Ok, ok... merezco esos zapatazos... y los tomatazos... y los insultos. Pero no, no merezco aquel escupitajo.
Ya bueno sí, dejémonos de payasadas.
Primero que todo quiero pedir una gran, GRAN disculpa por el laaaaargo retraso.
Básicamente el asunto estuvo entre falta de tiempo, viajes, colegio, y un poquito pero un poquito nada más de falta de inspiración.
Inspiración que volvió en todo su apogeo cuando AllySanme envió aquel lindo PM. Si definitivamente están aquí es porque algo les debe gustar de lo que sale de mi ondulada cabeza, así que agradezcan LITERALMENTE a ese PM y a esa personita en especial, porque al recibirlo y posteriormente a la sonrisa boba que me asalta cada que recibo un review, me senté en el compu y volé con el chap.
Por eso, Gracias Ally, (¿puedo decirte así?) porque me sacudiste y me hiciste pensar "Hey, ¿Qué pasó con ámbar?". Y perdón por haber dejado la historia por tanto tiempo. Sí la tenía adelantada pero solo hasta el capitulo 5, teniendo en cuenta que son 10, por lo que tú inspiraste 100% el número 6. Gracias también por preocuparte por mi salud, me conmoviste bastante.
Ahora, en general un agradecimiento a todos los que se han tomado la molestia de leer esta historia. Lamento no poder responder a los reviews de forma personal y conformarme groseramente con poner sus nombres por acá, pero el poco tiempo que me queda prefiero invertirlo en escribir. Sin embargo prometo responderlos todos cuando tenga algo de tiempo, o cuando adelante más la historia.
Ahora, no los aburro más...
!A leer!
Por cierto
DEDICADO A ALLYSAN
6. Con la luna… bajo la luna
¿Cómo explicarles que no deseaba marcharse? No. Era una idea absolutamente fuera de lugar, ahora que ya se había tomado casi una semana en su época de "descanso", y que, una vez en la época antigua los había obligado con diferentes pretextos a permanecer en la aldea bajo la hospitalidad de la pobre anciana Kaede una semana más. Era un poco injusto, sí, pero la sensación de su presencia débil, como un pequeño cosquilleo al amanecer gracias a la distancia que los separaba, era aliciente seguro para obligarla a obligar a todos a quedarse un día más.
Y los sueños… eran cosa de otro mundo. Inuyasha y los demás ya estaban más que acostumbrados a que Ahome se despertara todos los días con los colores alborotados. Al principio Inuyasha se enfurecía al escuchar el constante repiqueteo de su corazón mientras dormía y la despertaba casi a patadas, él mismo no entendía por qué aquel hecho lo molestaba tanto. Sin embargo, despertar luego de soñar con Sesshomaru era un duro golpe siempre, porque estaba empezando, no, estaba ya acostumbrada a su irreal presencia; Por ello, cada que despertaba, después del dolor post traumático de enterarse que había sido solo otro maldito sueño, se empeñaba con asombrosa necesidad y anhelo a sentir aquel cosquilleo delicado en su estomago que le indicaba la presencia de Sesshomaru a unas millas de distancia.
Y es que desde el momento en que sus destinos se unieron, Ahome era capaz de sentir su presencia aún con más precisión que la de los fragmentos de la perla. Por ello, cuando había regresado a su época se había sentido casi asfixiada al no sentir aquel cosquilleo que lo indicaba a él. No sabía por tanto, que lo había estado sintiendo todo el tiempo mientras permanecía en la época antigua y después de su separación. Sino que simplemente sintió que algo le faltaba, una pieza esencial, al momento de tocar el templo de su familia.
Durante su semana de receso, había pensado muchísimo en el demonio blanco y los sentimientos (recientemente descubiertos) que él le despertaba. Después de que terminó su abrazo con Inuyasha, este la guió junto al pozo y ella regresó a su hogar.
En su casa, a falta de mejores consejeros, recurrió a Internet. Ahí descubrió todo tipo de culebrones amorosos y chicas que pedían consejo para resolverlos. Sin embargo le pareció fuera de serie postear algo del tipo "Hola, creo que me estoy enamorando del demoniaco hermano de mi casi novio, el cual es un semi demonio también", seguido de una descripción profunda de la situación –para nada descabellada- que sugeriría entrar en detalles de la completa veracidad (o no), de los viajes a través del tiempo, la existencia de demonios, portales, energía espiritual y en especial pero no menos terrorífica, la extraña obsesión de una jovencita hacía un… hombre al que apenas conocía. Por lo que al final se decidió a tratar el asunto únicamente con su consciencia y apagó el ordenador apenas diez minutos después de haberlo encendido.
Se acostó sobre su pequeña cama y mirando el techo fijamente reflexionó un poco. En su pequeño y sarcástico monologo mental, había utilizado la frase "me estoy enamorando". Pensó que no se había sentido extraña mencionando (en su cabeza) la palabra "enamorar" y se sintió extraña por el hecho de no sentirse extraña. ¿En realidad esa era la expresión que definía su estado actual? ¿Tanto había trascendido aquel momento sagrado pero efímero que vivió con ese ser casi del todo desconocido? Supo que sí. Como también supo que haría muchas, muchísimas cosas descabelladas –más descabelladas que su propia vida- con tal de volver a sentirse de esa manera tan solo una vez más. Peor aún que su situación, y la conclusión a la que acababa de llegar, era la posibilidad que lamía su nuca erizándola y tentándola como una sombra oscura de satisfactoria veracidad. Esa posibilidad por supuesto, era la de volver a sentir aquello y más, mucho más.
Porque era muy probable que ella volviera a reunirse con Sesshomaru. En algún punto, en cualquier momento. Sabía que era más que factible que de nuevo se encontraran dado que sus ambiciones eran estrictamente similares, por no decir que las mismas: Ambos soñaban con la caída final del odioso Naraku. Sabía también, que había mucho más por explorar en las sensaciones que él le despertaba… -Generalmente se detenía en este punto para enrojecer hasta la médula- Porque, francamente, no había parado de soñar despierta y dormida con tocar de nuevo su imposiblemente sedosa piel, y aún más, estaba segura de poder pasarse horas solo mirando sus profundas fosas de miel cristalizada. ¡Por kami, se estaba enloqueciendo! Lo sabía, era seguro y no había otra explicación para tal alborote hormonal. ¡Era SESSHOMARU! El mismo hermano gruñón y ego maniaco de Inuyasha.
Era algo fuera de serie porque los papeles estaban cambiando. Antes cuando pensaba en Sesshomaru lo hacía tomando de base a Inuyasha, es decir que siempre pensaba primero en Inuyasha y sus pensamientos se desviaban de una forma u otra y sin intención hasta aterrizar en su hermano mayor, generalmente con fines desinteresados y razones serias. Ahora todo era distinto y absolutamente contrario. Empezaba pensando en Sesshomaru de una forma que escandalizaría al mismo Miroku, y luego siempre, sin excepción sus pensamientos terminaban en Inuyasha. Eran como una unidad, una maldita unidad que parecía creada para atormentarla. Lo peor era que siempre terminaba comparándolos, sin querer, sin desearlo y odiándose por ello.
Así pasó toda la semana de receso en su época. Pensando y tejiendo nudos de posibilidades, reflexiones y anhelos. Se sentía como una diminuta hormiga en busca de su hermana al otro lado del planeta. Tan pequeña y con tanto camino por recorrer, a píe y sin la posibilidad siquiera de trepar en el lomo de algún animal gentil y viajero que redujera un poco su carga. Sentía que debía encontrarse a sí misma y no a su hermana hormiga, y a medida que reflexionaba, más lejos se sentía de su meta.
"Bien, primero la extraña obsesión por cierto Youkai, ahora metáforas con hormigas… "pensó después de recordar su semana y con un posterior suspiro.
-Ahome, ¿será posible que nos larguemos de una vez?- Atajó Inuyasha interrumpiendo el rumbo de pensamientos de la chica. El pobre llevaba por lo menos tres días impaciente por dejar la puñetera aldea y Ahome lo único que hacía era pasarse minutos enteros planeando la excusa que sacaría el día siguiente para que permanecieran un tiempo más.
- No lo sé Inuyasha, creo que aún puedo sentir esa presencia tan claramente como si se tratara de una extensión de mi cuerpo.- Respondió ella rápidamente. Ahome se sorprendió de la capacidad deshonrosa que había desarrollado últimamente para mentir, sin embargo, lo que le acababa de decir a Inuyasha no era del todo falso.
Para justificar su prolongada estadía en la aldea de la anciana Kaede, Ahome se las había ingeniado para convencer a sus amigos de que una presencia extraña y poderosa rodeaba el lugar y que era mejor prevenir y permanecer en el lugar hasta que descubrieran de qué se trataba. Por supuesto que ellos habían hablado de investigar y le habían sugerido que sirviera de guía para hallar el centro de la presencia, pero Ahome los retuvo argumentando que solo lograba sentirla por momentos y que cuando se concentraba en ubicarla, esta desaparecía. Se sentía mal, pero no mentía del todo.
Sesshomaru en efecto era el dueño de la dichosa presencia.
Por eso después de que ella les planteó a sus amigos lo de la presencia, casi creyó que colapsaba cuando Inuyasha comentó despreocupado que "La única presencia que se sentía cerca era la del engreído de Sesshomaru". A lo que posteriormente Ahome guardó silencio para no tener que mentir más.
-Feh. Pues me importa muy poco que mañana mismo venga algún demonio poderoso a destruir a Kaede y los demás habitantes de la aldea. Partiremos al amanecer- Ordenó Inuyasha testarudo.
La aludida anciana Kaede movió las orejas de forma significativa y detuvo el movimiento que hacía con el cucharon mientras cocinaba. Luego giró el rostro y encaró a Inuyasha con una expresión de los mil demonios.
-Veo que alguien quiere quedarse sin cena. – Murmuró con un tono que rezaba algo del tipo "no solo quiero decir lo que dije, también me apetece cortarte con una navaja sin filo, destajar tu engreído cráneo y comerme tus sesos acompañados de un daiquiri". Todos en el cuarto sintieron un escalofrío y Miroku quiso intervenir.
-Anciana Kaede usted es consciente de que nuestro querido Inuyasha no quiso decir aquello en absoluto…
-Sí quise decirlo.- Interrumpió él.- Llevamos dos semanas perdiendo el tiempo, primero Ahome tuvo que largarse a su época para enfrentar los estúpidos exámenes y ahora tenemos que esperar a que la jodida presencia se personifique para ver si en realidad se trata de algo importante. Ya no me importa, nos marchamos mañana y si algo llega a suceder nos enteraremos por medio de Myoga o algún otro viajero que le huye a los problemas. Entonces y solo entonces acudiremos acá de nuevo.
Nadie objetó. Ahome se sintió conmovida y culpable, conmovida porque Inuyasha había tratado de explicarse a su manera, después de darse cuenta de que su comentario había calado en la anciana Kaede. Culpable porque era plenamente consciente de que ningún mal atacaría la aldea, al menos no que ella supiera. Entonces supo que tendría que hacer algo para terminar de una vez con todo ese show que ella misma había armado.
-Está bien Inuyasha, nos marcharemos mañana.- Dijo con un murmullo. Inmediatamente todos, incluso Kirara, posaron la mirada en Ahome.
-Pero Ahome, todos los días nos has dicho que es vital permanecer aquí porque podría ser peligroso o estar relacionado con Naraku o incluso…- Empezó Shippo, nombrando todas las excusas que había inventado Ahome para permanecer en el lugar.- podría ser algún tipo de demonio con extraordinarias habilidades de camuflaje.
-Por favor Shippo no sigas.- Dijo Ahome con tono taciturno. Ahora se sentía verdaderamente culpable. En realidad solo en aquel instante podía calibrar lo que había estado haciendo a los amigos que tanto confiaban en ella… Les había mentido de muchas formas solo por satisfacer una obsesión tonta que le generaba una persona imposible. Todo eso tendría que terminar. Había pasado muchos días reteniéndoles para sentir a Sesshomaru cerca, pero sin la idea real de verlo o acercársele del todo. Eran errores, sí, pero ya era tiempo de enfrentarse a sí misma y pensar en las cosas sin tapujos. Había tomado una decisión.
- Inuyasha tiene razón, si yo no soy capaz de ser certera con lo que siento, no puedo quedarme aquí sentada hasta que el dueño de la presencia venga a mí. – Continuó mientras sentía que cada palabra que decía aplicaba realmente a su situación emocional- Partiremos mañana.
Entonces se giró e hizo un gesto de inclinación hacía la anciana Kaede que la miraba suspicaz.
-Anciana Kaede muchas gracias por su hospitalidad. Nos ha ayudado mucho.
Después de un corto silencio en que la anciana aún miraba a Ahome como si acabara de descubrir algo nuevo en ella, Inuyasha se puso en píe con jovialidad y habló con fiero entusiasmo.
-Bien, entonces mañana nos iremos por fin y yo sí cenaré.
-Nadie te ha perdonado aún Inuyasha- Dijo Shippo entrecerrando los ojos.
-¡Tú no eres el que decide las cosas aquí enano!- Respondió Inuyasha con tono caprichoso.
-¿Y quién las decide? ¿Tú?- Lo retó el zorrito.
-¡Pues claro! Yo soy el más fuerte- Entonces enseñó el puño como siempre hacía en casi todas las conversaciones que sostenía con Shippo.- ¿Quieres comprobarlo?- murmuró con tono socarrón.
-¡Ahome, Inuyasha me quiere golpear!- Gritó Shippo a pleno pulmón y saltó al regazo de la chica en busca de protección. Ella lo acogió con los brazos abiertos pero con expresión ausente. Sango se percató de ello y se acercó un poco a su amiga.
-¿Ahome estás segura de que es correcto partir? Nos has dicho toda la semana que esto puede ser importante y… luces preocupada.
-No nos iremos si crees que lo mejor será permanecer en la aldea- Murmuró Miroku apoyando la idea de Sango. – Además hemos sido de mucha utilidad aquí.- Era cierto. Durante todos esos días el grupo entero se había dedicado a solucionar los pormenores de la aldea, que iban desde cazar pequeños demonios arrasadores de cultivos, hasta echar kitzunes bromistas de las zonas que colindaban con el lugar. – Si en realidad tomas esta decisión porque Inuyasha te está presionando…
-Ella se encuentra perfectamente segura de lo que hace- Interrumpió la anciana Kaede que había perdido por fin aquella expresión suspicaz- ¿Acaso me equivoco Ahome?- preguntó dirigiendo el rostro hacía la chica.
Ahome supo de alguna forma que la anciana Kaede había leído en su interior en algún punto de la conversación. Lo supo desde que sintió su mirada distinta a la habitual. Sin embargo, sea lo que sea que vio la anciana, parecía estar buscando la forma de apoyarla. Ahome deseaba terminar con el tema para no seguirse sintiendo culpable por sus mentiras y sus amigos mostrándole una y otra vez su apoyo no ayudaban para nada a que se sintiera mejor. La anciana Kaede parecía tener intenciones de sacarla del aprieto, así que ella le siguió el juego.
-No anciana Kaede. Está en lo correcto. ¿Desea que le ayude con la sopa?- Dijo desviando totalmente el tema. La anciana hizo ademan de apartarse para que Ahome hiciera sitio junto a la gran olla en la que se cocía un menjurje de aspecto y aroma delicioso. Estaba en lo cierto, la anciana Kaede estaba de su lado. Miroku y Sango no insistieron más.
Horas después, Ahome sentía un nudo de expectativa y nervios justo en la boca del estomago. Se concentró una vez más en las respiraciones de todos los ocupantes del pequeño cuarto para asegurarse de que sonaran rítmicas y acompasadas. Estaban dormidos, todos menos ella que había tenido que pasarse más de una hora esperando que todos terminaran por rendirse al sueño para sentirse tranquila… un poco tranquila al menos. Inuyasha terco en todos los sentidos, había sido el último en dormir. Después de comerse como vil famélico la inmerecida cena, había pasado más de dos horas discutiendo con Shippo todavía sobre el tema de "quién decidía las cosas en el grupo" y refunfuñó durante media hora más cuando el pequeño se había dormido dejándole con la palabra en la boca. Ahora, para fortuna de Ahome, Sango, Shippo y la anciana Kaede dormían en las literas, mientras que el Monje Miroku e Inuyasha reposaban sentados contra la pared, profundamente dormidos.
Sintió la adrenalina fluir por sus venas y el nudo de su estomago le aceleraba el ritmo.
Entonces empezó a incorporarse lenta y lo más silenciosamente que pudo. Hizo todo lo posible por no respirar, luego se puso en píe y caminó en puntillas hasta la puerta, mirando una y otra vez a Inuyasha y Miroku que eran los que dormían en absoluta prevención. Al fin, logró salir silenciosamente y al segundo paso fuera de la cabaña, pisó una rama que crujió en la oscuridad. Maldijo mentalmente y giró el cuerpo para comprobar si alguien se había despertado por el delicado ruido. Todos dormían, aunque le pareció que Miroku acababa de hacer un leve movimiento con la cabeza, no le prestó atención.
Se alejó varios metros y emprendió su marcha.
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Sesshomaru se encontraba sentado con la espalda sobre un roble, observando a Lin que reposaba junto al gran Ah-Uh. La pequeña dormitaba tranquilamente contigua a Yaken. Aquel había sido un día totalmente inútil, como todos los anteriores desde que se enfrentó por última vez a Naraku. Emitió mentalmente los dos días siguientes al enfrentamiento, como había hecho desde que tomó la decisión de olvidar…
Cada día se la pasaba buscando pistas de Naraku, y poco a poco se alejaba del sitio donde lo vio por última vez. Cavilaba todo el tiempo, sí, principalmente eso era lo que hacía. Llevaba a Lin y Yaken de un sitio a otro y se la pasaba todo el día ocupando la mente en Naraku. Se preguntaba sobre qué artefacto habría utilizado para aparecer y desaparecer con más fluidez incluso de la habitual, indagaba sobre los poderes que seguramente habría tenido que adquirir para poder enfrentarse a su gran Tokiyi y al Baku riu ha del inepto Híbrido y sobre todo preguntaba a todos los sabios de las zonas por las que pasaba, si sabían algo acerca de una piedra con la habilidad de abrir portales y darle la capacidad a su dueño de viajar libremente de un sitio a otro.
Mientras pensaba, observó a un insecto que pasaba silbando por su lado. El muy convencido en ingrávido animal parecía creer que podría poner su insignificante aguijón en su poderosa piel. Imaginaba la mejor forma de matarlo cuando de repente, creyó percibir aquel aroma y sintió algo similar a lo que sentía justo antes de enfrentar un monstruo que supusiera un mínimo reto para él: expectativa. Inmediatamente desechó la idea del todo antes de concebirla. Si ella se acercaba a él, era sencillamente porque viajaba junto a aquel inepto y pasaban por ahí simplemente cruzándose en su camino, no porque en realidad se dirigieran al sitio donde se encontraba. Trató de evitar sentirse distinto, mal, ante la idea que acababa de cavilar, pero no pudo. No pudo porque entonces el sentimiento cambió del todo al olfatear mejor el aire y darse cuenta de que ella en realidad viajaba completamente sola. La sensación ya no se parecía a nada que hubiera sentido antes, incluso por cosas que le obsesionaban antaño como la mismísima colmillo de acero. No. Ahora sentía algo supremamente definido e indefinible a la vez: Anhelo.
Lo pensó. Verdaderamente tuvo que pensarlo porque no quería bajo ninguna circunstancia volver a perder el control como había hecho… aquel día. Pero entonces, solo entonces todos los recuerdos reprimidos y los anhelos ocultos se personificaron en su mente para hacer peso a la sensación que lo obligaba a salir corriendo tras aquel aroma lejano pero cercano a la vez, gracias a su magnífico olfato. Llevaba días intentando evitar aquello, tratando con todas las fuerzas que nunca antes había tenido que emplear para contenerse. Él no era así, él no deseaba, él no sentía, él no pensaba en humanos, él no se tenía que reprimir nunca. Era todo un Lord, tan inmensamente poderoso e inteligente que podía tener todo lo que apetecía.
Mataba a quién quería y pasaba por encima de aquel que osara a no respetarlo, pero nunca, nunca antes había deseado algo incorrecto, algo que fuera en contra de los principios que había mantenido durante siglos y siglos. Ahora sin embargo… era distinto, cada una de las sensaciones que había experimentado después de haber pasado tiempo con la sacerdotisa era nueva para él. Incluso se llegó a preguntar si había algo mal dentro de sí, pero era lo suficientemente sensato para contestarse que lo que sentía era algo normal… para aquellos que… sienten atracción por otro ser.
Calibró la última idea con tanto esfuerzo que casi tuvo que dejar descansar el pensamiento por un rato. Le costó verdadero trabajo pensar aquella última frase sin poner todos los tapujos o distracciones que generalmente inventaba. Pero entonces otro detalle de la última reflexión lo asaltó con increíble fuerza: él no se tenía que reprimir nunca. Era cierto. ¿Lo estaba haciendo con aquella sacerdotisa? ¿Era ella realmente prohibida? Ya había llegado bastante lejos, le había permitido tocarlo y había cedido ante su suplica de salvar a Inuyasha, en contra de sus deseos del momento. Se preguntó qué seguiría ahora, qué sucedería si él fuera al encuentro de ella, de la mujer del insignificante híbrido.
No esperó a que su hermetismo le diera tiempo de dudar. Se incorporó con un movimiento semejante al de un tigre de bengala y caminó con increíble garbo hasta situarse a unos seis metros de Yaken.
-Yaken, despierta ahora y cuida de Lin. Volveré en un rato- Atajó con autoridad y voz firme. Luego echó a correr sin esperar respuesta.
Corría tan rápido y con tanta ligereza que ni siquiera se molestaba en tocar el suelo. El acto por tanto no debería llamarse precisamente correr. Sesshomaru en realidad contaba con muchas habilidades que le servían para desplazarse, pero de todas la que más le gustaba era correr, no flotar en una luminosa bola plateada formada por su energía como hacía en aquel momento. No. A él le gustaba correr para sentir el suelo bajo sus píes y el esfuerzo por mínimo que pareciese que le suponía movilizarse. Aquello, formaba parte de su personalidad en bastantes sentidos, por ejemplo correr le suponía un mínimo esfuerzo, por eso le gustaba más que las otras formas que eran más sencillas y efectivas; todo era demasiado fácil para él: sublevar, gobernar, impartir órdenes, luchar… esa era la razón de que le gustara tanto enfrentarse a los verdaderos retos, Naraku era uno de ellos. Cuando se vive por tanto tiempo algunas cosas pierden sentido, otras lo ganan cuando suponen novedades y… retos. La sacerdotisa era ambas para él. Aceleró el paso.
Su aroma. Era tan normal y tan… distinto al tiempo. En aquel instante podía percibir la fragancia de su cabello que definitivamente no olía como el de las mujeres de la zona. El suyo era un aroma floral y frutal al tiempo, con tintes de una fragancia que él no lograba identificar del todo.
Ahora ya se encontraba más cerca de ella. Entonces se detuvo porque francamente no supo qué demonios estaba por hacer, no supo cuál era la razón de su rápido avance para encontrarse con la sacerdotisa. Podía escucharla, a unos cien pasos de distancia pero no se atrevía a moverse. De nuevo analizó su olor, porque incluso su piel olía distinto a la de las otras humanas; era una mezcla de aquel aroma desconocido para él pero sin el tinte frutal y floral que tenía su cabello. Sin embargo todas las fragancias, las florales, las frutales y la desconocida que reposaba en su cabello y en su cuerpo, parecían recubrir una más fuerte, una más poderosa y pura, que debía conformar su verdadero aroma; aquel que ella y la anterior sacerdotisa de Inuyasha compartían por poseer las mismas almas, según lo que Sesshomaru entendía. Pero que para él, ahora que lo analizaba, no era exactamente igual.
Por supuesto que Sesshomaru antes había percibido la fragancia de la sacerdotisa, y desde un principio había notado que olía distinto al resto de las mujeres, pero desde luego aquello en su momento era una simple cuestión en la que no valía la pena gastar neuronas. Ahora, desgraciadamente para su ego, tenía unos deseos inverosímiles y locos de acercarse a la mujer y pasar su nariz por su cuerpo una y otra vez hasta identificar cada uno de los tonos invisibles y abstractos de su aroma.
Maldijo entre dientes cuando la idea se le antojó tan tentadora que uno de sus pies estuvo a punto de avanzar al encuentro de ella. ¿Pero qué mierda le estaba pasando? Había permitido simplemente dar rienda suelta a tan degradantes pensamientos y ahora no podía sino inventar más y más ideas vergonzosas… y jodidamente tentadoras. ¡NO!
Ya era suficiente de tonterías. Se largaría de ahí, no importaba que hubiera corrido como un enajenado para llegar a ese sitio, ni que la mujer estuviera ya a tan solo veinte pasos de distancia, ni que su maldito olor le inundara las fosas nasales obnubilándole el cráneo de curiosidad y deseo por aspirarlo todo, ni tampoco importaba que el ritmo cardiaco de la chica se hubiera disparado en aquel instante seguramente después de verlo parado de espaldas mirando la jodida luna mientras sostenía este estúpido monologo mental.
Pero ella siguió avanzando.
Y él permaneció tan estático como el ambiente.
Ahome había caminado durante varios minutos entre matorrales y bosque, había tenido que dispararle a un Youkai muy similar a una serpiente que tenía pinta de querer atacarla y casi había empezado a hiperventilar cuando sintió la lejana (muy, muy lejana, ahora que caía en cuenta) presencia de Sesshomaru acercándose a una velocidad imposible justo al sitio donde ella se encontraba. El cosquilleo de su vientre había crecido hasta causarle un temblor bastante ridículo que se extendió de forma alarmante por el resto de su cuerpo y cuando se supo tan cerca que estaría a punto de verlo, su corazón se disparó de nervios y el nudo de su estomago creció en peso y calor.
Entonces avanzó con la mente en blanco y al tiempo llena a rebosar de pensamientos y expectativas. Cruzó un matorral que le nublaba la vista y se encontró con la imagen más irreal y preciosa que había visto en su vida, solamente opacada por aquella que protagonizaban unos ojos ambarinos llenos de sensaciones. Algo tan magnifico solo podía tratarse de aquel magnánimo personaje que se las había arreglado para instalarse en su mente de forma permanente e invasiva después de perforarla con su iris: Sesshomaru se encontraba parado de forma indolente y deliciosamente arrogante regalándole su fabulosa mirada a la luna, quién le devolvía aquel gran privilegio bañándolo con su luz platina, solo con el fin de concederle un aspecto aún más poderoso y sobrenatural del que habitualmente irradiaba. Parecían pertenecerse, él tan plateado y majestuoso, y la luna con su intensa luz grandiosa.
Ahome supo dos cosas: Primero, que Sesshomaru irremediablemente era el ser más atractivo de la tierra y que estaba endemoniadamente relacionado con la blancura mágica de la luna. Segundo, que sentía los celos más asesinos que podía experimentar nunca alguien por algún astro.
Se quedó contemplando la imagen con tanta fijeza que tuvo la certeza de poder evocarla en el momento que deseara de ahí en adelante. Detalló, inspeccionó y guardó con mimo en su mente y en su cálido pecho cada una de las sombras de su perfil, cada parte de su piel nívea que ahora era del color de la plata bajo los excelsos rayos de la luna. Entonces se percató de que traía la boca abierta y antes de cerrarla dejó escapar un leve suspiro inconsciente.
El olor de su aliento derrumbó por completo la armadura de Sesshomaru.
Ahome sintió como de repente era tomada bruscamente por la cintura y posteriormente estrellada contra la rugosidad del árbol que se encontraba a por lo menos cinco metros por detrás de donde estaba parada segundos antes. Él clavaba sus dedos dolorosamente en su carne y se encontraba lo más lejos de ella que sus brazos le permitían, como si estuviera agarrando una prenda chorreante y no quisiera salir salpicado. Ahome había cerrado los ojos en una reacción de autoprotección y cuando los abrió sintió que se quedaba sin aliento al contemplar la mirada fiera y atormentada que Sesshomaru le dirigía a unos palmos de distancia. Entonces él aflojó el agarre en torno a su cuerpo y ella dejó de sentir dolor.
Parecía estar colmado de dudas, cosa que nunca antes Ahome había podido contemplar en aquellos ojos llenos de arrogancia y seguridad, aunque quizás, últimamente había visto demasiadas emociones que jamás habría creído llegar a ver en esas doradas pantallas de Iris.
Permanecieron cerca de un minuto contemplándose fijamente, al tiempo que Ahome empezaba a sentir oleadas de calor provenientes de las firmes manos que la sostenían por la cintura. Él olió su nerviosismo y su miedo, mientras escuchó, sin saber cuanto había extrañado los latidos desesperados de su corazón. Ahome ni siquiera se había aventurado a quejarse por el desprevenido agarre, simplemente permanecía como hechizada, con la seguridad de que podría contemplar los ojos de Sesshomaru, ahora grises por el resplandor de la luna, durante horas y horas sin emitir queja alguna… ni comer, ni dormir.
De repente, él apretó de nuevo sus brazos en torno a la cintura de la chica y la estrechó aún más contra el tronco, aunque sin acercar su cuerpo al de ella, solo con la fuerza de sus brazos. Ahome ahogó un gemido de dolor y una parte de su mente gritaba por defenderse, insultarlo, golpearlo y exigirle que la soltase de inmediato; pero la otra parte, -la más fuerte y grande en aquel instante- le decía que tuviese paciencia que él tenía que luchar consigo mismo tanto como ella había tenido que hacerlo antes de dirigirse a su encuentro. Sesshomaru la apretó entonces tan fuerte que ella no logró contenerse esta vez y abrió la boca para lanzar un ronco gritito de dolor. Entonces sintió que se le borraba el mundo cuando él se acercó a su rostro con rapidez y posó su afilada nariz en el borde mismo de sus labios para aspirar su aliento.
Ahome se quedó helada y olvidó como respirar por unos segundos. El cabello de Sesshomaru le hacía cosquillas en la nariz y sentía todo su cuerpo efervescente de calor. Todo era pesado, su organismo, el aire, su mente, aquella perfecta nariz dibujando suaves círculos cerca a su mejilla, acercándose a sus labios y alejándose de nuevo… era una maldita tortura, una suave y deliciosa tortura. Sin embargo él aún permanecía con el cuerpo alejado lo máximo que le permitía la posición en la que se encontraba, y a medida que aspiraba el aroma de Ahome, apretaba y aflojaba la presión en torno a sus caderas, como si estuviera a punto de perder el control y luego lo retomara.
Ahome sintió su sangre hervir cuando él bajó la nariz y la paseó por su mentón para luego descender por su cuello, erizándole la piel a medida que aspiraba su calor. Todo su cuerpo hormigueaba y ni uno solo de los sueños que había tenido hacía honor al Sesshomaru real… y a lo que este despertaba en ella.
Entonces inconscientemente, ella movilizó sus brazos que hace segundos parecían muertos y los levantó para tomar entre sus manos el rostro de Sesshomaru. Increíblemente él se dejó guiar dócil cuando ella separó tiernamente su rostro del hueco entre su hombro y su cuello y lo levantó hasta dejarlo a la altura de su mirada.
-¿Realmente quieres esto?- Susurró Ahome de forma sorpresiva hasta para ella misma. Hace unos segundos estaba completamente obnubilada por la presencia de Sesshomaru, y sin embargo alguna parte suya hizo un esfuerzo por despertar y lo detuvo para hablar a medida de que él y ella se enteraban al tiempo de lo que tenía para decir.
Entonces ella leyó en la mirada de él que estaba perdido, tenía las pupilas dilatadas y su mirada expresaba deleite y un leve dejo de confusión por la pregunta que ella acababa de formular. Fue entonces cuando supo el trasfondo de sus propias palabras, supo que necesitaba saber qué era ella para él. Porque si ella se entregaba a él, si le entregaba todas las abstenciones que había tenido que hacer para olvidarlo, si le entregaba todo lo que había sentido al mirarlo, si le entregaba todo lo que había sido siempre de Inuyasha, indudablemente todo eso se quedaría con Sesshomaru hasta el fin de sus días. Y si él… si él osaba rechazarla gracias a la confusión que ella leía en su mirada, podría destrozarla, podría terminar con ella y dejarla vacía. Esta certeza la hizo temer. Y es que todo parecía tan irreal…
Sesshomaru había dejado reposar finalmente y por primera vez en siglos, su parte racional. Por lo que en realidad estaba concentrado en las tiernas manos que le sostenían el rostro con suavidad y en lo tibias que se sentían, así que cuando vio que la expresión de Ahome había cambiado completamente a una de profunda tristeza, y posteriormente sintió el olor de su miedo flotando en el ambiente y reemplazando aquella maravillosa fragancia que la caracterizaba, se quedó absolutamente sorprendido y trató de recordar aquello que ella había susurrado. Entonces comprendió, y la razón llegó como un baldado de agua helada.
La pregunta lo había dejado frío, ahora que le prestaba atención. En ese instante tenía a una mujer tomada posesivamente por la cintura y hace segundos le había estado prodigando caricias bastante… comprometedoras, una mujer que para más inri era humana y le pertenecía a su hermano; Una mujer que lo había acariciado como solo había hecho su madre cuando él era pequeño, una mujer que le despertaba sensaciones innombrables pero que podría ser su perdición como lo fue aquella humana para su propio padre. ¿Qué hacer? Matarla por supuesto era una opción que había quedado descartada desde hace tiempo, ¿Debía darse la vuelta y dejarla como las últimas veces? No, se encontrarían después y el dilema volvería a tomar importancia.
También estaba ella, con esa mirada que tantas veces había visto pero nunca se había detenido a observar del todo ¿Por qué? ¿Por qué ahora y no antes? ¿Por qué no soportaba sentir el olor de su miedo cuando antes se había regodeado en él?
Ahome vio la duda en su mirada y sintió dolor y alivio, porque si él no tenía la fuerza para entregarse a eso (lo que sea que fuera) que estaban viviendo, ella tampoco la tendría. Sin embargo se sentía incompleta, como si estuviera frente al mismo paraíso y decidiera no ingresar porque no estaba bien hacerlo, porque no estaba bien ser feliz.
Sesshomaru se tardó mucho tiempo en responder y ella comprendió al tiempo que escuchaba algo rompiéndose en su interior, que él no lo haría. Entonces se sintió insignificante y estúpida por haber acudido a aquel lugar esa noche, por haberles mentido a sus amigos durante días solo para sentirlo cerca; cuando cada día se enteraba de que él lo que hacía era alejarse más y más. Todo había sido una tonta fantasía, una tonta confusión, una tonta mirada que la había embelesado de forma fácil y sagaz. Tal vez… tal vez incluso él lo había hecho con la intención de que afloraran sus poderes espirituales para salir de la dimensión en la que estaban atrapados, tal vez cuando la sostenía en el aire, atenazada por el cuello, simplemente había decidido no matarla porque había descubierto que ella podría resultarle útil, como en efecto había sucedido.
Esta sospecha anidada a la mirada de duda que aún tenía Sesshomaru plasmada en el rostro, logró movilizar sus manos para que dejaran de acunarle la cara. Ahome hizo un movimiento fuerte con el cuerpo para deshacerse del agarre de sus caderas, pero él no aflojó ni un ápice. La miraba sin mirarla, como concentrado en sus propias cavilaciones. Entonces la frustración empezó a hacer mella en su garganta y Ahome supo que si no huía en ese instante, se derrumbaría del todo en frente de él. Así que tomó aire y se movió con todas sus fuerzas, despidiendo un poco de energía espiritual para que él retirara sus manos de inmediato. Funcionó.
Ahome no lo miró ni dijo nada. Él tampoco lo hizo, así que le dio un último vistazo: Aún permanecía tan hermoso como cuando lo vio al momento de su llegada. La luna iluminaba su semblante, con la diferencia de que él parecía estar sosteniendo algo invisible entre las manos y ya no miraba la preciosa luna sino que tenía la mirada fija en el tronco que se encontraba en frente suyo, como contemplando algo que debería estar ahí pero que no estaba. Entonces Ahome suspiró una última vez antes de girarse y emprender una lenta caminata de retirada.
Él olió la sal de sus lágrimas y no supo como resistir más.
-Ahome- Susurró con voz impersonal y autoritaria.
Ella detuvo su caminar inmediatamente y sintió como si una flecha la atravesara para traerla de nuevo a la vida. No se giró.
-No te vayas- Ordenó él con un tono indescriptible.- Quédate conmigo.- Y eso fue lo máximo que se aventuró a decir.
Ahome giró el rostro sin saber que sentir. Había estado tan asustada al ver la duda en sus ojos que se había puesto a maquinar posibilidades supremamente negativas, posibilidades que ahora empalidecían ante su nombre pronunciado con la voz de Sesshomaru. "Quédate conmigo" había dicho él. Las palabras se reproducían una y otra vez en su mente.
Finalmente él se acercó con pasos lentos y majestuosos hasta posarse detrás de ella. Ahome sintió un terrible deja vu al recordar uno de aquellos vergonzosos sueños, pero entonces Sesshomaru acercó una de sus blancas y marcadas manos y tomó de forma sutil uno de los mechones de cabello de la chica. Ella sintió como se erizaba la piel de su nuca cuando él separo los cabellos de su espalda para contemplarlos con curiosidad.
Entonces él se acercó tanto que Ahome pudo sentir los filos de su armadura tallándole la espalda y el calor de su cuerpo envolviéndola tibiamente. Creyó que se desmayaría de sorpresa y placer cuando él bajó el rostro y posó los labios sobre la piel sensible y expuesta de su cuello. Fue un toque frío, pero que la quemó como mil brasas metálicas.
-Dime, ¿cual es el tercer ingrediente de tu aroma?- Musitó Sesshomaru contra la cándida piel de ella, haciéndole cosquillas con el aliento.
Ahome abrió los ojos antes de darse cuenta de que los había cerrado. - ¿Mmhh?
-Tu cabello huele a fresas y rosas, junto a otro ingrediente que no logro identificar. Y tu piel huele también a aquel ingrediente… ¿Cuál es?- Susurró lánguido contra su cuello, mientras extendía las manos para posarlas de nuevo en la cintura de Ahome de forma totalmente posesiva.
Ahome tenía serios problemas para aclarar sus ideas, y cuando Sesshomaru posó las manos en sus caderas, sintió que no podría más con la necesidad de girarse y perderse bajo su mirada, bajo sus labios y bajo su increíble olor que en aquel instante podía sentir en todo su esplendor.
-Creo… creo que te refieres al chocolate.- Logró susurrar- Mi shampoo es de fresas y rosas con chocolate, lo compro sobre todo por el olor. También utilizo jabón de chocolate, porque me gusta bastante como huele y… cómo sabe.- Terminó tratando de recordar en qué época habían creado el delicioso chocolate. Sesshomaru no debía de conocerlo- el chocolate, quiero decir, no el jabón.
Él por supuesto, no entendió qué demonios eran jabón y Shampoo, pero se hizo una idea. Sin embargo se detuvo en dos palabras que lo dejaron bastante tentado de hacer algo.
-Cómo sabe…- Suspiró con tono meditabundo, enviando pequeñas descargas de electricidad por el cuerpo de Ahome. Entonces sorpresivamente tomó entre sus labios la pequeña porción de cuello que tenía expuesta bajo su nariz desde hace rato y que acariciaba con sus labios a medida que hablaba. No supo cuantos deseos tenía de probar su piel hasta que lo hizo… y entonces, no pudo detenerse. Ahome tembló literalmente ante aquel tierno mordisco y casi escuchó la sangre bombeando alterada por todas sus venas de un lado a otro, como sin rumbo. Sesshomaru se giró como un suspiro invisible y efímero y en dos segundos estaba en frente suyo sin siquiera haber despegado los labios de su cuello.
Ella pareció enterarse de que tenía manos y las subió a la altura de la cabeza de Sesshomaru, para sumergirlas en su endemoniadamente precioso cabello platinado. Era suave y sedoso, mucho más que el suyo. Entonces él empezó a probar y degustar el sabor del chocolate en su piel y se regodeo en los suspiros que logró arrancarle a ella con aquel gesto.
Fue entonces cuando lo sintió. Maldición, ¡como quiso matarlo en aquel instante! Sin embargo aún no estaba lo suficientemente cerca como para verlos. Tenía que tomar una decisión: Podía permanecer sumergido en aquella magnifica sensación de tenerla rendida a sus caricias hasta que el desgraciado Monje se acercara y los descubriera, o podía separarse de ella –por mucho que le costara admitir todo el trabajo que le suponía ese simple acto- para que ella se enterara y tuviera la opción de tomar una decisión.
Pero no pudo pensar más porque Ahome dejó su cabello para tomar su rostro entre sus manos de nuevo, volviendo así a la posición en la que estaban antes de la interrupción. La chica lo separó con delicadeza de su cuello, donde seguramente aparecerían moretones al día siguiente a consecuencia de aquel fantástico delirio en el que se encontraban, y luego le subió la cabeza para quedar bajo su mirada ambarina.
Sesshomaru la contempló de nuevo bajo la luna. Aún no estaba del todo seguro de sus actos, sin embargo él conseguía aquello que quería… y en ese instante ella era lo que él deseaba en muchos sentidos. Era humana sí, pero Lin también lo era y él no había dejado de ser poderoso ni supremamente inteligente desde que cargaba con la pequeña. Ahora no era momento de poner tapujos a sus pensamientos. Lo único que ocupaba su mente, era todo lo que se le antojaba hacer con ella, con Ahome. Su tacto le gustaba sobremanera, su olor lo obnubilaba, su sabor lo había convertido en adicto, su mirada… esa mirada que ella le dedicaba, como si él fuera la cosa más increíble que había visto en su vida, la única cosa existente en aquel instante de luna.
La contempló recordando la primera vez que la vio hace poco más de un año. Ella había sacado a colmillo de acero de su pedestal, y él deseó acabar con su vida solo por este hecho. Miró sus oscuros ojos relucientes de deseo y se preguntó qué habría sucedido sí él hubiera acabado con su vida en aquel momento. ¿Habría valido la pena privarse de tales sensaciones? No, seguro que no. Pero no eran las sensaciones tampoco… era ella. Su valentía, su nobleza, su ingenuidad. Era lo que había visto en Lin, pero distinto al tiempo. Tal vez no todos los humanos eran basura… bueno, todos excepto dos.
Ahome no podía sentirse más feliz porque empezaría a flotar. Esos ojos… ese ámbar empapado de plata y esa mirada que era de ella y nadie más. Todo había valido la pena, todo valdría la pena si podía contemplar aquel iris cada vez que lo deseara. Miedo… sí, tenía tantísimo miedo. Miedo de él, de que era prácticamente un desconocido, de lo que sucedería con sus amigos, de lo que sucedería con su propia vida si culminaba lo que había empezado, si lograba… si se acercaba… si lo besaba.
Se puso en puntas y entrecerró los ojos de una forma que a Sesshomaru le pareció absolutamente sugestiva. Luego acercó con sus manos el rostro del Youkai y se perdió en sus ojos una última vez antes de cerrarlos del todo para culminar el efímero roce de labios que terminaría de marcar su alma, su carne y su cuerpo para siempre.
Antes de que sus bocas terminaran de unirse, Ahome escuchó un ruido ahogado proveniente de su derecha. Entonces abrió los ojos y encontró una expresión fría y poderosa en el rostro de Sesshomaru. Se había vuelto a poner su mascara habitual. Posteriormente giró el rostro siguiendo la mirada del Youkai y lo que se encontró la hizo bajar las manos de la piel de Sesshomaru y quedarse totalmente petrificada y fría.
-Se… señorita Ahome.- Susurró el Monje Miroku con expresión sorprendida y decepcionada.
Vamos que lo dejé como culebrón mexicano (hey con todo respeto a méxico que me gusta bastante)
Haber, ahora hemos visto a un Sesshomaru un poco más... como decirlo ¿aventado? tal vez un poco descontrolado por las hormonas o qué sé yo. El caso es que la atracción entre ellos es indiscutible y según lo que he expuesto en Ambar, lo único que les faltaba era contemplarse del todo.
Bueno, supongo que sabrán por qué Ahome huele distinto a las otras mujeres de la época... ni siquiera quiero pensar en el olor de las personas de hace 500 años que no tenían ni jabón, ni desodorante !puaj!
Espero que les haya gustado bastante... y de nuevo muchas gracias por todo su apoyo. Veré si puedo subir el próximo antes del martes, ya que tengo libre todo el fín de semana y en mi país este Lunes es festivo.
Gracias a todos:
Saya-Otonashi1, Lolichan36, AllySan, eiko298, SesshoMamorUyashaGF, lunita- depp, ilein love, Orion no Saga, johanna, , SARITZ, Nanaccs, Hiromi-Ayanita, Silvemy89, Giovanna (!HEY ALEGRE COMPATRIOTA!), alegresweet, Hitomi, Alba Y La Gran Hana.
PD: pleaseee opiniones... muack
EUFEMISMO
