3-Azul

En cuanto Naruto, Sakura y Kakashi salieron de aquél extraño hospital, guiados siempre por Oihe, se encontraron ante una exuberante selva llena de vida luz y colores, con el aire lleno de olores frutales y flores de formas y colores que nunca antes habían visto y de tamaños extremos. Ningún rincón parecía haber sido tocado por manos humanos, pues todo daba la sensación de ser completamente salvaje, ¿pero entonces, dónde quedaba el hospital?

En aquel edificio, había gente constantemente y la idiosincrasia humana habría alterado aquella naturaleza desconocida.

Mientras los tres intrusos no podían más que observarlo todo con los ojos y las bocas abiertas, Oihe pasaba por el bosque con total tranquilidad, como si en vez de caminar por una especie de Edén, fuese ten ricamente por la calle.

Al percatarse de que no le seguían, se dirigió al grupo y con poca paciencia dijo:

-¡Eh! ¡Venid aquí! ¡Llevamos prisa y la persona que quiere veros no es muy paciente! Además aún tenemos que coger el ferri, y llegar a la Torre.

-¿Qué ferri?

-¿Qué torre?

-¿Quién quiere vernos?-la pregunta de Kakashi incluía un tono algo amenazador. No por nada era un veterano jonnin y ex-ANBU. Se mantenía constantemente en estado de vigilancia y sospecha.

Oihe, se percató de ello y le escudriñó con sus ojos aún más verdes que la selva en que se encontraban.

El Ninja Copión no se inmutó y le sostuvo la mirada con frialdad, pero sus dos alumnos sintieron unos ligeros escalofríos en su espalda. De repente los ojos de Oihe parecían más… ¿inhumanos, quizá?

No parecía muy probable en alguien que, como Oihe, tenía un aspecto tan humano e imperfecto, pero ahora sí que desprendía esa sensación, aunque él no había cambiado en absoluto. Tampoco miraba a Kakashi de forma especial. No parecía que jugase a intimidarle o que le estudiara, simplemente se dedicaba a mirarle.

Al final, volvió a girarse y dijo:

-Venga, que hay prisa.

No volvieron a hablar en todo el camino. Al menos no con Oihe o con Kakashi, por que Naruto no dejaba de lanzar comentarios sobre las plantas o los animales que veía.

-¡Mira que planta! ¡Hala, que bicho! ¡Ostras, mira Sakura!

Pero la chica no le hacía prácticamente ningún caso.

Estaba ensimismada en su mundo. No podía ignorar una serie de interrogantes que la habían calado hondo.

¿Quién era la mujer de pelo blanco? ¿Los comatosos soñaban? ¿Dónde estaban? ¿Ante quién les llevaba Oihe?

Inmersa como estaba, y a su bola, no vió a la enorme serpiente negra hasta que Naruto gritó:

-¡Sakura, cuidado con la bicha!

Entonces ella despertó y vió al reptil, prácticamente al lado de ella.

Tenía el cuerpo enroscado en el árbol que estaba a la izquierda de Sakura, y no parecía que fuera a atacar ni nada. De hecho ni siquiera la miraba.

A la par que la serpiente siseaba sacando una lengua viperina, la kunoichi se apartó con repugnancia de dónde estaba.

Para su propio criterio, ella ya había cubierto el cupo de "serpientes" de toda una vida. Y encima, el color de sus escamas no la ayudaba a calmarse.

Oihe avanzaba con paso firme guiando a los ninjas de Konoha a través de la selva.

Él se la conocía al dedillo. De niño había jugado en ella y al iniciar sus estudios profundizados en botánica medicinal tuvo que saber reconocer hasta la más mínima brizna de hierba.

Cuando giró al lado de un matorral con unas pequeñas florecillas naranjas sonrió. Le gustaban bastante aquellas flores, así que en un arranque de buen humor le dijo a sus acompañantes, sin dejar de andar:

-Yo vivo muy cerca de este punto. Hacia la izquierda, pero nosotros vamos a la derecha. Allí hay un muelle donde tendremos que coger un barco para ir a Shinkû.

Oyó la voz del rubio con cara de tonto diciendo:

-¿Qué es Shinkû?

Después la voz del otro hombre respondía:

-Vosotros no lo sabéis, pero cuando yo era niño, las viejas contaban un cuento sobre una aldea llamada Shinkû en la que vivían los hijos de los dioses de la Vida, la Muerte, el Cielo y la Tierra.

Oihe ensanchó su sonrisa sin que lo vieran los demás.

Cuento, pensó. Se había preparado para que le llamasen "cuento de viejas", pero aunque encajó el golpe bastante bien, eso no impidió que le doliese mucho.

"Ya veremos si siguen diciendo que es un cuento cuando lleven aquí un rato"

Llegó un momento en que la vegetación se hizo menos densa y con más espacios vacíos, y esto iba aumentando hasta que llegaron el linde de la selva en una playa de arena blanca y fina donde rompían las olas de un mar turquesa.

Naruto se frotó los ojos y deseó que fuese verano en vez de estar en otoño (bueno, por lo menos cuando se fueron de Konoha eran finales de Septiembre) y tener un bañador para nadar en aquellas aguas transparentes y limpias.

Al frente no había un vasto e inmenso horizonte, como sería lo propio en una isla tropical, sino la ciudad que ya había visto desde su ventana en el hospital, pero en versión ampliada. Ahora podía ver las casas recortadas contra una cordillera de montañas rojas. Los edificios eran altos como en Amegakure, coloridos como en Konoha y redondeados como en Suna. Había otros elementos pero no los reconocía. Aún así, la ciudad al otro lado del mar parecía una amalgama de todas las demás villas.

Mientras los ex comatosos admiraban el paisaje tropical, Oihe giró hacia un lado y fue caminando siguiendo la línea de la playa hasta un muelle cercano a allí. La construcción era de madera oscura y raspada, con cuerdas pálidas y algo deshilachadas. En el agua, justo al lado y bien amarrado, había un barco lo suficientemente grande como para llevar a varias personas y navegar a buen ritmo por aguas poco profundas como las que había entre la isla y la ciudad.

Oihe subió a la cubierta del barco para asegurarse de que estaba en condiciones. Y por supuesto que lo estaba, después de todo, él lo había utilizado aquella misma mañana para ir a hacerle unos recados a su madre.

Tras finalizar la rápida revisión se giró para ver a los otros, a los que había dejado mirando la playa.

-¡Eh!-les llamó, gritando-¡Venid aquí!

Como perritos obedientes, el equipo de Kakashi hizo lo que Oihe les decía.

Nada más subirse al barco, Naruto recuperó su energía y se puso a parlotear más para sí mismo, que para sus compañeros:

-¡Hala, que guay1 ¡Menudo barco! ¡Yo también quiero uno!-luego mirando a Oihe dijo- Oye, ¿cómo es que tienes esta pasada de barco?

Sin mirarle y mientras hacía algo en el puente de mandos, el chico de ojos verdes respondió:

-Vivo y trabajo en esta isla. Necesitamos el barco para ir a Shinkû.

Kakashi le miró de reojo:

-¿Necesitamos?- le inquirió. Era evidente que seguía alerta.

Oihe no le hizo más caso que al rubio.

-El hospital en el que estábamos antes pertenece a mi familia. Todos trabajamos allí y vivimos en Midorishima- miró hacia la selva para indicarles que aquel era el nombre de la isla. Un nombre o muy apropiado o muy poco imaginativo. (N/A: "Midorishima" significa "Isla verde").

Haciendo honor a su florido currículum, Kakashi no bajo la guardia y con el tono más inocente que pudo fingir preguntó:

-¿Cómo dijiste que te apellidabas?

Esta vez el chico sí le miró, pero no a los ojos. Se limitó a echarle un rápido vistazo al responder, antes de seguir con su tarea.

-Midori.

¿Pero cuánto se tarda en poner a punto un barco?

Al fin zarparon pero Oihe no estaba en la cabina del timonel, sino fuera, apoyado en la barandilla tomando el trémulo sol invernal y dejando que la brisa marina le revolviese el repeinado y castaño pelo.

Sakura no pudo evitar asustarse al ver que iban sin guía:

-¡¿Pero qué haces aquí?! ¿Quién está llevando el barco?

Oihe ni se inmutó:

-He puesto un piloto automático y el viento y el tiempo son normales. Tú solo preocúpate de las gaviotas. Tienen muy mal genio.

Entonces, Sakura oyó la voz de Naruto gritando:

-¡Tiene razón, Sakura! ¡Una acaba de picarme! ¡No veas que mala uva que se traen estos bichos!

Al final llegaron a la ciudad y esta era tal y como el niño zorro había supuesto. Una mezcla de todas las otras villas, pero unida a elementos propios que Naruto no había visto nunca, como adornos en los marcos de las puertas que parecían manos u ojos, e inscripciones en distintos colores en los muros. En la casa más cercana al puerto donde dejaron el barco de Oihe y escrito en un verde oscuro y tan vivo como el de los ojos de Oihe, ponía:

"Es en el agua donde por primera vez apareció la vida, y no hay mayor expresión de vida que una selva resplandeciente."

Naruto no lo entendió muy bien pero le recordó a la isla de la que venían.

Ahora, en la ciudad, veía que esta era pequeña pero muy bonita. En uno de los lados perecía verse la fachada de un enorme edificio blanco y verde, que supuso sería el hospital en que despertó.

-Oye, tío raro-dijo, dirigiéndose a Oihe, que se estaba quitando la bata blanca y dejándola en la cubierta del barco, y señalando la inscripción-, ¿qué significa esto?

Oihe no miró la inscripción, pero respondió con monotonía, como un niño explicando una lección aburrida y de memoria a la profesora.

-Explica por qué los Midori solo nos sentimos cómodos viviendo en la isla.

-Pos yo no entiendo la explicación.

-Peor para ti.-le espetó el otro con total naturalidad.

Entonces sonó un móvil con una melodía que recordaba bastante a algún opening de One Piece. Oihe rebuscó en el bolsillo de sus vaqueros y sacó el aparato de un color verde lima y brillante. En cuanto lo abrió, la musiquilla paró:

-¿Sí…?-contestó con monotonía. De repente se puso blanco y una expresión similar al miedo se quedó grabada a fuego en su cara.

-No, si, ya hemos amarrado y…B-Bueno, vale…Ah, eh, ¿que bien, no?

…Sí, señor… Ajá, ya…ya lo voy pillando, ya…Vale… Sí…

Y colgó, aún con la cara de trauma y la lagrimilla en el borde del ojo.

Cuando se volvió, Naruto, Kakashi y Sakura le miraban como pidiendo una explicación. Al final fue la chica la que dijo lo que todos pensaban:

-O sea, que esa fachada de chico duro que nos estábas restregando, se quedaba en eso ¿no? En fachada.

-Tú no eres más que un pringao.-siguió Naruto.

-Uyuyuyuyyyy…-finalizó Kakashi.

Viendo descubierta su "verdadera identidad", Oihe dijo:

-¡Bueno, vale soy un mandado pero ya veréis como me dais la razón luego!

Oihe les llevó hasta una especie de torreón blanco carente de cualquier tipo de decoración y con las paredes completamente lisas. A Kakashi le pareció un gigantesca Torre de Blancas.

Sólo había un anciano vigilando en la puerta, sentado en un taburete y leyendo un periódico. Así parecía un simple viejo que se había asentado ahí. Pero la afilada hacha que llevaba al cinto indicaba su verdadera posición.

Oihe la saludó como si le conociera de toda la vida:

-Hola, Yamaki. Traigo a los de la Hoja. ¿Ha llegado ya Koza?

El viejo, Yamaki, levantó la vista del periódico y le miró. Entonces Sakura pudo ver que sus ojos eran dorados y de pupilas redondas, como girasoles.

Con voz cascada el anciano dijo:

-Aún no, pero Ai-chan y Shizuka ya han llegado, por cierto, Nen no puede venir. Neo ha pillado un catarro y ella tiene que suplantarle cuidando a los niños del Clan. Pero dice que para esta tarde irá a Midorishima a que la cuentes los detalles.

-Ah, vale, gracias-le respondió el muchacho. Justo después, Yamaki volvió con su interesante artículo sobre el Barça.

Las escaleras también eran blancas. Así como las paredes, barandilla y puertas que daban a algunos despachos.

No eran muy amplias, pero al menos no resultaban claustrofobicas.

Mientras subían Sakura le preguntó a Oihe por el anciano Yamaki.

-Es el más viejo del Clan Akai. No lo parece pero tiene ciento un años, pero se cuida muy bien- le explicó su guía, el cual viendo descubierta su tapadera, había accedido a explicarles todo lo que ellos quisieran-. Nen es una compañera mía de equipo que tendría que venir y es la heredera del Clan.

Sakura recordó los ojos de Yamaki:

-¿Todos los Akai tienen los ojos dorados o solo Yamaki?

-Es el rasgo físico característico de los Akai.

Kakashi había escuchado la conversación y en su fuero interno, pensó:

"¿Qué ha querido decir con rasgo físico? No creo que se limite a una barrera de sangre."

Los ojos de los Hyûga eran así por que influenciaba el dôjutsu familiar. Las marcas rojas de los Inuzuka eran pinturas. Los Akimichi comían mucho, pero no se llevaban bien con el ejercicio, lo que les hacía engordar con facilidad. Los Uchiha no eran los únicos con pelo y ojos negros en todo el mundo.

Pero según el tono de voz de Oihe, los ojos dorados parecían ser lo lógico en los Akai pero no estar relacionado con ninguna habilidad genética.

De pronto se acordó de lo que le había dicho a Naruto en la playa. "Vosotros no lo sabéis, pero cuando yo era niño, las viejas contaban un cuento sobre una aldea llamada Shinkû en la que vivían los hijos de los dioses de la Vida, la Muerte, el Cielo y la Tierra."

Empezaba a dudar de que el cuento fuera un cuento.

Al fin llegaron al la última planta, en la que solo había una única pero gran y muy decorada puerta de madera rojiza, probablemente caoba. Era lo único del edificio que no era blanco y chocaba bastante. Antes de abrir Oihe les miró y dijo:

-Antes de nada, tenéis que saber que la gente de Shinkû no somos como otras personas que hayáis visto, así que preparaos para cualquier cosa.

Naruto sonrió, le encantaban los desafíos. Kakashi entornó su ojo, dispuesto a averiguar que pasaba exactamente en aquella ciudad. Sakura por su parte, tragó saliva, intentando llevarse con ella sus nervios.

Cuando Oihe juzgó que estaban listos, abrió la puerta.

La sala a la que entraron no tenía más decorado en las paredes que cientos de mapas enormes, de prácticamente todas las Villas ninja conocidas, envolviéndolas por completo.

El suelo estaba cubierto de una peluda moqueta blanca, por lo que todos -Oihe en primer lugar- se quitaron las botas antes de entrar.

El mobiliario lo constituían varios y grandes sillones de aspecto mullido y también blancos, colocados en torno a una mesa larga de caoba en la que había varias pilas de rollos y libros gordísimos.

Inclinadas sobre la mesa había tres personas. Todas mujeres.

Oihe avanzó hacia la más adulta, una mujer de treinta y pocos años con los labios rojos por el maquillaje, ojos almendrados y media melenita amarilla, vestida con una especie de mezcla entre vestido y túnica blanca.

El muchacho inclinó la cabeza en señal de respetuoso saludo y dijo:

-Kunie-sama, estos son los ninjas de la Hoja que encontramos. Ya han despertado.

Aquella mujer les miró directamente y les sonrió con confianza.

-Ah, hola, bienvenidos a Shinkû, ¿os gusta la ciudad? ¿Qué tal os ha tratado Oihe-kun? Es majo, ¿eh?

Kakashi tomó la iniciativa y con su inocencia fingida, sonrió tras su máscara y saludó:

-Buenas tardes, señorita. Sí, hemos visto un poco de su precioso hogar al venir. Y sí, Midori-kun es un chaval muy simpático. Yo soy Hatake Kakashi, jônnin de Konoha. Y estos son mis alumnos: Haruno Sakura, del cuerpo médico; y Uzumaki Naruto. Saludad, niños, saludad.

Sakura solo pudo mascullar un "hola" mustio, pero Naruto no llegó ni a eso. Se había quedado embobado mirando algo.

Otra de las personas de la habitación, una niña de unos catorce años, bajita, flacucha, con un largo cabello azul y enormes ojos de chocolate, saltó hasta donde estaban los forasteros y con una voz aguda y musical como la de un pajarillo y dijo:

-¡Holaaaa! ¡Yo me llamo Ai, así que me tenéis que llamar Ai-chan! ¡Yo ya sabía que veníais, porque Oi-kun me llamó al móvil y me lo dijo antes, sabéis! ¡Esta señora es Kuni-chan y es como la alcalda de Shinkû! ¡Yo soy del Clan Aoi, así que soy una Hija del Cielo! ¿Oye, y como es vuestra villa? ¿Hay mar? ¿Y playa? ¡A mí me gusta mucho la playa y jugar a que me pillan las olas! ¡Ah, pero también me gusta mucho ver a los pollitos cuando nacen, e irme a la tienda de la esquina a por chuches, y columpiarme en el parque, y salir con Koza, Nen-chan, Oi-kun, y Shizu-chan, y el karaoke, y…!

Antes de que pudiera seguir mareándoles, Oihe le tapó la boca a Ai por detrás.

-Vale, Ai-chan, te han entendido, no hace falta que sigas. Por cierto, se dice "alcaldesa", no "alcalda" y Kunie-sama es mucho más que eso. ¡Y, por favor, que ya tienes diecisiete años! ¡Compórtate un poco T_T!

Ante el comentario sobre la edad de la niña, Sakura saltó:

-¿Diecisiete? ¿Qué va a tener esa niña diecisiete años? Si parece que no llega a los catorce.

Esta vez, Ai, que se había liberado de la mordaza de Oihe, dijo:

-¡Es que soy un poco tapón!

Un mismo pensamiento pasó por las mentes de Sakura y Oihe: "¡Aunque seas bajita, te comportas como una niña de párvulos, leñe!"

Naruto no había oído nada de lo que habían dicho desde que entraron a la habitación. Solo había una cosa que su cerebro asimilase en aquel momento. La tercera persona.

La misma chica pelirroja de ojos azules de su sueño.

La examinó bien temiendo que su torpe memoria hubiese deformado o exagerado alguno de sus rasgos. Pero era exacta a su recuerdo del sueño.

Cuerpo esbelto y frágil, con aspecto de junco, enfundado en unos vaqueros negros y un jersey marrón con cuello y mangas largas, abullonadas en los hombros. Manos finas ramificándose en dedos de pianista, acabados en uñas bien recortadas. Piel nívea y de aspecto terso. El óvalo de su cara perfectamente definido, con unos rasgos aristocráticos, labios finos y nariz recta. Con una cascada lene y roja como cabello.

Y aquellos ojos azules.

De un tono muy claro e hipnóticos. Parecían miles y miles de cristales y zafiros apilados formando dibujos casi caleidoscópicos.

El chico no podía dejar de mirarla. Existía de verdad. ¡No había sido un sueño! Pero, ¿por qué la había visto antes? ¿Era una simple casualidad o no lo había sido?

En aquel preciso momento, la joven se percató de su mirada, dirigió hacia Naruto los ojos que tan loco le habían vuelto de repente y curvó su boca de membrillo en una suave y tierna sonrisa.

El niño-zorro notó arder sus mejillas rayadas, cuando la chica se le acercó diciendo:

-Hola, me llamo Moizumi Shizuka. Mucho gusto.

Mientras pronunciaba las dos últimas palabras se inclinó para darles más énfasis. Lo único que Naruto pudo hacer fue imitarla respondiendo, completamente rojo:

-¡E-El gusto es mío!

Cosa que no era del todo mentira.

Notas finales: ¡Muajajajajajajajajajajaja! ¡Tiembla ante mi poder, ser mágico que hace que casi nunca tenga ganas de ponerme a escribir!

Y a todos vosotros, gente que pensabais seguir leyendo "Shinkû no Mura" pero que tras leer esto último del ser mágico dais pasitos hacia atrás semi-disimulados mientras pensáis "Esta tía está loca",…

¡Mil gracias TTTTTTTTTTTTTTTT_TTTTTTTTTTTT! No, ahora en serio, ¡Sois la leche! Menos mal que hay gente que no me deja tirada por ser una novatilla de mier*a.

¡Os adoro, peña!

Esto no quita que si queréis leer el capítulo Cuatro, siga exigiendo un mínimo de un review.

¡Venga, tis! ¿Qué os cuesta? ¡Aunque sea de una palabra, que lo acepto todo!

¡Ya no leeremos! ¡Hasta el capi 4!