¡Hola a todos! Lamento mucho haberme tardado tanto, estaba totalmente fuera de mis planes hacerlo, pero he tenido un par de problemas con los que no las aburriré, así que prosigamos inmediatamente con la quinta parte de esta extraña historia…

Capítulo cinco: No tengo que ponerme

Los lunes eran días especialmente pesados en la editorial de la revista Only Girls, con todo el personal yendo y viniendo ajetreadamente, muchos con una cara de sueño que les llegaba a l suelo. Los ánimos también estaban un poco alterados luego de volver a la rutina de madrugar: en la reunión matinal, Noin dio su discurso diario más brusco de lo normal, Allie, la recepcionista, no saludaba con la cálida sonrisa de siempre y hasta los de la limpieza parecían malhumorados. Típico lunes en la mañana.

Pero eso no evitaba que la mente de cierta rubia vagara libremente por el espacio sideral.

Relena apenas sí había notado los ánimos de sus compañeros de trabajo, demasiado ocupada pensando en lo ocurrido el fin de semana. Cuando recordaba su cita del sábado, no podía evitar que una boba sonrisa se asomara en su rostro. ¿Eso significaba estar enamorada? Había visto los síntomas del enamoramiento muchas veces, tanto en su hermana como en sus amigas, pero nunca lo había experimentado en carne propia. No sentía mariposas en el estómago, ni mucho menos, pero cada vez que pensaba en Heero o en cualquier cosa relacionada a él, un escalofrío de felicidad la inundaba entera.

El sonido del teléfono la sacó bruscamente de su ensueño para aterrizarla en su trabajo. Con un sobresalto, cogió el aparato.

-Revista Only Girls, buenos días. Oh- ahora sí que estaba en todos sus sentidos- Buenos días, señorita Noventa, esperábamos su llamada. Sí, recibimos su mensaje y estaremos encantados de hacerle la entrevista. ¿Cuándo?- Relena se dirigió a su ordenador para revisar la agenda- Sí, el miércoles estamos libres. Muy bien, a las tres de la tarde. Se lo agradecemos mucho, que tenga un buen día. Adiós.

Apenas hubo cortado la comunicación, Relena se levantó de un salto y corrió hacia la oficina de Noin. Esta vez, ni se molestó en tocar.

-¡La conseguí! ¡Conseguí la entrevista con Silvia Noventa!- le gritó emocionada a su jefa.

Aunque Noin era la viva imagen del estrés laboral, acogió la noticia con una enorme sonrisa. Felicitó copiosamente a Relena, y luego de murmurar acerca de aumentarle el sueldo, lanzó una pregunta inesperada.

-¿Qué tal tu cita del sábado?

La emoción del éxito desapareció como un chorro de agua. Relena observó anonadada a su jefa, con los ojos saliéndosele por las órbitas.

-¿Cómo es que tú…?

-Oh vamos, Lena. Sabes que, aparte de tu jefa, soy tu amiga y me intereso por ti. Además- agregó como quien no quiere la cosa- tienes una hermana menor bastante charlatana. Ahora, cierra esa boca antes de que te entre una mosca y cuéntame, ¿qué tal está ese tal Heero?

¿Qué qué tal estaba Heero? Pues estaba como un tren, pensó la rubia. Volviéndola loca, asaltando todos sus pensamientos y dejándola mortalmente confundida.

El sábado, luego de que él la dejara en su puerta, entró como si fuera flotando entre nubes. Preparó la cena canturreando y bailoteando ante la mirada pasmada de Hilde, quien apenas habló durante la cena, al ver que su hermana no respondía sus preguntas, pues ésta parecía estar en alguna galaxia bastante lejana. Terminando de comer, Relena levantó la mesa, lavó los platos y hasta los secó y guardó, aún con una sonrisa tonta en la cara. Sin embargo, declinó la oferta de su hermana de ver una película y decidió acostarse temprano, porque temía correr el riesgo de empezar a hiperventilar.

Sólo cuando estuvo a oscuras en su cama, la asaltaron las dudas. ¿En qué rayos se estaba metiendo? Siempre le habían gustado las cosas serias, derechas por así decirlo, y ahora iba y salía a besarse con un sujeto que conocía apenas. Ya entendía la reacción de Hilde. Ella no actuaba de esa manera. De hecho, siempre había tratado de evitar esas actitudes que, según su propia opinión, no eran adecuadas para las jovencitas.

-"¿Me habré enamorado de él?"- la pregunta iluminó su mente, poniéndola nerviosa- "¿Es posible acaso enamorarse de alguien a quien acabo de conocer?"

La cosa era que Heero parecía ser el hombre perfecto para ella. Nunca había conocido otro hombre así, aunque su historial romántico no era demasiado extenso que digamos. Pero él la hacía sentir especial, parecía tener siempre la respuesta o el comentario correcto para la situación y, además, besaba maravillosamente bien.

Pasó casi toda la noche en vela, con las dudas rodeándole la cabeza. Para cuando despertó a la mañana siguiente, había tomado una decisión. Tenía diecinueve años, por todos los cielos. Era joven y bonita, según lo que decía su hermana. Y toda la vida se había comportado como una adulta responsable, siendo todavía una adolescente. Ya era hora de que viviera un poco la vida, que hiciera un par de las locuras que acostumbraban a hacer las chicas de su edad. No era antinatural que una chica saliera con alguien que acabara de conocer, así que, ¿Cuál era el problema? Saldría con Heero. Saldría con él, lo besaría, lo abrazaría y haría todas las cosas que siempre escuchó de sus amigas. Y si la cosa no duraba mucho, pues por lo menos lo habría disfrutado.

Con aquella decisión hecha, se levantó con mucho ánimo, que aumentó en un grado considerable al ver que tenía un mensaje de texto en su celular.

"Buenos días, bella durmiente. Me gustaría repetir lo de ayer. ¿Almuerzo para el Martes? Te esperaré en la cafetería de la última vez. Cuídate (k) (k) (k)." (N/A: por si no saben, (k) es el típico beso de MSN…)

La misma sonrisa boba de la noche anterior había iluminado el rostro de la rubia. ¡Vaya que era agradable despertar con aquel saludo! Ese sujeto sí que sabía lo que hacía, ese mensaje matinal la había derretido…

-Bueno, si tienes esa sonrisa, supongo que el tipo está bastante bien.

La voz de Noin la sacó de sus recuerdos, sobresaltándola y recordando que debía responderle aún. Algo sonrojada, le devolvió la sonrisa a su jefa.

-Está más que bien. Es increíble. Guapo, tierno, gracioso. Parece venir de esas promociones que dicen "todo incluido".

Noin lanzó un silbido.

-Para que Relena Darlian lo diga, realmente debe ser muy bueno- alzó las cejas al ver como ella se encogía de hombros- ¿Y cuándo lo verás de nuevo?

-No estoy segura. Ayer me mandó un mensaje invitándome a almorzar el martes, pero…

-¡Nada de peros, jovencita! Debes ir a esa cita, es una orden directa de tu superiora.

Relena le sonrió agradecida, pero la sonrisa no duró mucho. Tenía un pequeño problema todavía.

-Te lo agradezco, Noin, pero… - se detuvo, algo avergonzada por lo que iba a decir- la verdad es… que no tengo idea qué ponerme.

Noin la miró extrañada antes de entender a qué se refería. Ese día, Relena usaba una falda larga marrón y una blusa blanca. No estaba mal, pero definitivamente era una tenida de trabajo. De hecho, era una tenida de trabajo para una mujer de treinta años. Y, de todo el tiempo que conocía a la chica, siempre la había visto con ropas más o menos similares. Noin se reía cuando Hilde se quejaba de ella, diciendo que no tenía ni una pizca de coquetería. Relena se defendía argumentando que las faldas cortas y las blusas con mucho escote no eran para nada prácticas. Con esa explicación, casi todo el guardarropa de la chica consistía en casi lo mismo.

-Bueno, algo debes de tener. ¿Qué usaste el sábado?

-Ropa de Hilde. Lo único que me atreví a ponerme- Desesperada, la rubia se mesó el pelo con las manos- Soy un desastre. No tengo nada propio que pueda usar, ni ropa, ni maquillaje, ni siquiera peinarme puedo… ¿Qué clase de chico querrá salir con alguien tan poco cuidadosa de su imagen como yo?

-No te preocupes, Lena querida. Ya lo solucionaremos. No debe ser para nada difícil- diciendo esto, Noin fue a su escritorio y agarró el teléfono. Marcó un número que ya se sabía de memoria. Y Relena también.

-¿Qué vas a hacer?- preguntó ella recelosa.

-Ya verás. ¿Giovanni? Hola, querido, habla Lucrecia Noin. Tenemos una emergencia aquí. ¿Sí? Maravilloso. ¿Una hora? Sería perfecto. Y tráete a todo el personal. Grazie, querido, ¡Ciao!

Noin colgó con la satisfacción pintada en la cara. Relena la miraba, pero con la estupefacción pintada en la cara.

-¿Qué demonios fue eso? ¿Giovanni?

-Sí, Giovanni- Noin se levantó de su escritorio con suma elegancia y se dispuso a salir de su despacho, dejando a Relena muda de asombro. La miró por sobre su hombro para sonreírle- Mereces lo mejor, querida. Llama a Hilde, si quieres. Seguramente querrá ver esto.

U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u— U--

-Válgame Dios, tu jefa sí que sabe hacer las cosas a lo grande- exclamó Hilde con una enorme sonrisa.

Ante ella, Noin y una atónita Relena desfilaban un grupo de asesores de belleza al más puro estilo "Miss Simpatía". Liderados por un italiano de veinte y pico años, alto, delgado, con el pelo castaño de punta con mechas doradas y algo amanerado, hombres y mujeres se presentaron ante ellos llevando maquillaje, cremas, perfumes, ropa, accesorios y miles de cosas más.

-Por el amor de Jesucristo y su Apóstoles, Noin… ¿Cómo diablos se te ocurre llamar a Giovanni? Es exclusivo para la revista, yo no puedo…

-Claro que puedes, querida. Trabajas demasiado y siempre he creído que debería recompensarte de algún modo. Bueno, aquí esta.

-¡Mi querida Lucrecia!- exclamó Giovanni acercándose a ella y besándole ambas mejillas- Vine tan pronto como llamaste, querida. Supongo que ella es mi pequeña conejilla de indias.

Con gestos teatrales, Giovanni se dirigió a Relena, rodeándola como si fuera una escultura y él un crítico. Dio un par de vueltas alrededor de ella, le tomó el rostro, pidió que se pusiera en distintos ángulos y le manoseó el cabello.

-Buen color, pero bastante descuidado. Largo aceptable, puntas algo quebradas, falta brillo, aunque la suavidad está más que bien- concluyó. Luego volvió a tomarle el rostro- Piel normal, cutis bien cuidado, cejas… habrá que emparejarlas. Bonitos ojos, corazón- terminó de decirle mientras le daba una palmadita en la mejilla.

-Gracias- murmuró Relena, roja de vergüenza.

-Ahora gira una vez más- así lo hizo ella y Giovanni chasqueó la lengua- Por Dios, corazón. No estás en edad para usar eso. No, no, no, eso no está bien para un pimpollo como tú. ¡¡¡Marta!!- una de las uniformadas adelantó un paso- Trae la colección de la última temporada. ¡¡¡Gretel!!! El maquillaje que se utilizó para la última sesión de fotos de aquella revista. ¡¡¡Cassidy!!! El set de depilación completo. Prepárate, cariño, saldrás de aquí convertida en una monada.

Los ojos de Relena encontraron los de su hermana y clamaron por auxilio. Hilde la ignoró, simplemente alzó el pulgar con gesto de victoria.

-¿Puedo observar, señor Giovanni? Me gustaría aprender más para ponerlo en práctica- pidió la pelinegra sonriendo dulcemente.

-Por supuesto, corazón. El gran Giovanni siempre pone su talento en manos de los más desamparados.

Giovanni tomó a Relena por el brazo y tiró de ella para llevársela a la sala continua. Ella no se resistió, sabía que no serviría de mucho, ya que las tales Marta, Gretel y Cassidy le cuidaban las espaldas y su malvada hermana las seguía dando saltitos. Relena miró a su jefa, como última esperanza.

-Noin, por favor…

-Relájate, Lena. Ya me agradecerás esto… algún día.

-Reza para que me de un golpe en la cabeza o algo, porque de lo contrario te mataré.

U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u— U--

-Es definitivo, voy a matarla- susurró Lena.

Se hallaba semi acostada en una típica silla de peluquería. Giovanni estaba detrás de ella lavándole el cabello y echándole cientos de extrañas sustancias y pócimas embellecedoras que lo harían brillar "cual radiante sol de verano" según sus propias palabras. Marta le depilaba las cejas con unas pinzas diminutas, causándole unos continuos dolores. Le hubiera gustado correrle las manos a esa uniformada, pero Gretel y Cassidy tenían apresadas sus muñecas mientras le hacían la manicure.

-Las manos, cariño- le decía Giovanni mientras le aplicaba otra crema extraña en el pelo- dicen mucho de la gente. Si tus manos son callosas y llenas de durezas significa que eres una persona trabajadora, pero si intentas esconder las imperfecciones, querrá decir que, aunque trabajes demasiado, aún te das tiempo para preocuparte de ti. Y eso es lo que queremos que crea tu hombre ¿cierto?

-Eeh… yo no tengo un hombre- murmuró la pobre rubia.

-Bah, bah… no seas modesta, corazón- replicó el estilista haciendo gestos con la mano y enjuagándole el cabello- debajo de toda esa imagen desgarbada se esconde un bello cisne a punto de emprender el vuelo. Cualquier hombre lo vería y no creo que hagas esto solo por vanidad. No, no, tú has requerido al gran Giovanni para que te inicie en el camino de la belleza femenina y así poder cautivar a tu hombre.

Relena suspiró, pero dejó que el estilista creyera lo que quisiera.

Cuando terminó con su cabello, Giovanni se lo encargó a Marta para que lo secara y cepillara. Mientras, él sacó una nueva colección de cremas y menjunjes y procedió a aplicárselos en la cara.

-Observen con mucha atención- le decía a nadie en particular- siempre el exfoliante primero. Este limpiará a fondo su piel para que luego puedan humectarla. Tesoro, hoy haré varias cosas, pero tú solo recuerda: exfoliante, limpieza profunda y humectación. Haciendo eso unas tres veces a la semana tu piel relucirá.

-¿Por qué hacer todo esto hoy?- preguntó Lena con la cara algo tirante por la mezcla que le habían echado en la cara- A él no lo veré hasta mañana.

-¡Típico error! Corazón, nunca jamás debes hacerte un tratamiento profundo de limpieza el mismo día de tu cita. Imagínate te salen manchas por alguna irritación o algo… ¡Qué horror!

Marta, Gretel y Cassidy asintieron con gravedad, mientras las dos últimas se ocupaban de los pies de Relena…

(N/A: ya… esto parece revista de belleza… volvamos a lo importante…)

3 horas después…

Noin esperaba impaciente en la sala de espera. Dios, no se había imaginado que se tardaran horas en arreglar a la chiquilla. Si tampoco estaba taaan mal…

Justo entonces las puertas se abrieron con una dramática lentitud. Giovanni salió con aspecto cansado y limpiándose un falso sudor con un pañuelo rosa.

-Ha sido un trabajo duro, mi querida Lucrecia, ¡¡pero el gran Giovanni ha cumplido de nuevo!! Con la ayuda de mi gran personal, he transformado el diamante en bruto. ¡Hela aquí!

Marta, Cassidy y Gretel dieron el redoble de tambores, aparecidos de la nada, y Hilde apareció lanzando pétalos de flores. Iluminada por una luz celestial y caminando bajo el coro de los ángeles (N/A: waa xDD) salió Relena, roja como tomate.

Era evidente que le habían hecho algo en pelo. Este caía suavemente y tenía una elegante forma, además realmente brillaba cual sol de verano. Su piel también se veía suave y llevaba más maquillaje de lo normal, sin verse sobrecargada. El gran cambio era la ropa.

Había dejado la falda de señora por unos cómodos pantalones cortos que le llegaban por sobre la rodilla. En lugar de la blusa, llevaba un top con tirantes que se amarraban por detrás del cuello. Nada revelador, pero mucho más atractivo y juvenil.

-¡¡Oh, Relenita de mi alma!! ¡Estás hecha una monada! Giovanni, eres un verdadero genio- exclamó Noin haciéndole reverencias al estilista.

-Ni lo menciones, ma cherié, ha sido un honor- contestó Giovanni, luego se volvió a Relena- Recuerda corazón, limpieza, exfoliación, cremas y un poco de gusto para vestir. Puedes llevarte las prendas como regalo. Ahora, sal y conquista el mundo- terminó besándole las dos mejillas.

-Eeehh, claro, Giovanni, como tú digas

U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u— U--

En cuanto se quitó la ropa y el maquillaje, Relena se sintió otra vez como ella misma. Aunque tenía que admitirlo, era divertido jugar a maquillarse y a vestirse a la moda, pero también era agotador. Con la cara limpia, el pelo en un simple moño y vistiendo su camisón, se sentía mucho más cómoda.

-¡Mou, Lena!- exclamaba Hilde sentada en la cama de su hermana- Estabas tan bonita… ¿Por qué no puedes quedarte así para mañana?

-Por dos sencillas razones, hermanita: en primer lugar, no puedo dormir con esa ropa puesta, es terriblemente incómodo. Y en segundo lugar, Giovanni dijo que siempre, siempre debo quitarme todo el maquillaje antes de dormir.

-Mañana madrugaré para asegurarme que te vas al trabajo como Kami-sama manda.

Relena puso los ojos en blanco. Aunque en su interior, estaba feliz. La idea de ver a Heero otra vez la hacía sonreír como boba. Además, ansiaba ver su expresión cuando la viera tan bonita y arreglada. ¿Le gustaría? ¿Y si creía que se había vuelto superficial? ¿O si, por el contrario, le gustaba mucho, quizás demasiado? No había olvidado el último beso que habían compartido. Había logrado que le temblaran las piernas hasta convertirlas en jalea. Si ponía más empeño, ella podría…

-"Oh, Kami-sama"- pensó, sonrojándose.

-Oye, Relena- escuchó apenas a su hermana- se me había olvidado decirte. Revisé el correo esta mañana y… tenemos una carta de Trowa Barton.

El nombre de su abogado la devolvió inmediatamente a la tierra. En su mente ya no había espacio para enamoramientos idiotas o chicos guapos. Aunque fueran increíblemente guapos.

-¿La leíste?

Hilde negó con la cabeza.

-No va dirigida a mí- le respondió mientras se levantaba e iba a la cocina. Relena la siguió.

Encima de la mesa había un sobre blanco. Relena lo tomó. Sí, seguía sellado. Con las manos temblándole ligeramente, lo abrió.

Mi estimada señorita Darlian

Aunque es un método poco habitual, los señores P. no esperarán que le envíe una carta. Como es un medio tan inseguro, es lo más seguro en estos momentos.

Las pruebas de ADN dieron positivas, así que ya no atacan por ese lado. Ahora están usando como argumentos la ilegitimidad tanto del nacimiento de su hermano como el suyo. Aunque la herencia va más de la mano con la línea de sangre que con el hecho de haber nacido dentro de un matrimonio, me temo que aquí son algo chapados a la antigua. Pero no se preocupe. Si las cosas se ponen feas, podemos apelar a que su padre no tenía cónyuge al momento de su muerte, por lo que tenía el derecho a dejar su legado a quien él quisiera.

Ahora el quid de mi carta. Hemos recibidos alarmantes comentarios de los señores P. comentarios que en el fondo son claras amenazas. Al parecer, alguien la está buscando. Por favor, señorita, ni usted ni su hermana salgan de sus rutinas establecidas y, si es posible, NO HABLEN CON NINGÚN EXTRAÑO. Los señores P. tienen a profesionales bajo su poder, así que desde hoy cuiden sus amistades. Ahora todos son sospechosos.

Lamento haberla alterado, pero su hermano apenas puede descansar al saberlas en peligro. Le transmito sus saludos y su cariño.

Por favor, cuídense mucho.

Dr. T. Barton. Abogado

-¿Relena? ¿Te encuentras bien? Te has puesto horriblemente pálida.

La rubia apenas escuchaba a su hermana. Temblaba completamente mientras las lágrimas subían a sus ojos. Sus más profundos temores se estaban haciendo realidad.

Alguien sabía el secreto.

Alguno de esos horribles Peacecraft sabía la verdad.

Habían descubierto que ella seguía con vida.

U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u— U--

OoOoOohhhh!!! ¿Qué tal? Poco a poco, la trama va apareciendo. Me fui un poco en volada con todo eso de la moda y la belleza, pero por lo menos introducí un poco de acción al final. A las que extrañaron a Heero, ¡No se preocupen! En el prox. capítulo aparecerá seguro.

Estoy muy entusiasmada con esta historia asi que espero subir pronto el otro capitulo. No prometo nada, pero les doy una gran esperanza xD. Todo depende de la cantidad de reviews que me lleguen, asi que ya saben… ¡A ESCRIBIR, A ESCRIBIR! Onegai xD

Eso sería todo, los amo a todos los que leen esto!!!!