Enamorado de mi Mejor Amiga
Por: Milaah
Disclammer: Card Captors Sakura no me pertenece, ni sus personajes, menos Ryuu y Aiko –Ya sabemos que nadie los soporta, no tienen porque decirlo la verdad `^^ pero yo amo a mi catire ok? xD- La trama es totalmente de mi autoría. Hago esto sin fines de lucro.
PERDOON! Mas abajo en las notas les explico mi retrazo, por ahora, disfruten en capi! ^^
Capítulo VII: En la guerra y en el amor todo se vale, y esto es ambas II.
Los rayos del sol golpearon sin piedad su rostro. Trató de cerrar los ojos con mayor fuerza, en un intento de deshacerse de la inclemente luz. Su mano izquierda pasó a su rostro, sirviendo de bloqueador a los rayos que trataban de despertarlo. De sus labios salió un suspiro, no podría luchar contra ellos y era hora de que se fuera despertando. En eso, sintió un peso sobre su pecho que se movía, haciéndole cosquillas. Bajó su mirada ambarina hasta dicho lugar, viendo un montón de cabellos castaños desparramados sobre su torso.
Una sonrisa ladina se hizo presente en sus labios. Cayó en cuenta de que su mano derecha permanecía sobre la cintura de la chica. Con la mano que usaba para repeler la luz, quitó unos cuantos cabellos de su frente, dejando ver el angelical rostro de ella. Un suspiro salió de los labios de la chica, mientras una sonrisa se formaba en ellos. Escuchó como murmuraba su nombre, sonrojándolo hasta la punta de los pies ¿Acaso Sakura soñaba con él?
Su mirada se despegó un par de segundos de ella para poder fijarse en el despertador. Siete y diez de la mañana, al parecer ambos estaban tan dormidos que no escucharon el despertador cuando sonó. Ya tendrían que ver como se colaban dentro de la preparatoria para el segundo periodo, pero… Era incapaz de romper el momento en que estaba ahora. Siendo sinceros, se sentía muy bien tenerla sobre él, durmiendo plácidamente. Nunca pensó que ver dormir a alguien le gustaría tanto.
La escuchó bostezar para que luego se moviera de nuevo, dejándole ahora ver dos esmeraldas. Ella le sonrió subiendo lentamente para alcanzar sus labios. Antes de que pudiera reaccionar de cualquier forma, ella ya se había separado de él para poder hablar.
-Buenos días, Shaoran-
-Buenos días, preciosa- saludaba el chino, haciéndola sonrojar por el adjetivo.
-¿Nos hemos quedado dormidos?- preguntaba mirando de reojo el despertador.
-Sí, creo que perdimos la primera hora de clases…-
-¿Matemática? Oh genial…- aseguraba suspirando resignada. No le convenía perder clases de matemática, pero en fin…- Bien, vamos a dormir un rato más… La clase no se acaba hasta las ocho… podemos quedarnos otro rato durmiendo, tengo sueño…- pedía bajando la cabeza, acomodándose en el pecho de Shaoran para cerrar los ojos.
¡Sakura mentirosa! Dile la verdad…
El ceño de la chica de frunció y sus mejillas se sonrojaron levemente al escuchar el comentario de su mente. Bien esa voz podía ser bastante fastidiosa.
-¿Y que se supone que le digo? Oye Shaoran, quedémonos aquí porque no sabes lo mucho que me gusta dormir sobre tu pecho y que me abraces mientras duermo-
-Si eso es así entonces quedémonos un rato más- respondía la voz de Shaoran.
Sus ojos se abrieron como platos mientras sentía que de sus orejas podría salir humo. No se atrevía a subir su mirada hasta Shaoran. Estúpida conciencia, la hacía hablar en voz alta. Trató de decir cualquier cosa, abriendo y cerrando sus labios varias veces en un intento por articular cualquier excusa que la salvara de lo que acababa de decir.
Se quedó totalmente helada en el momento que sintió la manta cubrirlos a ambos. Sus ojos se deslizaron lentamente junto con su cabeza hasta poder ver parte del rostro de Shaoran. Podía ver que sus mejillas estaban sonrojadas, pero de sus labios no se desaparecía la sonrisa. Suspiró atrayendo la atención del chico hacia ella. La mano de él se dedicó a remover unos mechones de cabello que habían caído nuevamente sobre su frente.
-¿No querías dormir un rato más?-
-¿No te… molesta qué…?- la pregunta fue callada por el dedo índice de Shaoran que se posó sobre sus labios.
-En lo absoluto- aseguraba regalándole una sonrisa en medio del sonrojo de ambos.
La chica volvió a bajar la mirada acomodándose de nuevo sobre su pecho. Colocó una de sus manos sobre este para estar más cómoda, sintiendo como el corazón de chino se aceleraba cada vez más rápido. Era un sonido realmente hipnotizador, a su parecer, le gustaba como se escuchan los latidos del corazón de él.
¿Te estás escuchando tú?
Si… Pero ¿Qué importaba? Era cierto. Suspiró, no arruinaría su momento con él por estar discutiendo con su conciencia. Escuchaba en retumbar del corazón del chico bajo su oído cada vez más rápido y en ese momento sintió curiosidad… ¿Qué despertaba ella en Shaoran?
Mordió su labio inferior no muy segura de lo que haría en ese momento, pero, todo sea por la ciencia.
Un tanto insegura usó la mano que reposaba sobre el pecho del chico para acariciar este. Sus dedos se movieron solo un poco, cerrando su mano en una especie de puño. El pulso de él se aceleró un poco más. Esta vez intentó dibujando circulitos con su dedo índice. El corazón del chico ahora iba aun más rápido. Una pequeña sonrisa de satisfacción repentina se formó en su rostro.
Ahora sabía que podía llegar a ponerlo nervioso con el roce de sus dedos pero… ¿Qué mas despertaba?
¿Qué más quieres despertar? Esa sería la pregunta acertada.
Sus ojos se abrieron y el sonrojo invadió sus mejillas. Ella… Ella… ¿Ella no estaba pensando comprobar si despertaba esos instintos en Shaoran, o si?
Alzó su vista hasta el rostro del chico. Sus ojos estaban cerrados con fuerza, mientras fruncía levemente su ceño. Sin entender mucho volvió a acomodarse sobre su pecho. De repente, la piel de su pecho se había convertido en una especie de tentación. Sin saber muy bien qué clase de impulsos la guiaban, ladeó su cabeza lo suficiente para que sus labios pudiesen llegar hasta su pecho. Podía sentir el pulso desenfrenado del chino bajo ella.
Otro beso más, haciéndole crecer cada vez más la necesidad de seguir. Cuando estuvo por darle el tercer beso, se detuvo. Miró nuevamente a Shaoran, su ceño estaba aun más fruncido, sus ojos apretados con mayor fuerza y ahora la mano que no estaba sobre su cintura esta apretada en un puño. Seguía sin entender porque se comportaba de aquel modo. Volvió a besar la piel morena, sintiendo como se tensaba más y su corazón latía a mayor velocidad.
Colocó su oreja justamente sobre el lugar donde se escuchaban más los latidos. Sonrió y dejó sus parpados caer embobada ante el sonido. Entreabrió los ojos para encontrarse con… Sus mejillas se sonrojaron enseguida.
¿No era eso lo que querías comprobar?
A decir verdad… Ella… Ella…
-¿Sa…Sakura?- llamaba la voz ronca del chino.
-¿Si dime?- indagaba aun con el color dominando en sus mejillas.
-Voy a… a tomar una du… ducha, es…espera por favor- pedía haciendo un ademán en levantarse.
-Ehm… Claro- decía levantándose evitando mirar el bulto en su pantalón de dormir.
Cuando estuvo de pie fuera de la cama, solo le bastaron dos zancadas para llegar a la puerta del baño. Su vista quedó prendada a la entrada del la pequeña habitación. Mordía con fuerza su labio inferior, jurando que el sabor metálico que empezaba a sentir en su boca era sangre. Su mano izquierda apretaba con fuerzas las sabanas bajo ella mientras que la otra hacia lo mismo, solo que con la tela de su camisa. Sus mejillas estaban tan sonrojadas que en cualquier momento su nariz empezaría a sangrar.
Oh.
Por.
Kami-sama.
¿Ella despertaba esos instintos en Shaoran? Oh Dios… Ahora sí que estaba confundida de verdad. Hacia una semana había dejado de preocuparse por sus roces con Shaoran. Sus roces en un par de días pasaron a ser algo más que roces, menos que «eso». Dejó de preocuparse también por estarle siendo infiel a su novio. Y justamente se daba cuenta lo que despertaba en Shaoran, pero…
¿Qué despertaba Shaoran en ella?
La verdad es que adoraba sus besos, negaría a sus padres antes de negar los besos del chino. Se había vuelto adicta a ellos, aun teniendo novio… Novio. Ryuu. Suspiró. Le estaba siendo infiel, y ni siquiera lo había besado. Sus ojos se abrieron levemente. Ella no había besado a Ryuu en lo que llevaban de novios. Hoy era su cita con él, cosa que a ninguno de sus amigos parecía agradarle.
Se puso de pie, decidida a preparar el desayuno. Sus pasos pasaron frente al baño, donde se escuchaba el sonido de la regadera.
-¡Voy a preparar el desayuno! ¿Quieres algo en especial?- preguntaba recostándose de espaldas a la puerta.
-Lo que tú quieras prepararme estará bien- aseguraba el chino desde dentro.
-En ese caso comeremos cereal con leche- bromeaba riendo un poco por su comentario- Es enserio, sabes que lo que yo hago no se compara en nada a lo que tú haces- decía disponiéndose a ir a la cocina.
-¡Espera! Pon la alarma del despertador para que suene quince minutos antes del segundo periodo y no lo perdamos también- pedía haciendo a la castaña devolverse hasta la mesa de noche junto a su cama, donde se hallaba el despertador.
-¡Listo!- anunciaba después de reprogramar la alarma, dejando el aparto sobre la mesa encaminándose a la cocina.
---
Se miró por última vez al espejo, había tomado una decisión para comprobar su teoría. Bueno, ciertamente teoría no. Quería comprobar que a diferencia de él, Sakura no era ninguna hormonada, y que saldría corriendo en el momento en que él quisiera… seducirla.
Oh genial. Seduciría por primera vez a una mujer, y luego tendría que decirle que simplemente estaba jugando para que no lo mirase como un pervertido, depravado, morboso, aprovechado, sin vergüenza, atrevido, acosador… Y mejor dejaba de enumerar antes de que se arrepintiera de hacerlo. Suspiró viendo su aspecto. Había procurado no secar su torso, ni ponerse camisa, tampoco había tratado de secarse el cabello. Posiblemente así lograra captar un poco la atención de la castaña.
Aun recordaba su comentario del otro día… Quiso hacerse creer a si mismo que era una jugarreta de su cabeza pero la había escuchado…
Shaoran que tonterías dices… Si estás para comerte con chocolate y fresas.
Salió del baño dispuesto a ir a la cocina, donde seguramente estaba la chica. Tomó aire, encaminándose a su ahora presa. Cuando estuvo en la cocina, todo el aire se fugó de sus pulmones en un segundo ¿Dónde se había metido Sakura? Todo el valor había desaparecido en parte, y además de que tendría que buscarla, genial.
Sus pasos se dirigieron a su cuarto, donde seguramente estaría la chica ¿verdad que si?
Por algún extraño motivo verla sobre su cama, con su rostro escondido en su almohada, aspirando su perfume, le parecía gracioso. ¿Qué rayos estaba haciendo? Se supone que el enamorado aquí era él y no e… Un momento, eso quería decir que posiblemente ella también estuviese…
Sacudió su cabeza varias veces, tratando de alejar todo pensamiento que lo distrajera en ese momento. A pasos lentos, silenciosos, sobre la madera del piso se acercaba hacia la chica. Tenía puesto el uniforme de la preparatoria, el cual tenía falda y eso lo agradecía ya que…
Lo que le faltaba, las hormonas lo estaban haciendo perder la cabeza.
Volvió a inspirar el aroma de la almohada donde Shaoran había dormido la noche anterior, adoraba el olor de aquella pieza, por alguna razón desconocida para ella. Y podría seguirse drogando con aquel aroma, pero un peso sobre la cama la sacó de su ensueño.
Levantó su cabeza, viendo a Shaoran con una sonrisa demasiado… sexy como para no tirársele a los pies. Sus esmeraldas veían al ambarino acostarse junto a ella en la cama, ambarino que no traía camisa y…
Oh.
Por.
Kami-sama.
Por segunda vez en el día.
¡¿Qué demonios hacia Shaoran sin camisa, con el cabello mojado, y el torso sin secar!? ¡¿Qué acaso no sabía que era ilegal él hiciera eso?! La última vez que lo había visto así, las cosas se habían salido un poco de control y… Cerró sus ojos al sentir las yemas del castaño acariciando su mejilla, para luego pasar un mechón de cabello tras su oreja.
Acaba de caer en sus manos.
Podía sentir el camino que trazaban las yemas de sus dedos sobre ella. Desde detrás de su oreja, por su mejilla, bajando hasta su quijada y siguiendo su camino por el cuello. Sentía los leves temblores, tanto de su cuerpo con cada roce como los de la cama cada vez que él se iba acercando más. Contuvo la respiración por un par de segundos, al sentir como sus dedos hacia círculos alrededor de los botones de su camisa.
Su aliento ahora chocaba contra su rostro, embobándola cada vez más. El olor a él la embriagaba, dejándola en total hipnosis. Un suspiró salió de sus labios, al sentir los del chino sobre su cuello. Sus manos buscaron apoyarse en el pecho de él, al sentir su peso sobre ella. Con sus ojos aun cerrados, echó su cabeza hacia atrás dándole mayor acceso a su cuello.
-Sakura…- su nombre había salido en un gruñido ronco por los labios del chico, los cuales se divertían con su mejilla.
No pudo articular alguna palabra, simplemente respondió con un sonido parecido a un ronroneo proveniente de su garganta. Si él seguía haciendo lo que sea que estuviese haciendo con ella en ese momento moriría infartada, o tal vez se rendiría a sus pies y haría cualquier cosa que él le pidiera.
Sus labios ahora mordían su lóbulo derecho, sentir el cálido aliento de el hacerle cosquillas. Luego, un par de palabras se dejaron escuchar cerca de su oído…
-I wanna play… some… Naked peek-a-boo…-
Cuando, como y donde quieras, Shaoran.
Fueron las palabras que cruzaron en ese momento por su mente. No dudó ni dos segundos en buscar los labios del ambarino. Al principio este parecía confundido, incluso había dejado de corresponder al beso, pero un par de segundos después pudo sentir la lengua de él pidiendo paso. Entre abrió sus labios gustosa, paseando sus manos por el torso desnudo del chico. Oh, como adoraba que al chino le gustase hacer ejercicio.
Podía sentir como todo iba cada vez más rápido. Esto era tan… excitante. No tenía cabeza para pensar nada coherente en ese preciso momento. Solo tenía mente para todo lo que tuviese que ver con Shaoran Li, con más nada. Sintió como uno de los botones de su camisa era desabrochado, y en cierta forma lo agradecía, empezaba a acalorarse de más. A ese botón lo siguieron unos tres más, así hasta que no hubo más.
Sentía ahora su piel contra la del castaño, quien hacia una especie de ademán para que le permitiera retirar la camisa por completo. Arqueó su espalda levemente, dándole vía libre al chino para deshacerse de la prenda. Los labios del castaño bajaron por su barbilla hasta su cuello, y de allí siguieron su camino hasta su nuevo objetivo, el braseare de Sakura.
Temblaba bajo cada uno de los besos del chino, sintiendo como la temperatura de su cuerpo subía mas y mas. Su respiración empezaba a descompasarse, entre más abajo llegase Shaoran, mas rápido palpitaba su corazón, mas rápido iba su respiración y más crecía su necesidad de tenerlo cerca, más cerca de lo que ya estaba.
Las manos del ambarino trepaban por su espalda, buscando la llave para el pecho de la chica. Una risa acompañaba a la sonrisa que se formó en su rostro cuando escuchó el gruñido del castaño, al no saber cómo desabrochar la prenda.
-Demonios…- había salido de sus labios, junto a un nuevo gruñido- ¿Cómo puedes quitártelo con tanta facilidad?- preguntaba luchando contra el tedioso cierre.
-¿Quieres que te a…?- la pregunta quedó en el aire cuando pudo ver la sonrisa triunfal de Shaoran, y sentir como su braseare se aflojaba cada vez más.
-Ya no…- decía halando la prenda lentamente.
Podía sentir sus mejillas arder, comenzando a debatirse si era correcto lo que estaba haciendo o… ¡Al diablo! Ahora solo tenía que luchar contra la pena de ver al chino admirándola. Mordió sus labios levemente mientras que llevaba una de sus manos a su rostro.
-Shaoran yo…-
-Eres hermosa…- murmuraba al momento que una sonrisa ladina cruzaba sus labios.
Sus ojos se iluminaron, siendo opacada la pena con una nueva felicidad extraña que se amontonaba en su pecho. ¿Shaoran pensaba que ella… era hermosa?
-¿Lo… Lo dices enserio?- preguntaba aun si poder creerlo del todo.
-Es lo que he dicho más enserio en toda mi vida- decía depositando un leve beso sobre los labios de la chica.
Una sincera sonrisa se formó por si sola en los labios de la chica, como le encantaría escuchar eso de los labios del castaños cada vez que lo viese. Eres hermosa… Podría repetirlo mentalmente hasta que eso fuese lo único que supiera decir. Hermosa… ¡Shaoran pensaba que ella hermosa! Si moría en ese justo momento, moriría feliz sabiendo que era hermosa a los ojos de Li Shaoran.
El hilo de sus pensamientos se perdió en el momento que sintió el beso del chico en el valle entre sus pechos. Bien sabia que seguía ahora, lentamente, como una tortura los besos subían cada vez más, acercándose a la cumbre. Escuchaba los suspiros inconscientes que salían de su boca con una frecuencia cada vez mayor.
Un gemido reprimido murió en su boca cuando un suave beso fue depositado sobre uno de los botones que adornaba uno de sus pechos. Inevitablemente en nombre de Shaoran salió de sus labios tan pronto como el segundo beso llegó a su piel.
Hubiese habido un tercer beso, un segundo "Shaoran" y un primer jadeo sino hubiese sido por el sonido que ahora ambos castaños consideraban traído desde el mismísimo infierno…
Bip, bip, bip, bip…
Las miradas de los castaños se cruzaron en ese momento, y la misma pregunta cruzó la mente de ambos…
¡¿QUE HACIAN SEMIDESNUDOS Y EN ESA POSICION?!
Como si el otro quemara, se alejaron lo más posible. Shaoran enseguida salió de la habitación, alegando en una frase poco entendible que iba por su camisa la cual había dejado en el baño. Sakura se reincorporó lentamente, sintiendo que su corazón quería salirse de su pecho y que sus mejillas hervían.
Shaoran… Despertaba lo mismo… que ella en él…
O.o.O.o.O
La miraba sentado desde las escaleras de la entrada del Templo. Se veía muy bien con ese kimono, barriendo las hojas del patio. Su mejilla estaba apoyada sobre su palma derecha. Su codo estaba apoyado sobre su pierna derecha, que a su vez estaba apoyada en uno de los escalones, mientras que la otra pierna estaba estirada sobre las escaleras.
-¿Entonces no me vas a dejar ayudarte en nada?- volvía a preguntar.
-No… Eres mi invitado, ¿Cómo crees que te voy a dejar hacer las tareas que me corresponden?-
-¿Dándome la escoba y dejándome barrer?- bromeaba levantando una ceja divertido.
-No lo creo- declaraba ella, riendo por lo bajo por su comentario- Ya casi acabo, ¿Espera un rato más, si?-
Solo pudo escuchar un gruñido por lo bajo de su parte. Sonrió mientras recordaba cómo había llegado el día de ayer…
---Flashback---
Estaba sentada en la orilla del muelle que daba al lago que había justo detrás del Templo. Admiraba el reflejo de la luna en las pacificas aguas oscuras. En su mente iban y venían los recuerdos sobre cierto pelinegro, mientras que un rubor se apoderaba a de sus mejillas. Si bien ella no solía sonrojarse, él lograba en ella lo que nadie podía…
-Toya…- su nombre había salido accidentalmente de sus labios al tiempo que posaba una de sus manos sobre su mejilla.
-¿Dime?- una voz detrás de ella la hizo dar un respingo.
¿Desde cuándo ella no sentía a las personas? ¿Tan despistada estaba últimamente?
Desde niña, había tenido la habilidad de saber donde estaban las personas. Podía saber cuando alguien estaba detrás de ella, o escondida entre los matorrales espiando. También podía sentir su aura, saber si las intensiones de los que se le acercaban eran buenas o malas. Pero parecía que aquel moreno era totalmente inmune a su sexto sentido.
-Pero… ¿Qué haces aquí?- preguntaba volteándose para ver al hombre, quien ahora se encontraba sentado junto a ella, en la orilla del muelle.
-¿Tu me llamaste, no es así?- respondía con un tono de humor poco característico en él.
-Me parece muy difícil que aparezcas de la nada, cada vez que te llame-argumentaba- Es mucha casualidad- luego calló un par de segundo para reflexionar:-Aunque las casualidades no existen…-
-Solo lo inevitable- completaba la frase Kinomoto.
-Así es…- afirmaba pensativa, para luego sonreír- ¿Entonces qué haces aquí?-
Toya se encogió de hombros, mirando hacia el centro del lago. Luego de un par de segundos una sonrisa cruzó su rostro para luego responder:
-Tú me llamaste-
---Fin del Flashback---
Escucharon unos pasos a lo lejos. Ambos voltearon, para ver el rostro sonriente y unos ojos miel tras un par de anteojos. Con su característica jovialidad se acercó a la pareja, haciendo una leve reverencia a modo de saludo.
-Buenas tardes- decía mientras se acercaba a Toya- Aquí esta lo que me pediste, también me encargué de hacer las reservaciones, 8 de la noche, el restaurant que me pediste, solo tienes que pedir el taxi- confirmaba extendiéndole un papel doblado por la mitad y escrito por dentro.
-Gracias Yuki, te debo una- aseguraba mientras le daba un leve golpe en el brazo a su amigo.
-No es ninguna molestia- afirmaba mirando a la mujer.
-¿Piensan salir esta noche?- preguntaba la pelirroja a su par de invitados.
-¿Yo?- Yukito se señalaba a sí mismo para luego negar con la cabeza- Eso es un tema que le corresponde a Toya- informaba al tiempo que sonreía para luego ir alejándose- ¡Nos vemos después!- se despedía el de cabello grisáceo.
-¿Y bien…? ¿Saldrás?- interrogaba apoyando sus manos sobre el final de la escoba, y su mejilla sobre sus manos.
-Saldremos- corregía el moreno, para ponerse de pie.
-¿Nosotros? ¿Salir? ¿Hoy?- preguntaba mientras parpadeaba varias veces.
-Aja-
Trató de recobrar su compostura de siempre, pero es que aquel chico la traía en otra onda. Se irguió para luego caminar lentamente hacia donde estaba él. Dejó su escoba descansando recostada en el barandal de las escaleras. Con la misma velocidad se puso frente al hombre, quien había decidido sentarse de manera correcta.
-¿Tú me estás invitando a cenar contigo? ¿Cómo en una cita?- interrogaba inclinándose frente a él.
-Corrección, es una cita- respondía con su tono arisco característico, desviando la mirada, algo incomodado por la cercanía.
-Gracias- decía sonriéndole levemente, para luego acercarse aun mas y plantar un beso en su mejilla- Voy a cambiarme- anunciaba alejándose- si me buscas, sabes dónde encontrarme- aseguraba volteando a verlo sin dejar de caminar guiñarle un ojo y seguir su camino.
Cuando la vio lo suficientemente lejos, Toya Kinomoto suspiró.
Esa mujer lo traía en otro mundo.
O.o.O.o.O
Se colocó el otro pendiente mientras buscaba con la vista el reloj que había dejado sobre el escritorio. Faltaban aún le quedaba quince minutos antes de tener que irse. Y se le estaba haciendo tarde, para variar.
El día de hoy no había sido el mejor de todos. Habían tenido que inventarse la primera excusa para haber faltado a la primera hora de clases. Por razones obvias, la verdad era algo que quedaría entre Shaoran y ella. Sus mejillas se sonrojaron hasta más no poder ante el recuerdo de lo sucedido en la mañana.
Luego de rendirles cuenta a los pelinegros, tuvo que hacerlo con Ryuu. Se sentía muy mal por estar haciéndole esto, no se lo merecía, o al menos eso pensaba ella. Pudo ver en el rostro del rubio, en el momento que le dijo el supuesto porque de su ausencia, una sonrisa arrogante en sus labios.
"Supongo que fue cosa de Li… No me extrañaría" Habían sido las palabras de su novio.
A veces se preguntaba porque Ryuu no le reclamaba nada. Ni siquiera le había reclamado el por qué nunca lo había besado, siempre decía que sería cuando ella estuviese lista. Había llegado a la conclusión de que esa noche dejaría de oponerse a los acercamientos de él.
Además de las excusas, toda la mañana estuvo divagando en su mente. ¿Qué le pasaba a ella con Shaoran? ¿Sentía algo por él? ¿Qué le estaba sucediendo? Recordaba a la perfección los sentimientos que la habían atrapado cuando lo sucedido con el castaño. Le había encantado, no lo negaba. Las preguntas del principio, cuando había solucionado no hacerles caso, volvían a aparecer.
Ninguno de los dos quería hablar sobre aquel más que un beso, menos que sexo de la mañana…
Su cara ardió ante el nombre que le había dado a… aquello. Omitiendo el nombre, ninguno estaba en condiciones de querer discutirlo. Era un tema que quedaría entre ellos dos y la cama, como se había dicho anteriormente…
¿Te estás dando cuenta que cada vez lo relacionas mas con sexo? ¿Acaso quieres acostarte con Shaoran?
Ella a decir verdad si… ¡No! Quería decir que si se daba cuenta de que lo relacionaba con sexo, pero no quería hacerlo a apropósito. No quería obligarlo a acostarse con ella, ¿o si quería? ¡Un momento! ¡¿Cuándo había llegado a la conclusión de que quería acostarse con Shaoran?! Es decir... Es su amigo y… ella…. Bueno ella…
Inconscientemente lo deseas, en ambos sentidos de la frase, pero sigue ignorando el sentimiento y todo estará bien.
Le haría caso su conciencia y seguiría ignorándolo. Por su salud mental.
Pasado a otro tema como por ejemplo donde estaba Shaoran. Desde que le había anunciado al castaño que iba a cambiarse, él se había empotrado frente al televisor, con su par de audífonos del MP3 y el volumen al máximo. ¿Cómo podía escuchar música y ver televisión al mismo tiempo? Lo había visto de ceño fruncido, con la mandíbula apretada con fuerza, tratando de arrancar el apoyabrazos, quería decir, cerrando su mano con fuerza sobre el apoyabrazos. Suspiró divertida, jurando que podría ver lo celos hirviéndole la sangre al chico. Aunque le pareciera absurdo ya que ellos no eran nada, como mucho una especie de amigos con derecho…
Auch.
Por alguna razón, aquella frase "Ellos no eran nada" le había dolido. Y no entendía por qué…
Cierto aire de tristeza la rodeaba. Hubiese esperado otra actitud por parte de sus amigos en su primera cita. Le hubiese gustado que Tomoyo le ayudase con su vestido. Que Shaoran y Eriol estuvieran viendo con fastidio y diversión junto con una sonrisa ladina en los labios, como su prima la mostraba como su modelo, sin decidirse por cual traje se le veía mejor.
Sintió algo cálido correr por su mejilla cuando bajó su mirada. Le gustaba como se veía, pero necesitaba y quería el apoyo de sus amigos. Acarició tenuemente su vestido rosa de seda. Agradecía tener de los vestidos que Tomoyo siempre le regalaba. Suspiró por enésima vez, al momento que dos manos se posaban sobre su cintura.
-Oye Sakura…- la frase había quedado en el aire cuando el chico había visto la lágrima que corría por su mejilla- ¿Qué ocurre? ¿Estás bien? ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo?- se precipitaba mientras que abrazaba a la nipona, haciéndola recostar la cabeza sobre su pecho.
-Solo… ¿Abrázame, si?- pedía, cerrando sus ojos, ciñendo sus brazos alrededor del torso del chino.
Con una de sus manos el castaño acariciaba la corta cabellera de la chica. Apoyó su mejilla sobre la cabeza de ella. Después de un rato de permanecer abrazados, entreabrió sus labios lo suficiente para susurrar:
-¿Ya estas mejor?- solo recibió un asentimiento de cabeza como respuesta- ¿Puedo saber por qué llorabas?- pudo escuchar un suspiro de su parte- ¿Eso es un sí o un no?- preguntaba con cierto aire leve de humor.
-Solo quisiera un poco de apoyo…- decía en un murmuro casi inaudible, como si quisiera que el chico no la escuchara.
-¿Apoyo?- cuestionaba en el mismo tono.
Despegó su mejilla cuando la sintió moviendo su cabeza bajo de él. Un par de esmeraldas empañadas se clavaban en sus ojos, en una silenciosa súplica. Una lágrima escurridiza se escapó de sus orbes. El castaño se inclinó lo suficiente para poder besar aquello que había brotado de sus ojos.
-No llores por favor…- pedía juntando sus frentes.
-¿Pero qué puedo hacer?- indagaba con la voz quebrada- Ya de por si es duro que mis amigos no apoyen mi relación con mi novio… Hoy todos parecían querer evadir el tema de mi primera cita, para mi es algo importante ¿Aun que sea podrían hacer como si les importara?- pedía mientras más lagrimas bajaban por sus mejillas.
-Sakura…- susurraba acunando la cabeza de la castaña en su pecho- No es tan simple…-
-¿Por qué…? ¿Por qué les cuesta tanto decir "Buena suerte Sakura, esperamos que la pases muy bien en tu cita con Ryuu" o tal vez "Que bien te ves Sakura, seguro tu novio quedará impactado cuando te vea"? ¡Siquiera podrían fingir un poco!- gritaba enterrando su rostro en el pecho del castaño.
Los hombros de ella se movían de arriba ha bajado, dando evidencia de que ahora sollozaba. El chino mordía su labio inferior, odiándose por no poder complacer a su amiga. La estrechó contra él aun mas, siendo el único consuelo que podía darle. Era eso o decirle la verdad… Y no era el mejor momento para declaraciones.
-No llores más… Arruinarás el vestido- aseguraba acariciando el cabello castaño nuevamente.
Un sonido ronco salió de la garganta de la japonesa, mientras escondía aun más su rostro. Respiró hondo, para luego salir de su "escondite". Recostó su mejilla a su camiseta subiendo la cabeza lo suficiente para poder mirarlo a los ojos. Se quedaron así un rato, mirándose a los ojos sin decir nada. La mirada del castaño era dulce, tratando de consolarla de alguna manera.
Sin previo aviso bajó lentamente hasta llegar a sus labios, depositando un suave beso en ellos.
-Gracias- había murmurado la castaña cuando él se despegó de sus labios- Y perdón…- pedía aun con los ojos cerrados.
-¿Perdón por qué?- preguntaba un tanto extrañado el chino.
-Solo… perdón- decía, negando lentamente con la cabeza para abrir los ojos.
-Sakura…- susurraba acariciando su mejilla.
-Tengo que ir a maquillarme…- recordaba con cierto tono de fastidio. Era algo que debía hacer mas no quería. ¿Razones? Seguían siendo desconocidas para nuestra despistada castaña.
-Al natural me gustas más…- aseguraba besando una de sus mejillas.
Ella solo pudo sonreír un tanto avergonzada, sin saber exactamente que decir y levemente sonrojada. Colocó una de sus manos sobre el pecho del chico para apartarlo con la mayor delicadeza posible. Lentamente los brazos dejaron de hacer fuerza sobre su torso. Ya cuando había roto todo contacto físico entre ellos sintió frio.
Estaba volviéndose adicta al calor de Shaoran, para variar.
…
Abotonaba su camisa blanca desde su lugar, mientras veía a su compañera secarse el cabello con una toalla. Sabía el significado de la mirada acusadora y fastidiada que reflejaban los ojos aguamarina. Rodó los ojos dispuesto a acercarse a la pelinegra. Hacia no más de cinco minutos ambos habían salido de la ducha. Al parecer, después de divertirse un rato ella aun seguía molesta.
Dirigió sus pasos hacia la cama donde estaba sentada, viendo como ella se volteaba con la barbilla en alto de manera orgullosa.
-Vamos Ai… No puedes seguir molesta- decía sentándose junto a ella en la cama.
-Claro que puedo… No me parece que prefieras a esa niña sobre mí, te apuesto que aun debe ser-
-Lo sé- le cortaba el rubio- por eso es que me interesa. Sería la corona de mis trofeos ¿No crees? La inocente capitana del equipo de porristas en mis manos- anunciaba a su futuro premio con una mirada maliciosa.
-Esa no debe ser mejor que yo… ¡Es una infanta! Te apuesto que se sonroja si le hablas de sexo- mascullaba entre dientes, tirando la toalla sobre la cama para ponerse de pie en busca de sus jeans.
Volvió a rodar los ojos, fijando la vista su camisa para seguir con la labor de abotonarla. A veces no soportaba el carácter de Aiko. La oía refunfuñar cualquier cantidad de maldiciones mientras se colocaba el jean con cierta furia contenida. La miró un tanto divertido, ella era todo un espectáculo cuando se molestaba. Claro, que solía ignorarlo, como lo hacía ahora, que dejaba de mascullar para explotar en un:
-¡No entiendo que le ves!- exclamaba dándose vuelta hacia donde estaba él.
-No le veo nada, solo es una diversión…- aseguraba cruzándose de brazos.
-Desde que salió el tema sobre la capitancita esa- ignoraba su comentario agarrando el peine para empezarse a cepillar el cabello- a ti se te dio por comprobar si era cierto o no que seguía siendo virgen…-
-Es una tontería Ai… Llevarla a la cama, quitarle la virginidad y dejarla a su suerte, ¡No es la gran cosa!- afirmaba, para que ella volviera a hacerle caso omiso.
-Y te interesa aun mas porque el tipo este, Li, está enamorado de ella desde que se conocieron…- refutaba dejando el peine a un lado para colocarse la camisa.
-Eso lo hace interesante, es un dos por uno, le quito la chica a Li y la virginidad a la chica ¿Qué más puedo pedir?- decía colocándose los zapatos mientras que ella hacía lo mismo con su par de sandalias.
- Ahora con lo de la competencia es peor…- recordaba viéndose en el espejo que estaba sobre la peinadora de su cuarto.
-La competencia siempre ha sido sana Aiko, no tiene nada de malo, ¡Si Li no ha conseguido nada con ella en los últimos años! ¿Que va a conseguir ahora?- preguntaba, siendo ignorado como cada vez que hablaba- Solo es para hacerlo más entretenido, un juego-
-¡¿Dónde quedo yo en todo este estúpido juego?! ¡Dime Ryuu!- gritaba volteándose de golpe, clavando sus ojos en el.
-Donde siempre… Sabes cómo son las cosas Ai- decía poniéndose de pie- Son solo simples trofeos… Tu eres mía- aseguraba colocándose detrás de ella para empezar a darle masajes en sus hombros- No importa lo que pase…. Tú siempre serás la mejor de todas, Sakura es solo un trofeo mas- susurraba a su oído.
-Eso espero- suspiraba cruzándose de brazos, formando un puchero.
Se volteo lentamente hacia el chico, maquinando algún plan para hacerlo faltar a la dichosa cita y demostrarle de una vez que ella valía mas que cualquier tonta capitana de porristas. Sus manos por el cuello de su camisa de manera lenta, mientras un ronroneo salía de su garganta. Sus labios capturaron los del él en cuanto subió su mirada. Mordía levemente el labio inferior del chico, al tiempo que sus manos jugaban con su aun húmedo cabello dorado.
Con lentitud su lengua delineó los labios del rubio, tentándolo a entreabrirlos para darle paso. Seguía con la misma táctica, hasta que consiguió lo que buscaba introduciendo su lengua en la cavidad húmeda. La misma desesperante lentitud se apoderaba de sus movimientos en el momento que jugaba con la lengua de Ryuu.
Cuando el aire les hizo falta a ambos, se separó de él y en vez de volver a sus labios, bajó su cabeza hasta su cuello. Allí los besos eran fogosos, mordía, lamia, rozaba, besaba. Sus manos bajaron hasta el final de la camisa, la cual al no estar dentro le daba vía libre para poder meterlas bajo ella y acariciar su pecho.
Sus labios volvieron subiendo lentamente hacia sus labios, dejando cortos besos. Tentándolo a que la buscara, y seguir su juego en un lugar más interesante… Como la cama que estaba detrás de ellos. Lentamente fue empujándolo de vuelta hacia su lecho. Cuando pudo hacerlo recostar, escuchó sus quejas:
-No hagas esto… No resistiré otra vez… Aiko ya déjalo…- pedía entre besos
-No vayas a la tonta cita esa, quédate conmigo y disfrutemos el rato- decía lamiendo sus labios.
-Ai…- regañaba el chico- se me va a hacer tarde… No podemos volverlo a hacer… No ahora- decía apartándola hacia un lado de la cama, para sentarse en la orilla.
-Cuando quedes decepcionado después de que te acuestes con la infanta esa, ¡No vengas a consolarte conmigo!- declaraba poniéndose de pie.
-Oye, no te pongas…- calló bruscamente cuando escuchó el azote de la puerta- Genial…- suspiró poniéndose de pie.
Se miró en el espejo. Camisa blanca, pantalón y zapatos negros de vestir, solo le hacía falta la chaqueta del mismo color para completar su atuendo. Había ido a casa de Aiko para arreglarse, inconscientemente o tal vez muy conscientemente que terminarían haciendo otra cosa antes de que terminara de arreglarse.
Acomodaba su camisa dentro del pantalón, al tiempo que buscaba con la mirada el frasco de colonia. El departamento de la chica era casi su segunda casa, por muchas razones. Por eso no era raro el verlo buscar cosas que no serian propias de Aiko, en este caso su colonia. Terminada de acomodar la camisa, sus ojos encontraron el frasco marrón oscuro que buscaba. Aplicada la colonia, dejó el frasco sobre la peinadora para acomodar ahora el cuello de su camisa.
Se dio media vuelta, su chaqueta estaba sobre una silla cerca del balcón de su habitación. Dirigió sus pasos hasta allá, estando frente a ella la tomó entre sus manos colocándosela encima. Miró su reloj de pulsera, ya era hora de que pasara buscando a su supuesta novia.
Recordó con una sonrisa irónica que ella estaba quedándose en casa de Li, por sabrá Kami-sama qué razón. Si el chino fuese más astuto seguro ya le hubiese quitado lo que tanto aspiraba conseguir de ella. Rio entre dientes, sabiendo que el castaño tenía mucha más moral que él para hacerle eso a la chica.
Chasqueó la lengua, en señal que le importaba mucho o poco la moral que tuviese él o Li.
Con lentitud sus pasos llegaron hasta la puerta de la habitación. Cuando giró la manilla, fue recibido por una nube espesa de humo grisáceo. Apartó un poco de este con la mano, para luego ver la figura de la chica sentada sobre el sofá. Se posó frente a ella, para verla rodar los ojos y darle una nueva calada a su cigarro. Se cruzó de brazos esperando alguna palabra al momento que una bocanada de humo chocó intencionalmente contra él.
-No hagas eso- exigía frunciendo levemente el ceño-si huelo a cigarro, ella no se me va a querer acercar-
-Eso es para que te des cuenta de lo niña y tonta que es- aseguraba llevándose el cigarro nuevamente a la boca.
-Lo será… Pero llevarla a la cama será mi recompensa- afirmaba arreglándose el cuello de la camisa.
-¿Crees conseguirlo hoy?- preguntaba espirando nuevamente, esta vez hacia un lado para no impregnar al rubio con el olor.
-Si todo sale como lo planeo, no esperes verme ni hoy, ni mañana- decía sonriendo arrogantemente.
-¿Tu crees que ella dará tanto trote? Por favor… Una noche y será mucho, eso si es que lo consigues- se mofaba, dándole una última calada para luego apagarlo en el cenicero, donde habían dos colillas más.
-Caerá… Ya lo veras- declaraba mientras se daba media vuelta para salir del departamento.
-Si yo fuese tú, no estaría tan seguro- exclamaba desde su sitio, viéndolo dirigirse hacia la puerta.
-No me esperes… No volveré hasta el domingo, voy a estar algo ocupado- fue lo último que escucho decir a Ryuu antes de cerrar la puerta.
Se había ido…
Se había ido y con esa infanta…
Se había ido y la había dejado por esa infanta…
Escondió su rostro entre sus manos, repitiéndose mentalmente que esto no le afectaba. Hizo sus manos puños mientras sentía una tibia lágrima correr por su mejilla. Esa niña no le quitaría a Ryuu, no lo haría, no lo haría, no lo haría. Ryuu era suyo y de nadie más. Se había jurado que no se dejaría vencer, pero ya no soportaba más. Cuando volviera a casa, le demostraría de nuevo lo mucho que ella y que ninguna niña tonta podía suplantarla.
Lo haría…
O.o.O.o.O
Miraba a su prima divertida mientras que una montaña de ropa se forma detrás esta. En realidad era muy entretenido verla haciendo maletas, tirando a sus espaldas toda la ropa que encontrase. De cada diez piezas de ropa, solo dos irían como equipaje, y todas terminaban fuera de su sitio.
-¡No tengo ropa!- gritaba frustrada para ir hacia el baúl frente a su cama.
La vio caminar con desesperación hasta el mueble de madera, que estaba a los pies del lecho donde ella estaba sentada. Más ropa salió volando por la habitación mientras que ella ahogaba una pequeña risa. Los ojos rubíes se posaron sobre ella, diciéndole con la mirada que no le parecía gracioso. Rodó los ojos divertida, para ponerse de pie.
-¿Cómo que no tienes ropa? ¿No ves todo el desastre que tienes montado aquí?- preguntaba agarrando un par de piezas que sabían eran del agrado de su prima, para empezar a doblarlas.
-Pero… ¡Que desesperación! El vuelo sale en un par de horas y aun no hago las maletas- declaraba al tiempo que un par de cataratas salían de sus ojos, esto no podía estarle pasando a ella.
-¿Ya hablaste con él?- preguntaba la castaña, metiendo los piezas más dentro de la maleta.
-¿Con quién? ¿Con mi novio? Si, ya le dije que me iría un par de días a Japón y-
-No, no, no… Con él no primita, con Xiao- recalcaba rodando levemente los ojos.
-Ah no… Aun no sabe qué voy a verlo- aseguraba haciendo un movimiento con su mano para restarle importancia- No creo que le moleste que le vaya a visitar por un par de días-
-Sería bueno que le avisaras- recomendaba caminando nuevamente hacia el desastre de ropa regada por el cuarto, para recoger un par de pantalones.
-Bah- bufaba ella, restándole importancia nuevamente e ir al baño por un par de artículos personales.
-¿Ya sabes cuándo regresas?- preguntaba desde su cuarto la oji-verde.
-No lo sé… Ya veré cuando esté allá… Llamaré mañana en la mañana cuando este instalada en el hotel, el domingo me aparezco en su casa- declaraba volviendo con lo que necesitaría de su baño.
Después de eso ninguna de las dos habló más, simplemente se dedicaban a terminar de arreglar el equipaje. La pelinegra se encargaba de meter nuevamente en su sitio ropa que no se llevaría de viaje. Mientras tanto, su prima colocaba dentro de la maleta lo que consideraba adecuado para que se llevara.
Los minutos pasaban y pronto ambas hubieron terminado cada una su labor. La castaña colocó la maleta junto a la puerta, al tiempo que la de ojos rubíes se tiraba a sus anchas sobre la cama. Un suspiro de cansancio salió de los labios de ambas al mismo tiempo. Se miraron por un par de segundo antes de caer en un ataque de risa.
-Ya era tiempo de que alguna de nosotras visitara a nuestro querido lobito- aseguraba la oji-verde, sentándose junto a su prima en la cama.
-Allá solo en Japón…- suspiraba la pelinegra, para luego recapacitar- Bueno… Ni tan solo, aunque sea tiene a su flor de cerezo, como suele llamarle él entre sueños- aseguraba riendo por lo bajo.
-¿Lo has escuchado hablando entre sueños?- indagaba ella, inclinándose sobre su acompañante.
-No hace otra cosa que repetir "mi flor de cerezo…" cuando se queda dormido bajo el cerezo del patio las veces que viene para pasar navidades y vacaciones con nosotras- recordaba con una sonrisa ladina la chica.
-Como ha crecido mi hermanito- suspiraba la castaña, colocando una mano sobre su mejilla.
-Si… Y espero que ya se haya decidido por decirle lo que siente a esa chica…- murmuraba rodando los ojos, imaginándose que tendría que darle un empujoncito para que se declarara.
Un par de toques en la puerta de la habitación hicieron voltear a ambas chicas hacia la puerta. Un "adelante" por parte de la de cabello azabache hizo aparecer la cabeza del servicial mayordomo tras la puerta. Una sonrisa afable se formaba en sus labios, para anunciar que todo estaba listo para la partida de la señorita y solo hacía falta que ella bajase.
Ambas asintieron una vez con la cabeza y luego de eso la puerta se cerró. Las primas se miraron por un par de segundos, antes de fundirse en un abrazo. Un par de segundos más para que una lágrima escurridiza se escapara de los orbes rubíes.
-Vamos… No llores- pedía su prima limpiando la mejilla de la pelinegra.
-Estoy bien- aseguraba, deshaciendo el contacto para ponerse de pie e ir por su maleta- ¿Bajamos?-
O.o.O.o.O
Ya estaba empezando a perder la paciencia, cosa que no era típica en él. Ella parecía aun relajada, sabía que el orgullo no dejaría hacerla ceder para decir que se había equivocado de restaurant. Porque… Si la cita era a las ocho de la noche, y si ya habían pasado veinte minutos de la hora significaba que se habían confundido de lugar. ¿Verdad?
-Sigo diciendo que nos equivocamos de restaurant- afirmaba el inglés, viendo como su novia negaba con la cabeza.
-No Eriol… Este es el restaurant- decía muy segura de sí misma, bebiendo del agua que había ordenado para entretenerse mientras tanto.
-¡Ya han pasado veinte minutos! Debieron perder la reservación o nos equivocamos de sitio- reponía cruzándose de brazos.
Escuchó a su novia bufar, al tiempo que se acomodaba mejor en la silla. Hacia más de media hora habían estado en el dichoso restaurant donde se suponía su mejor amiga y su novio tendrían una cita. La amatista a su lado lo había técnicamente arrastrado hasta allá, para poner a prueba su creatividad… En otras palabras, lo había traído para que la ayudase a arruinar la cita.
Ya se estaba volviendo exasperante. No era que no quisiera ayudarla, es más, en cierta forma quería comprobar hasta dónde podía llegar su diablillo interior. Pero no harían nada esperando a que ese par llegara, si ni siquiera estaba en el restaurant correcto. Quería hacer algo para divertirse… Y ya tenía algo en mente.
-Apostemos- propuso de la nada, haciendo que la amatista lo mirase con una ceja alzada.
-¿Disculpa?- preguntaba poniendo mayor atención en él.
-Apostemos… Lo que tú quieras…-decía tan seguro de sí mismo, de la misma manera en que ella hablaba.
-¿Lo que yo quiera?- repetía mientras una sonrisa maligna se iba formando en sus labios.
-Si… Yo digo que este no es el restaurant correcto y que no van a llegar-
-Muy bien, yo digo que este es el lugar correcto y que van a llegar, solo que un tanto atrasados- aseguraba con sus ojos brillando en picardía- Si yo gano quiero…- su frase murió en su boca al tiempo que buscaba un bolígrafo.
La vio agarrar una de las servilletas de papel que habían dispuesto sobre su mesa. La tinta azul plasmaba la caligrafía impecable de la joven Daidouji sobre la superficie blanca. Luego de un par de segundos de escritura, la chica volteó el papel para extendérselo sobre la mesa. Lo miró dudoso un par de veces, la sonrisa en el rostro de su novia no le daba buena espina.
Con desconfianza agarró la servilleta, para luego leer su contenido. Sus ojos se abrieron levemente mientras que empezaba a reír por lo bajo. Y el jurando que su chica era un alma de devoción…
-To-Tomoyo… ¿Quier-
-Tu dijiste que podíamos apostar lo que fuese- le cortaba mirándolo con malicia- ¿Qué te parece eso? El que pierda…- y luego rió.
Su orgullo masculino no dejaría que dijera que no a una apuesta. Menos con una mujer, aunque fuese su novia. Ahora pediría a Kami-sama tener razón… Por primera vez sudaba frio, mirando intranquilo la puerta. No podían llegar. La carne se le ponía de gallina al pensar que tendría que hacer si llegaba a…
Sus ojos se abrieron levemente, al poder distinguir una cabellera rubia y otra castaña… Eso quería decir que…
-Aff…- suspiró tranquilo el inglés, al comprobar que esa era otra pareja y no la que estaban esperando- Nos equivocamos de lugar- declaraba con aires de victoria, suspirando y desparramándose en la silla.
-Si nos equivocamos de lugar, entonces Sakura y Kazanagi tienen clones- declaraba ella señalando victoriosa con la cabeza el lugar donde entraba una pareja conformada por un rubio y una castaña.
-Pero-enseguida se enderezó en su silla, inclinándose hacia adelante para poder ver mejor-¡¿Cómo?! Se supone que ellos no debieron haber llegado porque este no era el restaurante y…-
Un escalofrío recorrió su espalda cuando escuchó la risa de Tomoyo.
-Pero Tommy… Lo de la apuesta no era enserio… ¿Además de donde saco yo el dinero para pagarte ahora?- preguntaba poniendo ojos de cachorro, tratando de convencer a su novia.
Estaba perdido…
-Una apuesta es una apuesta, ya veremos cuando y donde me pagas- murmuraba para luego soltar otro risa- Eso te pasa por desconfiar de mi- aseguraba cruzándose de brazos para ver como la pareja era dirigida a una de las mesas.
Tragó pesado, pensando en lo que haría… Oh, Que Kami-sama lo amparara y su novia no lo hiciese hacer eso. Se metería a monje si no era obligado a cumplir con la apuesta. Está bien, a monje no, pero prometía no jugar más con las hormonas de Shaoran y hacerlo enfadar y sonrojar… Por un tiempo. Si seguía así cometería una estupidez aun mayor, mejor era cambiar el tema.
-¿Ese no es uno de tus vestidos?- preguntaba señalando a la castaña, quien traía un traje rosa que creía haber visto en los cuadernos de bocetos de Tomoyo.
- ¡Oh, sí lo es!- decía llevando ambas manos a sus mejillas- Sakurita se ve tan bien- exclamaba al verla sentar, formando un par de estrellas en sus ojos.
-Si… Lástima que tendremos que arruinar su cita, espero que si se entera no nos odie por eso- suspiraba Eriol, apoyando su codo sobre la mesa y su cara sobre su palma.
-Solo piensa que es para ayudarla a darse cuenta de a quien quiere en verdad- murmuraba para empezar a maquinar algún plan, no muy macabro pero lo suficientemente malo para aguarles el momento.
Ambos quedaron en silencio, tratando de acallar el sentimiento de culpabilidad con la maldad del diablillo interior que tenían, quien quería hacer travesuras. Tomoyo abrió su menú, tapando su cara disimuladamente con este cuando vio a la castaña dar una vuelta al lugar con la vista. Eriol, quien estaba de espaldas, alzó una ceja extrañado a lo que la amatista simplemente respondió con una sonrisa.
La mirada zafiro reflejaba la misma pregunta que la de su novia… ¿Algún plan?
-No…- suspiraron los dos al mismo tiempo resignados al mismo tiempo.
-Se me va a secar el cerebro si sigo pensando- aseguraba Eriol en tono de broma.
-No puede estar pasándonos esto justo ahora y según Sakura y Shaoran somos un par de mentes perversas- decía levantando su mirada al techo, en señal de suplica por alguna ayuda divina.
-Shaoran…- murmuraba el inglés, para que luego una sonrisa siniestra cruzara su rostro- Creo que podría funcionar… otra vez…-
-¿Qué tramas?- preguntaba curiosa la heredera Daidouji, inclinándose levemente hacia adelante.
-Espera y veras… Es un truco que mi queridísimo amigo Shaoran, me enseñó- informaba guiñándole un ojo, para luego llamar a la camarera.
Tomoyo veía a Eriol muy seguro de sí mismo. Con todo el carisma que poseía llamó a la camarera, quien la ignoró por completo. Luego, le decía algo al oído y le daba un par de yenes. Después de que hubiese señalado al rubio, la chica asintió y se dirigió directo a la cocina.
-¿Eriol…? Estoy esperando querido- decía la chica algo fastidiada de ver a su novio coquetear con otra.
-Observa y veras…- ordenaba, al igual que hicieron con él, a la amatista.
En ese momento, la chica salía de la cocina con un plato de sopa de tomate sobre la bandeja que traía. Iba caminando en dirección hacia la mesa de la pareja, en el momento en que…
-¡Maldición, no otra vez!- gritaba Kazanagi poniéndose de pie, tratando de limpiar la salsa de encima suyo.
Volteó con una sonrisa de victoria quien había quedado en silencio con los ojos levemente abiertos, antes de explotar en una carcajada.
-¡Oh Por Dios!- gritaba la chica, entre risas, sin poder contenerse.
Todo el mundo, incluyendo la pareja de novios de unas mesas más allá, volteó hacia donde ellos estaban. Ambos escondieron sus rostros tras sus menús, fingiendo seriedad hasta que las miradas se desvanecieron. Sus hombros cayeron mientras que un suspiro salía de los labios de los dos al mismo tiempo.
-Lo siento… Pero eso fue tan…- decía riendo entre dientes, tratando de controlarse un poco.
-A la próxima querida, no te rías tan fuerte- pedía sonriendo ladinamente- Casi nos descubren-
-Ya lo sé… Pero ahora es mi turno- declaraba con los ojos brillando de manera maliciosa.
O.o.O.o.O
Miraba hipnotizada las débiles ondas que se formaban en el riachuelo bajo el puente. Recordaba con una sonrisa ladina todos los sucesos de aquella cita… ¿Acaso las desgracias perseguían a su novio? Empezando por que se habían quedado sin gasolina a mitad del camino del restaurant. Ryuu tuvo que empujar el auto por unas cuantas cuadras antes de encontrar una estación de servicio.
Después de haber llegado al restaurante con unos veinte minutos de retraso, y de haberse sentado, antes de que pudieran pedir su orden un plato de sopa de tomate le había caído encima. Luego, cuando pidieron algo de comer, la orden de Ryuu siempre era equivocada. Cuando por fin trajeron la sopa que había pedido… ¿Alguien alguna vez escucho sobre el chiste de la mosca en la sopa?
A la hora del postre, el de su novio parecía hecho en vez de con azúcar, con sal. Después de salir del restaurant, Ryuu se tropezó accidentalmente con algo, cayendo de cara sobre un charco de agua. Decidieron dar una vuelta por el parque del Rey Pingüino, y de la nada salió un perro callejero que empezó a perseguir a su novio. Luego de dar vueltas alrededor del tobogán gigante con forma de pingüino, algo alejó al perro, parecían unos silbidos.
Para colmo, un policía lo había detenido por andar corriendo alrededor del Rey Pingüino, alegando que era muy parecido a un vándalo que se paseaba por esas horas en el parque. El rubio había aclarado las cosas con el oficial y no parecía molesto en lo absoluto, o eso le parecía a ella. Le había propuesto ir a mirar la luna desde el puente antes del parque, donde se encontraba ahora mirando el reflejo del astro celeste sobre el agua del rio.
Volteó a su lado donde estaba Ryuu mirándola. Se removió algo incomoda en su lugar, bajando la mirada de los ojos azules.
-¿Qué… Ocurre Ryuu?- preguntaba devolviendo la mirada al rio.
-Solo veía lo hermosa que eres a la luz de la luna- susurraba entrelazando la mano que descansaba sobre el barandal del puente con la de él.
-Yo… Eh… Gracias- decía mirándolo de reojo.
Podía ver su sonrisa característica forjada en sus labios. A pesar de todo lo que había pasado, aun le parecía que se veía bien. Sonrió tímidamente. Sus ojos se abrieron levemente cuando sintió la otra mano de Ryuu acariciar su mejilla, para pasar un mechón de cabello tras su oreja. Y por primera vez no se sonrojó. Para su impresión, ninguna reacción había causado en ella la caricia más que la impresión.
¿Por qué Shaoran si tiene efecto?
Sus mejillas se sonrojaron ante el recuerdo del castaño. Sus caricias si la dejaban fuera de sitio, a diferencia de las de su novio. ¿Qué estaba pasando allí? Sus esmeraldas se cruzaron con los orbes aguamarina de su novio, que ahora tenían un brillo diferente. De repente todo pasó en cámara lenta, venía a su novio acercarse, mientras tenia la vista fija en sus labios. Sabía lo que quería.
Cuando sus labios estuvieron a punto de tocarse, escuchó la risa de un niño para luego sentir como su novio perdía el equilibrio y caía hacia al rio, llevándosela con él. Ahora ella estaba sobre él, ambos empapados, con sus rostros a centímetros de distancia.
La sonrisa de Ryuu no se desvanecía, y pudo verlo rodar los ojos divertido. "Lo que me faltaba" lo oyó murmurar. La mano de él se posó sobre su nuca, atrayéndola con delicadeza hacia su rostro. Cerró los ojos, resignándose a la voluntad de Ryuu. Sus labios chocaron con los del rubio, quien los movía lentamente, invitándola a corresponder. Ella por inercia empezó a mover sus labios, sintiéndolos raros. Estaba tan acostumbrada a besar a Shaoran…
Los movimientos seguían siendo pasivos, tratando de relajarla, que se sintiera a gusto. Poco a poco fue acostumbrándose, pero no terminaba de gustarle. Sus labios se separaron para poder tomar aire, mientras que él pegaba la frente a ambos. Entreabrió los ojos para ver como Ryuu sonreía y murmuraba:
-Sabía que estarías lista…-
En ese momento se sintió más culpable… Tan culpable que tenía que callarlo antes de que le dijera algo que la partiera por dentro por serle infiel. Sus labios buscaron los de él en forma de silenciador, no quería escuchar que le dijera que la quería, que estaba feliz, o cualquier cosa por el estilo. Solo no quería escuchar. El rubio parecía estar más cómodo que antes, ya que ahora su otra mano acariciaba su cintura.
Algo dentro de ella, una especie de alarma, empezó a sonar cuando las caricias de Ryuu bajaron hasta la altura de su muslo. Sabía que si lo dejaba avanzar ahora, ya después no habría marcha atrás para lo que seguía. Ahora la lengua del rubio pedía paso para poder explorar su boca. No se lo había concedido hasta que tuvo que tomar aire, oportunidad que aprovechó él para entrar.
Podio sentir las reacciones involuntarias de su cuerpo. Pero eran diferentes a las que tenía cuando Shaoran estaba cerca. Estas las sentía tan carnales, tan instintivas, tan vacías, tan llenas de nada, no había sentimientos, no había nada llenando su pecho, no había delirio. Ahora la mano de él iba por debajo del vestido y en ese momento reaccionó.
-Ryuu… No, aquí no- decía tratando de separarse de él con delicadeza.
-Tienes razón- afirmaba el rubio, besando su cuello- ¿Te parece si continuamos en mi departamento?-
-No… Ryuu, basta- pedía tratando de ponerse de pie.
-Sakura… No, no te vayas está bien, me precipité prometo no volver a hacerlo- decía viendo a la chica desde su lugar al tiempo que se trataba de poner de pie, mientras ella salía del agua.
-Yo… Me voy al departamento de Shaoran…- anunciaba incomoda, caminando por encima del puente, viendo a Ryuu correr hacia donde ella estaba, por el agua.
-Déjame aunque sea que te lleve- pedía, tomándola de la mano desde abajo.
-Está bien… Puedo caminar sola- aseguraba soltándose de su agarre y andando más aprisa.
-¡Aun que sea dime que no estás molesta!- gritaba aun dentro del rio.
-No lo estoy- afirmaba, sin saber que estaba diciendo, para empezar a correr.
La miró con el ceño fruncido, mientras hacia sus manos puños y golpeaba el puente. "Infanta" murmuraba el rubio, recordando las palabras de Aiko. Su orgullo no lo dejaría aparecerse en la puerta del departamento, rogando que le quitara las ganas de encima. Tonta niña… No sabía lo que provocaba en él. Ahora solo le quedaba de una para descargarse y eso no incluía a la aguamarina.
Para ser una infanta tonta e inocente, como solía llamarla Ai, sabía besar muy bien. Seguramente Li le estaba enseñando muy bien. Frunció su ceño, golpeando nuevamente el puente, ¿Cómo era que él podía conseguir tanto? Un gruñido, tratando de ser sarcástico, salió de sus labios. Eso era amor mutuo, no podía competir con esa cursilería.
Esto se estaba volviendo personal.
Pateó con fuerza una piedra dentro del riachuelo. Tendría que aguantarse las burlas de Aiko el domingo cuando apareciera en su casa, diciendo que no había conseguido nada. No podía mentirle, por el simple hecho de que ella lo sabría de inmediato. Así que de todos modos su orgullo seria pisoteado por la pelinegra.
Puta mala suerte.
…
Corría en dirección al departamento. Sentía algunas lagrimas inconscientes bajar por sus mejillas. ¿Qué pasaba con ella? Estaba confundida, no sabía qué hacer o a donde ir. Bueno, a donde ir sabia. El pensamiento de ella en los brazos del ambarino la reconfortaba, haciéndola correr a mayor velocidad. Por Kami-sama quería llegar ya para poder abrazarlo y sentirse protegida.
Si no los hubiese detenido cuando sintió a Ryuu tocarla de más, no quería ni pensar que hubiese pasado. Un escalofrío recorrió su espalda ante la idea de entregarse de esa manera a él. No podía, simplemente no podía hacerlo. ¿Qué irónico no? No quieres romper con tu novio, por algún motivo masoquista o por el estilo, pero tampoco quieres serle infiel con tu mejor amigo, a quien tampoco quieres dejar. En realidad era bastante frustrante su situación.
Seguía corriendo, veía el edificio cada vez más cerca. En ese momento sintió uno de sus tacones partirse. Genial. Antes de caer al suelo muy torpemente como seria típico en ella, decidió frenar. Tomó el zapato entre sus manos, examinándolo. Miró el otro. ¿Qué más daba? Cogió él que aun seguía en su pie, para partirle el tacón. No tenia chiste tener uno sin tener el otro, entonces tenía que emparejarlos, ¿Cierto?
Colocó su calzado en sus pies, para darse cuenta que lloraba en el momento que una lagrima cayó sobre la palma de su mano. ¿Por qué lo hacía? ¿Acaso la frustración y el desespero era tan grande? Negó con fuerza, siguiendo su camino.
Cuando estuvo frente a la puerta, se dijo a si misma que el ascensor era muy lento. Solo tendría que subir cuatro o cinco pisos, no era mucho. Sin detenerse subió por las escaleras, cada vez agotándose más. Su cuerpo pasaba factura de la carrera que había corrido. Cuando estuvo por llegar, sus pies no daban más. Llegó técnicamente a rastras a la puerta del departamento del chino.
Cuando estuvo en frente al portal de madera, cayó al suelo. De una manera muy patética para su gusto, escondió su rostro entre sus rodillas. Ya no podía mas, no podía. Quería olvidarse de todo y hacer lo que quisiera. No lo más correcto como es debido. Quería simplemente poder estar con quien quisiera. Romper con Ryuu no lo veía como una alternativa, el rubio no le había hecho nada.
Pero tú si lo estás traicionando.
Tapó sus oídos con sus manos. No quería escuchar. Era tan exasperante, no poder romper con Ryuu. Algo dentro de ella no la dejaba y no quería. Tampoco podía dejar a Shaoran, era su adicción, su droga. Sin él se sentiría tan vacía, tan fría, tan sola.
¿Entonces a él lo estás usando también? ¿Para calmar tus deseos?
¡NO! Ella no quería usar a Shaoran. No quería usar a ninguno de los dos chicos. ¡¿Por qué la ponían en situaciones tan difíciles! ¿Qué había hecho ella en su vida o en la pasada para recibir este castigo? ¿Hay matado, robado, violado? ¿Qué había hecho Kami-sama?
Ella está tan lejos.
La música proveniente del interior del departamento detuvo la trifulca de pensamientos. El sonido era leve, no lo escuchaba muy bien. Tal vez Shaoran estaba tocando. Sus ojos brillaron levemente, tal vez por las lágrimas o por el hecho de que el castaño estuviese cantando.
Y confiando que al momento llegaran hasta su alma
A sus oídos no llegaban las estrofas completas. Solo algunos pedazos. Al igual que pasaba con las notas. Se puso de pie tambaleante, sus piernas no se habían recuperado aun de aquel majestuoso trote. Temblando su mano entró en su bolso, de allí sacó la copia de las llaves que el chino había dispuesto para ella.
Que a mí me toca reinventar lo que nos pasa
Dio la vuelta a la cerradura. La música que salía de la guitarra del chico se escuchaba mejor. Tratando de hacer el menor ruido posible se adentró en el departamento. Tanto los acordes como la vocal eran gloriosos. Era increíble la forma en que idolatraba la voz de Shaoran.
Dejando mis palabras encerradas entre sombras
Y confiando en que amanezca en su eterna madrugada.
Después de dar varias vueltas al departamento en busca del lo encontró por fin.
Y es que el tiempo pasa
Y siempre falta aquel minuto que paso
Si está acompañada no me importa cargar con esta ilusión
Estaba sentado en una silla cerca del balcón, mirando fijamente la luna. Sus orbes castaños se perdían en el cielo, mientras que sus manos tocaban las cuerdas correctas. Cerró los ojos, disfrutando como siempre de su pequeño concierto. Sonrió recostándose a una pared, ya nada le molestaba.
Hoy me hago viento, hoy me hago aire
Solo te invito a respirarme porque…
Su traje mojado con el agua del rio, las lagrimas corriendo por sus mejillas, el torbellino de emociones en su interior… Nada. Había desaparecido desde que la interpretación del chino empezó a acariciar sus oídos. Cuando se dio cuenta, no recordaba donde habían quedado su par de zapatos. Estaba descalza sobre la madera y no sabía si sus tacones rotos estaban en la entrada con los demás calzados.
Hoy quiero dormir dentro de esos suspiros tuyos
Y despertar colgado a todos tus murmullos
Quiero vaciarme en tu silencio y que me sueltes en un grito
¡De esos que anuncian la llegada a la felicidad!
Haciéndole caso a la letra de la canción, algo en su pecho decía a gritos que ella sentía aquello por él. No quería reparar en verdad a que estaba pensando, ni nada por el estilo. Solo quería dejarse llevar como siempre. Dejar que las cosas fluyeran de la manera más espontanea posible. Que no fuese ella quien decidiera para poder simplemente sentir.
Hoy quiero esconderme en las esquinas de tu tiempo
Y reencontrarte en cada unos de tus sueños
Quiero guardarme en tu mirada
Y derramarme en una lágrima
De esas que bajan de tus ojos por amor
Paso a paso fue acercándose hasta donde estaba el chino. Quería besarlo. Si, descaradamente decía que quería besarlo. Quería estar entre sus brazos, sentir su calor, darle el suyo propio, llenar aquel espacio que él proclamaba para ella. Aquella al que un día le había dicho que estaba enamorada, y desde ese entonces la duda y los celos la habían carcomido.
Quiero contar mis latidos en tu corazón
¿Quién fue la que robó el corazón de su lobo sin permiso?
Porque si, esa noche él era su lobo.
Ella es lo que quiero
Y no me importa compartirla con la distancia
¿No la podía querer a ella, a Sakura Kinomoto? Aunque fuese solo por esa noche. No le importaba que tendría que darle, si tenía que usarse como pañuelo y bálsamo lo haría. Pero quería llenar aquel vacio en el pecho del chino que declaraba con cada canción que tocaba. Quería ser la persona a la quien le dedicase todas sus canciones. Ser la que le robase los suspiros y el sueño.
Hoy voy regando mi respuesta en su pregunta
Y si el amor las vuelve locas
Que su locura entre en mi alma
Ya no sabía ni lo que decía. No estaba consciente. Cuando pudo darse cuenta, ya estaba detrás del castaño. Sin poder contenerlo más, se inclinó sobre él abrazándolo por la espalda. Las notas dejaron de sonar. Escondió su rostro en su hombro. Se sentía tan bien hacer eso. Dejó un leve beso, soltando un "hola" quebrado, por el caudal de emociones que cruzaban por su pecho.
Enseguida el chino se volteó, encontrándose con las esmeraldas cristalinas. Sus ámbares se abrieron, temiendo lo peor. Sin pensarlo dos veces, se puso de pie, abrazando a la chica. Sus brazos buscaron darle todo el calor y la seguridad posible. La apretaba con fuerza, pero delicadamente, temiendo partirla.
Ella se acurrucaba entre sus brazos, sintiéndose cada vez mejor. Él acariciaba su cabello, pero tenía demasiadas suposiciones de que había pasado. Su paranoia se debía a estar demasiado tiempo solo, ya era malo para su salud. Había pensando en todas las posibles atrocidades que Kazanagi habría sido capaz de hacerle a su frágil flor.
-Oh Dios Mío Sakura… Dime que estas bien por favor, dime que ese infeliz de Kazanagi no te hizo nada, dime que todo está bien y que no te pasó nada- pedía apretándola un poco.
-Shaoran…- fue el suspiro roto que salió de sus labios.
El ambarino enseguida llevó su mano hasta la mejilla de la castaña, haciéndola mirarlo a los ojos. Él trataba de descifrar lo que aquel mar verde trataba de decirle. Pero la marea era demasiado tormentosa como para poder distinguir cualquier cosa. Sus labios buscaron la frente de la chica, dejando un beso sobre esta.
-¿Qué te hizo?- preguntaba con duda, era pregunta de la cual no estaba seguro si quería saber la respuesta.
-Nada muy grave… Solo… me tocó- confesaba con la voz entrecortada, desviando la mirada.
-¡¿QUÉ ESE DESGRACIADO HIZO QUÉ?!- bramaba al tiempo que fuego ambarino brillaba en sus orbes.
-Shaoran cálmate- suplicaba abrazándolo con mayor fuerza.
-¡Ya verá! ¡Le partiré la cara y se arrepentirá del día en que nació!- aseguraba él, empezando a dar pasos hacia la puerta, con Sakura aun encima.
-¡NO!- gritaba ella, escondiéndose en su pecho, haciendo parar de inmediato al castaño.
Después hubo silencio. Ella quedó abrazada a él, y él quedó con la vista fija en la flor. Un par de segundos luego unos leves sollozos invadieron la paz momentánea. Shaoran se maldijo interiormente, por ser tan impulsivo. "No vayas", era lo que había suplicado la chica entre el llanto.
-Sakura…- murmuraba acariciando el cabello de la chica- Cuanto lo siento, yo no quería ponerte así- confesaba arrepentido.
La abrazó con fuerza, apretándola contra su pecho. La llevó hasta el sofá para que estuviese más a gusto. La intensidad de su llanto era cada vez menor, hasta que llegó al punto de calmarse. Cuando por fin lo hubo hecho, alzó sus esmeraldas rojizas hasta los ámbares, quienes la miraban con culpa y remordimiento.
-Lo siento tanto, de verdad- decía abrazándola, sintiéndose culpable de hacerla explotar de esa manera.
-Estoy bien- aseguraba, levantándose un poco para poder llegar a sus labios.
Los movimientos de ambos eran lentos y calmos, no había apuro. Era un simple y dulce beso, no había pretensiones de nada más. Solo querían calmar al otro, hacerlo saber que estaban allí y que se querían, como amigos según creían ellos que sentía el otro, pero lo hacían. El abrazo fue aflojándose, hasta que las manos de él terminaron en la cintura de la chica y las manos de la nipona terminaron en la nuca de su compañero.
Con lentitud, el beso se fue profundizando. Sus lenguas bailaban el más lento, dulce y armonioso de los valses. Cada uno daba en el otro pequeñas caricias, de la misma forma en que lo hacían sus lenguas. Ambos se sentían volando en una nube, parecía un sueño. Una leve brisa entró por la ventana, recordándoles que tenían que respirar.
Juntaron sus frentes, viéndose a los ojos. Una pequeña sonrisa se formó en el labio de cada cual. Sus orbes brillaban de manera especial. Era un momento mágico. Se volvieron a abrazar, ella recostando su cabeza en el pecho de él como tanto le encantaba, y él recostando su mejilla sobre la cabeza de ella.
Silencio de nuevo. No era incomodo, más bien era confortable y acogedor. Un pensamiento invadió la paz de la castaña, haciéndola encogerse entre los brazos del chino. No había pensado en ello hasta ese momento. No quería comentarlo, ya que la tranquilidad en que estaban sumisos era maravillosa.
Luego de un rato, se dio cuenta de que él también estaba pensando en ello. ¿Cómo lo supo? Simplemente lo sabía. Ninguno de los dos quería decirlo, pero ella sentía que tenía que hacerlo. Y entonces aquella frase salió de sus labios entre cortada y rota:
-Mañana tendré que volver a mi casa-
Continuará…
Notas de Autora: PERDON, PERDON, PERDON, PERDON, PERDON, PERDON, PERDON, PERDON!
Si ya no hay nadie leyendo este fic, los comprendería enserio que lo haría… Está bien, no quisiera que dejaran de leer el fic, pero 3 meses ya es un abuso. Culpen a mi muñeca abierta, no podía escribir así.
¿Y qué puedo decirles?
Espero que les guste el capi, lo del principio esta vez no es un sueño como ocurre siempre. A Ryuu lo deben odiar más que nunca. Supongo que algunas deben sentir pena, compasión o lastima por Aiko. Alguna ya debió averiguar quién es la chica de Toya. También deben saber quien viene de visita. Y el final pues…. ¡Viva el SxS! (En tu corazón, ¿adivinen de quien? Si… creo que ya me conocen lo suficiente para decir Roque Valero)
Le tengo una propuesta, es un regalo, de parte y parte.
La cosa es así: Yo les voy a dar un regalo… Mis pequeñas y pequeños perverts les voy a regalar un lemon… Pero para que yo lo haga, ustedes también tienen que dar. ¿Qué me van a dar? Reviews ^^
Si llegamos a 150 reviews, tienen su lemon, pero es un sueño. 200, es real. 225, ;] Mis pequeñas mentes pervertidas quedaran muy complacidas. ¿250? No se imaginan lo que puedo maquinar por llegar a los 250 reviews. No se preocupen, no tienen que llenar mi bandeja con reviews este capi. Tienen este y uno dos o tres más para hacerlo. Solo uno por persona, ¿Vale escribir Oye Mila-chan está quedando muy bien/mal" "Apesta" o "Me encanta"? Si… pueden, pero entre más largos mejor ^^
Si no lo hacen… Créanme que será MUY triste…
¡Por cierto! Gaby-Sweetland-chan dice que matará a todo aquella persona que no deje review (¿?)
Ya los dejos de marear con mis notas…
Ya saben (; Reviews!
Nos vemos en la próxima actua!
(Me voy de viaje y no vuelvo hasta Agosto, así que ya saben, a mitad de Agosto o antes (; )
Mila-chan! xP
