Disclaimer: los personajes no me perteneces, ésta corta trama si.

Las frases en cursiva son conversaciones en la lejanía o telefónicas.

Lo que está escrito "entre comillas" son los pensamientos.

La historia está escrita desde el punto de vista de Renesmee Cullen Swan.

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En la casa no había nadie. Ni Rosalie, ni Jacob, ni mis abuelos.

- Donde está todo el mundo?

- Rosalie ha ido con Carlisle y Esme a la cena del hospital y Jacob… pues no se.

- Emmet, creo que me voy a ir a dormir. Estoy cansada.

- Descansa. – Emmett me dio un beso en la mejilla y me fui hacia mi dormitorio.

Encima de la cama había un sobre. Parecía una carta. "ya lo leeré mañana."

Me desvestí, dejé el esmoquin sobre la silla de mi escritorio y me tumbé en la cama en ropa interior. Estaba demasiado cansada como para perder el tiempo buscando un pijama limpio.

Me quedé dormida a los pocos minutos, con la carta en la mano, pensando en que podía ser.

***

Hay tres cosas en la vida que nadie me puede discutir. El cielo es azul, el agua moja y mi vida es un caos.

Era sábado por la mañana. Si el día anterior había sido extraño, ese día fue un caos total.

Me levanté de la cama y fui a vestirme. Me puse un top violeta de manga corta, que enseñaba el ombligo, y una falda que me llegaba hasta las rodillas de color blanco, al igual que los zapatos.

Bajé al salón al tiempo que empezaba a sonar el teléfono.

- Emmett, puedes cogerlo? – grité. Tenía las manos ocupadas haciéndome una coleta.

El teléfono dejó de sonar al momento, por lo que Emmett ya debía de haber respondido. "Mierda, me he dejado el bolso." Subí corriendo las escaleras, cogí el bolso, el móvil, y la carta que había encontrado en mi cama la noche anterior.

- Renesmee, es Fred!

- Ya bajo!

Volví a bajar. Emmett me estaba esperando al pie con las escaleras, con el inalámbrico en la mano.

Estuve hablando con Fred durante media hora. Al final, quedamos para una hora más tarde. Pasaríamos el día en Seattle. Iríamos de compras, comeríamos fuera e iríamos al partido de la universidad de Seattle. Tanto a Fred, como a mi, nos encantaba el baloncesto. En cuanto estuviera en la puerta de casa, tocaría el claxon para que saliera.

El claxon del coche de Fred comenzó a sonar, salí corriendo de la casa y me metí en el coche.

- Estás guapísima, Nessie.

- Gracias. Tú tampoco estás mal, aunque el vestido de anoche… era espectacular. – dije aguantándome la risa.

- Si llego a saber que te había gustado tanto, me lo vuelvo a poner hoy. – dijo Fred, sonriendo.

Hay por dios! Pero si ni siquiera os he contado como es Fred. Yo contando mi vida y aun no os he dicho como es. Bueno, empiezo. Fred es alto, rubio con el pelo largo hasta los hombros, de ojos verdes y, bueno, es guapísimo. Está bastante delgaducho. Yo siempre le decía que tenía que comer más y él siempre se reía de mí, diciéndome que por mucho que comiera, no conseguía engordar.

- Fue todo bien cuando os dejamos en el coche anoche?

- Si. Por?

- Tu amigo Jacob no dejaba de mirarme. Parecía que estaba enfadado.

- Bueno, déjalo. Si estaba enfadado, pues que se desenfade. – la que si que estaba enfadada era yo, pero con Jacob.

Jacob no se había portado de forma racional. A que venía eso de enfadarse por mi beso con Fred? "Que le den."

- Bueno, es que no quiero que se enfade contigo por mi culpa.

- No tiene motivos. Él solo es mi amigo, y tu ahora mi novio, no?

- Claro, lo soy. – dijo acariciando mi mano al tiempo que conducía con la otra.

Llegamos a Seattle en apenas unos minutos más. Fuimos a comprar algo de ropa y algunos videojuegos. Otra cosa que teníamos en común. A los dos nos gustaban los videojuegos.

Comimos en un restaurante italiano. No dejamos de hablar en todo el rato y lo que más me gustó fue que me miraba directamente a los ojos, y no al escote de mi top.

Llegamos pronto al partido, pero ni siquiera pudimos entrar al estadio. Un guarda de seguridad nos dijo a todos los que esperábamos, que el partido había sido suspendido.

- Joder! No me lo puedo creer! Hace meses que tenía las entradas! – exclamó Fred, golpeando la pared del pabellón.

- Tranquilo. Vendremos para el siguiente partido.

- Ya, pero es que quería compartir esto contigo.

- No pasa nada. – dije cogiéndole de la mano. – acabamos de aprovechar la tarde dando un paseo?

- Vale. – se rindió.

Empezamos a caminar, siguiendo hablando, ésta vez sobre lo que íbamos a hacer el próximo año. Fred iba a ir a la universidad, cerca de casa, y yo iba a empezar mi penúltimo año.

Llegamos al coche, nos montamos en él pero Fred no arrancó. Se quedó mirando por el retrovisor. No me dio tiempo de ver lo que estaba mirando, ya que salió del coche y se fue echo una furia. Me di la vuelta en el asiento y vi a Fred sacar a alguien de un coche. Era…

- No! – salí del coche y fui corriendo hacia donde Jacob y Fred estaban peleándose. Bueno, intentándolo, porque en apenas un segundo, Rosalie cogió a Fred de la camiseta y le apartó de Jake.

Eso era la gota que colmaba el vaso. Rosalie y Jacob, juntos, en Seattle, detrás de nuestro coche.

- Pero que narices hacéis aquí? Yo es que flipo con vosotros dos. – dije cogiendo a Fred de la mano, que volvía a estar a mi lado.

Rosalie hizo el intento de hablar, pero la hice callar con un gesto de mano.

- Vamos Fred. Volvamos. – tiré de Fred hacia el coche y entramos de nuevo en él. – enseguida vengo.

Eso ya era demasiado. Por mucho que amara a Jacob, no podía permitir que me jodiera la vida. Ni Jacob, ni mi tía, ni nadie. Es que no podían dejarme ser feliz? Tan difícil era eso?

Me puse delante de Jacob y le miré directo a los ojos.

- Renesmee, tengo que hablar contigo. Yo…

Le hice callar con un puñetazo que fue directo a su nariz.

- Pero que haces, Ness? Jacob es tu amigo.

- Si Jacob fuera mi amigo, desearía que fuera feliz y me dejaría en paz! – grité antes de marcharme de nuevo hacia el coche.

Volvimos a Forks, pero Fred no me llevó a mi casa, sino a la suya. Entramos en la casa y Fred me llevó de la mano hacia su dormitorio. Nos sentamos en la cama y no pude evitar lanzarme a su cuello, abrazándole con fuerza.

- Perdona que fuera a por tu amigo.

- No te disculpes. Se merece una buena paliza.

- Solo intenta protegerte. Saber que estás bien.

- Para eso solo tiene que preguntarme.

- Renesmee… - Fred me separó de él y me dio un suave beso en los labios.

Volví a abrazarle y junté mis labios con los suyos. Me dejé llevar y me senté a horcajadas sobre sus piernas, profundizando nuestro beso y las caricias que empezaba a sentir en mi espalda. Empecé a quitarme el top, pero Fred me detuvo.

- Nessie, detente. Tú no quieres esto.

- Perdona?

- Creo que solo lo haces por rabia.

- No. – "en serio?"

- Si. Lo haces para desquitarte. Porque estas enamorada de Jacob.

Me levanté de encima de él de inmediato, cogí mi bolso y me marché. En cuanto estuve fuera de la casa, saqué mi móvil del bolso y llamé a la única persona en la que podía confiar.

Fred no salió a buscarme, pero se asomó a la ventana y me pidió que volviera a entrar, cosa que no hice. Emmett llegó a los pocos minutos y nos marchamos hacia la casa en la que vivía con mis padres, en el bosque.

Emmett no me preguntó nada, simplemente me acompañó a mi cama y me acosté.

- Te quedas conmigo?

- Claro.

Emmett se tumbó a mi lado y me dormí abrazada a él.

Fred tenía razón. Todo lo que había echo, todo, lo había echo en un inútil intento de olvidarme de mis sentimientos hacia Jacob. "que bajo he caído. Es que no puedo tener una vida normal?"

Cuando abrí los ojos, la primera persona a la que vi fue a mi padre. Mi padre? Aquí? Pero que narices hacía ahí?

- Habías olvidado que volvíamos hoy? – dije sentándose a mi lado. Me abracé a él y me puse a llorar. – tranquila, ya está.

- No. No está. Mi vida es una mierda, y todo es por mi culpa. He alejado a Jake, a Fred, a Rosalie…

- Lo único que puedo decirte es que te desahogues.

Y así lo hice. No dejé de llorar en un buen rato. No podía parar. Había echo daño a demasiada gente. "Deben de odiarme."

- No creo que te odien. Solo debes aclarar las cosas con ellos.

- Seguro que me odian. Pegué a Jake, me aproveché de Fred y no traté muy bien a Rosalie.

- Pues ve a ducharte. Te relajas un poco y te acompaño a la casa. Tu madre también está allí, con la familia.

- De acuerdo.

Me fui a la ducha y me estuve un buen rato bajo el agua caliente. Me puse un vestido largo, negro, y una cazadora blanca. Mi padre ya me esperaba en el coche. Tenía la radio puesta a todo volumen, como a mi me gustaba.

- Desde cuando te gusta Marilyn Manson? – dije sin poder evitar sonreír.

- El disco ya estaba puesto. – me devolvió la sonrisa y arrancó el coche con suavidad.

Sabía que papá solo soportaba esa música porque Marilyn Manson era un de mis cantantes favoritos.

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Otro capitulo llegó.

Las cosas se van complicando. Pero bueno, toda solución llegaré. No?

Espero vuestras opiniones guapetonas.