N/A: Lo primero, supuestamente este capítulo tenía que estar colgado desde el lunes, pero circunstancias personales me han tenido un poco demasiado ocupada. Lo segundo, es el fin. Último capítulo (en realidad, epílogo) de la semana que Nela se dedicó a torturar psicológicamente a Saga de Géminis. No hay más explicaciones aparte de que recuperamos el diálogo y dejamos de lado lo de el seguimiento por horas. Si es un poquito demasiado largo... lo siento, es lo que pasa cuando dejo que mis musas hagan de las suyas a la hora de escribir diálogos. Es, yo creo, algo que nunca podré remediar. Falta de descripciones, demasiado diálogo XD (y 7,817 palabras!! todo un récord teniendo en cuenta que pocas veces he conseguido pasar de las 4,000 entre diálogos y narración)
En fin... MUCHÍSIMAS gracias si has leído los anteriores 8 capítulos y aún así estás leyendo esta nota porque te has decidido a saber cómo termina la aventura. Lo que da vida a las historias son quienes las leen, de verdad. Puede que me tome un par de meses para poner en orden todos los proyectos que tengo en marcha para decidir cuál se salva y cuál desaparecerá irrevocablemente. Eso si, mi meta es recuperar el tono sombrío y trágico con el que empecé en el fandom de Saint Seiya, así que la comedia quedará aparcada por tiempo indefinido. O, al menos, no será tan protagonista. Las cosas vienen como vienen y no me voy a negar a hacerle caso a las voces de mi cabeza.
Dudas, preguntas o comentarios (repito, siempre con educación y sin ofender a nadie) a través de un review que será respondido en el plazo de una semana. Se han desactivado los reviews anónimos por cuestiones personales.
DISCLAIMER: todos los personajes mostrados en esta historia son propiedad intelectual de Kurumada Masami y todo aquel asociado al proyecto. Tan sólo poseo derechos sobre mi propia historia y mis personajes (Nela... quien, de hecho, es un self-insertion). Los demás personajes mencionados/mostrados tienen sus respectivos dueños: Baby-Guardiana Majere, Guardiana, Dannah, Ayron, Eurydia y Orphen son propiedad intelectual de Guardiana/Ro de Piscis (consultar su perfil para más información). Shuitzsa y Syrianth pertenecen a Syrianth. Cualquiera que tenga intención de incluirlos en una de sus historias, por favor me avise para contactar con ellas. Cualquier parecido con hechos reales (excepto localizaciones geográficas o la citación de personajes conocidos) es pura coincidencia. Esta vez no se incluye nada de yaoi, aunque los personajes siguen estando muy OOC (Out Of Canon). Si te gusta o te interesa el fic, puedes darle al botoncito ese que dice 'Review' y dejar tu comentario. Si te decantas por la tercera opción (comentario de "no me gusta") hazlo con educación, por favor.
¡GRACIAS POR LEER!
EPÍLOGO
Han pasado casi dos semanas desde que la aguerrida reportera abandonara Géminis sin haber cumplido la misión primordial de su vida, y ahora está preparando las maletas de nuevo. Esta vez para irse a Nueva York. A la otra punta del planeta, prácticamente. Después del famoso incidente tras las entrevistas a los Caballeros de Athena, al director de la Agencia le ha costado mucho asignarle un trabajo de los buenos y parece que, por fin, ha vuelto a confiar en ella. Bueno, quizá no del todo. Por eso la envía con una compañera, quién seguro tiene la misión secreta de evitar que vuelva a dejar a la Agencia en mal lugar por culpa de algún trastorno emocional transitorio. O subidón de hormonas, como dice ella.
Esta vez el equipaje es algo más ligero que la última vez que cargó con su set de maletas completo, pero no por eso es escaso. Dos de las maletas tamaño familiar están repletas de ropa, zapatos y demás imprescindibles en cualquier viaje largo fuera del país. Las otras dos… digamos que no quedaron en muy buenas condiciones después de tener que romper uno de los laterales para poder sacar la ropa. Nada de volver a saltar encima de una maleta para Nela.
Son apenas las cuatro de la tarde, y el avión no sale hasta las ocho, así que todavía dispone de dos horas y media sin contar la hora de adelanto para facturar equipaje y la media hora de rigor para llegar al aeropuerto. Dos horas y media para aburrirse sin nada mejor que hacer que contar las baldosas del suelo.
Suena el teléfono. Con suerte, media hora ocupada.
-¿Diga?
-¿¡SE PUEDE SABER EN QUÉ ESTABAS PENSANDO!? - dice un hombre al otro lado de la línea.
-¿Perdón? ¿Quién es? - pregunta, extrañada, Nela.
-Hades felicitándote las Pascuas, no te… - gruñe el hombre - ¿Cómo se te ocurre irte de viaje sin avisar?
-Sigo sin saber quién eres - replica ella - Y, antes de que te atrevas, no vuelvas a gritar o cuelgo.
-Soy Kanon, inútil.
Tic, tac…
-¿Hola? ¿Nela?
-¿Kanon?
-Eso creo haber dicho - responde él cargado de sarcasmo -. ¿Por qué te vas?
-Porque tengo que trabajar - responde la periodista sin saber muy bien qué rumbo está tomando la conversación.
-¿Seguro? ¿No estarás huyendo?
-¿Huyendo? ¿De qué? ¿De quién? ¿Por qué?
-¿No sabes nada? - pregunta Kanon, bastante extrañado.
-¿Qué debería saber?
-Lo de Saga.
Chan, chan, chaaaaaaaaaan. La palabra tabú.
-Hace dos semanas que me fui. No tengo por qué saber nada de lo que el cap… lo que tu hermano haga - responde Nela, más que airada.
-Pensé que ya te habrías enterado, la verdad.
-Pues no, no sé nada.
-Te explico. Verás…
-No - le corta ella -. No quiero saber nada que tenga que ver con el Caballero de Géminis ni con su vida.
-Que sí, tonta. El caso es que…
-Que no - le interrumpe ella de nuevo.
-Esto si quieres saberlo. Saga está…
-¡Que te he dicho que no quiero saber nada!
-¡Si no quisieras saber nada ya habrías colgado, así que ahora te callas y me escuchas!
Vale, punto para el General.
-Tienes cinco minutos. Estoy a punto de salir hacia el aeropuerto - dice Nela resoplando.
-No mientas tan descaradamente - se ríe Kanon -. Tu vuelo no sale hasta dentro de casi cuatro horas.
-Mira que cuelgo…
-Vale, vale. Ya - dice él tratando de calmarla -. El caso es que Saga lleva histérico perdido desde que te fuiste.
-Eso no se lo cree ni él - murmura ella, aparte.
-Y, hablando de perder. ¿No has echado nada en falta en tu equipaje?
-¿Eh? ¿Cómo lo sabes? ¡Fuiste tú! - grita la periodista con un aura negra a su alrededor.
-Yo, no. Saga - responde el gemelo tranquilamente -. Si buscas tu camisa, la tiene él. Más concretamente, la tiene con él. A todas horas. Duerme abrazado a ella y todo. Y, si buscas un frasquito de colonia de color morado, también lo tiene él. De vez en cuando pulveriza un poco sobre la camisa y se abraza aún más a ella.
Momento de silencio. Muy tenso. Tanto, que Kanon puede sentir la tensión al otro lado del teléfono.
-¿Nela?
-Shhh - le manda callar ella.
-Eh…
-¿Me estás diciendo que, después de todos los malos ratos que me ha hecho pasar, el cabestro de tu hermano me echa de menos de alguna manera? - pregunta ella tratando de mantener la furia bajo control.
Se masca la tragedia.
-De alguna manera no, rubia. Muy a su pesar, resulta que se ha acostumbrado tanto a tu presencia que ahora no sabe hacer nada a derechas sin ti.
-Y una mierda - responde ella, tajante.
-Dos, si quieres llevarte una a casa.
-¿Se ha dado un golpe en la cabeza? ¿Ha comido algo en mal estado? ¿Se está muriendo? ¿La Princesa le ha hecho algo?
-Nada de todo eso - responde él riendo por lo bajo -. Creo que ha dejado atrás la etapa de negación y ahora está en la de frustración o algo así.
-Deja de dártelas de psicólogo, por favor.
-Lo que digo es que el muy inútil no se ha dado cuenta de lo relativamente bien que estaba contigo hasta que te fuiste.
-No me fui. Me echaron - gruñe ella.
-El acuerdo era por una semana, te recuerdo.
-Bah, cállate.
-O vuelves a Géminis, o Saga nos vuelve locos a todos - dice Kanon suspirando.
-¿Hola? ¿Tengo que recordarte que me voy a trabajar a Nueva York durante los próximos dos meses? - dice Nela cargándose de todo su cinismo.
-¿¡Dos meses!? ¡Para entonces ya estaremos todos dándonos de cabezazos contra las columnas! - exclama él, muy alarmado -. No puedes irte tanto tiempo. Aquí te necesitamos.
-Uy, vaya. Qué cosas. Resulta que yo NECESITO trabajar para poder vivir - dice Nela, sarcasmo en ristre.
-Ya le diremos a Shion que hable con tu jefe y en paz - responde Kanon -. Te digo que aquí haces mucha más falta que dando vueltas por América.
-Dame una razón convincente y, a lo mejor, me lo pienso.
-Saga acaba de salir en dirección a la Agencia y, como no te encuentre allí, va a ir a tu apartamento y te va a traer a la fuerza a Géminis.
Otro momento de tenso silencio.
-Como no me digas ahora mismo algo como '¡Te lo has creído! ¡Inocente!', te juro que voy a ir a Géminis, pero a arrancarte la cabeza - dice Nela tratando de mantener la calma.
-Tú misma, pero debe estar al caer.
-No creo que se…
Ding, dong.
-Ahí lo tienes.
Ding, dong, ding, dong.
-Te lo he advertido.
Toc, toc, toc, toc. Ding, dong.
-¿Qué hago? - murmura Nela, tratando de no sonar asustada.
-Dejarte llevar.
-¿¡QUÉ!? - dice ella, ahogando un grito.
-Buena suerte, rubia.
Línea muerta al otro lado.
-¿Por qué no me abres la puerta?
El corazón de la reportera se salta un par de latidos, tropieza, trata de recuperar el ritmo, se acelera y, al cabo de varios minutos, se calma. Que un Caballero de Athena se te aparezca de repente por la espalda no es muy recomendable para la salud, que digamos.
-Estabas oyéndome tocar a la puerta - dice Saga cruzándose de brazos -. ¿Por qué no me abrías?
-Teléfono - consigue decir Nela con un hilo de voz.
Sin pedir permiso, Saga alcanza el móvil de la periodista y aprieta algunas teclas.
-Este es el código de Géminis. ¿Qué hacías hablando con mi hermano? ¿De qué hablabais?
Un poco más de delicadeza y sólo le hace falta enfocarle con una lámpara a la cara para someterla al tercer grado.
-Él… Kanon ha llamado… Yo no… - dice Nela, todavía algo aturdida - Necesito aire.
Sin pensárselo dos veces, Saga la carga en brazos y sale con ella al balcón. Instintivamente, Nela se le abraza al cuello con todas sus fuerzas mientras gimotea lastimeramente.
-No lo vuelvo hacer, lo prometo, pero no me tires - suplica la pobre reportera.
-¿Eh?
-¿No me vas a tirar por el balcón? - pregunta ella con la más genuina expresión de no saber lo que está pasando.
-¡Por supuesto que no! - responde el Caballero como si fuera la pregunta más ofensiva del mundo mientras la sienta en la butaca de mimbre -. Has dicho que necesitabas aire. ¿Estás mareada? ¿Quieres un poco de agua?
Sin esperar respuesta, Saga vuelve dentro mientras una anonadada, patidifusa y ojiplática Nela se queda sentada en un sillón de mimbre. Los pensamientos van a la velocidad de la luz dentro de su cabeza. Este no es el Saga que ella conoce. Al momento, el Caballero vuelve con un vaso de agua con hielo y limón y se lo tiende.
-¿Quién eres tú y qué has hecho con Saga de Géminis? - pregunta sin hacerle caso al vaso que le ofrece.
-¿Estás bien? - pregunta él acuclillándose a su altura para dejar el vaso a un lado y poder tomar una de sus manos entre las suyas -. Estás pálida.
-Casi me da un infarto hace un momento por tu culpa - responde ella.
-Te quedan bien las gafas - dice él subiéndoselas por el puente.
-Si, ya lo sé - dice ella apartándole la mano -. ¡Y no me cambies de tema!
-Estás rara.
-¡Tú estás raro! ¿A qué viene todo esto? - exclama Nela al borde del ataque de nervios.
-He venido a buscarte.
-Dirás a despedirme.
-Buscarte.
-Despedirme.
-Bus-car-te. Te vienes conmigo.
-Des-pe-dir-me. Me voy a Nueva York.
-Eso está por verse - sentencia él levantándola en brazos otra vez.
-¡Suéltame! ¡Déjame en el suelo! - grita ella, pataleando.
-Si no te estás quieta, todavía estoy a tiempo de cargarte como un saco de patatas. Tú veras lo que es mejor para tu ego.
-¡Te odio! - dice ella, dejando de patalear.
-Sobreviviremos a eso, te lo aseguro - dice él sonriéndole con ternura.
-¡No hables en plural! ¡No hay ningún nosotros!
-Me parece que acabamos de intercambiar papeles. A ver cómo te sienta la impotencia de ver cómo alguien revuelve tu vida sin tu permiso.
-¡Aha! - exclama Nela señalándole con el índice -. Esto es tu venganza por todo lo que te he estado haciendo durante estos meses.
-No es una venganza", dice él sentándose en el sofá con ella en su regazo -. Digamos que por fin he abierto los ojos y me he dado cuenta de que tenías razón.
-Esto es peor de lo que Kanon decía - murmura ella encogiéndose de miedo.
-Entonces, ¿ya tienes las maletas hechas? ¿Nos vamos ya? - dice él, ignorándola.
-¡Que yo me voy a Nueva York!
-Ya no - dice él sonriendo de tal manera que, de repente, parece la cosa más apetecible, irresistible y comestible del mundo -. Acabo de hablar con tu jefe y le han dado este trabajo a otro.
-¿¡QUE HAS HECHO QUÉ!? - grita ella, a pleno pulmón -. ¿¡CÓMO TE ATREVES A METERTE EN MI TRABAJO, ANORMAL!? ¡LLEVO MESES ESPERANDO UN DESTINO COMO ESTE!
-Shhh - la calla él poniendo un dedo sobre sus labios -. No hace falta que te vuelvas a preocupar por eso. Tu jefe me ha dicho que hace mucho que no coges vacaciones, así que ahora mismo estás disfrutando de ellas.
Sin poder evitarlo, Nela rompe a llorar de pura frustración. Y, como movido por un resorte, Saga la abraza para consolarla.
-Tranquila. No llores, rubia - le susurra para luego darle un beso en la frente.
Justo lo que hacía falta para que Nela rompiera a llorar más amargamente.
-¿Qué necesitas? - dice él con inusitada ternura.
-¡Un psiquiatra! - gimotea ella.
-No digas eso cuando lleguemos al Santuario o te encerrarán de verdad - dice él sonriendo contra su coronilla -. Ya sabes, senté un precedente histórico de esquizofrenia aguda.
-Esto es demasiado para mí.
-Melodramática.
-Imbécil - murmura Nela.
-Es que no hay quien te entienda, rubia - dice él acomodándola sobre sus rodillas -. O te mueres por que te preste un poco de atención o te vuelves histérica cuando por fin te hago caso.
-Es que no tienes punto medio, animal - suspira la pobre reportera.
-¿De verdad hace falta que me insultes cada vez que abres la boca?
-Es eso o ir a por el bate de baseball y hacerte una cara nueva.
-Ya sabía que me gustabas tanto por algo - responde él abrazándola un poco más.
Y ahí es cuando, en la cabeza de la reportera más dicharachera, las sinapsis neuronales colapsan y se produce el cortocircuito. Al menos ya ha dejado de llorar… y de mojar la camisa de Saga, ya de paso. Hablando de camisas…
-Oye, ¿por qué me ha dicho Kanon que tú tienes mi camisa? - pregunta ella enderezándose para mirarle a la cara.
-¿Eh? - dice él sintiendo cómo el sudor frío le baña la espalda.
-Kanon dice que tú tienes mi camisa y mi perfume.
-Ah.
-¿No tienes nada más que decir?
-No sé.
-Algo como, por ejemplo, por qué tienes tú mis cosas.
-Cuando tú me digas dónde están mis cosas - replica él aferrándose a la única salida que le queda.
-Ups…
-Que yo sepa, me falta una camisa, mi taza del desayuno, un libro con anotaciones en los márgenes y, algo que no he podido comprobar del todo, algunas fotos de cuando era pequeño.
En ese momento, como si algún dios quisiera hacer la gracia, el objeto que más destaca sobre el aparador es un marco de madera con una foto de dos pequeños peliazules sonrientes.
-¿Algo que decir en tu defensa? - pregunta él sonriendo con sarcasmo.
-Como si no supieras lo que iba a hacer desde que me dejaste poner un pie en Géminis - responde ella cruzándose de brazos.
-Tienes una alarmante tendencia a la cleptomanía, ¿lo sabías?
-Son recuerdos.
-Pues ahí tienes tu respuesta.
-¿A qué? - dice ella recuperando la cara de no-sé-de-qué-me-hablas.
-Lo de tu camisa y el perfume.
-¿Lo cogiste para recordarme? - pregunta ella con los ojos brillantes de emoción.
-Algo así - dice él, girando la cabeza para evitar su mirada.
-¿Me echabas de menos?
-No demasiado.
-Kanon dice que ibas abrazado a mi camisa.
-Es un exagerado.
-Y que le ponías mi perfume de vez en cuando.
-Bah.
-Me echabas de menos.
-Lo justo.
-Sí que me echabas de menos.
-No te lo creas tanto.
-¡Me echabas de menos!.
Y ahí se acabó el buen comportamiento.
Llevada por el impulso que sea, Nela se abraza a Saga como si fuera un bote salvavidas en mitad del hundimiento de un barco. Como si fuera el regalo más esperado el día de tu cumpleaños. Como si le acabara de decir que le ha tocado el premio gordo de la lotería.
-¡Vale! ¡Quieta! ¡No te pases! - se queja el Caballero, intentando soltarse.
-Sabía que no podías ser tan malo - dice ella acurrucando la cara contra su cuello.
-Relájate o me largo.
-¿Va a ser así a partir de ahora? - pregunta ella, soltándole, mirándole con cara de infinita pena.
-Así, ¿cómo?
-Así como que ahora te caigo bien y, cuando te canses, vuelves a ignorarme - pregunta ella bajándose de su regazo para sentarse a su lado.
-Eh… bueno… No sé.
-Pues si no lo sabes tú, vamos listos - replica Nela, echándose hacia atrás para apoyar la espalda contra el sofá.
-A ver, creo que ya tengo claro que me caes lo suficientemente bien como para querer intentar algo contigo. Pero llevo demasiado tiempo manteniendo las distancias como para no agobiarme cada vez que hagas algo así - dice él cruzándose de brazos.
-Lo que yo decía: cuando te parezca, te caigo bien; cuando se te crucen los cables, me odias - replica ella, cargándose de razón.
-No seas tan drástica, mujer - responde él, resoplando.
-Pues tú me dices entonces qué es lo que tengo que esperar.
-Para empezar podrías tener un poco de paciencia, ¿no te parece? - dice él, dándole un codazo suave en el brazo.
-Aburrido - murmura ella haciendo pucheros.
-Precavido - corrige él -. Si me das tiempo para que me haga a la idea, puede que las cosas vayan mejor de lo que esperas.
-La paciencia no es una de mis mayores virtudes.
-Y yo no soy lo que se dice muy sociable, precisamente - dice él, suspirando -. O aprendemos a mantener un punto intermedio, o no llegaremos a nada.
-Jo…
-De todas maneras, vamos a empezar por llevar tus cosas a Géminis y, a partir de ahí, ya pensamos en algo.
-Pero, ¿por qué tengo que mudarme? - se queja Nela.
-Por algo se empieza, ¿no? - dice Saga, algo extrañado.
-Las parejas que empiezan una relación no se van a vivir juntos a la primera de cambio - intenta convencerle ella.
-Bueno, pero nosotros ya nos conocemos de hace mucho. Y hemos vivido juntos durante una semana. Esto no es nuevo para ninguno de los dos.
-No es lo mismo. Durante esa semana no éramos nada más que compañeros de piso, por decirlo de alguna manera.
-Es un primer paso. Ahora… Bueno… Tú… En fin, que… Pues… - dice él, pasándose la mano por el pelo.
-O terminas alguna frase, o no me entero de nada.
-Que podría ser como durante esa semana, pero…
-¿Pero?
-Que podrías dormir en mi habitación - dice Saga con timidez.
-Y tú, ¿dónde dormirías? - pregunta Nela tratando de que la idea encaje en su cabeza.
-Pues en mi habitación.
-¿Quieres decir que dormiríamos juntos? - dice ella con un hilo de voz.
-Si eso es lo que conlleva compartir habitación, entonces sí - responde él.
-Dame un minuto - dice Nela levantándose del sofá.
Rígida y pálida, Nela va hasta su habitación, entra y cierra la puerta. Dos segundos después se oyen gritos ahogados y golpes sordos. Un minuto más tarde, Nela sale de la habitación peinándose con las manos, con las mejillas rojas de pura excitación y la respiración algo agitada. Como si no hubiera pasado nada, se vuelve a sentar junto a Saga.
-¿La danza de la victoria? - pregunta él, entre divertido y preocupado.
-Aha.
-¿Lo ves? Cosas como estas son para las que no estoy preparado - dice Saga, suspirando.
-Pero, teniendo en cuenta que has sido tú el que se ha decidido a dar el primer paso, yo podría hacer un pequeño esfuerzo y tratar de contener mi entusiasmo - dice Nela con toda la seriedad que puede, tratando de aguantar la sonrisa.
-¿Seguro que puedes? - pregunta él, desconfiando.
-Sé que puedo - dice ella con la determinación brillando en los ojos -. Oportunidades como estas no hay que desperdiciarlas. Y, después de todo, te irás acostumbrando a mí y, dentro de poco, puede que ya no tenga que reprimir mis impulsos.
-Paciencia - le recuerda él.
-Siempre que sea por un motivo razonable, puedo esperar - dice ella, más para sí misma que para Saga.
-Puedes verlo de esta manera - dice él -. ¿Desde cuándo nos conocemos? ¿Ocho meses? ¿Nueve? Pues, si has podido esperar todo este tiempo, ¿qué supone un par de meses más de comportarte más o menos bien conmigo?
-Visto así… - replica Nela, pensativa.
-Hazlo aunque sea porque te da pena hacerme sufrir - dice él poniendo cara de no haber roto un plato en la vida.
-Supondría mucho sufrimiento para ti el tener que soportar que te abrazara, ¿verdad? - le reprocha con rabia.
-No lo he dicho en ese sentido - se apresura a decir él -. Sabes que tú eres muy extrovertida y yo muy introvertido.
-Pues por eso, te repito, hay que encontrarse a medio camino - resopla ella -. Yo me calmo un poco, y tú haces otro poco por demostrar sentimientos de vez en cuando.
-Siempre sin excederse - puntualiza él.
-Y que te quede claro algo: si tú decides ignorarme, yo te ignoraré el doble - replica ella mirándole de soslayo.
-Vale - responde él sin tener muy claro a qué acaba de decir que sí.
-Hazte a la idea de que puedo ser tu mejor amiga o tu peor enemiga - dice ella cruzándose de brazos -. La ley del silencio es muy dura.
-Si tú lo dices - responde él.
-¿Te acuerdas de la noche que casi te quedas sin cenar? - dice ella.
-Si, pero… - dice él, pensativo - Vale, mensaje captado.
El salón queda en silencio. Tanto, que hasta el tic-tac del reloj hace eco y el zumbido de la nevera parece un tren en marcha.
-Entonces, ¿nos vamos ya a Géminis? - dice Saga de repente.
-Mañana - responde Nela levantándose del sofá -. Hoy no me apetece hacer mudanza.
-O ahora, o nunca - dice Saga levantándose para enfrentarla.
-Entonces nunca - responde ella poniendo los brazos en jarras.
-¿Son estas dos maletas? Coge lo que quieras de tu habitación y nos vamos - dice él, ignorando su reto.
-¿Tú me escuchas cuando hablo? - pregunta ella, siguiéndole hasta donde están sus maletas.
-Pero nada de llevarte todas esas figuritas ridículas - dice él sentándose en lo alto de una de las maletas -. Y mucho menos tu colección de objetos afilados.
-Eres desesperante - resopla ella yendo hacia su habitación.
-Y nada de plantas desmayadas ni cortinas transparentes en el baño - dice él, siguiéndola.
-Uy, sí. Athena nos libre del buen gusto - replica ella con sorna abriendo su armario.
-Y podemos llevar otro armario para guardar TODA tu ropa - dice él abriendo cajones de la cómoda junto a la puerta -. Soy muy maniático con eso.
-Sí, tu mirada asesina me lo dijo todo cuando me encontraste colgando mis camisas - murmura ella apartando perchas.
-Pero puedes llevarte todo lo que quieras de esto - dice él.
-¿El qué? - pregunta ella girándose a mirarlo.
Dos metros a su derecha, Saga está rebuscando en su cajón de la ropa interior y tiene en sus manos ni más ni menos que un gracioso sujetador de encaje negro, que no deja demasiado a la imaginación, y un tanga a juego que parecen haber accionado algún chip en su cerebro.
-¿Tienes más? - pregunta balanceando el sujetador por un tirante.
-Ahora eres tú el que va demasiado deprisa - dice ella, corriendo a quitarle las prendas de las manos.
-Aunque prefiero el encaje blanco, el negro tiene su encanto - dice él, dejándose quitar el tanga pero levantando en alto el sujetador para que no se lo quite.
-Dame eso inmediatamente - se queja ella, tratando de alcanzar su lencería.
-¿Qué talla utilizas? - pregunta él con una sonrisa de lobo que no augura nada bueno.
-A ti te lo voy a decir - gruñe ella, todavía dando ridículos saltitos sin éxito.
-A ver… - dice él, girando la prenda en el aire hasta que encuentra la etiqueta -. Vaya. No sé mucho de lencería femenina, pero creo que esto se considera una talla grande, ¿no?
-Cállate y dámelo de una vez, joder - gimotea ella colgándose de su brazo.
-Creo que vamos a tener que renovar tu armario, rubia. Tengo un par de ideas bastante divertidas - dice él dándole, por fin, la maldita prenda.
-Ni lo sueñes - dice ella, rabiosa.
-Sólo de imaginar que vas a llevar puesto algo que yo he elegido, que sólo yo he visto y que sólo yo sé que llevas… - dice él con la mirada brillante de un depredador a punto de saltar sobre su presa.
-Luego no te quejes si hago algo que te 'asuste', gracioso", responde ella, con veneno en la voz, mientras guarda las prendas en el cajón y lo cierra de golpe.
-Acabo de descubrir que puede ser divertido dejarse llevar - murmura él, abrazándola por la espalda.
-Ah, ¿si? - dice ella con falsa ternura -. Primer aviso: esta noche duermes en el sofá.
-Como si pudieras obligarme - responde él, riendo contra su cuello.
Con suavidad, Nela se suelta de su abrazo y se gira para enfrentarlo. Seria. Mortalmente seria. Con una cara que dice "atrévete a no tomarme en serio y dormirás en la calle".
-Una cosa es saber que algo es inalcanzable y hacer lo imposible por alcanzarlo, y otra bien diferente es que te den la mano y tú tomes el brazo entero - dice Nela suavemente, pero con voz severa.
-Te recuerdo que tú has tratado de violarme a la mínima de cambio desde que nos conocemos - replica él, en el mismo tono.
-Porque, en el fondo, sabía que tú no me ibas a dejar pasar de cierto punto - le rebate ella -. Nunca he llegado a ponerte una mano encima, y lo sabes.
-¿Y eso no te frustra? - pregunta él, exasperado.
-Mucho. Pero lo importante es saber contenerse.
-Llevo conteniéndome demasiado tiempo, rubia - dice él con tono de advertencia -. Después de lo que he encontrado en tu cajón, en cuanto te descuides, vas a ver las estrellas.
-No seas tan pretencioso, por favor - le recrimina ella -. Y, de todas maneras, ¿qué es eso de que llevas mucho tiempo 'conteniéndote'?
-Ocho meses, rubia - dice él arrinconándola contra la cómoda -. Ocho largos y desesperantes meses en los que no he podido mirar a otra mujer sin ver tus ojos, tu boca, tu cara…
-Venga ya - dice ella, clavándose el borde del mueble en los riñones.
-No sé cómo será para ti lo de luchar contra el deseo, pero a mí se me da fatal - susurra él forzándola, al final, a sentarse sobre el mueble.
-No exageres, que no será para tanto - dice Nela con un hilo de voz y el corazón a punto de salir volando del pecho.
-Y ahora que has dicho que sí… - dice él con una voz capaz de hipnotizar sólo de oírla.
-Yo no he dicho que sí a nada - se apresura a decir ella.
-…va a ser como tener las llaves del paraíso en la mano - termina de decir mientras la obliga a reclinarse contra la pared.
Ya dijo el sabio que, quien juega con fuego, acaba quemándose. Tanto jugar a la seducción le ha salido caro a Nela, que ahora tiene que enfrentarse a un muy dispuesto y poderoso Caballero con ganas de juerga. Quiere alejarlo, de verdad que sí, pero esa vocecita chillona en su cabeza, que sólo se manifiesta en presencia de Saga, está histérica perdida gritándole que le arranque los pantalones con los dientes y le muerda la nalga derecha.
A Nela ya no le queda sitio para seguir retrocediendo, y la postura que tiene ahora mismo resulta de lo más comprometedora: sentada justo a la altura de su cadera, reclinada hacia atrás y con el hombre de sus sueños cómodamente instalado entre sus piernas.
-¿Es cosa mía o de repente hace calor? - acierta a decir ella mientras reza a los dioses porque se abra un hueco en la pared para poder escapar.
-Siempre puedes probar a quitarte la ropa para aliviarte - susurra él apenas a unos centímetros de su boca.
-No hagamos algo de lo que luego nos podamos arrepentir, Saga - suplica ella, apelando a su cordura.
-Puede ser divertido - dice él con voz seductora.
-Saga - lloriquea ella.
-Tan sólo no te muevas - susurra él rozando con sus labios su mejilla.
-Te aviso que estoy a un paso de perder el control. Y pueden pasar dos cosas: o acabo llorando, o tú acabas encerrándote en el baño escapando de mí. No digas luego que no te avisé.
-No sabía que las vírgenes erais tan histéricas, de verdad - dice él, incorporándose.
-¿Qué? Yo no soy… - balbucea ella, nerviosa.
-Pues entonces, ¿de qué tienes miedo? - dice él, cruzándose de brazos y, de paso, marcando bíceps.
-Me asustan tus cambios de humor - replica ella, sentándose todo lo lejos de él que puede, teniendo en cuenta su postura.
-Pensaba que estarías más que contenta con que, por una vez, te siguiera el juego - dice él, suspirando.
-Y volvemos a lo de siempre - gime ella -. Cuando se te pase, ¿qué? ¿Volvemos a lo de 'se mira pero no se toca'?
-Bueno, no sé - responde él, encogiéndose de hombros -. A lo mejor si nos quitamos del medio esto, luego resulta que lo demás es más sencillo.
-Y si no funciona, ¿qué? - se queja ella - ¿Seré una muesca más en el cabecero de tu cama?
-Eso nunca - dice él, muy serio -. Yo respeto a las mujeres. Nunca te trataría así. Eso es cosa de Milo.
-De todas maneras, si te atreves a hacerme daño, hablaré con Guardiana - dice Nela, cruzándose de brazos -. Tienes que saber que me aprecia como a una hermana de sangre y, si le llevo quejas de ti, no dudará en venir a hacerte una visita de cortesía. O peor, le diré a Baby que estás molestando a su Tita.
-Si, claro - resopla él -. Ahora amenázame con el pequeño monstruo.
-O te comportas o tendremos problemas.
-Mujeres - gruñe él alejándose de la cómoda -. No hay quién las entienda.
-Es que no se puede ser así - se queja Nela con voz lastimera -. Cuando me fui de Géminis hace dos semanas, un poco más y me odiabas a muerte. Y ahora resulta que vienes con la libido por las nubes tratando de quitarme las bragas.
-Lo tuyo es la delicadeza - responde Saga con una media sonrisa.
-Llámame anticuada, pero para mí una relación de pareja es ir conociéndose poco a poco para que las cosas vayan a su ritmo.
-Para eso sí tienes paciencia, ¿no? - protesta Saga sentándose en la cama.
-No me gusta que me utilicen, y mucho menos que hieran mis sentimientos.
-Entonces, ¿a qué viene todo eso de ir de lanzada por la vida? Con ese comportamiento das a entender que no tienes complejo alguno y que no te cortas con nadie - dice él estirando las piernas y apoyando el peso en los brazos, inclinado hacia atrás.
Y esa es la postura más apetecible que podía adoptar. Está diciendo 'cómeme' a gritos. Uf… A Nela le cuesta Dios y ayuda no lanzarse sobre él, sinceramente. Pero ha tomado la decisión de controlar sus alteradas hormonas y dejar que todo vaya pasito a paso para asegurarse de que realmente siente algo más profundo por Saga que pura lascivia.
-Son cosas que no puedo evitar. Soy Géminis - dice ella como si eso lo explicara todo.
-Yo también y no me verás hacer tonterías - replica él.
-¿Como la de hace un momento?
-Hechos puntuales no cuentan.
-Cuenta todo: lo que dices y lo que no - protesta ella.
-Ah, me vuelves loco, de verdad - resopla él -. No hay quién te entienda.
-Pues soy de manual, que lo sepas - responde ella balanceando las piernas -. Consigue un catálogo astral sobre Géminis y busca la parte dedicada a los nacidos en el segundo tercio de la influencia. Esa soy yo de los pies a la cabeza.
-Si que te lo sabes bien - dice él con sorna.
-Es que tengo que buscar alguna manera de entenderme a mí misma - protesta ella.
-¿Dice ese catálogo astral cómo pueden entenderte los demás? - dice él, riendo.
La respuesta de Nela no es otra que hacerle burla sacándole la lengua. Muy maduro por su parte, ciertamente.
-Bueno, dilemas aparte, ¿te importa si como algo de tu nevera? - dice él, levantándose de la cama -. Vine en cuanto terminé el turno y todavía no he comido.
-Tú mismo - responde ella, encogiéndose de hombros.
Cuando Saga abandona la habitación, Nela suspira. ¿Desde cuando se comporta ella de forma tan recatada? Se lo ha puesto en bandeja de plata. Un poco más y se desnuda para ofrecerse como sacrificio. ¿De dónde ha salido la estúpida idea de que las cosas tienen que ir despacio? A estas alturas debería estar mordiéndole la nalga derecha. O dejando que él se la mordiera a ella, lo que fuera más divertido. Suspira de nuevo y baja de la cómoda de un salto. Abre el primer cajón y contempla el conjunto de encaje que tanta gracia le ha hecho a Saga. Lo acaricia con un dedo y suspira otra vez. Y luego, como movida por un resorte, coge las prendas y rebusca en el cajón hasta que reúne todo lo que tiene de lencería fina. Todo el encaje y las transparencias que ha ido comprando más por capricho que por darle utilidad.
Ahora, en lo alto de la cómoda, el conjunto de encaje negro, uno rojo con transparencias y liguero a juego, uno blanco de satén, otro de raso verde con relleno que le hace un escote mortal y tres pares de medias de seda blanca la observan en silencio. O, más bien, Nela mira las prendas con cierto respeto. Sin permitirse pensarlo dos veces, agarra las prendas sin cuidado y corre a meterlas en una de las maletas antes de que Saga las vea. Quién sabe lo que podría pasar si las descubre.
En la cocina, mientras tanto, el Caballero ha asaltado literalmente la nevera y tiene sobre la mesa todo un muestrario digno de un menú de degustación de un restaurante de nivel. Pero lo que más llama la atención es que está utilizando el robot de cocina para batir algo. Cuando Nela llega y trata de preguntar, el aparato se revoluciona más de la cuenta y empieza a agitarse. Y entonces, bajo la atenta mirada de los dos, la tapa sale volando. El contenido, algo rojizo y espeso, se esparce por toda la cocina. Y, ya de paso, sobre Saga. Alcanza incluso a Nela, al otro lado de la barra americana, a casi tres metros del aparato. Tras unos segundos eternos, Saga acierta a desconectar el aparato y observa a su alrededor.
El escenario de una matanza, todo rojo resbalando por las paredes.
-Esto… ¿lo siento? - dice Saga con cara de la-que-me-va-a-caer-es-buena.
-¿Se puede saber qué tratabas de hacer? - pregunta Nela, sin perder la calma.
-Quería hacer pan tostado con tomate. Pero luego he pensado que me apetecía con un poco de ajo. Y entonces he visto el trasto este y se me ha ocurrido que sería más fácil triturarlo todo junto. El resto… ya lo has visto - explica Saga con una cara de culpabilidad tremenda.
-¿Sabías que ayer dediqué toda la tarde a limpiar la cocina de arriba a abajo? - dice ella limpiándose con el dorso de la mano la salpicadura de la mejilla.
-Oh, vaya - acierta a decir él sintiendo cómo la tensión carga el ambiente.
-Si. Oh, vaya.
-No te preocupes. Puedo… - empieza a decir antes de resbalar y caer al suelo de espaldas.
-…hacer patinaje artístico, si quieres - termina de decir ella, todavía sin levantar la voz.
-Parece que no, pero duele - dice Saga incorporándose para sentarse en el suelo.
-Más te va a doler, créeme - dice Nela, apoyando los codos sobre el mármol de la barra -. Pero haz el favor de limpiarte tú antes de convertir esto en un desastre mayor.
-Si salgo de aquí, te dejaré huellas por todo el suelo - replica él levantándose con infinito cuidado.
Nela va hasta un armario del pasillo y trae una toalla con ella. La extiende y la deja en el suelo a la salida de la cocina, en un hueco que, milagrosamente, no ha sido tocado por el tomate kamikaze.
-Quítate los zapatos y límpiate los pies aquí. Luego, derechito al baño.
-¿Estás segura? ¿No prefieres matarme antes de limpiar? - dice él tratando de sonreír.
-No. Repliques - sentencia Nela -. Fuera zapatos y de cabeza a la ducha.
-No tengo ropa limpia - se arriesga a decir.
-Pues utilizas una sábana a modo de toga - replica ella cruzándose de brazos -. ¿No eres griego? Pues ya es hora de que honres tus raíces y vistas como lo hacían tus antepasados.
-Si, bwana - murmura él agachándose a quitarse los zapatos.
Ignorando el último comentario, Nela espera pacientemente a que se descalce. Después, ambos se dan cuenta de que, inevitablemente, de la ropa irá escurriendo toda la porquería y, de una manera u otra, acabará manchando allá donde pise.
-Ropa fuera - dice ella, sin perder los nervios.
-¿Todo? - dice él, con una voz demasiado aguda.
-Todo.
-Pero…
-¿Qué pasa? ¿Ya se te fue el valor? - responde Nela, airada -. No seas crío y quítate la ropa para que pueda lavarla antes de que te vayas.
-Nela…
-Déjate de tonterías - protesta ella -. ¿Me ves con ganas de jugar?
-Ropa fuera - dice él empezando a desabrocharse el cinturón.
Y así, mientras Saga se desnuda en su cocina, Nela va al armario y saca un juego de las toallas más grandes que puede encontrar. Va al baño y las deja sobre el lavabo, asegurándose de que no hay nada comprometedor tirado por el suelo y que hay gel y champú a mano en la ducha. Coge el cesto de la ropa sucia (ahora vacío) y sale de la habitación.
Cuando vuelve a la cocina, Saga está ya sin pantalones y quitándose la camiseta por la cabeza, regalándole una vista panorámica de unos pectorales de ensueño y una tableta de chocolate deliciosa. Qué digo tableta… ¡la fábrica de chocolates Lindt en toda su gloria y esplendor! Antes de que él termine de sacarse la camiseta, Nela llama al autocontrol y recupera la pose de dignidad con la que se fue. Deja el cesto en el suelo y se lo señala. Sin decir una palabra, Saga pone dentro la ropa sucia y mira a Nela con cara de niño asustado.
-Todo, ¿todo? - pregunta señalando su cadera.
-Si quisiera humillarte te sacaría al balcón con un neón en la cabeza que dijera 'comida gratis', Saga - responde ella tratando por todos los medios no visualizar esa imagen en su cabeza.
-Todo un detalle por tu parte - dice él, carraspeando -. Ahora, ¿el baño?
-Por la habitación, la puerta roja - señala ella.
-¿Dejas que la gente entre a tu habitación para ir al baño? - pregunta él mientras camina hacia donde Nela le ha indicado.
-No suelo traer gente a mi casa - responde ella agachándose a recoger el cesto con la ropa sucia.
Momentos después, se oye una puerta al cerrarse y luego, el termo se conecta al abrir la llave del agua caliente.
Después de meter la ropa sucia en la lavadora con suficiente detergente y suavizante, Nela se entretiene limpiando las salpicaduras antes de que se sequen demasiado y tener que sacarlas con soplete del alicatado de la cocina. Menos mal que la cocina no es demasiado grande, que las baldosas se limpian bien y que los muebles no se mancharon demasiado. Cuando por fin la cocina vuelve a estar aceptablemente limpia, recoge los restos de la comida frustrada y guarda lo que todavía estaba comestible en la nevera. Mira su reloj de pulsera y comprueba que Saga lleva casi media hora en la ducha. ¿Tanto se tarda en limpiarse del cuerpo cuatro restregones de tomate? Aunque, pensándolo bien, toda esa melena necesita cuidados extra. Pobre de él si se le ha ocurrido echar mano de su mascarilla. Y como haya tocado el acondicionador anti-encrespamiento, muerte segura. Pero claro, el acondicionador huele a melocotón y deja el pelo muy suave. Uy… dejar la imaginación volar no es muy buena idea en estos momentos.
Tras guardar los trastos de limpieza, Nela toma rumbo al baño. Golpea la puerta con los nudillos un par de veces y, dentro, el agua deja de correr. Un par de minutos después Saga abre la puerta, dejando escapar una nube de vaho capaz de eclipsar un día de niebla en Londres.
-¿Se puede saber qué haces? ¿Tratas de agotar las reservas mundiales de agua o qué? - dice Nela agitando la mano para disipar el vapor de agua.
-Es que en Géminis se estropeó el calentador y llevamos tres días sin agua caliente - dice él restregándose el pelo con una de las toallas.
-Y no podéis pedir a alguien que os deje ducharos en su Casa? - replica ella, quitándose las gafas para ver mejor.
Mala idea. Ahora puede ver a Saga en todo su esplendor de Adonis recién salido del agua.
-¿Nela? - dice Saga agitando la mano por delante de la cara de la joven reportera.
-Vístete - acierta a decir ella.
-¿Con qué? No tengo ropa limpia - dice él señalándose.
Sin perder un segundo, Nela corre al armario y saca una bata que a ella le queda enorme y que, seguro, a Saga le viene medianamente decente. Lo que sea con tal de taparlo un poco antes de cambiar de idea y perder la decencia.
-Vístete - repite, tendiéndole la bata de algodón.
-Si tú lo dices - dice recogiendo la prenda y dando media vuelta para entrar de nuevo al baño.
Más por calmarse que por vergüenza, Nela se da la vuelta y camina hasta la ventana. Mejor no pensar en Saga con la toalla anudada a la cintura, con el agua resbalando por el torso, con todo el pelo revuelto y… ¡SUFICIENTE! La fachada del edificio de enfrente es más interesante. TIENE que serlo.
Cuando Saga vuelve a salir del baño, ya ataviado de Hugh Heffner en la Mansión Playboy, las cosas no mejoran. La bata no le queda pequeña, pero se le ajusta como un guante a la cintura y no cierra del todo alrededor del pecho, así que queda abierta de una manera demasiado sugerente. Y le queda corta. Y se le ven las rodillas y parte de los muslos. Y seguro que, si se sienta, se abre hasta… ¡YA BASTA! Tener demasiada imaginación no ayuda en estos momentos.
-¿Dónde dejo esto? - dice él con las toallas en la mano.
-Donde sea - responde ella tratando de mantener la calma -. Voy a ver si ya ha terminado la lavadora. Meteré la ropa en la secadora y en menos de quince minutos te podrás vestir.
-No hay prisa - dice él comprobando que el nudo de la bata está bien hecho.
Nela vuela hasta la cocina y saca la ropa de la lavadora para meterla en la secadora. La programa y se sirve un vaso de agua para bebérselo de un trago. Nada, el calor sigue ahí. Ahora, incluso meter la cabeza en el congelador parece buena idea. En la habitación se oye ruido y, temiendo que a Saga le haya dado por seguir explorando cajones, Nela decide volver.
Afortunadamente no está rebuscando cajones, pero se ha agachado a recoger algo del suelo, y le está mostrando al mundo un interesante plano de su trasero apretado contra la tela de sus calzoncillos, con la bata arrugada contra las caderas. Cuando se incorpora, la cosa no mejora. Si de frente está para comérselo, de espaldas es para morirse. Y ahí, al pie de la cama…
Él advierte que no está sólo en la habitación y se gira para enfrentar a Nela.
-¿Ocurre algo? - pregunta él concentrándose en descifrar la mirada de Nela.
-Nada - murmura ella, rogando por no estar babeando.
-¿Estás bien?
-Aha - dice ella, afirmando con la cabeza.
-Estás pálida.
-Estoy bien.
-He dejado las toallas en el baño - dice él señalando la puerta roja.
-Vale.
-¿De verdad estás bien? Pareces mareada.
Ella no contesta. De momento, está demasiado entretenida contando los centímetros cuadrados de piel dorada que está asomando por entre la bata a medio cerrar.
-¿Nela? - pregunta él, preocupado -. Empiezas a asustarme.
-No pasa nada - dice ella dando un paso hacia delante -. Todo va bien.
-Vuelve a decirlo sin voz de ultratumba y a lo mejor te creo - dice él frunciendo el ceño.
-La bata te queda un poco pequeña - señala ella, dando otro paso.
-Si, bueno - dice él ajustando las solapas sobre su pecho -. Sobreviviré con tal de que no le digas a nadie que me he puesto una bata con estampado de vaca.
-Entonces les diremos que no la has llevado - dice ella, avanzando otro paso más.
-¿Qué?
-Les diremos que no estabas vestido para nada - murmura ella, sin detener su avance.
-Nela… - dice él retrocediendo hasta tropezar con el pie de la cama y caer sentado.
-De todas maneras, no te queda bien - dice ella acortando distancias poco a poco -. Deberías quitártela.
-Nela… - dice él tratando de escapar retrocediendo sobre el colchón.
-De hecho, deberías quitártelo todo - dice ella alcanzando la cama para apoyar las manos en el borde.
-No creo que… - balbucea él arrastrándose hacia atrás.
-Los antiguos griegos ensalzaban el culto al cuerpo y practicaban el nudismo sin tapujos, ¿sabes? - susurra Nela trepando al colchón para gatear sobre él.
-Estamos en el siglo XXI - acierta a decir él mientras siente el cabecero contra la espalda.
-Ya te he dicho que soy una chica anticuada - dice ella gateando ahora sobre sus piernas.
-Y yo, de repente, soy muy tímido - dice él con voz ahogada.
-Eso se te cura rápido, ya verás - susurra ella reptando sobre él como un gato.
-Nela, yo… - trata de decir él.
Pero no le da tiempo. Nela ha sido más rápida y ahora tiene los labios ocupados en otra misión más importante que la de hablar. Bastante más enriquecedora que hablar, por cierto.
Y, entonces, cambian las tornas.
Nela ya no está a horcajadas sobre él. La bata ya no está sobre Saga. Los pies están sobre la almohada. Las sábanas ya no están pulcramente estiradas sobre el colchón. La ropa vuela. No hace falta respirar. Hace calor. Faltan manos. Hay prisa. A la mierda con lo de ir despacio.
Minutos más tarde, cuando el aliento escasea y están enredados como serpientes, dos pares de labios se separan con un húmedo chasquido. Y resulta curioso para ambos lo fácil que encajan el uno contra el otro. Las caderas de él encajan perfectamente entre las piernas de ella, las cuales, a su vez, rodean la estrecha cintura de él con tal exactitud que parecieran haber sido hechas a su medida. Y resulta natural y lógico que los fuertes brazos de él la sujeten bajo los hombros mientras los de ella rodean su cuello para enredarse en su pelo.
-¿Qué? ¿Nos vamos ya a Géminis? - pregunta ella, riendo.
-Mañana. Hoy no me apetece hacer la mudanza - responde él, bajando la cabeza para alcanzar sus labios de nuevo.
- FIN -
