No necesitaba decírmelo sabía que habían estado en Moscú, claramente lo delataban las botas que portaba con un símbolo obviamente ruso. No irían a Rusia a una casa de campo, irían a la capital. Irene tenía una muy buena amiga prima de una duquesa Romanoff. No creo que Holmes hubiera dejado de participar en algo relacionado con las joyas de la corona rusa. Algo de la preocupación por la duquesa había escuchado en nuestro encierro con Moran de boca de Penélope. Si estaba tan de buen humor, no creo que Irene este muerta, pero si bien segura y yo creo que está en el Tíbet, pues también algo recuerdo haber leído del Dalai Lama que me llamó la atención. ¿Qué paso en esos dos meses? Tengo una pequeña pero clara idea…

Estaba por acostarme, aunque era temprano cuando llamaron a la puerta. Cuando abrí para mi sorpresa era Robert Watson en persona, si el sobrino del doctor. Realmente al verlo sentí que todo volvía otra vez, desde la emoción del primer encuentro a la agonía del último adiós.

- Buenas noches Ana. Supe que estabas de regreso y apenas me entere, como pude investigue tu dirección- esto me dio a pensar que el hecho de hacer notorio mi regreso había resultado un éxito. Dios si había un millar de pistas en el hombre.

- Hola Robert, lamento no haberte notificado y mucho más ver que murió Catherine. Esto último era verdad y lo deduje por el luto.- Dios cuanto lo siento ¿cuándo fue?

- Hace 8 meses. Ana, ella había estado enferma mucho tiempo antes ¿lo sabías? Asma y cardiomegalia, con una neumonía falleció.

Negué con la cabeza, a Catherine la conocía por foto y descripción, nunca quise conocerla en persona, tal vez si la hubiera visitado habría diagnosticado su enfermedad.

- ¿Sabes lo que significa Ana?- No quise mirarlo a los ojos, todo era muy abrumador, sentía que quería saltar por la ventana y dejarlo hablando solo. Hizo un movimiento para tomar mi mano pero yo la retire.

- He de ser sincera contigo Robert querido, querido amigo. Necesito tiempo para asimilar lo que pasa. Además estoy en medio de algo muy importante que no puedo dejar por ahora. ¿Podemos hablar después? Yo te llamo. Y lo conduje suavemente a la puerta ante su perplejidad que ponía automáticamente un pie delante del otro. Cerré la puerta con seguro y me quede escuchando sus pasos alejarse. Apenas podía respirar.

Vi al día siguiente desde una esquina el encuentro entre Holmes y Watson, con ese choque que hizo que varios libros cayeran desperdigados. Seguramente ya tenía las piezas que faltaban. Ahora yo tenía que pensar en algo que había estado evitando mucho tiempo ya: ¿vivir aquí o vivir allá? Me tenía que decidir por una.

Fui a la tienda de libros por la que entre por una puerta trasera pequeña tapada por un enorme depósito para basura.

- ¿Por qué no entraste por la puerta Ana?

- ¿Y dejar que medio mundo me viera?, bueno con medio mundo me refiero a ese chiquillo que ya le he dicho que me sigue por todos lados.

- ¿Tienes algo nuevo que comunicarme?- Me interrogó mientras sacudía algunos libros y ponía a secar uno frente a la ventana después del incidente con el doctor Watson.

- No, nada nuevo ¿piensa atrapar hoy al asesino con rifle de viento?

- Así es.

- Bueno entonces el propósito de mi visita es desearle buena suerte Holmes. Estoy segura que logrará un gran éxito y que con esta captura, no sólo Londres, sino media Europa se verá beneficiada.

Mi maestro se inclinó como un actor en escena que acaba de presentar un papel magistral y agradece a su audiencia.

- Además, vengo a darle las gracias Holmes. Me voy y tal vez no vuelva en mucho tiempo. No puedo decirle que no regresaré porque pudiera ser que necesitara su guía y consejo para dos o tres cosas que se me pudieran dificultar, pues siempre será mi maestro, además de que creo somos buenos amigos ¿o me equivoco?

- Claro que no Ana. Me parece sensata tu decisión, puedes hacer mucho más bien a la humanidad estando allá que quedándote. Yo tal vez me retire dentro de poco unos 3 o 4 años más y mi carrera será un buen recuerdo. Estoy pensando en comprar una casa en Sussex.

- ¿Usted con casa en la playa? Quién lo hubiera dicho. Varias veces lo escuché decir que el tedio del campo y la playa lo terminarían matando. – Claro que no me sorprendía esos datos ya los conocía, pero me preguntaba si ella tenía que ver en esa decisión, después de todo aún no era tan grande en edad como para pensar en el retiro, si bien había ganado mucho dinero con la solución de algunos casos en los que fue regia y justamente recompensado.- ¿Buscará hoy al doctor Watson?

- Si. Espero no causar una impresión demasiado fuerte en mi amigo, pero lo conozco y sé que se alegrara con mi visita, después de tantos años.

- Pues si, pero estos fueron buenos años y se fueron muy rápido. Bueno me voy. Suerte- y me incorpore para retirarme, ahora si por la puerta de enfrente pues ya no veía al chiquillo que me seguía, estaba segura que ahora si había logrado engañar al niño en cuestión. Estreche la mano de mi amigo y nos abrazamos cortamente.- Dele mis saludos a Irene, mi hermana la seguirá visitando.

Holmes asintió. No necesitaba decirme nada más, a quien le compraba la casa en Sussex, en un paraje que se antoja tan romántico, tranquilo y solitario era a Irene Adler. La pregunta es ¿ella estaba dispuesta a llevar una vida tranquila? Nunca dejaría yo de enterarme puesto que Paloma seguía en contacto con ella.

Finalmente regrese a Londres, pero no me sentía satisfecha con ningún trabajo de los que me ofrecían aunque al principio me habían parecido razonables, entre ellos uno de la agencia Pinkerton en Londres, pero era para espionaje industrial y no me interesaba mucho. Los últimos tres años en especial los últimos meses habían hecho que muchas de mis ideas dieran giros radicales. Así que caí en una etapa de total inactividad, me pasaba el día en pijama o en pants, apenas salía con mucho esfuerzo a nadar y correr tres veces por semana, pero una vez terminadas estas actividades, regresaba a no hacer nada. Mi hermana Paloma por el contrario cada vez más activa, había adelantado mucho en su primer año, había ganado un concurso nacional de cortometraje para ser enviado a su vez a un concurso internacional. En cuanto a la música, había empezado una disquera independiente en la que no le iba nada mal, pues además la asesoraba Irene Adler. De la que no me contaba mucho y yo tampoco deseaba saber. Representaba una vida que necesitaba dejar en el pasado y ella era un símbolo de lo que ahora me tenía en este estado de inactividad.

- Te vas a atrofiar Ana- me dijo burlonamente mi hermana.

- Oh sí, no lo dudo- conteste perezosamente dejando de lado una novela romántica.

- Incluso estás leyendo mis libros, eso ya es mucho- y Paloma rió alegremente- Sabes que no me gusta que estés sin hacer nada, pero me encanta que sea a mi lado. ¿Estás deprimida Ana? ¿necesitas un doctor?

- Ay Paloma, no estoy deprimida pero si estoy en una encrucijada importante en mi vida. Me he puesto un límite mis decisiones no pueden pasar de Junio. Así que tengo dos meses más para tomarlas. Hubo tantos acontecimientos en el último año que trastornaron muchos pensamientos, muchos sentimientos.

- Vaya que rareza, tú la doctora con especialidad en forense hablando de sentimientos.

- Bueno, Irene alguna vez me dijo que las emociones y los sentimientos eran algo poderoso en este mundo y que la razón se veía empequeñecida ante éstos.

- Si, ella dice que es más peligroso sucumbir ante una trampa emocional, que ante una intelectual. En la intelectual puede haber daños físicos, hasta muertos, pero las heridas curan después de un tiempo y los muertos, pues muertos están. Pero si es una trampa emocional los daños y heridas internas pueden no sanar nunca y peor que la muerte del cuerpo es tener muerta el alma.

- Profunda, profunda tu maestra- Me aleje pensativa con el libro aún en las manos. Todo daba vueltas en mi cabeza. Pensé que me quedaría sola en el estudio, pero enseguida entro Paloma con dos tazas de té y una gran tetera. Me ofreció una.

- Vamos a hablar.

- ¿De qué?

- De ti, de mi, de David, de Holmes, de Irene, de tus casos, de mi disquera, de mi cortometraje, como antes.

- Antes ya no existe.

- Bueno, desde ahora lo haremos. Veo que tu barrera emocional cedió increíblemente y yo quiero saber qué sucedió.

- Yo creo que ya sabes que sucedió ¿no te lo contó Irene?- Bebí lentamente un sorbo de mi té, para esperar la reacción de mi hermana.

- Me contó algunas cosas, pero yo creo que no es todo.

- No, no es todo; tú sabes más cosas que yo y creo que no es justo. Mejor tú cuéntame qué pasó.

- ¿Cuándo?- Ahora ella bebía largamente de su taza.

- Los dos meses.

- No tengo la más remota idea. Ella no habla de esos dos meses. Aunque he de confesarte que he tratado de sacar mis propias conclusiones. Sé que estuvieron en Rusia, Polonia, Italia y en el Tíbet.

- ¡Eso no es posible! Son demasiados lugares para dos meses.

- Bueno de esos lugares de los que si estoy segura de que estuvieron, o al menos que fueron los más importantes fueron Rusia y el Tíbet. Pero ¿por qué te torturan esos dos meses? ¿te enamoraste de tu maestro? ¿estás celosa de Irene? – ahora me miraba azorada.

- Jajaja, no eso no. Tú sabes bien que solo he amado a una persona y no lo vuelvo a hacer créeme.

- Entonces ¿por qué te interesan tanto esos dos meses? O ¿qué tienen que ver contigo?

- ¿No ves Paloma que esos dos meses… o bueno tal vez desde lo que pasó en Viena son lo que me tienen trastornada?- Le dije levantándome y sintiéndome de nuevo con esa agitación que ahora no sabía cómo manejar – Ya ni siquiera puedo fumar- agregué abriendo la envoltura de un chicle de nicotina y metiéndolo a mi boca.

- Bueno, eso es un avance- me dijo mi hermana sirviéndome más té.

- Desde que Robert se casó con Catherine me había hecho a la idea de seguir un estilo de vida arriesgado, ya nada me importaba y no quería que nadie me importara nuevamente. Pensé que escudándome en la indiferencia lograría la paz que necesitaba para pensar.

- Igual que Sherlock Holmes.

- Parecido. Si, de hecho él era mi modelo a imitar. Empecé a observar sus costumbres y a analizar sus palabras para descubrir como él se había vuelto invulnerable a los embates de tales situaciones. Yo creía estar a salvo. Que iba a poder vivir mi vida estando en paz.

- Pero ¿no te sentías triste?

- En ocasiones, pero la sacudía con la actividad frenética que lleve los últimos tres años.

- Y ahora necesito saber qué debo hacer.

- ¿Basándote en la vida de otros? Ana, tienes que tomar tus propias decisiones, correr tus propios riesgos, caer y levantarte- Sé que Paloma se debatía internamente entre la disyuntiva de contarme lo que sabía de esos dos meses o no.

- Es que no entiendes que lo que paso en esos dos meses es un símbolo. No es una pauta a seguir.

- Sólo sé que tuvieron más de una aventura en esos dos meses. Irene dice que ha sido el periodo más agitado de su vida.

- ¿Te lo contó algo más?- insistí para ver si Paloma cedía

- No, al contrario, ya te lo dije: evita el tema siempre que puede.

- ¿Dónde vive actualmente? ¿sigues visitándola en París?

- No, ahora vive en Inglaterra

- ¿Dónde?-insistí.

- En Sussex.

- No necesitas decirme más Paloma- Y me desplomé en el sillón más cercano.

En efecto, Paloma no dijo nada más solo siguió a mi lado tomando su té lentamente y observando la lluvia caer a través de la ventana. De nuevo la deje sola y huí a mi recámara donde tire al suelo la novela y busqué en la caja que estaba detrás de la puerta oculta de mi vestidor la ansiada máquina.