Holis, holis! Hoy estoy realmente feliz pues no pensé terminar este capítulo por ahora debido a que ahora que estoy de vacaciones estoy siendo laboralmente explotada por mi madre ¬¬

En todo caso finalmente ha llegado la hora tan esperada por muchas y que yo me encargué de atrasar...Muhajajaja. Bueno, traté de que valiera bastante la pena para compensarlas por el anterior que al parecer no llenó todas sus expectativas, y aquí está, no las distraigo más y sólo les recuerdo que me dejen sus Reviews.

Ah! Se me olvidaba Harry Potter, Todos sus Personajes, Lugares y todo lo demás son una marca registrada de nuestra querida J.K Rowling y... de Warner Bros, para la gran desgracia de nosotros los fans.

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16

DULCES SUEÑOS

"Necesito un lugar para pasar la noche con Malfoy, necesito un lugar para pasar la noche con Malfoy, necesito un lugar para pasar la noche con Malfoy.". Hermione caminaba desesperada de un lado a otro del pasillo mientras Malfoy esperaba impaciente un poco alejado. La enorme puerta apareció frente a la Gryffindor que temblaba como una hoja al acercarse a abrirla aunque sabía muy bien lo que quería (o al menos eso pensaba ella) y esperaba que la Sala se lo ofreciera tal cual lo dibujó en su mente: dos camas separadas un metro y noventa centímetros con un biombo en la mitad ¡No, qué biombo ni que nada! ¡Un muro de concreto de dos metros de alto! Suspiró aliviada y giró el pomo de la puerta mientras Malfoy se acercaba a ella.

Hermione no pudo evitar soltar un grito ahogado, cerrar la puerta de golpe y ponerse en frente a Draco para evitar siquiera que se acercara adentro. Él alzó una ceja y preguntó arrastrando cada sílaba con desprecio:

-¿Se puede saber qué bicho te pico ahora, Granger?-ella se aferró con más fuerza a la puerta y él lo comprendió todo, dejó que una sonrisa maliciosa se dibujara en su rostro y añadió con ironía-¿Me puedes decir que apareció dentro de la sala? ¿Algo…atrevido tal vez?

Hermione se puso tan roja como los cabellos de todos los Weasley juntos, movió negativamente su cabeza y trató de no mirar a los ojos grises y fríos de Draco, que comenzó a avanzar peligrosamente hacia ella. La apartó de un tirón brusco y mientras ella se golpeaba con una armadura cercana, él abría la puerta lentamente.

Silencio. Un silencio largo y profundo. Ella le miraba espantada a la vez que él miraba fijamente el interior del lugar aun con su mano derecha sobre la puerta, Hermione esperaba lo peor: una sonora carcajada burlona y el restregarle en la cara como ella era una de las tantas que se morían por él. En su cara se dibujó el horror, su orgullo Gryffindor no lo soportaría.

Pero no sucedió nada.

Un minuto.

Dos.

Tres.

Nada.

Entonces, dudosa y sigilosa, se acercó al lugar donde estaba él y supo inmediatamente que no debió hacerlo. Una sonrisa sardónica cruzaba su rostro y se giró a verla a su lado con sus impenetrables ojos grises, se dispuso a hablar impregnando cada palabra con la más dolorosa ironía para Hermione:

-Granger.-posó por un instante sus ojos dentro de la habitación e inmediatamente los volvió hacia la muy sonrojada chica-Sé que me deseas con todo cuerpo y con toda tu alma. Eso es bastante normal. Pero esto no se justificaría ni siquiera si de verdad estuvieses pensando en estudiar en vez de estar conmigo…

Dicho eso señaló el interior de una enorme biblioteca tan alta como una catedral y muy parecida a la del colegio; había que darle crédito a Draco pues había hecho esfuerzos sobrehumanos para no carcajearse frente a Granger. Comprendió entonces que al parecer, y sin saberlo, había cumplido la más anhelada fantasía de la chica cuando profanaron su sagrado templo del saber, fue por eso que su excitación no tuvo límites esa noche, fue por eso que disfrutó tanto lo que pasaba; por lo que ahora era razonable que a pesar de todo el empeño puesto por ella, frente a sus ojos y entre dos estantes altos y repletos de libros, apareciera una mesa larga de roble, justo como aquella…

Hermione estaba demasiado avergonzada para hablar, había estado tan decidida al repetir su necesidad tres veces, no entendía porque de repente la Sala de Menesteres había hecho aparecer una biblioteca ¡Debía estar averiada la Sala! ¡Dumbledore debería mandar a revisar la magia o algo así! ¡¿Cómo podría ella pasar la noche en una biblioteca con Malfoy?! Bueno, para ser completamente honesta, ella si sabía que podía hacerlo y también sabía haciendo qué, pero primero pisoteada por una manada de hipogrifos que aceptándolo. Se armó con el poco valor que le quedaba y afirmó convencida (o al menos esa era su intención):

-¿Quién te dijo a ti, Malfoy, que yo no estaba pensando en estudiar cuando quise que apareciera la biblioteca? -caminó con paso decidido y se adentró en el lugar-¿Qué pensaste que quería hacer contigo?-entonces añadió maliciosa-¿No estarás pensando en mí más de lo que corresponde, verdad?

Draco alzó una ceja indignado. Granger era la mujer más descarada e hipócrita que había conocido alguna vez, ahora decía que él se estaba imaginando cosas y, aun peor, que era él quien quería estar con ella. Le agarró del brazo y la haló hacia afuera del salón.

-Supongamos que te creo.-dijo con desprecio palpable cerrando la puerta que fue desapareciendo-Supongamos que querías pasar toda una noche de estudio abnegado y desinteresado, y que para nada querías que yo…-la haló aun más por el brazo, puso su mano libre en su cuello y acercó su rostro al de ella mientras le sonreía seductoramente-Que yo te subiera en esa mesa y nos distrajéramos en cosas menos académicas…

Hermione le devolvió la sonrisa y puso sus manos sobre su pecho, Draco sonreía complacido, era irresistible, y al parecer aquella sí sería una noche bastante interesante, cuando de repente y cuando él menos se lo pensaba, ella lo empujó fuertemente hacia atrás haciéndolo perder el equilibrio:

-¡Ni en tus más dulces sueños, Huroncito! -Sonrió complacida, había sido bastante fácil desprenderse de sus garras esa vez, le miró burlona y añadió retándolo-Si crees que puedes hacerlo mejor: ¡Adelante! ¡Inténtalo! Y demuéstrame de paso que tan poco importante soy para ti…

Draco caminó furioso hasta el final del pasillo seguido por Hermione de lejos, ya le demostraría a esa sangresucia atrevida lo poco importante que era para él: Sólo un pedazo de carne que le proveía placer, debía considerarse afortunada ya que a pesar de ser inferior, él se dignaba a posar sus ojos sobre ella, a unir sus labios con los de ella, tocar su piel con…

Un calor sofocante lleno el pasillo de repente y Draco se sintió por completo avergonzado ¡¿Por qué rayos había estado recordando esa clase de cosas y de esa forma?! El pasar tanto tiempo con la comelibros le había comenzado a afectar el cerebro. Procuró caminar rápidamente de un extremo a otro del pasillo, concentrándose en lo que quería y sintiendo a sus espaldas los suaves pasos de Granger que le seguía de cerca.

Ambos se detuvieron frente a la puerta. Hermione tenía una sonrisa llena de triunfo al notar la pequeña, pero muy pequeña, vacilación que había sufrido Draco antes de decidirse a abrir finalmente la puerta. Pero se fue borrando poco a poco mientras en la del Slytherin comenzaba a aparecer una igual, él la miró con petulancia y le dijo arrastrando burlón las palabras:

-Creo que te he demostrado nuevamente que soy mucho mejor que tú, Granger.-ella entró bufando y murmuró:

-Pues ten la amabilidad de recordarme en qué otras cosas eres mejor que yo…

-Por supuesto.-dijo entrando tras ella-Si quieres comienzo ahora mismo…

Odiaba reconocerlo pero Malfoy había hecho un buen trabajo: estaban en un salón amplio y agradable que le recordaba mucho la sala común de Gryffindor, tenía una gran chimenea que le daba calor e iluminación al lugar, rodeado de confortables y mullidos sillones; muy cerca había una mesa amplia que estaba llena de libros, diccionarios y pergaminos, era perfecta para estudiar pues tenía sillas que parecían bastante cómodas; en el rincón más apartado estaban un biombo y varias perchas donde habían dos pijamas, una para cada uno, y dos uniformes, uno Slytherin y un Gryffindor; cerca al biombo había una pequeña puerta que al parecer conducía al baño; ya para finalizar había una gran cama bastante parecida a la suya pero más grande, tenía un dosel púrpura y…¡¡Un momento!! ¡¿Acaba de ver bien?! ¡¿Una cama?!

-¡¡MALFOY!!-gritó mirando la cama con los ojos casi saliéndose de sus órbitas.

-¿Qué quieres ahora, Granger?-dijo Draco con su característica voz sibilante a la vez que sonreía malicioso dándole la espalda y dirigiéndose hacia el biombo, teniendo muy presente que era lo que ella quería.

-¡¿Será que me puedes explicar por qué hay una sola cama?!-estaba descontrolada, sólo por unos instantes alcanzó a creer que Draco Malfoy había dejado de ser el bastardo que usualmente era.

-Por supuesto.-dijo comenzando a desvestirse sin siquiera molestarse en ponerse tras el biombo, provocando un enorme disgusto, o algo así, en Hermione que no podía quitarle la vista de encima.-Tú dijiste que habías pensado en estudiar esta noche y por eso apareció la biblioteca ¿O no?-la Gryffindor se mordió el labio inferior llena de impotencia-Pues, como te has podido dar cuenta, en mi infinita bondad, pensé que necesitábamos un lugar donde pudieras estudiar y donde yo pudiera dormir.

Draco no quería perderse por nada del mundo la cara que haría Hermione tras decirle aquello, pero sus puños apretados, su mirada de furia y sus mejillas sonrosadas fueron suficiente advertencia para él, que sólo esbozó una sonrisa irónica y caminó derechito tras el biombo para terminar de ponerse su pijama.

Era un imbécil, un completo tarado. No podía pensar en nada diferente a lo miserable que era Malfoy al tiempo que veía su silueta tras la pantalla translúcida. Respiró profundo, debía calmarse, él siempre aprovechaba cuando ella estaba enojada para…para…Mejor no pensaba en nada de eso. Él salió en ese momento sólo con el pantalón negro de su pijama y con el torso descubierto, Hermione tosió levemente por la impresión y él alzó una ceja por respuesta.

-Te informo, Malfoy, que a pesar de mi gran entrega al estudio, soy una persona normal, que necesita dormir como todas las demás. Así que veamos si tú en tu infinita bondad-dijo las últimas palabras con marcado dramatismo-Puedes ayudarme el problema de dónde voy a descansar esta noche.

-Déjame ver…-dijo él pensando y caminando hacia la cama donde se sentó cómodamente mientras Hermione permanecía de pie, de brazos cruzados y con la mirada ceñuda frente a él. Se llevó una mano al mentón y dijo fingiendo que pensaba mientras sus ojos grises destellaban de burla-Pues el piso siempre está disponible y si juntas algunos cojines de aquellos sillones puede que sea bastante cómodo… ¿Suficiente para ti?

-¿Tú crees que es suficiente para mí?-dijo ella indignada y torciendo la nariz-Tal vez sea suficiente para tu padre en Azkabán…

Draco se quedó de una pieza y apretó con fuerza sus puños estrujando las colchas que cubrían la cama, sus ojos fríos destilaron odio y provocaron un pequeño temblor en Hermione, él tomó una sabia decisión y se quedó callado: esa era la solución si no quería que corriera sangre impura en la Sala de Menesteres esa noche. Suspiró enojado y se tumbó en la cama, ignoraría los comentarios malintencionados de Granger, respiraría profundo y se calmaría, sangresucia amiga de Potter sabelotodo Granger no merecía ni siquiera su rabia.

El ambiente se volvió tenso de repente y Hermione para evitar sentirse culpable por lo que había dicho, corrió al escritorio y se dispuso a estudiar. Se sorprendió de sobremanera al notar que los libros que estaban sobre él eran suyos. Se introdujo en su mundo de estudio obsesivo compulsivo sin notar que un par de ojos grises como el cielo en día de tormenta le miraban fijamente desde la cama.

Draco trataba encontrar una forma para fastidiar a Granger mientras estudiaba, pero le parecía imposible el concentrarse, de hecho, era doblemente imposible: En primer lugar su cabeza no dejaba de pensar en las locuras que le había dicho su director, trataba de descifrar por qué la había defendido de Potter y se mataba pensando en qué tanto había cambiado su comportamiento hacia Granger pues sabía de sobra que se había ablandado en todo lo referente a ella aunque no lo reconociera en voz alta (Aquel mutismo ante tamaño insulto a su padre era un ejemplo). Y en segundo lugar su estómago crujía reclamando comida y es que no había comido nada decente desde la hora del desayuno, y todo era culpa de Granger otra vez. Cruzó sus brazos sobre su abdomen y miró fijamente el dosel púrpura, bostezó aburrido y hambriento, ya era hora de divertirse un poco.

Hermione había estado todo ese cuarto de hora sumergida de cabeza en sus pergaminos, adelantaba el trabajo para McGonagall de la semana siguiente y dentro de un rato comenzaría a repasar una última vez la lección de Defensa Contra la Artes Oscuras, fue entonces cuando notó que alguien estaba muy cerca suyo. Subió lentamente la mirada y fue descubriendo un torso perfecto, de piel blanca y pálida, con una que otra casi imperceptible marca rosada; hasta encontrarse con un par de ojos que miraban curiosos un libro cualquiera sobre el escritorio:

-¿Qué haces?

-Estudio.-dijo ella sin entender el propósito de la pregunta. Él tomó el libro entre sus manos y lo miró con aun más atención pero Hermione escasamente se dio cuenta.

-¿Y qué estudias?-dijo abriendo el libro aparentemente desinteresado.

-¿Qué estás tramando, Malfoy?-dijo ella alejando sus pergaminos de él y alzando una ceja desconfiada.

-¿Sabes? Contestar con una pregunta es de mala educación, Granger…-y sin decir más, cosa que extrañó a Hermione en niveles alarmantes, se dirigió hacia los sillones cercanos a la chimenea (también muy cercanos a ella) y se dejó caer cómodamente en uno mientras leía el libro con un inusitado interés. Después de pasar un par de minutos viéndolo perpleja y de convencerse que no le iba a hacer nada trató de concentrarse nuevamente en sus estudios pero no pudo, estaba hambrienta y los crujidos de su estomago se lo recordaron-¿Lo que suena así es tu estómago? Pareces un animal, contrólate.-añadió él pasando una página-Tú eres la dueña de tu cuerpo no al revés. Además si no comimos fue por tu culpa…

Ese fue el detonante perfecto para una discusión, Hermione se paró de un brinco y se apresuró en gritar cuando un sonoro crack estalló en medio de ambos, la Gryffindor se quedó paralizada frente la aparición del elfo domestico más querido por ella: Dobby.

Draco apenas sí se giró en su asiento para ver al nuevo visitante y se volvió a abstraer en la lectura del libro que había tomado de la pila de cosas que Granger tenía sobre el escritorio.

-¿Qué haces aquí, Dobby?-preguntó Hermione cayendo sentada sobre su silla nuevamente y aflojándose un poco la corbata.

-Dobby vino a traer esto a Hermione Granger.-dijo el pequeño elfo alzando su brazo derecho en dirección a la chica que abrió los ojos espantada y ahogó un grito de terror, cosa que llamó la atención de Draco, el cual volvió sus ojos hacia ella y luego hacia el objeto que la perturbaba de esa manera. No pudo dejar de esbozar media sonrisa al ver semejante cuadro.

De los delgados dedos de la criatura colgaban las pequeñas y delicadas bragas que Hermione había llevado puestas hasta el momento en que el Slytherin decidió quitárselas un rato atrás. La chica, avergonzada hasta la médula, estiró su mano y se las arrancó al elfo de un zarpazo, digno del símbolo de su casa, a la vez que se apresuraba a esconderlas entre su túnica. Su melena castaña cubría su enrojecido rostro y se dedicó a esperar, porque sabía que llegaría, el comentario sarcástico e hiriente de Malfoy.

-Granger, ¿Es que acaso en las casa muggles no enseñan modales? ¿No vas a agradecer a Dobby semejante favor?-dijo arrastrando las palabras como sólo él sabía hacerlo. Hermione, al escuchar sus palabras, quiso mandarlo al mismísimo infierno incluso abrió la boca pero ni siquiera un pequeño sonido acertó a salir por ella.

-Hermione Granger no debe agradecer nada a Dobby. Dobby sólo hacia su trabajo, amo Draco. El director le dijo a Dobby que el amo Draco y Hermione Granger habían estado en la biblioteca y que habían olvidado algo y le pidió a Dobby que se los llevara, que no los buscara en sus salas comunes, que Dobby sabía a dónde debía ir.- la cara de Hermione palidecía con cada palabra que pronunciaba el elfo doméstico y la sonrisa del Draco se iba ensanchando al mismo ritmo, de verdad que estaba disfrutando aquello. Miró a Hermione burlón y la cara de la Gryffindor comenzó a tomar todas y cada una de las tonalidades del arco iris, mientras el elfo, que al parecer no se daba cuenta de nada, siguió a la vez que sus ojos como pelotas de tenis brillaban de orgullo-¡Y Dobby supo a dónde ir! ¡A la Sala que Viene y Va! Y ya Dobby fue un buen elfo e hizo lo que le mandó el director y ahora Dobby se va para que descansen y…

-Dobby ¿Podrías traerme algo de comer?-la fría voz de Draco sonó más como una orden que como un pedido amable pero aun así el elfo asintió emocionado al escuchar el trato del chico hacia él.

-¿Y la señorita Hermione Granger no quiere comer también?-ella asintió casi imperceptiblemente mientras sus rizos castaños seguían cubriendo parte de su rostro mientras miraba de lo más de interesada sus zapatos. Siendo eso suficiente respuesta para el elfo, tras un sonoro crack desapareció.

Draco dobló con cuidado la esquina superior de la hoja que había estado leyendo hasta ese momento, estaban solos otra vez y había llegado el momento perfecto para su revancha. Dejó el libro sobre el sillón y, esbozando una sonrisa malvada, dio dos pasos largos para acercarse a Hermione.

-Debiste haberme dicho que estuviste todo este tiempo sin ropa interior…-dijo susurrando burlón al oído de una paralizada Hermione-Así tal vez hubiese decidido no privarte de mí…bueno, de mis favores tanto tiempo. Aunque, la verdad, ya tuve suficiente de ti para el resto de mi vida, sangresucia asquerosa…

Esperaba un poco de llanto tal vez, un par de sollozos desesperados por lo que le decía, pero un tacto repentino en esa parte delicada de su cuerpo sintió que le dejó petrificado y le borró la sonrisa de la boca en sólo un segundo.

A pesar de la gran cantidad de juicios equivocados que había hecho la gente hasta un par de años atrás (incluyendo a Ron Weasley), Hermione Granger era una chica, una chica normal pero además mucho más inteligente que cualquier otra, tenía más méritos que cualquier otra e incluso se podía decir que era tan bonita como cualquier otra, y de ninguna manera le había gustado escuchar lo que acaba de decir ese hurón desteñido. Alzó su vista lentamente y se encontró con un pequeño dejo de preocupación en la cara del Slytherin, sonrió ante esto y bajó sus ojos cafés hasta la entrepierna de Malfoy, el lugar donde ahora ella estaba apuntando con su varita.

-Hablando de cosas importantes como estábamos…-dijo ella poniéndose de pie sin retirar su posición de ataque y sin saber que a Draco lo atravesaba un escalofrío de pies a cabeza-Me gustaría saber qué tan importante es para ti eso de tener descendencia, porque en este momento no me faltan ni conocimientos ni ganas para extinguir a la familia Malfoy de la faz del planeta.

Draco se sintió vulnerable en ese momento, y esa era una de las sensaciones que menos le gustaba, los ojos de Granger brillaban con malicia y supo que estaba en problemas, supo que debía pensar con cuidado su próxima movida y supo que esa rabia que comenzaba a crecer en él no era para nada normal…

-¡Es tu maldito problema si me castras en este momento!-dijo secamente-Y podrías matarme también, para ser francos, me harías un favor a mí y al resto del mundo si la familia Malfoy desaparece de la Tierra.-entonces, como cuando un globo se desinfla, sintió como la furia se fue…pero pasó, sólo porque quien compartía aquella magia con él comenzaba a explotar, por lo cual no tuvo tiempo de arrepentirse de lo dicho.

Así no era exactamente como ella se imaginaba las cosas, mínimo tenía que haberse arrodillado a pedirle perdón…pero eso era mucho pedir ¡Por Merlín! ¡Estaba hablando de Malfoy! Lo miró con todo el odio que sus ojos le permitieron y escupió con una creciente rabia inusitada:

-¡Estoy pensando seriamente en hacerlo! ¡Eres una maldita plaga!-subió la varita hasta su pecho y siguió-¡¿Crees que soy como esas tontas con las que sueles acostarte?! ¡Lamento bajarte de tu nube, Malfoy, pero a mí debes respetarme!-Contra todo pronóstico, Draco sólo se alzó de hombros y se dio la vuelta caminando hasta el sillón y Hermione gritó llena de impotencia-¡¿Cómo es que me dejas hablando sola?! ¡Malfoy! ¡Te estoy hablando!

-¿Y qué quieres que te diga?-dijo sin mirarla y aun dándole la espalda-¿Que te amo y que me muero por ti…? Lo siento, pero eso no va a suceder aunque me lances todos los Cruciatus que quieras.

-¡¿Quién te dijo a ti que quiero que me ames, Malfoy?!-gritó ella descontrolada-¡No seas tan engreído! ¡Todo esto es tu culpa! ¡Yo no debo estar aquí! ¡Nada de lo que ha pasado debió pasar! ¡Ahora todo el castillo lo sabe! ¡Ahora el director lo sabe! ¡Ahora Harry lo sabe! ¡Hasta los elfos en la cocinas lo saben! ¡Esto nunca debió ser así! ¡Se supone que nadie debía enterarse…! ¡Maldita sea, Malfoy! ¡Mírame cuando te estoy hablando!

-Escúchame bien, Granger.-dijo impregnándole el más profundo desprecio a cada palabra-No tengo porque aguantar tus pataletas. No sé si estás enterada, porque ser el cerebrito del colegio siempre te mantiene ocupada, pero esta situación ha sido bastante fastidiosa para mí también.-se giró y la miró con sus ojos grises destilando hielo-¡De todas las sangresucias del colegio justo tuve que enredarme contigo! ¡Contigo que eres la que más perfecta se cree! ¡Permíteme decirte que no eres digna ni siquiera de limpiar con tu lengua mis zapatos! ¡Así que Granger: Déjame en paz!

Suficiente.

Había sido suficiente. Un hechizo salió de la punta de la varita de Hermione sin dar tiempo siquiera a Draco para buscar cómo defenderse, pero sin preverlo el haz de luz se desvió por sí solo dejando perplejo a ambos estudiantes. Fue en ese momento que una voz les llamó la atención:

-No está bien que peleen. Los duelos están prohibidos en la escuela y Dobby no quiere lastimar a Hermione Granger…-el elfo estaba entre los dos y había levantado una barrera mágica entre ellos. Ella bajó la varita y trató de calmarse, Draco se dejó caer en un sillón y la pequeña criatura se apresuró a chasquear los dedos de su mano y aparecieron frente a cada uno de ellos sendos platos de comida.

Por instantes el pastel de carne y riñones, el puré de papas y los muslos de pollo frito les ayudaron a olvidar parcialmente que hacía unos momentos atrás habían estado discutiendo y gritándose el uno a la otra. Dobby asintió feliz en silencio al verlos dándose la espalda mientras comían, era tal cual el profesor Dumbledore le había dicho que sucedería. Ya Dobby sabía lo que tenía que hacer.

Sin decir ni una sola palabra, el pequeño elfo desapareció y los dejó nuevamente en la sala, por completo solos. Hermione tardó un tiempo en asimilar que se había quedado sola otra vez con el hurón botador de Malfoy, el humeante puré de papas se lo había impedido, pero ahora que veía su plato vacío y comenzaba a tomar un poco del jugo de calabaza recordó por donde estaban antes de que apareciera Dobby.

Recordó que lo atacó sin importarle el castigo que le impondrían, quería verlo en el piso suplicándole perdón, rogando por su bienestar físico. Una sonrisa traviesa se dibujó en su boca al imaginar aquel cuadro. Draco le quedó viendo intrigado, ahora ella estaba riendo como tonta hacia la nada, quiso contenerse, pero atormentarle la vida a Granger era una parte intrínseca de su ser, por eso dejó su plato ya sin comida a un lado del sillón, tomó el libro que había estado leyendo entre sus manos y le dijo en voz baja:

-¿Recuerdos placenteros? -Hermione le miró fulminante y él le sonrió irónico por respuesta-¿O fantasías atrevidas? -ella bufó y trató de ignorarlo, la verdad no quería perder los estribos como hacía un rato, pero cada vez que Malfoy abría la boca aquello se convertía en una misión imposible-¿O, tal vez, puede que quieras saber cómo continua la historia de Danny y Catalina?

Logró capturar toda la atención de la Gryffindor con aquella frase, ella le miró con los ojos abiertos cómo platos y con la boca ligeramente abierta. Ese desgraciado de Malfoy siempre lograba dar en el clavo y aquella no era la excepción: estaba viendo, sujeto en una de sus manos, una novela muggle que estaba entre sus cosas.

-¡¿Qué haces con eso Malfoy?!-exigió ella de pie y acercándose a paso raudo hacia él-¡Devuélvemela en este instante!

-Los modales, Granger, los modales…-dijo él moviendo negativamente la cabeza y poniéndose de pie, a la vez que subía su brazo derecho para dejar el libro fuera del alcance de la chica-Vamos, sé que puedes hacerlo…

-Malfoy, por favor devuélveme el libro…-masculló ella entre dientes y mirándolo con odio.

-Así está mejor.-dijo él ahogando una suave risa-Pero la verdad es que lo estoy leyendo y no te lo voy a devolver. Me ha parecido bastante interesante…

-¡Deja de burlarte de mí!-gritó ella apretando sus puños, entonces respiró profundo y soltó su contraataque-No sabía que te gustaba leer libros muggles.

-No, basura muggle, querrás decir…-dijo después de chasquear la lengua. Hermione comenzó a dar pequeños brincos para alcanzar el libro pero era inútil, Draco era mucho más alto que ella y lo alzó sobre su cabeza. Sólo para divertirse aun más, lo abrió e hizo como que leía-Esta chica, Catalina, se parece a ti…pero es como quinientas veces más sexy. Y Danny, se parece en el físico a Longbottom.-No pudo contener una pequeña carcajada-Pero en su forma de ser se parece bastante a Potter ¿Sabes? Cuando me aburra de ti, te autorizo de ir con el cara-rajada, harían una muy linda pareja…-No lo soportó más y se soltó a reír mientras la rabia crecía inusitadamente en Hermione. Bajó sus brazos y en un descuido ella tomó el libro y se alejó hacia el escritorio en frente en cual se sentó furiosa.

-¡No soy de tu propiedad, Malfoy, y no necesito tu permiso para hacer nada! ¡Deja de meterte en mi vida! ¡Y deja de insultar a mis amigos!

Draco se sostenía con ambas manos el abdomen que ya le dolía de tanto reír, cuando pudo calmarse se secó con elegancia el par de lágrimas que se la habían escapado y caminó hacia Granger otra vez: ahora venía el ataque directo y frontal.

-No sabía que te gustaba esa clase de literatura…-dijo inclinándose y susurrando al oído de la chica que se volteó hecha una furia haciendo que sus narices se rozaran, pero ninguno de los dos rompió el leve contacto físico ni el fuerte contacto visual-Creí que preferías cosas más académicas…menos eróticas…

-Eso, Malfoy, es una novela romántica…-dijo ella pronunciando cada palabra con gran lentitud-Sé que es difícil para tu cerebro de maní asimilarlo pero hay una diferencia entre el amor y el sexo, el romance y el erotismo…

-¿Eso crees?-dijo él alzando una ceja y verificando cada vez más el cinismo de la Gryffindor. Puede que no supiera nada de literatura muggle, pero sabía diferenciar perfectamente un género de otro y ese libro estaba algo pasado como para ser calificado como de romántico-Yo pienso que lo lees todas las noches cuando te aburres de repetir "Hogwarts: A History", pienso que lo usas para llenar tus noches, que eran vacías hasta que yo llegué a ellas…

Hermione se mordió el labio inferior hasta casi hacerlo sangrar. Odiaba a Draco Malfoy. Nadie tenía porque enterarse de la existencia de esa (y otras) novelas que leía como si la vida se le fuera en eso. Le encantaban esas historias de amor en las que él luchaba contra viento y marea por su amor, eran su debilidad, y no eran tan subidas de tono como Malfoy decía.

-¿Avanzaste mucho leyéndolo?-dijo irónica-Creo que escasamente leíste las dos primeras páginas y ya te crees un experto…

Se detuvo de repente porque su cerebro dejó de funcionar: Draco acababa de rozar con su lengua sus labios, su cuerpo tembló de abajo a arriba con el contacto y agradeció a Merlín el estar sentada. Cuando creyó estar recuperando la cordura, él la besó en el cuello antes de que siquiera tratara de apartarlo, recorrió su clavícula con la lengua dejando un rastro húmedo y cálido que le hizo perder por completo la razón a Hermione.

-"Porque antes de que ella siquiera lo esperara, rozó con su lengua sus labios y Catalina se calló inmediatamente, la acercó a sí y la envolvió entre sus brazos mientras besaba cada pedazo de piel de su cuello."-Draco pronunció cada palabra cerca del oído de Hermione cuyo corazón comenzaba a latir desbocado. Reconoció cada sílaba, cada letra: hacían parte del libro. Suspiró al sentir que las manos de Draco le quitaban la túnica y el suéter, y que ella no hacía nada por evitarlo. Reconocía el recorrido de sus caricias, porque ya lo había leído y eso era justo lo que él estaba haciendo-"Sabían que no debían, sabían que estaba mal, pero no podía evitar que sus manos subieran por sus piernas y comenzara a separarlas con cuidado, trazando figuras con sus dedos bajo su falda, teniendo cuidado de arrancarle todos los gemidos de placer posibles."-Hermione casi no podía respirar, cada vez se le hacía más difícil, sus caricias la estaban volviendo loca; y es que Draco Malfoy tenía la asombrosa habilidad de doblegar su carácter y su decisión sólo con tocarla-"Ella era suya, de nadie más, y debía tenerlo siempre presente."

¿Suya?

La conciencia se le dividió en dos: a la primera Hermione no le molestaba para nada ser de su propiedad, eso era algo que no se discutía y sólo se disfrutaba. En cuanto a la segunda Hermione, aunque estaba renuente a dejar de sentir tanto placer se recordó sus palabras… ¿Cómo era que había dicho? Ah, sí: "Ya tuve suficiente de ti para el resto de mi vida, sangresucia asquerosa…"

Un gemido que no pudo ahogar calló las voces de sus conciencias por instantes.

¿Por dónde iba? Por supuesto, por lo de sangresucia asquerosa… ¿Era posible que él, una estampa de dios humanizado que movía hábilmente sus dedos de esa forma bajo su uniforme, hubiese dicho esas palabras? Sí, lo era. Pero podía perdonarlo si seguía haciendo lo que estaba haciendo… ¿Qué estaba haciendo ahora? Claro, había bajado su cabeza hasta sus piernas y…

Otro suspiro inaguantable que interrumpía sus profundas cavilaciones.

Ya lo había hecho una vez, lo recordaba. Pero esa vez lo había detenido, imposible de hacer esta vez; perdió sus manos en su cabellera rubia mientras para más comodidad abría un poco más sus piernas y de puro placer arqueaba su espalda. Tenía que volver a lo importante, debía recordar que la trataba como un objeto y la buscaba por el más básico instinto y deseo carnal, bueno, eso era éticamente correcto si ella también recibía placer por eso y…mientras se le escapaba otro suspiro, supo que estaba en lo cierto.

Era difícil de soportar, era difícil mantener ese debate en su cabeza y al mismo tiempo no derretirse por las caricias de esa lengua traviesa en sus piernas y en otros lugares de ella que, sólo existían para Draco Malfoy.

Draco Malfoy.

Esa fue la clave.

Draco Malfoy, era él. El mismo que les hizo la vida imposible desde que llegaron al colegio, quien la llamaba impura en cada corredor, el que le había puesto el mote de comelibros sabelotodo, el que hacía que las clases de pociones y ahora las de Defensa Contra las Artes Oscuras fuesen aun más insufribles, el favorito de Snape y, el mismo que había hecho y seguiría haciendo tantas cosas estuviesen a su alcance para volver su vida y la de sus amigos tan miserable como pudiera. Ese era él. Y era el mismo que en ese momento jugueteaba entre sus piernas atrevidamente…

¡Un momento! ¡¿Era él?! Sí, lo era. Por eso de un empujón lo alejó de ella haciendo que él cayera sentado al suelo mientras ella se ponía de pie de un brinco y halaba su falda hacia abajo, completamente sonrojada por lo que acababa de suceder ¡Por Merlín! ¡Logró alejarse de él! ¡Le costó bastante! ¡Pero lo logró!

-¡¡MALFOY!!-chilló ella aun agitada-¡No vuelvas a hacer eso!

-¿Segura?-dijo él burlón mirándola con sus ojos grises brillando de forma inusual.-Ese Danny sí que tiene buenas ideas…-Ella notó que la vista del chico no se despegaba de su cuerpo y al bajar a su pecho vio que era porque, sin ella saber cuándo, él había abierto todos los botones de su camisa. Se cubrió soltando un gritillo y le dio la espalda al chico que sonreía abiertamente: ahora estaba seguro del poder que ejercía sobre ella-¿Puedes moverte hacia acá?

-¡¿Qué?!-gritó ella sorprendida. Él sonrió ante eso, se alzó de hombros y añadió irónico-Necesito ir al baño a lavarme a menos que quieras que las huella de nuestro crimen quede latente…

-¡No hay nosotros, Malfoy!-dijo ella moviéndose ágilmente hacia la puertecilla alejada siguiendo al Slytherin-¡No somos un nosotros ni tenemos nada nuestro!

-Como digas.-contestó él adentrándose en el baño mientras ella apoyada contra el muro se recriminaba su debilidad, había sido una tonta, logró detenerlo pero había sido muy tarde, demasiado tarde…porque nada deseaba más en ese momento (Pero jamás, y óigase bien jamás, lo reconocería) que tener encima a Draco en esa cama. Meneó su cabeza con violencia, sólo eran efectos colaterales de lo recientemente sucedido. La puerta se abrió y caminaron el corto trayecto, juntos y en silencio, ella se sentó en el escritorio y él se acostó en la cama. No debería haber pasado más nada, Hermione debió haber terminado de estudiar Defensa Contra la Artes Oscuras y Draco debió haber caído dormido, pero esa no sería una noche normal, eso ya lo sabían.

Un crack retumbó en la silenciosa habitación, Dobby acababa de aparecer llevando una bandeja con dos tazas de chocolate humeante que olían delicioso. Hermione retiró su vista de los pergaminos y Draco se sentó en la cama como si un resorte le hubiese impulsado.

-¿Chocolate caliente?-dijo él mientras sus fríos ojos tomaban un brillo infantil, que se acentuó más al ver que el elfo asentía con entusiasmo. Tomó una taza de la bandeja y sonrió como un niño al tenerla en sus manos-¡Muchas gracias, Dobby!

Los ojos del elfo se llenaron de lágrimas y los de Hermione se abrieron espantados: ¿Acababa Malfoy de agradecer algo a alguien? ¿Y ese alguien era un elfo doméstico, un "ser inferior"? El mundo se estaba volviendo loco y ella era testigo de eso. Aun bastante impresionada tomó su taza de chocolate y masculló un gracias al elfo, mientras observaba como el prepotente Slytherin tomaba un sorbo del suyo y sonreía mientras pasaba su lengua por el bigote que le había quedado sobre su labio superior.

-Dobby se retira, señor y señorita…-dijo secándose las lágrimas mientras Hermione probaba su chocolate-Dobby debe ir a descansar y Dobby está muy feliz de que el amo…el amo Draco…-el elfo rompió a llorar de la emoción otra vez, mientras que Draco, quien parecía estar de muy buen humor le decía:

-No llores, de verdad muchas gracias.-dijo sin perder ese risueño brillo en los ojos y mientras Hermione quedaba petrificada con la taza en el aire y la boca abierta-No probaba un chocolate tan delicioso desde que…bueno, desde que te fuiste de casa hace tres años. El elfo asintió, y mientras agradecía a Draco y abrazaba la bandeja con fuerza, desapareció con un crack dejándolos solos otra vez. Hermione aun no creía lo que sus ojos le habían mostrado contemplaba atónita al chico sobre la cama y ni siquiera podía cerrar la boca. Ni siquiera supo cuánto tiempo pasó-¿Te vas a tomar eso?

La voz suave de Draco la despertó de repente de sus ensoñaciones.

-¿Cómo dijiste?-preguntó confusa aun.

-Pregunté que si te vas a tomar eso.-repitió impaciente señalando la taza, logrando que los ojos de Hermione se abrieran aun más si aquello era posible.

-¿Esto? ¿No te importa que yo lo haya probado?

-Es chocolate caliente.

-¿Y qué hay de eso que ni muerto tocarías algo mío?

-Es chocolate caliente.

-¿No te da asco ni nada por el estilo?

-Es chocolate caliente.

-¿Seguro que no vomitas por tomar algo que ya antes ha probado una sangresucia como yo?

-¡Es chocolate caliente, Granger! ¡Y no lo será más si sigues hablando y se enfría!

La chica aun más impresionada se dejó quitar de las manos la taza humeante y absolutamente perpleja vio a un Draco de dieciséis años que parecía de cinco tomando de ella. Definitivamente el mundo se había vuelto loco y ella había sido testigo.

-Te gusta mucho por lo que puedo ver…-dijo al rato mientras terminaba de organizar sus deberes y acomodaba todos sus libros y su mochila para el día siguiente. Con un gesto de la cabeza le indicó a Draco que la siguiera para poder llegar hasta el biombo y así cambiarse y ponerse su pijama. Él la siguió obediente y sin replicar nada mientras sostenía aun su taza con el poco chocolate que le quedaba, se planteó seriamente la posibilidad de cargar una taza de chocolate de emergencia en el bolsillo: había encontrado un punto débil del Slytherin.

-No hay otra cosa que sea amarga y dulce a la vez…-dijo él mientras ella se cambiaba tras el biombo. Hermione salió lista para dormir y lo siguió hasta la cama-¡No hay nada tan delicioso como el chocolate!-él se acostó después de dejar el recipiente vacío sobre el escritorio, miró a Hermione inquisidor y le preguntó-¿Y tú ya decidiste dónde vas a dormir?

Hermione asintió lentamente, sabiendo perfectamente que quien miraba detenidamente el pecho descubierto de Malfoy no era otra sino ella, que quien no pudo dejar de pensar en cosas lujuriosas que escandalizarían la mente de cualquier madre no era otra sino ella, que quien deseaba con todo su corazón compartir esa cama con él no era otra sino ella; no era la Hermione desinhibida de los efectos secundarios, ni ninguna de sus dos conciencias locas, era ella. Hermione Granger quería pasar esa noche con Draco Malfoy y le dolía admitirlo. Se sonrojó mientras se acercó a la cama y le respondió con voz firme:

-Yo conozco algo que también es amargo y dulce a la vez, y que es tan delicioso como el chocolate…

-¿De qué estás hablando…?-dijo él incorporándose un poco y sorprendiéndose al ver que ella subía en la cama y le empujaba mientras lo hacía caer acostado otra vez. Mientras veía fijamente ese par de ojos cafés, cuya dueña estaba sentada a horcajadas sobre él, supo que el mundo se había vuelto loco y que él era testigo de eso.

-Tú…

-¿Yo…?

-Tú eres amargo y dulce a la vez, como el chocolate…-murmuró ella hipnotizada por sus ojos grises como el cielo tormentoso. Él sonrió levemente ante eso y ella se sonrojó, pudo deducir que era ella, simplemente ella y no la loca seductora y producto secundario de aquel accidente, que puso sus manos sobre su pecho y que sintió cálidas y pequeñas. Quería saber que venía, quería que su corazón siguiera latiendo así de rápido, quería descubrir todo el misterio que para él era Hermione Granger.

-Se te olvidó decir que también soy delicioso…-dijo con arrogancia mientras daba un giro brusco y quedaba sobre ella, que nerviosa, se mordió un labio y apartó la mirada. Él tomó su mentón entre sus dedos e hizo que le mirara otra vez-Es…como si fueras virgen otra vez. Eres tan…tan…tan Granger.

Se besaron lento y pausado, no tenían prisa en lo absoluto. Descubrió lo sensible que ella era a cualquier caricia suya, descubrió que sus pechos eran suaves y que lograba hacerla gemir con solo rozarlos con sus labios, descubrió que tenía bien puesto su título de estudiante brillante porque la verdad aprendía rápido y sus caricias eran muchísimo más certeras, descubrió la desnudez total de su cuerpo bajo él y como el roce de sus cuerpo al respirar era lo único que quería sentir el resto de su vida.

Sabía que sus gemidos ahogados resonaban en el lugar, sabía que quien la había desnudado no era otro que Malfoy y sabía que por alguna extraña razón aquello empezaba a gustarle más de lo normal. Sintió su boca recorriendo lugares insospechados, sintió que iba a morir cuando se alejó un poco de ella, sintió el latir de su corazón desbocado cuando puso las manos sobre su pecho. No podía soportarlo más y él lo sabía.

Hermione le rogó con la mirada, pero por nada del mundo cambiaría su pasatiempo favorito (fastidiarla), la haría esperar un poco más…sólo un poco más. Dibujó una sonrisa traviesa en su rostro y se quitó el molesto pantalón de su pijama ¡Vaya que le gustaba ver esa ansiedad en su rostro! Se acomodó sobre ella y cuando sus pieles rozaban se detuvo nuevamente. Autocontrol, eso era lo que a él le sobraba. Un fuerte gemido de ella le indicó que estaba logrando su cometido de volverla loca de placer, pero fue cuando le haló por el cuello y lo besó cuando supo que él tampoco lo soportaría más tiempo y se adentró en ella despertando cuanta sensación inimaginable puede existir.

Hermione por más que se esforzó no pudo seguir con ese beso, tuvo que detenerse y soltar el suspiro hondo y largo que le había producido su presencia mientras él sólo sonreía.

-Eres…un maldito.-dijo ella antes de gemir ahogadamente mientras apretaba entre sus puños las sábanas de la cama y comenzaba a recibir cada vez más rápidas acometidas del rubio arrogante que se encontraba sobre ella.

-Lo sé…-fue toda su respuesta opacada en gran parte por los gemidos de ambos que empezaron a resonar en el silencioso lugar. Ninguno de los dos sería capaz alguna vez de reconocer cuanto deseaban lo que sucedía, cuanto les gustaba tener sus cuerpos juntos de ese modo y cuanto deseaban repetirlo…por eso disfrutaban cada minuto, cada segundo, cada instante, cada roce de sus pieles y cada caricia recibida. Esa era una noche que ninguno de los dos podía olvidar nunca.

Un profundo y sordo gemido de ambos fue lo último que se escuchó en la Sala de Menesteres esa noche, porque al terminar ella se acomodó en su pecho mientras él tomaba una sábana y cubría sus cuerpos desnudos, sudorosos, cansados y extasiados de tanto placer. Sólo hubo silencio mientras sus respiraciones agitadas volvían a la normalidad, mientras ella se acurrucaba en sus brazos, mientras él cerraba los ojos pensando…Porque ambos estaban pensando.

Ella pensaba en la tamaña locura que había cometido y que las cosas habían dejado de ser un jueguito de seducción, eran muchas cosas las que habían pasado, de las que por supuesto no se arrepentía y que estaba dispuesta a repetir cuantas veces pudiera. Pensaba en su cantidad de sangre no mágica, en su casa Gryffindor, en su reputación, en sus amigos y en su traición, se entristeció al saber que ahora le importaba poco. Le gustaba Malfoy, eso tenía que admitirlo.

Él pensaba en que si la primera vez podía culpar a las hormonas y lo excitante del momento ahora no podía hacerlo, sabía que muchas cosas habían pasado esa noche y ahora el único culpable de todo era él, y por supuesto no se arrepentía y estaba dispuesto a repetirlo cuantas veces pudiera. Pensaba en su casa Slytherin, en su apellido, en su padre, en su familia y en su traición, y no pudo menos que alegrarle que todo le importara un bledo. Le gustaba Granger, eso tenía que admitirlo.

Casi imperceptiblemente soltaron un suave suspiro y se quedaron dormidos al rato, mientras la chimenea de la Sala de Menesteres se apagaba lentamente. Comenzaron a soñar, a vivir fantasías dulces donde no debían preocuparse, a viajar a lugares lejanos donde se imaginaban con quien dormía a su lado (aunque nunca lo reconocieran).

Estaban cansados y debían dormir, porque aunque no lo supieran muchas otras cosas había pasado esa noche en el castillo y el día siguiente sería muy, muy largo para todos.

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Y qué tal les pareció? Independientemente de todo, este ha sido de mis capítulos favoritos n.n

Unas cuantas aclaraciones: las que esperaban una declaración de amor, me parece demasiado OoC, no sé, me parece que reconocer que se gustan el uno a la otra es un avance muy grande. La obsesión de Malfoy por el chocolate ya la explicaré más adelante y dará muchas situaciones graciosas como resultado (XD) y por último la historia de Danny y Catalina es mi novela original en w w w . londony . wordpress . com (sin espacios) que hasta hora voy comenzando y cuyos fragmentos que aparecen en este capítulo no están aun ahí (voy algo atrasadita también).

Ahora las malas noticias: No creo que pueda actualizar hasta despues de Navidad, estoy participando en un reto del foro Weird Sisters y ocupará mi tiempo hasta ese día. Lo siento de verdad, pero saben que siempre doy sorpresas y quizás logre terminar el próximo capítulo antes de terminar el fic de reto.

No siendo más, espero que les haya gustado :) y que me dejen sus reviews que responderé por PM como es usual en mí; a las que no dejan reviews, igual gracias por leer y anímense!

Un beso gigante a todas

Londony

No se pierdan, esta es la ruta para dejar su Review XD

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