- Haz la prueba.

- Me mantuvo amenazada a través de otras personas, no mantenía tanto contacto directo como tu y el suponen, pero he vivido bajo su tétrica sombra los últimos tres años.

- ¿Con qué te mantuvo amenazada?

- Eso es algo que deseo contarle solo a el. Buenas noches Ana.

Después de un poco de sueño y algo de café, pusimos en marcha un plan para rescatar a Penélope. Sabía Irene donde la tenía y que pronto iba a matarla. Yo sospechaba que era una trampa aunque no sabía para quién, si para mí o para ella o para las dos. Pero al final eso no importaba porque yo iba con el objetivo de investigar más acerca del Coronel. Penélope estaba bajando la cascada en una cabaña situada en una reservación para la nobleza en la época de cacería. Oí los perros a lo lejos y repetí "miedo ya no". Irene me había dicho que tenían a su amiga en una bodega del sótano del chalet más grande. Trampa muy bien custodiada, no se veían las armas pero sospeche que la veintena de personas que estaban alrededor no se encontraban distribuidas al azar. Le indiqué con la cabeza a Irene que rodeará por el otro lado y yo me dirigí a la parte trasera, topándome frente a frente con dos mastines bastante poco amigables. Los puse a dormir inmediatamente. Entré a través de una escalera que habiendo estado vigilada por los perros ahora estaba libre. Tendría que actuar rápido, en diez minutos o menos, se darían cuenta que alguien estaba allí. Vi a Penélope sentada en una silla, sin mordazas ni cuerdas. Era una trampa para mí. ¡Excelente! Mi oportunidad dorada. Pronto, el mismo coronel Sebastián Moran me tendió la mano.

- Bienvenida señorita. Hacía tiempo que quería tener una conversación con usted.

- Bueno, aquí me tiene. Mi mente pensaba que Irene debía estar en la planta superior pero ¿cómo rehén o cómo invitada de Moran? Ya investigaría eso y mucho más.

- Dígame a dónde se fue el señor Sherlock Holmes.

- Bien sabe usted. Al fondo de las cascadas que tenemos como marco. Gracias a la cortesía del profesor. Me agarró desagradablemente del cuello, lo cual me sorprendió un poco y me habló de lo enojado y frustrado que se encontraba pues bien sabía que eso no era verdad. Me soltó lentamente.

- ¿No tuvo oportunidad de leerlo en el Strand Magazine? Creo que en mi habitación dejé una copia.

- Basta de mentiras. No quiera hacerme enfurecer. Yo sabía que en el futuro inmediato no corría peligro. Necesitaba investigar a través mío acerca de Holmes. Y viceversa. Moran estaba bajo presión, ¿de quién? ¿por qué en Suiza otra vez?

- ¿Cuánto tiempo planea que me quede yo disfrutando de su hospitalidad? No crea que yo soy como Irene. Tiendo a ser más como mi maestro.

- Niña, tú no eres más que un peón en este juego. ¡Que alivio que pensara eso! Misógino, bueno una característica más para su lista de errores.

Mando que trajeran a Irene y nos dejaron en el sótano más de seis horas. No pude hablar con Irene porque estaba planeando mi escape y cómo llevarme el mayor provecho de la experiencia. Hice en mi mente un plano de la casa y sus alrededores. Los siguientes dos días observe el sistema para mandar comida y agua a nuestra prisión. Penélope e Irene hacían sus planes. Confirmando más mi sospecha de que trabajaban para alguien más, ya no Moriarty obviamente ¿para quién entonces? Tanto secreto, tanto secreto. Recogí muestras del sótano, de los cubiertos, de la ropa por tres días. Con los vasos, nos procurábamos escuchar distintas conversaciones que las tres compartíamos, aunque sospecho que no completas, por mi parte no lo fueron. Cuando percibí un leve aroma a almendras dulces en mi agua, fue el momento en que decidí que tenía que salir. Me quité el broche del cabello que era una aguja hipodérmica con dos dosis de un bloqueador neuromuscular muy potente. Primero ataqué al guardia, a través de la rendija en la pantorrilla, haciendo que cayera de rodillas y liberando las llaves a su paso. Afortunadamente la puerta tenía cerradura por los dos lados. Como esto fue a las tres de la mañana, pudimos salir las tres al campo, con los perros, a los que les llevaba comida. Bordeamos un campamento y estábamos libres. Me despedí de Irene y de Penélope.

- Piensa en lo que hablamos estos días Ana.

- Lo haré, gracias Irene. Fingí la más dulce de las sonrisas y huí rápidamente de ahí. Fui al escondite donde había dejado una maleta. Me cambié y disfrazada como barquero un poco regordete y bajo, me dirigí a la estación de trenes. Tomé uno hacía Polonia. Escribí una carta a Holmes, contando a través de claves con lujo de detalle mi prolongada estadía en Suiza.

Durante mi viaje empecé a darle vueltas a todo lo que había observado en Irene y Penélope durante nuestra estadía en Suiza, sus conductas, sus frases entrecortadas, el hecho de que susurraban en italiano, Penélope se escuchaba suplicante e Irene temerosa e impaciente. Pude ver que Moran era ahora su enemigo más encarnado, más de tres veces en los dos días la llevaba aparte y ella regresaba más enojada y con huellas de lágrimas en su rostro.

Cuando llegue a Polonia, tome un carruaje que me llevó a una linda casita en las afueras de la capital, donde pude estar a mis anchas por cinco días enteros. Al sexto fui a la estación de trenes y recogí la respuesta de mi maestro.

Querida Ana:

Lamento tu desagradable estancia en ese lugar. Buenas observaciones recogidas, espero los resultados de las pruebas químicas lo más pronto posible para compararlas con las que tengo aquí.

La próxima semana acudiré a un espectáculo estupendo y espero me puedas acompañar ya con mi regalo querida.

Alerta siempre.

No necesitaba firma. Ni decirme en donde me esperaría, el papel tenía las iniciales de un pequeño hotel en Viena. Enseguida muy bien envuelta en abrigo de piel negra, me dirigí nuevamente a los trenes. Llegue a Viena y me quede en el Grand Hotel. Pedí el periódico y un café y enseguida busqué en los espectáculos, el mesero me apuntó a un anuncio que promovía una noche de diferentes arias interpretadas por la antes retirada de la escena la cantante Irene Adler, en una gira última por Europa. ¡Vaya!, pensé, ese sí que será un gran espectáculo. ¿Habría planeado la gira antes o después de Suiza? Era más probable que hubiera sido antes.

- Vaya señorita hoy es la última noche que se presenta, es el cierre de la gira.

- Lo haré muchas gracias. ¿Puede indicarme dónde puedo adquirir los boletos?

De pronto una mano muy delgada y conocida llena de cicatrices y quemaduras apenas cubiertas por el guante blanco me extendió un boleto dorado.

- En palco, excelente le murmuré.

- A sus órdenes. Sabía que no le vería muy probablemente hasta la noche así que me dedique a comprar un atuendo especial para la ocasión. Estaba probándome sombreros cuando oí la voz de Penélope justo detrás de mío.

- No volteé. La señorita Adler requiere verlos esta misma noche cuando termine la función por la puerta trasera. Pruébese el sombrero rojo si su respuesta es afirmativa. Me puse el sombrero rojo enseguida.

Pague y salí enseguida bien cubierta pretextando el frío, sabía muy bien que podían seguirme, una vez que di vuelta a la esquina, saqué mi espejo de mano y observé que Penélope era seguida muy de cerca por un hombre de mediana estatura, encorvado y vestido sino elegante al menos correctamente para una persona acaudalada. Probablemente un abogado. Norton seguía aliado con Moran. Bueno esa estuvo fácil. Suspiré y seguí mi camino. Una vez en el hotel, junté todas las pruebas, me deshice de algunas cosas y me preparé con todos mis papeles, bien podríamos cambiar de residencia esa misma noche. Llegue a un excelente palco y monté mis binoculares mientras la gente se sentaba en las sillas de la parte inferior. Vi, por supuesto a Norton. Muy nervioso, traía los guantes fuertemente apretados, seguramente le dejarían marcas las uñas en las palmas. Localice 3 personas de la más alta confianza de Moriarty, pero no a él.

- Parece que no vendrá Ana. Me dijo al oído una voz muy conocida.

- No, pero mando a sus más altos allegados. Hay que estar alerta. Le dije mientras le daba unos resultados en un pequeño sobre.

- Por el momento no Ana. Sé los intereses que el coronel tiene puestos en Adler y no hará nada aquí, no en la función por lo menos. ¡Vaya, vaya! Tres positivos y uno negativo – exclamó al leer los resultados más para él que conversando conmigo – Así que hay tres asesinatos y un robo aclarados en cuestión de horas.

- Penélope me pidió que las viéramos al terminar la función, por la puerta trasera.

Asintió y la siguiente hora y media nos dedicamos a disfrutar de un rato de música. Irene era una gran cantante sin duda. Alternó con un tenor y la orquesta fue magnífica. Irene se veía muy segura en escena no daba indicios de estar sufriendo alguna preocupación, es más se veía radiante. También era una actriz consumada.

Antes de que terminara la función, discretamente nos retiramos del palco, ninguna de las demás personas lo hizo. Mejor que esperar en la parte trasera del teatro, Holmes decidió abrir la puerta y entramos juntos a l pasillo de los camerinos. Penélope nos recibió a medio camino.