No es el final U_U Lo siento

Dedicado con cariño a Karix, por su cumple, y a Irene Garza, por su apoyo ^^

Disclaimer: Harry Potter, sus Personajes, Lugares y todo lo demás son una marca registrada de nuestra querida J.K Rowling y de Warner Bros


26

SIN DISCRECIÓN

PARTE I

Hermione terminaba de arreglarse en medio de la penumbra que llenaba la habitación de las chicas de sexto año de Gryffindor. Era aun bastante temprano, demasiado para Lavender y Parvati que aun dormían profundamente en sus camas tras haberse acostado muy tarde dándole los toques finales al nuevo lote de pociones alisadoras y de amor que saldrían a la venta ese mismo día por la tarde.

La prefecta, con tanto silencio como pudo, recogió su mochila del suelo, acomodó todos los libros y deberes dentro de ella y tomó su varita de la mesita de noche, para finalmente salir sin ser vista ni escuchada. Pero fue entonces que lo vio, puesto ahí, tal cual ella lo había dejado varios días atrás.

Se acercó con cuidado a su mesa de noche y pasó sus dedos por la portada de piel de "Hogwarts: A History" Primera Edición, que Dobby le había regalado. Dudó un poco antes de tomarlo, pero al sentir a Lavender removerse en su cama, lo agarró de un zarpazo y salió como un bólido de la habitación.

Sólo dejó de correr cuando llegó a la sala común y respiró profundamente. Entonces movió sus ojos por el lugar sólo para encontrar el panorama más aterrador e inesperado: Harry y Ron esperaban sentados en un amplio sillón, bueno, al menos Harry estaba esperando mientras Ron trataba de mantenerse despierto.

-Chi…chicos…-alcanzó a musitar presa del pánico. No había hablado con ellos desde el viernes a la medianoche y no conocía aun su reacción ante todas las cosas que habían sucedido.

-Hola Hermione- dijo Harry sonriéndole tanto como le era posible. De alguna forma, sospechaba que su amiga seguiría huyendo de ellos y ya era hora de tomar al toro por los cuernos. Suspiró, no les quedaba otra que apoyarla -. Te estábamos esperando.

-Habla por ti…-murmuró Ron dejándose caer de espaldas en el sofá mientras colocaba su mochila sobre su cara para dormir un poco más-. Yo preferiría estar durmiendo, y si ella opta por no volvernos a hablar porque le avergüenza su traición, entonces por mí está bien.

Harry y Hermione pusieron los ojos en blanco.

-No sé de qué traición estás hablando, Ronald- dijo Hermione dirigiéndose hasta la salida de la sala común y utilizando su voz más segura-. Creo que debes dejar de ser tan paranoico- Harry se acomodó aun más en el sofá y habló cruzándose de brazos:

-Y yo creo que tú debes dejar de mentir y de tratarnos como si fuéramos tontos.

Hermione se detuvo y se volvió a mirarlos. Les dirigió una mirada inescrutable y puso las manos sobre sus caderas: nunca lo aceptaría frente a ellos, jamás les diría que tenía algo con Draco Malfoy.

-Es inútil que trates de confundirnos- dijo Ron aun escondiendo su cara bajo su bolsa e imaginando la cara que Hermione tendría en su rostro-. Admítelo de una vez y nos ahorramos los problemas.

-Lo que Ron quiere decir…-completó Harry tras suspirar-. Es que no nos importa lo que haya pasado y te aceptaremos igual: seguirás siendo nuestra amiga aun después que nos confieses que tienes algo con Draco Malfoy.

No es que para Harry hubiese sido fácil decir esas palabras. Parecería, pero no lo fue. El poder convencerse a sí mismo que su mejor amiga tenía una relación a escondidas con su peor enemigo no era algo que se escucha y comprende. Su interior era todo un remolino de emociones: Malfoy no le agradaba y nunca le agradaría. Punto. No había discusión sobre ese tema.

Pero por otro lado, consideraba los sentimientos de Hermione y, hasta cierto punto, era capaz de comprenderlos. Suspiró abatido mientras la castaña aun no borraba una cara de estupefacción de su rostro. No era nadie para juzgarla, pero era su amigo para entenderla. Por ello dejó de importarle que Draco Malfoy fuese un presumido, racista y bueno-para-nada Slytherin que no se merecía en lo absoluto el cariño de su inteligente y linda amiga, por lo que procedió a respetar su decisión.

Se acomodó un poco más sus gafas redondas sobre la nariz y le sonrió, tan sinceramente que Hermione empezó a creer que aquello era cierto.

Para Ron había sido aun más difícil: Si Harry odiaba a Malfoy, no existía una palabra en ninguno de los idiomas del mundo que alcanzara a describir su antipatía por él. Hasta último momento negó cualquier cosa que ellos pudiesen tener, e incluso lo seguiría haciendo hasta que lo escuchara de su boca. Hermione, la dulce, inteligente y sabelotodo Hermione que él conocía jamás, y óigase bien, jamás se hubiese involucrado en una pseudo-relación emocional, sentimental o sexual con Draco "El Magnífico Hurón Botador" Malfoy.

Hermione era el ejemplo de prudencia personificado, su pie izquierdo le pedía permiso al derecho para dar un paso, organizaba sus horarios de estudio, los de Harry, los de él y los de toda la casa de Gryffindor si quería también, era la prefecta que cumplía y hacía cumplir todas las reglas, estudiaba con exceso de esmero y dedicación y su nicho favorito era la biblioteca… ¡¿Cómo…?! ¡¿Cómo había podido entonces terminar enredada con el chico más despreciable de la escuela?!

Pero Ron se había tragado todo eso. Se había tragado todo y lo había digerido en silencio durante la noche anterior: Finalmente había asimilado que su amiga se sintiera atraída por un patético Slytherin, ricachón de segunda, mala imitación de un mortífago de pacotilla, con complejos de rey hurón del mundo. Aun con su mochila en la cara y acostado sobre el sofá, le era difícil contenerse y no ponerse frente a ella y gritarle que estaba cometiendo el peor error de su vida. Pero aun así lo hizo, se quedó callado y quieto, apoyando en silencio cada palabra dicha por Harry.

Quitó la bolsa de su cabeza y miró a Hermione, que comenzaba a ablandar su expresión. Recordó lo mucho que la quería y que, a pesar de todo, ella siempre le apoyaría a él, por eso le sonrió: había llegado su turno de apoyarla a ella.

La chica, por su parte, no acababa de comprender lo que ellos acababan de decirle. Si bien siempre le preocupó de sobremanera lo que todo el colegio pudiese hablar acerca de su relación con Malfoy, lo único que realmente lograba quitarle el sueño era imaginar que sus dos preciados, queridos e intolerantes amigos, le daban la espalda por haberse involucrado con el enemigo.

Pero ahora, y en contra de todo pronóstico, le decían sin más que su cariño y su amistad era más importante que cualquier Slytherin atrevido e inoportuno que osara irrumpir entre ellos tres. La querían lo suficiente como para respetar la decisión que había tomado, a pesar que a sus ojos (y a los de ella también) fuese la más absurda y desacertada.

Y así fue como Hermione, sin más, cayó sobre sus rodillas de forma más bien dramática, pero es que no hubiese podido ser de otra forma: Sus dos piernas no eran suficientes para mantener todo el peso de las emociones que sentía dentro ella, todo el cariño que le daban sus amigos y toda la culpa que caía sobre sus hombros.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas mientras Harry y Ron se acercaban a ella y se acomodaban en el suelo a su lado. La abrazaron sabiendo que tal vez no era para tanto, tal vez ella podía tener el novio que quisiese, tal vez estaban armando una tormenta en un vaso de agua.

Pero los tres sabían que no era así. Sabían que era una traición de calibre mayor y que ahora todo era perdonado y olvidado. Eran amigos, y de los mejores, por lo que haría falta más que un hurón desteñido para acabar con su amistad. Y eso Harry, Ron y Hermione lo tenían muy claro.

La castaña dejó que sus suaves sollozos fueran desapareciendo poco a poco en medio de su abrazo colectivo. No se había sentido tan feliz desde hacía mucho tiempo, por lo que, sonriendo al par de chicos que tenía enfrente, susurró limpiándole las lágrimas de las mejillas.

- Es cierto. Tengo algo con Malfoy aunque no sé muy bien que es…

Sus amigos la ayudaron a ponerse de pie y cargaron con sus cosas mientras salían por el agujero del retrato hacia el Gran Salón. Harry y Ron pusieron caras poco amigables y dijeron mientras caminaban junto a Hermione:

-Bueno, tal vez debas hablar un par de cosas con el Hurón - afirmó tajante Ron -. Más le vale que sus intenciones sean serias contigo.

- Completamente de acuerdo - terminó Harry cruzándose de brazos.

Hermione sonrió por dos cosas: Porque sabía que sus amigos tenían la razón… Y porque tenía grandes amigos.


El Gran Salón poseía un bullicio que comenzaba a fastidiar más de la cuenta a quienes se sabían el centro de los murmullos. Pero es que no era para menos, podían admirar en todo su esplendor a los tres amigos Gryffindor desayunando y hablando como si nunca hubiese pasado nada. Hermione estaba visiblemente harta, pero antes de explotar decidió ignorar la mirada persistente de todos sobre ellos.

-Felicitaciones- escuchó una voz a sus espaldas y se giró para encararse con una sonriente Ginny que se sentó a su lado -. Pensé que habías decidido pedir un traslado a una escuela mágica en el África.

-No es gracioso, Ginny- dijo ella haciéndole un espacio y sin dejar de notar que ni ella ni Harry se dirigieron una de esas miradas que tanto se habían lanzado durante las últimas semanas-. ¿Acaso me he perdido de algo?

-Absolutamente nada-dio por toda respuesta la pelirroja que apuró un poco de zumo de calabaza-. Y Hermione ¿A qué hora es lo de tu castigo hoy?- Ginny miró a su amiga por unos instantes antes de girar su cabeza hasta las puertas del Gran Salón y observar como hacían entrada un grupillo peculiar de Slytherin.

El volumen de la habladuría fue en aumento y Hermione también se giró. Draco Malfoy entraba a desayunar seguido de su séquito de amigos, caminaba elegantemente, midiendo cada paso y mirando desdeñosamente alrededor. La Gryffindor apretó un poco más de lo debido su tenedor: Si sólo supieran que él, tan aristocrático y clasista, se estuvo revolcando con ella en el piso de cualquier baño de la escuela, no pensarían igual. Se sintió furiosa sin estar muy segura de la razón pues en ese momento fue incapaz de relacionarlas con la cantidad de chicas que babeaban por él tan pronto puso un pie en el lugar.

Se dispuso a apartar la vista rápidamente cuando notó que su mirada se chocó fugazmente con la suya, un brillo extraño llenó de calidez sus usualmente fríos y grises ojos y, sin más, le guiñó levemente uno antes de darle la espalda y encaminarse a su mesa.

Hermione había llegado a una nueva conclusión ese día: Bastaba una sola mirada Draco Malfoy para volverla melcocha. Se giró aun algo anonadada a ver a Ginny y escuchar su reproche acerca de lo obvia que era con Malfoy, cuando le observó muy entretenida con una escena que protagonizaban dos de los Slytherin: Parkinson sonreía coqueta guindada del brazo de Zabini mientras este le decía cualquier cosa.

Hermione alzó una ceja desconcertada, y para aumentar su sentimiento de desazón, volteó a mirar a Harry que observaba impasible el mismo cuadro. Se giró nuevamente hasta la mesa de Slytherin y unas cuantas personas lo notaron, por lo cual comenzaron a hablar nuevamente, pero esta vez no le importó: algo raro se estaba cociendo en ese caldero y ella averiguaría lo que era.

Por su parte, Draco acababa de sentarse en la mesa y observaba con desdén como la gente de su mesa y las otras comían, hablaban y se atragantaban al mismo tiempo; todo cortesía de su no-relación con Granger. Suspiró muy quedamente y observó cómo Blaise jugueteaba con las puntas del cabello de Pansy. Alzó levemente una ceja y se dispuso a preguntarles que les pasaba cuando llegó el correo y cientos de lechuzas entraron volando por encima de sus cabezas.

No notó en qué momento todas las aves se fueron, pero pudo ver como Theodore recibió un pequeño paquete que guardó inmediatamente en su mochila. Le llamó la atención. Sólo eso. No es que fuese un chismoso o algo así. Sólo le dio curiosidad. Y cuando algo despertaba un sentimiento así en él, era porque tarde o temprano algo relacionado con ello terminaría afectándolo.

Sexto sentido. Así le llamaban los muggles.

-¿Y eso, Theo?-dijo como si no le importase y leyendo la página principal de El Profeta.

-Nada importante, Draco-contestó él de la misma manera-. Ya sabes, un pequeño obsequio para Luna de mi parte. No creo que te interese.

Draco se mordió la lengua para no seguir haciendo preguntas y se giró descuidado hasta donde su amiga seguía coqueteando de manera absurda con Blaise.

-¿Y qué rayos les pasa a esos dos hoy?-dejo salir sin contenerse y sin notar la pequeña sonrisa maligna que se dibujó en los labios de Theodore.

-Son Slytherins y ambos tienen muy claro cómo conseguir lo que quieren.

Era definitivo.

La noche anterior sus amigos habían planeado algo y no le habían incluido. Comenzó a sentirse un tanto intimidado pero decidió no hacer mucho caso. No osarían a hacerle nada si sabían lo que les convenía… Miró dudoso a sus acompañantes y se permitió titubear.

Era cierto lo que Granger decía: los Slytherins sí que daban miedo.

Draco procedió a tratar de desayunar tranquilamente y, para su gran sorpresa, estaba lográndolo. Las cosas no habían estado tan calmadas desde esos días felices en los que aun pensaba que Granger no era más que una escoba come libros: Ahora, si ignoraba el escandaloso murmullo que le rodeaba, las chicas que le miraban enceguecidas como si fuera un nuevo sol y a la lechuza que venía directo a su cara, todo podía considerarse normal…

-¡Cuidado, Draco!-fue el grito que escuchó y escasamente tuvo tiempo para lanzar su jugo de calabaza por los aires y utilizar todos sus reflejos para esconderse bajo la mesa.

¡¿Qué rayos sucedía?! ¡¿Por qué una lechuza se le lanzaba encima?! ¡Por Merlín! ¡Eran una decena de lechuzas!

Theodore utilizó con rapidez su varita espantando a las aves que dejaron sus cartas encima de la mesa de Slytherin donde Pansy y Daphne gritaban espantadas por el ataque avícola, el resto de la casa huía en varias direcciones y el alumnado en pleno reía por aquella escena.

La profesora McGonagall se acercó a paso raudo, pero tras comprobar rápidamente que el percance no había sido una retaliación de ninguna de las otras casas, se dirigió a la salida echándole un rápido vistazo a Draco, que estaba en el suelo, y a Theodore y Blaise, que le ayudaban a poner de pie.

-Le recomiendo que abra pronto su correspondencia, señor Malfoy-dijo poniendo los ojos en blanco-. Al parecer calmar las cosas va a ser aun más difícil de lo que el director piensa…

El chico rubio no entendió en su momento las palabras de la profesora pero bastó ver la sonrisa burlona en el rostro de sus amigos para descubrir que debía comenzar a preocuparse. Justo frente a él y, desperdigadas encima de lo que fuese su desayuno, se encontraban una decena de sobres rojos que le presagiaban lo peor: Vociferadores.

Alzó su vista y recorrió con rapidez el comedor. Divisó la cara de varias de las posibles causantes de aquel desastre y de Granger, que abandonaba el comedor con una sonrisa burlona en el rostro. Bufó indignado, tomó su mochila con rabia y se dispuso a salir del comedor, mientras sus amigos comenzaban a reír:

-¡¿A dónde crees que vas, Draco?!-exclamó Blaise entre risas-. ¡Apuesto 100 galeones a que aquí hay 10 declaraciones de amor poco decentes!

-¡No, Blaise! ¡Apuesto 1000 galeones que al menos una de esas incluye la declaración de dos chicas que están dispuestas a todo!

-Par de babosos…-fue lo único que pudo musitar Draco mientras salía del lugar rumbo al aula de Aritmancia y escuchaba a los lejos algo que sonaba a: "…No nos importa que estés con Granger ¡Eso sólo lo hace más interesante…!"

Cuando finalmente llegó al pasillo donde se encontraba el salón donde tendría su clase se encontró con la más grata sorpresa: ahí estaba, sólo para él, Hermione Granger sentada en el suelo leyendo el libro que tiempo atrás le había regalado, y que él esperaba, ella no supiera nada de eso.

"Capítulo 39: De la Biblioteca y la propiedad intelectual. Es necesario que los alumnos posean una fuente de conocimiento actualizada (y no actualizada), es por ello que tras los primeros 100 años de la puesta en marcha de esta noble institución han sido registrados 213.465 ejemplares en anaqueles a la fecha de la última de edición de esta obra…"

Hermione se dejó sorprender por ese último dato, si no estaba equivocada en la biblioteca habían registrados ahora aproximadamente más de dos millones de libros. Bueno, debía tomar en consideración que habían pasado ya diez siglos desde aquello. Y así estaba, distraída pensando en cuentas y en cómo sobrevivían los estudiantes de hace mil años con tan sólo 213.465 libros en su biblioteca, por lo que no notó que alguien se le sentaba al lado.

-Buenos días, Granger- ella apartó por un instante la vista de su libro y le saludó con igual cortesía:

-Buenos días, Malfoy-pasó una página de su libro y siguió leyendo. Draco enarcó una ceja y se quedó mirándola en silencio. No tenía muy claro que debía hacer, ni que decir después de lo que había pasado la noche anterior, por lo que momentáneamente decidió no hacer ningún comentario. Sin embargo, tras pasar cinco minutos que era el límite de su paciencia y sabiendo que faltaban poco menos de un cuarto de hora para que comenzaran las clases por lo que no podía saltarle encima a hacerle todas las cosas que le provocaba hacerle, decidió comenzar a divertirse con su hobbie favorito: fastidiar a Granger.

-¿Qué haces?

-Leo.

-Ya veo. ¿Y qué lees?

-Hogwarts: A History.

-Ya veo. ¿Y es más interesante que escuchar los idilios amorosos de la comadreja y los traumas de la niñez de Potter?- Hermione le dirigió una mirada mortífera al descubrir que sólo intentaba molestarla y procedió a ignorarlo logrando arrancarle una pequeña sonrisa de satisfacción.

-Sí, Malfoy. Es mucho más interesante.

-Ya veo. ¿Y qué hiciste anoche?

Draco tuvo que hacer gala de todo su autocontrol para no estallar en una carcajada en el pasillo vacío, la cara de Hermione era todo un poema: su ceño estaba tan fruncido que parecía que tenía una sola ceja, su boca estaba crispada y el sonrojo le llegaba hasta las orejas. Completamente indignada, cerró el libro de un golpe y se puso de pie para entrar al aula.

-¡Eres un…! ¡Eres un…!-exclamó mientras que abría de un portazo y era agarrada al mismo tiempo de la muñeca por el Slytherin que rió despreocupado:

-Te sulfuras fácilmente…-la acercó a sí para luego arrinconarla contra la puerta abierta del salón-. Sé perfectamente que hacías anoche, sólo quería vivir el placer de escucharlo de tus labios -Hermione desvió la mirada y apretó los labios recordando y recriminándose por caer en una estrategia tan barata-. Sin embargo, también sé que prefieres ignorarme y leer esos tontos libros porque de seguro te han producido más placer que cualquier chico en tu vida… ¡Oh, lo siento! Creo que, modestia aparte, yo lo hice mejor que el libro.

Hermione no sabía si luego de matarlo sería mejor enterrar su cadáver en el bosque prohibido o arrojarlo al lago. Tal vez el lago era una mejor opción, así alimentaría al calamar gigante en el proceso. Sin embargo decidió no hacer nada y dejar sus planes de asesinato y eliminación del cuerpo para más tarde, porque aunque le doliera él tenía mucha razón. Sin quererlo y sin nunca haberse imaginado algo insignificantemente parecido, Draco Malfoy entró a su vida poniéndole un no-sé-qué que estaba haciendo que se le acelerara el corazón con sólo sentir su perfume, su ropa por encima de la de ella y una suave caricia en su mejilla.

-Espero no estar interrumpiendo nada importante- la voz de la severa profesora Vector hizo que ambos se separaran como si fueran imanes de cargas iguales después de haber estado mirándose como atolondrados. Cada día eran más obvios y no hacían nada por evitarlo, sin embargo, y sólo para sentirse mejor consigo misma, Hermione se sentó hasta el otro lado del salón y se preguntó durante toda la clase cómo el sólo roce de sus dedos por su cara la había hecho perder el sentido de esa manera.

Tan pronto terminó la clase y mientras Draco se escabulló tratando de huir de una horda de chicas que habían salido de quién sabe dónde mientras Theo apenas podía respirar por la risa, Hermione trató de hacer lo mismo escondiéndose de cuanta figura se le atravesara por enfrente. De alguna forma que no alcanzaba a comprender su romance no confirmado hacía que entre todos sus compañeros se despertara un interés casi enfermizo por ellos.

Estaba casi segura que los veían como si fueran celebridades de la televisión, cosa que le parecía, entre otras, absurda.

Hermione estaba relacionando el extraño comportamiento de sus compañeros con el ambiente cargado de magia de la escuela. Según su teoría, de alguna forma que aun no había descubierto, Hogwarts afectaba las hormonas de los adolescentes que allí vivían, pero aun así, si volvía a escuchar al doblar por un pasillo que su boda era en diciembre o que las orgías que realizaba con los Slytherins en las mazmorras eran inolvidables, no le importaba quien fuese, le lanzaría un hechizo tan potente que sólo despertarían hasta el receso de invierno.

Finalmente llegó a la biblioteca. A su sagrada y siempre sola biblioteca. Pudo escuchar por una conversación de madame Pince con la profesora Sinistra que un grupo de chicas de cuarto de Hufflepuff habían estado ahí hasta hace poco con un escándalo de grandes dimensiones, dispuestas a comprobar con sus propios ojos que los prefectos más famosos del momento tenían sexo entre los estantes sombríos:

-¡¿Puede creerlo, profesora?! ¡¿Qué le pasa a la juventud de hoy en día?! ¡Tener esa cosa con Ese-E-Equis-O en mi biblioteca y cerca de mis libros! ¡Nunca! ¡Jamás!

Hermione se sonrojó demasiado y comenzó a preguntarse qué tan saludable era eso que se le subiera la sangre a la cabeza cada cinco minutos. Se acercó hasta una mesa vacía cerca de un gran ventanal que daba a los invernaderos y se sentó sin saber muy bien que ponerse a hacer.

Abrió el libro antiguo y con un diccionario de runas abierto en cualquier parte trató de seguir la lectura, pero le era difícil concentrarse. Estaba pensando demasiado en demasiadas cosas, por eso le fue más sencillo pasar páginas al azar mientras su vista se perdía por la ventana y descubría a los Slytherins en los invernaderos tomando su clase de Herbología junto con los Ravenclaws.

Y fue así, cuando sin más, desvió sus ojos hasta el libro que descansaba frente a ella y lo que vio no pudo sino dejarla con la boca abierta. No podía moverse ni pensar. O más bien, sí podía pensar, pero sólo en él y en la facilidad con la que logró poner de cabeza su perfecto mundo en un poco más de dos semanas.

Porque justo frente a ella en una de las 6.783 páginas que ostentaba aquel antiguo volumen se hallaba dibujado un sello con una M mayúscula bordeada por dos serpientes: no había que ser muy inteligente y ella además lo era. Aquel era el sello de la familia Malfoy y en ese momento no comprendió que estaba haciendo en la página de aquel libro.

Por más que quiso hallarle una explicación medianamente lógica a aquello no lo logró, fue entonces cuando con demasiados interrogantes dándole vueltas en su cabeza, decidió buscar al único que le podía dar una respuesta.


Dobby era un elfo tranquilo, obediente y libre.

Él hacía todo cuanto se le ordenaba en el castillo, cumplía recados especiales del director y tenía toda la colección de gorros y abrigos otoño-invierno de esa temporada.

Dobby era un elfo tranquilo, obediente y libre. Sobretodo libre.

Es por eso que no entendía cómo es que temblaba como una gelatina al ver aparecer en medio del bullicio de todos los demás elfos preparando el almuerzo la figura amenazante de la prefecta.

-Dobby…-la pequeña criatura se estremeció aun más, dio varios pasos vacilantes hasta quedar frente a ella y tragó en espeso imaginando que podría querer la estricta prefecta. Abrió sus grandes ojos como pelotas de tenis y trató de tranquilizarse: Tal vez sólo había vuelto a perder su ropa interior con el amo Draco y necesitaba que le ayudara a buscarla. Sí, tal vez era sólo eso.

-Dígame…-musitó el elfo halando de su oreja nerviosamente-. Dobby está a las órdenes de la amable e inteligente amiga de Harry Potter…

Hermione frunció el ceño, cosa que hizo que la pequeña criatura se asustara aun más. Dobby había hecho algo malo. Dobby debía castigarse por ofender a Hermione Granger. Dobby era un elfo malo.

-Quiero saber de dónde sacaste este libro.

-¡Dobby no puede decirlo!

-¡Dímelo, Dobby! ¡Es una orden!- Y esas fueron las palabras mágicas, porque enseguida una escena bastante familiar para ella comenzó a repetirse.

¡Boing! ¡Boing! ¡Boing! ¡Boing! ¡Boing! ¡Boing! ¡Boing! ¡Boing! ¡Boing! ¡Boing! ¡Boing!

Ese era el único sonido que se escuchaba retumbar en toda la cocina mientras un sartén pesado golpeaba la cabeza de Dobby una y otra y otra y otra vez mientras Hermione, en pánico, trataba de detenerle. En vano, claro está.

-¡Dobby es un elfo malo!- ¡Boing!- ¡Dobby no puede decirle a Hermione Granger! -¡Boing!- ¡Dobby obedecía una orden del amo y la profesora!-¡Boing!

-¡Calma! ¡Dobby!-Hermione se cansó de luchar contra la fuerza del elfo para aporrearse la cabeza por lo que dejando el pesado libro en el suelo, tomó su varita y ejecutó perfectamente un Petrificus Totalus que hizo que nuevamente hubiese paz en las cocinas de la escuela-¡Escúchame, pequeño elfo revoltoso y masoquista! ¡Eres libre y no debes flagelarte de esa manera sólo por una pregunta!

Le quitó el hechizo luego de mover suavemente la varita y esperó que Dobby se recuperara para preguntarle otra vez. El siempre servil elfo se sentó en el piso de piedra negra mientras aparecían una tras otras protuberancias en la cabeza, que a Hermione le parecieron en exceso peligrosas y mientras se limpiaba las lágrimas con unos calcetines de lana musitó:

-Dobby no puede decir nada, pero Dobby no sabe qué hacer porque ya es libre, pero Dobby le sigue teniendo respeto al amo Draco, Dobby no puede desobedecerle, la orden fue no decirle nada a la amiga de Harry Potter…

Hermione puso los ojos en blanco y le interrumpió:

-Legal y mágicamente eres un elfo libre y puedes obedecer a quien quieras, es por eso que me puedes decir con tranquilidad como fue que este libro llegó a mis manos cuando acabo de descubrir quién es su verdadero dueño.

La Gryffindor se arrodilló para quedar a la altura del elfo y comenzó a escucharle:

-Si lo dice la amiga de Harry Potter entonces Dobby cree en eso… Todo fue porque la profesora McGonagall le dijo al joven amo Malfoy que…

Y así fue como después de terminar de escuchar la historia completa, Hermione comenzó a preguntarse por qué él sin ninguna razón le había dado semejante regalo, o aun mejor, por qué luego no se había encargado de quitárselo.

Salió de las cocinas con el corazón revuelto y la mente hecha un caos porque al parecer Draco era aun más buena persona de lo que ella había llegado a descubrir. Se dirigió a su sala común en medio de una nube de colores, un arco iris brillante y unicornios galopantes: amaba a Draco Malfoy, no había duda de ello, por eso se iría a su sala común a esperar la hora del almuerzo, cuando debían compartir el tiempo de su castigo, para agradecerle como es debido el gran obsequio que le había dado.

Nada podía arruinarle su felicidad.

Absolutamente nada podía arruinarle su felicidad.

Ni siquiera el enterarse que Draco no le dio ese libro con ninguna buena intención, que había sido su primera y última opción para zafarse de un castigo fastidioso y que para ese entonces aun la consideraba como un palo de escoba con un cerebro súper desarrollado.

Bueno, tal vez enterarse de eso sí podría arruinarle un poco su felicidad.


Si había una clase que a Pansy no le agradaba en lo absoluto esa era Herbología. Demostró antipatía hacia ella desde su primer año pues nunca le gustó llenarse de barro hasta las rodillas, soportar el sofocante calor de los invernaderos y tener más contacto del necesario con plantas aburridas o potencialmente peligrosas.

Sin embargo, ahí estaba, tomando los ÉXTASIS de una asignatura que nunca le gustó cursar, sólo por no tener que estar completamente sola durante esas dos largas horas antes del almuerzo. Esa era su razón para encontrarse allí esa mañana, y si le sumaba lo fácil que resultaba pasar los exámenes (copiando de Theodore y Draco), no tenía nada mejor que hacer en ese momento que ver los intentos fallidos de Blaise de trasplantar el Mignamigra de una maceta a otra.

-Eres un fracaso, Blaise-dijo mientras jugaba distraídamente con un mechón de su largo cabello negro mientras su amigo trataba de sostener los tentáculos que esa horrorosa planta africana tenía por raíces.

-Al menos estoy haciendo algo…-dijo mientras trataba de alcanzar su varita para lanzarle un breve y efectivo Incendio al arbusto endemoniado aunque eso le costara su calificación del trimestre. Pansy apenas le miró mientras hablaba, suspiró desganada y comenzó a mirar sus uñas con interés, ignorando el hecho que las extensiones de la planta comenzaban a rodear las manos del moreno.

-Te tardas demasiado, no debí hacerme contigo-levantó su vista hacia Draco y Theo que finalmente ponían tierra en la maceta tras golpear insistentemente una raíz que insistía en salir y que desistió devolviéndose a su lugar-. Si tan sólo diéramos esta materia con los Gryffindors…Al menos así fuera un poco más interesante.

-Tal vez para ti, a mi me da completamente…igual-se zafó como pudo de una rama de la planta que trataba de enrollarse alrededor de su cuello para asfixiarlo-. ¡Deja de decir tantas tonterías y ayúdame!

Pansy ignoró amablemente el desesperado pedido de Zabini pues no tenía la más ligera intención de tratar con una planta que además de escurridiza, era tan impertinente, por lo cual se esforzó en recibir a Theodore que se acercaba a ellos aprovechando un descuido de Draco que lidiaba con las chicas de Ravenclaw que le acosaban en ese momento.

-Pansy, aquí está lo que necesitábamos y todos me deben 1 galeón con 13 sickles. Resultó siendo más difícil de lo que pensé conseguir el tamaño preciso de dos dosis-Theo le tendió el pequeño paquete que había recibido durante el desayuno a Pansy que lo recibió y lo examinó con cuidado. En tanto, el chico se giró un momento para observar la pequeña lucha de Blaise con la planta para proceder a ignorarlo sin importarle que sus manos y pies eran sujetados y que comenzaba a gritar por auxilio-. Creo que debes irte ahora que Blaise tan amablemente se ha prestado como distracción. Potter debe estar esperándote-volvió a mirar a su amigo tendido en el piso como carnada involuntaria y esbozó media sonrisa mientras Zabini se retorcía tratando de proteger su garganta-. No sólo terminaremos con el tonto asunto de Draco y Granger, sino que también podrás verificar si tu poco original plan está surtiendo efecto.

Pansy amenazó a Theodore con lanzarle una potente maldición si volvía a insinuar algo referente a ello, recibiendo como respuesta una sonrisa de suficiencia. Guardó la pequeña caja dentro de su bolsillo y aprovechó para salir de los invernaderos sin ser vista en el momento en el que la profesora, que acababa de dispersar a la multitud de chicas que pretendían comerse a Draco, se dirigía corriendo a tratar de salvar a Blaise Zabini de una muerte segura.

Caminó por los exteriores hasta llegar al castillo y maldijo en voz baja a su suerte: justo tenía que encontrarse en ese momento con Potter. Su túnica estaba llena de tierra, su cabello se sostenía de forma poco agraciada con una coleta alta y su maquillaje había desaparecido hacía bastante rato. Lo único que lograría hacer era que el tímido Gryffindor se espantara por su horroroso aspecto. Su triste y patética presentación personal no encajaba para nada en la imagen digna que debía proyectar como una Slytherin de cabo a rabo. Fue por eso que no pudo sino sentirse peor al verlo esperando por ella cerca de las escaleras que llevaban a los sótanos de la escuela.

Harry llevaba al menos unos diez minutos esperándola, no tenía muy claro qué iba a decirle o qué iba a hacer por lo cual había decidido que no diría o haría nada, guardaría la calma y la saludaría cortésmente como conocidos que eran. Esa era, si le preguntaban, una solución un tanto cobarde para un Gryffindor de pura cepa como él, pero ese era el detalle más insignificante en aquel momento. Estaba apoyado en contra del muro de las escaleras cuando la vio llegar y supo que guardar la calma no iba a ser tan fácil como había planeado en un principio.

Ahí estaba. Hermosa. Tal cual la había comenzado a ver tan sólo unos días atrás. Su cabello se veía hermoso amarrado en una coleta, su rostro perfecto era enmarcado por un par de mechones negros que resaltaban aun más el azul vivo de sus ojos y se veía un poco agitada y desarreglada; pero todo eso para Harry eso sólo podía significar una cosa: Pansy Parkinson nunca había lucido más accesible y hermosa que en aquel momento.

Ahí estaba. Apuesto. Tal cual lo había comenzado a ver tan sólo unos días atrás. Se apoyaba descuidadamente en la pared dejando que su cabello desordenado cayera de cualquier manera sobre su frente, dándole una apariencia rebelde que ni siquiera él mismo sabía que tenía. La miró tímidamente tras los cristales de sus gafas y bastó eso para sentirse atrapada por ese par de ojos verdes que eran capaces de absorber todo a su alrededor, ella incluida. Pansy sólo podía decir una cosa: Harry Potter nunca había lucido más sexy y atrayente que en aquel momento.

-Hola, Potter.

-Hola, Parkinson.

Y comportándose como el par de idiotas que eran, se dirigieron juntos y en silencio hacia las cocinas para pedirle ayuda al pequeño Dobby.

No hubo necesidad de darle muchas explicaciones, ni siquiera supieron si era por respeto a Harry o por miedo a Pansy o por la enorme cantidad de chichones que tenía en su cabeza, pero estuvieron seguros que el elfo podría hacer que ese par tan dispar se tomaran cada uno la mitad del Veritaserum que le entregaron embotellada en un pequeño frasco de cristal que de alguna forma Theodore Nott consiguió directamente del Ministerio.

Ahora ambos, Slytherin y Gryffindor, caminaban por un pasillo desierto del sótano buscando una salida hacia el vestíbulo. Aun no se habían dicho nada y cada uno por su parte no estaba seguro que era mejor seguir así y no mencionar una palabra. En Harry no era cosa extraña que se sintiera cohibido por una mujer… ¡¿Pero Pansy?! Sabía que tendría que lanzarse un par de Crucios para castigarse por actuar como una tonta Hufflepuff enamorada.

Enamorada.

Se quedó de pie, quieta en medio del pasillo, sin poder decir nada para aclarar su mente un poco más.

Era imposible, de ninguna forma ella podía estar enamorada de Potter… precisamente por eso… ¡Porque era Potter!

Y así se hubiese quedado: momificada en medio de un pasillo solitario sino hubiese escuchado las palabras que llegaron suaves a sus oídos. Palabras que la hicieron reaccionar y recordar quién era y con quién estaba.

Si no estaba mal, ella era Pansy Parkinson, toda una Slytherin, y cuando una Parkinson que además es Slytherin se propone algo, como que Merlín fue el mago más grande de la historia, lo consigue.

Y lamentablemente para Potter, él no iba a ser la excepción.

-Oye… ¿Te sientes bien?-ella le miró a los ojos tras reaccionar por sus palabras, se permitió sonreír confiada y comenzó a avanzar felinamente hasta él que, intimidado, terminó de espaldas contra la pared fría.

-Perfectamente-contestó sin apartar su mirada y haciendo que Harry tragara en espeso mientras la distancia entre sus cuerpos era anulada por un rápido movimiento suyo-. De hecho, creo que estoy mejor que nunca.

Harry no bajó la mirada ni un segundo y recordó la escenita que armó Pansy con Zabini en el comedor a la hora del desayuno, no dejó que ella le intimidara más y habló haciéndola a un lado:

-No deberías comportarte de esa manera-su voz era tan gélida como el hielo de la Antártida-. No te me acerques de esa manera tan descarada, no sé qué pretendes, pero técnicas tan baratas sólo funcionan con completos tontos como Zabini.

Faltó poco para que Pansy estallara de júbilo. Su "poco original plan" había dado resultado, y sólo basada en la creencia y popularizado mito que los Gryffindors son tan primitivos como los animales y se dejan llevar por instintos primarios como los celos desmedidos por razones tan sencillas como la amenaza frontal a su territorio.

-¿Zabini? ¿Te refieres a Blaise Zabini?- comentó haciéndose la tonta y mirando juguetonamente a Harry que la veía con el ceño fruncido- Si me interesara Blaise no fuesen esas las técnicas que utilizaría.

-¡Ah, vaya! Por lo que veo eso era entonces un derroche de amistad-comentó irónico Harry que comenzó a caminar por el vacío pasillo con los brazos cruzados sobre el pecho-. La verdad, tampoco es que me importe conocer tus "técnicas" y muchísimo menos quiero involucrarme de cualquier forma contigo.

-Eso, mi querido Potter, es una verdadera lástima-susurró al oído del chico que se sobresaltó y se giró a verla sólo para sentirse empujado hasta un nicho en la pared oculto por un tapiz, de esos que hay tantos en Hogwarts. Pansy se inclinó un poco hasta él y le habló rozando sus labios-. No sé si te has dado cuenta, pero he decidido comenzar un ataque frontal contigo porque he descubierto que es la mejor manera de tratar con Gryffindors obstinados y orgullosos como tú…

-No pierdas tu tiempo, Parkinson-dijo permitiéndose dudar un poco antes de intentar salir y siendo bloqueado por el cuerpo de la Slytherin que se aferró fuertemente a él-. Primero, yo debería estar interesado en querer algo contigo…-Pansy sonrió maligna pero Harry trató de ignorarla y siguió-. Sabes…que no quiero nada que no sea…con…bueno, no te importa…-cada vez le costaba más unir sus palabras porque sus ojos, aun no muy acostumbrados a la relativa oscuridad del nicho donde se encontraban, observaban embelesados como la Slytherin se hincaba de rodillas frente a él-. No sé…no sé… no…no sé qué planeas pero….pero….pero…-su cerebro no pudo seguir armando frases porque las manos de Pansy se movieron traviesas hasta el cierre de su pantalón que tras breves segundos no estuvo más cerrado-Tú…que…que… ¡¿Qué…pretendes, Parkinson?!

Ella, sin inmutarse siquiera un poco, le siguió sonriendo mientras le miraba a los ojos y sus manos entraban dentro de la ropa interior del Ya-No-Tan-Niño-Que-Vivió, mandándole un corrientazo que lo recorrió de abajo a arriba. Acercó sus labios más de lo permitido al cuerpo de Harry que ahora parecía una extensión más de la pared y susurró terminando de derribar las pocas y débiles defensas que él había tratado de instalar:

-Voy a mostrarte mis "técnicas", Potter… Y luego de esto me dirás si quieres o no involucrarte conmigo.

Harry aprendió algo ese día.

Bueno, Harry aprendió varias cosas ese día.

La primera de ellas es que existen mujeres de temer. La segunda es que una vez que alguien se topa con ellas, es mejor no involucrarse. La tercera es que si ya la encontraste y te involucraste, es preferible dejar que ellas tengan el control. Y la cuarta…la cuarta es algo muy personal, digamos que es un bonito recuerdo.

Un muy bonito y placentero recuerdo.


Draco esperaba hambriento junto a la entrada oculta de las cocinas que Hermione se dignara a aparecer para salir de ese castigo lo antes posible. No estaba muy seguro, pero desde que había comenzado a involucrarse con ella, el número de sus castigos había comenzado a elevarse de forma exponencial.

Suspiró ya desesperado y procedió a comenzar a pensar en la maravillosa tanda de sexo que había tenido con ella la noche anterior. Solía hacer eso, recordando cosas agradables podía menguar el enojo que la Gryffindor le causaba frecuentemente.

Estaba distraído tratando de recordar exactamente cuántas veces ella le gritó por más cuando la vio aparecer afanada desde el otro lado del pasillo. No pudo evitar que una sonrisa mitad malvada y mitad sexy se dibujara en su rostro.

-Granger… ¿Qué pretendías dejándome aquí parado como un tonto durante un cuarto de hora? Tengo cosas más importantes que hacer que esperar que se te apetezca aparecer-comentó él venenoso con la intención de comenzar una de esas acaloradas discusiones que solían tener y que siempre terminaban en encuentros más acalorados aun.

-Lo siento mucho. Prometo que la próxima vez intentaré ser puntual. Sabes que no hay nada que más desee que pasar tiempo contigo…-faltó poco para que la mandíbula de Draco cayera al suelo de la impresión, la miró con los ojos desorbitados y creyó que la Gryffindor le debía estar jugando una mala broma porque no pudo identificar ni la más ligera pizca de ironía. Trató de recobrar su compostura inmediatamente e hizo un segundo intento: seguro había sido una mala pasada de su imaginación. Sí, seguro era eso.

-No me sirve la próxima vez, Granger-dijo acercándose a ella y tratando de sonar malicioso-. ¿Cómo planeas recompensarme por esto?

Ella se sonrojó hasta las orejas y poniéndose en puntillas le besó cortamente en los labios sólo para correr hasta el cuadro y hacerle cosquillas a la pera mientras soltaba una risilla tonta.

Draco no se pudo mover. Draco sólo pudo mover sus ojos siguiendo el recorrido de aquella impostora, porque esa no era Granger. Su Granger.

Esa mezcla de chica sumisa y niña tonta, no era la mujer con la que tenía discusiones divertidas y noches apasionantes. Cerró los ojos y se giró para ir tras ella dentro de la cocina y así poder descubrir que rayos le había pasado.

Una vez que estuvo dentro del lugar la observó sentada en una de las bancas cerca de las largas mesas gemelas a las que estaban en el Gran Salón. Ella le miró por un instante, mientras ignoraban el enorme bullicio de los elfos mandando comida hacia arriba, y le sonrió tristemente:

-Me acabo de comportar como estúpida ¿No es así?-la chica se revolvió los cabellos y ahogó un grito de impotencia- ¡Eso me pasa por seguir los malos consejos de Ginevra!

-¡Por Merlín!-exclamó Draco acercándose a ella y tomándola por los hombros- ¡No vuelva a hacer eso! ¡Me faltó poco para morir de la impresión! ¡Qué broma tan de mal gusto!

Hermione se sorprendió un poco a escuchar la declaración del Slytherin por lo que esbozó una pequeña sonrisa, sin embargo, casi al instante la borró de su rostro y en su lugar, frunció el ceño y se cruzó de brazos:

-No era una broma-hizo de su boca un mohín por lo que Draco la miró burlón alzando una ceja (Ya se le había pasado el susto de que Hermione Granger hubiese mutado en una de las tantas babosas que poblaban Hogwarts)-. Sólo trataba de ser más… más…-las palabras se atoraron en la garganta por lo que apenas pudo musitar muy bajo-…Amable, intentaba ser un poco más…amable

Draco se permitió sonreír un poco más y se acercó lo suficiente como para sentarse a su lado y susurrarle:

-¿Para qué más amable…?-dijo pasando sus dedos suavemente por su mejilla logrando que ella cerrara los ojos y en su boca se dibujara una ligera sonrisa-. Me encanta tal cual estamos. No creo poder soportar tu faceta cariñosa…

Hermione ladeó su cabeza y echó el cuello hacia atrás para darle más acceso a su piel para que siguiera con las caricias, sin importarle a ninguno de los dos que en ese momento los elfos, haciendo gala de su magia, trataban de ignorarlos mandando al Gran Salón toda la comida que desapareció mágicamente de las 5 largas mesas que estaban en el lugar.

-Es… Es que pensé… Que debía agradecerte…-llevó las manos hasta su cabeza y perdió sus dedos entre su suave y rubio cabello mientras él se aventuraba a besarle en el cuello.

-¿Agradecerme…?-susurró Draco con sorna y sonriendo por encima de su piel. Llevó sus labios hasta los de ella y le robó hasta el último resquicio de aire en un beso profundo y desesperado mientras los elfos, tras dejar todo impecable, iban desapareciendo uno por uno. Recuperando el aliento y mirándola con sus ojos brillando más que nunca repitió-¿Agradecerme…? ¿Por qué habrías de agradecerme? Además, claro, que por haberte regalado los momentos más placenteros de tu relativamente corta vida.

-Yo…-Hermione no conectaba bien las palabras cuando los delgados labios de Malfoy le acariciaban la piel de aquella manera. Sin embargo, en medio del letargo en el que la sumían lo suave de sus besos, recordó ese regalo, ese hermoso detalle…-. El libro…tú…gracias…

A Draco le pareció escuchar algo acerca de un libro, pero no era un asunto que le importase mucho cuando pudo notar que se habían quedado solos en las cocinas. Se aventuró a mover sus manos bajo la túnica de Hermione que soltó desprevenida algo como un suspiro profundo.

Sí. No tenía ni idea de que hablaba ella, ni tampoco es que le importara mucho. Granger siempre hablaba de muchas cosas.

-Eh…Eh…-Y ahí estaba, el pequeño elfo Dobby, mirando con los ojos abiertos como un par de platos la comprometedora escena, sin tener ni la más remota idea de por donde comenzar a interrumpir-. Eh…Dobby…Amo…-No, no surtiría efecto alguno, al parecer al joven Malfoy lo único que le importaba en aquel momento era meter su lengua en la boca de la amiga de Harry Potter. Ladeó su cabeza un poco tratando de obtener mejor visibilidad, ahora veía mejor. Al parecer a Hermione Granger le gustaba aquello-. Dobby cree que…-Oh, ¿Qué hacían ahora? Una de las manos del amo se había perdido completamente dentro de las piernas de la prefecta. Comenzó a preguntarse si a la presidenta del PEDDO le gustaba que le hicieran cosquilla ahí-. Al director no le va a gustar esto…Dobby les trajo…-pero debió detenerse a la mitad de la frase porque un grito ahogado de la chica lo sobresaltó. Bueno, parecía que no le pasaba nada... El pequeño elfo desistió de cualquier intento de hacerse notar discretamente por lo que prefirió dar un grito que finalmente logró llamar la atención del par de chicos-¡DOBBY…DOBBY CREE QUE ESTE NO ES SITIO PARA ESO! ¡ESTE ES EL SAGRADO LUGAR DE LOS ELFOS DE HOGWARTS!-y ahora tenía un par de miradas aterradas sobre él, lo que lo hizo temblar de pies a cabeza y sólo pudo atinar a decir ofreciendo una bandeja con dos tazas de humeante chocolate caliente que casi se derraman por el inesperado ataque de nervios de Dobby-¿Quieren…quieren chocolate?

Y recibió para su gran alivio, dos asentimientos de cabeza.


Mis queridas lectoras:

Sé que pensaban que esto moriría en este cap, pero lamentablemente no lo logré. Lo siento. Lamento desde lo mas profundo de mi corazón haberla dejado esperando dos meses por un nuevo capítulo que sería el final y aun así les fallé.

Para las que querían que me alargara más, lo he hecho, pero sólo para no dejarlas esperando más tiempo porque me parece que fallo dejandolas en el aire de esa manera T_T

Prometo seguir escribiendo para en el que AHORA SI será el capítulo final puedan ver como termina todo este embrollo. Espero que les haya gustado, que se hayan reído y que me dejen un review a pesar de lo mal que me porté con ustedes dejandolas esperando por tanto tiempo.

Muchas gracias a Irene Garza que me beteó la primera parte del cap y sugirió que lo dividiera en dos (lean su historia "Onírica" muy recomendable, soy su exbeta ^^), le mando muchas porras a Karix que anda perdida por cosas de su tesis. A estas dos chiquillas (una mexicana y la otra chilena) les dedico este intento de mitad del final!

Entre otras cosas, les recomiendo un OneShot que subi llamado "El Otro Weasley" ^^ les gustará y si se quieren distraer pues lean mis otros fics (publicidad literaria gratuita XD)

Espero que les haya gustado y que lean la AHORA SI ultima parte que creo no tardaré mucho en subir!

Besos

Londony

(Que se tapa la cara de la vergüenza por haberse desaparecido de esa manera dos meses)