XI

Era agobiante. Había sido demasiada información para un solo día. Ni siquiera creía que Jasper pudiera saber como me sentía después de que papá por fin se dignase a contarme todo lo que me faltaba por saber. Había demasiadas emociones juntas y apenas estaba empezando a digerirlo todo.

Joham.

Era increíble el peligro que contenía ese nombre. Esas cinco letras que articuladas una tras otra ponían tan nerviosos a Aro, Cayo e incluso a Marco, según había revelado Edward. Félix y Demetri lo estaban buscando por orden de Aro y tenían órdenes explícitas de aniquilarlo. Si los Vulturis solo habían mandado a dos miembros de su guardia, era porque aún se resentían de lo acontecido a los meses de nacer yo. ¿Qué se diría del poder de los Vulturis si toda la guardia salía a cazar a un solo vampiro? ¿Qué se hablaría de los Vulturis si los vampiros supiesen que ése no era el primer aviso que le habían dado a Joham? ¿Qué se diría de los italianos si supiesen que un solo vampiro les estaba desafiando? Papá decía que Demetri lo consideraba más peligroso que nuestra familia, la única que a ciencia cierta era capaz de competir duramente con los Vulturis. Todos los vampiros del mundo se habían enterado de cómo mi familia había sido capaz de plantarles cara y de la treta que habían ideado los Vulturis para borrarnos del mapa. Se rumoreaba desde entonces y según habían explicado los amigos de Carlisle cuando pasaban de visita por casa, que los Vulturis ya no tenían el control absoluto. Que su mandato se estaba haciendo viejo y que su aparente solidez se resquebrajaba, como un edificio antiguo al que le están saliendo las grietas que anuncian su caída. Muchos vampiros, como Vladimir y Stefan, se lamentaban de que el bondadoso y pacífico Carlisle no se atreviera a desafiar a los Vulturis, pues sabían que con los prodigios que había en nuestra familia podríamos conseguir derrocar su mandato. Claro que como a Demetri, al líder de los Vulturis no le parecíamos una amenaza, de momento, pues era sabido de sobra cómo aborrecía Carlisle la violencia, además de que la única pasión del vampiro además de su familia, era salvar vidas.

Joham.

Contenía tantas cosas ése nombre. Tenía tanto que ver con Edward, con Bella y conmigo y a la vez tan poco. Joham no era ni más ni menos que el padre de Nahuel, el otro ser que había en el mundo como yo. Semivampiro y semihumano. El medio vampiro que vivía con su tía Huilen en el amazonas, donde habitaban mi querida Zafrina y sus hermanas. Por si fuera poco, papá me había revelado qué además de Nahuel había otras dos criaturas más como yo. Mujeres, hermanas de Nahuel e hijas de Joham ni más ni menos. Era verdaderamente chocante. Papá me había explicado todo lo que escuchó en la mente que Nahuel pensaba y sabía de su padre. Joham se consideraba un científico y estaba completamente convencido de que tenía una misión que cumplir: crear una nueva raza. Una raza que pasara desapercibida entre los humanos y que a pesar de ello, pudiera competir con los vampiros. Una raza superior. Joham se pasaba el tiempo yendo de aquí para allá, huyendo de los italianos y creando seres como yo a diestro y siniestro.

Ahora entendía el porqué de su imagen tan cuidada pese a ser nómada, ahora entendía qué hacía en los alrededores de una discoteca además de cazar. La ropa, el olor, la voz… Cuánto era capaz de contenerse…

Un vampiro ligón tenía en jaque a la realeza vampírica. Me parecía absurdo que los Vulturis estuvieran atemorizados por ese vampiro con aires de científico casanova.

Pero si antes había sentido fascinación por ése vampiro, ahora sentía repulsión. ¿Cómo había sido él capaz de abandonar a su suerte a la madre de Nahuel? ¿Cómo había permitido que Nahuel matara a su madre? ¿A su luchadora? ¿A su Bella?

'¿Y qué pasa con las madres?' – Le había preguntado yo a Edward cuando estuvo explicándomelo, inocente de mí.

'Renesmee…' – Edward había dudado al contestarme, con la mirada de repente oscurecida de tristeza. – 'Para Joham la mamá de Nahuel era solo un instrumento.'

La verdad me sentó como una patada en el estómago.

'Eso es…' – Había mirado a mamá instintivamente y al ver su hermoso rostro de diosa griega, fuego había corrido por mis venas. Me costó trabajo pronunciar la palabra, pero sonó como el propio sentimiento. – 'Eso es asqueroso.'

Joham era repugnante.

Carlisle volvió a repetirles a los que aún se querían marchar tras Joham que no haríamos nada a no ser que yo estuviera en peligro, cosa de la que Alice se encargaría de avisar en el momento en que Joham abandonara a Nahuel. Suponíamos que estaba con Nahuel porque Alice no podía verle como no podía verme a mí cuando estaba con Jake. También Edward, Rose y Em se habían encontrado con los Vulturis en la frontera de México y hacía el continente sur americano se habían adentrado los italianos, siguiendo su rastro. Cuando Esme expresó su preocupación respecto a Nahuel y Huilen, Edward la tranquilizó diciéndole que el semivampiro sabía cómo manejarse con su padre y añadió mirando a Alice que Nahuel seguramente no tardaría en despacharle.

Todo volvió a ser normal en casa. De Joham no se volvió a hablar y la visita de los irlandeses pasó a ser lo más importante. Esme y Carlisle les esperaban impacientes, dispuestos a ofrecerles la hospitalidad que caracterizaba a los Cullen. Y yo haré lo posible por no estar de mal humor.

Consciente de que Jacob estaba cuatro días de marcharse, nos dispusimos a pasar el mayor tiempo posible juntos. Esta vez tenía la sensación de que me iba a costar más aún separarme de Jake y por la mirada de él, triste y amargada cuando salía el tema, también sabía que iba ser más difícil para él que otras veces. Ya no éramos la hermana pequeña y el hermano mayor que cuida de ella, ni los dos simples amigos que pasan el rato juntos riéndose de cualquier tontería. El vínculo que siempre me había parecido que nos unía no era más o menos fuerte que antes, seguía igual, simplemente era eso, distinto. Y la necesidad es más intensa.

Como estar tranquilos en casa se volvió algo imposible, ya que la abuela Esme se pasaba los días poniendo patas arriba la casa entera cambiando los muebles y los cuadros de lugar, limpiando la casa y arreglando el jardín por los irlandeses y Alice estaba más insoportable que nunca con las compras navideñas, Jacob y yo siempre estábamos fuera de casa y solo la pisábamos para dormir. Alice no puede hacerme sentir culpable por no dejarme maltratar con las compras. Con la escuela pasaba otro tanto, solo la pisaba en las horas que había exámenes y Emmett no podía acusarme de hacer novillos porque ésa semana no teníamos clases. Mis amigos humanos se pasaban el día entero estudiando en la biblioteca del pueblo, pero yo tenía suficiente con lo que habíamos hecho en clase a lo largo del semestre para sacar las notas más altas de mi promoción. Me supo mal, pero solo accedí a ayudar a Danny en matemáticas y a Sylvie en literatura una tarde. Jake va antes que los estudios en mi lista de prioridades. Tenía la sensación de que los días que me quedaban con Jake se me escurrían entre los dedos como el agua.

Después de hacer mi examen de biología el miércoles, Jake y yo rescatamos los patines del trastero de la casa y nos fuimos montaña arriba a patinar sobre hielo, en uno de los varios lagos helados. Habíamos comprobado un día antes que el hielo era lo suficiente grueso como para aguantar el peso de Jake. Cogidos de la mano atravesamos el bosque, disfrutando del paseo, de la compañía y de la conversación. Llevaba conmigo una cámara de fotos, cuya tarjeta de memoria solo tenía cabida para nuestras fotos juntos, además de alguna que otra del paisaje. Y es que al llegar a la parte alta de la montaña, ambos nos quedamos embelesados con semejante lugar. El lago, helado, estaba rodeado de un manto de nieve blanca inmaculada y rocas oscuras. Altos abetos se alzaban como guardianes alrededor del lago, ocultándole. Por encima de aquel mar frondoso de verdes árboles se alzaban los picos más altos de las Montañas Rocosas, vestidos de blanco.

'Vaya…' – Susurré admirada, mientras dejaba caer nuestros patines.

Jake se colocó detrás de mí y sin soltar mi mano, me rodeó la cintura con el brazo y me pegó a él. Apoyó su barbilla en mi cabeza y después de besarme allí, se inclinó sobre mi hombro hasta que sus labios estuvieron a la altura de mi oído. Me subió un escalofrío por la espalda cuando me habló al oído:

'Es un lugar hermoso, pero sigue sin estar a tu altura.'

'¿Acaso está a la tuya?' – Le pregunté, volviendo mi rostro para besarle en la mejilla.

Jake me sonrió y soltó mi otra mano para rodearme el cuerpo con el otro brazo. Coloqué mis manos sobre sus brazos y le miré fijamente, embobada en su rostro mientras él seguía sonriendo. Le estaba esperando cuando me besó.

'Cierra los ojos, Nessie.' – Susurró con voz suave al separarse y yo obedecí. – 'Y ahora, disfruta de este lugar, disfruta de la magia que lo envuelve. Solo escucha al bosque. El arrullo del viento…'

Podía escuchar el viento susurrando contra las hojas de los árboles, notas y acordes que nunca podría igualar con el piano. Los pajarillos que descansaban en sus ramas cantando una melodía sin igual. Las corrientes de agua bajo el hielo, el hielo crujiendo débilmente. A lo lejos un grupo de alces, un tanto más cerca un puma les acechaba. Se me hizo la boca agua. Seguí mi trayecto por el bosque, guiada por todo lo que Jake me describía. La voz se le fue volviendo cálida por momentos a medida que avanzamos entre la vegetación sin movernos, pues allí, entre la densa foresta, había una manada de lobos. Nunca podría dar caza a un lobo. Jamás.

Me dejé impregnar por los sonidos del bosque, por el olor de la naturaleza. Todo mientras Jacob me guiaba en un viaje espectral con su voz. Se nota que él es parte del bosque. Claro que por mucho que Jake lo estuviera haciendo tan bien y el paisaje fuera abrumador, siempre había una cosa que ocupaba, o piden es la palabra más apropiada, mis sentidos: Jacob. Su sabor, su olor, su tacto, su voz, su rostro. La naturaleza no tenía magia a mi parecer, toda la magia se la proporcionaba Jake.

Me giré lentamente hasta ponerme de cara a él. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan en paz conmigo misma y eso era gracias a Jake. Le sonreí y llevé mis manos a su rostro. Jacob cerró los ojos, pues sabía que ahora era el turno de él. Acaricié su cara suavemente y sin hablar, todo gracias a mi don, le hice comprender lo que no era capaz de expresar mediante palabras. Todo lo que me hacía sentir. Que para mí el todo lo era él y que la nada también. Que no encontraba palabras adecuadas para decirle cuánto lo amaba y lo importante que era para mí.

'¡Ay!' – Se quejó haciendo una mueca.

'¿Qué?' – Pregunté desconcertada, quitando mis manos de su cara inmediatamente.

'Me hace muy feliz, Nessie…' – Jacob sonrió y su gigantesca sonrisa me hizo cosquillas en el estómago. – '…pero baja la intensidad de tus pensamientos, cariño, o conseguirás que me estalle la cabeza.' – Se quedó un segundo en silencio y luego comenzó a reírse a carcajadas.

'¿Y ahora qué?' – Me pregunté donde estaba el chiste.

'Nada, nada.' – Negó aguantándose la risa.

Jacob me besó fuertemente y me abrazó después. Me encantaba el modo en que me abrazaba, era tan grande que parecía engullirme y casi parecía que formaba parte de él.

'Antes me has interrumpido.' – Susurré contra su pecho.

Jacob se separó un poco de mí y me miró a los ojos. Cogí su mano y la llevé sobre mi corazón. Apreté su mano contra mi pecho, sintiendo una corriente eléctrica descender por mi espalda. Jacob se sonrojó por el lugar donde le había puesto su mano y a mi se me antojó más mono que nunca.

'¿Lo sientes?' – Susurré con una sonrisa. – 'Tú eres el que lo hace latir.'

En realidad aquel gesto no me pareció tan importante para provocar semejante respuesta en Jake, pero el resultado fue muy interesante. Jacob se abalanzó sobre mí y me besó con tal furia que consiguió aturdirme. Su mano se ancló a mi nuca y las mías echaron amarras en su rostro. Sus labios, carnosos, se movieron insistentes contra los míos, su lengua se había colado ya en mi boca y acariciaba mi lengua casi con furia. Si no me hubiera estado sujetando hubiera caído al suelo, porque las rodillas me temblaron ante tal despliegue de pasión al que tan poco acostumbrada estaba. No sé cuando fue, pero llegó un momento en que a Jake también parecieron faltarle las fuerzas para sostenerse, quizás porque las estaba usando todas al besarme y acariciarme. Nos deslizamos lentamente sobre la nieve, dejando que nuestros labios se separaran lo justo para respirar. Jadeé al sentir la fría nieve en la espalda y las piernas, pero al cabo de un instante me pareció una cama blandita e incluso agradecí su tacto frío debido a la hoguera en llama que éramos Jacob y yo. Me parecía estar ardiendo viva. No me di cuenta de que estábamos fundiendo la nieve de nuestro alrededor y que nos estábamos empapando debido a eso. Solo me avergonzó oírme respirar de manera tan escandalosa al cabo de un rato, pues me puse colorada cuando Jake dejó de besarme y se detuvo a mirarme respirar de aquella manera.

'¿Qué tal va tu corazón?' – Preguntó, sus ojos negros en los míos y una sonrisilla de suficiencia en su hermoso rostro.

'No más rápido que el tuyo.' – Pude replicar, orgullosa se que no solo mi corazón latiera desbocado, tronando ambos en nuestros oídos como si fueran tambores.

Jacob volvió a besarme, pero esta vez más suavemente.

'¿Me creerías si te dijera que nuestro amor es mágico?' – Susurró, acariciándome el rostro.

'Te creo.' – Acepté, pero esbocé una sonrisa pícara al instante. – 'Porque sé que tiene que ver con eso que te asusta tanto contarme.'

Jacob cambió su expresión y durante un segundo me miró con algo de miedo, para al otro ponerse serio. Cuando creía que ya había metido la pata, otra vez, que raro en mi, Jacob se rió y esbozó una sonrisa que prometía que todo iba a ir bien. La sonrisa optimista de Jake.

'Eres demasiado inteligente, ¿vale?' – Susurró mirándome con los ojos brillantes de emoción.- 'Pero me alegra que me creas.'

'Más que creerte, lo siento...' – Susurré volviendo a poner su mano encima de mi corazón. – '…aquí.'

No me dejó decir nada más. Podía sentir el cuerpo de Jake ardiente contra el mío, sus manos recorrerme el cuerpo sin ningún pudor por encima de la ropa, sus labios besarme con una pasión que nunca jamás creí que despertaría en él. Devoré a Jacob a besos y le desgarré la ropa para acariciarle mejor la piel, mientras mis manos trazaban un mapa en su ancha espalda, en sus musculosos brazos y en su abdomen. Mi cuerpo actuaba por cuenta propia, intentando encajar con el de él, buscando más proximidad. Rodeé su cintura con mis piernas inconscientemente y cuando me di cuenta de que la ropa estorbaba demasiado e intenté quitármela, Jake me lo impidió.

'Nessie, cariño, aún no.' – Suplicó acariciándome los labios, que me ardían y debían estar rojísimos.- 'Poco a poco, ¿vale?'

Acababa de agarrarme ambas muñecas y no iba a poder deshacerme de su presa porque no controlaba mi cuerpo para nada, que seguía temblando debajo del de él, excitado. Dios, me estoy quemando viva. Alcé la cabeza y besé su cuello antes de separar los labios y lamerle. A Jake se le escapó un suspiro y yo sonreí. Perfecto. Me sorprendí a mi misma al notar que no sentía ni una pizca de vergüenza y que deseaba más de él. Jake debió leerme las intenciones, como siempre, porque me suplicó:

'Ponmelo fácil, por favor.'

¿Así que el tampoco quería parar en realidad? Me sentí tan pagada de mi misma que fue imposible no sonreír.

'¿Por qué?' – Le desafié. – 'Quieres lo mismo que yo.'

'Nessie.' – Volvió a suplicar.

Gruñí. No había manera de decirle que no a Jake si me lo pedía así, por mucho que me fastidiase. Quizás si le hubiera dado por discutir habríamos acabado haciendo lo que yo deseaba, porque con el temperamento de Jake y con lo que él se dejaba llevar por sus sentimientos y emociones…Sé buena chica, venga.

'Está bien.' - A regañadientes acepté y desvié la mirada al cielo, molesta.- 'Oh, dios…' – Exclamé al ver las estrellas.

'¿Qué pasa?' – Preguntó Jacob extrañado. Rodó sobre la nieve para salirse de encima de mí y parpadeó sorprendido al ver que era noche cerrada. – 'Se nos ha hecho un poco tarde, ¿no?'

'¿Un poco?' – Chillé yo.

'Venga, no te preocupes, Nessie. No nos dirán nada.' – Se levantó y me levantó agarrándome por el brazo. Me miró de arriba abajo fijamente y compuso una mueca de contrariedad. Estábamos empapados por la nieve. – 'Deberíamos haber traído una mochila con ropa de recambió.' – Comentó mirando con el ceño fruncido su camiseta despedazada por mi culpa.

'Lo siento.' – Murmuré. – 'No sabía del todo lo que hacía.'

Desvié la mirada de Jake, consciente de que me iba a dar algo si no apartaba la mirada de su cuerpo mojado. Le resbalaban gotitas de nieve derretidas por el pecho y entre los músculos de su abdomen. Mírale a la cara, Nessie, a la cara. Casi fue peor, porque su expresión preocupada era de los más sexy. No le mires. No le mires y punto. Pero de reojo le miré y si no me hubiera hablado en ese preciso instante, le hubiera saltado encima.

'Tonta, no lo digo por la camiseta. Me preocupa que cojas frío.' – Me pasó un brazo por encima de los hombros y me pegó a su cuerpo otra vez, mientras yo intentaba serenarme. – 'Ya sé que tienes la temperatura casi tan alta como la mía, pero no puedo evitar preocuparme por ti.'

'Ahora mismo podría volver líquida el agua congelada del lago.' – Espeté fastidiada. – 'Y todo por tu culpa. La próxima vez no te lo voy a poner fácil.'

Jacob se rió y juntos emprendimos el camino de regreso a casa en silencio. Comencé a idear una estrategia para ver como conseguía hacer caer a Jake en mi trampa.

'Nessie.' – Me llamó Jacob.

Levanté la cabeza de golpe. Jacob me miraba fijamente. Estaba serio, pero podía percibir su felicidad por el modo en que le brillaban los ojos. Su mirada, que parecía bucear buscando algo en mi interior me hizo sonrojar. Oh, porras. ¿No habrá sido mi don? No, no, no. No me he delatado otra vez.

'Dime.' – Le dije lo más natural que pude.

Jacob me inclinó la barbilla con un dedo y me besó suavemente en los labios.

'Te amo.'

El corazón se me hinchó de felicidad y casi me sentí flotar. Le abracé fuertemente y dejé mi plan malévolo aparcado a un lado. Solo de momento.

El viento nos trajo los efluvios de Rosalie, mamá y papá cuando estábamos a punto de salir del bosque. Divisé sus siluetas en el porche, negras a causa de la luz que venía desde dentro de la casa. Conforme nos acercamos fui consciente de que nos estaban analizando detenidamente, pero no me acobardé. Iban finos si creían que podían decirme algo sobre la hora de regreso o sobre mi aspecto, a pesar de que en un principio habíamos dicho que íbamos a patinar sobre hielo. Claro que con la ropa mojada y los labios que llevas, guapa, está claro que no habéis estado patinando sobre hielo. La sonrisa petulante de Jacob dejaba claro que a él nada le preocupaba. Se dio cuenta de que le estaba mirando y se inclinó sobre mí.

'Tienes los labios adorables.' – Me susurró al oído, como si me hubiera leído el pensamiento. Me los toqué y noté que estaban más hinchados y más calientes que normalmente. - '¿Te importa si te planto un beso aquí mismo?'

La verdad es que si iba a ser como en el lago, no me importaba en absoluto quién hubiera delante.

'Jacob, Nessie, que tengáis mi permiso no quiere decir que desee verlo.' – Contestó Edward por mí desde el porche con voz hosca. – 'Chucho, modera tus pensamientos si no quieres que te deje fuera de casa esta noche.'

Jacob comenzó a reír divertido.

'¿Solo tengo que moderar los míos?'

Enrojecí al instante al darme cuenta y cogí el chiste que antes no había sabido pillar. Jake se había estado riendo antes de papá. Si yo ya le había hecho quejarse por el volumen de mis pensamientos hacia él, Edward… Papá, te agradecería que no me prestaras mucha atención está noche. Por el bien de los dos. No creo que a ti te haga mucha gracia ver lo que he estado haciendo o lo que planeo hacer y a mí me da vergüenza. Sal de mi cabeza, anda. Edward puso los ojos en blanco y se volvió para dentro refunfuñando por lo bajo que ya quisiera él. Mamá me miró de soslayo y tras comprobar que estaba bien y lanzarle una mirada de advertencia a Jacob, a la que él respondió alzando ambas palmas de las manos, me sonrió.

'La cena está lista para los dos.' – Siguió a papá dentro de la casa.

Agradecí que no me dijera nada ni de la hora ni hiciera ningún comentario respecto a mis labios hinchados. Parecía que estaba dispuesta a dejarme hacer todo lo que se suponía que hacía una pareja de adolescentes que penas habían comenzado sin rechistar ni matar a Jake. Eso es porque confía en Jacob y con razón. Subimos las escaleritas del porche aún abrazados. Me quedé parada ante la mirada de mi tía Rose. Me analizó de arriba abajo sin ocultar su disgusto y pude ver como se le abrían los ojos de horror cada vez que pasaba su mirada por mis labios. Jake se rió abiertamente y yo le propiné un codazo. Recordé lo furiosa que se había puesto cuando les conté a ella y a Emmett que Danny casi me había besado. Casi me atrevía a asegurar que prefería que me besara cualquier humano de mi instituto antes que Jake. Encima, Jacob, que parecía saberlo, se lo restregaba por la cara con aquella sonrisa petulante. ¿Es que no pueden llevarse bien? Escuché a papá reírse entre dientes adentro. Yo no le veo la gracia, papá.

'Si ha cogido frío te vas a enterar, chucho asqueroso.' – Amenazó Rosalie con voz ácida, como si me hubiera querido responder también. Luego, en un tono cálido y afectuoso me dijo: - 'Cariño, ¿te apetece un baño de agua caliente para entrar en calor?'

Asentí con una sonrisa porque no me pareció conveniente decirle que más bien me hacía falta una ducha de agua fría. Oí a papá encajar los dientes en el comedor. ¿A esto no le ves la gracia? Gruñó en el comedor.

'Edward, ¿qué haces?' – Preguntó mamá.

'Nessie.' – Suspiró.

Jacob y yo regresamos al día siguiente al lago, esta vez para patinar sobre hielo. Nos llevó un rato encontrar los patines, porque la nieve los había cubierto y dificultaba su búsqueda al tapar su olor. Les quitamos el hielo y nos los pusimos sin importar que estuvieran húmedos por la nieve. Total, les llevaría cinco minutos secarse una vez nos los calzáramos. Jacob tuvo un par de problemas para atarse las hebillas con sus manazas, pero yo no tardé nada y me fui directa al lago. Patiné todo su perímetro que haría varios kilómetros, en un par de minutos, antes de regresar donde estaba Jacob.

'Por favor, Jake, no puedo creerlo…' – Me mordí el labio para aguantarme la risa al verle.

Jacob Black, licántropo y lobo alfa de la manada de La Push, se abrazaba a una de las rocas de la orilla del lago como si la vida le fuera en ello. No se había movido ni un centímetro, pero sus piernas ya estaban entrecruzadas de una manera imposible y se las había apañado para encajar una hoja del patín con la del otro.

'No es tan fácil, ¿vale?' – Espetó él intentando desligar sus piernas sin éxito. – 'Lo de la gracilidad y la elegancia son cosa tuya, no mía.'

Patiné delante de Jake arriba y abajo, saltando e imitando los movimientos de una bailarina profesional sin ninguna pizca de dificultad. Estaba girando sobre mi misma cuando oí los patines de Jake deslizarse, la piedra crujir y acto seguido un golpetazo. No sé como el hielo no se partió. Jake se había ido de boca al suelo. Aún espatarrado sobre el hielo, conservaba en cada mano un trocito de la piedra a la que estaba aferrado segundos antes. Al final no pude reprimir las carcajadas y mi risa provocó una avalancha en algún lugar de la montaña.

'Paso.' – Murmuró Jacob desde el suelo. – 'A tomar por saco. Paso de patinar.'

'Jo, Jake, no.' – Hice un mohín y patiné hasta él. Me arrodillé en el hielo y cogí su cara entre mis manos. – 'Por favor.'

'Mira, Nessie, aprendí a patinar en línea hace dos años por ti, pero esto me supera.'

'¡Es lo mismo!' – Repliqué sonriente y me alcé y giré sobre un patín. – '¿No lo ves? ¡Es incluso más fácil! Puedes hacer más movimientos.'

'Tú sí, yo no soy capaz de mantenerme erguido.'

Jacob comenzó a arrastrarse hasta la roca, como un guerrillero, buscando un apoyo para ponerse en pie y volver a la nieve. Le agarré de un tobillo para detenerle. Jacob volvió la cabeza y su expresión enfurruñada me hizo reír. Patiné hasta ponerme entre él y la roca y volví a agacharme.

'No dejaré que resbales.' – Le prometí. – 'Yo te llevaré.'

Jacob no varió su expresión molesta, pero yo le puse la mejor carita de pena que se encontraba en mi arsenal. Supe que había ganado porque Jacob puso los ojos en blanco.

'Está bien.' – Murmuró. – 'Me abriré la cabeza por ti.'

Esta vez fui yo la que puso los ojos en blanco. No iba a dejar que se hiciera daño. Jake se sentó en el hielo y yo le imité. Le tendí ambas manos y Jake me dio las suyas.

'Ahora apoya un patín. Eso es. Y ahora levántate como si estuvieras en el suelo.'

'Dios, si Quil y Embry me vieran…' – Se lamentó él. – 'Menos mal que no están aquí.'

'La cámara está grabando.'

Le señalé la roca con la mirada, donde la lucecita roja de la cámara indicaba que estaba en marcha. La había colocado antes de patinarme el perímetro del lago, por una idea que tenía en mente. La boca de Jake se abrió por la sorpresa, luego, me miró con fastidio.

'Lo paso porque eres tú, pero como la rubia vea algo de esto…'

'Haz el favor de levantarte como hago yo, anda.'

Me alcé sobre mis pies sin ningún tipo de dificultad, para mí era como estar en tierra firme. Jacob bufó con fastidio y luego, apoyándose en mis manos, se levantó. Al momento sus pies comenzaron a resbalar en direcciones distintas y yo me apresuré en sujetarle, rodeándole con mis brazos el pecho. A su vez, Jake se abrazó a mí. Estallé en carcajadas al ver que estaba completamente despatarrado.

'Esto es de locos.' – Murmuró entre dientes Jacob.

'Solo tenemos que conseguir que te aguantes sobre tus pies, luego yo te llevaré.' – Le prometí.- 'Vamos, intenta juntar ahora los pies. No es tan difícil.'

'Habla por ti.' – Respondió él, pero lo intentó.

Era tan divertido ver a Jake en aquella pose tan ridícula que estuve riéndome hasta que me dolieron las mejillas y el abdomen. Dos caídas y cinco intentos de juntar las piernas más tarde, Jacob por fin se sostenía sobre sus pies solo cogido de mis manos. Por fin pude separarme del pecho de Jake y mirarle a la cara y aunque pensaba que estaría algo molesto por todo lo que me estaba riendo de él, solo encontré una sonrisa feliz en su rostro.

'¿Qué te parece?' – Preguntó orgulloso. – 'Ah, la próxima vez elijo yo el plan.'

Supe que a pesar de todo, Jake se lo estaba pasando tan bien como yo.

'Vale.' – Me alcé sobre las puntas de los patines para darle un piquito en los labios.- 'Ahora vamos a bailar.'

'¿¡QUÉ!?'

Tuve que reaccionar rápidamente para agarrar a Jacob antes de que se fuera al suelo. Jake no tardó mucho en reincorporarse y volver a sostenerse solo por el apoyo de mis manos. Me alegró ver que iba aflorando su equilibrio.

'Nessie, no soy tu padre, ni ninguno de tus tíos o tus abuelos. Tu madre ya te habrá contado que mi sentido del ritmo es nulo y si encima le sumas unos patines…' – Se puso serio. – 'Yo no soy de la época de los vals y los vestidos largos, cariño. Me escabullía de mis bailes de instituto, imagínatelo.'

'Es que me da igual tu sentido del ritmo, que no tenga un vestido largo de época y que no seamos de los siglos anteriores.' – Me encogí de hombros. – 'Ni siquiera me importa estar en un baile de instituto o no. Solo me importa que estemos tú y yo.'- Le puse otra de mis caras tan infalibles. – '¿Bailas conmigo por favor?'

'De acuerdo.' – Aceptó Jake y no me hizo mucho chiste la sonrisita que dejó ver sus dientes blancos, porque me la conocía. Y es peligrosa. – 'Con la condición de que cantes.'

Enrojecí hasta la punta de la nariz y fruncí el ceño. Jacob me sonrió, me besó en la frente y se me quedó mirando largamente. Suspiré y asentí. Cantaría para Jake si él así lo quería. Sabía que no cantaba mal, pues a pesar de que mi voz no era tan musical como las de mis familiares, había heredado de papá su gusto, ritmo y sentido de la música. Por algo sé tocar tan bien el piano. Puse la mano derecha de Jacob en mi espalda y yo coloqué mi mano izquierda sobre su hombro derecho. Alargué mi otro brazo, con nuestras manos entrelazadas.

'Música, por favor.' – Pidió Jake.

Nos miramos un instante y luego al tiempo que deslicé mis pies sobre el hielo y a él también, tarareé una de las canciones que mi padre tocaba al piano y la reproduje en su mente acompañada de mi voz gracias a mi don. Jacob me miraba embelesado, casi con adoración, dejándose llevar por mí con una confianza absoluta que solo me daba más seguridad.

Porque a mí no me hacían falta castillos o palacios, vestidos largos u orquestras para tener un baile con mi príncipe azul. Así se lo hice saber.

La tarde siguiente, nuestra última tarde juntos, fue la más dura. Al menos para mí. Regresé de mi último examen al mediodía con los ánimos por los suelos. Mis amigos humanos se habían quedado celebrando que comenzaban las vacaciones de Navidad y que habían acabado los exámenes en la cafetería de la escuela. Yo no había tardado ni cinco minutos en coger el coche para volver a casa con él.

Tenía la sensación de que las agujas del reloj corrían demasiado deprisa, de que el maldito tiempo, que para mí no existía en su totalidad, me estaba jugando una mala pasada y se aceleraba solo para separarme de Jacob.

Mis amigos estaban algo molestos conmigo, sobretodo Danny y Joe, porque apenas les había visto aquella semana. Sylvie, Luke y Kelly, en cambio, no. Quizás porque no eran unos insensibles como Joe o no se molestaban al intuir que todo aquello tenía que ver con mi novio, como Danny. Les había prometido a Kelly y a Sylvie aquella mañana en la cafetería, que me tendrían en la cena de Navidad del instituto y que iríamos a patinar sobre hielo y a comprar los regalos de Navidad a Salt Lake City.

La tormenta de nieve que Alice había predicho el día anterior, estalló cuando me faltaba poco para llegar a casa. Busqué la llave para que se alzara la puerta del garaje y me sorprendió verlo vacío. No había ni un solo coche. Ni el Mercedes de Carlisle, ni el Jeep de Emmett, ni el Porsche de Alice. Solamente la Harley de Jacob aparcada al fondo y cubierta por una lona gris para que no cogiera polvo. ¿Han salido todos? Extrañada, entré el coche en el garaje y una vez apagué el motor, agudicé el oído. Solo pude oír la nevera, la cisterna y el agua que corría por las tuberías dentro de la casa. No hay nadie. Comprendí que nos habían dejado la casa para nosotros dos solos. No podía sentirme más agradecida con ellos. Una nota de mamá y papá me esperaba en la puerta de la nevera:

"Cariño, los abuelos han salido de caza y Alice nos ha arrastrado a los demás de compras. Volveremos todos por la noche. Pásalo bien."

Claro que después de la letra redondeada y un poco chapuza de mi madre venía la de mi padre, alargada y estilizada:

"Renesmee, mi niña querida, te suplico que te portes bien. Jacob Black, te recuerdo que soy de comienzos del siglo XX. Supongo que habrás estudiado la época, si no sube ahora mismo a la biblioteca de Carlisle y empápate bien. No digas luego que no te lo avisé. Cielo, llevo el móvil."

Papá podía ser tan bestia. ¿Qué pensaba hacer? ¿Retar a Jake a un duelo si nos acostábamos? Puse los ojos en blanco y traté de no molestarme con él. Como si Edward no supiera que siempre era Jacob el que me detenía. Tenía cero esperanzas de llegáramos a hacer algo más que besarnos aquella tarde, pues Jake soltaría otra vez lo de poco a é la nota después de leer "Te queremos, papá y mamá" y la guardé en el bolsillo trasero del pantalón. Busqué más notas en la nevera, porque imaginé el cachondeo que habría surgido entre Jasper y Emmett cuando abandonaron la casa, dejándonosla para nosotros dos solos. Efectivamente, ahí había un par más:

"Nessie, cielo, cosita linda, por favor, tienes todo el tiempo del mundo. No hagas que me enfade. No hagas caso a Emmett. Jasper y él han apostado.

Te adora, Rosalie."

"Sobrinita, aprovéchate. ¿Cuántas veces vais a tener tú y Jake la casa sola? No pasa nada si rompéis algo, ya se comprará uno nuevo de lo que sea que os carguéis. Jacob, tu reputación está en juego. Atentamente, Emmett."

"Querida Nessie, haz lo que consideres conveniente. Sé que anoche estabas bastante revolucionada y que Jacob también, pero no os dejéis llevar simplemente por la ansiedad de la separación. Se puede disfrutar plenamente de todo en su debido momento. Con cariño, Jasper.'

"Eh, no hemos pisado una tienda de lencería, así que ni se te ocurra, jovencita. Hazlo por ti y por Jacob. Los resultados serás más interesantes si me haces caso. Confía en tu tía, que sabe de esto. Si no me crees, pregúntales a tus padres, aunque ya te digo que no hace falta porque tú eres el resultado. Besos, Alice."

Genial. Alice acababa de decirme que yo había nacido gracias a sus dotes de asesora en ropa interior. Bien. Mejor si me dedicaba a cocinar algo para mí y para Jake, antes de que mi mente quedara traumatizada por imágenes indebidas de Edward y Bella. Cogí cada una de las notas y me las guardé en el bolsillo. Si tenía que enseñarle alguna a Jacob sería la de Emmett, pues era la que más me había gustado. Por supuesto, podía imaginar la reacción de Jacob. Una sonrisa espléndida, un beso en la frente y un maldito "Poco a poco, ¿vale Nessie?". Le conocía tanto. Frustrada, bufé. Una última nota llamó mi atención en la puerta de la nevera. Era de la abuela Esme.

"Niños, Carlisle pide que os recuerde que tengáis cuidado. Os ha dejado protección en el cajón de la mesita de Jacob. Tirad la nota, porque Edward no lo sabe y todos le conocemos. Disfrutad de la comida. La he dejado en la nevera para que no se estropeara. También tenéis la mesa lista. Con amor, Esme."

Me fui al comedor y me quedé parada al ver la mesa que nos había preparado la abuela: mantel de tela, cubertería de plata, copas y velas de Navidad. Sonreí con cariño. Tenía una abuela que nadie se merecía. No sabía cuanto tiempo iba a tardar en venir a casa Jacob, así que le llamé al móvil. Resultó estar de camino y solo a diez minutos de casa. Rápidamente puse la comida en el microondas para recalentarla. Diez minutos más tarde le oía llegar. Me asomé al ventanal para saludarle antes de que entrar el coche al garaje. Jacob me correspondió guiñándome un ojo, sonriente. Caía una nevada tremenda allí fuera. Volví a la cocina la oír pitar el microondas y me dispuse a sacar la comida.

'¿Estamos solos?' – Preguntó sorprendido Jacob al llegar a la cocina.

Me giré con una sonrisa y dejé el plato encima del mármol de la cocina. Jake me vio venir y abrió sus brazos para acogerme en cuanto le salté encima. Casi me pareció una agresión por la forma en que lo besé.

'Sí.' – Respondí al separarme. – '¿Alguna duda?'

'Mmm, no, creo que me ha quedado bastante claro.' – Murmuró esbozando una sonrisa que me robó el aliento. – '¿Qué les has hecho? ¿Has dicho que ibas a invitar a todo el pueblo a ver la casa o qué?'

'No seas malo.' – Le golpeé el pecho. – 'Ha sido como un regalo para nosotros.'

'Típico de los Cullen. Siempre tan atentos.' – Dijo Jacob. – 'Deberían dejarnos la casa más a menudo.'

'Sí, yo también lo creo.'

Jacob y yo nos miramos largamente e íbamos a besarnos cuando le oí rugir las tripas. Estallamos en carcajadas. Puse los pies en el suelo y Jake me soltó.

'Vamos a comer.' – Sugerí.

'Buena idea.'

Comer con Jake ya era divertido de por sí, pero fregar los platos era otra historia mucho mejor. Tuve que subir a la habitación de invitados a por la cámara de fotos para retratar a Jake con el delantal rosa pastel de Esme.

'Pequeña, ¿para qué quieres una foto mía con delantal?' – Jake alzó una ceja y me miró fijamente.- '¿No prefieres una sin camiseta?'

'Últimamente te veo siempre sin camiseta, así que no.' – Respondí riendo. – 'Quiero esta para enviárselas a Seth, Quil, Embry y los demás en la postal de Navidad.'

'Ni de coña.' – Atajó.- 'Dame la cámara.'

Jacob se secó las manos en el delantal y aproveché para sacarle otra foto. Jake me miró con los ojos como platos. Le sonreí inocentemente y escondí la cámara de su vista, poniéndola a mi espalda. Jake comenzó a venir hacia mí con una mano alargada para que se la diera. Yo retrocedí y salí al pasillo sin darle la espalda y sin borrar aquella sonrisa de angelito.

'Renesmee Carlie Cullen.' – Murmuró.

'¡Eh! ¡No juegues sucio!' – Le grité, molesta porque había dicho mi nombre completo y no Nessie como siempre me decía. – 'Ahora sí que la envío.'

'Eso ya lo veremos.' – Sentenció y se quitó el delantal y la camiseta. Tiró las bambas también y solo se quedó con los pantalones. Le vi temblar ligeramente.

'¿¡No irás a entrar en fase aquí!? – Pregunté alrmada.- '¡Ni se te ocurra!'

'Dame la cámara.'

'No.'

'Tú misma.'

Le vi tensarse para saltar como siempre hacía para entrar en fase cuando estaba caminando o corriendo. Me apresuré en llegar hasta la puerta principal de casa, dispuesta a salir pitando al jardín. ¡El muy burro podía destrozar la casa entera! Topé con la puerta y tanteé la manija. Jake se había agachado ligeramente. Me entró el pánico cuando quise girar la manija y no pude. Porras. Mi muy precavida familia había cambiado la puerta y las ventanas normales para ponerlas blindadas desde lo de Joham. ¡Con lo fácil que hubiera sido romper la otra puerta! Miré a Jake fijamente y me puse seria.

'Jake, no.' – Le dije como si le estuviera dando la orden a un perro.

Ni puñetero caso, porque tras esbozar una sonrisa divertida saltó. ¡La madre qu… Cerré los ojos y esperé el impacto de sus dos patas delanteras contra la puerta o el de su grandote cuerpo contra las paredes del recibidor. El único impacto que llegó fue el que se oyó a lado y lado de mi cabeza. Abrí los ojos, desconcertada, molesta y un poco asustada, para encontrarme a Jake, en su forma humana, delante de mí y con las manos apoyadas a lado y lado de mi cabeza, atrapándome entre él y la maldita puerta blindada.

'¿Te he asustado?' – Se burló.

'Sí, idiota.' – Repliqué, enfadada.

Me cogió el rostro y se inclinó para besarme. Mientras lo hacía, me quitó la cámara y yo no opuse ningún tipo de resistencia.

'Gracias.' – Dijo riendo.

Le enseñé los dientes, porque no me daba la gana de estar de buenas después de que se hubiera salido con la suya. Jake puso los ojos en blanco y luego me cargó sobre su hombro. Jacob me estuvo dando besos y mimándome durante una hora entera antes de que decidiera que se me había pasado el cabreo, porque en realidad, y era verdaderamente frustrante, nunca me llegué a enfadar con él más de dos segundos. Apalancados en el sofá, Jake estirado y yo tumbada sobre él, nos pasamos la tarde hablando y besándonos.

'Dale recuerdos a Billy, a Seth, a Quil y Claire, a Embry y un abrazo muy grande al abuelo Charlie. Dile que iré a verle en cuanto…bueno, cuando los de Irlanda se marchen.' – Me mecí el pelo. – 'Supongo que para cuando comience el instituto se irán. Así que dentro de tres fines de semana.' – Le miré con un poco de ansiedad. – '¿Vendrás conmigo, no?'

'Claro que sí. Dime, ¿que hago yo aquí sin ti?' – Jake se encogió de hombros. – '¡Sería de tontos!'

'¿No puedes vivir sin mí?' – Pregunté, orgullosa.

'No.' – Jake me cogió la cara y me besó largamente. – 'No puedo. Tú eres parte de mí. ¿Cómo voy a poder vivir si no estoy completo?'

'Supongo que como viviste antes de que yo naciera.'

Jacob me miró fijamente, sonrió y negó con la cabeza.

'No lo entiendes.'

'No. Explícamelo.'

'Me diste un mes.'

'Ya han pasado casi dos semanas.'

'Pues faltan otras dos.'

'¿Porqué no ahora?' – Protesté.

'Porque me diste un mes.'

'Quier saberlo, ya.'

'Te quedan dos semanas.'

Gruñí sonoramente, enseñándole mi aterradora dentadura que tanto haría temblar a una humano normal. Jake ni se inmutó y cuando quise separarme, me agarró y me aplastó contra él.

'¿Quieres seguir discutiendo?'

No le contesté. No pensaba hablarle. Me daba rabia que me negaran algo cuando yo siempre tenía todo lo que deseaba con solo pedirlo una vez. Sabía que era bastante malcriada y toda una niña mimada, pero en ese momento me daba igual. Me crucé de brazos, pero no me moví. Después de un rato de silencio, Jake volvió a hablar.

'Saldré temprano.'

Tragué saliva.

'Te llamaré en cuanto llegue y luego cada día. Por la mañana y por la noche.'

Suspiré. Al menos, oiría su voz.

'Volveré pasado el día de Navidad con tu regalo.'

Una semana entera sin ver a Jacob. Iba a morirme. Se me hizo un nudo en la garganta y se me humedecieron los ojos.

'Te voy a echar de menos.'

Alcé la cabeza para mirarle a la cara y me puse a llorar como una niña pequeña.

'Y-yo tam-mbién.' – Sollocé, abrazándole con fuerza, con torrentes de lágrimas cayendo por mis mejillas. – 'M-mucho.'

Jacob me acunó hasta que me calmé, igual que había hecho siempre que me disgustaba por cualquier cosa cuando era más pequeña. No nos levantamos para cenar, no me moví de encima de Jacob ni cuando sonó mi móvil, que estaría perdido por algún lugar de la cocina. Acabaría por suplicarle que se quedase si tocábamos el tema otra vez y yo no podía negarle ver a su familia, así que me dediqué a hablarle por mi don de cosas sin importancia del instituto. Sabía que se me rompería la voz y volvería a llorar si intentaba hablar.

Jake me estuvo acariciando la espalda y el cabello. Hablándome con voz fuerte y cariñosa, para darme seguridad y consolarme. Como si yo fuera la única que estaba destrozada… Sin embargo, sus ojos negros no podían mentirme y no dejé de mirarle a la cara ni un solo momento.

Me quedé dormida en el sofá, abrazada a Jake. Me sumí en una duermevela, inquieta, pues no conseguía conciliar el sueño bien. Me despertaba constantemente y desesperada, abría los ojos y ceñía mis brazos alrededor de su torso para cerciorarme de que Jacob no se había marchado aún.

'Sigo aquí.' – Me susurraba Jacob una y otra vez. – 'Te quiero.'

El dolor de mi corazón, ése dolor tan irracional e ilógico era cada vez más intenso. Sabía que sería insoportable cuando Jake no estuviera. Me preguntaba si a Jake le dolería tanto como yo, y aunque en una de las veces que me desperté estuve tentada de preguntarle no lo hice. Conocía la respuesta.

No sé cuando regresaron, pero les oí llegar o eso me pareció…

'¿Está dormida?' – Susurró la voz aterciopelada de mi madre. Noté unos labios fríos contra mi frente.

'Algo así. Se despierta cada dos por tres asustada y me abraza.'

'Mi niña.' – El olor de papá y luego sus labios fríos en mi mejilla. – 'Ya hemos vuelto. Duerme tranquila. Queda mucho para que Jake se vaya.'

'Su dolor es intenso…' – Ese parecía Jasper.

'Todo por tu culpa. ¡Haciendo sufrir a la niña de esa manera!'

'Rose, ya vale…'

'Nessie sufre por él, Em. Nada de ya vale.'

'También es feliz por él.' – La voz cantarina de Alice.- 'Y también le duele a Jake, Rosalie.'

'Gracias pequeñaja. A mí tampoco me gusta esta parte, rubia. Confío en ti para que la ayudes, Jasper.' – Murmuró Jacob.

'¿Crees que deberíamos subirla a su cama?' – Preguntó mamá.

Automáticamente estreché a Jake fuertemente. No hubo más ruido que el de dos corazones. Luego regresó la voz de papá:

'Adelante.'

'Gracias, Edward.'

'Lo hago por ella Jacob, y quizás un poco…por ti.'

Le noté moverse debajo de mí, levantarse. Abrí los ojos y le abracé fuertemente, a punto de echarme a llorar. Jacob me sonrió y me besó en la frente.

'Shh…Estoy aquí, pequeña. No te voy a dejar aún. Solo vamos a mi habitación.'

Fue capaz de comprender que Jacob le había pedido permiso a papá para llevarme con él a la habitación.

'Gracias, papá.' – Susurré.

A la mañana siguiente, temprano, estaba besando a Jake con desesperación en el porche de casa. Su Volskwagen aguardaba en marcha a que nos despidiéramos. Me pareció ver en los ojos de Jake la misma tormenta devastadora que había en mi interior.

'Te quiero, Nessie. Cuídate por mí, ¿vale?' - Jake me acarició la mejilla y me besó otra vez más.

'Lo haré. Pásalo bien y dales recuerdos a los de allí.' – Le besé una última vez y me separé de él dando un paso hacia atrás y refugiándome en los brazos de Bella. – 'Te quiero.'

'Una semana.' - Prometió con una sonrisa amargada.

'Una semana.' - Susurré dándole la mano a Bella. Ella me acarició el cabello y me besó en la cabeza.

'Si pasara cualquier cosa, Bells...'

'Serás el primero en enterarte.' - Prometió mamá. - 'Ve tranquilo, Jake y dale un abrazo a Charlie de mi parte. Dile que le quiero.'

Jacob hizo un amago de sonrisa, que se quedó en eso, un amago. Me guiñó el ojo y dio media vuelta. Se metió en el coche y me dijo adiós con la mano. Le despedí con una sonrisa forzada, unos ojos llorosos y un nudo en la garganta. Até en mi interior las ganas de salir corriendo para abrazarle y no soltarle nunca más. Aguanté sin llorar hasta que desapareció en la carretera y perdí de oída su coche. Perdí los latidos de su corazón. Cuando me hundí, peor que cuando lo de Joham, mamá me cogió en brazos a un lado de su cintura y me estuvo acunando. Papá estuvo tarareando en mi oído hasta que Jasper concentró todo su don en mí y me durmió. Al menos en mis sueños, estábamos mi lobo y yo. Mi Jacob.

¡¡Hola!!

Bueno, parece ser que la mayoría recuerda a Joham. Ahora Nessie tiene otras cosas en las que pensar, como Jake, pero no olvidéis al vampiro. ;) Gracias por los reviews de Tuliblu, mylovepig, Kiikii, candy, MiiniiMiirii, isabella swan, Popis y Triss también.

¡Besos y abrazos!