Hola, hola! Saben? Algo muy gracioso me sucedió...^^ Después de las fiestas de fin de año y de haber exprimido mi cerebro para participar en dos retos del foro Weird Sisters, me dio un ataque de pereza patrocinado por la cercanía inminente de regreso a la universidad T.T Es por eso que me he tardado un poco más de tres semanas en trerles este nuevo cap.

Sé que no es gracioso, pero si lo digo así, tal vez se enojen menos conmigo.

Ya no las distraigo más y comiencen a leer!

Ah! Se me olvidaba Harry Potter, Todos sus Personajes, Lugares y todo lo demás son una marca registrada de nuestra querida J.K Rowling y... de Warner Bros, para la gran desgracia de nosotros los fans.

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19

LA BATALLA DE HOGWARTS

-La verdad, no tenemos ni idea de nada de lo que pasó anoche. En cuanto a la batalla que menciona…Podemos decir que estuvimos ahí. Así que si nos deja contarle…

(…)

Era un maravilloso despertar: el lugar estaba oscuro, la cama era cálida y dos brazos fuertes la abrazaban. No tenía la más leve intención de levantarse, podía quedarse todo el día acostada, no tenía nada mejor que hacer. Recordaba con deleite todas las cosas que habían pasado entre ella y el hurón botador mientras bostezaba y una sonrisa pícara se dibujaba en su rostro, ya tendría tiempo para pensar qué hacer respecto a todo ese lío.

Nadie habría podido adivinar que ella terminaría en medio del abrazo de Malfoy esa mañana, ni siquiera Trelawney ¡Pero qué decía! Esa mujer era un fraude, así que si alguien hubiese podido predecirlo sin duda no sería ella. Aun no entendía cómo es que Ron y Harry no habían abandonado esa clase y la soportaron hasta los TIMO's…

Recordó de repente su discusión con Harry la tarde anterior, la llegada bastante extraña de Ron con Lavender (sin que pudiera evitarlo, le dio acidez en el estomago con sólo pensar en ello) y quien la consoló tras todo eso. Notó que últimamente su mente insistía en hacer que sus pensamientos siempre terminaran en Malfoy, aun cuando tenía cosas más importantes en las que meditar como su pelea con Harry, por ejemplo.

Bostezó nuevamente y se apretó más contra el cuerpo de su acompañante dormido, pensaría en todo eso después, ahora no tenía nada mejor que hacer y una clase de Defensa Contra la Artes Oscuras no sería tan placentera como…

¡¡La clase de Defensa Contra la Artes Oscuras!!

Se levantó de un brinco, o al menos eso intentó, porque tan pronto trató de irse de la cama, un par de brazos la sostuvo fuertemente y la atrajeron más cerca de sí. Ella se volteó sorprendida sólo para ver como el Slytherin seguía en el más profundo de los sueños.

-¡Malfoy! ¡Despierta! ¡Tenemos que irnos a clase!-comenzó a batirlo por los hombros tratando de hacer que reaccionara, pero él sólo la soltó, se giró y le dio la espalda-¡Malfoy! ¡Tenemos Defensa Contra la Artes Oscuras! ¡Merlín! ¡Snape nos va a matar!

-Corrección, Granger.-murmuró Draco desperezándose y soltando un bostezo-Te matará a ti.

Un almohadazo directo a la cara fue lo próximo que sintió el chico, que apartó el cojín para lanzarlo de vuelta cuando la visión de Granger envuelta en sábanas de pie junto a la cama lo hizo detener. Todo lo que había sucedido se le vino de sopetón a la mente. Genial, ya lo recordaba.

-¡Apresúrate! ¡Levántate de una buena vez!-gritó ella aun de pie junto a uno de los postes. Draco la miró con desprecio, no había sido el mejor de los despertares, armaba un escándalo enorme y además osaba a darle órdenes. Se sentó en la cama dejando su torso al descubierto, se cruzó de brazos y alzó una ceja mientras comenzaba a arrastrar las palabras:

-¿Se puede saber por qué no has comenzado a arreglarte y sólo te dedicas a gritar cerca de mí?-ella apretó los puños y le respondió mirando el reloj de la pared.

-Porque, por si no lo recuerdas, no podemos separarnos más de dos metros…Imbécil.-ese insulto le salió del corazón y al parecer fue justo ahí donde le llegó a Draco. Aparentemente dolido se levantó despacio de la cama sin molestarse en cubrirse y caminó hasta el baño-¡Malfoy! ¡Ponte algo encima!

-Sé que te gusto más así, Granger…-siseó con odio mientras entraban juntos al pequeño lugar.

-Por supuesto, imbécil y desnudo. ¿Qué más le puedo pedir a la vida?-comentó sarcástica y sonriendo burlona. Sonrisa que no le gustó para nada a Draco.

-Lamento informarte que la palabra "imbécil" está reservada para especímenes como la comadreja Weasley y…- Ella entró a la ducha y se apresuró en cerrar la cortina dejando a Draco con una ceja enarcada, la palabra en la boca y ligeramente sorprendido. ¿Quién rayos se estaba creyendo esa sangresucia para dejarlo hablando solo? Comenzó a oír el correr del agua y entonces, cuando planeaba abrir la boca para seguir con su perorata, algo empapado y pesado le cayó encima: ella acababa de lanzarle las sábanas con las que se había estado cubriendo. Esa fue la gota que rebasó el vaso.

De un tirón abrió la cortina, dio un paso dentro del la ducha y, mientras una anonada Hermione se giraba a verlo y el agua comenzaba a mojarlo, tomó su cara entre los dedos de su mano y le habló amenazante:

-¿Qué demonios te sucede?-ella lo miró sin comprender y él siguió a medida que comenzaba a esbozar una sonrisa burlona notando la perfecta situación-¡Ya veo! Sólo querías que entrara a hacerte compañía…

-¿De qué estás hablando?-Hermione apartó con brusquedad su mano y exclamó furiosa-¡Te pido un poco de privacidad, si no es mucha molestia!

Draco sonrió irónico: ¿Qué clase de privacidad quería cuando ambos estaban desnudos frente a frente?

-Ya no tienes privacidad, Granger. No desde que eres mía.-Draco susurró cerca de su oreja izquierda, Hermione se estremeció un poco y él sintió como ella colocó sus manos sobre su pecho. Lo único que se escuchaba era el sonido del agua corriendo por el desagüe, fue entonces cuando sintió un ligero empujón hacia atrás que lo hizo chocar con la pared de azulejos. Sabía que ella haría algo así, porque Granger se creía indomable y eso era algo que lo enloquecía; por lo que esbozó su sonrisa más encantadora sólo para escuchar:

-¡No soy tuya, Malfoy! ¡No soy de nadie y mucho menos tuya!-exclamó más sonrojada de lo que hubiese querido. Él se alzó de hombros y sin dejar de sonreír le respondió mientras salía de la ducha:

-Como digas.-y se dispuso a esperar que ella saliera para intercambiar lugares.

Ahora era Hermione quien esperaba afuera e impaciente, pues el presumido de Malfoy ya llevaba más de quince minutos bajo el agua. Llegarían tarde, eso sería inevitable, Snape la castigaría y…La cortina de la ducha se descorrió y apareció la imagen más provocativa que ella hubiese podido imaginar.

Sacudió la cabeza violentamente y trató de sacar tales ideas de ella. Sólo tenía que esperar que fuera mediodía para volver a tener el control sobre sus hormonas. Caminaron hasta donde estaban los uniformes limpios que habían visto la noche anterior y antes de que Draco pudiera parpadear ya Hermione estaba vestida y esperando por él.

-¡Date prisa!-dijo caminando en círculos completamente desesperada y tomando su mochila llena de deberes mientras que él se tardaba un poco más a propósito-¡Malfoy!

-Deja de apurarme…-susurró en tono mortecino y haciéndola callar al instante-No fui yo quien se quedó dormido.

-¡Por supuesto que te quedaste dormido! ¡Yo te desperté!-gritó ella indignada mirando cómo Malfoy cerraba con delicadeza cada botón de su camisa.

-Ajá, pero sigue siendo tu culpa. Si te hubieses levantado más temprano, me habrías despertado antes a mí también y no estaríamos corriendo.-comenzó a anudar su corbata mirando de reojo como la furia crecía en la Gryffindor que estaba a punto de estallar. Podía ayudarla a hacerlo con un poco más-Yo no tengo ninguna prisa en llegar a Defensa Contra la Artes Oscuras, el profesor Snape sabe que si llego tarde es porque se me presentó algún…inconveniente.-Hermione apretó los puños y abrió la boca para decirle que le importaba poco el evidente favoritismo de su maestro más odiado pero él la interrumpió antes-Cállate. No digas nada. Estoy harto de escucharte haciendo escándalo por todo. Eres demasiado problemática.-la miró con su par de ojos grises destilando hielo y dio la estocada final a una Hermione que se había quedado muda de repente-Quiero que te quites la idea de que entre tú y yo hay algo. Tendremos buen sexo pero sólo cuando yo lo quiera, no soy tu novio…-hizo una mueca de asco ante la sola mención de la palabra-Ni tu amante, ni nada tuyo. Así que te pido, Granger, que dejes de gritarme como si tuvieses ese derecho, porque te recuerdo que no eres más que una sangresucia.

Perfecto, el nudo de su corbata había quedado perfecto. Miró a su compañera que le miraba entre sorprendida e indignada. Por lo menos no estaba llorando, eso le hubiese hecho las cosas más difíciles. Para ser completamente honesto, no sabía si todo lo que había dicho antes era cierto, pero mejor dejaba de pensar en eso.

Caminó hasta el lugar donde había dejado su mochila, ese sentimiento de satisfacción que lo llenaba cuando molestaba a Granger estaba nuevamente ahí, ignorando una pequeña punzada de dolor que sabía que estaba sintiendo en alguna parte. Le dio la espalda y se apresuró en salir de aquel lugar, esperando que ella lo siguiera; fue en ese momento que lo sintió: una mano delicada tomó la manga de su túnica y le haló antes de que pudiera avanzar más. Se giró lentamente hacia Hermione y enarcó una ceja ante la visión que se le presentaba.

Se lo hubiese esperado de cualquier otra chica pero, aunque no lo reconociera, creía fervientemente que Hermione Granger tenía cerebro y que no le armaría un escándalo como el que presentía: la chica tenía la cabeza gacha, la vista fija en el suelo y su cabello le cubría parte del rostro. Suspiró con fastidio y se cruzó de brazos, no quería lágrimas ni estúpidas declaraciones… Un momento, ¿Acaso Granger estaba enamorada de él…?

Imposible. Así que desechó rápidamente esa absurda posibilidad.

-¿Podrías decirme que he hecho mal…?-la voz de Hermione sonó suave, tierna y logró que Draco se sintiera casi, pero sólo casi, miserable-Si me pongo a mirar todo lo que ha pasado entre tú y yo…La verdad, no encuentro por ningún lado el error que debo haber cometido…-Esto debía ser un sueño o, aun peor, una horrible pesadilla. ¡¿En qué universo paralelo Granger le hablaría de ese modo?!

-Eh…-eso fue todo lo que acertó a salir de su boca. Aunque se esforzó, Draco no podía comprender por qué de repente se sentía apesadumbrado por lo que ella le decía. Tenía los ojos grises abiertos como un par de platos y observaba con cuidado la figura cabizbaja de la castaña-Granger, ¿De qué error estás hablando…? No es tu culpa…Quiero decir, no es culpa de nadie…Tú y yo…

Se sentía como un verdadero imbécil, acababa de dejarle las cosas bien en claro y ahora trataba de disculparse ¡Merlín! ¡¿Qué rayos le había hecho esa mujer?!

Hermione fue levantando lentamente la cabeza y él retrocedió inconscientemente, no quería ver sus ojos, le harían sentir culpable, sobretodo si estaban llenos de lágrimas. Era un completo estúpido ¡¿Desde cuándo a Draco Malfoy le importaba que una chica llorara por él?! ¡Él se merecía todas y cada una de sus lágrimas! ¡Y si eran las de Granger, no serían ni siquiera dignas de lavar sus calcetines con ellas!

Con su ego renovado y alcanzando niveles insospechados, borró de su rostro cualquier expresión que pudiese delatarlo y miró fijamente la cara de la supuestamente destrozada Granger que no tenía ni una sola lágrima, que esbozaba una sonrisa malvada y que…

¡Un momento! La indignación llenó su rostro por un par de segundos y avanzó nuevamente hacia ella con paso decidido y comenzando a enojarse a niveles insospechados. Esa maldita…

-Francamente, Draco, estoy segura que debí haber cometido un error en algún momento.-comenzó ella burlona y mirándolo a los ojos. Lo llamó por su nombre de pila y eso lo hizo enfurecer aun más. Apretó sus puños y la miró con desprecio ¡¿Quién rayos se creía esa inmunda sangresucia?!-De otra forma ¿Cómo puedes haber pensado que yo pretendía que entre y yo había algo?-la chica se llevó un dedo al mentón, haciéndose ver pensativa y añadió sonriendo malvadamente-De ninguna forma quiero ser tu novia, ni tu amante, ni nada que se le parezca. Pero gracias por el ofrecimiento.-Draco abrió la boca para gritarle que en ningún momento él había dicho algo así pero ella se le adelantó-No sé por qué piensas que de alguna forma me he involucrado sentimentalmente contigo, eres sólo un despreciable Slytherin que no merece el cariño de chica alguna. De ninguna manera te veo como algo diferente a un hombre con el que me acosté y obtuve placer a cambio. Fuiste tú, pero bien pudo haber sido cualquier otro, como Ron o incluso Harry…-Hermione tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para aguantarse la carcajada que intentaba escapársele al ver la cara de Draco cuando mencionó a sus amigos. Entonces decidió darle la estocada final-No tendremos ninguna clase de relación cuando todo esto se acabe a mediodía, ni encuentros, ni besos ni muchísimo menos sexo cuando tú quieras. No sé porque piensas que soy yo quien está confundiéndose, si eres tú quien dice que soy tuya… Tal vez quien comienza a sentir cosas por mí, eres tú, Malfoy.

Una enorme sonrisa burlona se dibujó en su rostro. Si el tonto hurón botador pensaba que la iba a lastimar, estaba muy equivocado. Sin embargo, para ser completamente honesta, no sabía si todo lo que había dicho antes era cierto, pero mejor dejaba de pensar en eso.

Ambos salieron de la habitación en silencio, meditando las palabras que habían dicho y escuchado, y, aunque ninguno de los dos lo reconociera en ese momento, se podía decir que estaban un poco, pero sólo un poco, arrepentidos y dolidos.

Sin embargo, no tenían mucho tiempo para pensar en ello. ¿La razón? Bueno, ya iban diez minutos tarde a la clase de Snape y aunque Draco estuviese seguro que no lo castigarían, sabía que el profesor podía ser realmente insoportable, sobretodo tratándose de un tema tan delicado como lo era Granger.

Se detuvieron en seco frente a la puerta de la clase, tratando de recuperar el aliento tras la carrera desde el séptimo piso. Se miraron fijamente unos instantes pero ninguno se atrevió a abrir la puerta. Ambos maldecían mentalmente su suerte, los pasillos estaban desiertos, la clase debía haber comenzado hace mucho.

-Es tu culpa, Malfoy.-dijo mirándolo con furia.

-¿Cómo dices?-siseó peligrosamente a la vez que volteaba a mirarla destilando odio puro.

-Digo que es tu culpa.-repitió con las manos sobre las caderas en actitud desafiante-Si no te hubieses tardado tanto podríamos haber llegado a tiempo.

-Lo lamento mucho por ti, Granger.-añadió él con ironía-Pero quien armó un drama antes de salir no fui precisamente yo.

-¡¿Drama?!-exclamó ofendida-¡¿Y quién me llamó sangresucia?!

-¡No pensé que te molestara el que te digan lo que eres!-terminó burlón.

Entonces el chirrido de la puerta abriéndose les dejo petrificados a ambos que ya sostenían sus varitas en alto y se apuntaban amenazantes. La figura del profesor vestido por completo de negro les dejó fríos a ambos.

-Supongo que ambos deben pensar que no es para nada importante la lección de hoy, por lo cual además de atrasarse, gritan como un par de dementes en frente del salón interrumpiendo mi clase. Pero podemos esperar a que resuelvan sus problemas íntimos para poder seguir.-Ambos bajaron sus varitas y entraron al salón, Hermione sonrojada y cabizbaja como nunca en su vida, y Draco con una mueca de impotencia y los puños apretados. Para sorpresa de todos los estudiantes que habían escuchado su discusión, el par de recién llegados se sentaron uno junto a otro sin decir ni una palabra mientras el profesor azotaba la puerta y la dejaba nuevamente cerrada-Señor Malfoy, señorita Granger, además de agradecerles el haber interrumpido mi clase debo reconocer que le han dado un nuevo y maravilloso perfume al lugar.

En otra circunstancia algunos hubiesen reído, pero el ambiente estaba tan tenso que era imposible siquiera pensar en hacerlo. El sarcasmo de su profesor hizo que Hermione se pusiera aun más roja si era posible y que Draco se cruzara de brazos mientras le dirigía una mirada de profundo desprecio al jefe de su casa.

Snape se podía llevar el premio del Odioso del Siglo, sin lugar a dudas. ¿A qué clase de demente se le había podido ocurrir poner de primera clase de la mañana a Defensa Contra la Artes Oscuras?

Al profesor Dumbledore, naturalmente.

Hermione suspiró contrariada y sacó sus libros para tomar apuntes de lo que decía el profesor, tratando de ignorar las persistentes miradas de sus compañeros y los ocasionales pero insidiosos comentarios de Snape.

-Quisiera que alguien me dijera si la señorita Granger tiene escritas en la cara las respuestas de la prueba que les voy a realizar la próxima clase.-todos renegaron sorprendidos ante aquella declaración y trataron, en su mayoría, de ignorar a la pareja sensación del momento.

Sin embargo, era la falta de una mirada lo que inquietaba a Hermione. Un par de ojos verdes, que ella bien conocía, no se habían dignado a echarle siquiera un vistazo desde que llegó al salón. Suspiró una vez más y buscó a sus amigos dándole una rápida ojeada al lugar. Se encontró con la azul, brillante y ahora, algo triste, mirada de Ron que esbozó algo así como una sonrisa de disculpa y alzó los hombros. Ella le devolvió la sonrisa y le dedicó un par de segundos a la cabellera negra y desordenada de Harry que ignoró a su amigo pelirrojo cuando éste intentó decirle algo.

Suspiró por tercera vez. Trató de empezar al leer el capitulo que el profesor Snape les había dicho que resumieran, antes de ausentarse por varios minutos del salón. A pesar de la ausencia del maestro, todos los estudiantes estaban entregados, lo más concentradamente posible, a la tarea dejada por él.

Pero por más que se esforzara, no podía enfocarse.

Fue entonces cuando volteó a ver a su compañero de asiento y, para su enorme sorpresa, le descubrió mirándola fijamente; pero lejos de evitarle al verse descubierto, alzó una ceja y dejó salir media sonrisa, por lo cual Hermione pudo descubrir que estaba esperando que ella se girara a verlo.

-¿Con que Potter te ignora?-susurró moviendo sus ojos grises hasta el par de amigos sentados unos asientos más adelante.

-Eso no te importa, Malfoy.-contestó ella secamente dando por zanjada la discusión.

-Tienes razón.-contestó él volviendo a tomar su pluma y llevando sus ojos hasta su libro. Hermione entreabrió la boca por la sorpresa ¿Qué demonios le estaba pasando a Malfoy? ¿Sólo "Tienes razón."?-Sin embargo, voy a perder tiempo, aire y energías dándote un consejo, sabelotodo.-volteó a verla y se divirtió durante segundos al ver su expresión de asombro-No seas tan patética.-un gesto de enojo cruzó la cara de Hermione-Ni siquiera se te ocurra pedirle disculpas al cara-rajada porque, en primer lugar, fue él quien te ofendió.

-¿Qué…qué…qué dices?-debía estar soñando. Si no estaba mal había estado a punto de sacarse las vísceras con Malfoy momentos atrás y ahora… ahora… ahora ¡¿Le decía eso?! Comenzó a tratar de diagnosticar el trastorno de personalidad bipolar que debía sufrir el chico cuando la interrumpió de repente.

-No te hagas ilusiones, Granger.-escupió secamente-Es un consejo algo Slytherin que necesitas, porque tu exceso de nobleza Gryffindor me provoca dolor de estómago.-Hermione notó con extrañeza que él mordió su labio inferior y comenzó a apretar con inusitada fuerza la pluma en su mano. Estaba tratando de detenerse, pero no podía. Una sonrisa traviesa atravesó la boca de Hermione: Sinceridad absoluta, cortesía del profesor Dumbledore-Me das lástima ¡Eres tan débil! Sé que harás cualquier cosa con tal de congraciarte con Potter porque, misteriosamente, no puedes vivir sin él.- ¿Podría ser que Malfoy estuviese…celoso?-Una verdadera pena que a pesar de ser más inteligente que ese par de cabezas huecas juntos sigas creyendo que los necesitas para existir.- ¿Ahora le hacía halagos?-Eres una tonta. Conociéndote, irás a pedirle perdón al cara-rajada reconociendo que tuviste la culpa aunque no sea así, asegurándole que todo fue un malentendido y alejándote de mí…

Estupefacción.

"…Alejándote de mí"

Por Merlín. Su mente tenía que estarle jugando una mala broma. Su cara se descompuso por instantes al repetir la última frase una y otra vez en su cabeza.

-¿Qué…qué fue lo que dijiste?-eso fue lo único que alcanzó a salir de su boca antes de ser interrumpida por su propia carcajada.

-Maldición…-musitó Draco enojado consigo mismo más que nada. No debía haber abierto la boca, se debía haber quedado calladito haciendo sus deberes de Defensa Contra la Artes Oscuras. Pero no. Tuvo que abrir la bocaza y dejar que los estúpidos efectos secundarios se apoderaran de él. Ahora, gracias a eso, Granger se desternillaba de risa en su asiento, y lo peor, se reía de él.

"…Alejándote de mí"

¡¿Cómo demonios había podido decir semejante estupidez?! Trató de callarse a mitad de frase pero había sido imposible. Los malditos efectos secundarios le hacían perder el magnífico control que siempre había tenido sobre su cuerpo y sus emociones, era principalmente por eso que comenzaba a sentir que un molesto calor inundaba sus mejillas. Se sentía impotente, furioso, avergonzado. Sobretodo avergonzado.

Mientras, Hermione no podía dejar de reír. Ni siquiera porque todos sus compañeros la miraran extrañados o porque había logrado llamar la atención de Harry o porque Draco a su lado tenía claras intenciones de asesinarla o porque el profesor Snape acababa de regresar al aula con cara de pocos amigos.

¿Podría ser ese ataque de risa otro efecto colateral?

-Señorita Granger ¿Sería tan amable de contarnos ese chiste tan gracioso del cual ha sido víctima?-a diferencia de lo que pensaban todos, las carcajadas no se detuvieron. La prefecta de Gryffindor observaba a su cascarrabias ex profesor de pociones y sus risas estruendosas se acrecentaban aun más.

-Es…espere…-murmuró secándose un par de lágrimas pero bastó ver la cara de Snape para soltar una nueva risotada. Draco comenzaba a preocuparse, no quería que por algún desafortunado incidente le agarrara un ataque de risa como aquel. Notó como todos comenzaron a cuchichear y a contagiarse del excesivo buen humor de la castaña. Movió sus ojos hasta el jefe de su casa y se permitió sonreír irónico a notar un tic nervioso sobre su ojo izquierdo, sin saber que estaba recordando con impotencia como el profesor Dumbledore le había dicho que cualquier conducta inapropiada por parte de Granger y Malfoy no era en lo absoluto malintencionada y que…

"…No debe ser castigada, Severus. Espero tu comprensión."

Es que a veces le entraban unas ganas de matar a ese viejo loco.

-Granger, fuera de mi clase. Ahora.-todos se quedaron en silencio esperando, algunos con tristeza y otros con euforia, la cantidad colosal de puntos que le serían restados a Gryffindor, pero no sucedió nada. Nada, obviando claramente las carcajadas de fondo de Hermione que se apresuraba a recoger sus cosas sin dejar de reír ni un momento-Usted también, señor Malfoy.

La cara de Draco se llenó de la más pura indignación y habló arrastrando cada sílaba con profunda arrogancia:

-¿Y se puede saber por qué tengo que irme yo también si no he hecho nada?

-¿Seguro de eso último, Malfoy?-inquirió con sorna Snape mirándolo con sus ojos oscuros y recordándole silenciosamente todo el meollo de los dos metros y del olor. Masculló cualquier cosa por lo bajo y terminando de ordenar sus cosas, salía del salón seguido de cerca por una risueña Hermione que abrazaba su estómago y parecía hechizada con un Rictusempra. Se alejaron con parsimonia mientras del otro lado de la puerta escuchaban como la clase retornaba a la normalidad-Silencio. Estos pergaminos que les voy a entregar son de vital importancia para la próxima…

Caminaban lentamente alejándose del aula mientras Hermione seguía llorando de la risa. No lo soportaba más.

-¡¿Podrías callarte ya?!-volteó a verla con furia, lo que hizo que ella se detuviera de repente, su cara se quedó inexpresiva por instantes y, antes de lo planeado, rompió a reír otra vez haciendo que Draco suspirara hastiado y comenzara a apretar sus puños para contenerse de hacer cualquier cosa de la que luego se pudiera arrepentir.

O al menos eso fue hasta que comenzó a observar como Hermione comenzó a acercársele de una forma algo impropia de ella, por lo que comenzó a retroceder asustado hasta chocar contra el frío y gris muro del pasillo.

-Aléjate, Granger.-eso fue una orden directa pero lo único que provocó fue más risas suaves de parte de ella que pasó sus brazos por encima de sus hombros rodeando su cuello y se puso en puntillas para que sus rostros quedaran más cerca.

-¿Qué me aleje…?-comentó con ironía tragándose una carcajada gigante y esbozando una sonrisa burlona-Pero si hace un rato me pedías que no me alejara de ti…-rompió a reír otra vez apoyando su frente en uno de los hombros de él que bufó desesperado rumiando por lo bajo que las cosas no eran ni siquiera medianamente parecidas a las que ella estaba pensando. Entonces Hermione alzó su rostro nuevamente y tras ladear un poco su cabeza consiguió hacer que sus labios rozaran haciéndolo callar de una vez por todas. Él reconoció, ya sin asombro, un brillo bastante conocido en sus ojos-Eres un tonto, Malfoy. Si me alejo de ti ¿Con quién tendré discusiones inteligentes y tan divertidas? -llevó sus labios hasta su cuello logrando que Draco sintiera un escalofrío que le recorría la columna vertebral mientras sus manos suaves y tibias comenzaban a quemar sobre la piel de su garganta-¿Con quién haré el amor en la biblioteca…?

No es que le haya gustado mucho la mención de la palabra amor en algo que hacía referencia a ellos dos, pero el recordar lo bien que la habían pasado juntos en medio de los estantes de libros valía la pena aunque tuviera que aguantar el sofocante calor que comenzaba a llenarlo.

Draco posó sus manos alrededor de su cintura sonriendo malvadamente. Después de todo, la sangresucia sí se moría por él y estaba seguro que cuando terminara todo echaría de menos a la Hermione atrevida que estaba frente suyo. Sin embargo no le importaba, no tendría ningún problema en encontrarse con la prefecta perfecta, sabelotodo y mojigata. Pensándolo bien, esa última estaba mejor.

-¿Y qué piensas hacer después de mediodía?-comentó irónico-Dijiste más temprano que no aceptarías ninguna de mis…invitaciones.

Ella se mordió un labio. Provocativamente, o al menos así lo describiría Draco. Hermione pensó un par de segundos y sonrió nuevamente:

-¿Aun puedo cambiar de opinión?-preguntó juntando su cadera con la de él, tomándolo por sorpresa y arrancándole inesperadamente un casi imperceptible gemido. Sonrió llena de triunfo y provocó otro roce, menos leve y más intencional. Él alzó una ceja y se giró bruscamente dejándola apoyada en contra de la pared, haciendo que fuera su turno de soltar un ligero gritillo al sentir los labios de Draco sobre su cuello.

-En cualquier otra circunstancia te diría que no.-respondió mientras ella perdía sus manos entre su cabellera rubia y comenzaba a acariciarle suavemente. Sonrió al escuchar el sonido que se escapó de su garganta cuando él pasó su lengua desde su cuello hasta el lóbulo de su oreja. Alzó su cabeza hasta encontrarse de nuevo frente a ella, la taladró con sus ojos grises como nubes de tormenta, se regodeó al ver como se perdía en ellos y rozó sus labios suavemente haciendo que ella le halara con fuerza hacia sí, para que le diera un beso de verdad. Se estremeció al sentir sus lenguas tocándose y estuvo seguro que estaban en un mal sitio para hacer lo que su entrepierna le pedía con urgencia hacer-Pero acepto tus disculpas.

Hermione, que ya era otra vez ella, lo miró indignada y dijo alejándolo un poco:

-No son disculpas.-Draco puso los ojos en blanco, hizo que rodeara con una de sus piernas las suyas y mientras la acariciaba le dijo antes de besarla nuevamente:

-¿Sabes, Granger? Cállate antes de que vuelvas a arruinarlo otra vez…-ella coincidió un poco con él, estaba dispuesta a seguir con la locura que habían comenzado y mejor se quedaba callada y empezaba a disfrutar de todo.

Pero un secreto como el que ellos pretendían guardar, es difícil de esconder, sobretodo si se seguían devorando de esa manera en medio de un pasillo a unos cuantos pasos de su clase de Defensa Contra la Artes Oscuras.

Un ligero grito, el sonido de algo cayendo y la sensación de Dèja vú, les hicieron alejarse y girarse a quienes les habían sorprendido con las manos en la masa. Hermione masculló una maldición y Draco esbozó una mueca parecida a una sonrisa pero ¿Qué más podía hacer si Blaise y Pansy acababan de descubrirlo encima de Granger? Abrió la boca para decir algo pero Zabini lo cortó antes de poder pronunciar una sílaba y con algo muy parecido al asco dibujado en la cara:

-Eso de ahí-señaló al suelo los pergaminos que Pansy había dejado caer-Es la tarea de la próxima clase que les envía el profesor Snape. Nos vemos.

El chico moreno comenzó a halar por el brazo a su amiga que extrañamente no había armado una escena y que se resistía a irse porque, en cierta forma, su corazón le decía que ella ya sabía que eso que acababa de ver estaba sucediendo y, aun peor, que no era la primera vez que lo presenciaba.

-Pero…pero Blaise…Draco y la sangresucia…-musitó ella mientras se alejaban y aun en visible estado de shock.

-Sí, nuestro querido amigo no suele perder el tiempo…-eso fue lo último que escucharon ellos. Draco suspiró, recogió el par de rollos y le tendió uno a Granger que lo tomó con rabia. Comenzaron a caminar uno junto al otro en dirección opuesta a la que se fueron el par de slytherins. Hermione carraspeó un poco y él giró sus ojos grises y nuevamente fríos hacia ella.

-¿Qué vamos a hacer ahora?-dijo aclarándose la garganta y esperando oír algo así como hacer un par de hechizos desmemorizadores a un par de desubicadas serpientes que estuvieron en el lugar equivocado en el momento equivocado.

-Esperar.

-¿Esperar?

-Sí, esperar.

-¿Esperar que?

-Esperar que me encuentre con ellos en clase de Encantamientos.

A pesar de lo que Draco creía, no tuvo oportunidad de hablar con sus amigos durante la clase de Flitwick. La razón: se sentía demasiado sofocado por el calor que hacía en el aula, y no era sólo su problema, Hermione estaba igual de acalorada. Y es que no era para menos, estaban en la clase práctica de los Tres Encantamientos de Emergencia para Casos Mágicos Desesperados, y esos tres hechizos lo único que significaban para ellos era el recuerdo de un apasionado encuentro en la biblioteca.

-¿Están teniendo problemas con el Hechizo Pacificador, señor Malfoy?-preguntó intrigado el profesor Flitwick acercándose a ellos al ver que Draco apuntaba su varita a Hermione pero no era capaz de decir nada. Una gota de sudor se deslizó por la frente del chico, pasando por su mejilla y goteando por su barbilla. No lo soportaría un instante más.

-Tranquilo, profesor. Lo intentaré yo.-Hermione apuntó a Draco, pero sus ojos observaron el lento recorrido de la pequeña gota y mientras trataba de pronunciar Totus Caumetuvo que comenzar a aflojar el perfecto nudo de su corbata. De repente sentía el aire demasiado pesado y le costaba respirar, la elevada temperatura la estaba ahogando.

-¿Se encuentra bien, señorita Granger?-Flitwick los miró a ambos con preocupación y entonces pensó que podía ser, tal vez…-Bueno, si no pueden hacerlo, sería mejor que algunos de sus compañeros los ayuden ¿No creen?

-Señor, no creo que sea una buena idea…-alcanzó a decir Draco antes de que el profesor hiciera la peor elección de todas.

-Señor Nott ¿Podría ser tan amable de venir un momento a ayudar a sus compañeros con el segundo hechizo?-dijo el profesor encaminándose nuevamente hacia su escritorio y subiéndose sobre la pila de libros-Los demás por favor comiencen a practicar el Obliviate en los ratones que están en los laberintos, deben hacer que repitan su recorrido…Cuando estemos seguros de que pueden hacerlo bien, lo intentaremos entre estudiantes. No queremos a nadie en san Mungo ¿Verdad?

-Malfoy ¿No puedes hacer un simple Hechizo Pacificador? Estás verdaderamente mal…-comenzó Theodore burlón sacando su varita y apuntándole-De hecho, te estás descuidando bastante ¿Dejarte de ver de Blaise y Pansy? ¡Por Merlín! Acabas de firmar tu sentencia de muerte o, al menos, tu acta de extradición a Hufflepuff…

Draco apretó los puños y le miró con odio. Hermione tenía el presentimiento que nada bueno saldría de ahí, así que avanzó un par de pasos hasta quedar junto a Draco que estaba a segundos de explotar de ira.

-No hables sandeces. No dirán nada, no lo harán si saben lo que les conviene.-siseó peligrosamente y alzando la varita en dirección a Theodore.

-¿Mucho calor?-comentó como quien no quiere la cosa-Sé los buenos recuerdos que les traen estos hechizos… ¿Cierto, Granger?-Hermione se abstuvo de dar una respuesta pero comprendió en seguida que el único objetivo de Nott era molestarlos un rato y divertirse por ello. Suspiró y se cruzó de brazos, haciéndole saber a Theo que lo que hacía no era en absoluto divertido y que si seguía así, terminaría en la enfermería producto del hechizo que estaba a punto de lanzarle-En todo caso, están muy enojados contigo. Y quieren hablar a la hora del almuerzo.

-¿Y qué pasa si yo no quiero hablar con ellos?-respondió Draco arrogantemente. Theodore se alzó de hombros y esbozó una de sus encantadoras sonrisas, esas que hacían sonrojar a cualquier chica (Incluida Hermione).

-Ese es tu problema. Yo, te recomendaría que tuvieses una charla con ellos y…que te calmaras un poco: ¡Totus Caume!

Un haz de luz blanca golpeó a Draco en el pecho y lo hizo perder el equilibrio, por lo que cayó sentado en el suelo. Hermione le ayudó a ponerse de pie bajo la mirada atenta de todos sus compañeros que desde ese momento afilaban las lenguas para armar y desarmar esa relación durante el almuerzo.

-¡Maldito Nott!-gritó Draco, o al menos eso pensó, porque en realidad fue un susurro suave cerca de la oreja de Hermione que logró erizarle los vellos de la nuca. Ella no pudo reprimir una sonrisa burlona, si así se oía ella esa vez en la biblioteca, no podía culpar a Malfoy de nada de lo que pasó entre ellos.

Ya era la hora del almuerzo.

El sol brillaba en el exterior del castillo, los pasillos estaban vacíos y todos los alumnos estaban en el Gran Salón.

Bueno, no todos.

Hermione Granger y Draco Malfoy estaban sentados uno junto a otro en las escaleras de entrada al Vestíbulo. Observaban la hierba verde de los jardines y esperaban.

Doce campanadas.

-Parece que todo ha terminado.-dijo Hermione suspirando al terminar de escuchar el decimosegundo toque del reloj.

-Sí, eso parece.-Draco volteó a mirarla, aun sin comprender, como la gran mayoría del asco, la repugnancia y el odio que siempre había sentido por ella, pareció esfumarse en cuestión de días. Se puso de pie y tomó el camino hacia el Gran Salón, esperando oír, por supuesto, la enorme cantidad de murmullos que generaría su llegada. Entonces lo recordó, sonrió petulante y se giró nuevamente hacia ella que ya estaba unos cuantos pasos detrás de él-Sabrás de mí muy pronto, Granger.

-No te hagas muchas ilusiones…-dijo ella adelantándolo y continuó sin ni siquiera voltear a verlo-Todavía puedo volver a cambiar de opinión.

Silencio absoluto.

Eso fue lo que reinó en el comedor tan pronto los prefectos Granger y Malfoy hicieron su aparición. Según los últimos acontecimientos narrados, esperaban verlos entrar tomados de la mano pero eso, evidentemente, ya no había sucedido; un beso frente a todo el alumnado, no, eso tampoco; sentarse juntos en la misma mesa y darse comida cariñosamente… ¡Por Merlín! Primero Harry Potter se vuelve amante de Tú-Sabes-Quien.

Y así, desinflando toda la novela rosa que el castillo entero había armado sobre ellos, desviaron sus caminos a lados opuestos del comedor, cada uno a su respectiva mesa. Lentamente y sin apartar los ojos de ellos, el Gran Salón retornó a su bullicio habitual.

Al parecer las cosas habían vuelto a la normalidad.

A la aburrida normalidad.

No más chismes jugosos sobre amores prohibidos entre mortífagos y sangresucias.

Habría que contentarse nuevamente con los triviales enredos sentimentales de alumnos comunes como Cho Chang.

Al parecer las cosas habían vuelto a la normalidad.

A la aburrida normalidad.

Pero ¿Cómo definimos normalidad en el mundo mágico?

O aun mejor: ¿Cómo definimos normalidad en Hogwarts?

Normalidad en Hogwarts: El estado en el que NUNCA van a estar las cosas en el colegio más prestigioso de magia y hechicería de Gran Bretaña.

-Hola Ginny.-la pelirroja se giró a ver a su amiga y le hizo un espacio junto a ella en la banca. Ambas miraron a Harry y a Ron, sentados un poco alejados de ellas junto a Neville, Lavender y Parvati. Al ver la llegada de la prefecta, las compañeras de curso de Ginny comenzaron a cuchichear desvergonzadamente, por lo que Hermione tomó su bastante pesada mochila y la dejó caer con estrépito en la mesa haciendo que la sopa les salpicara en la cara-¡Oh! Lo siento, fue sin intención.

Se giró furiosa hacia Ginny que se alzó de hombros y le guiñó un ojo.

-¿Piensas que es difícil?-comentó sarcástica-Me he aguantado toda esa cantidad de chismes acerca de Malfoy y de ti en lo que va de la semana…Es realmente desesperante.-se llevó una mano a la barbilla y añadió burlona-Aunque algunas veces es divertido: ¿Sabías que tu relación con Malfoy es sadomasoquista y que ayer pasaron la noche en una sala de torturas que hay en las mazmorras?

-¡¿QUÉ?!-chilló Hermione escandalizada-¡Ginny! ¡Dime que no han estado diciendo eso!

-Tienes que enseñarme esa sala algún día…

-¡GINNY!

-Por supuesto que lo han dicho.-añadió la aludida recobrando un poco de seriedad-También dicen que todo es un complot de los mortífagos para asesinarte, que estás embarazada, que hiciste un trío con Parkinson, aunque me gusta más la versión del trío con Nott…-dijo mirando el techo encantado y contando con los dedos-Hermione… ¿Hermione?

Podía parecer que Hermione Granger estaba ahí pero en realidad su mente estaba a años luz de distancia ¡¿Cómo habían podido inventar tanta bazofia acerca de ella y Malfoy?!

-¡¡¡ ¿QUÉ DEMONIOS…?!!!-se escuchó un grito desde el otro lado del comedor. Hermione despertó de su letargo auto compasivo y volteó a ver, como el resto de los estudiantes, hacia la mesa de Slytherin.

-Draco, no es para que te exaltes de esa manera.-comentó Theodore tomando un trago de su jugo de calabaza-Siempre has sido una persona que sabe manejar bien sus emociones.

-Theo tiene razón.-añadió Pansy maliciosa-Sólo queríamos que supieras lo que se dice por ahí.

-Embarazo, sadomasoquismo, plan tenebroso, tríos amorosos… ¿Olvido algo, Pansy?-preguntó con sorna Blaise.

-Creo que eso es todo.

-No, se olvidan de la historia que dice que Granger es la heredera de Ravenclaw…-dijo Gregory Goyle mordiendo una pata de pollo.

-Y la que dice que para que Draco pueda recibir su herencia debía acostarse con una sangresucia…-añadió Vincent Crabbe sirviéndose una segunda ración de puré de papas.

-Mi…mi…mi ¡¡ ¿Mi herencia?!!-gritó poniéndose de pie de un brinco y llevando sus ojos grises hasta la mesa de Gryffindor donde encontró a Hermione que se alzó de hombros desconsolada.

Draco estaba viviendo en carne propia la venganza por parte de sus compañeros Slytherins, venganza en la que Theo se animó a participar más por diversión que por querer dañar a Malfoy en realidad; Blaise se indignó terriblemente al enterarse que Draco se estaba tirando a Granger, independientemente de los prejuicios de sangre, no encontraba razón para que no se lo hubiesen contado; mientras que Pansy, con mil dudas rondándole la cabeza, dejó su papel de amante celosa y tomó la pose de amiga dolida, cosa que extrañó mucho a los otros. Eso sin contar con la ayuda bienintencionada de Greg y Vincent.

El plan era bastante sencillo: sacar a Draco de la ignorancia en la que estaba hundido y decirle uno tras otro todos los rumores, chismes y sinsentidos que habían llenado el castillo el último par de días. Eso era más de lo que el orgullo de su amigo podía soportar.

Y no pudieron trazar una mejor estrategia.

En menos de cinco minutos en el Gran Salón habían logrado sacar a Draco por completo de sus casillas.

-Draco, ¿Recuerdas lo que te dije hace unos instantes sobre el control de las emociones?-dijo burlón el pelinegro probando su pastel de carne y buscando con la mirada a una chica rubia en la mesa de Ravenclaw-Dejémosles los berrinches a los gryffindors apasionados, por favor…A menos que te hayas contagiado en estos últimos días, por supuesto.

Las risas de sus amigos no se hicieron esperar, pero se detuvieron de repente al ver como Draco clavó su cuchillo en la mesa con tal odio que la mesa verde se paralizó por completo. Enojado, Draco Malfoy sí que daba miedo.

-Theo, si valoras tu integridad física es mejor que te calles y me dejes canalizar la ira en otro objetivo.

-¿Otro objetivo…?-preguntó Theodore, a quien las amenazas de Draco lo tenían sin cuidado.

-¿Es un objetivo con corbata roja y dorada?-preguntó Pansy mientras los ojos azules le brillaban de diversión.

-¿Son tres objetivos con corbatas rojas y doradas, y un león en el pecho?-terminó Blaise guiñándole un ojo a sus amigos mientras Draco mostraba claras intenciones de dirigirse a la mesa de Gryffindor.

-Dos, Blaise, dos. Mis prioridades han cambiado en los últimos días.-sintió a sus compañeros de casa caminar a sus espaldas-Y me deben esta, además. Ese par de imbéciles son los verdaderos culpables de lo que pasa.

En tanto, Hermione suspiraba junto a Ginny. Había mantenido hasta último momento la esperanza de no ser el tema de conversación del castillo en pleno, pero al parecer sus ruegos no habían servido de nada.

-Me enteré de lo que sucedió con Harry… Lo siento mucho.-la pelirroja volteó a verla y le sonrió tratando de reconfortarla-¿Has hablado con él?

-¿Con Harry?-preguntó irónica Hermione-Ni siquiera me determina.

-Se está comportando como si fuera Ron. Tal vez deberías pedirle…

-Ni hablar.-la cortó de repente recordando las palabras de cierto Slytherin que se acercaba a paso raudo hasta su mesa-Es él quien debe pedirme disculpas.

Se decidió a ignorar a Ginny y a su cara de sorpresa al escuchar sus palabras. Intentó comenzar a llenar su plato de comida cuando voces conocidas legaron a sus oídos. Por alguna extraña razón tenía el presentimiento de que las cosas no iban a terminar bien.

Lo que Hermione no sabía en ese momento, era que la Batalla de Hogwarts estaba a punto de comenzar.

Harry revolvía insistentemente la comida en su plato, donde ahora se encontraba una muy desagradable mezcla de puré, carne de pollo, salsa de carne y guisantes, que seguía mezclando con movimientos circulares que hacía con su tenedor. Apoyaba descuidadamente su mentón en la palma de su mano libre, las gafas se resbalaban perezosamente por el puente de la nariz y había logrado asquear a Ron, Neville, Parvati y Lavender.

Habían intentado hasta el cansancio tratar de entablar una conversación con él, pero lo único que habían recibido de su parte eran gruñidos y uno que otro "Ajá". Ron era quien estaba más desesperado por la situación, sabía que todo aquello era por Hermione y la discusión que habían tenido, pero la sola mención del nombre de la castaña se había convertido en un tabú, puesto que al escucharlo, Harry lanzaba una mirada tan mortífera de tras de los cristales de sus gafas, que el mismísimo Innombrable hubiese salido huyendo.

Sin embargo, no era sólo Hermione quien preocupaba al chico Potter. No, no era sólo eso. El persistente recuerdo de una promesa hecha la noche anterior iba y volvía con bastante frecuencia a su cabeza. Sabía que debía pedirle una disculpa a Hermione, también esperaba una a cambio; pero también sabía que tras lograrlo debía hacer hasta lo imposible por averiguar qué había pasado esa mañana con Malfoy y Parkinson. Se sentía como un traidor de sólo pensar en esa posibilidad, pero también sentía mucha curiosidad y lo que le había prometido Pansy a cambio era suficiente para tentarlo.

Harry Potter había llegado a una triste conclusión esa mañana: Era un completo imbécil. Su único y más triste consuelo era que por lo menos no sería el único traidor, con el simple hecho de haberse juntado con Malfoy, Hermione se convertía en la más grande de todas las traidoras. Suspiró y apartó su vista de la asquerosa mezcla que había en su plato, recorrió con rapidez, vislumbró a Hermione sentada junto a Ginny (Se le escapó otro suspiro), notó que los profesores ya habían terminado de almorzar y que un grupo de rostros familiares se acercaban a su mesa.

La sexy figura de una pelinegra atrevida insistía en instalarse en su mente en los momentos más inadecuados. Momentos como ese por ejemplo, en el que se dedicaba a la auto compasión y auto martirio, eran interrumpidos por el suave ondear de una larga cabellera negra que se acercaba a la mesa.

¡Un momento!

Esa era Pansy Parkinson.

Y no venía sola.

Malfoy y su pandilla llegaron hasta la mesa de Gryffindor acaparando toda la atención posible.

-¿Qué quieres Malfoy?-dijo tratando de evitar a toda costa que sus ojos se encontraran con la mirada traviesa de Parkinson.

-Muchas cosas, Potter. Partirte la cara es una de ellas.-siseó mientras Ron se paraba de un salto.

-¡¿Gué dishes, Falshfoy?!-exclamó el pelirrojo atragantándose con todo lo que tenía en la boca. Los Slytherin se permitieron reír un poco antes de que el aludido respondiera algo.

-Es una verdadera pena admirar tu falta de delicadeza y elegancia, Weasley. Eres una verdadera deshonra para tu casa. No tienes idea de cuánto me alegra no tener que compartir jamás una comida contigo.-una mueca de asco cruzó su cara-Podrías al menos esforzarte en disimular tu triste condición socio-económica.

Harry se puso de pie, la cosa iba en serio. Analizó a quienes tenía en frente y los gestos en sus caras: el único que parecía realmente enojado ahí era Malfoy, así que dolorosamente dedujo que la razón debía ser la única, primera y última cosa que Draco Malfoy y Harry Potter parecían tener en común: Hermione Granger.

-Te repito una vez más: ¿Qué quieres, Malfoy?-dijo comenzando a perder la paciencia.

-Me enteré que abriste la bocaza y contaste ciertas cosas que no debías, sobre ciertas personas que no te convenían, a cierta zorra cotillera…-miró a Lavender y alzó una ceja arrogante.

-¡Ey!-fue el turno de la chica para levantarse.

-¿Aludida, Brown?-comentó con sorna mientras Pansy dejaba escapar una risa burlona.

-¡Eres despreciable, Malfoy!

-¡Déjala en paz!-Ron golpeó con su puño la mesa y el sonido retumbó por el salón que estaba en completo silencio

-Al parecer lo tuyo con Brown va más allá de unas escapaditas nocturnas.-las bocas de todos los que alcanzaron a oír ese comentario se abrieron por la sorpresa. Y es que no era para menos, contando que el comentario se le había escapado a Zabini. Draco se giró a verlo sin entender y él sólo se alzó de hombros-Hay…ciertas cosas que no te hemos contado aun.

-¡Vaya, comadreja! Pensé que estabas detrás de la sangresucia.-comentó arrastrando las palabras y sacando su varita al ver que Ron hacia lo mismo. Sin embargo, Harry se quedó mirándolo fijamente, no hizo amago de atacarlo, sólo se quedó analizando tratando de sacarle otro sentido a esa frase-¿No vas a ayudar a tu amiguito a defender el nombre de la sabelotodo? ¡Eres un imbécil, Potter!

No fue sólo Harry el que no entendió ese último insulto. Varios se quedaron sorprendidos al notar que Malfoy le reclamara a Potter el hecho de defender a su amiga. Algo estaba pasando, algo bastante bueno…

-¡No me has dicho que diablos quieres!-exclamó Harry apuntándole ahora con su varita a Draco-¡Pero ahora no importa, así que escucha bien! ¡Esta es la primera y última vez que te lo digo, Malfoy! ¡Aléjate de nosotros! ¡Aléjate de ella!-una exclamación de asombro cruzó de punta a punta el Gran Salón, esto estaba de infarto: ¡Se refería a Granger!

-No creo que debas ser precisamente tú quien decida eso, Potter.-si cabía más sorpresa en quienes veían aquel espectáculo, quien había hablado a lo último había sido Pansy Parkinson. La Slytherin avanzaba ahora hasta el lado de Draco que la observó con mitad de asombro y mitad de gratitud, y apuntó a Harry también. ¿Así que era ella? ¿Potter quería una cita con Granger? Bufó tratando de ocultar su frustración, por eso no era capaz de hacer nada y le había pedido ayuda. Un momento, no podía ser ella. Si así fuera no hubiese accedido a traicionarla ¿O sí? Tal vez sería mejor dejar eso para otro momento, lo apropiado ahora sería agregarle un poco más de picante a la situación, por lo que añadió con una voz siniestramente sensual-Me acaban de asaltar una cantidad importante de dudas…Tal vez anoche no dejamos las cosas lo suficientemente claras.

No sólo fue una expresión de asombro lo que cruzó el lugar.

-¿Escucharon eso?

-¿Potter y Parkinson?

-Debimos haber escuchado mal… ¿Qué hacían Potter y Parkinson juntos anoche?

-No…No escuchamos mal. Ella lo acaba de decir.

-Potter y Parkinson…

-Potter y Parkinson…

-¿Oyeron eso? Potter y Parkinson…

Draco se volteó a ver a sus compañeros intrigado, enojado e indignado. Al parecer le escondían más cosas de las que se imaginaba. Volteó a ver a Potter que había apretado de repente con más fuerza su varita y apuntaba a Pansy ahora.

-¿Jugando sucio, Parkinson?-dijo buscando veloz con los ojos la cara de una pelirroja atónita al escuchar semejante noticia, lo que fue suficiente para encoger su corazón y llenarlo de la más profunda ira, por lo que no notó como Hermione se acercaba a paso raudo hacia ellos.

-Ya fue suficiente.-todos se giraron y descubrieron la figura de Ernie McMillan mirándolos con reprobación-Slytherins: regresen a su mesa inmediatamente, Gryffindor: siéntense y hagan como si nunca hubiese pasado nada. Tendré que pasar un reporte de esto y es bastante lamentable que haya tres prefectos involucrados.

-Puedes olvidar eso, McMillan. Anoche nos dejaste ir a siete a cambio de la promesa de un revolcón con Pansy, si la convenzo de que lo haga dos veces ¿Lo pasas por alto otra vez?-no había otra persona capaz de hacer ese comentario que no fuese Theodore Nott. Nunca se estuvo completamente seguros de nada, pero un número indeterminado de alumnas se desvanecieron por el exceso de información, había sido demasiada emoción.

Ernie esbozó media sonrisa, le importaba poco lo que saliera de la boca de esa serpiente malintencionada. Muchísimo menos si tenía algo con lo que jugar.

-Aun tengo tiempo de denunciarte, Nott. A ti y a Lovegood, porque no estaban estudiando constelaciones en la Torre de Astronomía ¿Cierto?

-¡¡¿LOVEGOOD?!!-ese fue el grito unánime que se escuchó por todo el lugar. Quienes compartían la mesa con ella en Ravenclaw la miraban con los ojos desorbitados. Luna haciendo gala de un autocontrol admirable se puso de pie y se acercó ligeramente al lugar en el que la discusión se desarrollaba.

Sonreía como si no estuviese pasando nada fuera de lo normal, sin embargo sus dedos jugueteaban insistentemente con el dije que pendía de su cuello. Llegó al lugar donde Theodore le apuntaba con su varita a Ernie y entrelazó los dedos de su mano libre con los de Nott. Cuya sorpresa fue grande pero no tanta como la de todos los demás espectadores que estuvieron seguros de morir por infarto al miocardio.

-Sé que Ernie sólo lo ha dicho porque no le ha gustado la forma en que le echaste en cara el acuerdo al que llegó con Parkinson.-dijo Luna mirando el cielo encantado antes de girarse a ver los ojos confundidos de Theo, estrechó aun con más fuerza su mano y siguió-Pero a mí tampoco me ha gustado lo que ha dicho de nosotros, aunque sea cierto que no estábamos estudiando constelaciones ¿Lo golpearías por mí?

Theo sonrió ante aquellas palabras.

Pero Draco comenzó a reír.

A reír a carcajadas.

-¡¿Podría…podría alguien decirme…qué demonios sucede aquí?!-exclamó deteniéndose y tomando aire-¿Acaso el mundo se volteó en dos días que estuve con Granger?

Dato importante.

un dato adicional e importante entre lo que pasaba entre ellos dos y que muchos no pasaron por alto.

-Cállate, Malfoy.-Hermione se puso justo en frente a él. Como una barrera entre dos bandos enemigos de una guerra. Él la miró enarcando una ceja y preguntó alzando la varita hasta tocar su cuello, ante lo que sus dos amigos reaccionaron saltando sobre la mesa.

-¿Y se puede saber quién te estás creyendo como para darme órdenes, Granger?-siseó decepcionando a la multitud que esperaba algo más romántico-Te recuerdo que sigues siendo inferior.

-Yo de ti, tuviese más cuidado con el vocabulario…-dijo ella comenzando a sonreír maliciosa.

-¿Y eso por qué?

-Por esto.

Draco observó con horror como un plato de puré de papas volaba directo a su cara, pero gracias a sus reflejos de buscador, lo esquivó haciendo que terminara justo en la cabeza de Hannah Abbot. La chica profirió un grito y Neville se paró de su silla hechizando con poco éxito un tazón de salsa de carne que terminó en la cabeza de Dean Thomas. Chorreando una sustancia pegajosa, el Gryffindor levantó varias jarras de jugo de calabaza que debido a su mala puntería terminaron bañando la cabeza de los alumnos sentados en la mesa de Ravenclaw. Cho y Michael comandaron un ataque de los afectados que se consideraban simples espectadores y en ningún momento consideraron justo verse involucrados. Sin embargo, cambiaron el objetivo de la docena de pasteles de carne y riñones al observar que los Slytherins reían de todo alejados en el extremo del comedor. Las serpientes llenas de ira hicieron volar platos llenos de bistec y puré hasta el lado opuesto en la mesa Gryffindor donde se encontraban los verdaderos culpables de todo lo que pasaba.

Nunca el Gran Salón de Hogwarts había sido testigo de una batalla como esa. La comida volaba sin cesar de un lado a otro, impulsada con manos o con varitas, empapando, ensuciando y, sobretodo, desperdiciándose. Los elfos en las cocinas, pensaron inocentemente que habían terminado los platos principales y comenzaron a mandar los postres: tartas de melaza, regaliz, helado y ponqués se unieron al vuelo de la comida que llenaba el comedor.

¿Los principales perpetradores?

Estaban aun muy ocupados discutiendo entre ellos como para tratar de poner orden a la caótica situación que se presentaba. Porque mientras ignoraban y esquivaban certeros platos de comida entre ellos las cosas se ponían a otro nivel.

Un par de Desmaius volaron cerca de ellos, ocasionados por la furia, y otros cuantos hechizos que, para ser sinceros, harían más daño que un plato de alas de pollo. Mientras estos diez alumnos estaban engarzados en su mini lucha mientras el resto del comedor se desarmaba entre gritos estruendosos, comida, bebida e incluso vómito; pasó lo inesperado, bueno, lo realmente esperado tal vez.

Dos bandejas repletas de tarta de melaza impactaron en la cara de un par de recién llegados en las puertas del Gran Salón. Se deslizaron suavemente hasta caer ruidosamente en el piso y lograr causar la más terrorífica estupefacción posible entre los estudiantes.

Si los gemelos Weasley no hubiesen abandonado el colegio el año anterior, la profesora McGonagall y el profesor Snape no tendrían ningún problema en imaginar que ellos eran los principales causantes de lo que sucedían. Pero los legendarios alborotadores de Hogwarts ya no estaban por lo cual centraron su atención en un dispar grupo de alumnos que, a diferencia de los lanzadores de comida que se habían quedado petrificados al verlos, seguían luchando con hechizos cerca de la mesa de Gryffindor.

-¿Me permite el honor, profesora McGonagall?-comentó Snape sacando su varita y logrando aterrorizar al comedor en pleno debido a su mirada de basilisco.

-Por supuesto, profesor Snape.-contestó McGonagall con los labios apretados, y más terrorífica que una manada de Cola-Cuernos húngaros en celo.

Caume Maxima!

(…)

-La verdad, todo fue producto de un malentendido y Malfoy y yo lo sentimos mucho, mucho.-terminó Hermione mirando los ojos azules de su director que asentía lentamente.

-Lo sientes tú, Granger.-contestó él cruzándose de brazos-Fuiste tú quien me aventó ese tazón de puré. Técnicamente, todo es tu culpa.

-¡Cállate, Malfoy!-gritaron a coro los tres amigos Gryffindor, sorprendiéndose a sí mismos y los demás.

-Creo que…-comenzó el director-Todo ha sido producto de una serie de eventos bastantes desafortunados, señor Malfoy. Y sólo por eso, no podemos dejar toda la responsabilidad en manos de la señorita Granger. De hecho pienso que nadie tiene la culpa de lo que ha sucedido este día.-Snape y McGonagall abrieron la boca, sorprendidos e indignados.

-Profesor Dumbledore.-comenzó la jefa de Gryffindor mirando con severidad a sus alumnos-No estoy de acuerdo con que no haya castigo para estos alumnos, han sido los causantes de un acto de indisciplina sin precedentes en esta institución.

-Completamente de acuerdo.-murmuró Snape con odio.

-Mis queridos profesores ¿Quién ha dicho que no habrá castigo?-comentó alegremente el director desinflando las pocas esperanzas que le quedaban a los diez alumnos presentes-Sólo he dicho que no hay culpables, nada fue a propósito ¿Cierto, muchachos?-ellos asintieron quedamente y el profesor sonriendo dio su veredicto-El Gran Salón ha quedado convertido en un completo desastre, sería muy grato para mí, el saber que se ofrecen de voluntarios para dejarlo en perfectas condiciones para la hora de la cena.-Voluntarios no era la palabra adecuada, pero ya había poco que hacer-Eso es todo y sobra decir que sus varitas pueden quedarse descansando en sus morrales mientras terminan esto. Ya pueden retirarse- ¡Qué forma más elegante de decirles que no podrían usar magia! Asintieron nuevamente y se comenzaron a poner de pie para salir del lugar.

-¡No puedo creerlo!-exclamó Blaise mientras giraban en la escalera para salir por la gárgola-¡Espero ver la cara de mi madre cuando le diga que nos pusieron a hacer trabajos de elfos domésticos! ¡Debí haber estudiando en Beuxbatons!

-¡¡CÁLLATE, ZABINI!!-ese fue el grito unánime de nueve alumnos enfadados que se dirigían sin esperanza a limpiar los rastrojos, producto de la Batalla más sucia que Hogwarts había presenciado jamás.


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Y qué tal? Espero que les haya gustado. T-T Tengo sueñito y la verdad, me costó terminarlo. Espero que me recompensen dejando un review.

Sé que hay cosas confusas, como una ligera insinuación a un HHr, pero tranquilas, eso jamás sucederá en ninguno de mis fics (Lo siento con los fans de esta pareja, simplemente no me pasa.)

Creo que ya no se me olvida nada

Un beso a todas

Londony

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