!Hola!

Ya estoy de nuevo por acá, así que !FELIZ AÑO!

Si por alguna remota posibilidad esta no es la primera vez que abren este cápitulo, notarán que ya antes lo había publicado sin absolutamente ninguna nota de autor. Hasta a mí me pareció grosero, creánme, especialmente después de una espera tan larga; pero no tuve otra opción ya que en mi casa hicieron un cambio de empresa teléfonica y tuvimos que desconectar la red y nos quedamos sin línea y bue... ya sé, no les interesa. El caso es que solo tengo un compu con internet y mis papás lo utilizan para trabajar y debo dividir el tiempo con mis hermanas (que son bastantes eh!) así que practicamente terminé el chap y corrí a subirlo, sin tiempo de nada.

En cuanto al retraso... de verdad que fue absolutamente inesperado. En el capi anterior dejé claro que tendría tiempo de escribir durante todo el fin de semana. Lo hice, pero no alcancé a terminarlo todo, porque practicamente me enviaron a Estados Unidos sin avisarme. Fue un regalo de navidad, y lo pasé en grande, pero no tuve tiempo de escribir ya que estaba vacacionando y me llevaban de un sitio a otro. Perdón por el retraso, pero no tuve otra opción. (Aparte prefiero ir al Magic Kingdom que encerrarme en el compu xD).

Sin embargo, tuve en mente el fic durante todo el tiempo y volví con muchas ganas de escribir, por lo que al otro día de mi regreso (anteayer) volé con el chap. Ya lo tengo TODO planificado, sin embargo debo ponerme al día con las tareas del cole y voy a estar ocupada. Actualizaré lo más pronto posible.

Ejem... ¿Ya basta de avisos parroquiales verdad?

!A leer!



7. Ira

Ahora todas las piezas encajaban. Sin embargo aún no le era posible creer lo que sus ojos habían visto hace tan solo unos segundos. La señorita Ahome y… él. Si no hubiera acabado de presenciar cómo su amiga tomó cálidamente el rostro del demonio para luego empinarse y besarle… no, definitivamente no lo habría creído. O tal vez sí. Tal vez sí porque él había presenciado una escena similar cuando recobró el conocimiento después del ataque de Naraku, ella y Sesshomaru se miraban de una forma extraña para el momento, pero que ahora tomaba todo el sentido posible. También estaba la expresión de Ahome cuando mencionó que Sesshomaru había salvado a Inuyasha, era un gesto… nostálgico, como alegre y triste al tiempo.

Miroku pensó en preguntarle el porqué de la escena que estuvo muy seguro de haber contemplado después de que se despertó de su desmayo, sin embargo decidió callar, porque le pareció que ella lo contaría en su momento.

No lo hizo.

Solo mencionó a Sesshomaru para explicar la rápida recuperación de Inuyasha, no más. Al final se guardó de preguntar, quizás porque creyó que el asunto no trascendería, o porque al observar aquello tuvo la sensación de estarse inmiscuyendo en algo que no le correspondía.

De cualquier forma relegó la situación al fondo de su mente y la sacó a colación solo cuando percibió que su amiga dejaba la cama para salir a hurtadillas. No supo porqué, pero de inmediato relacionó aquel comportamiento con la escena vista semanas atrás. Sin embargo esperó, no sabiendo si despertar a los demás o darle el espacio correspondiente a la señorita Ahome para que hiciera lo que sea que tuviera en mente. Francamente lo hizo por el respeto que le tenía, porque era evidente que ella no deseaba que nadie se enterara de su pequeña escapada nocturna. "Podré ser un monje mirón, pero sé cuando las personas necesitan su espacio". Al final decidió seguirla, no porque la curiosidad hubiera vencido a su parte caballerosa, sino porque después de unos minutos logró sentir la presencia de un demonio poderoso.

Su sorpresa sin embargo, fue total al reconocer la presencia del mismísimo Sesshomaru en aquel ser. Ahí sí se levantó con sigilo para seguir a su amiga con toda la intención chismosa que podía descararse en admitir.

Pero ahora todo era distinto y deseaba con todas sus fuerzas no haber presenciado esa escena, en parte porque se sentía absolutamente incomodo frente a los azorados ojos de Ahome y la mirada helada y picuda de Sesshomaru, y en parte porque se había metido en un buen lío de lealtades. Entonces bajó la vista y observó las manos de Sesshomaru enredadas aún en la cintura de su amiga y sintió decepción. Sin más, se giró y emprendió el camino de regreso con la mente en blanco.

-Miroku…- Susurró Ahome con tono amortiguado.- Yo…

-No es a mí a quién debes explicar esto Ahome- Contestó con voz seca, sin detener su marcha. Ella se sintió dolida por el tono áspero de su voz, y extrañó más que nunca la cordialidad exagerada con que el Monje Miroku la trataba.

Ahome permaneció en silencio, sintiendo un calor distinto al anterior lamiéndole la nuca. Tenía miedo, tanto miedo que no podía moverse, no podía articular palabra alguna. Sólo era capaz de observar la figura de Miroku alejándose entre matorrales y no se imaginaba qué podría decir, porque ni siquiera era consciente de lo que sentía. En aquel momento sintió la presión de los brazos de Sesshomaru en torno a su cuerpo y giró el rostro para mirarlo. Él seguía con aquella expresión de hielo, con la vista fija en el sitio por donde el Monje había desaparecido, y Ahome se sintió desamparada y débil ante esos ojos de metal.

Tantas cosas… eran tantas cosas que ni siquiera podía sentir del todo. Su pecho estaba compungido y sus pulmones parecían secos, tan secos que cada tres segundos tenía que acordarse de respirar. Miroku los había descubierto incluso antes de que ellos se descubrieran a sí mismos del todo. Y ella estaba sola. Sola porque Sesshomaru seguía siendo un desconocido, sola porque ninguno de los dos estaba preparado para aceptar lo que les sucedía, sola porque él no había dejado aquella expresión que tanto la lastimaba, sola porque él era de nuevo el frío y poderoso hermano de Inuyasha que no se había atrevido a mirarla desde hacía minutos.

Así estaban, congelados en un silencio denso, casi líquido. Ella temerosa y él como una personificación de la indiferencia. Fue como descender en picado del mismo paraíso y caer en medio de una zona desierta y árida. Ahome no sabía lo que venía a continuación, y a cada segundo que pasaba sentía que Sesshomaru se alejaba más y más de lo que habían vivido, aunque él permaneciera todavía tomándola por la cintura a un palmo de distancia. Entonces se preguntó si valía la pena, sí debía salir en busca de su amigo y hablarle, explicarle... ¿Acaso ella había tomado algún tipo de decisión al ir en busca de Sesshomaru? Una decisión que tal vez abarcaba mucho más que una simple escapada nocturna, una decisión que marcaba desde el principio aquello con lo que ella esperaba encontrarse al verlo… ¿Había elegido entonces?

Observó de nuevo a Sesshomaru. Ella lo había redescubierto, había encontrado algo en su majestuosa presencia, algo en su inverosímil fragancia, algo en el ámbar de sus ojos… Esos ojos, que lograban transmitirle más que cien expresiones, más que mil caricias, más que cualquier palabra. Ese ser que era tan conocido y tan extraño al tiempo, como esas canciones que se escuchan tantas veces sin escucharse realmente. Con él y en contados momentos había experimentado toda una eternidad de sensaciones y otra persona que viera el cuadro desde una perspectiva externa no lograría entenderlo; ella misma catalogaba como disparate tal atracción en tan poco tiempo… pero ¿era solo atracción? Sabía que no. Así como sabía que su lugar estaba ahí, que por fin había encontrado a su hermana hormiga al otro lado del mundo. Y no, no tenía lógica, ni sentido, ni siquiera una explicación racional, pero observando su perfil perfecto y su mirada glacial, entendió sin entender, y sintió sin saber como, que su lugar en ese instante estaba ahí, bajo esa luna irreal y ese perfil mágico, con ese ser poderoso y letal, con esa comunicación muda.

Era lo que había estado sintiendo todo el tiempo, que algo le faltaba. Cuando se observaron por primera vez, no cuando él la miró con desdén por haber tocado a colmillo de acero, no, cuando realmente se observaron por primera vez, surgió algo, se pertenecieron en ese instante, se encontraron, se marcaron como compatibles y ambos lucharon contra eso durante unos días, pero irremediablemente tuvieron que encontrarse de nuevo. Así Ahome supo que si lo dejaba en aquel instante por buscar a Miroku y por consiguiente a Inuyasha, tendría que volver a él después… Tal vez no en ese minuto, tal vez no al día siguiente, pero en algún momento entre el futuro abstracto e impredecible.

Sí, había elegido.

Sesshomaru sentía que el peso de la luna terminaría por aplastarlo en cualquier instante. Ese desgraciado los había visto. Lo había visto a él sublevado por un ser humano… débil como su padre. Finalmente había caído y ahora se sentía envuelto por la lánguida presencia de una calidez sin nombre. No era un ser de contacto, pero había descubierto un millar de vidas y sensaciones en el simple acto de mirar, en la simple acción de oler, en el insignificante movimiento de probar. Estaba condenado… desde el mismo instante en que una pequeña le dedicó su noble atención y él no se sintió asqueado. Entonces se abrió una grieta en su esencia y prefirió ignorarla. Ahora ya no podía maquinar el tamaño de aquella grieta, porque sentía que era imposible de cerrar. Entonces no tuvo la fuerza para resistirse, como tampoco la tuvo para dejar a Lin viviendo a su suerte, huérfana y mugrienta; Nunca la tendría para permitir que le hicieran daño o para evitar impartir terror y sangre entre aquellos que osaran lastimarla.

Inutaisho… cuanto lo despreció por defender a los humanos, cuanto se decepcionó porque él amó a una mujer y se atrevió a suplicarle que cuidara al engendro de su blasfemia, cuanto lo odió por sacrificar su vida protegiendo la de una humana. Ahora era él quién comprendía la magnitud, la necesidad de mantener algo a salvo. Sabía que si no se alejaba en ese instante, sería conocido por todos como el hijo de su padre.

Pero lo que más lo enfurecía, aquello que lo hacía mantener esa expresión letal era la seguridad, la certeza de que ella escaparía en cualquier segundo de sus brazos para seguir al Monje. Por ello contaba los segundos, por ello permanecía impasible ante la mirada de la mujer, porque sabía que ella estaba reevaluando la situación, que se estaba arrepintiendo, que estaba buscando la mejor forma de dejarle allí para ir en busca del infeliz Inuyasha… para evitar que se enterara que había cedido ante su hermano. Eso sería un golpe duro a su hombría, un golpe duro a su orgullo y a su realeza. Porque él no le concedía aquel privilegio a nadie, no tocaba a nadie ni se dejaba acariciar por nadie. Y con ella… prácticamente había desenmascarado un aspecto totalmente distinto de su personalidad. Ahora se arrepentía.

Sin embargo transcurrieron segundos, minutos… y ella permanecía ahí. El olor de su miedo era palpable aún, y él podía escuchar como el Monje se alejaba más y más del sitio donde ellos se encontraban, todavía enlazados y en silencio. La odió con premura, se asqueó anticipadamente de la decisión que ella tomaría, incluso se juró terminar con su vida y con la de Inuyasha de una vez por todas si lograba sentir la esencia de él en su cuerpo así como en aquel instante podía sentir la suya envolviéndola. Pero ella seguía sin moverse.

-¿A qué esperas?- Atajó con voz sedosamente afilada. Ahome tuvo que dejar pasar unos segundos para comprender del todo que le hablaban.

-¿De qué estás hablando?- Susurró con voz nasal. A cada segundo sentía que se hacía un poco más pequeña frente a sus ojos de acero.

Sesshomaru ignoró la pregunta y se limitó a desviar la mirada ligeramente hacía el sitio por el cual había desaparecido Miroku. Ella entendió.

-No me iré- Musitó resuelta- A menos que ese sea tu deseo…- La verdad la posibilidad la hería más de lo que se había atrevido a manifestar en su tono. Sin embargo sintió como la mirada de Sesshomaru dejó de ser tan metálica y helada y se derritió lentamente en un miel plateado. Él no pareció notarlo.

Ahome supo que si no hubiera aprendido a leer sus ojos, para ese momento ya se habría vuelto loca con tanto silencio, seriedad e imperturbabilidad. Trató de recordar al menos una sonrisa, o un seño fruncido… nada. Sesshomaru era el ser más inexpresivo de la tierra. Eso o se controlaba como los mil demonios para no demostrar lo que le sucedía, lo que sentía. De todos modos, una parte suya tuvo la certeza de sentirse privilegiada, porque ella era la única capaz de leer su mirada, la única capaz de comunicarse con él por medio de sus ojos, la única a la que se le había permitido leerlos. Sí, ella sabía que si él no lo deseara, jamás podría aventurarse a adivinar lo que pasaba por su mente.

Fue ahí cuando él dejó de presionar su cintura y alejó las manos. Ahome soltó una pequeña exclamación de sorpresa cuando Sesshomaru se giró y sin más, caminó dándole la espalda y una imagen perfecta de su cabellera platinada. Se sintió vacía, como un objeto que se usa y se desecha así nomás.

No era capaz de dirigirle la palabra, sentía que su saliva se había secado del todo y que su garganta le impedía pasar el aire necesario para expresarse… para gritar. Sesshomaru caminaba con parsimonia y estilo natural, alejándose de ella. "¿Por qué?", pensaba Ahome, "¿Por qué me dejas?". Deseó aullar, tirarse encima suyo y gritarle que no la dejara, que no podría soportarlo de nuevo, que todo era una locura pero que quería que fuera su locura, una locura conjunta, compartida… quiso que la sujetara de nuevo contra el roble y le partiera la boca a besos… quiso… deseó…

Su voz no salió en ese instante y las palabras no se formulaban en su cabeza, pero sus píes cobraron independencia propia y desearon adelantarse, alcanzarlo. Un paso… un portal, dos pasos… él prendido de su brazo después de haber tratado de salvarla, tres pasos… él sujetándola del cuello, mirándola con odio y luego… luego bebiéndole el alma con dos remolinos de ámbar, cuatro pasos… él visitándola en sueños, instalándose en su mente, cinco pasos… él como un suave cosquilleo al amanecer, ella aferrándose a su presencia como se aferra al aire después de pasar tiempo bajo el agua, seis pasos… él bajo la inmensidad de la noche, plateado como lo majestuoso, hermoso como lo sublime, siete pasos… él, mirándola, tocándola, probándola, marcándola… ocho pasos, ella inclinándole la cabeza, perdiéndose en su mirada y… y… deseando…

Llegó junto a él y ambos se detuvieron como sincronizados por un compás invisible e intangible. Ella a su espalda y él mirando la negrura del bosque que ya no era cobijado por la luna. Entonces Ahome alargó una mano, guiada únicamente por su instinto, y tomó la fría mano de Sesshomaru. La apretó con fuerza y permaneció en silencio por unos segundos.

-No me iré- Repitió, pero esta vez con énfasis en cada letra, con seguridad, con confianza, transmitiendo todas las emociones y dudas de los últimos minutos… comunicándole su decisión.

Sesshomaru se quedó tan hermético como era demoniacamente posible. Aún le daba la espalda.

-Sí, lo harás.

Y su voz sonó como un trueno mudo, como una estampida sin fuerza, destrozando sin tocar y gritando sin abrir la boca. Si Ahome no hubiera estado tan segura de sus propias palabras, habría creído las de él, porque sonaron como la única verdad del universo.

-No, no me iré- Aseveró por tercera vez consecutiva. Sin soltar su mano, se adelantó dos pasos y se situó en frente de Sesshomaru a la velocidad de un latido, encaró su mirada y frunció el seño con esos ojos aterradores que tenía reservados solo para Inuyasha. – Mi lugar es este, ahora lo es, ahora lo sé.

-No, no lo es. – Contestó él con voz negra.

Ahome sintió en su estómago un caldo extraño de tristeza irreparable, mezclado con furia desmesurada.

-¿Por qué?- Cuestionó con rabia.- ¿Quién eres tú para determinar lo que yo siento o no?- Hizo una pausa para serenarse- Lo acepto, es precipitado, extraño y verdaderamente a todos les parecería… les parecerá- se corrigió- una locura. No te conozco, hasta hace poco eras casi invisible, pero ahora… yo… deseo conocerte, quiero ver qué hay detrás de esa mascara de severidad, de esa presencia poderosa, del invencible Youkai… qué hay detrás de las miradas que me has permitido contemplar. Yo quiero… estar contigo.-Terminó con un susurro intimo.

Sesshomaru la taladró con la mirada.

-No lo entiendes mujer.- Dijo con rostro inescrutable y voz plana. En el momento en que él omitió su nombre, Ahome sintió que lo que vendría dolería.- Eres solo una humana, solo una niña. Tu mente es variable y tus sentimientos impetuosos.- "Los míos no" pensó Sesshomaru con… sí, con amargura- En este momento manifiestas querer estar a mi lado. Mañana te encontrarás con Inuyasha y tus amigos humanos y – "retirarás de nuevo las manos de mi rostro" pensó otra vez en una breve pausa. No le diría eso.- desearás volver con ellos.

-Yo no…

-Aún no termino.- Interrumpió Sesshomaru, ahora sí, usando un tono helado- Ahorra tiempo y sigue al Monje. Esto nunca sucedió.

-¡NO!- Gritó Ahome sujetando con fuerza su mano por temor a que él la retirara de un tirón- No te atrevas a decir eso… no te atrevas a olvidar, porque no pienso permitirlo. Me he pasado mucho tiempo pensando en esto, ahora estoy aquí, contigo y no he seguido a Miroku. ¿Acaso no es prueba suficiente?-Dejó la pregunta al aire- No sabes… no tienes idea de cómo he luchado con esto, de cómo he tratado de evitar lo que despiertas…- Subió la mano de Sesshomaru y la posó con delicadeza en su pecho, para que sintiera el redoble musical de sus emociones- … aquí.

Sesshomaru mantuvo el rostro tan inescrutable como le era posible al sentir los latidos de su corazón. Escucharlos… era normal, lo hacía desde siempre. Pero sentirlos… le despertaba una calidez inapropiada para el momento… para lo que quería lograr.

-No sé a dónde me llevará esto Sesshomaru, no sé cómo llegué a este punto ni tampoco sé lo que les diré a mis amigos… ni siquiera sé qué decirme, ni qué decirte- Susurró apretando la mano de él aún más contra su pecho- incluso… esta es la conversación más larga que hemos mantenido,- Comentó con sarcasmo- pero yo quiero que sea la primera de muchas… quiero… quiero estar contigo, no me quites esa oportunidad, no nos la quites a ambos.

Su corazón bombeó con entusiasmo como para dar énfasis a cada palabra. Él se limitó a observar, analizar y decidir. Ella estaba mirándole con temor, con ansiedad, con nervios, pero en definitiva con decisión. Sus palabras eran sinceras, increíblemente sinceras. ¿Bastarían?

-Eres de Inuyasha.- Murmuró Sesshomaru con voz venenosa. No esperaba tener que utilizar ese argumento en particular. Ambos se movían en situaciones delicadas, casi como caminando sobre capas de hielo muy delgadas con agua peligrosa y congelada debajo. No habían tenido tiempo de pensar. Ninguno. Todo había sucedido demasiado rápido, demasiado irreal como para calibrar todas las posibilidades que implicaban el estar deseando el uno del otro mucho más que una breve alianza en batalla.

Sesshomaru dejó que su comentario calara todo lo profundo que debía. Leyó cada expresión y agudizó todos sus sentidos para absorber la muda respuesta de Ahome.

Ella tembló.

Y guardó silencio. Inuyasha. Dios, cuanto poder guardaba esa simple afirmación, como dolían esas palabras… qué ciertas eran. Sesshomaru no dejaba lugar a dudas, "o eres de Inuyasha, o no lo eres", Ahome sabía que cada segundo que pasaba sin refutar lo que él había dicho, lo apartaba de sí. Casi podía realizar algún estúpido cálculo multiplicando los segundos por metros emocionales, su mirada se hacía cada vez más glacial, más… Sesshomarusiosa. En su mente sonrió sin alegría por haber utilizado aquel término para referirse a una mirada inexpresiva.

Supo que no había gozado en ningún momento de pararse a pensar, y añoró todo el tiempo libre que tuvo antes de ese preciso instante para analizar la situación y lo que Inuyasha implicaba en ella. Ahora estaba tan acorralada por su propia confusión que casi podía sentir a su cerebro redactando una carta oficial de renuncia "Querida Ahome, puestos a decir las cosas sin pelos en la lengua y visto que no posees tiempo para formalidades, quiero anunciarte que me tienes a punto de sufrir un colapso por tus emociones adolescentes sin fundamento y tu incapacidad de pensar en menos de dos mil cosas al tiempo, por tanto, te abandonaré en este preciso instante y tu problema con este tío psicópata puede ir a pedirle peras al olmo. Con cariño, tu cerebro."

Fue entonces mientras pensaba en lo ridículo de su última cavilación cuando sintió el brusco ademán que hizo Sesshomaru para apartar la mano de su pecho.

Quiso gritar, pero no pudo evitarlo, su fuerza era superior por mucho y en menos de dos segundos él le dirigía una última mirada gélida antes de iniciar un rápido movimiento para rodearla y pasar por su lado como si se tratara de un simple obstáculo en el camino. Ahome permaneció mirando el vacío que dejaba su ausencia y sintiendo un frío real e imaginario en su pecho que segundos antes estaba siendo entibiado por la mano de Sesshomaru. Lo sintió caminar lánguida y parsimoniosamente, casi sin tocar el suelo, rozando apenas el pasto y las ramitas que se interponían a su paso… alejándose. Pudo imaginar la expresión que invadía su rostro en aquel instante, justo aquella que le había dedicado antes de pasar de ella y adelantarse: hielo, cristal empotrado en ojos de ámbar, álgido, austero… muerto.

Ahora incluso se sintió capaz de realizar la tonta multiplicación, los segundos transcurrían como horas pesadas y pegajosas, no se sentía capaz de respirar aire normal sino algún tipo de engrudo denso y doloroso. ¿Por qué tanto dolor? Ella no le conocía, ella no le amaba. Pero sus sentimientos eran diferentes a lo que la razón exigía en aquel instante; sentía que el frío que atormentaba su pecho empezaba a extenderse por el resto de su cuerpo. Se descubrió aún con ambas manos sobre él, como cobijándolo. Pudo sentir los latidos de su corazón y le pareció que se hacían cada vez más débiles, más lentos y perezosos.

Entonces el mar de confusión en el que flotaba pareció dispersarse para dejarla caer en la arena árida de la realidad: Él se iba. Y no se iría por un tiempo, se iría para siempre. En este preciso instante reposaba la única oportunidad que tendría jamás un ser humano para vivir la magia que prometía la mirada ambarina de aquel desconcertante ser. No podía, no podría dejarle ir, lo sabía. Si no corría a su alcance, se arrepentiría por siempre; Incluso pudo visualizarse en un futuro lejano pensando en el "¿Qué habría ocurrido si…?" No, no deseaba ser esa mujer que con impotencia viajaba al pasado reconfortándose en lo que pudo ser, en lo que pudo hacer.

Despertó tan rápido que casi sintió haber pasado un largo letargo sin respiración y carente de vida. La adrenalina recorrió todo su cuerpo echando sin piedad el frío de la pérdida; un nuevo nudo de expectación se situó en la boca de su estómago y se sintió sudar frío mientras se giraba con renovada fuerza. Sintió la sangre caliente dentro de sus piernas cuando corrió con fuerza hacía el sitio donde la sombra grisácea de Sesshomaru se alejaba más y más a un paso cadencioso y amortiguado. Él por supuesto la escuchó y detuvo su caminar para girarse a su encuentro. Su mirada seguía representando perfectamente una imagen del ártico.

Entonces ella se acercó y sin reducir la velocidad, literalmente se lanzó sobre él y lo estrujó en un abrazo lleno de necesidad y emoción. A pesar de la fuerza de su choque, Sesshomaru no retrocedió ni un centímetro y permaneció rígido ante el ahínco con que era estrechado. Ahome le había pasado un brazo por debajo del hombro y el otro por encima de la nuca y al no sentir ningún tipo de reacción por parte de Sesshomaru, se apretó aún más contra su cuerpo, como si quisiera introducirlo dentro de ella. Sintió el dolor de las púas que permanecían en la armadura de él incrustándose ardientemente en su carne, no le importó.

Sesshomaru se había quedado estático. ¿Qué significaba? Ella no había negado su afirmación, y había observado como él se alejaba, pero ahora… No, no era capaz de leerla, no era capaz de analizar sus actitudes y predecir sus próximos movimientos como hacía con todos. Sus diminutos brazos envolviéndole le generaban un calor doloroso, una alegría impropia. Sabía que ella deseaba decirle algo pero que no tenía las palabras para hacerlo, entendía que lo único que podía hacer para refutar su afirmación era correr hacía él y estrecharlo como si fuera su única salvación, como si fuera un bocado de aire, una oleada de vida… y ella una moribunda desgraciada.

Entonces sintió que ella levantó la mirada con la intención de encontrar sus ojos y antes de darse cuenta, bajó la suya propia y lo que se encontró lo golpeó con el peso titánico de mil montañas: Ahome le miraba con el rostro descompuesto de dolor y con la determinación grabada en la mirada, todo eso envuelto en la confusión más palpable que había podido presenciar Sesshomaru jamás. Fue ahí cuando su última defensa cayó en picado, la barrera final no había bastado para controlarle, para reprimirle y llevarle a hacer lo correcto, fue ahí cuando él la entendió. Entendió su dolor, entendió su confusión y el caos de su alma, entendió que todo lo que podía llegar a obtener de ella solo podía tomarlo en ese instante… porque ella no le pertenecía, porque él no había sido el primero y ella no podía querer con tanto anhelo dos cosas al tiempo, al menos no esas dos cosas en particular.

Ahome sintió que se hundía varios centímetros en el suelo bajo el peso de su mirada. Tenía tanto miedo que no era consciente de sus propias emociones, sentía tanto temor que en realidad no sabía qué era lo que sentía. Entonces todo se volvió un revoltijo de sensaciones y ella sucumbió una vez más ante la fuerza de su mirada, ahora sentía el dolor en su pecho del metal clavado en su tierna piel y sin embargo la necesidad de estrecharlo todavía más contra su cuerpo. Quería decirle tantas cosas, pero no podía, no sabía como… quería explicarle, explicarse a sí misma.

Ahome soltó un gemido de dolor cuando los brazos de Sesshomaru cobraron vida y la rodearon con verdadera fuerza. Las púas atravesaron su ropa y empezaron a rasgar su piel, pero a ninguno de los dos pareció importarle. Los segundos pasaron como deliciosos minutos de expectación en el transcurso de tiempo que tardaron sus miradas en concordar el brusco choque que produjeron sus bocas. Se enlazaron como dos fieras ávidas de alimento, sus bocas cerradas herméticamente se estrellaban la una con la otra de forma casi dolorosa y cuando Sesshomaru la estrechó aún más contra él, Ahome soltó un nuevo gemido de dolor. Él besó su gemido e introdujo la lengua con rapidez y habilidad. Cuando sus lenguas se encontraron cerró los ojos de placer y ella sintió que el cielo completo se desprendía para aplastarla bajo la imagen que tenía de él sucumbido ante aquello.

La sintió gritar en silencio, supo que se desahogaba en su boca, que le aullaba toda la confusión que sentía, que le decía, le manifestaba todo lo que sentía y todo lo que no podía sentir, todo lo que no podía hacer. Se besaban con brusquedad, con fiereza animal. Sus dientes se chocaban y ella se hería la lengua con el filo de sus colmillos, pero nada importaba. Sesshomaru pudo oler la sal de las lágrimas y la estrechó aún más contra él.

Ahome sentía el dolor resbalando de sus ojos, pero no entendía del todo si se trataba del dolor físico o del sentimental. Entendió porqué su estúpido cerebro había querido renunciar, porque en aquel instante sentía tantas cosas que le parecía increíble poder albergar tal cantidad de emociones… ¡y qué emociones!

Parecían envueltos en el centro mismo de un tornado. Sus corazones retumbaban con fuerza y sus bocas se movían con frenesí, sus lenguas se probaban y degustaban con locura, con pasión y dolor, ladrando verdades mudas y desahogándose.

De pronto el frenesí se apagó y fue reemplazado por innumerables sensaciones, distintas sensaciones. Sesshomaru absorbió pacientemente toda su frustración, y cuando ella parecía haber perdido las fuerzas, él disminuyó considerablemente el ritmo de sus caricias. Sus lenguas descansaron un poco y empezaron a danzar con languidez y placentera lentitud. Ahome sentía que aquella era la sensación más increíble que había experimentado. Supo que él parecía completamente de hielo, tan blanco y majestuoso, tan frío y poderoso, peligroso y mortífero, pero que su centro, su verdadero sabor era el del fuego. Su boca sabía a fuego y ámbar, su aliento era como un elixir, como el único aire que ella se sentía capaz de respirar. Sus brazos sosteniéndola con fuerza eran todo el soporte que le impedían desmayarse. Se sentía mareada y feliz.

Sesshomaru movió los brazos y los ubicó en la cabeza de Ahome para profundizar el beso, pero entonces sintió el olor de su sangre combinada con el metal y se detuvo horrorizado. Reunió toda la fuerza de voluntad que le quedaba para separarse de sus labios y cuando lo hizo, ella le detuvo y lo envolvió con fuerza. Sesshomaru abrió los ojos y la separo de él sin delicadeza, entonces contempló como en un sueño el rostro de Ahome con los ojos cerrados y las mejillas encendidas… de forma sobrenatural. Ella aún paladeaba su sabor, y no parecía sorprendida ni lastimada por la brusca separación, estaba como en trance. Su poder espiritual la envolvía suavemente, como apenas dándole un poco más de luminosidad que la humanamente natural. Entonces ella abrió los ojos con lentitud y parpadeó como para enfocarlo. Tenía los ojos húmedos y las pupilas dilatadas en todo su esplendor y miraba como nunca antes lo había hecho, con total seguridad, con pasión, con deseo…

Ahome lo vio y tuvo que repetirse varias veces que lo que veía era real. Él era tan perfecto, tan… increíblemente hermoso. Deseaba besarlo hasta el cansancio, quería tocar su precioso cabello y empaparse de su aroma, quería sentirse para siempre como se sentía en aquel instante. Entonces descubrió que sus ojos de sol diluido se desviaban de los suyos y bajaban con reticencia, casi con dolor hacía su pecho. Ella supo lo que él estaba observando y bajó la mirada también. Los pechos de ambos estaban juntos todo lo que permitía la armadura de Sesshomaru, que se enterraba sin piedad en la ropa de Ahome, justo por debajo de su clavícula. Ella podía sentir dolor, pero no era capaz de separarse de él ni un solo centímetro para evitarlo. Las puntas de las púas desembocaban en un diminuto círculo de sangre que empapaba casi con inocencia, la ropa de Ahome.

Sesshomaru endureció el gesto y se alejó lentamente de ella. Ahome dio un pequeño respingo de dolor cuando los filos de la armadura se desincrustaron de su piel y los diminutos círculos de sangre se acrecentaron unos milímetros más. Él se alejó un poco, y separó los brazos del cuerpo de Ahome. "NO" gritaron sus ojos al verlo alejarse, pero él le devolvió una mirada que indicaba "ten paciencia".

-Déjame ver- Murmuró Sesshomaru con voz profunda y firme. Ahome le envidió, sabiendo que si ella hablara su tono se escucharía más bien como un chillido tembloroso. Entonces reparó en sus palabras. Él quería que le enseñara las heridas que había dejado su armadura, pero para hacerlo tendría que…

-No te haré nada- Le aseguró él al ver la duda y la vergüenza en su mirada.- Solo necesito ver que tan profunda es la herida.

Ahome permaneció en un tembloroso silencio y se avergonzó por ser tan evidente. Sin embargo movió sus manos lentamente y empezó a subir la camisa de su uniforme para quitársela. Cuando su cabeza salió del montón de tela, Sesshomaru pudo comprobar que absolutamente toda la sangre de su cuerpo se le agolpaba en el rostro. Sonrió mentalmente al ver su azoramiento. Entonces dirigió la vista a su pecho y se extrañó al ver el extraño artificio de tela que cubría sus partes personales. Casi escuchó otro torrente de sangre bullendo hacía el ya encendido rostro de la chica, pero no retiró la mirada y ella se tapó con un rápido movimiento, utilizando su camisa y dejando visibles únicamente las partes lesionadas, que estaban muy por encima de su brasiere y lo que este cubría.

Sesshomaru reprimió una queja y se concentró en lo que realmente necesitaba ver: Al menos cuatro marcas enrojecidas y llenas de pequeños manchones de sangre surcaban el blanco pecho de ella. No eran para nada profundas y solo habían roto la capa superior de la piel, sin embargo le dolerían más tarde, si no es que le estaban doliendo ya. Alzó una mano nívea y tatuada y la posó en las heridas, para comprobar lo que sus ojos le decían. Sin embargo él nunca se equivocaba… nunca comprobaba. Ahome tembló ante su tacto y los nervios la invadieron cuando leyó el deseo en sus ojos. Pero él alejó la mano tan rápido como la había posado. Ahome se apresuró a ponerse de nuevo la camisa, pero él la detuvo con un ademán.

Entonces ella observó perpleja como él hacía una pequeña maniobra y se quitaba la picuda armadura. Se veía completamente extraño sin ella, más humano, más asequible. Sesshomaru la arrojó a un lado y cayó pesada contra el suelo, junto a un árbol. Luego desabrochó parte de su traje y Ahome se sintió hiperventilar cuando su blanco pecho quedó un poco al descubierto. Su mente alcanzó a volar antes de su siguiente movimiento, para descender luego en picado al verlo rasgando una tira larga de la tela de su propia vestimenta. Al terminar su trabajo, no se molestó en volver a acomodar su ropa y ella lo agradeció al tener al menos una imagen pequeña de su precioso pecho. Se avergonzó, y posteriormente volvió a agradecerlo. Sesshomaru se acercó a ella y en silencio empezó a vendar sus heridas. No era tierno, lo hacía casi mecánicamente, como si hubiera tenido que vendar muchas heridas a lo largo de su vida. Ahome no se sorprendió al pensar que seguramente él siempre se había vendado a si mismo, y que ella era la primera persona en tener aquel honor. Al final quedó envuelta en tiras de tela que rodeaban su pecho y espalda y él le indicó con otro ademán que ya podía poner su blusa en su lugar.

-Gracias- Susurró Ahome cuando se terminó de acomodar el uniforme, que permaneció ensangrentado y roto. Sesshomaru guardó silencio. Ahome no se molestó, estaba empezando a encontrar cierta calidez en sus silencios. Él solo hablaba cuando tenía algo que decir.

Inesperadamente, Sesshomaru se alejó unos pasos, dejando la armadura olvidada en el suelo. Ahome sintió pánico al pensar que se marcharía, pero entonces detuvo sus pasos unos metros por delante de ella y giró el rostro un segundo para posar sus ojos en los suyos. Parecían hechos de fuego. Luego volvió a darle la espalda y siguió caminando. Ella entendió la invitación y se apresuró a seguirlo. Caminaron unos metros y luego salieron al claro donde se habían encontrado al principio. La luna los bañó con su luz como mostrándose feliz de volver a tenerlos cobijados. La garganta de Ahome se secó del todo cuando volvió a observarlo bañado por el plateado resplandor.

Sesshomaru caminó indolente, con un paso digno de reyes y se acercó al árbol que aún conservaba el olor de ella: Aquel contra el que la había acorralado cuando no pudo soportar la tentación de su aroma. Aún ahora no era capaz de soportarlo… pero tendría que tener paciencia y disfrutar cada segundo de aquel único momento que le regalaría. Se giró y se sentó con la espalda recostada en el árbol, deleitándose con la mirada perpleja que ella le dirigía.

Era perfecta. Apenas y se alejaba de la infancia, solo era un poco mayor que Lin y sin embargo él podría pasarse días enteros recorriendo cada recoveco de su esencia. La había probado y ya se sentía adicto. Sus pupilas aún permanecían dilatadas, sus mejillas aún estaban sonrosadas y su perfecto aroma de flores y chocolate estaba deliciosamente mezclado con aquel que despedía su cuerpo cuando se sentía feliz. Su aliento olía como el suyo y en general todo su aroma se combinaba con el de él. La luna completaba el cuadro bañándola con presteza y le daba a su rostro estupefacto un toque gracioso. Entonces él bajó levemente los ojos para indicarle el hueco que quedaba a su lado, junto al árbol. Pudo ver como su estupor crecía un poco más y como su rostro enrojecía de nuevo, pero entonces siguió caminando y se sentó al lado de él, con la espalda contra el tronco.

Permanecieron en silencio, hombro con hombro, observando la luna. Ahome nunca recordaría una noche más mágica que aquella, con los sonidos de la naturaleza y la imagen de Sesshomaru con la vista perdida en sus pensamientos. Quiso aprovechar cada segundo, quiso hacer esa la noche más hermosa de su vida, porque al día siguiente…

Observó su perfil recortado contra la luna, sus ojos habían estado posados en su rostro desde que se acurrucó junto a él. Ya no parecía avergonzada y lo miraba abiertamente, como deseando grabar cada detalle. Entonces giró el rostro hacía ella y lo bajó con parsimonia, haciéndose desear; Cuando estuvo a tan solo unos centímetros de sus labios, esperó con cierta picardía que ella culminara el roce. Podía sentirla temblando de impaciencia y se fijó en como sus brillantes ojos se cerraban suavemente, como el último aleteo de una mariposa. Ella sucumbió y adelantó su boca para posarla tiernamente sobre la de él.

Permanecieron así unos segundos, solo unidos por el casi invisible roce de sus labios. Ella sintió su aroma y alzó las manos lentamente hasta ponerlas en sus mejillas. Alejó su rostro de él durante unos segundos para deleitarse con su mirada de ámbar entre mercurio, gracias a la luna. Volvió a posar sus labios en su piel, pero esta vez en la comisura; se alejó de nuevo y volvió a poner un tibio beso en su mejilla, junto a sus propios dedos. Sesshomaru estaba impresionado… ella le tocaba con increíble ternura. Se percató de que cerraba los ojos cuando le besaba y los abría de nuevo para mirarlo cuando se alejaba, como deseando no perderse de una sola mirada.

Finalmente trazó un camino de besos suaves y delicados por todo su rostro, posó sus labios en su nariz e incluso le hizo cerrar los ojos para acariciar cada parpado. Él sentía algo caliente en su pecho y agradable en su pecho. Ahome sostuvo su rostro una última vez y volvió a besarle en la boca, pero esta vez con el sigilo de una pantera y con la delicadeza de un artesano. Sesshomaru se inclinó sobre ella y ambos rodaron en el suelo, sintiendo cosas increíbles con cada nuevo movimiento.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Miroku observaba como el alba despuntaba a lo lejos en las montañas. Se sintió cansado por la falta de sueño y preocupado porque la señorita Ahome no había regresado aún. Había tenido toda la noche para analizar lo visto y la única conclusión a la que llegaba era la más inverosímil: Que todo era una equivocación, un engaño. La situación era absolutamente inesperada y él no sabía cual era su papel en todo aquello.

-Feh, parece que tú y Ahome tienen ganas de largarse de una vez- Murmuró una voz rasposa de sueño a sus espaldas. Miroku se sobresaltó completamente- Vamos, de verdad que se han pegado un madrugononón.

-Inuyasha.- Musitó el monje con nervios.

-¿Qué? Me miras como si no lo hubieras hecho en siglos, además ya no tengo esa cara de topo con la que despierto siempre…- Se detuvo para echar un vistazo alrededor, luego frunció el ceño y olisqueó el aire por unos segundos- Miroku, ¿Dónde está Ahome?

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o--o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Sesshomaru se encontraba vestido con traje y corbata. Ahome había deseado reírse después de la primera impresión, pero luego él le había dedicado una mirada helada que rezaba claramente "nada de burlas". Ella sonrió con ternura y camino los pasos que la separaban de él, pero la mirada helada seguía ahí. Empezó a sentir frío y un raro hormigueo en la nuca. Observó a Sesshomaru, pero ya no era él, ahora quién la miraba era Inuyasha, vestido igual y con los mismos ojos gélidos, acusadores. El hormigueo de su nuca creció incómodamente y se llevó la mano al cuello para rascarse. Despertó sobresaltada por el movimiento de su propio brazo.

Se incorporó confundida y se frotó la nuca. Un par de bichitos cayeron al pasto, seguramente habían estado caminando por su cuello y le provocaron aquel cosquilleo. Hacía frío. Observó con nostalgia el vacío que había a su lado. Estaba sola.

Aunque ya se lo esperaba, no pudo evitar sentir dolor y desazón, acompañados de un gran sentimiento de pérdida. Se sentía vacía y helada, las heridas del pecho le empezaron a escocer y observó como si se tratara de otra persona, como el sol terminaba de levantarse en el cielo. Lo había leído toda la noche en sus ojos "Esta será la única vez… aprovéchalo"

Recordó entre dulce y amargo, cada una de las miradas. Se besaron como amantes perezosos, se detenían solo para mirarse y volvían a rozar sus labios con languidez. Se unían con fiereza en algunos momentos y luego permanecían estáticos durante minutos, enlazados contra el frío. No pensaron, ninguno lo hizo. El pensamiento no tuvo cabida en la mágica noche que pasaron. Olvidaron sus identidades, olvidaron lo que habían sido antes de ese momento y se abandonaron el uno al otro. En ocasiones lo recordaron… en ocasiones tuvieron que besarse de nuevo como animales, lastimándose y gritando aquello que no podían decir, aquello que no se atrevían a manifestar. Sin embargo vivieron una vida en una noche, en medio de las caricias más antiguas del mundo. Al final ella se acurrucó en sus brazos y él la envolvió y observó con nostalgia hasta que se fundió en un sueño tibio. No hablaron, no dijeron adiós.

Ahome se levantó del todo y se desperezó un poco. ¿Ahora qué? Sesshomaru no regresaría. Sintió una oleada de dolor al pensar aquello. Lo peor… lo más increíble y terrible de todo es que ella lo entendía. Cuando él le había dicho que ella era de Inuyasha, Ahome no había sido capaz de negarlo, no había tenido los ovarios para contradecirlo y es que… ella amaba a Inuyasha. Sí, pero también… también quería estar con él. ¡Maldición! Su mente era un engrudo de confusión y Sesshomaru lo sabía, y Sesshomaru lo entendía. Pero él no podía esperarla, él no podía compartirla. Su orgullo estaba por encima de todo, su orgullo simplemente había tenido una pequeña grieta por la que ella se había introducido la noche anterior. Eso era todo. Era tan sencillo como eso, Ahome no era capaz de abandonar a Inuyasha y Sesshomaru no lo toleraría. Por eso le había ofrecido un único momento… una única noche. Ella se encargó personalmente de que fuera inolvidable, pero ahora ya no quedaba nada. Solo un fantasma en su garganta, un sabor en su lengua… un recuerdo en su alma.

Volvería. Aún estaba Naraku, aún estaban Inuyasha y los demás… pero ya no estaba el cosquilleo que lo indicaba a él. Suspiró. Sesshomaru se habría marchado realmente lejos de ahí, ya que ella no podía sentir su presencia. También estaba Miroku. "No es a mí a quién debe dar explicaciones" había dicho. ¿Qué significaba aquello? ¿Acaso dejaría que Ahome en persona le contara lo sucedido a Inuyasha? ¿Era eso lo que debía hacer? Su sola presencia la delataría: su olor, su aliento, los moretones de su cuello, sus heridas, los vendajes hechos con la ropa de Sesshomaru.

No tuvo tiempo de tomar una decisión. Inuyasha estaba parado a unos veinte metros de ella, algunas hojas caían sobre sus pies, como si se hubiera detenido en seco y las hubiera levantado con la barrida de sus pies al frenar. Su rostro estaba desencajado de dolor. Entonces Ahome se percató de que dirigía una rápida mirada a su cuello, donde seguramente descubriría los morados. El dolor dejó su expresión para dar paso a un único sentimiento:

Ira.


MMMM ¿LES GUSTÓ?

Jeje, espero que sí. Porfa, opiniones, necesito saber como estoy llevando la historía y sinceramente aquello que no les gusta o que suena raro. Agradezco de todo. Hey, incluso ya he respondido los reviews, salvo unos dos o tres, los he contestado todos. Todavía estoy en el kinder de fickers, por lo que quiero que me ayuden a aprender. Las personas que dejan review y no tienen cuenta en ff, por favor pongan el correo electronico para que yo pueda responderlo. A esas por supuesto, no pude responderles.

Gracias por todos los reviews y por todo el apoyo, espero que este les haya gustado tanto como el anterior. De nuevo, perdón por el retraso.

Besos para:

AllySan, eiko298, lunita- depp, Lunerita, AngelJibriel, , ALBA, Orion no Saga, Lady Death06, damalunaely, Hitomi, Saya-y-Hagi-UPS1., Jos, Giovanna691, Hitasura ni omae, Silvemy89, La Gran Hana, mechiikagome, Lolichan36, emihiromi, , , LIA, azul, flordezereso.

EUFEMISMO