Bueno, y aqui llego yo como sorpresa navideña. Sé que les dije que no lograría actualizar antes de navidad, pero lo logré...

Espero de todo corazón que les guste este capítulo pues es un poco diferente a todos los demás, digamos que es como una serie de viñetas de lo que sucedió en el castillo y pues no le digo más poque se los arruino. Como podrán notar es demasiado largo para lo que acostumbro, son más de 30 paginas en Word, pero fue necesario.

Es mi regalo de navidad a todas (os) y pues sólo me falta decirles que nos leeremos el otro año pues está es mi última actualizacion del 2008, al menos de este fic.

Ya para terminar pues les digo que estoy demasiado contenta pues estamos llegando a los 200 reviews y pues, no sé si lo saben, cuando llegamos a los 100 puse el primer capitulo del Dramione-RoseScorpius "Vacaciones en la Riviera" y pues si pasamos los 200 prometo terminar y poner el segundo capítulo (Que egoista de mi parte, no?)

Sin nada más que desearles una feliz navidad y un feliz año nuevo, me despido. Muchos besos. Londony.

Ah! Se me olvidaba Harry Potter, Todos sus Personajes, Lugares y todo lo demás son una marca registrada de nuestra querida J.K Rowling y... de Warner Bros, para la gran desgracia de nosotros los fans.

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17

LA RONDA NOCTURNA

Miró a su alrededor desconcertada, tenía que ser una broma.

Su estómago crujía de hambre, sus manos estrujaban su túnica y sus ojos se llenaban de lágrimas; ¡Por Merlín! ¡Tenía que ser una broma!

No, no era una broma.

Es que no encontraba otra explicación: ¿Cómo era posible que se encontrara en el despacho de Dumbledore con otros nueve estudiantes? ¿Cómo se había visto envuelta en semejante embrollo? ¿Cómo es que todo el colegio había sido testigo?

-Mis queridos alumnos…-el director del colegio hizo su entrada tras abrirse la puerta y todos los alumnos presentes, sentados en un largo banco frente al escritorio del director alzaron la vista del suelo y lo miraron -¡Oh, profesora McGonagall! No me había dicho que eran diez estudiantes, y que cinco eran prefectos…

-Eh...profesor…-musitó la aludida tosiendo levemente-A lo importante por favor.

-Claro, claro, Minerva…-dijo él sentándose en su silla de frente a los alumnos, les miró a todos por encima de sus gafas de montura de media luna y, apoyando las codos sobre la mesa, juntó las yemas de sus dedos frente a sus largas barbas plateadas y continuó-Me agradaría saber que fue lo que sucedió anoche que logró desencadenar esa batalla campal en medio del Gran Salón hace unos minutos…-Al ver que ninguno de sus estudiantes tomó la iniciativa, Dumbledore miró profundamente a uno de los jóvenes que se encontraban sentados frente a él: un chico pelinegro, de brillantes ojos verdes y con una peculiar cicatriz en forma de rayo en su frente. Este le devolvió la mirada un poco avergonzado y trató de no pensar en lo que seguiría-Harry, ¿Podrías por favor contarme que sucedió anoche?

¿Anoche? Por supuesto que podía, pero no lo haría. Todo había sido demasiado extraño y por eso cambiaría las cosas ligeramente, porque una pequeña modificación de la verdad no es una mentira ¿Cierto?

-Sí, señor.-dijo acomodándose en su asiento, quitando un mechón de su rebelde cabello de la frente para ver mejor y subiendo un poco más las gafas sobre su nariz-Pues, verá…

(…)

Él era Harry Potter, el Niño-Que-Vivió, el Elegido, la némesis del Señor Tenebroso; a sus cortos dieciséis años podía decir que había salvado el mundo mágico más veces que nadie, que se enfrentó a un basilisco y salió victorioso, que logró espantar él sólo a un centenar de dementores, que burló a un Cola-Cuerno Húngaro logrando robarle un huevo e incluso que había armado un ejército clandestino de aprendices de mago bajo las narices de Umbrigde, la bruja cara de sapo infiltrada del Ministerio en Hogwarts que intentaba embrutecerlos hasta la locura…

Pero ese día no era más Harry Potter ni el salvador del mundo mágico, esa tarde que salió abatido de la sala común de Gryffindor no era más que un adolescente enojado que acaba de pelear con su mejor amiga y que se sentía terriblemente traicionado y desconsolado; y que para colmo de males debía comenzar a estudiar Transformaciones con un compañero Ravenclaw cuando lo único que en realidad quería era encerrarse en algún lugar solitario para pensar en qué iba a hacer después, porque si algo tenía claro era que no podía pelear con Hermione para siempre ¿O sí?

Pateó una armadura con impotencia mientras tomaba la ruta más larga hasta el Vestíbulo, suspiró desganado y trató de consolarse pensando que tal vez el estudio le ayudara a relajarse un poco. Sí, claro. ¿A quién quería engañar? Cuando estuvo frente a las enormes puertas logró ver a Corner hablando con otra chica de Ravenclaw.

-Hola Harry.-dijo él al verlo de cerca.

-Hola Michael.-musitó él tratando de que no se le notara que después de lo que le había sucedido preferiría de mil amores estar batiéndose en un duelo con Voldemort que estudiando Transformaciones.

-Hola Harry…-una voz familiar le saludó y giró sus ojos hacia su dueña.

-Cho…eh, hola…-genial, lo había logrado otra vez. Otro momento incómodo y vergonzoso patrocinado por Harry Potter. Ni siquiera notó que la chica estaba ahí, simplemente la ignoró, y resultó siendo que Cho Chang hablaba con Michael Corner y él hizo como si fuera invisible, lo odiaría toda la vida. ¡Gracias a Merlín que la chica ya no le gustaba! Porque si ese hubiese sido el caso, hubiera ido corriendo a tirarse de la Torre de Astronomía.

-¿Te parece si vamos a la biblioteca?-dijo Michael mirando alternativamente a Harry y a Cho que veían cada uno a lados diferentes, al parecer bastante avergonzados.

-Eh…sí, me parece bien.-dijo Harry después de aclararse un poco la garganta. Jamás podría estar cerca de esa pelinegra y actuar normalmente, era demasiado extraño estar junto de una ex novia (o sea lo que fuese Cho de él), y muchísimo más si estaban con el que al parecer era su nuevo novio. Él nunca había sido bueno para esa clase de cosas y estaba seguro de que nunca lo sería.

-Nos vemos, Michael.-dijo ella alzándose en puntillas y dándole un beso en la mejilla, mientras que Harry al parecer se había entretenido bastante en sus zapatos-Eh…adiós, Harry.

Los dos chicos comenzaron a avanzar en silencio hacia la biblioteca, cada uno sumido en sus pensamientos, pero cuando se encontraron frente a la puerta de la misma, Harry se detuvo de repente como si hubiese chocado con una pared. ¿Cómo es que había aceptado ir a la biblioteca? ¡Es que ahora además se había vuelto estúpido! ¡¿A qué otro lugar iría Hermione sino a la biblioteca?! No quería encontrarse con ella, no aun. No cuando acababan de discutir de esa manera tan sólo quince minutos atrás.

-¿Pasa algo?-Michael volteó a verle, él movió negativamente la cabeza por respuesta y, rogando a Merlín porque ella (ni su molesto acompañante) estuviese por ahí, entró tras su compañero de proyecto de Transformaciones.

Harry Potter no era consciente de la regla que dice que cuando las cosas están mal, siempre pueden ponerse peor; pero esa tarde de estudio intenso con Michael Corner bastó para que le quedara suficientemente clara. Hasta ese momento el Ravenclaw siempre le había parecido buena persona y, hasta cierto punto, simpático; pero no recordaba un pequeño detalle. Sí, ese pequeño detalle que él se encargó de recordarle tras casi tres horas de estudio.

-¿No te molesta para nada que yo esté saliendo con Cho?-la pregunta salió de repente, cuando ambos en silencio adelantaban un resumen que era importante parte del trabajo y que debían presentar en borrador la semana siguiente. Harry se enrojeció un poco al ser tomado por sorpresa, se acomodó un poco las gafas sobre la nariz y le respondió tratando de seguir en lo suyo:

-Por supuesto que no. ¿Por qué debería molestarme?-Michael alzó las cejas un poco incrédulo y se le quedó mirando aun mas fijamente.

-Bueno, porque ustedes salieron el curso pasado…pero no digo que deba molestarte, sólo que como ustedes dos…-Harry se alzó de hombros y movió negativamente la cabeza.

-Sí, pero eso ya pasó…-musitó tratando de sonreír sinceramente, porque la verdad esa tarde no tenía ganas de sonreír. El Ravenclaw suspiró levemente aliviado, al parecer no le agradaba la idea de tener al Elegido celándolo por andar con su ex, sonrió ampliamente y comenzó a escribir otra vez.

-Bien, es bueno oír eso. ¿Sabes, Harry? No me gusta andar molesto con nadie, prefiero estar tranquilo y sin problemas. Fue por eso que también hablé con Ginny…

Ginny.

Al parecer Michael seguía hablando, pero el cerebro de Harry había dejado de procesar las ideas cuando escuchó el nombre de cierta pelirroja. ¿Qué tenía que ver Corner con Ginny? ¿Por qué le había hablado de su relación con Cho? ¿Por qué a ella debía interesarle? Un balde de agua fría le cayó encima cuando recordó las reuniones del ED, a Michael, a Ginny…

Ginny y Michael habían sido novios el curso pasado.

Estrujó su pluma con una fuerza descomunal partiéndola por la mitad mientras veía con, los ojos verdes llenos de furia, al chico que seguía hablando como si nada junto a él.

-Pues también sentí gran alivio cuando ella me dijo que no había problema…-Hermione tenía razón cuando le decía que debía prestarle mayor atención a las cosas que pasaban a su alrededor-Y pues como ahora somos buenos amigos…-aunque no lo supiera, Michael estaba tocando fibras muy delicadas y el brillo mortecino de los ojos de Harry era una clara advertencia-La verdad, los dos la pasamos muy bien cuando estuvimos juntos…las salidas a Hogsmeade, las tardes en los jardines, su risa contagiosa…¿Has notado lo linda que es la sonrisa de Ginny?

Sí, Michael Corner tenía un defecto y ese era haber sido novio de Ginny Weasley. El Ravenclaw había logrado tener aquello que él tanto anhelaba y, aunque no fuese un rencoroso ni nada por el estilo, esa era razón suficiente para odiarlo. Harry Potter comprendió en ese momento que su proyecto de Transformaciones sería una verdadera tortura.

La cara de Harry estaba contraída de la furia (de los celos, para ser exactos), sus ojos miraban amenazadores a su compañero tras las gafas redondas y buscaba mentalmente una excusa para largarse de ahí lo más rápido posible, pero nada funcionaba, porque la única imagen que se le venía a la cabeza era a Michael y Ginny besándose bajo un árbol. Sintió borbotar su sangre.

-Me tengo que ir.-dijo poniéndose de pie y recogiendo a toda prisa sus cosas-Ya son casi las siete y debo…debo ir al campo de Quidditch. Nos vemos en clase, Michael.-mientras iba saliendo tropezó con la bibliotecaria que al parecer contaba la cantidad de alumnos que quedaban por ahí.

Irse rápidamente era la decisión más acertada si no quería atacar descontroladamente al pobre chico. Una vez estuvo fuera no tuvo idea de a dónde ir, una opción era ir a cenar y era bastante seguro que Hermione no estaría ahí…pero sí estaba el resto de su casa y no existía duda alguna de que no habría un tema de conversación diferente a su gran discusión. Suspiró resignado y tras unos minutos caminando sin rumbo decidió ir al campo de Quidditch, al menos podría volar un rato.

Se encontró con Ron en el Vestíbulo, que se mostró algo preocupado por la pelea con Hermione, y Harry trató de creer fervientemente que era por su cariño a ambos y no por su preocupación por quién les prestaría sus apuntes ahora que no les hablaba.

-¿No vienes a cenar?-pregunto Ron señalando la puerta del Gran Salón con una mano y acariciando su estómago con la otra.

-No, no quiero que me vean como un espécimen en peligro de extinción, mejor voy a volar un rato…-dijo caminando hacia los exteriores-Hablamos después de la cena, en la sala común o en el dormitorio.-Harry notó que su amigo vaciló por unos instantes antes de sonreír, incluso notó que se sonrojó un poco. Un poco no, bastante-¿Eh, Ron? ¿Te encuentras bien…?

-Sí…sí, Harry…-dijo el pelirrojo asintiendo fervientemente y agitando los brazos frente a sí-No es nada. Hablamos después.

El tiempo se le fue como agua entre las manos, pero es que sólo sobre su Saeta de Fuego podía sentir tanta libertad. Mientras el viento golpeaba su cara a tan increíble velocidad sentía que nada podía alcanzarlo: ni sus celos por Ginny, ni su rabia con Hermione, ni la reacción de Ron cuando le dijera que le gustaba su hermana…nada. Y así fue como se descubrió, dando giros mortales en el aire mientras se le escapaba un grito de felicidad, mucho después de pasadas las diez de la noche. Ya había toque de queda y no tenía su capa de invisibilidad con él.

Trató de ser lo más sigiloso que pudo, atravesó el vestíbulo a paso raudo tras ver una sombra que se movía hacia el final del pasillo. Tomaba los caminos más solitarios y se confundía con las demás siluetas de la noche que adornaban el castillo, fue entonces cuando lo escuchó. Se giró con prisa hacia el lugar donde provenía aquel golpe seco y se encontró de frente con la puerta de un aula. Dudó, no sabía exactamente qué hacer, se recordó mentalmente que era un Gryffindor y se acercó sin pensarlo una vez más. Abrió la puerta tras darle un suave empujón, se quedó viendo la extraña escena dentro del lugar, dio un paso hacia el frente y cerró la puerta tras de sí.

(…)

-Y eso fue lo que pasó.-terminó Harry acomodándose un poco las gafas. Miró a Dumbledore sintiéndose un poco culpable, mientras el director asentía en silencio.

-¿Pretende, Potter, que le creamos que después de su convenientemente solitario entrenamiento de Quidditch nocturno se quedó dormido dentro de un aula vacía?-la voz de sarcástica de Snape se había hecho oír luego de que Harry terminara de hablar y éste al escucharla le miró y dijo mientras se borraban las sonrisas de burla de la cara de los Slytherins presentes:

-¿Por qué no habría de creerme si es la verdad, señor?-contestó poniendo énfasis en la última palabra. Snape clavó sus ojos negros en él queriendo, literalmente, matarlo cuando la voz del anciano director sonó jovial y relajada:

-El chico tiene razón, Severus. ¿Por qué no habríamos de creerle?-posó sus ojos azules sobre Harry haciéndolo sentir terriblemente mal y sonrió muy paternalmente-El único problema es que no veo cómo el quedarse dormido puede desencadenar tamaña discusión…-Harry tosió un poco y desvió sus ojos verdes a otra dirección, justo donde se encontraba ella. El profesor Dumbledore siguió la mirada del chico y se encontró con el rostro sonrojado de Pansy Parkinson que miraba atentamente sus manos.

-Señorita Parkinson.-todos los presentes se sorprendieron de sobremanera al escuchar que la siguiente persona que llamó el director fuese la chica de Slytherin ¿Podía significar aquello que Potter y Parkinson…? No. Eso era imposible-¿Podría por favor contarme que sucedió anoche?

¿Anoche? Por supuesto que podía, pero no lo haría. Todo había sido demasiado extraño y por eso cambiaría las cosas ligeramente, porque una pequeña modificación de la verdad no es una mentira ¿Cierto?

-Sí, claro, profesor.-dijo asintiendo, mirando a sus compañeros de interrogatorio con superioridad y moviendo su largo y lacio cabello negro con extrema coquetería-Verá…

(…)

La furia se había apoderado por completo de ella después que Draco y Theodore salieran de la sala común. Se secó las lágrimas falsas y, presa de la ira, pateó una silla en contra de un sillón. Se las pagarían. Ese par de malditos que se hacían llamar sus amigos se las pagarían. El resto de Slytherin presentes le observaban curiosos, Pansy Parkinson era todo un personaje, hasta hacía un momento había estado llorando desconsolada y ahora destruía es mobiliario de la sala.

Sus amigas trataron de hablar con ella, pero con un gesto de la mano las mandó a silenciar antes de que pronunciaran palabra, estaba pensando. Ya se las verían con ella, si Theo y Draco querían guerra, guerra iban a tener. Había escuchado atentamente la respuesta de su querido Malfoy y supo que había cometido un error:

"Granger es inteligente, no se le resta. Lo del hechizo, no tengo la más remota intención de darte detalles. Unido a ella, lo siento pero no la veo por aquí…"

El hechizo existía, él se lo confirmó, era demasiado perspicaz como para no darse cuenta. Ahora tenía que averiguar cómo Draco logró esconderla y lo que en realidad se traía con esa sangresucia. En cuanto a Nott, tarde o temprano averiguaría que se traía entre manos, quién era esa misteriosa chica y por qué su afán en esconderla. Sonrió maliciosa, ya verían ese par de tontos engreídos quién era Pansy Parkinson.

Y así, dejando a todos los presentes en la sala común más que confundidos por su repentino cambio de humor, se fue a su clase de Adivinación donde pudo escuchar la versión original de la historia de Malfoy y Granger de boca de su autora: Brown. Y era por eso que algo no la terminaba de convencer, si se supone que ella estaba el domingo por la mañana con Draco en el Baño de los Prefectos ¿Cómo es que Lavender decía que él estaba con Granger preparando una poción?

Para ser completamente honesta, tenía recuerdos bastante borrosos de ese encuentro suyo con Draco, no tenía muy claro porque habían vuelto tan temprano a desayunar y, si lo pensaba muy detenidamente, ni siquiera sabía cómo había llegado a ese lugar. Todas esas extrañas coincidencias le parecieron muy sospechosas, porque si ese fue el momento en el que ellos dos comenzaron a oler así, algo debió pasar en el baño, algo que ella no sabía (o no recordaba) y que involucraba directamente a la comelibros Granger.

Con una cantidad inimaginable de dudas rondándole la cabeza, se encontró con Daphne que acaba de salir de su clase de Runas, ella le contó escandalizada cómo la prefecta de Gryffindor abofeteó a Theodore y a Draco frente a todo el salón y el casi beso con éste último. Pansy se puso roja de la ira, las cosas cada vez se complicaban más y sabía que para entenderlas debía pensar en lo que había pasado ese domingo en la mañana.

-Al menos la zorra los golpeó en mi lugar…-masculló entre dientes presa de una furia incontenible mientras caminaba con su rubia amiga a su lado.

-¿Vamos a la sala común antes de la cena?-preguntó Daphne tratando de distraer a su amiga-Me acaba de llegar el último catálogo de Madame Whitehills, la colección otoño-invierno de túnicas y vestidos de gala es hermosa…

-Tengo que hacer unas cuantas cosas.-la interrumpió secamente acomodándose coquetamente el flequillo mientras un guapo alumno de séptimo de Ravenclaw pasaba a su lado y le sonreía-Nos vemos después.

Resultó siendo que Cómo-Se-Llame de Ravenclaw fue la distracción perfecta para su atribulada mente. Ya ni siquiera sabía qué hora era, tal vez pasó con él una hora, o dos…quizás tres. Al principio pensó que no pasaría nada además de una apasionada sesión de besos, pero era tanta su rabia que sabía que terminaría en algo más…íntimo. Aunque intentaba concentrarse en abandonarse a sus sentidos, no podía dejar de pensar en Draco, en Theodore, ni en la sangresucia, cuando él recorría su cuerpo; sabía que le estaban ocultando algo y no podía hacer que esa idea le dejara de dar vueltas en la cabeza aun cuando era interrumpida por intermitentes explosiones de placer.

No notó cuando se fue, sólo vio cómo le sonreía coquetamente mientras se acomodaba su pantalón. No había estado mal y tenía una sonrisa encantadora para ser completamente sincera. No le dijo nada ni ella tampoco, porque aunque él creyera que había logrado tirarse a Parkinson de Slytherin, fue ella quien lo vio, le gustó, lo sedujo sutilmente y lo utilizó; pero eran hombres, todos eran hombres y tontos además, y si el pensar que eran ellos quienes la seducían y la llevaban a la cama porque ella no podía resistirse a sus encantos les hacía felices, entonces ella no los bajaría de esa nube.

Para su amarga sorpresa Draco era parte de ese grupo. En silencio y a espaldas de su familia ya había renunciado a ser la señora Malfoy algún día, lo supo desde que notó que no soportaría a Draco para toda la vida sin tratar de asesinarlo al menos una vez a la semana. Eran tan endemoniadamente parecidos que acabarían matándose algún día, pero sus padres no lo comprendían: Desde pequeña su madre le había dicho que él era el hombre perfecto para ella, que se casarían algún día, que ella sería Pansy Malfoy…

Basura. Pura basura.

Para ser honesta, le gustaba más Draco de amigo que de amante, le encantaba compartir tiempo con él en la sala común, reírse de Potter y compañía juntos, asustar a los niños de primero con sus placas de prefectos y amenazarlos con mandarlos a detención, practicar Quidditch con él y Blaise en verano mientras Theodore les observaba desde abajo mientras leía algún libro…

Pero los tres eran hombres y eran estúpidos. No notaban que sus coqueteos con Draco no eran más que una máscara para mantener contenta a su familia y que le divertía de sobremanera ver como todos se escandalizaban y hablaban de ello por días, tampoco veían que sus celos eran falsos pues poco le importaba con quién se revolcaba Malfoy y que lo único que le molestaba era que no le contara, que se seguía acostándose con él porque Draco en la cama era algo que no se podía describir con palabras, sin duda era excepcionalmente bueno y ella se había encargado de convertirlo en una leyenda en Hogwarts.

Pero no se daban cuenta de nada. Tan astutos, tan sagaces, tan intuitivos, tan maliciosos, tan Slytherins… Pero aun así, no se daban cuenta de nada.

Se abrazó a sí misma mientras se acomodaba sobre el escritorio del profesor, sobre el que ella se encontraba acostada en medio del aula vacía en la que estaba. Cerró un par de botones de su camisa y tanteó para ver si encontraba la corbata mientras bajaba un poco su corta falda. Se acurrucó en el mismo lugar usando su túnica envuelta como almohada y suspiró a la vez que un par de lágrimas rebeldes se escapaban de sus ojos y comenzaban a correr por sus mejillas.

Jamás se perdonaría haber seguido el consejo que su madre le dio al enterarse que Draco le había pedido que fuese su pareja para el Baile de Navidad en cuarto:

"Mi hijita, es tu oportunidad ¿Qué otra cosa puede esperar él de ti además de que te le entregues como es debido? Eres una Parkinson, debes tener muy claro lo que quieres para tu vida."

El problema es que Draco no era precisamente lo que ella quería para su vida. Y sin embargo lo hizo, es que definitivamente jamás se perdonaría haber sido tan tonta y haber decidido acostarse con él esa noche, porque aunque fue la primera vez de ambos supo que las cosas cambiarían, que nada más allá de eso habría entre los dos y también que él no la quería ni la querría nunca. No podía menos que agradecerle a Merlín por no estar enamorada de él, sin embargo un sabor amargo llenó lo que alguna vez fue una amistad llena de complicidad.

Sus lágrimas solitarias se habían convertido en un llanto desesperado para ese momento, porque gracias a su familia Draco le había perdido el respeto que siempre le había tenido y ellos, sólo ellos, la prestigiosa familia Parkinson, habían arruinado lo único que en realidad había querido tener con él alguna vez: la más simple y sincera amistad posible que dos Slytherins pudieran llegar a tener.

No supo cuando, ni tampoco por qué, pero antes de siquiera pensar en hacerlo se quedó profundamente dormida encima del escritorio.

(…)

-Y eso fue todo.-dijo sonriendo segura y pasando la vista rápidamente por la cara de todos los presentes.

Pudo ver las reacciones que desencadenó su historia y su sonrisa se ensanchó aun más. Snape tenía una mueca que indicaba que se estaba mordiendo la lengua para no dar a conocer sus dudas al respecto pues era el jefe de su casa y nunca acusaría a un Slytherin maliciosamente. Theodore había podido reconocer todas y cada una de sus mentiras, y lo supo debido a la pequeña sonrisa cínica que se había dibujado en su boca, mientras que Draco ponía los ojos en blanco y hablaba antes de poder contener su lengua (por eso de los efectos secundarios):

-¿Y que se supone que hiciste cuando encontraste a Potter durmiendo en ese salón de clases mientras hacías una ronda nocturna que ni siquiera te correspondía?-dijo mientras sus sibilantes palabras resonaban sobre el absoluto silencio de los demás para sorpresa de todos. Entonces añadió socarrón mientras sus ojos grises brillaban de burla-¿Se pusieron a jugar una partida de snap explosivo?

-No me esperaba menos de ti, Draco.-dijo ella fulminándolo con la mirada-Tal vez lo dices porque tú no dejaste de jugar con Granger toda la noche.

La boca de Hermione se abrió hasta casi tocar el piso, mientras Blaise y Theo trataron sin éxito de contener una carcajada acompañada por la ligera sonrisa de triunfo en la boca de Pansy. Harry miró incrédulo a su amiga y trató de decir algo pero todas sus palabras se atoraron en la garganta.

-¡Repite eso, Parkinson! -exclamó Hermione completamente roja de la vergüenza y la rabia-¡Y me encargaré que tu linda boca no se vuelva a abrir jamás!

-¿Eso harás?-dijo ella volteándose a verla con desprecio-¡Me encantaría verlo, mojigata comelibros!

-Ejem, ejem…-un carraspeo le hizo voltear a todos a ver al director y a las dos chicas bajar lentamente las varitas con las que ahora se apuntaban-Así está mejor. Señorita Parkinson, si bien el señor Malfoy no se hizo entender correctamente, es cierto que tiene un buen punto ¿Podría decirnos que pasó después que se encontró con el señor Potter?

-Claro, profesor.-dijo ella con voz dulce y asintiendo-Entonces…

(…)

Evidentemente ni Harry se había quedado dormido ni Pansy lo había encontrado, la historia era más bien al revés, pero al parecer era medianamente creíble.

Cuando Harry entró con la varita en alto y un Lumos conjurado pudo ver a una adolorida Pansy levantándose del suelo. La Slytherin al parecer estuvo durmiendo largo rato en el escritorio y en uno de sus sueños se giró bruscamente y terminó cayendo estrepitosamente en el piso, provocando el golpe sordo que él había escuchado.

La escena produjo en Harry una extraña combinación de risa y preocupación, así que cuidadosamente se acercó a una semi vestida Parkinson que se quejaba quedamente. Ella se creía descubierta por algún profesor así que mentalmente alistaba una excusa, pero cuando sus ojos azules descubrieron la figura del cara-rajada no pudo menos que suspirar aliviada.

-Pensé que estaba en problemas.-dijo levantándose lentamente-Sólo eres tú, Potter.

-Y yo pensé que pasaba algo.-dijo él visiblemente ofendido-Pero al parecer sólo te caíste de tu nueva cama.

Se miraron con furia un par de segundos pero luego apartaron la vista el uno de la otra pensando en lo rara que era aquella situación. Ella se dirigió hasta donde estaban sus cosas, se abrochó bien la camisa, se puso el suéter con rapidez, se pasó la corbata por el cuello sin anudarla y se metió la túnica si abrocharla por delante. Tomó su mochila y miró nuevamente a su silencioso acompañante.

-Ya puedes dejar de apuntarme.-dijo caminando hacia él. Fue en ese momento que miró con atención al Gryffindor que estaba frente a ella y que al parecer no tenía ni idea de que decir en esa situación. Se había dedicado tanto tiempo a odiar a Harry Potter que por lo visto no se había tomado el suficiente tiempo para detallarlo como se lo merecía: su cabello era tan negro como el de ella y se veía desordenadamente sexy a su parecer, los cristales de sus gafas le hacían ver en extremo tímido, inocente y desorientado, y tras ellos brillaban unos hermosos ojos verdes que nunca habían merecido su atención. Nunca hasta ese momento. Lucía agitado como si hubiese estado corriendo, al parecer ya era bastante tarde y trataba de llegar pronto a su sala común, pero había desviado el rumbo al oír su caída. Pansy sonrió de medio lado: Gryffindor tenía que ser.

-¿Y ahora de que te ríes?-dijo él girándose a la vez que le daba la espalda y comenzaba a caminar hacia la puerta-Yo me voy, no tengo placa de prefecto y a diferencia de otras no puedo vagar a esta hora en los pasillos.

-Espera un momento, Potter.-dijo ella autoritariamente, a lo que él se detuvo y se giró a verla. Pansy, en un rapto de inspiración, había tenido una idea que implicaba el jugarse su última carta, necesitaba conocer lo que le escondían sus amigos respecto a la sangresucia y no había nadie mejor para ayudarla que el mejor amigo de ella. La vida le había dado una oportunidad.

-¿Ahora qué quieres?-dijo en tono cansino y poniendo los ojos en blanco, iluminando otra vez el espacio entre ellos. Ella avanzó acortando la distancia entre los dos y sonrió seductoramente, cosa que comenzó a asustar a Harry. Esa chica debía estar planeando algo y fuera lo que fuese no era nada bueno.

-¿Qué sabes de lo que pasa entre Granger y Draco?-dijo la pregunta y ya. No iba a perder tiempo con rodeos inútiles, sólo vería su reacción y decidiría su siguiente movimiento. El rostro de Harry se ensombreció instantáneamente, hizo una mueca de desprecio y escupió con rabia:

-No sé nada, Parkinson. Y tampoco me interesa.-ella sonrió, sí le interesaba, no tenía porque negarlo.

-No me mientas, Potter.-dijo avanzando mientras él retrocedía-Sé que quieres saber qué es lo que pasa entre ese par, todo el mundo quiere saberlo. Deja muy mal su amistad que ella no les haya contado nada…

Harry sintió como la sangre hervía en sus venas pero haciendo gala de un auto-control envidiable esbozó una mueca y dijo a la vez que dejaba de retroceder:

-Pues siendo Malfoy tu novio, deja muy mal su relación el que él no te haya contado nada.

-¡Draco no es mi novio!-exclamó ella moviendo su cabello violentamente hacia atrás-Me esconde algo y eso no me gusta. Estoy segura que a ti y a la comadreja tampoco les gusta que Granger les esconda cosas…

-Puede ser…-dijo mirando a otro lado esquivando la profunda y azul mirada de la Slytherin y dejándose sumergir en su juego.

-Te voy a contar que sucede.-dijo ella sentándose en un pupitre y moviendo juguetonamente sus piernas en el aire, Harry la observaba con cautela-Lavender Brown me dijo que todo el meollo del olor y del hechizo comenzó el domingo en la mañana y se intensificó el lunes en la noche ¿Hasta ahí vamos bien?-él asintió precavido-Digamos que tengo un conflicto en eso del tiempo…digamos que Draco no podía estar esa mañana preparando una poción con Granger porque estaba conmigo.

-¿Crees que eres la única que se da cuenta que hay cosas extrañas?-dijo él alzándose de hombros-En primer lugar creo que no se soportan como para estudiar juntos Pociones sin que un profesor les obligue.-Pansy asintió, comenzaba a entenderse con Potter-Hermione no pudo tampoco estar con él…Estaba dándose un baño en el quinto piso.

La serena expresión de Pansy se desfiguró por completo, sus ojos se abrieron desmesuradamente y su boca se abría y se cerraba sin pronunciar palabra alguna. Harry un poco sorprendido por su actitud se acercó lentamente a ella, como si estuviese caminando sobre vidrios quebrados, y la miró extrañado.

-¿En el…en el quinto piso dijiste?-murmuró ella aun incrédula-¿En el Baño de los Prefectos?

-Sí, ahí.-respondió iluminando el pálido rostro de la chica con su varita-¿Te sientes bien, Parkinson?

Pansy estuvo segura en ese momento que Potter era una herramienta perfecta para conocer la verdad (la terrorífica verdad, si debía ponerle un adjetivo). La noticia de que Granger también estuvo esa mañana en el Baño era la pieza perdida de su rompecabezas, ahora sólo le faltaba saber que había pasado (porque se reía de la posibilidad de que hubiese habido cualquier clase de acercamiento físico entre Granger y Draco. Esa hipótesis era claramente risible ¿…O no?) Y dónde había estado ella cuando pasó, porque no lo recordaba… En ese momento todo se volvió borroso. No había nada en su cabeza, simplemente todo recuerdo de esa mañana se había ido y una pulsante sospecha se apoderó de ella.

-Hagamos un trato, Potter.-dijo ella taladrándolo con su mirada azul, él retrocedió un paso; podían llamarle cobarde pero esa chica sí que daba miedo-Ayúdame a averiguar que sucedió esa mañana en el baño.

-¿Y qué se supone que sucedió en el baño? -preguntó mientras una poderosa curiosidad comenzaba a llenarlo-Estaba sólo ella. Tú me dijiste que Malfoy estaba contigo, que ustedes…-abrió los ojos como platos al sacar una conclusión aterradora, miró fijamente a Pansy a través de los cristales de sus gafas y ella asintió suavemente mientras cruzaba las piernas sensualmente-¿Ustedes…ustedes estaban…estaban en el Baño…también?

Un sinfín de locuras pasaron por la cabeza de Harry que con cada sencillo pensamiento lograba escandalizarse más, las gafas se le fueron deslizando por la nariz mientras su cara se descomponía por el horror ¿Qué rayos había estado haciendo Hermione con Draco y Pansy en ese baño que terminaron oliendo así?

-Por si acaso tienes curiosidad, no recuerdo nada de lo que pasó esa mañana…-los ojos de Harry brillaron de sorpresa e incredulidad ¡¿En qué se había metido Hermione?!-Entonces…-murmuró Pansy inclinándose hacia Harry y acercando su mano lentamente a su cara-¿Tenemos un trato?

-No puedo hacerlo.-dijo él mirando al suelo sin siquiera meditar la propuesta-Hermione nunca nos contaría nada así, no ahora. Y sea lo que sea que haya…hecho con Malfoy no me lo dirá.

De repente Harry se sobresaltó con el tacto delicado de la mano de Pansy sobre su rostro, la chica comenzó a subir sus gafas y las dejó nuevamente en su lugar, puso sus dedos suavemente sobre la mejilla del chico y sonrió traviesamente. A este Potter sí que había que había que darle empujones.

-Suenas como un perdedor, Potter.-dijo con sorna-Y hasta donde tengo entendido no lo eres ¿Peleaste con la sangresucia…?-tonta, la insultó frente a él. Todo se había ido al caño.

-No la vuelvas a llamar así.-dijo él ahora viéndola a los ojos y mucho menos agresivo de lo que hubiese querido, su mirada verde reflejaba una profunda tristeza pero Pansy no estaba dispuesta a rendirse, Potter era la única forma de llegar a la verdad y si para eso debía usar la maquinaria pesada, lo haría. Se bajó del pupitre donde había estado sentada, anuló el poco espacio entre ellos y acercando sus labios al oído del chico tras ponerse en puntillas susurró levemente:

-¿En serio crees que Granger peleará contigo y con Weasley sólo por Draco? Te aseguro que se le pasará y en ese momento les contará todo ¿Son amigos o no?-había que comprender a Harry, no sólo estaba adolorido por su reciente pelea con Hermione, también sentía un hueco extraño cerca del corazón por culpa de Ginny, no es que fuese su mejor día, la verdad, por lo que las palabras de la Slytherin le sonaron bastante certeras-Además, aun no hemos hablado de que te daré yo a cambio…-Hay que reconocer también que Harry Potter además de ser el salvador del mundo mágico y todo lo demás, era un adolescente lleno de hormonas que comenzaba en ese momento a ser acariciado por las hábiles manos de Pansy. La miró sorprendido mientras ella sonreía pícaramente y acercaba sus labios peligrosamente a los suyos, a la vez que sus manos descansaban sobre su abdomen. Sintió su cálido aliento cuando ella empezó a pronunciar lentamente cada palabra-Dime qué quieres, Potter.

-Quiero…-se sorprendió a sí mismo hablando, pensaba que le había sido retirada esa cualidad cuando Parkinson comenzó a acercarse más de lo estrictamente necesario. Había escuchado muchas historias sobre ella, pero tenerla cerca era otra cosa: era cierto que su voz lograba hipnotizar parcialmente y que sus manos eran muy suaves al tacto, sólo le faltaba comprobar si era cierto que era la chica que mejor besaba en Hogwarts, si sólo…si sólo… Se sorprendió a sí mismo con tales pensamientos y se sonrojó al sentir la presencia tan cercana de Pansy. No quería besarla, al menos no a ella. Eso era, si iba a revelar un secreto de Hermione entonces lo haría por algo que para él valiera la pena-Quiero que me ayudes a salir con alguien…

La pelinegra dio un paso hacia atrás visiblemente sorprendida, de hecho, esa no era para nada la respuesta que se esperaba; pero aun así sonrió irónicamente y asintió alejándose:

-¿Así que Potter, El Elegido, no puede tener a la chica quiere?-él hizo una mueca de desprecio y volvió a alzar su varita iluminando mejor el recinto-Por supuesto que te ayudaré, no te preocupes. Entonces, ahora sí.-extendió su mano y esperó por él-¿Tenemos un trato?

-Tenemos un trato.-dijo estrechando su mano, aun tan dolido por todo lo que le había dicho Hermione que no le preocupó en lo más mínimo que el embrollo en el que se acababa de meter incluía el traicionar a su mejor amiga.

Pansy Parkinson lo había conseguido una vez más, caminó hacia la puerta con elegancia tras separar sus manos y dijo confiada:

-Bueno, fue un placer hacer negocios con usted, señor Potter.-dio un paso fuera del aula-Y tranquilo, no es necesario que me acompañe a mi sala co…-un ruido estruendoso hizo que ella se callara y retrocediera asustada dándose de lleno con el pecho de Harry que había avanzado atrás de ella.

Esperaron un rato y no pasó nada.

Un poco más.

Nada.

Pansy salió tras Harry, agarrando fuertemente la túnica del Gryffindor, mientras este suspiraba contrariado y caminaba con la varita en alto. Llegaron lentamente hasta el final del pasillo pero, afortunadamente, no encontraron nada extraño.

-No pasa nada.-dijo él mientras se sacudía la túnica bruscamente-Seguro y sólo fue Peeves ¡Ya suéltame, Parkin…!

Cuando sin previo aviso y mientras seguían avanzando casi a tientas, chocaron de frente con algo… ¡Con alguien! Y cayeron estrepitosamente al suelo uno junto al otro. Dudoso de qué hacer, asustado por las consecuencias y preocupado por qué iban a decir si lo veían con Pansy Parkinson en esa situación, murmuró un Lumos esperando lo peor y para su sorpresa y la de su acompañante se encontraron de frente con otra pareja de lo más de dispareja.

-¡¿Theodore?!

-¡¿Pansy?!

-¡¿Luna?!

-Hola Harry.

(…)

-Así que le dije a Potter que se fuera a su sala común y yo me dispuse a irme a la mía inmediatamente, profesor; ahí fue cuando nos encontramos con…

-El señor Nott y la señorita Lovegood.-completó el anciano asintiendo.

-Exacto.-terminó ella sonriéndole malvadamente a su amigo.

-Bueno, señor Nott, me…

-No se preocupe, profesor.-interrumpió tranquilamente Theodore al director que lo miró por encima de la montura de sus gafas-No hay necesidad de que lo pregunte, puedo decirle que fue lo que pasó. Usted verá, anoche…

Para ser honestos, podía decir lo que había sucedido pero no lo haría. Le había pedido a Luna que no fuera del todo sincera y por eso, también él, cambiaría las cosas ligeramente, porque una pequeña modificación de la verdad no es una mentira ¿Cierto?

(…)

-¿Llevas mucho tiempo esperándome?-una suave voz llamó su atención, se giró hacia quien habló y su cuerpo quedó paralizado ante la visión de la chica que le sonreía angelicalmente: porque eso era lo que Luna Lovegood parecía, un ángel. Sus ojos azules brillaban con intensidad, su largo cabello rubio estaba anudado en una trenza que llegaba más debajo de su cintura, su piel sonrosada parecía ahora marfil bajo la luz blanca. Se quedó sin habla mientras su corazón alcanzaba velocidades insospechadas, mientras se sonreían el uno a la otra-Espero que no.

Ella se adelantó y se puso junto a él que aun no podía pronunciar palabra. Se apoyó delicadamente en el barandal y miró fijamente, con sus brillantes ojos azules, el hermoso espectáculo que el cielo ofrecía esa noche. La luna lucía radiante en medio del cielo negro salpicado de pequeños puntos lejanos de luz, pero Theodore no perdía su tiempo observando los astros que aparecían ahí noche tras noche, él sólo tenía ojos para contemplar el hermoso perfil de Luna, de su Luna.

-Pensé que no vendrías…-murmuró siguiendo el movimiento de un par de mechones de cabello rubio que se escapaban al amarre de su trenza.

-¿Por qué no habría de hacerlo?-dijo ella volteando a verlo y sonriéndole sinceramente-Fue un pedido muy amable de tu parte… ¿Y cómo te fue?

-¿Cómo me fue con qué?-replicó él un poco confundido mientras ella sonreía nuevamente y abría aun más sus soñadores ojos.

-Pues con los nargles, te dije que toda la torre estaba llena de ellos…-se giró nuevamente hacia el frente y dejó que la leve brisa le acariciara el rostro-Ginny no me dejó traer mi amuleto en contra de ellos…Dijo que si esto era una cita, debía tratar de comportarme más normal. No entiendo qué quiso decir con eso.-terminó alzándose de hombros y dedicándole una sonrisa un tanto burlona a Nott, él ya sabía a qué se refería ella.

-¿Le contaste a Weasley que te encontrarías conmigo?-preguntó sin poder contener una ligera sonrisa que desapareció al ver la acongojada expresión de Luna-Oye… ¿Qué pasó?

-Si no debía decirle a nadie, debiste habérmelo advertido, Nott.-dijo ella seriamente y buscando inútilmente en su cuello, con su mano derecha, el dije ausente con el que solía juguetear cuando se ponía nerviosa. Suspiró contrariada y siguió-Ginny es mi amiga, no desde hace mucho pero finalmente mi amiga, no tengo porque ocultarle nada. Creo que seguimos discrepando en ese punto…

Se detuvo de repente al sentir cómo él se acercaba sigilosamente a ella y cómo su mano tomaba su mentón para que lo mirara a los ojos. Una pequeña sonrisa irónica se dibujaba en sus labios y no se veía en lo absoluto disgustado. Se preguntó interiormente si los nargles también provocaban ese cosquilleo en el cuerpo que ella estaba comenzando a sentir.

-Sólo fue una pregunta.-dijo Theo alzándose de hombros y sin retirar la mano de su cara, no quería detener ese ligero contacto-No tengo ningún problema con que lo hayas contado, supongo que algún día todo el mundo lo sabrá…

-¿Saber qué?-dijo ella dando un paso hacia atrás y deteniendo su caricia-Creo que te comienzas a confundir, Nott. Creí que te dejé muy en claro que sea lo que sea lo que estés buscando conmigo, no lo vas a conseguir.

-Vaya…-dijo él alzando una ceja ante semejante respuesta, muy en su interior comenzaba a enojarse nuevamente-Entonces ¿Podrías decirme qué estás haciendo aquí?

No respondió. Se quedó callada y retirando su mirada de los verdes y pálidos ojos del Slytherin. Si debía ser sincera, no sabía porque había aceptado aquella invitación; sospechaba seriamente de los Plimpuffs, pero nada en concreto. Estaba segura que le pasaba algo extraño cuando estaba cerca de Theodore pero nunca antes había sentido algo parecido, y la verdad, cualquier criatura podía provocar esos síntomas que él parecía despertar en ella.

Ginny le dijo que lo más probable era que a ella le gustara Nott (de hecho, Ginny estaba segura de aquello, pero tratándose de Luna era mejor tratar el asunto con calma), pero ella desechaba esa posibilidad fácilmente. Theodore no era su tipo, ni siquiera sabía cómo era su tipo, nunca había pensado en chicos para ser honesta.

-No sé qué hago aquí.-dijo sinceramente-No lo sé porque no me dijiste para qué querías verme. Si es para intentar besarme una vez más, te digo desde ahora que pierdes tu tiempo, Nott.

-Supongo que tienes razón.-replicó él alzándose de hombros y una vez más sorprendido por la sinceridad de la Ravenclaw-Supongo también que quieres que te explique cuál es mi idea de una cita. Porque eso es esto, Lovegood: una cita.

-No necesito que me lo expliques, Nott.-dijo ella ignorando el sarcasmo de la última frase-Sé lo que son las citas y no comprendo todo el interés que generan en las personas. No es necesario encontrarse en Hogsmeade para hablar con alguien a quien puedes ver todos los días en la escuela o para besuquearse y abrazarse a la vista de todos. Porque eso es lo que se hace en las citas ¿O no?

Theodore esbozó media sonrisa, cada segundo que pasaba a su lado se convencía más de por qué esa chica lo estaba volviendo loco. No era sólo su hermoso cabello largo y rubio, o sus ojos brillantes y azules como el cielo despejado, tampoco su fina figura ni sus delicadas facciones…Bueno, tal vez un poco de todo eso también; pero era principalmente todo lo que salía de sus labios lo que había logrado obsesionarlo hasta ese punto.

Única.

Luna Lovegood era única.

Y como era la única, la quería para él.

Eso era bastante simple. Disminuyó nuevamente la distancia entre ellos y se inclinó lo suficiente para que sus narices se rozaran, lo que ocasionó que ella se estremeciera levemente y tratara de dar un paso hacia atrás, pero se vio de repente impedida para hacerlo porque el brazo izquierdo de Theodore le rodeó el cuerpo evitándolo.

El calor que había comenzado a llenar sus mejillas y las cosquillas que recorrían su cuerpo de arriba a abajo no eran para nada normales, abrió la boca para hablar pero sintió de pronto el cálido aliento de Nott golpearle el rostro:

-Puedo ver que tu experiencia en citas es nula, Lovegood.-susurró alzando una ceja al más puro estilo Slytherin-Déjame ilustrarte. Eso que sientes, porque sé que lo sientes, no lo causan ni Plimpuffs, ni nargles, ni ninguno de esos insectos invisibles; lo hago yo ¿Comprendido?-ella asintió levemente mientras sentía que un fuerte sonrojo invadía su cara-Sé que a las chicas les encanta escucharlo, sólo que pensé que tú serías diferente: Me gustas, Luna Lovegood. Me encantas, me traes completamente loco desde el verano y me gustaría saber qué piensas de ello.-ella tragó saliva pero sintió como si fuese un bloque de cemento ¿Qué se sentía cuando alguien te gustaba? Ella no lo sabía, así que no podía responderle-Vamos, dime cualquier cosa.

Sentía un remolino de cosas adentro pero no sabía muy bien como describirlas por lo que no se las diría al chico que esperaba ansioso por una respuesta. Sabía que sus ojos lograban distraerla bastante, que su corazón se aceleraba cuando estaban cerca (y que en ese momento se le quería salir del pecho), que de repente temblaba inexplicablemente cuando él se sentaba junto a ella junto al lago en vacaciones. Pero todos esos síntomas eran explicados perfectamente por una docena de animales mágicos (que sólo ella y su padre conocían), bueno, tal vez por menos.

Sabía perfectamente que últimamente Theodore Nott era bastante asediado por la chicas de la escuela, que hablaban de él y de sus amigos en los baños, que reían como tontas cuando ellos pasaban por ahí. Ella nunca podría hacer nada parecido, aunque sus ojos verdes le taladraran desde tan cerca, o su mano convirtiera el anterior agarre en una suave caricia, o sus labios se curvaran en esa sonrisa tan encantadora…

Eso lo había notado desde el verano, Luna solía quedárselo viendo fijamente de vez en cuando, como si fuera otra de sus criaturas de estudio, cuando le preguntó por qué lo hacía le respondió que era por "La más sana curiosidad científica", sin embargo no había entendido muy bien que había querido decir con eso. Pero aunque no entendía muchas cosas concernientes a ella, sabía algo que le daba muchos puntos a su favor: a Luna le encantaba su sonrisa, se lo había dicho una vez, y era hora de usar esa arma en contra de ella; porque si pensaba que se iba a escapar esa noche estaba muy equivocada.

Sonrió una vez más.

Apretó suavemente su agarre en su cintura, atrayéndola más a sí.

Ella se mordió un labio suavemente.

-Nunca he besado a nadie…-dijo logrado que los ojos de Theodore brillaran de sorpresa, no por la revelación (obvia para él), sino por el momento escogido para hacerla. Entonces, si acaso le cabía un atisbo más de asombro, Luna logró sacarlo por completo de sí cuando alzando una de sus manos, acarició lentamente el contorno de su boca-Tus labios siempre me han causado mucha curiosidad, Nott, pero de la más…

-Sí, lo sé, la más sana curiosidad científica…-murmuró antes de rozar sus labios con los de ella, provocando un inesperado y casi imperceptible gemido por parte de la chica. Se alejó lo necesario para poder decir unas cuantas palabras mientras sonreía-Y puedes decirme Theo, Luna…

Lo próximo que ella sintió fue la suave caricia de sus labios, casi inconscientemente cerró los ojos y se dejó llevar por él que ahora rodeaba con ambos brazos su cuerpo. No supo cuando lo hizo pero llevó sus manos a su cuello y le acarició con delicadeza, con tanta delicadeza que lo hizo estremecer. Él hábil chico le guiaba por senderos inexplorados por ella y con gran sutileza hizo que entreabriera sus labios para profundizar un beso con el que llevaba meses soñando. Una gran sorpresa invadió a Luna al sentir su lengua jugueteando dentro de su boca, pero sólo se dejó llevar mientras sin quererlo sus caricias se tornaban más firmes.

Memorable.

Así se podía definir su primer beso: simplemente memorable.

Abrió sus ojos lentamente después de separar sus labios aunque la verdad no había querido hacerlo, pero sus pulmones no eran tan grandes como los de Greepy subacuáticos que vivían en el lago. Nunca se había sentido tan bien y debía agradecer a Nott por eso.

Él le sonreía mientras seguía acariciando suavemente su cintura, lo había conseguido. Después de tanto esfuerzo por fin lo había conseguido, la había conseguido. Sus soñadores ojos azules se abrían a la vez que brillaban bajo la blanca luz de la luna, su cabello se movía levemente a causa de la ligera brisa, una pequeña sonrisa se dibujaba en sus labios mientras tomaba su varita…

¡¿SU VARITA?! ¡¿Qué rayos le estaba pasando a esa chica?! Solían decir que estaba loca pero trataba de convencerse de lo contrario. Era una niña dulce, tierna, un poco rara, pero muy hermosa ¡Y ahora resultaba que después que lo besaba le estaba amenazando sin darle tiempo para defenderse! ¡¿Qué demonios había hecho mal?! ¡Porque de todas las cosas que imaginó para su noche, jamás el ser atacado por ella fue una posibilidad!

-Creo que…-dijo ella mientras daba un paso hacia atrás, se soltaba del agarre del perplejo chico y le apuntaba, al parecer para él, directo a la cara-Creo que me gustas, Theodore Nott.

-Luna…-eso era muy raro, trató de hablar pero tenía que reconocerlo, estaba claramente asustado: si bien Luna estaba un poco loca, jamás pensó que pudiera llegar a ser peligrosa-¿Qué…?

Luminaria!-exclamó ella antes de que Theo pudiese siquiera terminar su pregunta. El Slytherin, por completo sorprendido, cerró los ojos esperando lo peor así que no observó como un haz de luz azul rozó su oreja izquierda a la vez que sentía sudor frio bajar por su nuca. Abrió levemente sus párpados y se encontró con una sonriente Luna que tenía las manos tras su espalda, la varita tras su oreja y se balanceaba sobre sus talones, hacia adelante y hacia atrás, como una niña pequeña-Si no te molesta, me gustaría que me acompañaras a mi sala común. No es hora para estar vagando por los pasillos.

Fue entonces cuando se giró hacia su izquierda y vio, encapsulados en una burbuja azul brillante, a una docena de pequeños insectos parecidos a abejas pero más pequeñas y de un color dorado resplandeciente. Por un instante le parecieron luciérnagas, pero enseguida supo que no lo eran. Miró a Luna con curiosidad y descubrió que iba caminando hacia la puerta, volteó nuevamente hacia la burbuja y con uno de sus dedos la tocó haciendo que estallara, sin embargo los misteriosos animalitos desaparecieron también. Comenzó a caminar a pasó rápido tras ella y preguntó intrigado:

-¿Qué eran esas cosas?-ella se detuvo, se giró hacia él y posó sus labios sobre los suyos, sorprendiéndolo nuevamente. Tras dejarse acariciar por las pequeñas y delicadas manos de Luna, finalizó un segundo beso que fue aun mejor que el anterior. Ella sonrió y, abriendo mucho sus soñadores ojos azules, tomó su mano mientras salían hacia las escaleras de la torre.

-Nargles.-fue ahora Theodore quien abrió los ojos sorprendido, era imposible, es decir, los nargles no existían… ¿O sí?-Te dije que toda la Torre de Astronomía estaba llena de ellos, sólo hay que saber buscarlos y atraparlos con ese hechizo, pero cuando reventaste la burbuja se escaparon y parece que se metió alguno por mi nariz…

(…)

-Y eso fue todo.-terminó Theo su historia cruzado de brazos y mirando sereno a su profesor.

-¿Nargles?-dijo Hermione antes de poder evitarlo-¡¿Nargles?! ¡¿Cómo es que ni siquiera te esfuerzas por inventar algo mejor?!

Todos los presentes sonrieron ante las palabras de la prefecta de Gryffindor ¡Por Merlín que tenía razón! Incluso la profesora McGonagall dejó ver parte de una sonrisa y Snape tenía en la cara una mueca descompuesta, que muy probablemente era algo parecido al gesto que hacía cuando estaba feliz.

-Sí, Granger. Nargles, tal y como lo oyes. Y la cacería fue muy fructífera a mi parecer.-dijo Theodore alzándose de hombros y sonriendo burlón mientras el profesor Dumbledore asentía.

-Veo, veo. Bueno, si usted me dice que la señorita Lovegood muy amablemente le invitó a estudiar los nargles bajo el cielo nocturno en la Torre de Astronomía ¿Quién soy yo para no creerle?-todos los presentes pusieron los ojos en blanco al oír semejante frase: pues era nada menos que el director de la escuela y el mago más poderoso vivo. Theodore sonrió irónicamente y miró a Luna. Ella jugueteaba con un dije que colgaba de su cuello a la vez que miraba por la ventana del lugar aparentemente muy ensoñada en las nubes-¿Tiene algo más que decirnos señorita Lovegood?

-¿Además de que la Torre de Astronomía necesita una fumigación urgente?-contestó mirando con sus ojos claros al director.

-Sí, además de eso ¿Qué sucedió cuando se encontraron con el señor Potter y la señorita Parkinson en el pasillo?

-¡Ah, claro! Pues anoche…

Para ser honestos, podía decir lo que había sucedido pero no lo haría. Theodore le había pedido que no fuera del todo sincera y, sólo por eso, cambiaría las cosas ligeramente, porque una pequeña modificación de la verdad no es una mentira ¿Cierto?

(…)

Al parecer a Theodore le había sorprendido más de lo normal el ver a los nargles. No había podido pronunciar palabra y caminaba tras ella en silencio sin soltar la mano de su agarre. Ella tarareaba una canción despreocupadamente mientras avanzaban por los pasillos desiertos y sólo iluminados por la luz blanca que se colaba entre los ventanales.

Sin embargo, ambos se quedaron de piedra al oír algo como un chillido seguido de una risa burlona. A una velocidad alucinante, Theo la rodeó entre sus brazos y la arrastró hacia un pequeño nicho oculto tras un tapiz junto al que habían estado segundos antes. Luna trató de controlar todas esas sensaciones que él despertaba en su cuerpo, pero eso era claramente imposible. No había manera de evitar que su corazón se acelerara, su respiración se agitara y un ligero cosquilleo recorriera su cuerpo; si él tenía todo su cuerpo pegado al de ella, mientras la rodeaba con sus brazos y le sentía tan cerca en todo sentido.

Podía sentir cerca de su pecho las rápidas palpitaciones de su corazón, cómo sus piernas se acercaron aun más a las suyas uniendo por completo sus caderas y la fuerte presión en su cintura y su pecho por su agarre; todo cuando la risa se volvió a repetir. No podía verlo pero sabía que la miraba fijamente, se sintió tan agradecida de su preocupación que inclinó suavemente su cabeza y la apoyó en su hombro.

-¡Filch! ¡Filch Pili Pichín!- la voz de Peeves resonó por el lugar- ¡Esta noche de luna hay muchos estudiantes haciendo travesuras!-su risa resonó en el lugar seguidos del maullido de un gato que al parecer pasó corriendo a toda velocidad frente al tapiz que los ocultaba.

-¡Peeves!-gritó el conserje furioso-¿Dónde están, Peeves?

Sólo se oyó una risa muy lejana seguida de una estruendosa caída de algo, que ambos supusieron era una pesada armadura. Al escuchar que los pasos de Filch se perdieron en dirección contraria a la que ellos estaban, se relajaron un poco y Luna, sonrojada por la inminente cercanía del chico, desarmó su agarre y le empujó suavemente hacia atrás.

-Debemos seguir…-susurró tomando nuevamente su mano y aun sintiendo sus mejillas calientes por el acercamiento anterior. Los nargles debieron darle fiebre, pero evitó pensar en eso mientras comenzaban a caminar y no se tomaba el tiempo necesario para girar a ver a Nott que lucía una sonrisa bastante socarrona en su boca sabiendo muy bien lo que había provocado.

Fue en ese momento que se chocaron con alguien. Fue en ese momento que bajo la luz de un Lumos se vieron las caras. ¡Vaya! Harry estaba con Pansy Parkinson.

-¡¿Theodore?!

-¡¿Pansy?!

-¡¿Luna?!

-Hola Harry.-su saludo fue el único cortés, los otros estaban muy ocupados mirándose con la boca abierta mientras ella se ponía de pie y se sacudía la ropa-Creo que debemos irnos, Filch estaba rondando por aquí hace poco. Vamos, Theo.

-¿Theo…?-dijeron Pansy y Harry al tiempo al escuchar a Luna. Él les sonrió con suficiencia y se puso de pie, la Slytherin supo lo que venía:

-Bueno, creo que ese es mi nombre.-dijo alzándose de hombros y mientras su sonrisa se tomaba un tanto maléfica-Sin embargo puedo ver que no somos los únicos en los pasillos a horas indebidas…-miró atentamente a su amiga a la vez que comenzaba a alzar una ceja, más precisamente a los brazos de su amiga, que estrechaban con fuerza el brazo izquierdo de Potter. Ella al notar su mirada inquisidora, lo soltó como si estuviera hecho de metal caliente; y Harry al notarlo suspiró contrariado, se esperaba algo así.

-Luna tiene razón.-dijo Harry mientras los tres se ponían de pie-Debemos irnos antes de que llegue Filch.-entonces señalando un pasillo continuó-Yo me voy por allá.-señaló otro y habló a Pansy y Theo-Ustedes se van por allá y Luna…-la miró confundido y sonrió como disculpa-Lo siento pero no sé el camino a la sala común de Ravenclaw.

-Silencio…-los cuatro se sumieron en el más absoluto mutismo cuando escucharon pasos que se acercaban desde el otro lado del pasillo. Harry murmuró un Nox y guardó su varita en el bolsillo, sólo para sentir cómo alguien tomaba su mano y la estrechaba con fuerza. No pudo evitar sonrojarse al creer que quien lo agarraba era Pansy, entonces sintió que le halaba y la siguió tratando de no hacer nada de ruido. Caminaron hasta el lado opuesto del pasillo y llegaron a una bifurcación T, estaban ahora en un pasillo lleno de ventanales que le daban vía libre a la luz blanca de la luna.

Ahí estaban, cuatro adolescentes tomados de la mano uno junto a otro. Mirando como embobados la imagen del astro tras los cristales, ya no se oían los pasos por lo que podían respirar más tranquilos. Fue entonces cuando escuchó la burlona voz de Pansy:

-Theo, Potter ¡Qué lindos se ven!-por inercia Harry volteó a mirar a quien sostenía su mano y encontró nada más y nada menos que a Nott. Se soltaron espantados y sacudieron sus manos rompiendo la cadena Pansy-Luna-Theo-Harry que habían hecho para alejarse de donde estaban aun permaneciendo juntos. Luna y Pansy sonreían ante la escena que presenciaban, donde ambos chicos agitaban sus manos como queriendo liberarla de algo asqueroso a la vez que se miraban con odio. Pero la alegría no iba a durar mucho o, al menos, eso pensaron ellos en ese momento.

-¿Quién anda ahí?-una voz les heló la sangre a los cuatro, se giraron lentamente hacia el lugar del que provenía el sonido y se encontraron de frente con una figura que empuñaba una varita en alto. Al menos no era Filch.

(…)

-Nos llevamos un gran susto…-dijo Luna mirando a su profesor y abriendo los ojos bastante-Pensamos que nos habían atrapado.-Los presentes pusieron los ojos en blanco al escuchar esas últimas palabras.

-Eso, señorita Lovegood, es irrelevante debido a que, de hecho, los hemos atrapado.-dijo Snape mirando a la chica con una mezcla de burla y desprecio.

-Tal vez.-dijo Luna volteando a ver a su profesor de Defensa Contra la Artes Oscuras y sonriéndole a la vez-Pero, créame: si usted hubiese estado en nuestra situación también se hubiese asustado. El miedo no es algo de lo que se deba tener vergüenza.

Todos los estudiantes presentes ahogaron una carcajada, algunos como Ron sin mucho éxito. Snape los miró con odio y volteó la cara hacia Dumbledore haciendo que su pelo grasiento se moviera como una cortina pesada. El director esbozó una sonrisa traviesa bajo sus barbas plateadas y miró a Luna asintiendo.

-Tiene toda la razón, señorita Lovegood. No hay nada de qué avergonzarse por haberse asustado. Entonces, me decía que se tropezaron en un pasillo con la señorita Parkinson mientras el señor Potter se alejaba en otra dirección.-Luna asintió jugueteando con el dije ente sus dedos-Y entonces, al oír que se acercaba Peeves, corrieron y llegaron al pasillo principal del tercer piso donde alguien los descubrió.

-Está en lo cierto.-terminó Luna lanzándole una fugaz mirada a Theo mientras se sonreían. Draco, que no pasó por alto aquel extraño gesto abrió la boca para hablar cuando el profesor Dumbledore se le adelantó:

-Y ese alguien fue, para su sorpresa y tal vez alivio, el señor Zabini.

-Exactamente.-interrumpió Blaise para añadir burlón-Y puede creerme cuando le digo que fue muy, pero muy divertido.

Y se divertiría aún más si contaba las cosas tal cual habían sucedido, pero no lo haría. Había notado como los otros cuatro se habían esforzado porque sus improvisadas historias encajaran y, sólo por eso, les echaría una mano y cambiaría las cosas ligeramente, porque una pequeña modificación de la verdad no es una mentira ¿Cierto?

(…)

-¿Quién anda ahí?-dijo con la voz más firme que pudo salir por su garganta. La verdad, tal vez no había sido una buena idea salir a buscar a Theodore por todo el castillo, pero se había llenado de coraje al levantarse a tomar agua y ver que ni Draco ni él estaban en cama. Si estaban saliendo por las noches a divertirse por lo menos podían invitarlo, tal vez no pedía tanto, sería suficiente si le avisaran que no llegarían a dormir. Se acercó al grupo de cuatro personas y no pudo evitar que se le desencajara un poco la expresión al ver semejante cuadro: Pansy y Lunática Lovegood tomadas de la mano mientras Theo sostenía su mano cerca de Potter que hacía lo mismo con la suya. Al principio no pudo evitar soltar una suave carcajada debido a las caras de terror que todos tenían, ni siquiera trató de imaginar que estaría haciendo ese cuarteto loco-¡Cómo me gustaría tener una cámara para inmortalizar sus rostros espantados! ¡Me reiré de ello hasta el día de tu funeral Theo! ¡Y no guardaría esas fotos sólo para mí, el colegio entero sería testigo de esta maravillosa reunión nocturna! ¡Y como San Potter es ahora famoso, seguro y me dan una gran cantidad de galeones por ellas!

Se acercó a ellos y pudo notar cómo el alivió surcó el rostro de sus amigos al ver que era él quien los había encontrado. Sin embargo y a pesar se enfadó aun más, lo que le escondían al parecer era más complicado de lo que pensó en un principio.

-¡Blaise!-murmuró emocionada Pansy soltando la mano de Luna para saltar al cuello del recién llegado-¡Eres tú!

-Eso parece.-dijo él apartándola de forma poco amable-Veo que armaron una fiesta y no tuvieron la amabilidad de invitarme.-Theo sonrió al oír el sarcasmo de su frase y le contestó con igual malicia:

-La verdad, no te podíamos invitar. Eran fiesta de dos y dos, y como ves contigo seriamos cinco.

- Ja, Ja, Ja…-musitó Blaise-Harás que me desternille de la risa. Y esas parejas ¿Tú y Lunática, o, tú y Potter?-dejó escapar una suave carcajada burlona que provocó una mueca de desprecio en la cara de su amigo-En todo caso no me importa, es tu problema lo que hagas o no.-terminó aparentando indiferencia.

-¿Sí? -inquirió Theo con ironía-¿Y entonces qué haces en la mitad de la noche despierto y vagando por los pasillos?

-Eres un imbécil, Theodore.-musitó Blaise bajando la varita y acercándose aun más a ellos. Miró a Pansy y añadió-¿Y tú no habías discutido con Theo?

-Pues sí.-murmuró lanzándole una vehemente mirada de odio al susodicho-Pero este encuentro ha sido un accidente. Estaba con Potter cuando…

-¡¿Potter?!-exclamó sorprendido Blaise a la vez que su voz resonaba por todos los pasillos.

-¡SShhhhh!-dijeron los otros poniéndose un dedo en los labios y mirando a ambos lados del lugar asustados.

-¡¿Qué demonios hacías con Potter?!-murmuró sulfurándose-¡¿Acaso creen que soy estúpido?! ¡¿Por qué me ocultan tantas cosas últimamente?!

-Precisamente por esa clase de reacciones…-musitó Theo poniendo su mano sobre la boca de su amigo y tratando de escuchar de donde provenían unos pequeños golpes sospechosos en medio del silencio del castillo-Tal vez si te callaras, correríamos menos riesgo de ser atrapados.

-Creo que eso…Ya no se pudo.-una voz nueva resonó por el pasillo mientras suaves pisadas se acercaban, suficiente para helar la sangre de los cinco adolescentes.

(…)

-Mi madre va a mandar por lechuza una carta firmada por un medimago donde certifica que lo que estoy diciendo es la completa verdad.-dijo cruzándose de brazos mientras los rostros incrédulos de todos los presentes le observaban. Le dedicó una especial mirada de desprecio a Harry y giró a ver al director que tosió un poco sorprendido.

-Ejem…bueno, señor Zabini. Si usted nos dice que es sonámbulo, que sin saber cómo apareció en el pasillo principal del tercer piso y se encontró con sus compañeros que le despertaron…pues, entonces está bien. No es necesario que su señora madre envíe esa carta…

-Lo supuse, señor.-dijo Blaise sonriendo triunfal y hablando dramáticamente-Cuando ellos me despertaron tan abruptamente, causándome ese shock tan tremendo…

-Blaise, deja las payasadas.-dijo Draco con voz severa.

-Completamente de acuerdo.-completó Hermione-Es más creíble la historia de los nargles de Nott.

-Sí, Granger tiene razón.-terminó Draco asintiendo. Blaise alzó una ceja y afiló su lengua venenosa en revancha por quitarle protagonismo a su original historia:

-No sé si es mi imaginación, pero creo que últimamente la relación entre ustedes dos ha mejorado de una manera…alucinante.-los dos se volvieron de repente el objetivo de todas las miradas y de una que otra sonrisa socarrona, Hermione se sonrojó sin poder evitarlo y Draco hizo gala de todo su autocontrol para no maldecir a Zabini en ese preciso momento-Como le iba diciendo profesor, Theo y Pansy me iban a ayudar a volver medio dormido a la sala común cuando de repente llegó alguien a nuestra fiesta de media noche.

-¡Oh, ya veo!-exclamó el profesor Dumbledore-Y ese era el señor McMillan ¿O me equivoco?

-No para nada, señor.-contestó Ernie mirando al director-Pero no sucedió nada además de que los encontré en medio del pasillo con una actitud bastante sospechosa.

-¿Sólo eso? ¿Nada más?

-La verdad, profesor, anoche…

Él sólo estaba haciendo su ronda, una ronda en la que supuso no iba a encontrar ningún estudiante pues sabía que si pasaba algo, eso sería en la Torre de Astronomía. Aunque no fuera muy honesto de su parte, contaría sólo una parte de los hechos, porque por un trato hecho con Parkinson, no los acusó ni los envió a detención y, sólo por eso, cambiaría las cosas ligeramente, porque una pequeña modificación de la verdad no es una mentira ¿Cierto?

(…)

-Creo que eso…Ya no se pudo.-dijo acercándose al grupo de cinco chicos que le miraban como si fuese el mismísimo demonio. Alzó una ceja al ver quienes se encontraban reunidos: ¿Potter, Lovegood, Parkinson, Zabini y Nott? Un grupo ciertamente extraño-¿Podrían tener la amabilidad de decirme que creen que hacen aquí a estas horas?

-Eso no te incumbe, McMillan.-dijo secamente Zabini soltándose del agarre de su amigo.

-Tal vez deberías ser un poco más cortes, viendo, por supuesto, la desfavorable situación en la que te encuentras.-soltó moviéndose con elegancia hasta donde se colaban los rayos de luz blanca de la luna y con las que, a propósito, hizo brillar la placa de prefecto que reposaba en su pecho-Si mis matemáticas no me fallan, creo que serán cinco detenciones.

-Cuatro, McMillan, cuatro.-dijo Pansy moviéndose coquetamente hacia donde él estaba, Ernie retrocedió un poco al sentir la intimidante presencia de la Slytherin tan cerca. Cuando estuvo frente a él, se inclinó hacia adelante muy sugestivamente y le sonrió. Momentáneamente Ernie sólo tuvo ojos para el sugerente escote que había puesto Pansy a su vista, pero entonces ella movió su dedo índice derecho frente a sus ojos haciendo que él siguiera su trayectoria sobre su pecho hasta que señaló un lugar en su túnica y con voz muy sensual susurró-Esto McMillan es una placa de prefecta, por lo que tengo permiso para patrullar los pasillos después del toque de queda.

Ernie alzó una ceja a ver el extraño comportamiento de la chica que era generalmente tan hosca y engreída. Tal vez estaba buscando una salida negociada al conflicto, sonrió mostrando su dentadura perfecta y comenzó a retroceder alejándose de los oídos indiscretos. Ella lo siguió sonriendo también y se detuvieron a un par de metros de los otros.

-Entonces, dime qué quieres, Parkinson.-dijo cruzándose de brazos. La chica sonrió seductoramente y le contestó:

-¡Vaya! Eres más listo de lo que creí.-él bufó y ella continuó burlona-Creo que sabes lo que quiero. Déjanos ir, olvida este pequeño encuentro y, tal vez, yo sepa recompensarte…

-¿Recompensarme?-dijo él irónico e inclinándose hacia ella haciendo que sus narices casi rozaran-Explícame cómo es eso.

-Bueno…-dijo ella poniendo las manos sobre su pecho y bajándolas lentamente hasta llegar a su pantalón-Sé que peleaste con tu novia hoy, ha de ser muy doloroso enterarte de lo que te hizo…-la cara del chico Hufflepuff se tornó sombría al instante, mientras la manos de Pansy ya se habían aventurado dentro de su túnica abierta por delante-Te debe doler mucho, te debes sentir sólo, pero eres de la casa de los perdedores, lo sabes bien.-él trató de apartarse pero ella se aferró y a propósito rozó sus piernas con las de él-Pero no me importa y ¿Sabes por qué? Porque vienes de una familia de gran tradición, tienes algo de clase y…-se mordió el labio inferior-Por alguna razón volviste irresistible este verano.

-Así que ahora viene la parte en la que yo te digo cuándo y dónde ¿No, Parkinson? -ella asintió traviesamente y él sonrió socarrón mientras hacía que sus labios casi rozaran con los de ella-Eres una zorra ¿Lo sabías?-ella hizo un puchero con los labios y negó con la cabeza:

-Esa no es la actitud, McMillan…Sé que puedes hacerlo mejor. Ese insulto ya no tiene nada de efecto en mí.

-Bien, déjame intentarlo otra vez…-dijo sarcástico y besando suavemente su cuello, cosa que tomó por sorpresa a la Slytherin que soltó una bocanada de aire de improviso-Eres de la casa de los traidores…¿Cómo se que si los dejo ir sin su merecido castigo, tú cumplirás tu parte del trato?

-Eso estuvo mucho mejor.-dijo ella sonriendo maliciosa-Tienes mi palabra, McMillan, es lo único que puedo darte.

Ernie se alzó de hombros y se alejó de ella. Echó un vistazo a los cuatro espectadores de la escena: Potter, Nott y Zabini, le observaban como si estuviese lleno de moco de dragón y cubierto de plumas de hipogrifo, mientras que Luna le observaba atentamente y le sonrió como si lo comprendiera.

-Váyanse de una vez a sus salas comunes.-dijo autoritariamente, entonces se giró hacia Pansy y le mostró su sonrisa perfecta-Contigo, Parkinson, hablo después.

Ella movió coquetamente su cabello y se acercó a Blaise.

-Eres una zorra ¿Sabías?-musitó él mirándola con un poco de asombro.

-Sí, lo sé. Pero esta zorra acaba de salvarlos de un castigo.

-Entonces, muchas gracias, Pansy Parkinson.-era Luna quien había hablado y ahora le sonreía.

Bastante confundida y mientras Ernie ya casi llegaba al final del pasillo, decidió ponerse en marcha. Al parecer todos harían lo mismo, pero fue entonces cuando la puerta de uno de los salones cercanos se abrió con estrépito.

No podía ser. No otra vez.

(…)

-Como los vi tan preocupados por el estado de Zabini, les dije que se dirigieran rápidamente a sus salas comunes, que pasaría por alto todo el…incidente.

-Bastante noble, señor McMillan, pero aun sí en contra de las reglas como todo lo que me han relatado hasta ahora.

-Lo siento, señor.-dijo el chico bajando la cabeza apenado-Sin embargo no pudimos irnos a nuestras salas comunes de inmediato.

-Sí, lo sé.-dijo el profesor mirando por encima de sus monturas de media luna a cierto pelirrojo que comenzaba a enrojecerse-Porque en ese momento llegaron el señor Weasley y la señorita Brown.

-Sí, señor.-musitó Ron con las orejas de un color rojo escarlata.

-Bien, comadreja.-se dejó escuchar la voz de Draco otra vez sobre todo el espacio del lugar-Quiero escuchar qué vas a inventar para justificar el revolcón que te estabas dando con Brown… ¡Auch!-fue interrumpido por el codazo de Hermione que se encontraba a su lado mirando con atención sus zapatos. Al parecer algo la estaba molestando y él sinceramente dudó que fuese su comentario, más bien era la verdad tras de él. Sintió de repente un extraño sentimiento de inquietud creciendo dentro de él… ¿Podía Granger sentir algo por la comadreja? ¿Qué le veía a ese estúpido pobretón? ¿Cómo podía demostrárselo así nada más después de lo que había pasado (y seguía pasando) entre ellos? Y lo más importante ¿Por qué mierda estaba pensando en todas esas estupideces? ¿Por qué le importaba lo que hiciera o sintiera la sangresucia? Mejor despejaba la mente, se masajeó las sienes tratando de calmarse y se dispuso a escuchar la historia de Weasley que aun lo miraba con odio.

-Eh…pues…profesor, verá, anoche…

No pensó jamás que el aceptar esa invitación de Lavender terminaría de tal manera, si lo hubiese sabido se hubiese negado inmediatamente. Sólo tenía claro que las palabras de la chica habían sido certeras, y si Hermione podía perderse todo el día con el hurón botador, no existía razón para que él no pudiese hacer lo mismo. Sin embargo ella estaba ahí, y aunque no fuera muy honesto de su parte, contaría sólo una parte de los hechos, porque jamás aceptaría frente a Hermione lo que estaba pasando con Brown y, sólo por eso, cambiaría las cosas ligeramente, porque una pequeña modificación de la verdad no es una mentira ¿Cierto?

(…)

La verdad, se sorprendió bastante cuando le contaron lo de la pelea de Harry y Hermione. Normalmente las peleas eran entre él y Hermione o, incluso, entre él y Harry; pero nunca esos dos habían discutido en tal magnitud y eso sólo significaba una cosa: él tenía que intervenir y no era muy bueno en eso.

Trató de hablar con Harry para la cena, pero él decidió saltársela. Fue una lástima porque ya en el dormitorio no podrían hablar, Lavender le había pedido muy amablemente que la acompañara al salón de Adivinación en la Torre Norte después de la hora de la comida y él había aceptado aunque sospechaba de las claras intenciones de la chica. Porque lo único cierto era eso, era bastante obvia.

Nunca llegaron a la Torre Norte, en realidad se encerraron en algún salón que encontraron a mitad del camino. Lavender sí que era puro fuego y logró hacerle olvidar por completo que tan sólo un par de días atrás había estado a punto de declarase a Hermione.

Por otro lado, Hermione había estado bastante rara desde el domingo y Lavender había tratado de convencerlo de que tenía que ver con Malfoy, eso era absurdo, es decir, en el hipotético caso que ella se estuviese viendo con alguien a espaldas de Harry y de él, nunca, jamás sería su archi enemigo Draco Malfoy. Primero Hermione era lo suficientemente inteligente para distinguir un chico de un hurón sin corazón, y segundo Malfoy les odiaba con toda su alma, ni que decir de lo que despreciaba a los nacidos muggles, así que desechó la idea fácilmente y siguió atragantándose con la lengua de Lavender.

Se quedaron dormidos al parecer porque cuando se dio cuenta era bastante tarde y por entre las ventanas del salón entraba la luz de una luna brillante y redonda. Despertó a Lavender un poco sonrojado por la situación y ella se le abalanzó encima cuando escucharon un gritó del otro lado de la puerta que les dejó fríos.

-¡¿Potter?!-la voz retumbó por todo el lugar alertando a Ron de sobremanera.

-Harry…-musitó al tiempo que se vestía a toda velocidad y caminando hacia la puerta tropezándose con una que otra mesa en el camino, lo que provocaba uno que otro golpe seco que alertó, aunque él no lo supiera, a Nott en el exterior.

-Won-Won…-dijo Lavender en tono meloso acercándose a él por detrás mientras se terminaba de poner la túnica y afinaba el oído.

-¡SShhhhh!…-hizo llevándose un dedo a los labios, ella hizo un puchero pero en silencio comenzó a vestirse. Ron ya no podía escuchar nada, así que contrariado se apoyó en contra de la puerta a esperar, mientras Lavender terminaba de arreglarse y lo miraba un poco ofendida: la verdad, ese no era el final de la velada que había planeado pero no le importaba, había logrado acostarse con Ronald Weasley, ese era su premio, y su siguiente paso sería ser su novia; porque unilateralmente había decidido que él era para ella y no le importaba por encima de quien tenía que pasar para conseguirlo-Son voces…-musitó él llamando la atención de la rubia que estaba con él-No podemos salir aun…

Esperaron, no supieron cuánto tiempo, pero ya Lavender estaba por completo desesperada, tenía sueño y a la mañana siguiente tenían Defensa Contra la Artes Oscuras…no podía quedarse toda la madrugada ahí.

-Lo siento Won-Won, pero yo ya me voy. Y te recomendaría que vinieras conmigo.-se acercó a la puerta pero él la detuvo con fuerza.

-No nos podemos ir. No ahora. Puede que todavía haya gente afuera y no podemos arriesgarnos a…

-¿A qué…?-dijo Lavender mientras los ojos comenzaban a llenarse de lágrimas-¿A que nos vean juntos?

-No…no es eso…Lavender…-su plan daba resultado, lo había hecho sentir culpable y comenzaba a tartamudear y sonrojarse-Es decir…no pueden vernos…pero por…la hora…

-Si no quieres estar conmigo…es suficiente con que me lo digas ¡Adiós Ron Weasley! Y dicho eso y con sumo dramatismo abrió la puerta de un golpe…lo que no esperaba Lavender era encontrarse con otros seis estudiantes afuera de él.

-Te lo dije, Lavender…-susurró saliendo tras ella del salón.

-¿Ron?-preguntó Harry algo confuso-¿Lavender?-abrió los ojos sorprendido y soltó una exclamación-¡Oh, ya veo!

Ron suspiró contrariado por respuesta y miró el singular grupo que le rodeaba mientras Ernie McMillan volvía a acercarse. Eran ahora ocho.

-Hola, Ronald.-dijo Luna-Veo que esta noche al parecer fue muy concurrida.

Cuando él y algunos otros se disponían a responder algo a eso, notaron algo espantoso.

Eran ocho.

Sí, eran ocho estudiantes que estaban en graves problemas pues la silueta de una gata apareció al final del pasillo.

-La… ¡La señora Norris!-exclamó Ron con voz ahogada-¡Corran!

Y así sin más que decir, los ocho estudiantes que vagaron por Hogwarts esa noche se dispersaron por entre los corredores mientras se escuchaban las risas de Peeves de fondo y las maldiciones del conserje.

Sí, afortunadamente para ellos, ninguno fue atrapado.

(…)

-Y cómo Hermione no estaba…-le lanzó una mirada de reproche a su amiga que estaba sentada junto al hurón botador-Pues ella subió hasta los dormitorios de los chicos y me pidió que la acompañara hasta la enfermería. Pero desafortunadamente, nos encontramos con todos en el camino y pues del susto se nos olvidó que Lavender se sentía mal y regresamos corriendo a la sala común…-Ron terminó su historia más calmado de lo que se imaginó que estaría, sólo estaba un poco sonrojado y Lavender había asentido a cada palabra pronunciada por él.

-Bueno, fue muy amable de su parte acompañarla y me alegro mucho que la señorita Lavender se sienta mucho mejor.-comentó el profesor Dumbledore mirándola fijamente, ella negó con la cabeza y señaló su garganta-¡Oh! Veo que no puede hablar…Qué lástima.-El director se puso de pie y se paseó a paso suave por su despacho mientras sólo se oía de fondo el zumbar de los objetos de plata que llenaban las mesillas del lugar-Hemos escuchado la interesante historia que cada uno de ustedes vivió anoche…Una agitada noche si me permiten mi opinión, sin embargo no entiendo cómo es que todas estas desafortunadas historias, inocentes, pero desafortunadas al final, terminaron desencadenando semejante batalla en medio del Gran Salón.

-Si me permite hablar, profesor…-la voz de Snape sonó maléficamente melosa.

-Por supuesto, Severus.

-Creo que es en este momento donde la señorita Granger y…el señor Malfoy deben darnos su versión de los hechos ¿No cree? Pues después de todo, ninguno de los dos estuvo anoche en medio de todo este problema.

-¡Oh, Severus! Tienes toda la razón.-exclamó el profesor aplaudiendo entusiasta mientras volvía a su escritorio y se sentaba nuevamente en su silla-¿Podrían decirnos qué tienen que ver con las cosas que pasaron anoche?

Draco y Hermione se miraron, palidecieron al tiempo y se giraron a donde su profesor les sonreía.

-Nada, señor.-dijo Draco arrastrando las palabras como le era usual-Usted sabe donde estábamos anoche.

-Tiene razón. Entonces le agradeceré que me expliquen ¿Qué tienen que ver ustedes con todo esto?

Hermione suspiró hondamente, tomó todo el aire que pudo con sus pulmones y se dispuso a hablar:

-La verdad, no tenemos ni idea de nada de lo que pasó anoche. En cuanto a la batalla que menciona…Podemos decir que estuvimos ahí. Así que si nos deja contarle…

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Sin nada más que desearles una feliz navidad y un feliz año nuevo, me despido. Muchos besos.

Londony.

ESTE ES EL CAMINO PARA DEJAR SU REVIEW XD

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