hombro. Hermione estaba de pie junto a él y le preguntó mientras comenzaba a caminar:

-¿Es qué no te piensas mover?-él al escuchar sus palabras se movió tras ella sin replicar nada, cosa que la extrañó bastante y decidió seguir hablando-¿Qué te dijo Dumbledore que te dejó así?

Escuchó claramente la pregunta de Granger, pero jamás se la respondería. Caminó a su lado y hasta que llegaron a la mesa su mirada gris se mantuvo distante y lejana, tratando de asimilar lo que le acababa de decir el director: Había hecho algo noble, tampoco es que fuera la maldad personificada pero no se distinguía por su nobleza; sin embargo lo que le había impactado realmente era el trasfondo de la cuestión. Había hecho algo muy noble, sí, pero por Granger. Por aquella sangresucia que tenía que soportar atrás de él hasta el día siguiente. Aquella que se supone con la que estaba sólo por placer, y es que nada le hubiese provocado un placer más grande y retorcido que verla tratar de inventar a medio llorar una excusa a su director. Pero fue él mismo quien los sacó del apuro y al parecer lo hizo por ella…

Ambos tomaron sus cosas, Hermione no podía dejar de pensar en la extraña actitud de Malfoy y en lo que había inventado al profesor Dumbledore para tratar de encubrirlos. Eso había sido raro. Raro como él y como todo lo que le rodeaba. Suspiró y esperó por él, una vez estuvieron fuera de aquel endemoniado lugar pudo relajarse más. Caminaban por los pasillos más vacíos y tomaban atajos que sabían solitarios: aun estaba permitido andar por los pasillos y no querían toparse con nadie que se creyera digno de explicaciones, y ciertamente ninguno de los dos quería usar la capa de invisibilidad. La noche estaba particularmente despejada, no había nubes en el cielo y la luz de la luna se colaba por entre las ventanas del castillo.

Hermione vio el siempre sereno perfil de Draco, no parecía estar atormentado nunca por nada, sus ojos grises se veían aun más claros esa noche y se mordió el labio inferior al pensar en lo tonta y débil que había llegado a ser. Hacía lo que él quería, respondía a sus caricias, se dejaba llevar. Eso cambiaría, cambiaría para esa noche. Para el momento en que se detuvieron frente a una pared lisa y común que estaba en el séptimo piso con un cuadro de trolls aprendiendo ballet a sus espaldas, Hermione ya había tomado una decisión que no tenía reversa: No podía permitirse involucrarse más con Draco Malfoy. No más de lo que ya estaba.


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Y qué tal? Espero que les haya gustado. Jeje, sé que la verdad no llegué a ninguna parte. Ya verán como sigue la historia en el próximo capítulo que sé que hará que a más de una le dé un paro cardíaco.

Bueno creo que eso era todo. Ya saben que agradezco MUCHO sus reviews y que los respondo por PM (Por aquí se me hace bastante engorroso), y a las que no dejan sus reviews igual muchísimas gracias por leer y anímense!!

Un besote!!

Londony S.