Uhm, realmente no se si estaba inspirada o por aburrimiento me dispuse a escribir este episodio...pero simplemente salió. Creo que había puesto que este episodio saldría el día primero de enero (año nuevo), pero se me había olvidado continuarlo. ^^'. Bien, allí esta y disfruten.
Disclaimer: Pot no es de mí propiedad.
+Nota: habrá palabras que esten en "ITALICA" y esas son palabras que use en japones-romanji- ya que es costumbre mia. Al final pondre su significado si es que por si las dudas no entendieron el significado (no insulto, pero suele pasar)
Capitulo 3: ¿Acaso esto está bien?
Después de mi plática con mi sub-capitán permanecí dentro de la habitación que se me había sido otorgada por un rato más, meditando la situación. Hubo varias veces que en me tiraba sobre en gran colchón de mi cama, dándome vueltas sobre esta en busca de una concentración. Era ridículo, pero ocupaba concentrarme sobre lo que sucedía. Sentía que mientras los segundos transcurrían la cabeza me comenzaba a doler. Mirando el reloj a un lado de mi cama, pude darme cuenta que ni quince minutos habían pasado desde que comencé y ya no podía soportar el seguir pensando. ¡Estaba simplemente harto!
Me levante de golpe, encarando a la puerta con un semblante de molestia. Lo sé, la puerta no tenía la culpa, pero no podía evitar mirarla de aquella forma, casi como si tratara de desquitarme con esta (y en realidad eso parecía). Eran pasadas del medio día. Estoy seguro que ya me he metido en problemas con aquella anciana por llegar varias horas tarde al "entrenamiento", pero por primera vez podía con toda seguridad y sin arrepentimiento decir que era lo que menos me importaba, no me importaba en el momento el practicar o jugar Tennis, el deporte que más amaba…que amábamos.
Tome mi mochila y la puse sobre mí hombro izquierdo, quedando como un inadaptado parado frente a la puerta del cuarto, no moviéndome. ¿Y que si ella estaba allí, todavía aguardando por mí? ¡Dios mío! Ella era una simple niñita, un año menor que yo. Eso significaba que era mayor, era más fuerte y peor que esa inocente creatura, ¿así que por qué demonios estoy temiendo? ¡Shikishou!
Azote la puerta detrás de mí cuando me encontraba en los pasillos. Y como deseaba, estaba solo, nadie a mí alrededor. Suspire, soltando el aire que había mantenido en mis pulmones. Me dispuse a irme a la cafetería; ya que, después de todo, el receso que nos daban era a esta hora para poder almorzar algo antes de regresar a un duro entrenamiento para mejorar nuestras habilidades en el deporte.
Y como me lo esperaba: allí estaba todo mi grupo. Encaré una ceja cuando sentí varias miradas sobre mí. Miré a todas aquellas personas con mirada amenazante. Lo sabía, me siguen odiando, sobre todo esos chicos del Seigaku y Fudomine por lo que le hice al querido capitán. Recapitular eso hace que me…uhm…sienta…un poco emocionado, creo. Pero sí, ya que después de todo yo junto con ese demonio fuimos causantes de eso, ambos disfrutando aquel maravilloso placer de herir a la gente. Si no estuviesen esas personas a mi alrededor hubiera relamido un poco mis labios en malicia, pero no quiero por el momento más problemas de los que hasta el momento-que son bastantes-me he conseguido. Me di cuenta que en una mesa un poco alejada de la sociedad se encontraba Sanada-fukubuchou. Era de esperarse; él no habla con nadie que sea el enemigo. Me encamine hacía con él, y al estar frente a la mesa tome asiento sin antes preguntar si podía. Al diablo con las formalidades, yo no soy el tipo de persona que acostumbre utilizarlas.
-¡Yo, Sanada-fukubuchou!- le salude con una de mis típicas sonrisas burlonas, esas que lo sacan de quicio y le molestan. No me respondió, tal y como me lo esperaba. Solo sonreí para mis adentros. Mi relación con él seguía estable, ya que por lo que mi sub-capitán había creído sobre que yo deseaba acosar sexualmente a la mocosa esa me iba a ignorar casi de por vida…o hasta que todo esto terminará. ¡Aleluya! ¡Sólo tenía que soportar con este infierno mortal por dos semanas más! No sé del por qué rayos me siento feliz, ¡si a un falta mucho tiempo! Espero poderme controlar hasta entonces.
-¡T-tezuka-senpai!
Gire por completo mi rostro al haber escuchado aquella voz. Era Ryuzaki Sakuno, abriendo la puerta de forma exaltada con… ¿con lágrimas en el rostro…buscando a Tezuka? Su grito nos había llamado a todos los presentes la atención. Estaba alterada, forma de actuar que jamás le había visto. Ella siempre estando con sus bobas sonrisas, las cuales era notorio que la mayoría eran forzadas; con esa cara de inocencia…
-¿Sucede algo, Ryuzaki-san?- Tezuka le cuestionó, parándose de su asiento hiendo hacía con la chica. Sakuno se desplomó sobre el suelo, cayendo en sus rodillas y tapando su rostro con ambas manos llorando. He de admitir, que es un poco valiente y que tiene agallas para llorar de aquella forma frente a todos nosotros, hombres que les puede importar poco su situación.
-¡O-obaa-chan! ¡Obaa-chan esta…!- no podía entender muy bien lo que decía, nada entre todo ese llanto. Mire que Tezuka le tomó de los hombres, ayudándole a parar.
-¿Qué sucede con Ryuzaki-sensei?- su voz…su cara… ¡Era igual, no había ni siquiera un cambio en ella! No lo soportaba, no podía creer que existiera alguien mucho peor que Sanada-fukubuchou. Uhm. Suerte que me lo guarde para mí y no lo grite, sino me hubieran matado.
-N-no despierta…Fuji-senpai cómo Kawamoto-san se la llevaron al hospital…- dijo, ya un tanto más calmada ante la situación. Ya veo...así que la anciana le dio un paro cardiaco y ahora está muerta. No le halló el motivo del porque llorar tanto, hacer tanto alboroto y simplemente porque aquella anciana hallase muerto. Después de todo, ¿a quién le importa?
-…- por un momento Tezuka no dijo nada. –Gracias por tomarte la molestia de avisarme, Ryuzaki-san. Puedes irte.- le soltó, recuperando su seria postura, aquella que nunca cambio.
Sakuno le miro algo incrédula. Me di cuenta en su mirada.
-D-demo…
-Yo me encargo, ya puedes irte.
-…-no respondió y con más lágrimas en sus ojos se fue del lugar. ¡Era el colmo! En serio…como deseaba poder pararme de mi lugar y abalanzarme sobre ese maldito capitán y golpearlo tan fuerte en su rostro hasta romperle esos lentes o la cara que jamás volverá a mostrarse de aquella forma frente a ella. Sigo sin entender del porque me enojo que deseo defenderla, pero simplemente no lo puedo evitar. Apreté mis dientes realizando extraños sonidos al igual que apreté mis puños a mis costados, bajando un poco mi rabia.
-Kirihara.
Miré de inmediato a mi fuku. Tenía un semblante diferente, más serio de lo normal. Lo sabía. Sabía que estaba enojado por mi tonto comportamiento infantil y con esa simple mirada decía que me calmara. Suspirando, solté mis manos y las metí en mis bolsillos del pantalón.
-Con permiso- fue extraño hablar con tal formalidad que casi me vomito ante las palabras. Sanada me miró en duda, arqueando una ceja. No le mostré importancia, ni siquiera me importaban los murmullos que se escuchaban alrededor por lo que acababa de suceder con la mocosa.
-¿Por qué no vas a por ella?
Temblé. Sabía que se trataba del Akuma, pero aun así seguía dándome escalofríos el simple hecho de escuchar su maldita voz. ¿Qué acaso tenía una mente retorcida como Sanada decía? ¿Qué realmente YO deseaba acosarla sexualmente? Mendokusene…
Glosario:
Shikishou: maldición; maldita sea; rayos.
Akuma: demonio; mounstruo.
Demo: pero; este...
Bien, notas del autor...no tengo nada que decir, realmente. Agradesco a la gente que ha continuado leyendo con el fic y espero lamente la corta tardanza (esta vez fueron días, no meses como la vez pasada). Realmente no se cuando tenga la oportunidad de seguir con alguna de las historias, ya que como he regresado a la escuela (estoy en secundaria) me dejaran varios proyectos y estudios para examenes, así que será un mes ocupado.
Fallas de redacción, errores ortograficos etc son las cosas que encontraran. Criticas y entre más cosas son bienvenidas.
Tonte Mawatte Mata Raishuu~!
