Disclaimer: Naruto y sus personajes son obra de Masashi Kishimoto
Una parte de ti, una parte de mi, un alma incompleta...
-¿Pasa algo KT? Te ves pálida.
-Tu... Judith... no...- no termina de formular ninguna frase y se va corriendo.
Bajo de la ventana y me dirijo a la habitación para darme una ducha. Abro la puerta, Deidara esta ahí. Verlo es doloroso, es como un golpe al corazón, un impacto o tal vez una estrepitosa sacudida. -¡Vaya! No sabía que habías despertado, uhn- me habla como si nada. Ni siquiera volteo, yo no quiero responder, no tengo fuerzas para hacerlo, tan solo verlo me hace sentir triste. Me dirijo al guardarropa y lo abro de la parte donde esta mi ropa; tomo la bata, una blusa y miro los pantalones, me detengo a observar las faldas que me trajeron Sasori y Deidara, están nuevas; tomo una larga de color morado. Dejo la ropa sobre la cama y luego voy por la mochila. – ¿Me escuchaste?- sigo ignorando su voz. Saco de la ropa interior que siempre se ha guardado ahí por pena a que el rubio la vea.
-¿Te sucede algo, hum?- pregunta el rubio un poco molesto por el hecho de que lo ignore. Me toma de los hombros mientras vuelve a hablar -¿te pasa algo?- me gira para que lo vea. Se ha sobresaltado, me lo esperaba.
-Si me disculpa Deidara-sama, voy a tomar un baño, así que me gustaría que saliera un momento- trato de alejar todos los sentimientos de mi, pues se que de no hacerlo estallare en lagrimas. El ojiazul se retira, ya puedo bañarme tranquilamente.
Después de vestirme, voy al baño y me miro en el espejo. Una chica de estatura normal, blanca, cabello negro hasta media espalda; vestida con una falda larga de color morado y una blusa negra que me queda un poco floja, de mangas cortas; ese tinte azul...
Aprieto los puños con fuerza, hasta el punto de clavarme las uñas en las palmas. No soporto ver esos ojos, ¡esos malditos ojos! Mi maldición, mi condena... el recuerdo y causa de mi pecado...
Imágenes que me nublan la mente... voces que retumban en mis oidos-No sabes como te odio, ¡deja de mirarme! ¡deja de mirarme con tus malditos ojos! Te prometo que algún día te los sacare... ese color tan horrible debería ser borrado...-sus pasos acercándose a mi... la madera chocando contra mi piel... sus manos en mi cuello, dejándome sin respiración... Salgo de ahí para librarme de mi tormento, me recargo en la pared, dejo que mi cuerpo se resbale lentamente para quedar sentada y darme tiempo de respirar.
Ya me siento mas tranquila. Miro hacia la ventana, el Sol se ha empezado a ocultar, tengo que irme. Bajo rápidamente y salgo sin decir nada, no me voy corriendo, solo camino apaciblemente.
Estando en el bosque, miro el cielo que poco a poco se oscurece. Todo esto me recuerda los mejores momentos de mi vida, los mas felices, cuando me pare en el camino de zafiros, el camino de la pureza, el que hubiera sido el mío de no ser porque ella mancho la blancura de mi corazón. Y pensar de la normalidad que me perdí...
-Déjame decirte un par de cosas- escucho la voz de Deidara tras de mi, me giro lentamente, no habla con normalidad, habla como si fuera a pelear. –Sabes como actúa Judith y también sus hábitos. Pero ella no actúa fría con tres personas en especial, entre ellas estoy yo, y tu error mas estúpido es que tiene los ojos cafés no azules. Tus habilidades de transformación son pésimas.¿Quién eres?- De nuevo tengo una razón para maldecir mis ojos.
-Como si fuera a decirte- si he aprendido algo es no darle el gusto a la gente de ver mi debilidad.
-No me dejas otra opción- apenas termina de decir esto, me lanza una de sus aves de arcilla que no puedo esquivar.
-Yo...- quizá no lo pudiera esquivar pero me enseñaron una técnica de transportación a corta de distancia. Me acerque a Deidara y ahora tengo sus manos hacia fuera, sujetando con las mías sus muñecas, y mi rostro cerca del suyo, mirándole a los ojos. –Se que puedes librarte de mi fácilmente, después de todo no soy un ninja; también se que Judith tiene los ojos azules y que no actúa fríamente con Catherine, Tobi y contigo, e incluso se como le hicieron sus heridas. Yo solo quiero la oportunidad de decir la verdad, por el bien de Judith. Además que si tratas de matarme a quien mataras será a ella. No puedes matar a algo que no esta vivo- aun sin saber lo que hará el rubio le suelto.-¿Me darás esa oportunidad? Encadéname o inmovilízame si quieres, pero déjame aclarar las cosas.
Hace una escultura de arcilla con la forma de una ave y me la entrega, la tomo entre mis manos y le miro, -Con eso bastara, si haces un solo movimiento te haré explotar de una forma muy artística, solo mantén ambas manos en mi arte y siempre donde yo las pueda ver, uhn- si voltear el se sienta bajo un árbol, yo hago lo mismo en uno frente a él.
-No se hasta que punto creas que es mentira pero igual es verdad. Este cuerpo que ves no es otro sino el de Judith, pero no soy ella. Estoy en este cuerpo para mantenerlo vivo mientras Judith decide regresar... pero no se si vaya a hacerlo- bajo la cabeza con tristeza.
-¿Y donde esta?
-No lo se. Las almas sin descanso se quedan en el vacío para reflexionar, tal vez este ahí.
-¿Qué es eso del vacío, h'm?
-Es algo como el limbo ¿entiendes? Un espacio entre dimensiones, donde permanecen las almas que guardan algún sentimiento que los tortura, como culpa o desamor- alzo la cabeza para mirar los árboles o el cielo, no se, es pura maniobra evasiva.
-¿Y por que no quiere volver?
-Esta harta
-¿De que?
-De sufrir. Quiere saltar al último paso de su castigo.
-¿Qué castigo?
-Puedo decirte que tanta pregunta me esta jodiendo así que solo te respondo esta y otra mas- digo con fastidio. De verdad que jugar al interrogatorio es algo muy molesto. –Digamos que Judith cometió muchos pecados en un pasado que no podía recordar. No desperdicies tu última pregunta- le advierto con tono aburrido.
-¿Quién eres tu?
-¡Demonios! Muy buena pregunta, una que quería evadir. ¿La explicación corta y sencilla o la larga y triste?- la corta y sencilla, la corta y sencilla, la corta y sencilla.
-La larga y triste, uhn- ¡lo hace solo para molestarme!
-¿Por qué? La corta y sencilla es mas rápida, de verdad es mucho más rápida- me excuso.
-Porque quiero hacer mas preguntas pero te aburres muy rápido, uhn- ¡aja! ¡lo sabía! Esta sonriendo, eso lo confirma ¡lo hace solo para molestarme!
-Entonces tiene que estar también Catherine, ella se preocupa demasiado por Judith y necesita saber la verdad.
-Vamos por ella entonces, hum- se levanta y espera a que yo lo haga.
Trato de levantarme sin mis manos que aun sostienen la escultura del rubio. El intento es inútil, caigo de sentón y me pongo a agitar las piernas fastidiada, -¡waaaaaa! Me rindo, no puedo- digo con enojo y resignación.
El ojiazul toma la escultura con una mano y me extiende la otra, -eres tan inútil como Judith, h'm- sonríe de medio lado.
-¡Ah! ¡Me llamas inútil!- exagero el tono de ofendida.
-Igual a Judith, hum- dice mientras se pone en camino
-Te sorprenderías de ver cuanto- afirmo sin mucha importancia.
-¿Son mellizas o algo así, uhn?
Yo tengo que contener la carcajada, -ni somos mellizas, ni algo así.
-¿Y qué son, hum?
-Es algo muy complicado, lo entenderás cuando cuente la fatídica historia de Judith.
El resto del camino se recorre en silencio. No tengo intenciones de iniciar una conversación que no podré manejar, además que tengo mucho que pensar. La luna comienza a iluminar el ambiente.
-Yo iré a la habitación, tu lleva a Catherine allá- le digo mientras entramos, y subo corriendo al cuarto. Entro y cierro la puerta algo agitada y nerviosa, -tranquila Saffir, tranquila. Todo estará bien, no hay de que preocuparse y no te vayas a alterar durante la historia- trato de tranquilizarme, -quizá si la cuentas como si no hablaras de ti resultará menos... horrible- respiro profundamente al escuchar los pasos del rubio y de la ojigris. Me aviento a la cama para aparentar paciencia y armonía.
La puerta se abre y escucho la voz de la morena -¿y de qué quieres que me entere?- dice mirando a Deidara, luego su cabeza gira y me ve, trata de marcharse pero el ninja le toma del brazo.
-¡Espera! KT déjame explicarte lo que esta pasando- me levanto y trato de convencerla.
-¿Quién eres tu?- pregunta molesta, pero ella sabe la respuesta, aunque incompleta.
-De eso quería hablar. Por favor siéntense. Les contaré un frío cuento.
Cierro los ojos y la fatídica historia recorre mi mente. Hora de comenzar a narrar.
Pasos que se acercaban rápidamente a una habitación, la habitación de una pequeña que se encontraba curándose, con alcohol y algodones, los raspones en sus piernas; y al escuchar los pasos se congelo del miedo. La puerta se abrió de repente, frente a la niña apareció una mujer de cabellos castaños por debajo del hombro, y unos ojos crueles. La niña miro esos ojos y tarde se dio cuenta de su error. -¡¿Cuántas veces tengo que decirte que no me mires con tus malditos ojos?!- aquella despiadada tiro a la pequeña al piso y comenzó a ahorcarla, al tiempo que miraba con desprecio aquellos ojos azules, -¡tu y tus malditos ojos! ¡los odio mas que a nada! ¡voy a matarte!- ella no mentía, la chiquilla lo supo al ver sus ojos.
Llevo sus manos a la cara de su agresora y le encajo las uñas, arrancándole unos trozos de piel, ella se aparto de la ojiazul y se llevo las manos al rostro, -¡maldita!- grito enfurecida. La chiquilla se levanto y tomo la pala que estaba junto a la puerta, la que había usado para enterrar a petición de la otra, un árbol frutal. Le dio un golpe con toda su fuerza, lo que la hizo caer, se giro para ver a la criatura; la niña descargo toda su ira y sufrimiento acumulados a través de la pala y el cuerpo de su agresora, Kassandra. Golpeo el cuerpo con todas sus fuerzas, aun cuando ya no se movía y había dejado de respirar. La sangre salpico el viejo y grisáceo vestido de la criaturita, sus manos y rostro también. Soltó su arma cuando no tuvo fuerzas para seguir golpeando, respiro agitada y cansada; miró el cuerpo inerte y maltratado de quien le ahorcaba, luego se miro las manos. Grito al darse cuenta de su crimen, pero ya lo había hecho y no podía negar que había disfrutado haciéndolo, aunque no se diera cuenta de la malévola sonrisa que tenía al hacerlo o de la risa que le provocaba su cara suplicando piedad ¿pero como puedes pedirle piedad a alguien a quien solo le enseñaste el odio y el dolor?
Si rompes un corazón de cristal debes tener cuidado porque los trozos pueden matarte. Saffir tenía un corazón de cristal y Kassandra lo rompió.
Los vecinos irrumpieron en la casa al escuchar los gritos de la mujer, la buscaron hasta dar con la habitación de su hija. Ahí vieron el cuerpo magullado e inerte, también a la niña toda manchada, por lo que de inmediato supieron lo que paso.
La miraron con ira, con crueldad, la miraron como si fuera un monstruo, mas ese monstruo era obra suya. Sabían de los maltratos que la niña sufría, empero todos pensaban que habría de existir una buena razón para ello. La dejaron romperse;, ignoraron sus gritos de auxilio, ignoraron sus heridas, e ignoraron la herida de su corazón la que reflejaban sus ojos tristes que pedían la muerte para no seguir sufriendo.
-¡Quémenla!- grito una anciana, -¡es una asesina!
-Tan joven y ya es una alma perdida, ¡hay que purificarla en el fuego!- apoyo otra señora
Saffir salto por la ventana, intento escabullirse en el bosque, corrió lo mas rápido que pudo, pero la estaban alcanzando. Corría todo lo que podía, sus piernas no se detenían y tenía la respiración jadeante.
Se detuvo un momento para recuperar energías mientras se apoyaba en un árbol. Miro hacia uno de los lados y contemplo una figura que creyó de sus perseguidores, trato de correr al lado contrario pero se topo con otra sombra, miro hacia atrás para ver como la otra se acercaba. Sintió un punzante dolor en el cuello y luego cayó.
El mas grande era Sethos, tenía 16, cabello negro y ojos del mismo tinte; el menor era Saber, de 12 años, el cabello negro y los ojos de un gris oscuro, casi negro. Eran hermanos, un par de vampiros la salvaron. Le enseñaron a usar la espada y la magia, la convirtieron en una asesina que mataba para ellos, para alimentarlos. La llamaron Sadist.
A la edad de 12 años asalte, a un grupo de personas que al parecer eran criminales, tenían secuestrada a una niña de mas o menos su edad.
Se la llevo a su escondite para que la salvaran, estaba gravemente herida, quizá eso fue lo que la impulso a salvarla, que recordó cuando sufría cosas así. Su escondite era un viejo y derruido castillo, que interiormente estaba como nuevo, limpio y reluciente, también llevo consigo algunos cuerpos para alimentar a sus maestros. Les pidió que cuidaran de la otra chica como cuidaban de ella, para salvarla tuvieron que convertirla en una vampiresa y luego hacerle beber sangre para restaurar sus heridas. Cuando recobro la conciencia había olvidado su pasado, por lo que decidieron entrenarla como a Saffir, le llamaron Blood.
Blood creció aferrándose a Sadist por haber sido ella quien la salvo. De cierta forma ella se rodeo de personas que le querían aunque no podía considerarlos como una familia porque creía que no les quedaba un papel femiliar.
A partir del momento en que mato a su madre, Saffir piso el camino de sangre mientras ocultamente añoraba andar por el camino de zafiros. Le costaba trabajo ver a sus victimas a los ojos, ella no era mala, pero tampoco sabía que era el bien, no le enseñaron eso, y aun así se sentía mal con lo que hacía.
A los 17, vagando por el bosque se topo con un grupo de vampiros, hizo la invocación de su arma, se disponía a atacar pero uno de ellos le ataco por detrás, golpeo su cabeza y cayo inconsciente. Para cuando se despertó estaba en cama, era una casa desconocida, se levanto y comenzó a buscar a alguien, no sabía a quien pero quería encontrarle. Escucho un ruido y fue siguiéndolo hasta llegar a un cuarto donde se hallaban varios instrumentos, principalmente un piano; alguien tocaba el piano, dejo a la chica hipnotizada, una lagrima corrió por sus mejillas, era tan hermoso.
El nombre del chico era Raziel, tenía los ojos azules y el cabello rubio, era bastante guapo. -¿Cómo te llamas?- le pregunto amistosamente.
-Sadist- respondió con bastante timidez.
-¿Sadist? ¿De verdad ese es tu nombre?- hablo muy extrañado, un poco preocupado.
-Saffir, ¡es Saffir! Perdón es que hace mucho que nadie me dice así
-¿Dónde esta tu casa? Te llevare a ella.
No respondió. No sabía si quería volver, no estaba segura de quedarse, lo único que sabía con seguridad era que deseaba fervientemente volver a escuchar esos sonidos.
-¿Cómo se llama?- decidió preguntar.
-Raziel, pero no me hables así, solo tengo 18 y tu debes tener mas o menos lo mismo. ¿Qué edad tienes?
-17. Y me refería eso que hacías con aquella especie de mesa negra.
-¿El piano?- hablo desconcertado por el hecho de que no conociera un objeto tan común y famoso.
-...piano...- susurro.
-Sirve para hacer música- explico sonriente- ¿quieres que toque algo para ti?- la chica asintió con la cabeza. –Esto se llama canon, es una canción muy bella- tan pronto se hizo escuchar la música, a la mente de la asesina vino un extraño recuerdo, que parecía tan lejano que incluso podría pensar que fue un sueño.
-Saffir- una voz suave y dulce... cabellos que se movían por el viento que entraba por la ventana... una luz que la deslumbraba... una sonrisa... extraños pero hermosos sonidos...-¿te gusta escucharme tocar? Algún día te enseñare a tocar el violín para que hagamos dueto.
-¡Quiero aprender ya!- era la voz de una niña.
La cabeza le dolía levemente, estaba confundida pero quería seguir adentrándose en ese mar de un pasado que no era triste. Se desmayo, y en sueños siguió recordando.
Aquel día empezaron las clases, la chiquilla disfrutaba escuchando y aprendiendo, sonriendo a una mujer hermosa, de cabellos negros, ojos cafés, se parecía un poco a Judith.
Con el paso del tiempo la niña aprendió a tocar el violín, mas no fue aquella dama la que le enseñó. La simpática mujer ya no estaba, nunca volvió a verla; luego comenzó a vivir con Kassandra y su hija Charlotte, con la segunda asistió a clases de música, amabas tocaban juntas por las tardes con Kassandra como publico. No obstante, poco fue el tiempo que paso antes de que Charlotte muriera de la misma manera que su padre, ahogada en el mar.
Kassandra enloqueció con esto, odio con toda su fuerza el agua y el color azul, luego la música y especialmente el violín por recordarle a su fallecida hija. Rompió el instrumento de Saffir y comenzó a descargar su dolor e ira contra ella. Nunca más volvió a escuchar ninguna melodía y poco a poco los recuerdos de ese pasado dulce fueron muriendo.
Despertó de sus recuerdos, de nuevo en la cama de esa habitación desconocida. Recorrió los pasillos hasta llegar al cuarto donde se hallaba el piano con otros instrumentos, entre ellos uno que llamo su atención.
-Ya veo que te levantaste. ¿Quieres que vuelva a tocar? Tienes que terminar de escuchar el canon- Raziel volvió a tocar.
Sin saber porque, la chica tomo el violín y se puso a tocar la misma canción, la misma canción que tocaba con Charlotte. Raziel se detuvo un momento para luego seguir tocando.
Varios meses fueron los que Saffir permaneció con Raziel, tocando a dueto al menos una vez al día. Ella volvió a sonreír plenamente, se sentía verdaderamente feliz con él, aunque nunca paso mas allá de la amistad. Aprendió muchas cosas en ese tiempo, como que lo que Sethos, Saber y Blood hacían, era cruel y horrible, algo que en el fondo ella ya sentía, aunque fueran vampiros no tenían porque matar a las personas, no dependían de la sangre para vivir, era solo como lo que es un caramelo para un niño, un capricho del paladar, y en ocasiones a ella le tocaba ser ese capricho, principalmente para Saber.
Tomo una decisión, volvería con ellos, pero no para mal. Se enfrentó a Saber y a Sethos a la luz del día para que se volvieran mas débiles, pues sabía que solo así les ganaría y eso todavía estaba en duda.
Tras dos fuertes batallas quedo gravemente herida, pero al menos había acabado con ellos. Iba de regreso a la ciudad de Raziel cuando la detuvo Blood. Tuvo que enfrentarse a ella, la hirió de muerte, al menos para un humano, porque para un vampiro bastaba con beber sangre para recuperarse. Lo mas seguro es que Blood sobrevivió porque apenas le había clavado Saffir la espada cuando cayo muerta por sus heridas. Lo mas seguro es que se haya sacado la espada, bebido su sangre y siguió viviendo y matando.
-Fin. ¿Les gusto la historia?- pregunto desinteresada. No los dejo contestar. –Que bien, a mi también me gusto.
-No entiendo- interrumpe Catherine
-¿Qué no entiendes?
-Es tu historia ¿cierto?- interrumpe Deidara.
-¿Por qué lo crees?- pregunta tonta, es mas que obvio.
-Es obvio- si, lo sabía. –Y durante la historia dijiste "a la edad de 12 años asalte"- eso lo confirmo todo, hum- dice mientras sonríe al ver como mi expresión le afirma lo dicho.
-¿Quién era esa mujer parecida a Judith? ¿Era Judith en una vida pasada?- interroga la ojigris.
-Esa mujer era mi madre.
-Estoy confundida- dice Catherine.
-Dejen que me presente. Mi nombre es Saffir, tal como me ves, así fui. Una Judith de ojos azules, el espíritu de su vida pasada.
Y cheque lo de los reviews y ya puedo aceptar anonimos, segun yo si podia pero tal vez no me acordaba bien porque suelo estar aqui a altas horas de la noche y cuando estpy medio dormida la mayoria de las cosas que hago.
Si tienen tiempo visiten esta pagina extraña que hice y me dicen que tan mal esta, pueden mandarme direcciones de psicologos si quieren, y se los agradeceria porque a la mia le a dado por dejarne plantada, creo que la traume XD
http// mx. geocities .com/lanuevacondesasangrienta/ (junten los espacios)
