Shinkû no Mura

1) Lluvia

Entre el grisáceo y lluvioso día, y que el cristal de la ventana estaba todo empañado por su respiración, demasiado caliente como para no condensarse contra aquel helado material, Sakura apenas veía la villa de Konoha desde su cuarto.

Claro que tampoco le importaba mucho. Se sabía aquella vista de memoria, tras dieciséis años viviendo en la misma casa, durmiendo en la misma habitación y mirando por la misma ventana día tras día.

Pero en realidad le daba muchísima pena que la posible última imagen que tuviera de la villa desde su ventana, fuera la de un día tan malo.

Se oyó un toctoc desde la otra cara de la puerta de madera, pegada al marco, y sin esperar respuesta, el niño-zorro entreabrió la puerta y se asomó un poco

-Sakurita, Kakashi ya nos espera en la puerta de la villa. Y con Tsunade-dijo él.

Ella le miró y cogió la mochila que tenía a los pies. Naruto salió del cuarto de su compañera sin cerrar. Sakura le siguió y fueron bajando las escaleras hasta el piso de abajo.

La chica echó un último vistazo al mueble del recibidor y se aseguró de que la notita que había dejado sobre él para su madre seguía allí, explicándole que tenía una "misión". Aunque las comillas no estaban escritas en el post-it de color amarillo chillón. Después atravesaron la puerta y Sakura la cerró con una llave que después colocó en un hueco secreto de la pared, tras uno de los ladrillos.

No esperaba volver a necesitar esa pieza metálica en, probablemente, mucho tiempo, y allí no corría el riesgo de perderla.

Cogió el abrigo que le tendía su amigo, y una vez que se lo hubo puesto, colgó la mochila de su hombro y ambos salieron a la lluvia.

Había gente en las calles contrariamente a lo que se esperaría de un día de lluvia, pero nadie dio importancia a dos personas con mochilas a la espalda dirigiéndose a la puerta de la villa. Total, los ninjas salen llueva, nieve o haga sol, ¿no?

Llegaron a la puerta, donde los esperaban Tsunade, que se cubría con un paraguas, y Kakashi, que no hacía nada por refugiarse de la lluvia.

-¿Sabéis cuál es la condición para que os deje ir, verdad?-le preguntó con aire preocupado a su alumna predilecta.

Sakura notó el ánimo de la Hokage y trató de tranquilizarla de la mejor forma que sabía: recitando información como un lorito.

-Tenemos que mandarte informes de nuestra situación y posición todos los meses. Sí, lo sabemos.

Un poco más tranquila, Tsunade sonrió ligeramente

Un rato después las puertas volvían a cerrarse bajo las gotas de lluvia y en frente de la apenada Hokage.

Suspiró y se dio la vuelta para atender las obligaciones propias de alguien de su rango.

No le hacía gracia que su alumna se fuese, aunque Naruto y Kakashi la acompañasen. Sabía de sobra que Naruto tenía la opción de no ir con la joven, pero el niño-zorro ni siquiera había sopesado aquella posibilidad.

También era plenamente consciente de que incluso ante el rubio y ella misma, su propia maestra, o incluso todos los que la querían se opusiesen a la idea, Sakura se habría ido ella sola a por Sasuke.


No pararon por nada.

Aunque Kakashi y Naruto sentían la necesidad de descansar unos cinco minutitos, a Sakura no la detendría nada, y ellos se veían obligados a seguirla o la perderían .También tenían que asegurarse de no bajar el ritmo y aguantar el cansancio que pesaba sobre sus articulaciones por el mismo motivo.

Las gotas de lluvia, cayendo del cielo, les golpeaban con ligera violencia, claro que tampoco se detuvieron o aminoraron la marcha por eso.

Varias veces, sus acompañantes (sobretodo Naruto) le pedían tregua a Sakura y como respuesta, ella apretaba aún más el paso. Ninguno de los dos entendía, y, mucho menos, aprobaba, la prisa de la kunoichi, pero no tenían más remedio que seguirla en silencio.

Dejó de llover ya bien entrada la noche, así que por todas partes olía deliciosamente a tierra mojada y algunos pájaros trasnochadores piaban a las brillantes estrellas que acompañaban a la redonda luna en el cielo.

El bosque se terminó y dio paso a montañas verdes y de suaves acercándose a la Villa de la Hierba, y solo Dios sabía porque Sakura se había encaminado en aquella dirección. Cuando se atrevieron a preguntarla, ella se mantuvo fría y silenciosa.

A lo lejos distinguieron las últimas lucecillas de algún pequeño pueblo, y solo entonces, la chica dio por finalizada la jornada, parándose en una zona con un terreno más o menos llano y nivelado y dejando su mochila en la hierba sin una palabra. Los otros dos la imitaron, cuchicheando sobre asuntos triviales entre sí. Cada uno cogió su propia manta de la mochila, se la echó encima, apoyó la cabeza en la mochila propia e intentó dormir.

Cuando los ojos de Sakura aún se mantenían ligeramente abiertos a ella le pareció vislumbrar los vestigios de una niebla plateada apareciendo con pálida gelidez.

Después se durmió.

Notas finales: He editado ya este capítulo, así que supongo que ahora se leerá bien (hoy estamos a 18 del 2). Es tan corto y ridículo que aún me asombro cuando veo la longitud de los capítulos siguientes y de los que están por venir. Ay, Dios, a veces desearía que los capítulos se escribieran ellos solitos, por que mira que me entra pereza cuando veo el teclado. ¡Tanta que por no escribir, no escribo ni en mi blog! Que ya dejaré en mi perfil, algún día, la dirección. En fin, nada más, supongo. ¡Adiós!