Por Dios... no se que bicho me pico que me demoré tanto, pero por lo menos aqui esta la continuacion... poco a poquito vamos progresando no? xD Ya pues gente... no les hablaré mucho, los dejo inmediatamente con la tercera parte de Treasonous mind, body and feelings...
-...- dialogos
-"..."- pensamientos
(...) mis comentarios extras
Capítulo 3: Ya que estamos, me gustaría saber tu número...
Eran ya las nueve pasadas cuando Relena abrió la puerta de su casa. Iba prácticamente molida después del trabajo. Cinco cancelaciones y tres atrasos en las entrevistas. No eran ni las seis y Noin ya echaba fuego por la boca. Pero ya todo había pasado y al fin había llegado al hogar dulce hogar. Y lo mejor era que ya estaban a viernes. Todo un fin de semana por delante, en el cual no haría nada más que lanzar el reloj por la ventana y dormir. Ante tamaña perspectiva lo único que pudo hacer es sonreír.
-¡Ya llegué!- exclamó entrando y colgando su chaqueta en la percha- ¿Hilde?
Fue a la cocina con la intención de prepararse una reparadora taza de café, ponerse su camisón y acostarse en el sillón a ver peliculas hasta tarde. El panorama no podía ser mejor.
-¡Alooooha hermanita!- gritó Hilde apareciendo de la nada- ¿Cómo está mi hermana favorita? ¡Pero qué veo! ¿Café? ¡Yo también me apunto a uno!
La hermana menor de Relena vestía con una minifalda y una polera ligera muy llamativas. Estaba algo maquillada y bien peinada.
-¿Y a ti que mosca te picó? O.O
-¡¡Ninguna!! ¡Es por la sencilla razón de que es viernes! ¡Vivan los viernes!
-Me alegro por ti- comentó Relena retirando la cafetera y sacando las tazas y el azúcar.
-¡Sí! Rico café para mantenernos despiertas toooda la noche y poder bailar sin reparos.
-Ah... ¿Saldrás esta noche?- preguntó la rubia con naturalidad echando azúcar en su taza.
-Claro que sí, pero no sola... ¡Tú vendras conmigo!
La cucharita cayó al piso con un tintineo. Lentamente, Lena se giró
-¿Disculpa? Me volé un momento y juré haber escuchado una estupidez sobre que ibamos a salir... ¿Qué me decías?
-¡¡Ay Relenita por Dios!! No puedes quedarte a echar raíces. ¡Sal, diviertete, vive la vida loca! ¡A gozar, a gozar, que la vida se va a acabar!
-Ya viví bastante locamente en mis once horas de trabajo, muchas gracias. Ahora solo quiero descansar.
-Aaahh noo... ¡Tú vendrás conmigo!
Relena se dio media vuelta, taza de café en mano, y se dirigió a la sala.
-No me obligaras a ir.
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-No puedo creer que me hayas obligado a venir --
Ambas chicas se hallaban frente a la discoteque más solicitada entre los jóvenes. Un gran barullo se armaba frente a la entrada, entre gritos, risas y conversaciones varias. Y no faltaban los típicos hombres que se creen los super machos, protagonizando una "encantadora" discusión en la puerta.
-En serio Hilde, este lugar no me convence.
-Mira, si no quieres bailar, de acuerdo. Pero por lo menos quedate en la barra o algo así.
-¿Para que me quieres aquí?
-Para que salgas de tu aburrida rutina y hagas vida social... aparte para que me lleves a casa, aún no tengo permiso para conducir.
Relena hizo un gesto de cansancio absoluto, aunque en su interior comprendía la preocupación de su hermana. Era cierto, mientras todas sus compañeras jóvenes de trabajo planeaban salidas para el fin de semana, ella sólo trabajaba y trabajaba. Quizás algo de entretención no estaba mal. Y también debía darse la oportunidad de conocer a otras personas. El mundo estaba lleno de gente amable, como cierto desconocido de la cafetería.
Relena agitó la cabeza. ¿Que estaba pensando? El ambiente ya estaba perjudicando su sano juicio.
-¿Qué esperas? ¡Vamos a divertirnos!
La rubia siguió a su hermana de mala gana. Dentro del local estaba tan atiborrado de gente, que le sorprendió que pudieran entrar. El ruido era tal que no escuchaba lo que le gritó Hilde, pero al ver que se iba a la barra, supuso que fue por algo de beber.
Se quedó parada en la mitad de la pista de baile, sin saber qué hacer. La gente pasaba junto a ella sin prestarle la menor atención, pasándola a llevar y dándole tales empujones que la hacían perder el equilibrio. Definitivamente, ese no era lugar para ella.
-"Hilde ya es suficientemente mayor para tomar el metro para llegar a casa. No hay ninguna necesidad de que me quede aquí."
Tomada su decisión, Relena fue a buscar a su hermana en la barra, pero no logró encontrarla. Miró la pista de baile con desgana, calculando cuanto tardaría en encontrar a su esquiva hermana, pensando que lo más probable fuera que Hilde tuviera su móvil en su bolso, sin vibrador.
Con un suspiro resignado, se sentó en la barra para pedir un refresco. De esa manera estaría atenta por si veía a Hilde y las personas verían que estaba haciendo algo. Con un poco de suerte, los chicos presentes no la molestarían. No era que fuera antisocial. Nada de eso. Solamente que los chicos de su edad eran tan... brutos (N/A: sin ánimos de ofender a nadie). Hilde no paraba de decirle que debería haber nacido en el siglo pasado, pues Relena soñaba con un Príncipe Azul que la llevara a una cena romántica, que le hablara dulce, que le dijera que era lo más maravilloso que existía en la tierra... pero ni modo. Las pocas salidas que había tenido las había pasado viendo un partido de basketball y en un local de comida rápida, con sujetos que no tenían demasiado interés en conversar.
Pero eso iba a terminar. Ya no iba a preocuparse más por su escaso círculo social, pues tendría mejores cosas que hacer. Como estudiar y sacar su tan ansiada carrera de psicología en la prestigiosa Universidad de Tokio. Era su sueño hecho realidad. Bueno, uno de sus tantos sueños.
Suspiró pesadamente mientras daba sorbitos a su refresco de cola. Quizás realmente se había equivocado de siglo...
Una pesada mano, demasiado grande para ser la de su pequeña hermana, se posó en su hombro. Con un estremecimiento, Relena se volteó con tal rapidez que la mitad del contenido de su vaso cayó sin remedio al suelo. Frente a ella había un sujeto enorme, de esos que parecen boxeadores. Llevaba una remera rota y pantalones en igual estado. Tenía el cabello rizado hasta los hombros, varios tatuajes en los brazos y múltiples piercings. Además de una sonrisa bastante desagradable en la cara. Básicamente, era uno de esos sujetos con los que ella esperaba no encontrarse.
-Hola preciosa.- gruñó- me pareció que estabas bastante sola. ¿Te gustaría tomarte un trago conmigo?
-No gracias- contestó Relena, logrando sacar la voz- estoy bien así.
-Vamos ricura... tal vez te venga bien sacudir ese cuerpo que tienes. Venga, vamos a bailar.- la tomó de la muñeca y comenzó a tirar de ella.
-No... en serio, no quiero- protestó debilmente.
-Disculpa,- otra mano apareció de la nada para apretar firmemente el brazo del tipo.- creo que no escuchaste bien. Ha dicho que no quiere.
Relena abrió los ojos sorprendida. Ahí estaba el chico de la cafetería, Heero. ¿Qué demonios hacía ahí? Oh bueno, quizás a él sí le gustaba salir los viernes en la noche. Heero le dirigió una mirada tranquilizante y obligó al sujeto que le soltara la mano. Por un momento, Relena temió qué a el otro no le gustara su intromisión y llegara a los puños, pero Heero parecía muy seguro de sí mismo, por lo que el temor desapareció.
-¿Y quién demonios eres tú?- preguntó el tipo malhumorado, pero al parecer sin intención de usar la fuerza bruta contra aquel intruso.
-No tengo porque decírtelo, puesto que no es aunto tuyo. Pero si de esa manera te irás más rápido, te informo que la señorita a la que estás molestando es mi novia. Y te agradecería si desapareces en este mismo instante.
En otras circunstancias, el tipo hubiera aplastado al que osara a hablarle así, pero ese... chiquillo... tenía algo raro. Estaba demasiado seguro, a pesar de que, aunque estaba en buena forma, igual podría partirlo en dos sin mucho esfuerzo. Además, sus ojos transmitían algo, no sabía el qué, pero de sólo verlos un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Definitivamente, no quería enfrentarse a ese tipo.
-Eeh, tranquilo compañero. No sabía que la chica estaba acompañada...
-Pues ahora lo sabes.
-Sí, claro. Bueno... yo me voy. Que disfruten.- dicho eso, se fue apresuradamente.
Relena observó con la boca abierta todo lo ocurrido y seguía de la misma forma cuando Heero se volvió hacia ella. Parecía relajado y le sonrió amablemente cuando vió su expresión.
-Yo que tú cierro la boca y sonrío como si te alegraras mucho de verme. Ese sujeto sigue mirando y sería bueno convencerlo de que estamos saliendo juntos.- dijo mientras se sentaba a su lado.
La chica lo obedeció y trató de sonreírle, pero al parecer la sonrisa le salió medio temblorosa, porque Heero lanzó una carcajada.
-Da igual. Al parecer, la actuación no es tu fuerte.
-Vaya, gracias.- respondió irónicamente Relena.- ¿A qué se debió eso?
Heero pareció confuso.
-¿Hubieras preferido que se quedara?
-¡Claro que no!- exclamó rápidamente- Es que... no lo sé, saliste tan de repente... - viendo que no podía explicarse, Relena se rió- En fin, no importa. Gracias por habermelo sacado de encima.
-Fue un placer. Espero que, como estás tan agradecida, me preguntes si deseo acompañarte.- dijo sonriendo traviesamente.
-¿Deseas acompañarme?- preguntó ella siguiendole el juego, sonriendo también.
-Bueno, ya que insistes tanto, lo haré.- respondió él, haciendola reír.
Heero le hizo un gesto al camarero y pidió un refresco sin alcohol. Ante la mirada algo sorprendida de su acompañante, sonrió.
-Tengo que madrugar mañana y no me puedo permitir el lujo de unas copas de más y amanecer con resaca.
-Eso es muy responsable de tu parte. Ojalá yo pudiera decir lo mismo, pero la verdad es que no bebo simplemente porque no me gusta.
-¿Alguna vez lo has probado?- Relena negó con la cabeza- ¿cómo puedes decir que no te gusta?
-La idea de quedar tirada en el piso de puro borracha no me atrae...
Heero se echó a reír.
-Pero por unos sorbos no te pasará eso- al ver que el camarero traía su pedido, añadió- algo más, un vodka frambuesa, por favor.
Relena lo miró entre asombrada, divertida y molesta. ¿Quién se creía ese tipo para venir y obligarla a tomar cuando le había dejado claro que no quería? Aunque, por mucho que trató de forzar una retirada digna luego de una palabras cortantes, la acción de Heero solo podía hacerla sonreír.
-No me lo voy a tomar.
-Por supuesto que lo harás. Incluso, he pensado que es el trago perfecto para tí. El vodka es seco, como tú pareces ser en un principio. Pero al conocerte mejor pareces ser bastante dulce, por lo que te queda mucho mejor la frambuesa que la naranja.
-Ahora pareces ser un experto en licores y personalidades. Por no mencionar el hecho de que crees conocerme perfectamente- contestó Relena con humor.
-No sé si perfectamente, pero no dudes que lo intentaré. Mira aquí viene- esperó a que el mesero se fuera para ofrecerle el vaso lleno de un liquido color rojo tirando a rosado, con frambuesas de adorno- Diría "hasta el fondo", pero dado que es tu primera vez, mejor será que te lo tomes con calma.
La Relena de siempre hubiera rechazado el vaso e incluso enviado una mirada de desprecio al hombre que la invitara a beber. Pero se sorprendió al verse sonreír y aceptar el vaso, aunque todavía medio indecisa. Nerviosa, se lo acercó a la cara y notó el olor a las frambuesas. Dio un pequeño sorbo. No le quemó la garganta, como muchas de sus amigas comentaban, sino que le dejó un suave cosquilleo. No estaba tan mal, de hecho, era delicioso. Dio otro trago mucho más confiada y antes de que se diera cuenta, se terminó el vaso.
-Wow, pensé que este era tu primer trago.
-Y lo es.
-Pues bueno- Heero esbozó una media sonrisa que hizo estremecer a Relena- eres bastante buena. Pero me pregunto, ¿tienes todavía la cabeza bien puesta como para ir a bailar?
Ella sonrió.
-Ponme a prueba.
Se levantó, quizás demasiado rápido. La cabeza le dio vueltas antes de volver a quedarse en su sitio. Controlando el mareo, se dirigió a la pista sin dejar que ningún movimiento la traicionara. Miró a Heero y le envió una invitadora sonrisa. Inmediatamente, él se le unió.
-Vaya, y yo me había quedado con la impresión de que eras una chica tímida...
Le tomó la mano e hizo que diera una vuelta. Relena había bailado muy pocas veces en su vida, y casi ninguna con un chico. Trató de imitar lo que había visto en las demás mujeres, pero se sentía torpe y tiesa. Casi se estaba arrepintiendo de haber aceptado que la invitara a bailar. Ella no era como las demás, de seguro él buscaba una chica atrevida, emocionante y divertida. Y, para su desgracia, ella no era nada de eso. Además, parecía que el vodka se le estaba subiendo a la cabeza. Maldición, por ser una inexperta con los licores iba a quedar como una tonta ante ese maravilloso chico. De seguro comenzaría a tambalearse como idiota y él se apartaría con lástima para luego tratar de encontrar alguien más interesante y, desde luego, con más cabeza.
-"Pues que lo intente."
Con una determinación demoledora, Relena rodeó con sus brazos los hombros de Heero, invitándolo a acercarse más, y comenzó a bailar en serio. De haber estado con la cabeza más despejada, quizás se hubiera avergonzado un poco de sus movimientos. (N/A: aqui yo no especifico nada. Que cada cabecita se imagine lo suyo xD) Pero al levantar la mirada hacia su acompañante, entendió que a él no le desagradaba para nada todo eso.
Cuando sus ojos se encontraron, Relena sintió una chispa en su interior. Lentamente, casi sin saber lo que hacía, se inclinó hacia el apuesto joven que estaba ante ella, mientras cerraba lentamente los ojos. Bueno, si estaba tan ebria como para bailar tan desenfadadamente, pensó, que importaba si lo besaba. Ya la noche estaba siendo bastante fuera de lo común, así que algo así no iba a ser tan grave.
Sin embargo, Heero se separó de ella.
-No creo que ahora sea el mejor momento.
De haber estado en sus seis sentidos (N/A: porque todos saben que las mujeres tenemos un sexto sentido xD) Relena de seguro se habría apenado de la situación. Pero, dada la ocasión, la vergüenza podría irse a freír espárragos.
-¿Eso crees? Pues yo creo que no habrá otro mejor.
Heero sonrió.
-Puedo apostarte a que sí. Pero en este momento tu hermana viene hacia aquí y creo que con todas las intenciones de marcharse.
Y así era. Hilde por fin hacía su aparición, ceñuda por la condición en la que se hallaba su hermana mayor. Miró severamente a Heero, con señales claras de que iba a golpearlo si le había hecho algo a su hermana.
-¿Estás bien, Lena?
-Por supuesto que sí... Supongo que ya es hora de irnos ¿no?
-Supones bien. Vámonos. Si nos disculpas.- terminó dirigiendose a Heero. Tomó la mano de su hermana y la tiró para que la siguiera a la salida.
Relena la acompañó a regañadientes. No se sentía muy bien y la idea de irse a casa era tentadora, pero la de quedarse un tiempo más con Heero lo era aún más. No obstante, no podía encontrar las palabras para decirselo a su hermana.
Ya estaban fuera de la discoteque cuando Hilde advirtió el paso tambaleante de Relena.
-¡Estás ebria!- exclamó sorprendida.
-No inventes, Hilde... tú sabes que nunca tomó de más...-contestó la rubia arrastrando la eses, como la típica borrachita de animé.
-Pero... pero... -tartamudeó confundida la pobre Hilde- ¿y qué haremos? No puedes conducir así y yo no tengo licencia.
-Claro que puedo conducir... conduzco mejor que tú en todos mis estados...
-¡No es cierto!
-¡Sí lo es!
-¡No te dejaré conducir, Relena Darlian!
-¡Pues lo haré de todas formas!
-No, no lo harás.
Ambas hermanas callaron inmediatamente al escuchar la severa voz de Heero a sus espaldas. No sabían desde hace cuanto las escuchaba, pero decididamente había oído el final.
-No puedo permitir que conduzcas en ese estado, Relena, y menos aún cuando es por mi culpa.
Relena se ruborizó, despejandose brevemente. Su hermana, en cambio, no parecía tan deslumbrada por el tipo ese, aunque no podía negar que era guapísimo.
-¿Y qué propone usted, señor?
Heero sonrió dulcemente.
-Permítanme llevarlas a su casa. No bebí nada y puedo manejar su auto sin problemas.
Hilde abrió la boca automáticamente para decir un "NO" rotundo, hasta que se fijó en la expresión de su hermana. A Relena le brillaban los ojos y no creía que fuera por la embriaguez. Miraba al tipo ese con... con... con no sabía qué, pero definitivamente con algo muy bueno que nunca antes le había visto, en sus dieciesiete años de vida. Quizás podía darle al sujeto el beneficio de la duda. Además realmente necesitaba que las sacara de allí.
-Supongo... si tú estás de acuerdo, Lena...
-Claro que puedes. Nos harías un gran favor, Heero.
-"Con que Heero... bien, tendremos vigilado al muchacho"- pensó Hilde.
Sin más preámbulos, los tres fueron hacia el auto de Relena. Hilde se instaló atrás, dejando a su hermana al lado del "muchacho", decidida a no quitarle la vista de encima. Sin problemas, Heero encendió el motor y salió del estacionamiento.
-¿Dónde viven, señoritas?
-En la calle Amatsu, número 126.
Heero condujo el auto sin mayores sobresaltos y, aparte de preguntas amables y formales, no hablaron en todo el trayecto. El chico parecía conocer la calle, pues llegó al número 126 antes de los diez minutos de viaje. Bajó del auto y les abrió la puerta tanto a Relena, que ya podía mantenerse de pie sin tambalearse, como a Hilde, quien ya no tenía motivos para que le desagradara aquel individuo emborrachador de hermanitas mayores.
-Por cierto, ¿cómo te las vas a areglar tú ahora para irte a tu casa?- preguntó tratando de soltar las últimas sospechas.
-No se preocupen. Tomaré una taxi en la esquina. No vivo muy lejos de aquí.
Ya sin nada que hablar, Hilde caminó hacia la puerta, la abrió y esperó a que Relena entrara, pero al ver que se quedaba con el "muchacho", se encogió de hombros y entró dejando la puerta entreabierta.
Relena se aseguró que su hermanita querida no se quedara espiando entre las cortinas antes de encarar al sujeto. Ahora que estaba más calmada, la pena se estaba adueñando de ella, pero por la forma en que la miraba Heero, sabía que nada de lo que había hecho la había dejado mal.
-Espero que no te hayas tomado una gran molestia al traernos hasta aquí.
-Para nada. Ya me oíste. Vivo más o menos cerca y puedo permitirme un taxi. Además, puede decirse que te forcé a beberte ese vaso, así que tengo parte de la culpa- terminó con una sonrisa.
-Sí, en eso tienes toda la razón.- murmuró Relena haciendolo reír. En seguido tartamudeó- Espero no haberme pasado de lista contigo. Quiero decir... creo que mi actitud no fue la apropiada conciderando que apenas nos conocemos y... bueno... entiendo si ahora piensas que soy una... yo...
Divertido, Heero colocó un dedo sobre los labios de ella, enmudeciendola al instante.
-Lo único que pienso es que eres una criatura completamente adorable.
Sin nada más que agregar y antes de que ella se diera cuenta de lo que hacía, él le tomó la barbilla y le alzó la cara para rozar suavemente sus labios.
Relena sintió que toda la sangre se le iba a la planta de los pies, para luego subirle a la cara, específicamente a las mejillas. Todavía demasiado sorprendida para reaccionar, sintió como Heero trataba de profundizar el beso, e inconcientemente, le pemitió entrar. La recorrió dulcemente con la lengua, logrando por fin una respuesta. Olvidandose de todo, ella cerró los ojos y rodeó el cuello de Heero, pasando la mano suavemente por su pelo. La mano de Heero descendió de su mejilla a la espalda de la joven, acariciando delicadamente su espina dorsal y causándole múltiples escalofríos. Relena dejó escapar un suspiro.
Suavemente, Heero separó sus labios de los de ella y la miró sonriendo con una mezcla de ternura, triunfo y travesura.
-Bueno, ya que estamos en éstas, supongo que no me negarás tu número de teléfono.
Relena tardó exactamente cinco segundos en reaccionar. Inmediatamente, sacó de su bolso una libretita y un lápiz y anotó lo pedido. Arrancó la hoja y se la tendió a Heero, aún ruborizada por el beso recién compartido.
Heero la recibió, la dobló y la guardó en el bolsillo de su pantalón, todo sin dejar de mirarla. Acarició su mejilla con los dedos antes de despedirse.
-Espero volver a verte pronto.- dijo mirándola a los ojos y tomando su mano para besarsela. Se dio media vuelta y se fue. A medio camino, volvió a mirarla para hacerle un último gesto de despedida. Relena se lo devolvió, todavía muda de la emoción.
Cuando ya Heero se había perdido de vista, entró a su casa en estado de zombie. Dejó su bolso en el suelo y fue a la cocina. Necesitaba sentarse. Ahora.
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-¡¡No puedo creerlo!!
Hilde miraba atónita a Relena, quien no se inmutó por su grito y siguió mirando el infinito y más allá. Ambas hermanas estaban en la cocina tomando un refrigerio antes de ir a acostarse. O por lo menos eso es lo que se suponía que hacían, porque Hilde no hacía más que gritar y chillar mientras que su hermana permanecía con la cabeza apoyada en una mano mirando un punto de la pared.
-¡¡Es que es increíble!! ¡Estabas besándote con ese tipo! ¿De dónde lo conoces? ¡Madre santa de Dios, Lena! ¡¡Dí algo!!
-...Ah?- preguntó la rubia más volada que mosca.
-¡¡Aaaaagghh!! ¡¡No seas mala, hermanita!! Dame aunque sea un poquito de informacion...
-¿Qué quieres que te diga, Hilde? Lo conocí esta tarde, me lo encotré en la fiesta esa, me invitó un trago, bailamos y, bueno, las cosas se dieron...
Hilde dio un golpe tan violento en la mesa que hasta Mary (N/A: la perrita. se acuerdan?) dio un salto desde su cesta donde dormía.
-¡¡Nnnoo me vengas con cuentos!!- alzó un dedo severamente- Tú eres mi hermana mayor, la seria, la formal, la tímida y todo lo demas que venga en el paquete. Siempre has sido una conservadora y me has mantenido con la correa bien apretada. ¡Así que no me vengas con el rollo de que se te escaparon las hormonas porque no te creeré!
Relena apoyó su frente en su palma. El dolor de cabeza tan esperado estaba haciendo su aparición. Ahora sólo deseaba acostarse. Y una aspirina.
-Por favor, Hilde. Soy ya prácticamente una adulta. Quizás haya tardado un poco más de lo esperado, pero es perfectamente normal que quiera estar con los hombres y si quiero besarlos o no, francamente es mi problema. Además, no sé de qué te quejas, si llevas toda una vida tratando de conseguirme una cita. Ahora me ves con Heero que es muy agradable y aparte es guapo, así que no entiendo ¿Cual es tu problema?
Hilde miró fijamente a Relena con los ojos practicamente fuera de las orbitas.
-... O.O...
-¿Y ahora qué?
-Confiesa... ¿quién eres y qué has hecho con la seriota de mi hermana?
Relena elevó los ojos al cielo y sin decir nada más, agarró su vaso de jugo y salió de la cocina, dejando a Hilde con una divertida apariencia, con los ojos como huevos fritos y la boca hasta el piso. Lentamente, caminó a su habitación, tratando de no hacer movimientos bruscos para no aumentar el punzante dolor de cabeza.
Una vez en su guarida, cerró la puerta y le puso llave. Dejó el vaso en su mesita de noche, agarró su piyama y se metió al baño que compartía con su hermana. De forma automática, se desvistió, hizo un ovillo con la ropa y la dejó en la cesta para ropa sucia. Sin ganas, se metió a la ducha para salir a los cinco minutos. Estaba agotada.
Una vez en la cama, sacó una tira de aspirinas de su cajón y se tomó dos de un trago. Sin nada más que hacer, dejó caer la cabeza pesadamente en la almohada.
-"Maldición... mi primer beso."
Ese pensamiento giró en su mente hasta que se quedó dormida. Y en sus sueños no vio otra cosa que a Heero Yuy.
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Weno... aqui ta xD. Comentarios, críticas, tomatazos, felicitaciones, insultos... soy bastante abierta de mente y acepto de todo xD. Acepto todos los insultos que se les ocurran por mi demora, a los que solo puedo responder: PERDON!! Pero de a poco vamos escribiendo, progresando y subiendo capitulos para que me dejen haaaartos reviews y me alegren el día ¿no?
Ya pues... los dejo. ¡Mil besos y abrazos a todos los que leen estas historias bizarras que me vienen a la mente!
Mata ne!!
