Por fin! Se acabo la larga espera! Aquí les va una nueva entrega de esta extraña historia, ¡Disfruten!
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Capítulo seis: Cita arruinada
Relena se removió incómoda frente a su escritorio y trató de bajarse un poco más la falda negra. Jamás, jamás podría acostumbrarse a esas endemoniadas minifaldas. Cierto, no era tan corta, pero cuando se sentaba, la maldita faldita insistía en subírsele hasta casi los muslos.
No sabía cómo se había dejado convencer por su hermanita para usar la dichosa falda que Giovanni le había regalado, junto con tantas otras prendas. La blusa blanca no estaba mal, aunque era un poco más ajustada de lo que le habría gustado. Hilde le había dicho que la talla estaba perfectamente bien, que el objetivo era que fuese un poco más ajustada para que así pudiera realzar sus atributos. Relena aún se sonrojaba cuando pensaba en eso.
Tratando de sacar de su cabeza todo lo que tuviera que ver con prendas acortas o ajustadas, revisó el papeleo de su escritorio, asegurándose de que estuviera todo en orden. Es mañana había sido bastante eficiente. Había concertado dos entrevistas, una con una actriz de películas juveniles y otra con una nueva escritora adolescente de gran éxito. Además, Silvia Noventa había llamado para confirmar su hora de entrevista. Todo iba perfecto.
O casi.
Dejó escapar un suspiro. Al parecer, la carta del día anterior no iba a dejarla en paz. No quedaba mucho por hacer. Ya le había enviado una respuesta a su abogado, había hablado con Hilde para transmitirle la advertencia y había puesto al tanto a Noin. Su jefa estaba al tanto de todo lo acontecido y era la única persona ajena a la familia que sabía la verdad. Al igual que ella, se había alterado bastante, al punto de querer que no se apartase de su vista ni un solo segundo.
Apoyó la cabeza entre las manos y se masajeó las sienes, tratando de calmar el dolor de cabeza que la amenazaba. Necesitaba relajarse, de lo contrario Heero cambiaría su opinión sobre ella en cuanto atravesara la puerta de la cafetería.
Pensar en él la hizo sonreír. El día anterior la había llamado para confirmar su cita a almorzar en la misma cafetería en la que se habían conocido. La esperaría a las dos. Todavía quedaba una hora para eso y el mirar el reloj cada dos minutos no aceleraba el tiempo.
Menos mal que su mañana había sido eficiente, ahora podía permitirse soñar despierta con su galán. Y pensar que ella, una semana atrás, se burlaba de aquellas compañeras que se pasaban las horas de trabajo suspirando por sus novios. Ahora las entendía perfectamente.
¿Estaría Heero igual que ella, sin poder concentrarse diez minutos seguidos, pensando en ella a cada rato, soñando con ella? Le gustaba creerlo, pero igual lo dudaba un poco. Había escuchado que los hombres eran mucho menos soñadores en ese aspecto comparado con las mujeres. Pero sí pensaba en ella, estaba segura de eso. Y debería echarla de menos, por algo quería verla tan pronto. Nuevamente, sonrió con la tonta sonrisa que caracteriza a las mujeres enamoradas.
-¿Pensando en tu príncipe azul?
Relena se sobresaltó al darse cuenta que su jefa estaba apoyada sobre su escritorio, mirándola con una mezcla de burla y regaño. Tratando de parecer aplicada, empezó a revolver papeles y a repartir buenas noticias.
-Las señoritas Minako Takishima y Hikari Tadou llamaron y accedieron a concedernos la entrevista. También llamó la señorita Sylvia Noventa para confirmar la suya. Será mañana a las cuatro. Como no había nadie disponible, pensé que podría entretenerla un rato hasta que…
-Ya vete- la cortó Noin, sonriendo a pesar suyo.
-¿Irme? ¿De qué hablas?
-No me mires con esa cara de sorpresa. Te cedo la media hora que falta para el almuerzo, sólo porque has trabajado muy duro. Pero no creas que te podrás aprovechar de mí y me sacarás más tiempo.
-¡Gracias, Noin!
Relena se levantó de un salto, cerró su ordenador portátil y agarró su bolso. Iba a irse cuando Noin la detuvo.
-Eso sí, me gustaría tener una pequeña charla contigo, antes de que te vayas.
Un poco sorprendida, Relena siguió a su jefa hasta su oficina. Noin cerró la puerta y le indicó que tomara asiento, mientras ella hacía lo mismo. Relena empezó a sentirse nerviosa, pero estaba segura de que no podría ser una queja a su trabajo. Si de algo podía jactarse, era de ser una estupenda secretaria, pensó con cierta ironía.
-Estoy preocupada, Lena- comenzó Noin entrelazando sus manos- Lo que me contaste me ha puesto nerviosa. Creo que ya no es seguro que tú o Hilde se paseen solas por las calles. Me gustaría que, a partir de hoy, me llamaras cada vez que sales de casa y volvieras a llamarme en cuanto llegaras y lo mismo para tu hermana. Te pediría que vinieran a vivir en mi casa,- Noin sonrió al ver la expresión de Relena- pero sé que te negarías.
-Y no es de malagradecida, Noin. Sabes que aprecio mucho tu ayuda, pero sería demasiado. Además, no creo que corramos peligro- contestó Relena algo más animada, aunque ni ella se creía sus palabras.
Ninguna de las dos lo hacía.
-De acuerdo- dijo Noin lentamente- Pero sabes que la oferta seguirá en pie.
-Te lo agradezco- sonrió la rubia y se puso de pie para irse. Había puesto la mano en la manilla cuando Noin volvió a llamarla- ¿Qué sucede?
-Una cosa más, Lena-dijo Noin seriamente- No le cuentes nada de esto a Heero.
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-"¿A qué se refería con eso?"- pensaba Relena mientras el autobús se detenía frente a un semáforo- "Por supuesto que no se lo voy a decir a Heero. Por Dios, si apenas nos conocemos. No hay necesidad de empañar lo poco y nada que tenemos"
La advertencia de Noin la devolvió a sus preocupaciones. Ella tenía razón, ya no era seguro que salieran de casa. A Hilde no le haría ninguna gracia, pero tendría que prohibirle las salidas de los fines de semana. En cuanto a ella, tendría que pensar que iba a hacer con su incipiente romance. Era un poco deprimente, el primer amor y ya tenía problemas para sacarlo adelante.
-"De seguro a Heero le extrañaría si llego de un momento a otro y le digo `Lo siento, no puedo seguir viéndote, porque es peligroso para mí salir de casa. Oh no es nada, sólo es que la familia más poderosa de Japón me quiere ver muerta.´ Sí, claro."
El autobús se detuvo a poca distancia de la cafetería. Todavía con la cabeza llena de negros pensamientos, Relena se bajó y caminó hacia el lugar. Casi estaba sin ánimos cuando abrió la puerta del local y entonces lo vio. Como suele suceder, se le olvidaron todas sus preocupaciones y sonrió antes de hacerle un gesto de saludo.
Heero se levantó de su asiento en cuanto ella llegó y le sonrió antes de besarla ligeramente en los labios. Luego la invitó a sentarse frente a él. Relena obedeció, algo sonrojada.
-Llegas temprano- fue lo primero que dijo.
-Sí, Noin me dejó salir antes en cuanto vio que no estaba demasiado enfocada en el trabajo- respondió Relena.
-¿A qué se debió semejante error? Tenía entendido que eras una secretaria muy eficiente.
-Bueno… - masculló ella- digamos que me tenías un poco emocionada…- se interrumpió en cuanto vio la expresión de triunfo en los ojos de Heero- Pero en fin, ¿ordenamos?
Heero se echó a reír.
-No te librarás la próxima vez- respondió cogiendo la carta.
Luego de pedir su orden se quedaron en silencio. Relena sentía su mirada fija en ella, poniéndola nerviosa. Nuevamente se preguntó si la dichosa falda estaba más arriba de lo necesario.
-¿Ocurre algo?- preguntó para empezar la conversación.
-Para nada- sonrió él- Es solo que te veo diferente hoy.
-Diferente… ¿eso es bueno o malo?
-Ambos- su sonrisa aumentó cuando la vio fruncir el ceño- Por supuesto que es bueno, puesto que te ves hermosa, pero ahora tendré que controlar a los otros tipos que te miren embobados.
-Ah, bueno. Gajes de oficio- contestó Relena, sonrojándose un poco.
Heero sonrió y le preguntó como iba el trabajo. La conversación se alargó bastante por ese camino, ya que Relena le explicaba entusiasmada como había conseguido una entrevista con la famosa modelo del momento, Sylvia Noventa.
-Es realmente increíble que haya accedido, no suele aceptar muchas entrevistas, así que logrará que la popularidad de la revista suba de manera asombrosa- exclamaba feliz la rubia.
Heero, que no había dejado de sonreír, dejó escapar una risita al ver el entusiasmo de su compañera, lo que causó que la timidez innata de Relena volviera a manifestarse.
-Tal vez estoy hablando demasiado- dijo con una pequeña sonrisa.
-Ni siquiera lo pienses- contestó Heero- me gusta escucharte.
Relena le sonrió mientras la camarera les traía su almuerzo.
-Bueno, pues lo lamento, pero siento que he monopolizado la mayor parte de la conversación. ¿Algo interesante para contar?- preguntó mientras le daba una mordida a su sándwich.
Heero cruzó los brazos mientras la miraba pensativamente.
-Conseguí un trabajo de medio tiempo, nada especial. Por lo demás, me paso el tiempo pensando en cierta chica que difícilmente me deja concentrarme en algo más.
-Eres un adulador, ¿lo sabías?
- Es parte especial de mi encanto.
- Aun así –contestó Relena riendo- me resulta difícil imaginarte teniendo problema de concentración por culpa mía.- La voz de Relena se fue apagando mientras Heero extendía su mano para agarrar la suya.
- Los hombres también somos soñadores, Relena- le susurró con ternura- en especial cuando nos encontramos con chicas bonitas y dulces como tú.
Relena le devolvió la sonrisa antes de seguir conversando de temas más intrascendentales. Al ver que Heero no tenía mucho que contar sobre su rutina, ella siguió en la segura línea del trabajo. Habló sobre los temas que la revista iba a tratar el próximo mes y estuvieron un buen rato discutiendo si el hombre tenía derecho de imponer la pena de muerte. Heero opinaba que en algunos casos era necesario, mientras que Relena defendía tenazmente que nadie tenía el poder sobre la vida de otra persona.
- Está bien, está bien- exclamó Heero, sonriendo- Me rindo. Es imposible discutir contigo cuando crees en algo con tanta determinación.
-Bueno, me gusta defender mi punto de vista.
-Ya lo creo- Heero hizo una seña para que les trajeran la cuenta- ¿Te gustaría dar un paseo antes de volver al trabajo?
Relena sintió como se le aceleraba el corazón.
- Me encantaría.
- Perfecto.
Heero pagó la cuenta, sin escuchar el ofrecimiento de Relena para pagar su parte, y la ayudó a ponerse de pie. Caminaron juntos hacia la salida, sin dejar de hablar animadamente y sin fijarse en la mirada de sana envidia y admiración que les dirigió la camarera. Ojalá se encontrara un novio tan atractivo como el de la señorita.
Frente a la cafetería había un pequeño parque de juegos al que decidieron ir a pasar el rato que les quedaba antes de que Relena debiera volver a la editorial. Sin embargo, antes de cruzar la calle, Heero se detuvo.
-Vaya, se me ha quedado el abrigo sobre la mesa. Adelántate si quieres, en seguido me reúno contigo.
-Claro, no hay problema.
Relena observó cómo se devolvía y entraba de nuevo a la cafetería. Con una leve sonrisa, comenzó a cruzar la calle.
Todo pasó demasiado rápido.
Relena alcanzó a atisbar una mancha negra antes de ser violentamente arrojada contra la acera. Escuchó gritos a su alrededor y ruido de gente corriendo, aproximándose a ella. Pero aparte de eso, solo sintió dolor. Un terrible dolor que amenazaba con reventarle la cabeza en mil pedazos.
Con la mente confusa, Relena se obligó a seguir respirando y a concentrarse en abrir los ojos. Hacerlo solo le provocó más dolor. Además, no podía ver nada, solo manchas borrosas a su alrededor. Con un máximo esfuerzo, volvió a abrir los ojos y pestañeó varias veces, tratando de aclarar la vista.
-Estás bien. Gracias a Dios, estás bien.
No necesitaba verlo para saber que Heero estaba a su lado. Inmediatamente, se sintió segura. Volvió a pestañear, tratando de distinguir su silueta. Después de un par de intentos, lo logró. Allí estaba, con el rostro crispado por la preocupación, rodeado de desconocidos que trataban de ver cómo se encontraba esa pobre jovencita que había sido atropellada por un automóvil.
- ¡Por Dios, pero si salió de la nada!
- Y ni siquiera se detuvo…. Delincuentes como ese hay en todos lados.
-¿Alguien llamó a la ambulancia?
-No se acerquen, déjenla respirar….
-Cuidado, no la muevan demasiado…
Sin hacer caso de los comentarios, Heero se inclinó sobre Relena y, sin dar aviso alguno, recorrió su cuerpo con las manos. A pesar del dolor, Relena sintió que se sonrojaba.
-No pareces tener nada roto, aunque creo que te torciste la muñeca al caer. Relena, ¿te duele todo el cuerpo?
A la rubia le faltó poco para poner los ojos en blanco. ¿Acaso no era obvio?
-Ss… sí- logró tartamudear.
-¿Puedes sentir las piernas?
-Sí….. también duelen.
Heero le dio un suave beso en la frente.
-Sshh…. Tranquila, la ambulancia viene en camino.
No terminó de decirlo cuando escucharon la sirena de la ambulancia acercándose. La gente se apartó, sin dejar de murmurar sobre la imprudencia de los conductores de hoy. Rápidamente, dos paramédicos se bajaron de la ambulancia y se acercaron a Relena. Hicieron un rápido chequeo general y le preguntaron algunas cosas a Heero antes de subirla con cuidado a una camilla.
-Yo iré con ella- dijo Heero subiéndose a su lado sin esperar el consentimiento de los paramédicos.
-¿Es pariente o algo de la señorita?
-Soy su novio. Por favor, prometo que no me entrometeré.
-De acuerdo, suba.
Relena estaba confundida y adolorida, pero no inconsciente mientras le inyectaban morfina para calmar el dolor y comenzaban a inmovilizarle el brazo. Había escuchado lo que Heero había dicho y el corazón se le aceleró de tal forma que temió que se le saliera del pecho. Sin embargo, ahora que estaba algo más despejada, había algo que la tenía aterrorizada.
Pasada la primera impresión y el dolor, pudo ver en su mente perfectamente la imagen del automóvil acercándose a ella a toda velocidad. Incluso había podido distinguir un poco al sujeto de gafas oscuras que iba al volante. Iba con toda la determinación de atropellarla.
No había sido un accidente. Ese hombre había querido matarla.
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Heero tocó suavemente la puerta antes de entrar a la habitación. Relena le sonrió débilmente desde la camilla del hospital.
-Gracias por quedarte- murmuró, aún algo mareada por los calmantes.
-Por nada en el mundo me iría- contestó él antes de sentarse con cuidado a su lado. Con cariño, le retiró un mechón de pelo del rostro- Llamé a tu hermana desde tu celular. Está muy preocupada, pero sabe que estás bien y debe llegar en cualquier momento. También avisé en tu trabajo porqué no habías llegado. Tu jefa también sonó horriblemente preocupada.
-Muchas gracias, no tenías que haberte molestado.
-Claro que tenía que hacerlo. Estabas conmigo, podría decirse que esto es parte culpa mía- Los ojos de Heero se ensombrecieron repentinamente- Relena, debemos hablar.
-"Oh, oh"
-Nunca me ha gustado esa frase- dijo ella, tratando de poner un poco de humor, pero se encogió ante la mirada seria de Heero.
-Relena, tú me gustas muchísimo y no creo estar equivocado cuando digo que yo también te gusto. Me gustaría llevar lo que tenemos a algo más serio- se detuvo un momento y tomó aire- pero no sé si puedo hacerlo si no me dices que pasó hoy.
El miedo la paralizó.
-No sé de qué me hablas.
-Creo que lo sabes perfectamente- respondió Heero con dureza- ¡Maldición, Relena, no soy ciego! Vi como ese auto salía de la nada para ir directo hacia ti. Ese sujeto quería quitarte del medio y quiero saber porqué.
Relena desvió la mirada, pero Heero tomó suavemente su mentón y la obligó a mirarlo.
-Quiero protegerte- susurró- No quiero que nada malo te ocurra. Pero no puedo hacerlo si no me dices qué está pasando.
-Solo fue un accidente, ¿por qué crees que algo pasa?- trató de salvarse Relena.
-No es solo esto. Ya sé que no hemos estado mucho tiempo juntos, pero te conozco lo suficiente para saber que estás asustada. Mientras caminas, volteas para mirar sobre tu hombro, como si temieras que alguien estuviera siguiéndote. Te sobresaltas cuando alguien te habla por la espalda. Y ahora alguien te atropella con obvios deseos de matarte. Quiero saber qué ocurre.
Relena cerró los ojos, inmersa en una dura lucha contra sí misma. Dios, deseaba decirle, pero no podía arriesgarse….. Nadie podía saber su secreto. Si se lo decía, si confiaba en él, también podría ponerlo en peligro…
-Relena, quiero ayudarte.
Relena abrió los ojos y observó los cálidos ojos de Heero. Había cariño y preocupación en ellos. Y también una fuerte resolución para hacer lo que fuera por ayudarla.
Tomó su decisión.
-Está bien- dijo en un susurro- Cierra la puerta. Esto puede tardar.
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CHAN! Por fin, después de 1 año! Diooosss, como lo siento, pero en verdad me había estancado con este fic. Pero de la nada me llego un golpe de inspiración (debe ser porque por fin estoy de vacaciones xD) y helo aquí. El próximo capitulo en verdad espero que me fluya mas fácilmente y no se preocupen, que no he descuidado "cambios, para bien o para mal", también progresa, lentamente, pero lo hace xD
Espero que les guste como va la historia (parece que intento matar a Relena en todas mis creaciones) y ojala se ponga mas emocionante a partir de ahora! Espero sus comentarios!
Nos vemos!
