Durante los siguientes diez días, estuve en trámites para mi cédula y recibí dos propuestas de trabajo muy interesantes que valía la pena analizar, dije que resolvería en una semana. Así que me dirigí terminando el plazo a casa de Mycroft. Verlo era lo más aburrido del mundo para mi, pues a diferencia de su hermano, me veía como a una mascota o como a una niña de poca edad. Procuro hacer mis visitas lo más cortas que se puedan.
- Buenos días Señor Holmes. Le saludé amablemente cuando entro en la sala en la que me habían hecho esperar.
- Buenos días señorita Williams. Me da gusto verla por aquí ¿le importaría acompañarme al desayuno?- Era increíble iban a ser las once de la mañana y apenas iba a desayunar, no había más remedio pues lo hubiera considerado una descortesía de mi parte y me hubiera valido una reprimenda de parte de mi maestro. Además si me invitaba a desayunar no era por pura cortesía era porque o me iba a decir algo o yo se lo iba a decir, me gustara o no.
- Con mucho gusto, muchas gracias señor Holmes- Y nos sentamos a la mesa que primorosamente había servido el ama de llaves. Después de unos sorbos de café y algo de pan francés, Mycroft rompió el silencio.
- Bueno niña, creo que traes algo para mi ¿no es así?
- Así es – y le entregue el sobre que Sherlock me había entregado.
- Mmmm, lo abriste y tardaste más de lo debido en traérmelo.- Me puse roja declarando sin palabras mi culpabilidad y el hecho de que me disgustaba ser descubierta y juzgada.
- Lo supe porque esta no es la tinta que usa Sherlock y eso me hizo suponer que lo abriste y lo volviste a rotular, como hiciste eso, seguramente retuviste el sobre mucho más tiempo del debido… pero vaya la carta dirigida a mi no la abriste, eso es un avance querida.- Siempre me sentía empequeñecida delante de él. ¡Cómo pude olvidar la carta! El contrato me cayó tan de sorpresa que olvidé abrir la carta.
Mycroft se tomo un momento para revisar primero la carta, la cual después de leerla, inmediatamente hecho al fuego de la chimenea. Luego saco unos lentes y reviso cuidadosamente el contrato.
- ¡Vaya, vaya! ¿Qué piensas de esto mi querida señorita Williams?- me preguntó levantando la mirada por encima del contrato y dejando los lentes.
- Muchas cosas sin duda. Pero nada que ofenda ni a mi maestro ni a Irene Adler.
- Pues yo desconfío de esa señora. Y temo que mi hermano haya caído en el error de cometer un acto impulsivo. Sin embargo, él sabe cómo cuidarse y es responsable de sus acciones.
- Así es- asentí.
- Bueno, no queda más que esperar ¿cuánto tiempo dijo mi hermano que tardaría en venir a Londres?
- Dos meses máximo.
- Dos meses es mucho tiempo, todo se puede echar a perder si no llega en ese lapso.
- Regresará a principios de marzo. De eso no me cabe la menor duda, pero lógicamente aún no regresara a Baker Street.
- Bueno, por eso no hay problema. Tengo un amigo que desea visitar a su hija y sus nietos en América y quedarse allá unos 4 meses. Él posee una librería de poca monta pero muy interesante para quien sabe buscar detenidamente, seguramente ahí encontrará Sherlock un buen lugar para planear su regreso, que espero sea triunfal.- Le dio un sorbo más al café. – Cuídese mucho señorita, recuerde que aún no se ve deslindada de la compañía de mi hermano y pueden darle uno o dos sustos.
- Muchas gracias señor Holmes, sé cuidarme sola- Me incorpore y me dirigí a la salida.
- Bueno, así que tengo mucho que agradecerle supongo, me ha informado de la existencia de una cuñada.
- ¡Jajaja!, yo no la llamaría así señor Holmes. Sherlock es y sigue siendo el mismo.
- Lo siento, pero esto me prueba lo contrario. Buenos días.
Con eso me despidió, el hermano más listo y no sin un dejo de desdén en su sonrisa que francamente no supe si estaba dirigida a mi o al simple recuerdo de Irene, de quien obviamente no tenía muy buena imagen.
Durante los siguientes dos meses, estuve escribiendo a Sherlock Holmes regularmente de diferentes puntos alrededor de Londres, pues tuve tres atentados bastante serios y que si no hubiera estado siempre alerta, probablemente no los estaría contando. Además estuve mandándole de vez en cuando recortes de periódico de notas que me parecían no carecían de importancia. Incluso, yo misma redacte algunas notas de vez en cuando, pues disfrazada de mucama aseaba las oficinas de Scotland Yard y husmeaba en los papeles o escuchaba atentamente en los corredores. Claro que salía con tremendo dolor de espalda, pero valía la pena. Finalmente llegó Holmes a Londres. Yo no fui a recibirlo ni tampoco Mycroft por órdenes expresas de mi maestro. Me entere de su llegada porque lo reconocí en la tienda de libros, la cual venía visitando desde hacía una semana para estar atenta a su llegada. Por obvias razones ni siquiera osé voltear al mostrador, pero al pasar deje una nota con mi dirección escrita con limón en el marco de la ventana. Un truco tonto pero si alguien veía la hoja la vería en blanco. Él ya sabía que yo le mandaba mensajes de esa forma; había fabricado para mi uso personal una pluma que en lugar de tinta, desprendía de su punta zumo de limón. Esa misma noche recibí la visita de mi maestro en mi modesta habitación que compartía el piso con una viuda y su gato y un escritor en ciernes desde hacía dos semanas, la constante amenaza de un peligro mortal me obligaba a mantenerme en movimiento constante y eso incluía mis domicilios.
- Buenas noches Ana querida – me saludo amablemente Holmes, deshaciéndose de su disfraz de bibliotecario y estirándose plácidamente mientras se oía el tronar de huesos reacomodados. Se veía de muy buen humor.
- Sabe que eso desgasta las superficies articulares- le comente- Buenas noches Holmes a mí también me da gusto verlo. Enseguida encendió su pipa y empezó a fumar. Le ofrecí algo sencillo de cenar pues ambos éramos modestos en las cenas habituales.
- Bueno Ana, cuéntame todo.
- Encontré una conexión muy interesante entre tres asesinatos cometidos dos en Londres y uno en una casa de campo rural, de hecho cerca de los St. Clair ¿los recuerda?
- Claro, claro. En efecto, hay una conexión con el último asesinato que ha causado conmoción en la sociedad londinense.
- Bueno de los dos cometidos aquí en Londres no me pude acercar a más de 10 metros de las casas porque soy constantemente vigilada por un chiquillo de 14 años que no me deja ni a sol ni a sombra. Con respecto al rural, me pude escabullir de la vigilancia del niño y obtuve inclusive muestras. La bala fue dirigida a distancia, recordará la descripción que le hice del lugar. En el molino que está a medio kilómetro que aparentemente estaba cerrado encontré dos pares de huellas digitales que por supuesto coinciden con las de Moran.
- Así que un rifle de viento, si recuerdo que fue cazador en la India y muy notable. Bueno con eso es más que suficiente Ana, gracias. Por cierto ya vi a mi hermano y después de lo que me dijo, parece que no necesito contarte nada más, pero si debo reprenderte por haber abierto correspondencia ajena, es un delito aún en esta época.
Ya sabía que me diría algo parecido, pero la delicia de degustar la verdad, era superior a mis escrúpulos, eso sólo me enseñaba que debía ser aún más cauta en cuanto a abrir sobres se refiere. Holmes notó la línea de mis pensamientos porque se puso aún más serio.
- Le ofrezco una disculpa maestro – le dije en el tono más apenado que pude – Pero aún hay espacios en blanco que llenar. Espero no ser indiscreta y si lo soy bien puede no contestar a mis preguntas. ¿Qué fue lo que lo convenció de firmar ese contrato?, ¿en dónde estuvieron estos dos meses? y ¿en dónde está Irene Adler?
Obviamente mis preguntas algo directas, incomodaron un poco a Holmes que se puso a pasear por la habitación dando grandes zancadas y a fumar más ávidamente. Se sirvió un poco de whiskey antes de contestarme. Parecía que estaba escogiendo adecuadamente sus palabras.
- Sé que media Europa reprueba las conductas de la aventurera Irene Adler, que es una mujer francamente digna de las más agudas observaciones pues hay mucho que estudiar en ella. Sin embargo, al fin y al cabo es una mujer que cae en debilidades y sentimentalismos que la han llevado a dar dos o tres tropiezos de los que gracias a su ingenio ha logrado salir airosa y su conducta reprensible queda en la mayoría de las ocasiones disculpada porque ella lo ha arreglado previamente así o porque su gracia y carisma, pues no se puede negar que la mujer tiene carisma de sobra, logran encantar a aquellos que la puedan hundir.
- Nada que no sepa ya Holmes.
- Bueno, el contrato que leíste lo ha firmado Irene en dos ocasiones anteriores, la primera con un neoyorkino que falleció un año después de firmado el arreglo, el cual mando hacer Norton quien era asesor legal de este tal Mark Higgins, quien a su vez era un tío segundo de Irene. Higgins era un hombre muy rico y todos sus bienes pasarían a manos de Irene, pues no tenía más familia. Norton había creado tal contrato para que los bienes pasaran a sus manos, en lugar de su legítima heredera, pero cuando fue descubierto por Higgins e Irene, le exigieron que lo destruyera, sin embargo, debido a la manera en la que fue redactado no había forma de hacerlo, aunque si de modificarlo e Irene lo cambio siendo ella la albacea de Higgins no en la muerte sino en vida también. Irene piensa y yo también lo creo que Norton mató a Higgins pensando que su contrato lo protegería incluso de testamentos, pero cuando Irene presentó el nuevo contrato, se vio súbitamente rica, por lo que se fue a Europa huyendo de Norton. Conoció al rey de Bohemia, entró Norton quien la perseguía para chantajearla con contar mentiras de las cuales fabricaría pruebas y prácticamente con estos argumentos la secuestro hasta traerla a Londres donde, finalmente confeso su avaricia, fingieron un matrimonio para librarse del rey y por supuesto de mi. Como el primer contrato ya estaba liberado y ella poseía todo lo que Higgins le había puesto en disposición Norton quería asegurarse de vivir bien, así que la hizo firmar un segundo contrato con nada más y nada menos que con el difunto profesor James Moriarty, de quien Norton era aliado en América, ese contrato tenía el fin de desaparecer a Irene; incluso publicaron un obituario afirmando que había muerto. Persiguiendo a Moriarty ya sabes el fin que tuvo e Irene temía por su seguridad, Norton ya no era una de las piezas clave en la asociación delictiva europea que el profesor formó. Norton era una amenaza de muerte junto con Moran que culpa a Irene de algunos tropiezos del profesor y quien es ahora dueña de la fortuna Moriarty. Desesperada acudió a mí para que la ayudara en semejante trance y fui yo quien le propuse que hiciéramos de nuevo un contrato pero ahora entre ella y yo. Vaya que es una mujer atormentada, pero finalmente he de confesar que no pude huir más de ella- Termino mientras veía la volutas de humo que su pipa emanaba.
- ¿Huir ha dicho Holmes?- Todo me resultaba bastante revelador.
- Tal vez el mejor término que encuentro es alejarme de ella, que ha hecho tropezar a los más grandes hombres de Europa y que he de confesar yo no soy más que un simple mortal que aunque no tan fácil como mis antecesores pude haber caído en alguna trampa que hubiera dispuesto. La mujer es analítica y ve jugadas por adelantado, tiene una mente de ajedrecista. Hubiera podido seguir en el juego pero he de confesar que estos tres años de vida tan agitada me han quitado un poco lo aventurero y a ella también. Por sus gestos y la sinceridad de sus palabras le creí y decidí confiar en ella cuando estábamos en Viena.
- ¿A pesar de que sus antecesores en contrato con ella han muerto en menos de un año posterior a la firma?
– Claro que tome en cuenta eso – dijo encendiendo una nueva pipa – Aún firme con cierta desconfianza pero en estos dos meses he confirmado que no tengo nada que temer. Poseo orgullosamente su amistad, su admiración y lealtad.
- Yo creo que es mutuo ¿no Holmes?- además yo pienso que hay algo más que amistad.
- Claro, claro – dijo tosiendo un poco- Bueno, me retiro querida amiga porque mañana iré a la casa de ese pobre muchacho que encontraron muerto hace una semana.
- ¿El apostador Renato Aldair?
- Así es.
- Bueno pero ¿dónde está Irene? ¿dónde estuvieron estos dos meses? No contestó estas preguntas.
- Mmmm… y son preguntas que no responderé hoy. Buenas noches.
