Hola a todas! Pues les dejo pocas notas hoy, sólo espero que les guste este cap, que sepan que me di con la cabeza en contra de las paredes para poder terminarlo T_T yque me dejen sus Reviews para aliviarme los chichones! Sé que hay muchas niñas que me leen y no me dejan su msg, pero igual gracias por hacerlo y ojalá se animen.

Si no les gusta, que es probable xD porque pienso que el final de este cap, pudo ser mejor, les prometo una recompensa en el próximo y el final está cerca...muy cerca. de hecho, creo que en dos capítulos más alcanzo a terminar la historia...Bueno, tal vez tres. XD

Muchas gracias y un besote. Recuerden el review!

Disclaimer: Harry Potter, sus Personajes, Lugares y todo lo demás son una marca registrada de nuestra querida J.K Rowling y de Warner Bros (finalmente la película se acerca...15 días XD)


24

DANZANDO CON LAS SERPIENTES

PARTE II

Y la señorita espera en medio de la pista de baile, con sus pies en posición y lista para comenzar. Ella le espera, porque para bailar hacen falta dos y él no está aun allí. La música comienza a sonar y no aparece.

Ella está ahí, y siempre seguirá estando, por eso rodea con sus brazos a un parejo imaginario y comienza…Un, dos, tres…Un, dos, tres…

La profesora se dirigía a paso raudo por los pasillos oscuros y siniestros de Hogwarts a cumplir con el llamado urgente que acababa de hacerle el director. Se detuvo frente a la gárgola con semblante preocupado y murmuró un Caramelos de Café casi inaudible. Esperó con impaciencia, impropia de ella, que las escaleras terminaran de girar para estar en frente de la puerta del despacho y casi se olvida de tocar cuando estuvo frente a ella.

Tenía la ligera sospecha que lo encontraría vestido con su pijama favorita: la púrpura con estrellas naranjas, con un gorrillo naranja a juego que le hacía ver particularmente aun más pintoresco. Esbozó media sonrisa y se decidió a entrar.

Sin embargo, una dama como ella no podía importunar de esa manera así que, a pesar de encontrarse enfundada en su pijama de paño escocés con su cabello amarrado en un moño y un chal fabricado con el estampado del tartán de los McGonagall, acomodó un poco sus gafas de montura cuadrada sobre el recto puente de su nariz y dio tres suaves, pero perfectamente audibles toques en la puerta con sus delgados nudillos.

-Pase, pase.

Sin esperar a que lo repitiera la profesora se permitió entrar al despacho del director dejando entrever su creciente preocupación. Sin embargo, fue grande su sorpresa al encontrar al profesor Dumbledore (que tenía justo el pijama que ella había imaginado) junto al profesor Snape, inclinados junto a una de las mesitas sonde se encontraban sus muchos artilugios de delicada plata, charlando animadamente.

Bueno, para hacer honor a la verdad, sólo Dumbledore hablaba animadamente. Snape sólo observaba con gesto adusto aquello que le enseñaba con interés el director.

La profesora McGonagall se adentró en la estancia sin comprender muy bien lo que pasaba, se había esperado lo peor al ver aparecer en su habitación un fénix de plata que con la voz de Dumbledore le pedía que se dirigiera de manera pronta a su despacho.

La estricta profesora enarcó una ceja y se acercó cuidadosamente al lugar donde se encontraban el par de hombres y comenzó a escuchar las palabras del profesor:

-Oh, Minerva querida. Menos mal que has llegado, Severus se te adelantó y es por eso que ya está al tanto de los acontecimientos.-al ver la cara de confusión de la mujer el profesor la observó por encima de sus monturas de gafas de media luna, mientras sus ojos brillaban de picardía esperando que ella preguntara.

-Me temo que no tengo idea de que me hablas, Albus.

La profesora pudo notar que cierto rictus de enojo cruzaba la cara de Snape, cosa que la extrañó aun más.

-Minerva…-comenzó nuevamente el director haciéndose a un lado y permitiéndole mirar la mesilla-¿Recuerdas que hace poco les comenté que nuestros carismáticos, aunque algo problemáticos, estudiantes de sexto año que tan hábilmente se escaparon del castigo de limpiar el Gran Salón nos darían una nueva e inesperada forma de darles una sanción más…severa?

-Claro que lo recuerdo, Albus.-dijo la profesora McGonagall mirando con interés y algo de sorpresa lo que se presentaba ante sus ojos sobre la mesilla-Pero ahora que lo dices, no era al parecer tan inesperado.

-Profesor…-comenzó Snape, tratando de sonar conciliador-Si hay que ser completamente honestos, los alumnos no están infringiendo ninguna regla…El profesor Slughorn les dio la autorización para salir después del toque de queda…necesitan la luz de medianoche del cuarto menguante para terminar el Veritaserum.

El profesor Dumbledore rió suavemente y enlazando sus manos por detrás de su espalda comenzó a andar por el despacho hasta llegar a su silla, siendo seguido por la vista de los otros dos profesores presentes. Acarició suavemente las plumas de Fawkes, que soltó unas cuantas notas al sentir los mimos de su dueño, haciendo sonreír al anciano por debajo de sus barbas plateadas.

-Vamos, Severus. Mira lo que hacen…No sólo es Pociones.

-Profesor, no entiendo nada-declaró honestamente Minerva McGonagall, echando un nuevo vistazo hacia la mesilla y dejándose sorprender esta vez, ahogando una exclamación-¡Por Merlín Santo!

La risa del profesor se sintió nuevamente y su mirada se tornó increíblemente traviesa mientras sus profundos ojos azules brillaron una vez más:

-Creo que tenemos algo que hacer esta noche…-aplaudió entusiastamente y se dirigió a la salida-Minerva, Severus, síganme por favor.

Ahora su mirada se fijó en sus dos subalternos que si bien tenían una noción de que hacían allí, uno quería escaparse para evitar que su casa perdiera puntos sabiendo que preferiría estar en su mazmorra durmiendo a estar compartiendo tiempo durante la medianoche con un viejo medio loco; mientras que la otra simplemente estaba ahí.

Ella siempre estaba ahí.

Ella siempre acudía a su llamado y atendía a su presencia.

Porque Minerva McGonagall siempre estaba y estaría allí, aunque fuera medianoche y ella no vistiera más que su bata de paño escocés y él su pijama púrpura de estrellas naranjas.

Sonrió quedamente para el completo asombro de Snape que logró verla antes de que se encaminara antes del director. Porque lo que él no sabía era que, aunque fuera para ir a castigar a unos alumnos que insistían en ser problemáticos en la mitad de la noche, valía la pena si iban los dos.

Bueno, en ese caso los tres.

-Ah, Severus.-el profesor Dumbledore se giró hacia ellos mientras las escaleras dejaban de girar y continuó paternalmente mirándole por encima de las monturas de sus gafas-Sabes que todo esto es culpa de los señores Malfoy y Nott…-Snape carraspeó visiblemente enojado y molesto, haciendo sonreír ampliamente al profesor-Es sólo para tenerlo claro…Y así no te tomen por sorpresa las represalias en contra de tu casa.-Y prosiguieron su marcha mientras Dumbledore canturreaba alguna cancioncilla y Snape mascullaba en voz baja su rabia.

La profesora McGonagall sonrió otra vez.

Sonrió porque ella siempre estaba y estaría allí, pero si podía castigar a unos cuantos Slytherin indisciplinados en el proceso, seguiría estando aun con más gusto.

Las serpientes saben cómo moverse pero algunas veces pueden lograr asustar a su presa…Es igual en el baile. Ahora se acercan, manos en su lugar y un par de giros, muy bien, muy bien. Un, dos, tres…Un, dos, tres… ¡Un momento! ¡Un momento! ¡Muy rápido! ¡Pierden el pase! ¡Muy rápido! Escuchen la música y deslicen… Un, dos, tres. Así está mejor.

Harry trataba de despertar del profundo y placentero letargo que le producían las hábiles caricias de Pansy. Sus pensamientos, y por lo tanto sus razones para saber que aquello era la peor equivocación de su vida, estaban relegados a un segundo plano; el sentir era lo primero para él en aquel momento.

¡Y vaya que se la estaba pasando bien!

Su boca estaba demasiado ocupada besando otra igual de ansiosa que la suya propia mientras las manos de su amante pelirroja se perdían sin consideración por entre su cabello revuelto…

Harry abrió los ojos de improvisto: sorprendido por lo que había pensado, extasiado por lo que estaba viendo y asustado por lo que estaba haciendo.

Su cuerpo recibió la orden inmediata de alejarse de las peligrosas curvas de Pansy Parkinson antes de verse más hundido de lo que ya estaba (en el buen sentido, claro está). Sentado en el suelo, se alejó como pudo de ella que no entendía qué rayos le pasaba a Potter.

Harry sentía como su corazón latía tan rápidamente que parecía estuviese jugando un partido de Quidditch, su respiración estaba más que agitada y no podía conseguir apartar sus ojos del gesto de disgusto que comenzaba a aparecer en la cara de la Slytherin. ¡Pero por Merlín! ¡Ahí tenía la razón! ¡Era una Slytherin!

Trató que las reacciones de su cuerpo se normalizaran, tarea que fue francamente imposible a partir del momento que observó cómo Pansy comenzó a gatear hacia él, acercándose con movimientos felinos y brutalmente sensuales.

Harry tragó en espeso, si bien había sido capaz de resistirse…bueno, esa no era la palabra adecuada…Mejor, de reaccionar. Sí, entonces retomando: si bien había sido capaz de reaccionar, no creía que fuera a hacerlo otra vez, por lo que comenzó a retroceder asustado cosa que sólo sirvió para divertir a Pansy.

-¿Me temes, Potter?-susurró burlona acercándose cada vez más a él que negó afanado con su cabeza-Qué bien, porque no parecía eso hace un momento…-la chica pelinegra pasó con suavidad la lengua por sus labios y sonrió maliciosa-Vamos, Potter. Regálame otro beso…

-Yo…creo…-Harry balbuceaba palabras inconexas producto de su nerviosismo. Respiró profundo dándose cuenta que actuaba como un idiota y soltó-Pansy, yo creo que es mejor que dejemos las cosas así…

Y dicho eso, su espalda chocó con la fría pared del salón. Se vio repentinamente acorralado por Pansy que se sentó en sus piernas logrando incomodarlo aún más si era posible.

La chica llevó sus manos hasta el suéter de Harry y comenzó a arreglarlo, abotonó el par de botones que estaban sueltos y comenzó a acomodar su corbata. Todo sin dejar que sus ojos brillantes y azules se apartaran de los de Harry, que la miraban asustados.

-Tal vez, pero…-Pansy bajó rápidamente su mano hasta la entrepierna algo más abultada de lo normal de Harry, que soltó un gemido que la hizo sonreír de oreja a oreja-…Creo que a tu amiguito de allá abajo no está muy de acuerdo con eso.

Harry se coloreó hasta la punta del cabello, pero trató de hacer caso omiso a las palabras de la chica. La hizo a un lado con la mayor delicadez que pudo y se puso de pie para buscar la salida del salón, todo mientras insistía en su cabeza la idea de una pelirroja bastante decepcionada.

Pansy observó su recorrido sentada en el suelo y con la boca abierta, tratando de hilar ese asunto de que Harry Potter luchaba contra su naturaleza de hombre, se levantaba y se iba dejándola ahí…resistiéndose a sus encantos. A ella: a Pansy Parkinson.

La furia comenzó a apoderarse de ella, pero fue entonces que escuchó su voz. Estaba de pie bajo el marco de la puerta, dándole la espalda, hablaba en voz baja pero aun así pudo escucharle claramente:

-Parkinson, no…no le comentes esto a nadie.-ella asintió en silencio aunque él no podía verla y aunque no cumpliría esa promesa, mientras cerraba su camisa y buscaba por el suelo su suéter. Entonces Harry giró su cabeza para mirarla y le sonrió no sólo con la boca, sino también con los ojos verdes que brillaron tras los cristales de sus gafas redondas-Y recuerda que tan pronto sepa lo que pasó esa mañana te lo diré. Y tú tendrás que ayudarme con esa cita…Recuerda que tenemos un trato.-se giró nuevamente y salió del saló con paso decidido, aunque se estuviese desmoronando por dentro y esa última y aparente demostración de valentía no hubiese sido más que la mejor farsa ejecutada desde siempre. Era un idiota rematado, lo sabía. Pues de ninguna otra forma habría dejado a esa chica ahí, sin embargo, le agradó más la idea de que era un hombre enamorado.

Por eso, Harry, sin más, corrió a su sala común a tomar una ducha helada, dejar los recuerdos de lo que acababa de pasar a un lado y bajar a cenar, porque de lo que estaba seguro en ese momento era que además de un buen pedazo de tarta de melaza, lo único que le apetecía de verdad, era volver a probar los labios de Pansy Parkinson.

En tanto, en el salón oscuro y ahora casi vacío, ella aun no se movía. Veía con fascinación el espacio vacío que ahora era el lugar donde él había estado unos momentos atrás, porque aunque había hecho la misma egocéntrica petición de todos los hombres cobardes, no la botó como un trapo viejo (un fino trapo viejo, cabía la aclaración) sino que le aseguró que se seguirían viendo.

Pansy alcanzó a esbozar media sonrisa mientras se ponía de pie y arreglaba un poco el nudo de su corbata: si le aseguró que la seguiría ayudando, eso había sido bajo su propia responsabilidad. Todo lo que pasara de ahí en adelante sería única y exclusivamente su culpa por no haberla alejado en el momento que pudo hacerlo.

Su sonrisa se tornó traviesa en sólo un instante: Harry Potter debía prepararse, porque ella estaba dispuesta a ir con todo por todo y ya sabían Merlín y Circe lo que Pansy era capaz de hacer. Se había convertido en un dulce objetivo, que al parecer sería más fácil de atrapar de lo que nunca hubiese imaginado y por el cual comenzaba a sentir algo de respeto…o algo parecido a eso.

-¿Potter te dejó muy alucinada o es que su cara de idiota es contagiosa?-Pansy llevó sus ojos hasta la puerta, donde se recostaba descuidadamente contra el muro la elegante figura de Draco.

-Ni lo uno ni lo otro.-comentó ella acercándose a él para comenzar a andar juntos hasta el Gran Salón para tomar su cena-Pensaba en mi próximo paso…

Draco alzó las cejas dejando entrever ligeramente su sorpresa e inmediatamente una mueca despectiva se dibujó en su boca.

-Vaya, es que hay un próximo paso…-comentó con desprecio cruzándose de brazos y reprobando a Pansy con la mirada. Ella, que no se intimidó como él hubiese querido, sólo se alzó de hombros y siseó burlona:

-Sí, por supuesto que hay un próximo paso. Cuando queremos acercarnos a alguien…prohibido, las personas astutas ideamos un plan a seguir con una válvula de escape incluida en caso de que algo salga mal.-Draco desvió sus ojos grises de su amiga para mirar al frente y hacerse el desentendido pero sabía que era demasiado tarde-Theo con la Lunática, Blaise con la Weasley, yo con Potter…-entonces lo miró burlona mientras saltaba juguetonamente un escalón falso y terminó-Claro, pero no todos somos tan precavidos. Siempre hay alguno que se deja llevar por esa corriente de sentimientos que nacen cuando está cerca de cierta sangresucia…-añadió con dramatismo la última frase, llevando una mano a su frente y fingiéndose débil en contra de los pasamanos de las escaleras, ganándose los aplausos por su actuación de uno de los cuadros del lugar donde las musas de teatro la observaban riendo y señalaban a Draco sonrojándose.

-NO-ME-NACEN-NINGUNOS-SENTIMIENTOS-CUANDO-ESTOY-CERCA-DE-GRANGER.- dijo él escupiendo cada palabra con el más profundo odio. Entonces añadió mascullando entre dientes-¿Los tienes?

Pansy lo miró fingiendo indignación y le dijo al llegar a las puertas del Gran Salón mientras sacaba de su bolsillo y le tendía en su mano unos cuantos cabellos negros como el azabache:

-Pero por supuesto, Draco ¿Con quién crees que estás tratando?-y tomándolo de la mano para entrar al Gran Salón, le guiñó el ojo pícara y comenzó a arrastrarlo hasta la mesa de Slytherin.

El truco en el baile es saber el llevar el pase. Escuchar la música, relajar el cuerpo y dejarse llevar…Un, dos, tres…Un, dos, tres. Un paso hacia adelante y uno hacia atrás. Dos pasos adelante y uno hacia atrás. El hombre debe guiar…Aunque no siempre es así.

-No sabía que… No sabía que ya era de dominio público.-suspiró Ginny abatida sentada sobre el suelo y recostando su espalda junto a la pared. Llevó sus ojos cafés hasta Blaise que ahora descansaba a su lado. Él esbozó media sonrisa y le susurró:

-La verdad no es que sea el chisme del momento.-le confesó sinceramente-Draco y Granger ocupan la mayoría de las bocas en esta escuela, tú sabes, con eso de que los mortífagos los buscan para matarlos a ellos y a los mellizos por nacer.

Ginny se sorprendió a sí misma riendo por la broma hecha por el Slytherin. Tenía toda la razón, últimamente el par de prefectos y sus comprometedores encuentros eran el tema principal de las conversaciones de pasillo. La pelirroja observó con cuidado a los alrededores y notó que no había nadie por ahí, por lo que se permitió relajarse un poco.

-Entonces, Zabini.-dijo ella suspirando antes de mirarlo a los ojos-¿Por qué estás aquí?

-Vaya, pensé que nunca lo preguntarías.-respondió irónico pero al ver la mueca de disgusto que cruzó la cara de la Gryffindor dejó que un gesto parecido a una sonrisa se dibujara en sus labios-Pero qué humor tan volátil, Weasley.

-No tengo tiempo que perder con tontos Slytherins…-dijo ella tratando de ponerse de pie pero notando como él tomaba con fuerza su mano y la halaba hacia abajo. Ginny cayó sentaba nuevamente pero Blaise la continuó acercando a él firmemente.

Aunque no hubiese querido, aunque estuviese consciente que él no era más que un Slytherin, aunque estuviese segura que él estaba tramando algo; se dejó mover hasta que sus piernas quedaron entre las del chico y su rostro se chocó de frente con el de él.

Ginny sintió como Zabini comenzó a mover su cabeza, acercándose cada vez más, quebrando el límite de lo permitido. Pensó rápidamente en muchas cosas: en Harry y en lo mucho que lo quería, en Zabini y en lo mucho que lo detestaba. Pero para ser completamente honesta no le molestaba sentir su respiración en el rostro, ni cómo su nariz acariciaba suavemente la suya…Fue por eso que por Ginny decidió que con un ataque frontal, tal vez y sólo tal vez, Harry reaccionaría…Fue por eso que Ginny decidió cerrar los ojos.

-¿Sabes, Weasley? Siempre he pensado que a pesar de tus…defectos, eres una chica muy linda.-Ginny asintió suavemente, sintiendo como la nariz del chico pasaba cerca de su mejilla y su aliento le hacía cosquillas en la oreja-Pero también pienso que por tus malas amistades no llegas a ser una muy buena opción para mí…

Lejos de lo que pensaba que ella haría, Ginny echó su cuello para atrás antes de soltar una suave carcajada, momento que él aprovechó para darle un suave beso justo en la garganta. Ella abrió los ojos y lo observó burlona, Zabini era todo un personaje:

-Con que no soy una buena opción para ti por mis amistades…-repitió sin evitar mostrar su tono socarrón-Déjame decirte que tú tampoco lo eres para mí, tus amigos no son lo que yo considero precisamente buenos…-cuando él abrió la boca para replicar ella se encargó de callarlo-Siempre he pensado que aquellos que tienen ideas estúpidas sobre la pureza de la sangre son los más hipócritas y eso tú me lo puedes confirmar.-Ginny se alejó de él y se sentó en posición de loto del otro lada del pasillo justo frente a él y divirtiéndose con su cara de confusión. Y es que no era para menos, había perdido en un instante el control de la situación, le había sido robado por una comadreja insignificante.

Imitó la posición en la que ella estaba sentada y se cruzó de brazos frunciendo el ceño. Miró con sus oscuros ojos a Weasley que parecía estarse divirtiendo de lo lindo con lo que pasaba:

-No entiendo lo que dices.-escupió con rabia-No soy ningún hipócrita, mis principios de sangre son…

-Son pura basura.-completó Ginny la frase por él y se apresuró a seguir antes de ser interrumpida-Hipócritas, así de simple. ¿O me vas a negar, Blaise Zabini, la razón de la absoluta tranquilidad con la que tú y tus compañeros Slytherins se tomaron el desliz de Malfoy con Hermione?-al ver que por toda respuesta el ceño del chico se fruncía más, se permitió sonreír burlona y siguió-Lo sabía. Tú, Nott y Parkinson han vivido sus propias aventuras secretas con hijos de muggles. No tienen autoridad moral para juzgar a Malfoy. Lo dicho, hipócritas.

Blaise esbozó una mueca de desprecio al verse por completo descubierto y masculló con rabia:

-Define "aventuras secretas", Weasley.

-Revolcones a escondidas, Zabini.

Él bufo indignado, la comadrejita era al parecer más sagaz de lo que había pensado en un comienzo. Admiró por un segundo la sonrisa que aparecía en ese rostro enmarcado por el cabello de color rojo encendido. Se puso de pie dispuesto a irse, se acercó a ella y le tendió la mano, que ella tras dudar un segundo aceptó.

Quedaron nuevamente frente a frente y ella le sonrió, pero antes que pudiera voltearse para irse sus palabras, que sonaron más como un reto que como una invitación llegaron claro a sus oídos e hicieron eco en su corazón:

-Hoy a medianoche pasará algo en los jardines del colegio, Potter incluido. Si quieres llegar, ya sabes donde estaré.-Blaise dio media vuelta y buscó el rumbo hacia su sala común, muy decepcionado de su propio desempeño, consciente que había perdido terreno y que había dejado que la pequeña Weasley manejara a su antojo la situación.

Dándose golpes mentales en contra de las paredes escuchó la voz de Ginny a sus espaldas:

-Aunque no fuiste para nada convincente…Estaré allí esta noche para ver qué es lo que están tramando.-él se volteó inmediatamente, pero lo único que pudo alcanzar a ver fue la figura de una chica delgada que corría en dirección contraria con una melena pelirroja que se perdía tras doblar una esquina.

Blaise sonrió porque Draco y los demás no tenían que enterarse de los detalles y porque lo único importante era que había conseguido que la pequeña comadreja aceptara ir. Al parecer el plan seguía un muy buen rumbo.

Una vez que la pista está lista, sólo falta que la función de comienzo. Las luces se encienden y la música comienza a sonar…Todos en posición, óiganla, siéntanla, háganla suya y ¡Empecemos! Un, dos, tres. Un, dos, tres. A la derecha, giro, otra vez. Como serpientes al acecho…

Hermione se veía atrapada por el cuerpo de Draco en contra de la pared. La verdad no era que la situación la incomodase mucho pero estaba convencida, una vez más, que no era para nada una buena idea.

Bajó su cabeza, huyendo de su mirada mientras sentía sus manos acariciándola por encima de la túnica del uniforme. ¿Por qué siempre que él comenzaba a hacer eso perdía por completo su voluntad? Muy enojada consigo misma, consiguió empujar a chico rubio suavemente hacia atrás y lanzarle una mirada muy clara de "No estoy para tus manoseos, Malfoy".

Y era cierto.

Ese día se había levantado muy temprano, demasiado temprano, incluso para ella. Había dejado a su acompañante Slytherin profundamente dormido en la Sala de Menesteres y se había encaminado a hacer otras cosas de vital importancia para ella.

En este momento, la pregunta sería: ¿Qué puede ser más importante que disfrutar tiempo junto al odioso de Malfoy, que aunque le hiciera la vida imposible, también lograba hacerla sentir en los cielos?

En este momento, la respuesta sería: Los estudios.

Sí, sus estudios.

Tan sencillo como eso. Simplemente se había descubierto a sí misma pensando y pasando más tiempo del estrictamente necesario con Malfoy. Y para su horrible desgracia tenía una enorme montaña de deberes para realizar y lecciones por estudiar, y si seguía desviando el rumbo de sus noches en actividades tan poco académicas como las que Malfoy proponía, se encontraría a sí misma enfrente de un Troll en todas sus materias.

Hermione se escalofrió sólo de pensar en esa aterradora posibilidad y vio como Malfoy la miraba con una ceja enarcada:

-Se puede saber qué bicho te picó ahora, Granger.

-Por supuesto.-dijo ella tomado aire y cruzándose de brazos, tratando de acomodarse en medio del pequeño espacio que para ambos representaba ese nicho donde estaban ocultos-Vine aquí, única y exclusivamente, para escuchar eso tan importante que me tenías que decir acerca de mis amigos. Creo que eres consciente de lo contraproducente que esta cosa, que puede llamarse "relación", entre nosotros puede llegar a ser, sin embargo insistes en enredarme para que me acerque y terminemos…y terminemos ¡Bueno! ¡Y terminemos tan enredados como tú ya sabes que podemos estar! Eres tan…

Draco desconectó sus oídos por un rato, puso los ojos en blanco y acto seguido suspiró. No, no pudo conseguirse otra chica menos complicada, no. Eso le quitaría el encanto a todo. Él tuvo que conseguirle una que además de sangresucia era una sabelotodo insoportable, Merlín tuvo que enredarlo justo con esa que hablaba como si le hubiesen dado cuerda y que insistía en buscarle el lado lógico a todo.

Para Draco Malfoy no podía ser otra sino ella. No podía ser una niña dulce, bella, a la que le gustara estar con él sin poner tanto problema y que se callara tan pronto él lo dijera…Sí, sobre todo que se estuviera callada.

-…Es por eso, que aprovecho para decirte cuanto repruebo esta clase de comportamientos que…

-Sólo quería un maldito beso…-masculló él a punto de explotar y tomando su cara entre sus manos haciendo que lo mirara algo asustada y que de repente se callara. Oh, sí. Sobre todo que se callara.-Ahora escúchame tú a mí por un momento, Granger: ¿Me vas a besar ahora o vas a seguir halando como una lora mojada?-al ver que ella abrió la boca para responder se apresuró a interrumpirla-¡Pero sólo acepto un sí o un no! ¡Monosílabos, Granger! ¡Recuerda eso!

Ella asintió quedamente y le dio a Draco la mejor respuesta que pudo esperar, porque sin decirle absolutamente nada, se inclinó sobre las puntillas de sus pies e hizo que sus labios rozaran suavemente los de él. Llevó sus manos hasta su suave cabello y lo acarició lentamente, despeinándolo en el proceso y haciéndole sonreír por encima de su inocente beso. Draco bajo sus manos en busca de su cuello, mientras sus labios comenzaban a acariciar los de Hermione que se entreabrieron dándole paso. No recordaba la última vez que la había besado, tal vez había sido el día anterior, o el día anterior a ese, o la semana anterior a ambos…pero era suficiente para él sentir el contacto de su lengua con la suya, y escuchar el suave gemido que se escapaba de sus labios húmedos, para saber que era eso lo que quería estar haciendo en ese momento y todos los momentos siguientes a ese.

Se separaron lentamente, mientras sus narices se rozaban suavemente acariciándose, mientras a ambos se les pintaba en la cara una sonrisa suave, satisfecha. Una de esas que lo único trasmiten es tranquilidad, cariño, paz…y para Draco era mucho más hermosa que cualquier otra sonrisa en el planeta. Aunque nunca y jamás de los jamases lo aceptaría en voz alta.

-Ahora debes estar contento.-dijo ella alejándose para salir del estrecho lugar oculto tras el tapiz. Él la acercó nuevamente a sí y mientras una sonrisa mitad sexy mitad malvada se pintaba en su boca susurró:

-Si he de ser por completo sincero, no, no estoy contento.-ella lo miró con el ceño fruncido-Sé que entre los dos podemos hacer cosas aun más divertidas que esto…

-Es medianoche, Malfoy.-dijo ella zafándose de su abrazo y como si esa fuera suficiente explicación. Hermione apartó con fuerza el tapiz y salió al pasillo de las mazmorras donde se encontraban.

-Antes no has tenido problema con eso…-susurró él siguiéndola de cerca y tomándola por la manga de su túnica.

Hermione puso los ojos en blanco y se giró para verlo:

-Escúchame bien, Malfoy, porque sólo lo diré una vez. Más que para encontrarme contigo de una forma tan poco decorosa en medio de la noche, estoy despierta a esta hora un día que no me toca ronda porque, por si no lo recuerdas, debemos poner los calderos con el Veritaserum bajo la luz de la luna en cuarto menguante. No es que tu compañía sea algo tentadora pero, gracias, paso. Sabes lo que creo acerca de nuestros, cada vez más frecuentes, encuentros y…-Hermione no pudo evitar detenerse al ver la cara de Draco descompuesta, llevó su mano hasta su rostro y masajeó suavemente sus sienes mientras con la otra señalaba algún lugar a las espaldas de Hermione que acababa de comprender que había metido la pata.

Se volteó lentamente con miedo de encontrarse con alguien no tan agradable atrás suyo y para su sorpresa no era para menor:

-Siempre te lo he dicho, Granger…-masculló Draco entre dientes, soltándola del agarre entre su túnica-Debes aprender a callar.

Aunque su orgullo Gryffindor le impidiera reconocerlo en voz alta, Draco Malfoy tenía toda la razón. Porque ahí se encontraban, justo frente a ellos: Padma Patil, Michael Corner y Terry Boot. Todos con sus respectivos calderos a punto de caérseles de las manos de la impresión y con la mandíbula casi en el suelo.

Bueno, es que no era para menos… Después de ver salir a Granger y Malfoy de detrás de un estrecho escondite y de escuchar semejante confesión, cualquiera hubiese quedado en el estado en el que ellos se encontraban.

-Eh…chicos…nosotros…-balbuceó Hermione pero al darse cuenta de lo dicho se corrigió enseguida-Eh…quiero decir…Malfoy y yo…

Los Ravenclaw la observaban incrédulos, sin palabra y completamente negados a creer cualquier cosa que saliera de su boca. Al ver que de los cinco, ninguno tenía intención de añadir algo a la incipiente conversación, los tres intrusos se marcharon camino al salón de pociones para dejar envasadas sus respectivas mezclas y después llegar a su sala común a destrozar el mundo y volverlo armar.

Hermione y Draco les seguían de lejos, no se decían nada entre ellos, pero sabían perfectamente lo que podía significar que esos tres hubiesen escuchado lo que escucharon. Él le reprochó en voz baja durante todo el camino y en voz alta cuando ellos desaparecieron al salir del salón rumbo a sus dormitorios.

-…Y es por eso que todo es tu culpa.-terminó finalmente Draco un largo discurso donde enumeraba las causas y posibles consecuencias de su futura desgracia pública. Hermione lo ignoró estoicamente, tomó su poción y se encaminó hasta los jardines del colegio, pero ya él, que había hecho lo mismo, comenzó a sermonearla de tal manera que parecía que se estuviese escuchando ella misma. Sin embargo, tan pronto legaron a los jardines y se encontraron bajo la luz de la luna, la paciencia de Hermione llegó a su límite:

-¡YA BASTA, MALFOY!-y él, obedientemente, se calló.

Ya todo está listo, y los bailarines en sus posiciones, se oye la suave música y ellos, impacientes, se mueven casi sin que se note. Pero ¿Qué sería de un gran espectáculo sin, precisamente, espectadores? Primero es uno, después dos, luego una lluvia de aplausos. Una gran cantidad de personas listas para verlo todo, para observar el acecho, el baile, la caída y finalmente el gran final. Los aplausos cesan y comienza por fin…Un, dos, tres…Un, dos, tres…

Padma estaba en medio de un pasillo sin saber muy bien a dónde dirigirse. Los chicos se habían ido hacia la sala común y ella argumentó cualquier cosa para no tener que irse con ellos. ¡Vamos! ¡Tenían que entenderla! ¡Tenía la primicia de Granger y Malfoy y a nadie a quien contársela! Caminó de aquí para allá un corto trayecto sin decidirse a llegar hasta donde su hermana dormía plácidamente ignorante de los últimos acontecimientos o irse hasta su torre y esperar que amaneciera. ¡No! ¡De ninguna manera podía esperar!

Padma dio unos cuantos brinquitos de emoción: los había visto salir juntos de ese lugar, que servía para cualquier cosa menos para una de sus bien conocidas discusiones. Y después había escuchado las palabras de Hermione acerca de sus "encuentros".

¡Por Merlín y todos los grandes hechiceros! ¡Era cierto! ¡Draco Malfoy tenía algo con Hermione Granger! Padma supo lo que tenía que hacer, salió corriendo en búsqueda del séptimo piso, donde encontraría un retrato que la llevaría al dormitorio de su hermana y le contaría todo.

Casi sin aire se detuvo en medio de un pasillo cercano. De repente, la inteligencia y prudencia por la que había sido seleccionada en Ravenclaw salió a flote y pensó en lo que estaba haciendo.

Se recostó en contra de uno de los muros y cerró los ojos: podía ser todo un malentendido, tal vez ella sólo había visto lo que había querido ver, y escuchado lo que quería escuchar. Suspiró dando media vuelta para regresar, después de todo no era tan buena idea.

Pero sólo le bastó dar un paso para chocarse con la figura más pintoresca que pudo imaginar: un hombre alto con largas barbas plateadas se apareció frente a ella vestido con un pijama púrpura estampado con estrellas naranjas que hacían su apariencia aun más peculiar. La miraba un tanto burlonamente por encima de las monturas de sus gafas de media luna con sus ojos azul profundo, mientras el gorro naranja a juego se movía un poco por encima de su cabeza.

-Señorita Patil, qué gusto encontrármela por estos lares.

-Pro..pro…profesor Dumbledore…-alcanzó a balbucear la asustada chica mirando la graciosa imagen de su director.

-Sí, así me llaman…-dijo él observándola y mirando a ambos lados del pasillo-Sin embargo, me gustaría preguntarle qué se encuentra haciendo a estas horas por aquí.-la chica se había quedado sin media palabra en la boca, cosa que divirtió mucho al anciano-Bueno, escuché por ahí que los alumnos que toman el EXTASIS en Pociones preparan Veritaserum hoy en la noche…-La chica de Ravenclaw asintió fervientemente-¡Oh, ya veo! Entonces supongo que usted estaba haciendo eso.-Padma volvió a asentir-Pero creo que se desvió de camino porque está más cerca de la sala común de Gryffindor que de la torre de Ravenclaw.-la chica meditó las palabras de su profesor y un tanto dudosa asintió una vez más-Sin embargo creo que si no decidió ir a su torre por algo será…-Padma alzó una ceja un tanto confusa y no supo qué hacer o decir.

-Eh…profesor…yo…

-Algunas veces…-continuó el profesor haciendo caso omiso de la interrupción de la chica, que lo miró sin entender-Hay cosas que tenemos que hacer y pensamos que pueden ser equivocaciones en un futuro.-la miró por encima de sus monturas y terminó con una sonrisa-Creo que hoy sucederán cosas interesantes en los jardines de la escuela y tal vez usted sepa con qué o quién están relacionados.-le guiñó un ojo antes de tomar el camino contrario al de la chica y le ordenó gentilmente-Haga lo que tenga que hacer señorita Patil.

Y ella sin dudarlo ni un momento subió hasta la sala común de su hermana (que ya anteriormente le había dado la contraseña en caso de alguna emergencia) y se armó un alboroto similar al que Michael y Terry habían armado en la torre de los Ravenclaw. De donde además estaba saliendo Justin Finn-Fletchley que tenía un encuentro romántico en la sala común azul con su novia de esa casa, y que corrió hasta los sótanos junto a las cocinas a correr la voz y por donde un Slytherin que andaba fuera violando el toque de queda pasaba justo por la puerta redonda sin cerrar, y escuchó la versión del romance entre Malfoy y Granger que estaban juntos en los jardines del colegio y que cualquiera podía comprobarlo si quería; y este fue hasta las mazmorras y se encargó de correr la voz de semejante barbaridad.

Pues parecía que una vez más, las cosas se habían salido de control en Hogwarts.

El profesor Dumbledore llegó hasta la puerta de su despacho con una sonrisa en los labios mientras observaba una delicada lámina de plata que le mostraba los acontecimientos en diversos lugares de la escuela. Sacó su varita y murmuró "Expecto Patronum", al acto dos fénix de color plata volaron en direcciones opuestas del castillo en búsqueda de los jefes de Gryffindor y Slytherin.

Dumbledore sonrió nuevamente, porque después de explicarles brevemente lo que pasaba y mostrarles en su nuevo invento (inspirado en las cámaras de vigilancia muggles) lo que hacían ciertos jóvenes revoltosos, a todo el castillo le esperaba una noche de gran diversión.

Giro, salto, giro. Un, dos, tres. Un, dos, tres. No más prácticas, sin embargo hay errores inevitables y uno de esos es, sin remedio, caer por enredarte con tus propios pies…Pero eso no les pasa a ellos ¿O sí?

Hermione esperaba ansiosa que pasaran rápidamente los quince minutos que tenía que revolver la poción bajo la luz de la luna para entrar al castillo encerrarse en su habitación y esperar que amaneciera y dormir mucho, pues después de esa desastrosa semana, por fin sería sábado nuevamente.

Hermione observó a lo lejos, mientras ignoraba la compañía cercana de Malfoy, Nott y Zabini, que dos figuras salían del castillo y se acercaban a paso raudo: Eran Ron y Harry que venían apresurados porque se pasaba la media noche y no habían comenzado a hacer su trabajo.

-¿Un poco tarde, no crees? Afortunadamente creo que aun tienen tiempo de terminar.-la voz amable de Ernie McMillan la sorprendió desde atrás suyo-Buenas noches, Hermione.

-Buenas noches, Ernie.-respondió ella él saludo con una sonrisa y recordando la triste situación que había vivido el chico durante esos días-¿Ya te vas?

Él asintió como respuesta y esperó que Ron y Harry terminaran de acercarse para saludarlos y luego irse a descansar a su habitación. El par de Gryffindor si acaso respondió algo al saludo de Ernie y se pusieron en marcha a terminar su poción: Harry encendió el fuego y Ron trató de comenzar a vaciar los contenidos de las botellas en sus respectivos calderos cuando escucharon la voz de Malfoy que se acercaba y que lograba ponerlos de malas a todos inmediatamente:

-Vaya, parece que san Potter y la comadreja se han quedado dormidos.-comentó arrastrando las palabras con burla mientras su pandilla se acercaba tras él.

-Cállate, Malfoy.-escupió Harry con odio y mirando alternativamente a Draco y Pansy… ¿Pansy?-¿Qué haces aquí, Parkinson? Tú no das Pociones…

Hermione miró con suspicacia a Harry pero se distrajo más por la figura pelirroja que se acercaba a lo lejos.

-¿Ginny?-se preguntó a sí misma, pero todos giraron sus cabezas a ver a quien llegaba.

-Pues estoy acompañando a mis amigos a hacer este aburridor trabajo del viejo Slughorn…

-¡Vaya! Ya veo porque me invitaron…es que hay reunión nocturna.-comentó Ginny casualmente al acercarse al tumulto de jóvenes.

-¿Qué haces aquí?-preguntó Ron mirando confundido a su hermana y comenzando a sospechar, al igual que Hermione, que ahí estaba pasando algo extraño.

Todos se miraron las caras, al parecer se habían quedado sin palabras, y eso no era para nada bueno para los planes que tenían los slytherins. Fue por eso que Draco miró a Theo pidiendo ayuda y él se alzó de hombros y dio un paso adelante. Le tendió su mano a Hermione logrado que Harry y Ron fruncieran el ceño y que el mismo Draco lo observara extrañado:

-Vaya, Granger, parece que tu poción ya está lista.-dijo y acto seguido la ayudó a levantarse del piso donde estaba sentada-¿Deseas que te ayude con eso?

Todos se quedaron con cara de ¿Qué demonios pasa aquí? Pero Hermione, atontada y un poco sonrojada después de haber estado inhalando los vapores de las pociones de Harry y Ron asintió suavemente y nadie podía entender lo que pasaba.

-¡Alto ahí!-exclamó Ron rojo como su cabello-¡Ninguna serpiente malintencionada se acerca a Hermione!

-Creo que entonces estás un poco desactualizado, Weasley.-dijo sin mucho interés Zabini.

-Granger ha estado ¿Cómo se dice?...Estrechando sus lazos de amistad con nuestra casa…al igual que Potter.

Ron y Ginny miraron al par aludido que sólo dio para sonrojarse y tratar de balbucear una excusa. Mientras que su hermano no tenía ni media pista de lo que pasaba, Ginny había finalmente comprendido todo: Harry le seguía los pasos a Hermione en lo que a encantamiento de serpientes se refería y era verdad que comenzaba a involucrarse más de la cuenta con Parkinson.

Se puso roja de la furia y observó con rencor a Zabini que sólo le sonrió descaradamente. Harry y Hermione al sentir la tensión en el ambiente bajaron sus pociones y la de Ron del fuego y trataron de ignorar la explosiva situación en la que estaban rodeados recibiendo la inesperada ayuda de Ernie que estaba seguro de que algo planeaban los Slytherin.

Sin embargo, Ron que aun sin entender observaba como los enemigos de su casa le observaban de frente y con mirada burlona, encabezados por el tonto de Malfoy, sacó su varita y les apuntó exigiendo una explicación:

-¡Me dicen que rayos pasa aquí en este instante!-Harry al ver lo que estaba haciendo su mejor amigo, trató de hacer que bajara su varita y de calmarlo un poco:

-Vamos, Ron. No seas tonto. Deja las cosas así…

-¿Qué deje las cosas así?-para sorpresa de todos fue Ginny quien habló y que a su vez señaló con su varita a Parkinson que sonrió socarrona entendiendo por fin quien era la chica con la que quería salir Potter al ver la cara de espanto del mismo. Al parecer Zabini tenía razón-Creo que aquí hay muchas cosas que explicar, así que, Parkinson, haz los honores…

-¡Oh, chicos! Vamos, tenemos que calmarnos.-comentó Hermione tratando de calmar las aguas y caminando en medio de dos bandos que se apuntaban amenazantes.

-¿Sabes, Granger? Estoy completamente de acuerdo contigo.-y dicho eso, con una floritura de su varita tomó los frascos que contenían las pociones de Ron y Harry y las puso en frente de sus dueños. Entonces, antes de ahogar una carcajada, soltó-¿Por qué no se toman un trago…?

Y dicho eso, las botellas se inclinaron dentro de la boca de los dos chicos que se ahogaban tratando de escupir la poción.

-¡¿Qué rayos crees que haces Malfoy?!-gritó Hermione desesperada corriendo a auxiliar a sus amigos que tosían sin control-¡¿Es que acaso no sabes lo tóxica que resulta el Veritaserum a medio preparar?! ¡Hay que llevarlos a la enfermería o se pueden morir!

Los chicos de Slytherin sólo esbozaron media sonrisa mientras Theodore se acercaba a ella y la alejaba un poco de sus amigos:

-Eso pasaría, para gran alegría de nosotros, únicamente en el caso que eso fuese Veritaserum a medio preparar…-Hermione lo observó confundida y acto seguido miró con el ceño fruncido a Malfoy.

-¿Qué rayos les hicieron?-se giró para mirar a sus amigos con preocupación cuando escuchó la calmada respuesta del rubio:

-Digamos que Potter y Weasley me debían una…Lo único que he hecho es que afiancen un poco más sus vínculos de amistad…

Los cuatro Slytherin presentes soltaron una carcajada, mientras Ginny y Hermione observaban a Harry y Ron tratando de adivinar que les sucedería pero fue en ese momento que descubrieron que hubiesen preferido no saber.

-Harry…Harry ¿estás bien?-la voz de Ron sonó preocupada mientras sus ojos azules un tanto ausentes observaban a su pelinegro amigo sacudirse la cabeza y acomodarse los lentes.

-Sí, Ron. Estoy bien.-entonces Harry se acercó a su amigo y para sorpresa de Hermione, Ernie y Ginny, puso su mano en la mejilla y la acarició suavemente-Gracias por preocuparte por mí…

-¡¿QUÉ?!-fue el grito unánime de Hermione y Ginny que no se alcanzaban a creer lo que estaban viendo. Sí, porque Ron sonrió como tonto ante la caricia, sí, así es; ante la caricia de su mejor amigo y le dijo que por cosas como esa…

-…Es que te quiero tanto, Harry.

En tanto, Draco, Theo y Blaise observaban la escena, bueno, técnicamente no la observaban porque el ataque de risa que tenían no se los permitía de un todo. Ginny se acercó a su hermano y le exigió que dejara de actuar como un…como un… como un tonto, pero lo único que se ganó fue un empujón que la dejó tendida en el suelo.

Hermione tenía sus neuronas trabajando a toda velocidad, tratando de comprender lo que sucedía y buscando una manera de encontrarle una solución. Pero no se le ocurría nada, absolutamente nada.

E influía en gran parte la perturbadora imagen de Ron acariciándole el cabello revuelto a Harry. ¡Oh, santo Merlín! ¡Ahora se acercaban para besarse! ¡Tenía que hacer algo! ¡Y hacerlo pronto!

Vio que los intentos de Ginny por gritarles sus nombres y empujarlos eran inútiles. Sabía que debía ocasionarle un choque profundo, algo que a pesar de estar "enamorados" mágicamente llamara igual de fuertemente su atención. ¿Pero que podía ser? ¡¿Merlín, qué puede ser?!

Entonces, Hermione observó como por la puerta de la escuela aparecieron las figuras del director, McGonagall y Snape. ¡Las cosas sólo se ponían peor y peor!

¡Oh no! Si no estaba mal, eso que veía eran alumnos aparecer. Entonces Hermione vio como Malfoy estaba doblado sobre su estómago, riendo hasta más no poder. Y asimismo vio como los que iban llegando señalaban a sus amigos, que iluminados bajo la luz del cuarto menguante, estaban a punto de besarse y que hicieron que algunas chiquillas se desmayaran en los terrenos, sin contar que la profesora McGonagall estaba al borde de un colapso nervioso y el profesor Snape estaba a punto de vomitar.

Fue en ese momento cuando la brillante mente de Hermione se iluminó. Tuvo una idea para hacer que sus amigos se separaran momentáneamente. Se acercó a donde Malfoy estaba y lo tomó de la mano hasta arrastrarlo cerca de sus amigos que jugueteaban acariciándose con sus narices.

-¡Ernie, Ginny! ¡Tan pronto se separen los aturden o petrifican o cualquier cosa necesaria para mantener su integridad frente a toda la escuela!-ellos alistaron sus varitas y observaron como todo el colegio (o casi todo el colegio) esperaba que pasara lo que al final sabían que iba a pasar.

-Ron, yo te…

-Harry, yo te…

-¡¡RON, HARRY!! ¡Miren esto!-el par de chicos observaron de reojo al escuchar la voz de su mejor amiga y se petrificaron al ver la imagen. Se separaron de inmediato y alistaron sus varitas casi por inercia.

-¡ALÉJATE DE ÉL!-y es que no podían haber gritado nada más al ver que Hermione besaba a Malfoy como si el mundo se le fuera en ello. Porque era Ella la que lo besaba a Él, que ni corto ni perezoso la había rodeado con sus brazos y ahora estaban atrapados en un beso poco inocente. Veían atónitos como ella suspiraba en sus brazos y el efecto de la poción fue parcialmente opacada por la enorme furia que sintieron.

Por lo que tan pronto se separaron lo suficiente para maldecir a Malfoy un par de gritos rompió el aire:

-¡Petrificus Totalus!

-¡Desmaius!

Y ambos chicos cayeron al suelo producto de los hechizos que acababan de recibir. Hermione se separó inmediatamente de Malfoy para suspirar aliviada al ver a sus amigos inconscientes en el suelo. Sin embargo, bastó que sus ojos recorrieran el lugar para ver que la cura había resultado peor que la enfermedad.

Todos los espectadores la observaban callados, en un aparente estado de shock del que fueron saliendo paulatinamente para que todo el lugar estallara en medio de chismes burbujeantes y frescos. Recorrió con sus ojos llenos de pánico la cara de todos los que la miraban hablando de lo que acababa de suceder y de cómo ella misma se había encargado de confirmar los rumores de lo suyo con Malfoy.

Fue en eso, que el Slytherin se acercó nuevamente a ella y a los cuerpos inmóviles de sus amigos. Tocó levemente en las costillas a Potter con la punta de su zapato mientras la comadrejita menor y McMillan se acercaban también.

-¿No sabes sino enredar más las cosas, verdad Granger?-comentó él irónico mirándola brevemente antes de recorrer con sus ojos grises la gran cantidad de espectadores a lo que inicialmente había planeado como una venganza privada.

La chica se había quedado sin palabra. Ahí estaba expuesta, destruida, humillada y todo era culpa única y exclusivamente de él… abrió la boca para insultarlo una vez más pero la voz de su director la detuvo:

-Buen plan para evitar que sus amigos se vieran enredados en un malentendido cuando ni siquiera eran conscientes de ello, señorita Granger.-la miró por encima de sus monturas de gafas de media luna, con algo parecido a la admiración y continuó-Se ofreció usted misma…

-Y a mí también…-masculló Draco comenzando a sospechar que todo eso olía mal.

-Sí, se ofreció usted y el señor Malfoy también, a cambio de sus amigos bajo el efecto de una poción. Admirable, realmente admirable.-Hermione miró desesperanzadamente a Malfoy. Todo era siempre culpa de él, pero entonces, su profesor la sorprendió con una última pregunta-Sin embargo, señorita Granger, no era necesario separarlos, si su plan original era dejarlos inconscientes.

Hermione miró a Harry y Ron, uno petrificado y el otro desmayado, y se espantó de lo que había hecho.

-¿Sabes Hermione?-dijo Ginny dubitativa-Creo que el director tiene razón. Si igual los íbamos a hechizar… ¿Para qué besarte con Malfoy frente a todo el mundo?

Genial.

Simplemente genial.

Ahora su vida sí que se había acabado.

-Cálmate, Granger.-murmuró Draco poniéndose a su altura- Ya el daño está hecho…- y sin más volvió a besarla en medio del hervidero en el que se había convertido el jardín de la escuela.

Y es que Draco Malfoy tenía un defecto y un pasatiempo favorito: el primero era querer ser el centro de atención y el segundo fastidiar a Granger hasta el cansancio.

Y con ese último beso, los dos salían a flote.

Bueno, al final no se sabe quien guió a quien, pero definitivamente fue un espectáculo maravilloso. Porque mientras la música siga sonando los bailarines siguen danzando. Un, dos, tres. Giro, media vuelta y hacia arriba…Un, dos, tres. Un, dos, tres.

Y todo termina con una maravillosa lluvia de aplausos.


Bueno, espero que les haya gustado. Sé que aun falta explicar bien el plan que estos hicieron y que tuvo que hacer Theo con Lavender pero, en el prox cap se los diré

Un beso

Londony

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